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Todas
las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas
de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""),
se indican otras versiones, tales como:
LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995,
1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso
RVA
= Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano)
VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión
1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)
PRIMERA
CONFERENCIA
Antes de entrar en el detalle de los mensajes
a las siete iglesias, acerca de lo cual es mi propósito hablar, sería bueno decir unas pocas palabras con respecto al carácter
general del libro en el cual se encuentran estos mensajes. Es extremadamente importante que obtengamos una comprensión correcta
y clara de ciertos grandes principios, los cuales se dan a través de todo el libro del Apocalipsis, o no entenderemos de qué Dios se habla en este libro, haciendo estas cosas. Y en este punto, recuerden que es solamente en las Escrituras donde descubrimos cual es el propósito de Dios
y lo que Dios se propone, al hacer lo que Él hace y haciéndolo de la forma en que Él lo hace.
El primer capítulo (del libro del Apocalipsis-
N. del T.) presenta el libro completo. Es una revelación dada a Jesucristo para mostrar a Sus SIERVOS, cosas que sucederán,
en preparación a la aparición de Cristo. Es un maravilloso pensamiento el que Dios haga tales comunicaciones, al igual que
lo es la forma en la cual Él lo hace. Porque Dios no puede escribir como lo hace el hombre, simplemente para contar acerca
de lo que interesa o afecta las pasiones de los hombres. Pero cuando Dios escribe, es para presentar algo con lo cual probar
nuestras almas y atraerlas a la comunión con Él mismo. Tomemos como ejemplo los evangelios. Ellos no están escritos solamente
para dar una cuenta histórica de cuando Cristo estuvo aquí abajo, sino para revelar a nuestras almas los propósitos y medios
de gracia de Dios, en la obra y la Persona de Su Hijo. Y solamente si aprendemos de esta manera cuales son los pensamientos
y los modos de obrar de Dios, nosotros somos capaces de entender lo que Dios está haciendo en cualquier parte de Sus modos
de obrar.
El libro del Apocalipsis es un libro de juicio
en su totalidad. Dios es revelado en el libro como alguien preparado a ejecutar juicio. Esto se aplica a la iglesia misma,
como se ve en los capítulos 2 y 3. Se la ve en la tierra, sujeta a juicio. La profecía puede hablar de las cosas que están
bajo juicio y de los medios a través de los cuales el juicio podría ser evitado; pero aun así, es judicial en su totalidad,
si exceptuamos la descripción del glorioso estado de la iglesia como la Jerusalén celestial. Pero aun así, también es en el
caso cuando, con referencia a la iglesia, cuando está activa, ésta aparece sobre caballos blancos en el capítulo 19. Hasta
que nosotros no consigamos asir claramente esta verdad en nuestras mentes, nunca puede ser entendida la intención del libro.
Entonces, nuevamente, no encontramos en este
libro el nombre del Padre en relación con los santos. Se habla del Padre en relación con Cristo (capítulo 2: 27; capítulo
3:5, 21), pero esto sólo confirma el comentario en el texto. También es usado en el capítulo 14: 1, donde el nombre del Padre
del CORDERO está escrito en la frente de los ciento cuarenta y cuatro mil, y aún entonces es Su Padre, aunque Su nombre está
en sus frentes; tampoco está allí la relación de la esposa, la esposa del Cordero, hasta que se menciona que está teniendo
lugar la boda del Cordero. El sistema y las relaciones en el libro del Apocalipsis son, en conjunto, de otro carácter. Es
Dios tratando con lo que está en la tierra, de acuerdo con la responsabilidad. Este sencillo pensamiento evita por sí mismo,
muchos errores. Y además no es solamente judicial en su carácter, sino que es juicio relacionado con la tierra -esto es, que
los hombres son responsables en la tierra por aquello que se les encarga a su cuidado. Así que si aún se habla de la iglesia
en este libro como estando en la tierra, el asunto sobre el que se habla es el de su responsabilidad y como tal, ella cae
bajo juicio. De esta forma ustedes tienen a la tierra como su tema.
El siguiente comentario importante es que
el carácter total del libro es profético. "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía." Y aun cuando el mensaje se dirige a las siete iglesias, el lenguaje es profético.
Esto no es así en las varias epístolas en la parte anterior del Nuevo Testamento. Aquellas son comunicaciones dirigidas a
las iglesias o a los santos, dirigiendo su conducta actual en la relación en la cual Dios, por su gracia, los ha puesto consigo
mismo y con Cristo el Señor.
Yo digo que estos mensajes son proféticos,
es decir, son los anuncios de resultados y consecuencias que vendrán sobre aquellos a los cuales estos mensajes se aplican,
como formando un cuerpo público, en la forma de juicio -y no en la ministración de gracia y dirección en una unión segura
y subsistente en relación con la cual no se sufre ningún cambio. No es que signifique una bendición presente para el que habla
y para los que la recibirían al mismo tiempo, como teniendo oídos para oír. Nosotros vemos la misma diferencia en los profetas
del Antiguo Testamento y en los pasajes proféticos diseminados a través de las epístolas. Si ustedes miran en 1 Pedro 1: 11,
12, verán lo que quiero decir. "A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas."
Este es el carácter correcto de la profecía. Se dirige a uno pero está destinada para otros. No dice "nos", como dice el Espíritu
Santo en las epístolas; es una revelación de cosas futuras. Un profeta no profetizaba acerca de sí mismo. El Espíritu de Cristo
revela al profeta cosas acerca de otros, y no acerca de sí mismo. Además, la diferencia es que estas mismas cosas fueron informadas
a los santos por aquellos que habían predicado el evangelio con el Espíritu Santo enviado desde el cielo. Cuando el Espíritu
Santo habla en los santos, Él revela las cosas de las que Él habla como pertenecientes a ellos mismos; y en consecuencia,
de eso se trata cuando el Espíritu Santo habla en los santos. Él constantemente dice "nos". Nosotros no encontramos esta pequeña
palabra "nos" en la misma relación, en ninguna parte del Antiguo Testamento. "Al que nos amó y nos lavó" -"que nos bendijo"
-"según nos escogió" -"habiéndonos predestinado" -"el cual nos ha librado" -"y juntamente con él nos resucitó, y asimismo
nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús." No nos está mostrando simplemente cosas por venir. Cuando el
Espíritu Santo muestra cualquiera de las cosas de Cristo, Él incluye a todos los santos -"seáis plenamente capaces de comprender
con todos los santos." En una palabra, el Espíritu Santo, hablando de esta forma, incluye a todos los santos, como estando
ahora asociados en la bendición y apropiándose de todo lo que Dios nos ha dado "en Cristo Jesús." Solamente que no se goza
todavía de todo, de manera que todavía tenemos que esperar hasta el final "en
la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado."
Tenemos aquí tres pasos:
-
primero, el Espíritu de profecía ministrando en los tiempos pasados en los profetas no para ellos mismos;
-
en segundo lugar, el Espíritu Santo enviado a la tierra a anunciar la salvación;
-
en tercer lugar, Él llega a ser el sello, las arras, la unción, a través de los cuales nuestra porción es conocida y disfrutada,
en la forma del Espíritu de esperanza, puesto que mientras estemos aquí en el cuerpo, no tenemos realmente lo que habremos
de tener. Tenemos las arras, pero esperamos la adopción, es decir, "la redención de nuestro cuerpo."
Aun
así, el Espíritu de Dios, como morando en la iglesia, en Su correcto carácter eclesiástico, da el conocimiento del gozo presente
de lo que Él revela en esas dos palabras enfáticas "nos" y "nosotros".
Nosotros vimos hace muy poco tiempo, hablando
de Hebreos 9, que al final del tiempo, Cristo fue llevado arriba al cielo, y mientras Él está allá arriba, antes de que Él
vuelva de nuevo a esta tierra, hay una obra que se está efectuando por medio del Espíritu Santo. Se está reuniendo un cuerpo
y se lo asocia con Él - la Cabeza en el cielo a la diestra de Dios, tal como se lee en el Salmo 110: "Siéntate a mi diestra,
hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies." En virtud de que la Cabeza fue ensalzada de esta manera a la diestra
de Dios, Él envía el Espíritu Santo para reunir un cuerpo para que sea identificado con Él en gloria, para tener Su misma
gloria, para ser miembros de Su carne y de Sus huesos. He aquí el correcto carácter eclesiástico del Espíritu; no es profecía,
no son las comunicaciones a otros de lo que va a suceder sobre la tierra, sino que es el sello, las arras y la seguridad de
las bendiciones que son nuestras, testificando de qué manera Dios nos ha bendecido - no alguien más - y morando con nosotros
hasta que Cristo venga. Entonces, bendito sea Dios, no quedará dejada atrás ni una partícula del precioso polvo de Sus redimidos;
debido a que "el que se une al Señor, un espíritu es con él" y Cristo tomará al hombre completo, espíritu, alma y cuerpo,
al más completo gozo con Él mismo y para siempre.
Cuando el Espíritu de Dios llega a ser un
Espíritu profético, el asunto es muy diferente. Su testimonio debe ser aplicado a una cosa terrenal. Él nunca profetiza acerca
del cielo. Si el Espíritu Santo viene y dice, "Su gloria está sobre la tierra y el cielo" (Salmo 148: 13 - VM), esto no es
una profecía de algún evento -por ejemplo, una revelación. Nosotros estamos allí, en un sentido. Nos damos cuenta de nuestra
comunión en los lugares celestiales, mientras esperamos aquí que tenga lugar el cumplimiento de todo, esperando por la redención
del cuerpo.
Pero cuando yo desciendo a la tierra para
pensar acerca de la tierra, aun cuando tengo que tratar con la iglesia, no obstante lo seguro que son sus privilegios eternos
vistos en su verdadero carácter, ella está frente a mí y como un cuerpo responsable sobre la tierra -"las (cosas) que son"-,
responsable de acuerdo a la medida de los privilegios en los cuales ella es dejada aquí abajo.
Y es de extrema importancia asirse firmemente
de esta verdad o no entenderemos los actos de Dios. El Espíritu Santo que mora en la iglesia me une a Cristo. Si la cuestión
es acerca de la justicia, yo soy justicia de Dios en Él; si la cuestión es referente a la vida, Él es mi vida; si es referente
a la gloria, Él dice "La gloria que me diste, yo les he dado." Todo lo que Él tiene es nuestro, salvo y excepto Su Deidad,
con respecto a la cual no hay necesidad de decir, por supuesto, que con respecto a nosotros, Él está solo [1]. Todo lo que
Cristo tiene me pertenece, porque "el que se une al Señor, un espíritu es con él." La profecía no podía tratar con esto debido
a que era un misterio escondido en Dios, escondido por siglos y generaciones; pero ahora ha sido revelado por medio del Espíritu
Santo, que en el presente la iglesia viviente está en unión viva con Cristo, a la diestra de Dios en el cielo - Cristo, la
Cabeza en el cielo - la iglesia, los miembros, sobre la tierra. Los santos del Antiguo Testamento no podrían haber hablado
acerca de un hombre en el cielo que tuviese miembros sobre la tierra. La expresión 'miembros sobre la tierra', no habría tenido
ningún significado para ellos; y Cristo debía haber sido rechazado de la tierra antes que yo pudiese hablar de Él como siendo
la Cabeza en el cielo y teniendo miembros sobre la tierra. Cuando yo desciendo a la profecía, es entonces cuando yo veo a
la iglesia recibiendo el conocimiento de lo que Dios va a hacer sobre la tierra.
[1] MORALMENTE, sin embargo, nosotros somos hechos partícipes de
la naturaleza divina, para que podamos deleitarnos completamente en Dios.
Cuando se habla a las iglesias en Apocalipsis
2 y 3, el Espíritu nunca habla de la gracia fluyendo desde la Cabeza a los miembros del cuerpo; y aun cuando vemos a los santos
en lo alto, ellos no son presentados como un cuerpo sino como adoradores separados que tienen un 'OBJETO' que adorar en el
cielo, reyes y sacerdotes para Dios. De hecho, el Espíritu no habla de la iglesia como el cuerpo de Cristo en estos mensajes,
sino que de ciertos grupos y en ciertas circunstancias y no como miembros de un cuerpo, ni tampoco del poder vivificador de
la gracia obrando aquí abajo para producir bendición; sino que habla de la conducta de aquellos que han disfrutado de los
beneficios de esta gracia cuando han sido puestos en este lugar de bendición. No habla de lo que la iglesia es, sino que de
lo que la iglesia ha hecho. No es la condición de la iglesia situada en la gracia por el poder del Espíritu Santo (debido
a que no se habla del Espíritu Santo, quién la puso en esa posición, como obrando o morando en ellos); es la responsabilidad
de la iglesia. Ustedes no podrán encontrar en ninguna parte, tal como lo dije antes, el amor del Padre por los hijos, ni siquiera
al Espíritu Santo como el alma del cuerpo (por decirlo de esta forma), uniéndolo a la Cabeza, ni del poder de la gracia, cuyo
gran resultado es la boda del Cordero; sino que es la iglesia en una condición dada sobre la tierra, sometida a juicio. No
hay nada aquí acerca de la unión con Cristo. Pero encontraremos esto - el testimonio de lo que Cristo es para cada estado
de cosas de los cuales se habla - Sus juicios actuales, los cuales Él revela. Esto lo hace muy sencillo y fácil de comprender
y también está lleno de provecho para nuestras almas, en el sentido de advertencia; mientras que los privilegios en los cuales
hemos sido puestos son el manantial de toda bendición que hace muy verdadero que "el gozo del Señor es nuestra fuerza."
Pero lo que nosotros obtenemos en Apocalipsis
1: 1 es muy precioso y lleno de instrucción. "Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las
cosas que deben suceder pronto." (Apocalipsis 1:1 - VM). Evidentemente esto no es Cristo como la Cabeza del cuerpo en el cielo,
ni el Espíritu Santo obrando en sus miembros para edificar ese cuerpo. Esa relación y posición son claramente puestas en evidencia
en las epístolas. Pero aquí está la revelación que Dios dio a Cristo para manifestar (no a los hijos, sino que) a sus siervos,
cosas que deben suceder pronto. Reitero, esto no es el Espíritu Santo, como en la epístola a los Efesios, trayendo instrucciones
de lo alto a los hijos y a la esposa, y mostrándoles a ellos sus relaciones con el Padre y el Esposo, sino que es una revelación
a siervos acerca de cosas que sucederán sobre la tierra, "y la declaró enviándola por medio de su ángel." Se presenta de esta
forma el ministerio de los ángeles, mostrando el carácter profético de este pasaje. Obsérvese además, que esta no es la revelación
de las riquezas de Cristo mismo por medio del Espíritu Santo, sino que es un mensaje por medio de un ángel.
Versículo 2. "que ha dado testimonio" - no
de la comunión en Cristo o de la plenitud de Cristo - sino "de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo." El testimonio
de Jesucristo no es Su plenitud, sino Su testimonio rendido a algo más. Y noten aquí de qué manera hemos descendido ahora
a los eventos sobre la tierra (y estos eventos no son nunca la plenitud de Cristo en el cielo); debemos tener claridad en
nuestra mente acerca de este punto. Versículo 3. Allí está, entonces, la bendición prometida para aquellos que leen o escuchan
esta profecía.
Versículo 4. "Gracia y paz a vosotros, del
que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono." Aquí la gracia y la paz no son
las que vienen del Padre y del Hijo, sino de Jehová. El saludo, especialmente en lo que respecta al Espíritu Santo, no es
la misma cosa que vemos en 2a.Corintios 13: 14, aunque sin duda los siete Espíritus aluden al Espíritu Santo, siendo el número
siete el símbolo de perfección en su diversidad de poder. El título que aquí se da al Espíritu está relacionado con la demostración
del poder y de la inteligencia con los cuales es gobernada la tierra. (Comparar con capítulo 5: 6)
Versículo 5. "Y de Jesucristo el testigo
fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra." "Y de Jesucristo" - Cristo es el último de
los tres que se mencionan, como mostrando cuán enteramente Él es presentado en relación con el gobierno de la tierra. "El
testigo fiel" - el que sacó a relucir infaliblemente lo que Dios es, y de hecho toda la verdad, cuando Él estaba en la tierra.
"El primogénito de los muertos" - este es el poder de la resurrección "de entre los muertos", aquí abajo. "El soberano de
los reyes de la tierra." - Su lugar en el poder por sobre todo dominio aquí abajo, un lugar del cual Él tiene que tomar aún
la posesión efectiva. Aquí no se le llama "el Hijo del Padre", ni tampoco se le menciona como la Cabeza del cuerpo, la iglesia;
ni siquiera como el Cordero en medio del trono, sino como el Soberano de los reyes de la tierra, demostrándonos de esta forma
que lo que se resalta aquí es simplemente Su relación con la tierra.
Pero entonces, en el momento en que Cristo
es mencionado, noten como el corazón de la iglesia se manifiesta con el gozo de su adecuada y personal relación con ese Cristo:
"Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre." Esto no
falla nunca; cuando se habla de Cristo, sin importar cuál sea el tema, Él es todavía nuestro Cristo, con quien estamos vivamente
asociados, de tal manera que es imposible escuchar Su nombre sin que éste atraiga la respuesta del alma y el reconocimiento
de lo que Cristo es para ella. Aunque yo piense en el juicio y en Él como el Juez, yo digo, 'Yo estoy asociado con Él.'; Él
es mi Cristo en todas las cosas. Si en esta vida la mujer de algún hombre eminente lo viese venir, ella diría naturalmente:
Allí viene mi marido, debido a que en sus pensamientos y ocupando el primer lugar, está su propia relación. Así sucede con
respecto de la iglesia con Cristo, ante cualquier carácter en el cual Él sea revelado. Así es al final de libro, cuando la
parte profética es cerrada, nosotros encontramos otra respuesta de la misma clase; en el momento que Él dice "Yo soy....la
estrella resplandeciente de la mañana", la iglesia responde instantáneamente de acuerdo a su esperanza en Él, y dice, VEN.
"Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven." Y así debería ser siempre con respecto a nosotros: Cristo mismo debería estar llenando
cada pensamiento y afecto del corazón. Es solamente esto lo que da valor a todo carácter de testimonio de Cristo, a cada parte
de Su gloria. Lo que concierne a Cristo me concierne a mí, cualquiera que sea el tema inmediato. Si mi corazón está ocupado
con Aquel que posee la gloria venidera, a menos que yo lo encuentre en la gloria, la gloria por sí misma no sería nada para
mí. Yo siempre quiero algo que concierna a Cristo; y porque concierne a Cristo, me debe concernir necesariamente. Es perfectamente
verdadero que algunos temas, aunque estén en relación con nuestro Señor, son más interesantes que otros, y esto en proporción
a que nos lleven a una relación más cercana con Él mismo.
En aquel día, la corona de Jesús estará compuesta
de muchas diademas, y cada una de ellas, aunque usadas más con respecto a otros que con respecto a la iglesia, formará parte
de nuestro gozo debido a que tenemos parte en Su gloria, ya que deberíamos sentirnos infelices si pensásemos que Él podría
perder cualquier parte de Su corona y gloria. Nuestro gozo no consiste solamente del conocimiento de la salvación individual,
puesto que nuestra salvación no es el fin de nuestra alegría. Aunque, bendito sea Dios, es el comienzo para nosotros, no hay
ninguna cosa vista en su relación con la gloria de Cristo, que pueda perder nunca su valor a los ojos de un santo, aunque
parezca desconectada con ella. Nosotros podemos ver esto llevado a cabo en el lecho de muerte de un Cristiano; si Cristo mismo
ha sido su gozo, todo lo que le pertenece a Él será precioso. Si el alma ha estado ocupada solamente con la obra de Cristo,
trayéndole salvación a ella misma, habrá paz porque conoce la salvación; pero si la Persona de Cristo se ha convertido en
el objeto de su afecto y el alma está ocupada de Él mismo, una persona como esta tiene un constante manantial de gozo en su
interior, así como una paz estable; debido a que cuando Cristo es el objeto personal del alma, ella posee un gozo que el solo
hecho de saber que nosotros somos salvos (lo que es ya una bendición), no puede darnos en forma continua. Si Cristo llena
el corazón no será simplemente que yo soy feliz debido a que soy salvo, sino que el pensamiento en Aquel hacia el cual yo
estoy yendo llenará mi alma. Es verdad que yo voy al cielo, pero el pensamiento que hace del cielo un cielo para mi alma,
es pensar que Cristo mismo está allí; hay alguien hacia quien ir. La Persona que he amado en la tierra es con la que voy a
estar en el cielo. Y en la Escritura siempre está expresado de esta manera. Para el espíritu, es partir y estar con Cristo.
Desde el mismo principio del libro la iglesia
es puesta en un lugar aparte; su lugar sacerdotal está arriba en el cielo (fuera de la esfera de acción de este libro, o más
bien en el interior, detrás del velo), en el lugar desde donde vino este libro. Estos son los pensamientos de la iglesia hablando
en la tierra en el versículo 5, -"Al que nos amó." No es cuestión de juicio: Él "que nos amó"; ninguna incertidumbre con respecto
a la condición: Él nos "lavó de nuestros pecados con su sangre." El lugar del creyente ya no es una cuestión dudosa cuando
comienza el testimonio profético del libro. Cristo murió y resucitó, "y nos hizo reyes y sacerdotes", títulos que obtenemos
sin que nuestra responsabilidad los ponga en cuestionamiento. Tenemos responsabilidades, pero Jesús nos lavó y somos conscientes
del lugar en que somos puestos, teniendo la respuesta del corazón en el cual mora el Espíritu Santo.
El lugar de la iglesia se deja establecido
incuestionablemente antes de que cualquier otra cosa sea revelada. Este mismo principio es expuesto más detalladamente en
Efesios 1. Antes que todo, la iglesia es puesta en la misma verdadera aceptación en la que está puesto el propio Señor Jesucristo,
antes que "el misterio de su voluntad" sea mostrado. Esto no es profecía, sino que es la iglesia siendo puesta como Cristo
mismo, para ser el resplandor de Su gloria. De esta forma, primero "aceptos en el Amado," luego Dios, en las abundancias de
Su gracia y en sabiduría y prudencia hacia ella, la deja entrar a los secretos de Sus pensamientos y propósitos con respecto
a la gloria de Cristo, de reunir todas las cosas en Él.
El Espíritu cierra todo esto con un Amén
y ahora comienza con la tierra, y habla de los efectos de la venida de Cristo en sus habitantes.
Versículo 7. "He aquí que viene con las nubes,
y todo ojo le verá....; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por él." (Apocalipsis 1:7 - LBLA). No así la iglesia.
Yo no me voy a lamentar cuando vea a Cristo. ¡Ah!, como brillará mi rostro cuando yo consiga un primer vislumbre de Él. Aunque,
¡lamentablemente! si nuestros afectos no son correctos, no puede ser una alegría presente el pensar en ser transformados para
encontrarnos con Él. Y en este punto yo preguntaría, ¿hay algo que usted se permita que le hiciera desear una demora en la
venida del Señor, incluso cualquier afecto natural que entre, desviando el ojo y el corazón? Si el corazón está bien ligado
arriba en Cristo y nosotros sentimos lo que es estar en un mundo como este, no sólo de esfuerzo sino de pecado, ¡qué pensamiento
es el estar con Cristo fuera de éste! ¡Con toda seguridad no hay una cuerda en el corazón del santo que no vibre, contrariamente
a los sentimientos de aquellos cuyos ojos le verán y harán lamentación! Y aún la esperanza positiva, el gozo de verlo y de
estar con Él mismo, es aún más una fuente plena y permanente de gozo que la salvación misma. Cuando digo "TODO ojo le verá",
entonces es lamentarse con el pobre mundo; pero cuando digo, 'Mi ojo le verá,' entonces cada sentimiento de mi alma brincará
con gozo -todo lo opuesto a lamentar. ¿Estoy solamente esperando no ser castigado? ¿No dijo Cristo, "Voy, pues, a preparar
lugar para vosotros...., y vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo?", como diciendo realmente, 'Este mundo no es lo suficientemente
bueno para ustedes; Yo no me puedo quedar con ustedes aquí donde están estampados por todo alrededor el pecado y el sufrimiento;
pero cuando el lugar esté preparado, yo vendré y los tomaré para que estén conmigo
donde yo estoy.' ¡Que completa diferencia entre los dos aspectos de la venida del Señor!
Versículo 8. Después de ver Su gloria y dominio,
obtenemos la gloria de su Persona, "El Alfa y la Omega, principio y fin" - el Todopoderoso. Aquí no es el Padre, ¡Qué diferencia
hay entre mirar lo que el Todopoderoso hará en la tierra y ser llevado arriba a la casa de mi Padre y hablar de lo que mi
Padre es para nosotros allí!
Hay
tres grandes nombres en los cuales Dios se revela al hombre.
-
En primer lugar, a Abraham en Génesis 17: "Yo soy el Dios Todopoderoso (El Shaddai); anda delante de mí y sé perfecto." Esto
era como decir, Yo soy el Todopoderoso: por lo tanto, confía en mí. A lo que se llama perfección es a una respuesta al carácter
en el cual Dios es revelado a nosotros. "No consintió que nadie los agraviase, y por causa de ellos castigó a los reyes."
Salmo 105: 14.
-
En segundo lugar, cuando Él viene a Israel, Él toma otro nombre. En Éxodo nosotros lo encontramos a Él revelándose a ellos
como Jehová, el eterno YO SOY, avanzando para cumplir todas Sus promesas.
-
En tercer lugar, para los santos, Él es ahora como un Padre. Ellos son tomados y puestos en relación con el Todopoderoso y
Eterno Jehová, en la relación de hijos con un Padre, en el disfrute de la vida eterna que se les ha impartido. "Y seré para
vosotros por Padre.....dice el Señor Todopoderoso." Por lo tanto, no podemos responder a esta revelación mas que con el espíritu
de adopción y siendo realmente hijos y poseyendo la naturaleza y el Espíritu de Aquel que es nuestro Padre. Ahora no se dice,
como en el caso de los títulos Todopoderoso y Jehová, 'Sé perfecto con'; sino que cuando el nombre del Padre es revelado,
cosa que Cristo hizo, se dice, 'Sé perfecto como'. Nosotros no confiamos en Él como extranjeros; nosotros caminamos con y
como Él, en calidad de hijos. Así que es como Padre que nosotros le conocemos, Aquel que es Todopoderoso; y Cristo dice que
la vida eterna es conocer al Padre y a Él mismo. Nuevamente, "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre"; y otra vez, "cualquiera
que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí." Ellos piensan que están
sirviendo a Dios cuando están matando a los hijos de Dios; pero ellos no conocen al Padre ni al Hijo. Nosotros hemos visto
que este título de "Padre" no es el título en el que Dios es revelado en el Apocalipsis; Él es revelado como Todopoderoso
y Jehová.
Versículos 9-13. "Yo Juan,....estaba en la
isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo." Pongan atención nuevamente aquí al carácter
que toma Cristo en relación con las siete iglesias, así como con el mundo. No es como la Cabeza del cuerpo, como la fuente
de gracia para Sus miembros abajo, sino que es como el de alguien caminando en medio de algo que está fuera de Él mismo, y
pronunciando Su juicio acerca de su estado externo.
Versículo
13. Vemos que aunque Cristo es revelado como el Hijo del Hombre, Él también es Jehová y lleva todas las características del
Anciano de días en Daniel 7. "Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana." En Daniel, el Hijo del hombre es traído
al Anciano de días. En Apocalipsis 1: 14 [2], Él es mostrado como siendo Él mismo el Anciano de días, "Sus ojos como llama
de fuego" para penetrar en el corazón en juicio. "Dios es fuego consumidor." "De su boca salía una espada aguda de dos filos"
-empuñando de esta forma toda autoridad con la espada de juicio.
[2] De hecho, en Daniel vemos también que el Hijo del hombre es Él mismo, el Anciano de días. Ver Daniel 7:
22.
Versículos 17, 18. "Cuando le vi, caí como
muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve
muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos." Es maravillosamente animador para el alma pensar que Él, quien
es divino, el Alfa y la Omega, el primero y el último, fuera de quien no hay Dios, es el verdadero Único que descendió bajo
el poder de la muerte por mis pecados, y entonces, resucitando de nuevo sin ellos, no solamente ha removido para siempre todo
pecado sino que me ha librado de aquel que tenía (y además justamente) el poder de la muerte, esto es, al diablo, y me llevó
arriba a la misma presencia de Dios. Él "padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a
Dios." Esto es lo que brinda una paz tan inmutable al alma; porque si yo me he encontrado con Dios, yo no tengo nada más que
buscar. "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre." Si mi alma ha visto a Cristo muriendo sobre la cruz por sus pecados,
yo me he encontrado también allí con Dios en la solemne cuestión del juicio; y entonces he venido ante Dios a través de un
Cristo muerto y viviente; y habiendo llegado Él mismo ante Dios, he conseguido todo lo que la tierra abajo o lo que el cielo
arriba me pueden dar. Porque éste muy manso, éste Único muy humilde, quien fue llevado como un cordero al matadero, es el
mismo Dios ante quien yo he sido traído y que ahora, sin la más pequeña mancha de pecado que me podría avergonzar en Su presencia,
de forma que estoy con Él en perfecto amor, toda causa de temor ha sido removida para siempre; y Él vive para revelarse a
nosotros en el poder de una vida eterna.
Versículo 19. Para volver a la parte profética,
tenemos aquí lo que es muy importante: las tres grandes partes del libro del Apocalipsis muy claramente expuestas. - - Primero,
"las cosas que has visto" -es decir, Cristo caminando en medio de los candeleros.
-
En segundo lugar, "las (cosas) que son" -la condición temporal o el estado externo de las iglesias, o iglesia profesante en
la tierra; no el estado eterno y los inmutables privilegios de la iglesia como el cuerpo de Cristo.
-
En tercer lugar, "las cosas que han de ser después de estas" [3] - las cosas proféticas, los eventos finales en el trato con
el mundo.
[3] Mas bien, "después de las cosas que son."
El capítulo 4 muestra a la iglesia en el
cielo. Hablando de las cosas que son, yo no aludo en ninguna forma (puesto que la Escritura no lo hace) al estado eterno de
la iglesia en su unión con Cristo, como su Cabeza en la gracia, sino que aludo a una condición temporal, un estado externo
de la iglesia considerada aquí abajo como responsable durante un período dado; y esta condición temporal, este estado externo,
juzgado en las siete iglesias. Repito nuevamente, no son de nuestras "bendiciones espirituales en los lugares celestiales
en Cristo" de lo que se habla aquí, sino de aquello en cuyo medio Cristo está caminando, fuera de Él mismo en la tierra. En
la tierra Él necesita un candelero -una luz; no así en el cielo, no hay necesidad de ningún candelero allí -ninguna vela para
que alumbre allí, "porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lumbrera". Pero Él necesita portadores de luz en
la tierra y por esta razón el símbolo de los candeleros es entregado a las siete iglesias -para ser la "luz del mundo". Ellos
son iluminados desde el cielo para que den luz en la tierra, en los oscuros lugares abajo -para llevar el testimonio para
Cristo, mientras Él está lejos en el cielo, escondido en Dios. Y es para probar a estos portadores de luz, por lo que Cristo
camina como el Hijo del hombre entre los candeleros. Es verdad que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, pero mientras
caminamos en la tierra, nosotros debemos brillar como luces en el mundo, como los que muestran lo que el cielo puede producir
-estar viviendo en el cielo mientras se camina en la tierra; como Jesús habló cuando estuvo en la tierra, "el Hijo del Hombre,
que está en el cielo."
Versículo 20. "El misterio de las siete estrellas"
da el pensamiento de poder -poder subordinado, y los ángeles [4] son los representantes simbólicos de las iglesias. Poder
espiritual, como representando a Cristo en la tierra, es lo que la iglesia podría haber mostrado. A través de toda la Escritura
el poder superior es simbolizado por medio del sol y el poder subordinado por medio de las estrellas. El ángel de algo significa
el representante de eso que no estaba presente allí en sí mismo, como incluso el ángel de Jehová. Así, cuando Pedro tocó a
la puerta, se dijo "¡Es su ángel!"; y de los niños se dice, "sus ángeles." (Mateo 18:10). Para una ilustración de lo que yo
quiero decir, cuando Jacob se había encontrado con el ángel en Peniel, él luchó con el ángel y prevaleció, pero él llamó al
lugar "el rostro de Dios." Así estuvo Moisés con el ángel en la zarza. Y es en esta manera que nosotros tenemos los ángeles
de las siete iglesias.
[4]
Observen aquí lo siguiente: se ha supuesto que esta palabra es usada en referencia al ángel de la sinagoga y por lo tanto
significa un obispo o jefe de ancianos. Pero el ángel de la sinagoga no era en absoluto el gobernante de la sinagoga; él era
un lector, una especie de empleado. El gobernante de la sinagoga era realmente otra persona. Podría ser que en el tiempo en
que fue escrito el Apocalipsis el más anciano o el más eminente de entre los ancianos tuviese una especie de preeminencia;
pero aunque de hecho haya sido así, de tal forma de hacerle responsable, el hecho que aquí él es llamado ángel, es una prueba
de que si la responsabilidad fue mantenida, ningún título eclesiástico de ese tipo habría sido reconocido en la Escritura
por el Señor.
Tomemos ahora la idea general. Hemos visto
que no tenemos aquí a la iglesia mirada como unida con Cristo su Cabeza; ni tampoco es vista en su correcto carácter celestial
(aunque debería ser manifiesto de por sí), sino que la vemos en su estado temporal, como bajo la mirada del Señor para juicio.
En vez de Cristo como la Cabeza del cuerpo, lo que se deja muy en claro aquí son las responsabilidades vinculadas al cuerpo
en su estado temporal y cierta conducta esperada por los privilegios recibidos. Tampoco se trata del acto de dar estos privilegios,
sino del uso que hemos hecho de estos privilegios. Demos una mirada a épocas particulares de bendición a la iglesia como ilustración
de esto. La Reforma, por ejemplo, fue una obra del Espíritu de Dios; y Dios viene a ver qué es lo que ha hecho el hombre con
esta, Su obra - de qué modo los hombres han usado la bendición que obtuvieron por medio del resurgimiento de Su verdad, juzgando
qué uso están haciendo de privilegios dados a ellos en ese entonces. ¿Qué se descubre de los trescientos años transcurridos
desde que el Espíritu de Dios obró tan poderosamente? La obra de Su propio Hijo, el evangelio de Su gracia, la justificación
por medio de la fe, fue y nosotros lo sabemos, es lo que salió a la luz en ese entonces. ¿Qué es lo que esto ha producido
en la iglesia profesante? Es como si Él hubiese dicho, '¿Qué más podía hacerse? Yo sembré buena semilla, yo planté una viña
escogida y ahora yo he venido por fruto; ¿y dónde está este fruto?' Por consiguiente, ninguna de las siete iglesias es vista
como la obra de Dios en sí misma. Lo que tiene lugar es una investigación judicial y Dios no está juzgando Su propia obra
(escasamente necesito decirlo), sino al hombre en el terreno de la responsabilidad, de acuerdo a lo que él ha recibido a través
de esa obra.
Yo veo en la Escritura una completa y muy
definida diferencia al hablar de la iglesia de Dios. Los sufrimientos de Cristo y la gloria que debería seguir eran el testimonio
de los profetas antes que el Espíritu Santo fuese enviado aquí abajo. Cristo dijo, "Sobre esta roca, EDIFICARÉ mi iglesia";
ésta aún no había sido formada. No podemos obtener a Cristo como la Cabeza en el cielo, hasta que la redención sea una cosa
cumplida; no estoy hablando aquí de la salvación individual, sino del cuerpo de Cristo. En Esteban obtenemos otro paso: un
hombre en la tierra, lleno del Espíritu Santo, ve los cielos abiertos y al Hijo del Hombre estando de pie a la diestra de
Dios ("Y dijo: —¡He aquí, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios!" Hechos 7:56 - RVA).
En Pablo, nuevamente, hay un punto aún mas allá - es decir, unión con Cristo. Los Cristianos son miembros de Él mismo y esto
no es simplemente por medio de la participación en Su naturaleza, partícipes de la naturaleza divina, sino que por el poder
en el cual Él fue resucitado, unión con Él mismo, la Cabeza, por medio del Espíritu Santo: "¿Por qué ME persigues?" (Hechos
9:4). Si mi mano es herida, yo digo que estoy herido debido a que mi mano es una parte de mí. Pero entonces, por consiguiente,
hay otro carácter que tiene este cuerpo y es que somos "juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu." Siendo
ahora la iglesia el lugar donde mora Dios y puesta sobre la tierra para la manifestación de la gloria de Dios, Dios viene
entonces a juzgar cuál ha sido el fruto de estos privilegios, cuando los puso en la mano del hombre. No es del hecho del Espíritu
Santo morando en la iglesia de lo que aquí se habla, sino del uso que los hombres han hecho de esto.
Hay dos principios sobre los cuales Dios
juzga siempre a su pueblo:
-
primero, su estado original, el punto desde el cual partieron, la bendición que Él les dio al comienzo;
-
en segundo lugar, ese punto hacia el cual están propendiendo Sus caminos - la esperanza puesta delante de Su pueblo - la aptitud
para la bendición con la cual Él va a encontrarse con ellos en lo cercano, en la manifestación de Su presencia.
Podemos tomar a Israel a modo de ejemplo,
como sacando a relucir el principio. En Isaías 5, Dios dice, "¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?"
Y luego en el capítulo 6 donde la gloria del Señor es vista, su manifestación no solamente demostró que el estado de Israel
no respondía a la bendición otorgada sobre ellos al comienzo (por lo que Isaías dice, "¡yo habito en medio de pueblo que tiene
labios inmundos!"), sino que su estado no estaba preparado para la gloria que el Señor les había enseñado esperar. Los del
remanente siempre son preservados de acuerdo con la gracia mientras los demás son juzgados.
Pero, para regresar a la condición de la
iglesia: el Señor muestra primeramente el privilegio que Él ha dado y luego pregunta si el caminar ha sido de acuerdo con
este privilegio; tal como Él dice a la Iglesia de los Efesios, '¿Has dejado tu primer amor?' Sí, lo has dejado. "Recuerda,
por tanto DE DONDE HAS CAÍDO." 'Yo te he amado y me entregué a Mí mismo por ti', era la medida justa del amor a Él, en la
cual ellos deberían haber caminado como "la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre" -puestos bajo la protección
de la sangre, tal como toda conversación santa, tal como es vista en su tipo, en los sacerdotes. La sangre se ponía sobre
la mano, el pié y la oreja de ambos, del leproso para ser limpiado y del sacerdote en su consagración, de tal manera que no
se permitiría nada que deshonrara una protección como esa. Entonces viene la pregunta, ¿Hemos actuado nosotros de acuerdo
a la sangre que ha sido puesta sobre nosotros? ¿Nada ha pasado por la mente, acción, o al caminar, sino lo que ha sido según
Dios? El Señor siempre ejercita juicio en una iglesia, aunque Él tiene una gran paciencia con ella. Él mostró Su longanimidad
hacia Israel por más de setecientos años después que Él pronunció juicio por boca de Isaías, y Dios no baja nunca el nivel
de las demandas de Su primera bendición, aunque Él pueda ser paciente cuando su pueblo falla.
Él dice a Sardis, "No he hallado tus obras
perfectas delante de Dios"; sin embargo, ¡cuán bajo había caído! Podemos postrarnos ante Dios en el fracaso, pero aunque siempre
encontramos la gracia que nos levanta de nuevo, a pesar de eso, Dios nunca rebaja la norma de lo que debe ser producido, ni podríamos siquiera desear que Dios debiera hacerlo. Ningún santo verdadero podría
desear que Él debiera rebajar el nivel de Su santidad para dejarnos entrar en el cielo.
Yo no podría aceptar (por medio de la gracia)
nada menor de la imagen de la iglesia tal como Dios la dio por primera vez. Tomen incluso al hombre como hombre: ¡es lamentable!
yo he perdido la inocencia; pero ¿puedo yo aceptar cualquier nivel menor a la ausencia total de pecado? Y esto no es todo,
puesto que ahora Dios levanta un más excelente objeto de deseo ante mi corazón, en el cual Él reemplaza lo que se ha perdido,
por la completa revelación de Sí mismo, Su propia gloria en Su pueblo. Por lo tanto el santo tiene que juzgar su estado, no
por medio de lo cual cayó Adán, ni siquiera por medio del primer estado de la iglesia solamente, sino que por medio del Cristo
con el que tiene que encontrarse.
De este modo, hay dos formas en las cuales
Dios está juzgando: el abandono de la primera condición de bendición; y luego, cuán lejos se halla la plenitud de la bendición
a la cual Dios nos está llamando. En consecuencia, Dios nos juzga por nuestra pasada bendición y por nuestra bendición futura.
Tal como vemos en todos los mensajes a las iglesias, su abandono de la bendición original y la indagación acerca de cuán remotamente
su presente condición se corresponde con la bendición a la cual ellos son llamados y de la cual se habla en forma de promesa.
Pablo pudo decir, "Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo
a la meta": cuando un hombre puede decir esto, entonces su conciencia es buena y feliz con Dios, a la vista de la gloria ante
él. Pero me gustaría presionar sobre todas sus almas con esto - que el nivel de ustedes está equivocado y sus afectos están
equivocados, si ustedes están haciendo cualquier otra cosa excepto seguir al Cristo de gloria presentado al ojo de su corazón.
Ustedes saben bien que la iglesia no ha guardado su primer amor. Recuerden que aunque Él es paciente, Él no puede rebajar
el nivel, y por consiguiente: "arrepiéntete." Hay abundante gracia para levantar y restaurar, pero mi conciencia no podría
ser feliz si Dios rebajara la imagen que Él me ha dado de la iglesia.
El hombre ha perdido la inocencia; pero la
bendición ha entrado por la cruz, y aunque yo no he alcanzado el glorioso resultado de esa redención manifestada en la gloria
de Aquel que la consumó, "yo prosigo a la meta"; mi conciencia no podría estar feliz de otro modo. Supongamos que el pensamiento
del Señor viniendo a recibirnos a la gloria estuviese muy presente para nosotros, ¡cuántas cosas desaparecerían! ¡Cuántos
objetos a los cuales ahora nos aferramos, cuántos dolores y preocupaciones que nos agobian serían nada, si la esperanza de
Su venida estuviese firmemente ante nuestros ojos! "Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así
como él es puro." (1 Juan 3:3).
Pero la iglesia ha dejado su primer amor
y también ha perdido su expectativa. La esperanza de la venida del Señor lo hace a Él muy presente para nuestras almas, así
como para juzgar la condición en la cual nosotros estamos. Tú estás llamado para encontrarte con Jesús; ¿estás tú en una posición
tal que te haría avergonzar ante Él en Su venida?
Puedo agregar, que hay también otro principio
que es un motivo para santidad en la iglesia, la presencia del Espíritu Santo. Está dicho, "No contristéis al Espíritu Santo
de Dios." No hagan nada inconsistente con Su presencia así como con la gloria hacia la cual ustedes están yendo, de la cual
Él es el testigo. En las tres primeras iglesias no hay ninguna referencia a la venida del Señor; pero después de ese tiempo,
cuando el fracaso se ha instalado completamente, entonces es cuando se presenta el pensamiento de la venida del Señor. Es
nuestro gozo y nuestra esperanza para sostenernos cuando todo lo otro falla.
Yo solamente resumiría lo que he dicho. El
carácter del libro del Apocalipsis es profético. Nosotros no vemos de ninguna manera aquí a la iglesia como habitada por el
Espíritu Santo, dando el conocimiento de Cristo como Cabeza del cuerpo, o en comunión con el Padre y el Hijo. Todo es judicial.
Claramente Cristo es el Juez, primero de la iglesia y luego del mundo - de la iglesia contemplada en su condición terrenal
por supuesto, no en su condición celestial. Todo el libro está dividido en tres partes:
-
las cosas vistas,
-
las cosas que son
-
y las cosas que han de ser después de estas.
Y
tal como hemos visto, Dios tiene dos grandes formas de juzgar. Él ve si estamos obteniendo provecho según las bendiciones
ya otorgadas y si estamos caminando en una manera apropiada a la gloria prometida.
Hay un regreso esperado en gracia según los
privilegios concedidos y una respuesta del corazón a la gloria hacia la cual Él nos está llamando. Habiéndonos bendecido,
Él espera la respuesta, "Sí, ven, Señor Jesús." Él espera por el fruto de Su gracia hacia nosotros y yo debo mirar hacia lo
que yo soy llamado por medio de ella. No que yo lo haya logrado, pero prosigo en el poder de una nueva vida, "olvidando ciertamente
lo que queda atrás." Dios ha dispuesto Su corazón para bendecirnos de una cierta manera y lo que Él busca es que nuestros
corazones respondan a este conocimiento del llamamiento celestial.
Que nosotros podamos gustar ahora de aquello
a lo cual Dios nos ha llamado en comunión con Su Hijo. Que esto pueda tener tal dominio sobre nuestros afectos que podamos
estar honestamente capacitados para decir, "Pero una cosa hago." Que el Señor abra y llene nuestros ojos con la gloria del
Señor Jesucristo y nos haga andar en el poder de esa esperanza -de verle a Él tal como Él es
y de estar con Él y como Él para siempre.
Fin
de la primera conferencia.
J.
N. Darby
Traducido
del Inglés por: B.R.C.O.
TEXTO
REVISADO EL: 05.04.2009.-
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