COMENTARIOS DE LOS LIBROS DE LA SANTA BIBLIA

INTRODUCCIÓN Y GÉNESIS (William Kelly)

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GÉNESIS - Leer o guardar en formato PDF

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

BTX = Biblia Textual, BIBLIA HEBRAICA STUTTGARTENSIA, NOVUM TESTAMENTUM GRÆCE - Traducción Contextual al Castellano, Segunda Edición, SOCIEDAD BÍBLICA IBEROAMERICANA

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano; conocida también como Santa Biblia "Vida Abundante")

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

Inspiración de las Escrituras

El Designio Divino

 

 

EL DESIGNIO DIVINO - INTRODUCCIÓN

 

         Entre las improntas de la Palabra de Dios, ninguna es más impresionante o importante que el designio que al Espíritu Santo le complació estampar indeleblemente en los varios libros individualmente y en la entera colección como un todo; y esto no sólo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento separadamente, sino en ambos como formando lo que, a lo menos nosotros los Cristianos, llamamos la Biblia. Existen faltas de transcripción tanto en el Hebreo como en el Griego. Hay defectos y errores de traducción tanto en versiones antiguas como modernas. Hay errores, aún más abundantemente, en los comentarios, desde los primeros, los cuales aún existen hasta nuestro día. Pero todos estos defectos juntos, aunque algunos puedan ocultar el testimonio de un detalle, no pueden desfigurar, a ojos del creyente (salvo en un grado muy pequeño) la belleza exquisita de las Escrituras, «Cantando para siempre mientras fulguran, La mano que nos creó es divina.» Y eso está tan por sobre las órbitas del cielo, de las cuales uno de nuestros propios poetas usó las palabras, puesto que lo que es material naufraga bajo la expresión de la Palabra, la mente, los afectos amables y los gloriosos propósitos de Dios, para Sus hijos y Su pueblo, y para todas las naciones también, los cuales encuentran su centro, su objetivo, y su cumplimiento en Cristo el Hijo de Su amor y el Señor de todos.

 

         Es evidente que la incredulidad no oye a Dios en Su Palabra. La Escritura misma lo atestigua así; y tal es su experiencia desde que fue escrita y difundida en cada época, tierra, y lengua. Tampoco podía ser de otra manera con el hombre caído enajenado de Dios como raza. "La manera de pensar de la carne es enemistad contra Dios", dice el apóstol a los Romanos (Romanos 8:7 - BTX). Él escribe a los Corintios que el mundo, mediante la sabiduría, no conoció a Dios (1 Corintios 1:21). ¿Quién se puede asombrar cuando lee las abrumadoras palabras a los Efesios (Efesios 2: 1-3)? "Y Él os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis (Gentiles) en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros (Judíos) en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás." (Efesios 2: 1-3; LBLA). "Y a vosotros, que estabais en un tiempo enajenados y enemistados en vuestra mente, por causa de vuestras obras malas", escribe él a los Colosenses (Colosenses 1:21 - VM). Hay, por lo tanto, una repugnancia innata a Dios y a Su Palabra en todo hijo de Adán. De ahí la absoluta necesidad de nacer de nuevo, tal como nuestro Señor afirmó a Nicodemo (Juan 3: 3-5): "A menos que uno nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios." (Juan 3:3 - RVA). Y si ellos no creían cuando Él hablaba de las cosas terrenales, ¿cómo creerían si Él les hablaba de las cosas celestiales? Puesto que el reino de Dios abarca ambas, siendo Cristo el heredero de todas las cosas, ya establecido en lo alto, así como pronto Él será manifestado como Cabeza sobre todas ellas.

 

         Pero todo esto, y aún más, el terreno de ello en Su gloria personal y en la obra eficaz de reconciliación a través de Su muerte, es desconocido y desdeñado por la arrogante incredulidad del hombre. Ella ve en la Escritura (por nombrar el Pentateuco, el fundamento mismo del Antiguo Testamento y no menos mantenido como divino en el Nuevo Testamento) sólo un conjunto fragmentario de antiguas leyendas humanas que ni siquiera concuerdan, si es que no son una impostura, o a lo menos una novela reunida como un todo en el tiempo de Samuel o aun de Josías, si acaso aún más tarde. Pero un fraude tan abominable es la imputación sin fundamento de antiguos Deístas Ingleses, pulida y actualizada por la fraudulenta ingenuidad y la gravitante erudición de sus modernos sucesores, principalmente en Alemania y Holanda, por no decir nada de sus discípulos de habla Inglesa.

        

         "Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido, Que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno." (Salmo 53: 1-3). Así es como tratan Su Palabra los que se autodenominan 'más altos' pero que son realmente críticos escépticos. Ellos excluyen a Dios de la autoría de las Escrituras. Ninguno de ellos acepta honestamente el fallo del Señor presentado por el apóstol Pablo (2 Timoteo 3:16): "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia." Es una frase que afirma expresamente la inspiración divina, no sólo para los escritores sino acerca de cada ápice, que se había de escribir aún, como Escritura. Él había hablado ya así del Antiguo Testamento en 2 Timoteo 3:15, el cual es distinguido mediante un término diferente para dar el mayor énfasis; él incluye así cada parte de lo que la gracia estaba proporcionando como siendo la última comunicación de Dios. Obviamente, la Palabra que Timoteo conocía tiene también su aplicación a lo que fue escrito en tiempos antiguos; porque las Escrituras, al igual que otros dones de Dios, son encomendadas al cuidado de los Suyos, siempre propensos a fracasar en mantener intacto, y comprender debidamente, y transmitir a los demás, el depósito santo. La legítima función del crítico es quitar semejantes intrusiones humanas; con el fin de que el lector pueda tener la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. Esto no se encuentra en ningún otro libro excepto en la Biblia; no, ni tampoco en todos los demás libros puestos juntos.

 

         Ahora bien, los neocríticos comienzan con la mentira preliminar de que las Escrituras no son, en ningún sentido real, la Palabra de Dios. Por eso ellos se privan, y privan a sus seguidores, de toda confianza en lo que está escrito, en lo cual no surge ningún interrogante acerca de su texto primitivo. Puesto que no creen verdaderamente que Dios inspiró Escritura alguna, menos aún, si ello es posible, ellos buscan Su revelación de Él mismo en ella, sea en su asombrosa unidad, o en cada parte contribuyendo consistentemente y perfectamente a aquel grandioso fin; y esto, a través de la totalidad de los variados tratos de Dios con el hombre, antes de la entrada del pecado, y después, cuando no existía la ley de Dios, ni el gobierno del hombre ordenado por Él; cuando las promesas a los padres fueron hechas, y cuando la ley fue dada por medio de Moisés a sus hijos; cuando el sistema Levítico fue introducido, y las sombras de los bienes venideros lo acompañaron; cuando los jueces continuaron hasta Samuel, y reyes fueron establecidos; cuando los profetas llegaron a ser más evidentes y prominentes, desarrollando de parte de Dios, lo que Moisés predijo más generalmente, desde el primer juicio de Israel, después del alejamiento idolátrico de Judá, y de todo otro juicio de parte de Jehová, hasta que "no hubo ya remedio." (2 Crónicas 36:16); y los tiempos de los Gentiles comenzaron cuando Su pueblo llegó a ser Lo-ammi ("no sois Mi pueblo" - Oseas 1:9), y el poder mundial es entregado, mientras tanto, a los Cuatro Imperios. Bajo el Cuarto Imperio, o Imperio Romano, fue enviado el Mesías, presentado, también, con toda evidencia de gracia, verdad, y poder de Dios en humillación, pero por esta misma razón, fue rechazado por todos, incluso, y lo peor de todo, por el remanente Judío que había regresado bajo el Segundo Imperio desde la cautividad en Babilonia. Se cumplió así la palabra de los profetas, tanto en el hecho de que Dios fue hallado por los Gentiles que no Le buscaban, como en el hecho de que los Judíos pierden su lugar por el momento, como un pueblo rebelde a quienes Él había extendido Sus manos todo el día. Comparen Isaías 65: 1, 2, con Romanos 10: 21, 21.

 

         Por lo tanto, el Señor Jesús, el Mesías, el Unigénito Hijo de Dios, sacó a la luz no sólo el estado perdido y malo del hombre, sino el estado de los Judíos, aún más culpables. Porque en la cruz, que fue la demostración más profunda de la iniquidad combinada de ellos, Cristo cumplió plenamente la voluntad de Dios, en virtud de lo cual nosotros hemos sido, y somos, santificados por medio del sacrificio (ofrecimiento, ofrenda) del cuerpo de Jesucristo, hecho una sola vez y para siempre ("en la cual voluntad hemos sido santificados, por medio del ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo, hecho una sola vez para siempre." Hebreos 10:10 - VM). El evangelio de la gracia de Dios a toda la humanidad, y la iglesia (el cuerpo de Cristo en el bautismo del Espíritu Santo enviado del cielo), son las consecuencias bienaventuradas que requería esa nueva revelación de Dios comúnmente llamada el Nuevo Testamento. Este confirma plenamente el Antiguo Testamento en cada aspecto como divino, cumpliéndolo notablemente en las profecías de la persona del Mesías, Dios y hombre, Su andar, Su misión, y Sus servicio, únicos; Su muerte también, no solo a través del aborrecimiento del hombre, sino en la gracia expiatoria de Dios; Su resurrección y ascensión; y Su regreso a resucitar a los muertos, a restaurar el reino a Israel, a bendecir la tierra y a todas las naciones, habiendo suprimido las potestades superiores o espirituales del mal.

 

         Pero el Nuevo Testamento, además de sellar la verdad del Antiguo Testamento, revela para el Cristiano y la iglesia, los misterios del reino, mostrando un estado de cosas bastante diferente del antiguo, y aún más, mostrando los misterios con respecto a la iglesia, completamente incompatibles con la posición de Israel, sea en el pasado o en el futuro. Por consiguiente, esto sólo llega a hacerse realidad, y llega a ser visto, cuando aquel pueblo como un conjunto perdió, por un tiempo, sus privilegios por el hecho de añadir la cruz de Cristo a su idolatría. De hecho, la responsabilidad del hombre como estando bajo la ley, y, aún más ampliamente, el gobierno de Dios, aparecen a través de todo el Antiguo Testamento, aunque hay también testimonio profético de Su propósito en Cristo.

 

         Pero el Nuevo Testamento nos presenta al Hijo de Dios que ha venido, un hombre y, sin embargo, el Dios Verdadero y la Vida Eterna. Esto introduce el mayor de los cambios. Ya no es como en el Antiguo Testamento, Dios oculto y morando en la densa oscuridad, sino Dios manifestado en Aquel que es Hijo, así como nadie más es o puede ser, la Palabra (el Verbo) hecha carne. Su muerte, como sacrificio por el pecado, va aún más allá: no es sencillamente Dios en el hombre morando temporalmente entre los hombres, lleno de gracia y verdad, sino el velo rasgado, el pecado juzgado en la cruz, y el hombre, al menos el hombre que cree, traído a Dios, todos las transgresiones perdonadas, siendo él mismo limpiado de una vez y completamente a fin de no tener más conciencia de pecados, y por lo tanto, el Espíritu de Dios morando en él para siempre. Tal es un Cristiano; ni este es todo el privilegio que podría mencionarse. Esto da un carácter más cercano, más íntimo, al Nuevo Testamento en general; pero la autoridad divina pertenece igualmente a ambos: Antiguo y Nuevo Testamentos. Su autoridad se debe a que Dios habla en ambos a través de Sus instrumentos. Si nosotros no Le oímos, no tenemos fe viva. Un tratado o un sermón, un padre o un predicador, pueden ser el medio de presentar la verdad a mi alma; pero si yo no he creído a Dios, mi fe es humana y sin  valor. Nosotros nacemos de nuevo de este modo: recibiendo a Cristo, el objeto y espíritu de la Palabra, tal como el apóstol dice en 2 Corintios 3:17: "Porque el Señor es el Espíritu" (refiriéndose al versículo 6, no la letra sino el espíritu del Antiguo Testamento).

 

         Cuando los hombres descansan sobre la redención que es en Cristo Jesús, ellos reciben el Espíritu Santo, Él es Quien guía a toda verdad. Nosotros conocemos sólo en parte, es indudable; sin embargo, aún a los niños espirituales (1 Juan 2) se les asegura que ellos conocen todas las cosas. Se aprende, a corto plazo, que cada libro (recordando que los 2 libros de Samuel, y su continuación en los 2 libros de los Reyes, etc., van juntos), tiene su designio apropiado que lo impregna, sea en el Antiguo Testamento o en el Nuevo Testamento. El contenido propio de cada libro debe ser la evidencia de esto, tal como se presentará, por gracia, no antes de que pase mucho tiempo, en los comentarios que siguen a esta introducción. Extraerlo plenamente requeriría, indudablemente, muchos grandes volúmenes, incluso si uno tuviese habilidad espiritual para una tarea tan seria y difícil. No se puede dedicar aquí más que un pequeño espacio para este propósito. Esto quiere decir que no se puede intentar, por ahora, más que un examen superficial de los varios escritos que componen la Biblia. Un bosquejo tal, no obstante, involucra la ventaja de que las pruebas que la Escritura proporciona en cada caso se levantarán libres de esas nubes de comentario que tan a menudo sobrecargan y disfrazan el texto.

 

         De este modo, no existe una característica más sorprendente de la Escritura que el designio que Dios ha impreso sobre sus varios libros. Antiguo o Nuevo Testamento, da lo mismo. La porción poética no lo atestigua menos que la prosa, la porción profética lo atestigua tan claramente como la porción histórica. No es en absoluto improbable que los varios escritores puedan no haber sido conscientes de alguna intención de parte de ellos de producir semejante resultado. Tanto más instructivo y cierto es que un Autor animador y director presidiera sobre cada parte distinta, impartiéndole un carácter especial y, a la vez, haciendo que todo contribuya al propósito común de revelar Sus consejos de gloria y Sus modos de obrar de gracia, dando a conocer, al mismo tiempo, la debilidad o la maldad de la criatura al resistir Su voluntad y haciendo la suya. Tal es el hecho para eso, no en la superficie, obviamente, sino subyaciendo indeleble y profundamente el cuerpo entero de las Escrituras, es la conclusión inevitable producida sobre el Cristiano mediante el examen cuidadoso de la Biblia como un todo y por medio de la comparación inteligente de las partes que la integran.

 

         Evidencia va a aparecer en forma consecutiva y a su debido tiempo - y será puesta ante el lector, no forzada, clara, y abundante -, de que las Escrituras están regidas, desde el principio hasta el final, por un propósito moral que revela la sabiduría y la bondad de Dios las cuales se elevan por encima del fracaso de la criatura, y, especialmente, el pecado del hombre brindando ocasión a los recursos y al triunfo de Su gracia en Cristo para el cielo y la tierra, para el tiempo y la eternidad, para el hombre, Israel, los santos de antaño, la iglesia, y las naciones. ¿Quién sino Dios pudo haber insinuado una intención tan vasta y de tan gran alcance desde el primer escrito que introduce todos los libros que siguen a continuación a través de muchas generaciones, no solamente los que fueron compuestos en Hebrero (con Arameo en un grado menor), sino aquellos que después de un marcado intervalo aparecieron en Griego, revelando, en esa sola generación del Nuevo Testamento, la venida del Hijo de Dios, el evangelio, y la iglesia, siendo el último libro la respuesta adecuada al primero, cerrando manifiestamente, también, el ámbito completo de inspiración?

 

         Ningún lector sometido a la verdad puede poner en duda que en el Pentateuco, o Los Cinco Libros de Moisés, tenemos el fundamento firme y amplio del Antiguo Testamento. Estos libros son llamados la Torá o la Ley, ya que esta es la institución de Dios presentada tan plenamente en Éxodo y Levítico, con suplementos obtenidos por las jornadas de Números, y el ensayo moral de Deuteronomio, en la perspectiva de la entrada en la tierra de Canaán a través del Jordán.

 

         Los Profetas, tempranos o posteriores, tal como los Judíos distinguían los libros que seguían a continuación, al igual que los libros abiertamente predictivos que nosotros llamamos de este modo, dan testimonio del creciente alejamiento de la ley, y sostienen la visión resplandeciente del Reino del Mesías, no sólo para el pueblo restaurado de Israel, sino para todas las naciones de la tierra. Entonces, "Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra." (Isaías 24:21). Luego Jehová será exaltado, y los moradores del mundo aprenderán justicia (Isaías 26:9). Entonces, "Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa." (Isaías 35:1).

 

         Los Salmos constituyen la tercera división, y la porción principal (tal como en las demás secciones) da su título a varios libros de un carácter emocional y ético. Encontramos aquí, también, una clase de escritos que dan testimonio, tan vigorosamente como los demás, al gran designio de Dios en Su Palabra: la ruina del primer hombre; la bienaventuranza del Segundo, incluso para todos aquellos de la raza arruinada que ponen su confianza en Él (Salmo 2:12). En los Profetas nosotros tenemos, efectivamente, el testimonio formal de un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, el cual sustituirá el de la ley; cuando las promesas a los padres se cumplirán en la Simiente verdadera.

 

         Sería inútil atribuir al Nuevo Testamento, aun en el menor grado, cualquier imitación del Antiguo Testamento. La nueva revelación tiene el poder distintivo de un testimonio divino dado acerca del Hijo de Dios, del Hombre Cristo Jesús, manifestado aquí abajo y ascendido al cielo después de cumplir Su gran obra sacrificial por el hombre y para gloria de Dios. Con todo, cuando la atención es atraída a la nueva colección comparándola con la antigua, uno no puede dejar de encontrar las pruebas inequívocas de un plan común, el cual ningún escritor menciona, pero que es evidente cuando tenemos a todos ante nosotros. Porque hay una base similar de hechos presentada de manera histórica: no tenemos el primero sino el Postrer Adán con la nueva creación que depende de Él, y asociada con su Cabeza; y en vez de tener la Ley (dada igualmente en un día de Pentecostés), tenemos al Espíritu Santo enviado del cielo para morar para siempre. Sólo aquí está la 'perfección', que no fue posible por medio de la ley, aunque esta hizo que su necesidad fuese sentida y fue la sombra o incluso su presagio.

 

         Luego, después de los Evangelios y los Hechos, tenemos las Epístolas, las cuales responde, y más que responden, al Ketubim [*] (o 'Los Escritos') del Antiguo Testamento, y revelan la gracia y la verdad en Cristo y Su obra y Sus oficios, con la esperanza bienaventurada, todo esto ejerciendo predominio, o fuerza moral, sobre el corazón y el andar y la adoración de los santos.

 

[*] N. del t.: Ketubim = Una de las tres partes en que se divide el Tanaj o Biblia hebrea.

Ketubim o Los Escritos se dividen en: Salmos, Job, Proverbios, Rut, Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras y Nehemías, Crónicas (1° y 2°).

 

         Finalmente, está el maravilloso libro del Apocalipsis precedido por no poco de lo que contienen los Evangelios y las Epístolas así como en la analogía del Antiguo Testamento. En él, todas las revelaciones predictivas de la Escrituras se coordinan y se completan, no sólo hasta el establecimiento del reino manifiesto del Señor Jesús llenando los cielos y la tierra para gloria de Dios, sino que directamente hacia asuntos que no tienen fin de todo en la eternidad, cuando el mal es juzgado finalmente y para siempre, y los cielos nuevos y la tierra nueva hayan llegado, donde la justicia, en lugar del gobierno mediante el poder, puede morar, y de hecho, mora inquebrantable y absolutamente perfecta, siendo Dios todo en todos.

 

         De este modo existe, allí donde muchas otras cosas difieren, una correspondencia muy clara en los dos volúmenes, el Antiguo y el Nuevo, sin el menor esfuerzo para ello por parte de algún escritor en cualquier volumen. ¿Qué podría indicar más, sin una sombra, una mente Divina de pureza y bondad infinitas, Luz y Amor, comunicando en las Escrituras, tal como Él - de hecho - lo cumplirá, esos propósitos dignos de Él mismo y de Su Hijo, plenos de bendición para todos los que creemos, pero de juicio eterno para aquellos que no Le aman y desprecian Su Palabra?

 

         Probemos ahora la realidad del claro propósito de parte de Dios atribuido a Su Palabra, comenzando con el primero de los libros de la Escritura.

 

William Kelly

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Agosto 2010.-

Inspiración de las Escrituras

El Designio Divino

 

GÉNESIS

 

         . . .  Probemos, ahora, la realidad del propósito distintivo por parte de Dios atribuido a Su palabra, comenzando con el primero de los libros de la Escritura.

 

         Génesis comienza con la creación, distinguiendo el principio cuando el hombre no existía, ni tampoco nuestro medio ambiente de naturaleza, e insinuando un estado de convulsión, a lo menos, para la tierra, el cual siguió a continuación del acto original y precedió a su formación para la raza humana (capítulo 1: 1, 2). Después, se detalla la semana que introduce a Adán, la obra de Dios (Elohim) y el reposo (capítulo 1: 3 - 2:3).

 

         El verdadero comienzo del capítulo 2 está en el versículo 4, donde el nombre de Jehová Elohim, o el SEÑOR Dios, aparece necesariamente así como también en el capítulo 3. Porque el designio había de identificar a Elohim, el Creador, con Jehová, el gobernador moral, el cual estableció al hombre, no sólo como un alma viviente, sino sólo mediante Su soplo en él, en relación inmediata con Él mismo, y colocado en un paraíso plantado para él, pero con responsabilidad moral puesta a prueba y con provisión para vida si él era obediente, pero con la muerte como pena si él era desobediente. Tampoco se trata sólo de esto, sino que está aquí la relación del hombre para con su mujer, creada a partir de él para ser su íntimo complemento y nombrada así por él mismo; así como él también dio nombres a la creación subordinada de la tierra, aves, y bestias.

 

         El Capítulo 3 muestra cómo el hombre cayó, a través de la mujer, mediante las artimañas de un enemigo misterioso el cual se valió de la serpiente como medio, y adquirió, así, el título de "la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás." (Apocalipsis 20:2). El designio demandaba aquí la misma designación divina que en el capítulo anterior, la forma del cual es aún más evidente a partir de la omisión del nombre "Jehová" por parte de la serpiente y por parte de la mujer al parlamentar con el tentador (capítulo 3: 1-5). Pero la solemne sentencia de muerte no fue dictada sobre la cabeza de la raza, conociendo ahora el bien y el mal, sin una maldición previa sobre la serpiente, en la que se insinuó la bienaventurada certeza de que la Simiente de la mujer, herida en el calcañar, herirá la cabeza del enemigo. Túnicas de pieles fueron dadas a la pareja culpable, quienes sabían que no estaban menos desnudos por sus delantales de hojas de higuera. La cobertura divina para los pecadores tuvo su fuente en la muerte; ello era gracia, pero en justicia.

 

         Acto seguido sigue le diferencia esencial entre los hijos de Adán en el capítulo 4. Abel, por fe, trajo un sacrificio. Caín, duro e incrédulo, trajo una ofrenda del fruto de la tierra, y, enardecido ante la aceptación de Jehová de Abel y su ofrenda, asesinó a su hermano justo. ¡Qué retrato de la adoración del hombre! así que el cierre del capítulo es del mundo de Caín con arte y ciencia y placeres de la vida para ocultar el hecho de que él es un proscrito, un vano sustituto del paraíso. Aquí, por consiguiente, aparece el nombre de Jehová con estricta propiedad; el caso excepcional en el versículo 25 sólo lo confirma, como expresión natural de Eva, decepcionada en su pensamiento espiritual del versículo 1. Aun así, Set es la simiente señalada que sucede al asesinado Abel, y los hombres invocan el nombre de Jehová: así será, tal como lo fue.

 

         El capítulo 5 es una reseña de la raza hasta Noé y su ofrenda. Adán y sus hijos, no obstante los largos años que vivieron, murieron finalmente. Porque si Elohim creó e hizo, la muerte entró por medio del pecado; pero Enoc caminó con Dios, y desapareció, porque Dios se lo llevó. No se trató de simple gobierno, sino de Elohim conocido y actuando conforme a Su naturaleza. Por otra parte, el nombre Jehová es usado apropiadamente en el versículo 29 donde Su trato moral está en perspectiva. De todos estos, dos hombres son, respectivamente, testigos divinos de la gracia celestial, y del juicio terrenal, aun con la misericordia glorificándose contra este juicio.

 

         Después, el capítulo 6: 1-8 prosigue con el justo juicio bajo el nombre de Jehová, el cual de ninguna manera es inconsistente con "los hijos de Dios" en los versículos 2 y 4, al igual que en Job ella es una designación común; mientras que el nombre Elohim sólo se encuentra en los versículos 9 al 22. La expresión es tan exacta así como el designio es evidente. La relación fue violada; y la naturaleza se corrompió; pero si el juicio debe resultar de ello, el Creador perpetúa debidamente a la criatura.

 

         Así, en el capítulo 7, Jehová estima a Noé y a su casa también, ordenando acopiar bestias y aves de siete en siete, no de a dos con en el nombre de Elohim; y Noé obedeció en ambos casos (versículos 5 y 9). ¡Oh, la ceguera de los pseudo-críticos, que imaginan inconsistencia, cuando la sabiduría divina fue tan clara en Sus actos como lo son Sus designios en Su palabra! ¡Qué ignorancia y necedad explicar todo esto mediante el mosaico imaginario de la tradición! Vean, también, lo absurdo de un Elohista y un Yahvista en el mismo versículo 16, donde los dos motivos de acción divina se encuentran en Noé, sometido y guardado a salvo. Verdaderamente "no todos tienen la fe" (2 Tesalonicenses 3:2 - VM): ¡hay de aquellos que no creen! particularmente si ellos profesan el nombre del Señor.

 

         A la inversa, el capítulo 8 tiene sólo a Elohim, pero en los versículos 20-22 nombra a Jehová no menos instructivamente. Esta enseñanza que la pseudo-crítica niega y destruye, en la medida que ella pueda hacerlo, mediante la fantasía infantil de diferentes inventores de leyendas. Realmente ellos trabajan para el fuego y se fatigan para vanidad.

 

         Así también el capítulo 9 presenta, intencionalmente, a Elohim, excepto que la bendición especial en el caso de Sem introduce a Jehová su Dios, mientras que en el versículo 27, en el caso de Jafet, se nombra sólo a Elohim. ¡Conciban la fatuidad, así como la falta de espiritualidad, de suponer que hay aquí dos autores, donde tanto de la fuerza depende del Único Autor, el cual pronunció primero todo por una boca, escribiendo luego todo mediante una única pluma a su debido tiempo! Así como el final del capítulo 8 muestra el mundo cuyo orden reposaba sobre un sacrificio, así comienza el capítulo 9 con el principio de gobierno encomendado en la mano del hombre, a lo cual se añadió la señal de que nunca más habría un diluvio.

 

         En el capítulo 10, nosotros tenemos el surgimiento de naciones divididas en sus tierras, cada una según su lengua (o, idioma), a partir de los tres hijos de Noé; y tenemos, incluso en aquellos días, la asunción por parte de Nimrod de un poder despótico, donde sólo aparece el nombre de Jehová, conforme la relación correcta era violada. Pero en los primeros versículos (1-9) del capítulo 11, nosotros tenemos a Jehová juzgando la causa moral para la dispersión de los hombres, empeñados en hacerse un nombre para ellos mismos en una vasta república. Desde el versículo 10, se trazan las generaciones de Sem para introducir a «los padres», y después a «los hijos», de Israel.

 

         El capítulo 12 presenta el llamamiento de Jehová a Abram. Él había dejado Ur de los Caldeos y había ido a Harán al final del capítulo 11. Sólo cuando "se fue Abram, como Jehová le dijo", él llega a Canaán. Él tiene, primeramente, las promesas, padre de los fieles, así como Adán lo es de toda la humanidad. Abram es un peregrino, con "esta tierra" prometida a su simiente, y no tiene solamente una tienda sino altares que él edificó a Jehová. Su andar y su adoración fueron los de la fe. Bajo la presión de una hambruna, él desciende a Egipto, y niega su verdadera relación con Sarai; de modo que ella fue llevada a casa de Faraón, y él llegó a ser muy rico con los regalos del rey. Así, ello fue un fracaso total; pero Jehová hirió a Faraón con plaga, liberó a Sarai, y despidió a Abram, quien no tuvo ningún altar en Egipto y que regresa al lugar donde su tienda había estado al principio, al lugar de su altar allí.

 

         Capítulo 13. Acto seguido, una contienda entre sus pastores lleva a la separación de Lot de Abram, el cual tiene la promesa de Jehová renovada más plenamente, y edifica, posteriormente, otro altar.

 

         Pero el capítulo 14 muestra a Lot arrastrado en las guerras del mundo, así como él ya había dejado traslucir su inclinación mental mundana. Pero Abram derrota  a los conquistadores que habían llevado cautivo a Lot. Después, Melquisedec, rey de Salem, bendijo Abram de parte del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, y bendijo al Dios Altísimo, que entregó a los enemigos de Abram en su mano. Se trata de un cuadro que cierra la primera parte de la historia de Abram, siendo esto el tipo del día de bendición, de "pan y vino", no de sacrificios ni de intercesión en lo alto e invisible, la cual sustenta ahora, basada en sacrificio. Aquí, el nombre distintivo es Jehová, pero calificado como Dios Altísimo (Elyon), la victoria de la fe cuando los enemigos son aplastados y los dioses rivales se desvanecen; los cielos y la tierra se unen en la bendición de Dios y los Suyos bajo el sacerdote Melquisedec reinando. ¡Cuán claro, y con todo, cuán profundo, es este clímax típico! ¿Quién lo podía haber diseñado todo sino Dios?

 

         Desde el capítulo 15 tenemos un orden nuevo y posterior de cosas más bien personales que públicas, finalizando en el capítulo 21, donde la cuestión del heredero se resuelve plenamente y en diversos puntos de vista.

 

         Tenemos, primeramente, la Palabra de Jehová viniendo en una visión, y la simiente según la carne en detalle profético, y un pacto sacrificial mediante el cual se garantizan los límites de la tierra.

 

         En el capítulo 16 vemos el fracaso en la fe que se presentaba tan resplandeciente en el capítulo anterior, y la impaciencia carnal que lo procuraba ilegítimamente, para dolor de aquella que lo había sugerido primeramente. No Agar sino Sarai debe ser la madre del heredero. Comparen con Gálatas 4.

 

         En el capítulo 17, Jehová (porque tal es Su nombre aquí también) aparece a Abram revelando Su título, específico para los patriarcas, de El Shaddai, Dios Todopoderoso, y ampliando su nombre a Abraham, así como su esposa había de ser Sara. Aun así, se dice que es Elohim quien así habla y dice: tan sin fundamento es la fantasía de diferentes documentos o autores, y tan perfecto es el designio al poner estos elementos juntos. Naciones y reyes habían de salir de Abraham y Sara, por un pacto eterno establecido con Isaac, pero con circuncisión (expresando muerte a la carne) que se extendía aun al extranjero vinculado.

 

         El capítulo 18 presenta la siguiente aparición de Jehová en condescendencia íntima; y el tiempo del nacimiento del heredero es anunciado, pero después de esto, es anunciado, también, el juicio que está a punto de caer sobre las ciudades culpables, hecho que exterioriza la intercesión de Abraham. Esta intercesión no llegó a lo que su corazón anhelaba; pero Jehová libró a Lot y a sus hijas, aun cuando castigó la desobediencia de su mujer, como vemos en el capítulo 19 con su triste secuela.

 

         En el capítulo 20, Abraham niega nuevamente su relación con la madre del heredero venidero; pero Elohim advierte a Abimelec quien devuelve a Sara intacta. Sólo la gracia de Dios resplandece a través de todo; pero Jehová había juzgado el hecho (versículo 18) en Su gobierno justo.

 

         La serie concluye con el capítulo 21, cuando el heredero nació, y (poco después) el "hijo de la esclava" fue echado, aunque fue preservado en consideración al fiel Abraham. Pero hay más ahora; porque Abimelec, en lugar de reprobar, se encuentra reprobado; y Beerseba atestigua la herencia del mundo, plantando Abraham un árbol tamarisco (o, arboleda) e invocando el nombre de Jehová Dios Eterno (El Olam). La herencia, amplia como ella es, no se puede comparar con Su gracia, la gracia de Aquel que da todo; pero es gloriosa. ¿Quién sino Uno podría haber redactado estas comunicaciones? ¿Las dejó Él como hojas Sibilinas revoloteando llevadas por el viento, y recogidas por Elohistas, Jehovistas, o tales fantasmas imaginarios? Su Palabra es verdad.

 

         El capítulo 22 pone el fundamento, figurativamente, en la muerte y resurrección del Hijo, para cosas nuevas y celestiales; el capítulo 23 es la muerte de la madre; el capítulo 24 es el llamamiento de la novia para el novio resucitado [1]; y el capítulo 25: 1-10 indica otros descendientes de Abraham dotados con favor, pero no para descrédito del heredero de todo; después de lo cual, el padre muere en una buena vejez. Aquí se manifiesta, al igual que antes, la futilidad de diferentes manos, es decir, de Elohistas o Jehovistas. Elohim (Dios) tentó o probó la fe de Abraham; aun así, el ángel de Jehová intervino después de la demostración de que él temía a Elohim (a Dios); y así hasta el final del capítulo 22. En los manuscritos originales ninguno de los dos nombres aparecen en el capítulo 23 (N. del T.: por ejemplo el versículo 23:6, "Óyenos, señor mío: Gran príncipe eres tú en medio de nosotros; en lo más selecto de nuestras sepulturas entierra tu muerto; ninguno de nosotros te negará su sepultura, para que no entierres tu muerto." (VM) a comparar con mismo versículo en RVR60); pero Jehová el Dios de los cielos y el Dios de la tierra etc. está en el capítulo 24. En el capítulo 25:11, Elohim (Dios) bendijo a Isaac, sin embargo, después de las generaciones de Ismael (versículos 12-18), Jehová aparece en las de Isaac: ¿qué más sencillo, inteligible o preciso de parte de una y la misma mano? Igualmente está el nombre de Jehová, no obstante Dios de Abraham, en el capítulo 26, en labios Gentiles; y nuevamente en el capítulo 27. Leemos allí que "Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé" (versículos 27 y 28): evidencia clara y segura  contra las variadas ediciones de textos de hipótesis; e igualmente es así en el capítulo 28:3, 4, 13, 16, 17, 20-22.

 

[1] En el caso de José, nosotros tenemos una repetición del tipo de la novia, pero esto es para marcar el hecho de que ello fue cuando aquel que llegó a ser el novio fue vendido por sus hermanos, y fue separado de los mismos, exaltado a una gloria desconocida para ellos. La verdad necesita ambas figuras; y cada relato es verdadero y tiene sus características propias, como en el caso de Moisés en Éxodo 2.

 

         Entramos, ahora, a considerar la variada experiencia de Jacob, no oyendo más acerca de Isaac sino de su muerte en el capítulo 35: 28, 29, después de una vida transcurrida en Canaán contrastada con Abraham y Jacob. El designio divino es evidente en la Escritura al igual que en el hecho. Isaac tipificaba al Hijo que después de la muerte y resurrección es Cabeza y Esposo de la iglesia en los lugares celestiales. Comparen con el capítulo 24: 3-9, 37-41. Igualmente sorprendente es el hecho de que aquel que incluso fue llamado Israel, conoce las más grandes vicisitudes, tal como vemos en los capítulos restantes del libro. ¿Fue esto casual? ¿No emanó esto del designio de Dios? Es Jehová en el capítulo 29 y Elohim en el capítulo 30: 2-23, aun así, en el versículo siguiente (capítulo 30:24), Raquel no dice Elohim, sino Jehová; y así es en el capítulo 30: 27 y 30. La noción de que ello se debe a diferentes escritores es mera fantasía, no explica nada, y obstaculiza toda debida indagación de los motivos divinos para el cambio de nombre. Ver también capítulo 26: 3, 5, 7, 9, 11, 13, 16, 24, 29; capítulo 31: 42, 49, 50, 53; capítulo 32: 9, 28, 30; y capítulo 33: 5, 10, 11, 20.

         Uno puede extrañarse de que ninguno de los nombres esté en el capítulo 34 o en los capítulos 36 y 37; pero es Elohim, Dios en Su naturaleza, Dios soberano en Su acción, el cual aparece en el capítulo 35: 1, 3, 7, 9, 10; sólo que el revelado El-Shaddai, omitido con Isaac excepto en referencia a Jacob (capítulo 28:3), reaparece aquí (capítulo 35:11). Después, Elohim está en los versículos 13, 15. Pero Jehová es el nombre en el capítulo 38: 7, 10, donde Sus derechos fueron violados flagrantemente en la familia de Judá; así como Su marcada bendición estuvo sobre José en el capítulo 39: 2, 3, 5, 21, 23. ¿Qué podía ser más correcto? Por otra parte, sólo Elohim es apropiado para el capítulo 40: 8; y para el capítulo 41: 16, 25, 32, 38, 39, 51, 52. Se trata de la expresión histórica, así como abstracta; y por eso este nombre aparece en el capítulo 42: 18, 28; capítulo 43: 23, 29; capítulo 44:16; capítulo 45: 5, 7, 8, 9; capítulo 46: 1, 3; capítulo 48: 9, 11, 15, 20, 21; capítulo 49: 25; capítulo 50: 17, 19, 20, 24, 25; mientras en el capítulo 43:14 y en el capítulo 48:3 es El-Shaddai, y en el capítulo 49 es Jehová como especialmente debido. El nombre Dios, o Elohim, es en contraste con el hombre; Jehová es Su nombre de relación; El-Shaddai (Dios Omnipotente) es el título patriarcal apropiado, así como El-Elyon es el del reino en figura.

 

         Pero, ¡cuán manifiestamente tenemos los propósitos divinos en progresiva advertencia a través de Esaú así como anteriormente a través de Ismael! Porque Esaú fue peor, un hombre profano despreciando su derecho de nacimiento, de lo cual Jacob, no obstante lo imperfecto que era, estuvo lejos de ello; pero Dios es fiel en las divagaciones causadas por su incredulidad y presentadas con mucho detalle. Se trata del retrato de la triste historia de Israel, de la promesa de su futura y bienaventurada restauración a la tierra prometida; así como, efectivamente, Dios anunció en el capítulo 46:4, y predice en las últimas palabras de Jacob (capítulo 49). A esto señalan, también, los entierros allí de su cuerpo y el de José.

 

         Tampoco puede uno, equitativamente, pasar por alto la historia de José, el odio general de parte de sus hermanos, la culpa especial y el especial rescate de Judá, la venta de José a los Gentiles y el posterior mal de ellos, la interpretación de José de los pensamientos de Dios en su humillación, su elevación a administrador del reino sobre los Gentiles con una esposa dada entonces a él, y, finalmente, su recepción de sus hermanos ahora penitentes delante de su gloria. No puede haber un tipo más claro de los tratos de Dios, muchos que han sido cumplidos y otros aún por cumplir, todos asentados y seguros si nosotros creemos las Escrituras en general, las cuales nos enseñan estas verdades explícitamente, en otra parte, en cuanto a Cristo.

 

         ¿No es, entonces, el designio divino a través de todo el libro de Génesis establecido por Dios más allá de todo justo interrogante? ¡Cuán vasto es el alcance desde el absolutamente primer acto de energía creativa! ¡Cuán sabios son los detalles sólo cuando el hombre iba a ser creado! ¡Cuán importante es distinguir el hecho de la tierra Adámica de la posición relativa de todo lo concernido, y mostrar cuán pronto y cuán completa fue la ruina a través del pecado! Aun así nosotros vemos inmensa paciencia, hasta que la violación de todo orden, añadida a la creciente corrupción y a la muy extendida violencia, atrae el juicio divino, y sin embargo, vemos a Noé y su casa preparado, por gracia, para comenzar el mundo, colocado bajo sacrificio, por una parte, y el principio del gobierno humano, por la otra. En lugar de llenar la tierra conforme al mandato de Dios, el esfuerzo voluntarioso por juntarse y hacerse ellos mismos un nombre, fue enfrentado mediante la confusión de lenguas (idiomas), que dispersó a la humanidad. Así comenzaron las naciones divididas en sus tierras, cada una según su lengua (idioma) y su familia. Luego, cuando los hombres comenzaron a servir a otros dioses, como Josué 24 nos relata, Abraham fue llamado a salir fuera del país, de la parentela, y de la casa paterna, separado para el Dios verdadero como Su testigo. A él se le prometió la tierra de Canaán, y aún más, todas las familias de la tierra serían bendecidas en él. Isaac tipifica al Hijo resucitado en los lugares celestiales, con una novia llamada fuera del mundo a unirse a Él allí. Jacob representa el pueblo terrenal, que va a ser bendecido, después de algún tiempo, similarmente, después de amargas experiencias en y fuera de dicha tierra, siendo ello el resultado de sus propias faltas. En medio de esta historia, José prefigura a Cristo separado de sus hermanos envidiosos y que le odian, pero manifestando la sabiduría de Dios en su humilde estado, y exaltado a la administración de un reino del mundo. Él es, de esta manera, dado a conocer a los Judíos, ahora humillados y reconociéndole su preservación tal como los demás lo hacen; con todo, su corazón estaba puesto, no obstante, sobre el pueblo y la tierra; donde la gran profecía del capítulo 49 muestra que ellos han de estar al final de los días. ¿Es todo esto una confluencia de átomos? ¿o la obra cierta del propósito divino?

 

William Kelly

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Abril 2010.-

Publicado originalmente en Inglés bajo el título:
"INSPIRATION OF THE SCRIPTURES - Divine design: INTRODUCTION and GENESIS"
by William Kelly
en la revista "THE BIBLE TREASURY" Vol 2, New Series, 1898-1899
Traducido con permiso
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
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