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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles
("") y estas han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 excepto en los lugares en que, además de las comillas
dobles (""), se indican otras versiones, tales como:
VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt,
Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)
Inspiración de las Escrituras
El Designio Divino
NÚMEROS
El Cuarto Libro del Pentateuco está inadecuadamente descrito mediante
el título dado generalmente en las versiones. Tampoco está mejor traducido el expediente Judío habitual de las primeras palabras,
"Habló"; otros dicen que es lo presentado más tarde en el versículo, "en el desierto", lo que presenta verdaderamente su ámbito
de aplicación. Ya que, como hemos visto en sus predecesores, este libro no tiene menos impreso en su contenido un digno designio
divino, contenido que nosotros, como Cristianos, estamos capacitados para comprender y disfrutar por el Espíritu Santo en
un manera imposible para los Israelitas o aun para Moisés, su escritor. "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están
escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos." (1 Corintios 10:11). Esto es, para
el creyente, la autoridad decisiva, lejos de excluir el libro del Éxodo, sino extendiéndose por completo a Números. La historia,
así como transcurre, es totalmente confiable; pero la enseñanza típica, como se nos enseña, era el objetivo y el motivo del
Espíritu Santo. Y esto es lo que explica las repeticiones y un aparente desorden en partes, el cual es el mejor orden para
la verdad deseada por el Autor divino. Si los Neocríticos tuviesen solamente una fe reverente para aprender, ellos serían
guardados de una pretensión completamente infundada para juzgar lo que está por sobre sus poderes, y podrían enterarse de
la bondad y la sabiduría de la mente revelada de Dios para bendición de ellos para siempre.
El libro contempla, como ningún otro lo hace, las jornadas del
pueblo de Jehová en el desierto, el andar en el desierto. Por eso es que sólo aquí, al principio, el pueblo es censado (Números
1), y ordenado (Números 2); y por una razón igualmente importante ellos son censados nuevamente hacia el final. Como el servicio
está unido a esta condición, tenemos aquí (no en Levítico) una prominencia necesaria dada a los Levitas, quienes son contados
separadamente, y a sus deberes en el tabernáculo (Números 3 y 4); mientras que en el libro anterior, el cual trata del acceso
a Jehová, el sacerdocio tiene ese lugar prominente. De ahí, también, que esté plenamente provista la preservación de contaminación
del campamento como un todo, y de cada individuo (Números 5); así como en el caso opuesto de consagración especial en sus
varias formas (Números 6 y 7). El Sumo Sacerdote encendiendo las lámparas aparece a continuación, moralmente relacionado,
en Números 8; y la consagración de los Levitas. Sigue a continuación una amable consideración para cualquier persona involuntariamente
inmunda, para que, igualmente, ellos no pudieran ser excluidos de la fiesta fundamental para todo el pueblo, la Pascua (Números
9). Por eso es que está aquí el gran y común llamamiento a guiar la travesía y el campamento conforme al mandamiento de Jehová.
Tampoco estaba allí "la nube" solamente, sino las trompetas de plata para ocasiones especiales (Número 10). Sin embargo, cuando
se ordenó su marcha por primera vez, la gracia se interpuso más allá de la prescripción, y si Moisés se apoyó en Hobab, el
arca del pacto de Jehová iba delante de ellos camino de tres días, para buscarles lugar donde descansasen. ¡Qué Dios de toda
consolación para el peregrinaje terrenal! Y Moisés podía hablar ahora adecuadamente en el Espíritu cuando el arca se movía,
y cuando se detenía.
Esta es una breve reseña de la primera división del libro. ¿Podía
cualquier mero hombre que haya vivido alguna vez haber concebido y arreglado una introducción semejante? Si esta fuese la
ocasión propicia para entrar en los detalles, por ejemplo para llevar el tabernáculo y los utensilios del santuario en Números
4, la contundencia típica añadiría incalculablemente a la impiedad, así como a la absurdidad, de la imaginación de almas de
malos augurios tales como los Elohistas, Jehovistas y Redactores, donde todas las cosas apuntan al Único Espíritu Divino el
cual empleó a Moisés para escribir, no sólo para Israel, sino para todos los que temen a Dios en todas las épocas. La manía
literaria del Judío o del Gentil (y uno se avergüenza al decir 'de los Cristianos profesantes') es una trampa suicida y destructiva
de Satanás cuando ella se sienta en juicio racionalista acerca de la Palabra de Dios. Dicha manía está ciega a la manifestación
de Dios en Cristo retratada aquí en los utensilios santos, etc., y sus respectivas cubiertas, encontrada sólo aquí, adecuada
sólo aquí, sea para el día actual, o para el que ha de venir para Su pueblo en la tierra. Además, "La santidad conviene a
tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre." (Salmo 93:5). El viaje del desierto es justamente la escena responsable
para mantenerla; y, por consiguiente, Números 5 está en su correcto lugar preciso, independientemente de cuál sea la objeción
de la especulación poco profunda y temeraria. Así lo está la contraparte de separación Nazarea para Jehová en Números 6: contaminaciones
especiales, y consagración especial, finalizando con la bendición de Jehová sobre Israel pronunciada por todo el sacerdocio.
Después, como hemos dicho, sigue a continuación la ofrenda voluntaria
de parte de los doce jefes de las tribus, dada a los Levitas conforme a su ministerio (Números 7), la ofrenda para la dedicación
del altar. Y la Voz de encima del propiciatorio habla, en Números 8, primeramente acerca del candelero, una llamativa figura
presentada aquí intencionalmente, independientemente de lo que la presunción racionalista diga; después, los Levitas son purificados
y puestos aparte para la obra de Jehová. El hecho de que los hijos de Israel pusieron sus manos sobre ellos (el pueblo pone
las manos sobre ellos) es una sana insinuación a los ritualistas para que reflexionen. Jehová les dio a Aarón y a sus hijos
para el ministerio. La Pascua viene adecuadamente en este punto, uniendo a todo Israel en la fiesta de la redención, con una
amable provisión, solamente aquí, para los que se vieron impedidos por estar inmundos a causa de muerto (Números 9). La dirección
por medio de la nube es presentada a continuación. El toque de las trompetas de plata abre Números 10; después, el primer
movimiento con sus acompañamientos profundamente interesantes ya advertidos. Varias subdivisiones se pueden observar dentro
de esta primera división; pero debemos abstenernos en primera instancia.
La segunda porción general comienza con la historia moral del pueblo
en sus jornadas. Ellos murmuran, y Jehová juzga pero oye la oración de Moisés. Ellos codician según la carne, cansados del
maná; todos fracasan, aun Moisés y Josué, en una medida; y Jehová hirió severamente al pueblo (Números 11). La envidia se
expone a sí misma en María y Aarón; pero Aarón confiesa, y María, afectada por la lepra, es sanada ante el clamor de Moisés
(Números 12). Así como la incredulidad dejó entrar estos males en el camino, así en Números 13 y 14, lo vemos en cuanto a
la esperanza. La tierra agradable es despreciada mediante el temor a los hijos de Anac. En la misma incredulidad, en lugar
de permitir el juicio propio, después de un lamento carnal, ellos subieron sin una palabra de parte de Jehová y fueron destrozados
hasta llegar a Horma, por los Amalecitas y los Cananeos que habitaban en aquel monte. Cuán maravillosa y oportuna es la gracia,
la cual descarta inmediatamente estos malvados modos de obrar de Israel y sus inevitables castigos, ¡para enseñarles (Números
15) qué hacer cuando lleguen a la tierra de sus habitaciones que Jehová les da! ¡Ofrecerle a Él de las primicias de su masa
como una ofrenda elevada a lo largo de todas sus generaciones! Admiremos, asimismo, la provisión para el pecar sin intención,
o por yerro (sólo el evangelio pudo enfrentar peor mal); el presuntuoso pecado tratado por medio de una muerte infligida por
todos juntos; y la franja de azul para promover el recuerdo y la obediencia. ¿Qué hombre, de su propia noción, habría planteado
un episodio semejante? No es de extrañar que los incrédulos levanten objeciones, porque no conocen a Dios. Números 16 es aquí
la culminación de la triste historia en la contradicción de Coré, con otros jefes. La peor parte de la rebelión radica en
que el ministerio se arroga el sacerdocio, lo cual, como declara Judas, tiene su respuesta en la apostasía de la Cristiandad.
(Judas 4 y ss.). Jehová decidió mediante fuego consumidor; y, cuando la asamblea murmuró, mediante la plaga que destruyó más
de 14.000.
Podemos considerar Números 17 como introduciendo una nueva división,
donde el poder de la intercesión sacerdotal es mostrado en la vara fructífera de Aarón, viviendo después de la muerte, sólo
dicha intercesión es capaz de conducir al pueblo que fracasa a través del desierto. En Números 18 es explicado el lugar relativo
de sacerdotes y Levitas. Aarón y sus hijos llevan la iniquidad del santuario (es decir, cargan con las ofensas contra el santuario).
¡Cuán lejos está esto de la ambición terrenal, humana! Las cosas santas eran de ellos para que las comieran. Los diezmos eran
para los Levitas, o para los sacerdotes, excepto el diezmo de los diezmos dados a Aarón por los Levitas.
Así como estos capítulos están por designio divino en su lugares
exactamente correctos, de igual forma en Números 19 la Vaca Alazana (perfectamente roja) es presentada solamente aquí; porque
sólo ella se ajusta a este libro como la especial provisión para las contaminaciones del desierto, en general, y en este lugar
de gracia, en particular. El estándar de todo Israelita es la santidad del santuario. La sangre era puesta en su integridad
de eficacia, como la base que no necesita ninguna renovación; las cenizas mezcladas con agua viva se aplicaban al inmundo.
Se trata del recuerdo de los sufrimientos de Cristo mediante la Palabra en el Espíritu. En Números 20 María muere; y el pueblo,
al que le faltaba agua, contiende con Moisés. Jehová, habiendo sido apelado, dirige a Moisés a tomar la vara, y manda que
hablen a la roca que habría de dar su agua. Aquí, Moisés y Aarón fracasan completamente en representar la gracia de Jehová.
Ya que en lugar de hablar de la gracia sacerdotal con la vara de Aarón, Moisés hirió la roca con su propia vara de poder.
Las aguas fluyeron; pero Moisés y Aarón fueron condenados a morir fuera de la tierra, tal como ellos lo hicieron. Edom, se
nos dice, se opuso al camino directo; e Israel se desvió de ellos como un pariente, no obstante lo hostil. Aarón muere en
el monte Hor, y Eleazar le sucede.
Números 21 parece ser el comienzo de una nueva serie. El Dr. Perowne
[1] (Smith's Dict. II. 581) dice que el rey Arad saliendo contra Israel es algo que está 'claramente fuera de lugar'. Pero
la comparación con Números 33:40 confirma la certeza de que ello está ciertamente en su lugar verdadero. Solamente que la
palabra proporcionada "Cuando" que aparece en muchas versiones Españolas (e Inglesas)
(Números 21:1) es un error; no está escrita en los manuscritos originales.
[1]
N. del T.: El Dr. Perowne fue un obispo de la Iglesia de Inglaterra (Anglicana), erudito del Idioma Hebreo, editor en jefe
de la Biblia Cambridge para escuelas y universidades. Vivió en el siglo 19.
Pero ahora, el Cananeo avanza, hasta que Israel hace voto a Jehová
en cuanto a tratar con la raza maldita tal como Él lo decretó. No obstante, después de nueva impaciencia y murmuración contra
el pan de lo alto, ellos son heridos por el mortal aguijón del enemigo, y sólo encuentran remedio en lo que representa a Cristo
hecho por nosotros pecado. Viene, después, el alegre refrigerio en el pozo cavado por los báculos (bastones) de sus príncipes;
y Sehón y Og los asaltan para destrucción de ellos mismos, dejando sus posesiones a Israel. En los campos de Moab, con solamente
el Jordán separándoles de Canaán, Satanás hace un nuevo y final esfuerzo para interponerse a Jehová maldiciendo a Su pueblo.
Pero el falso profeta fue obligado a bendecir en repetidos tonos de inigualable belleza, antes los cuales las odas de Píndaro
[2] y Horacio [3] son tan inferiores como sus héroes y las ocasiones de su loa. Estas expresiones no sólo son proféticas sino,
indirecta o directamente, Mesiánicas, de principio a fin. Los nombres Elohim, Jehová, El Elyon, y El Shaddai son usados con
perfecta propiedad, pero de manera de expulsar del campo de la inteligencia espiritual el harapo carente de toda solidez de
Astruc [4], con el cual el racionalismo procura cubrir su desnudez. No obstante lo pobres que son los que componen Su pueblo,
Dios presenta aquí Su pensamiento y Su propósito acerca de ellos: separación, justificación, hermosura, y gloria (Números
22 al 24). Tales pensamientos jamás nacieron del corazón del hombre; y Dios los verificará todos a Su tiempo. El día está
cercano.
[2]
N. del T.: Píndaro (nacido en Cinoscéfalos, actual Grecia, 518 a.C.-fallecido en ¿Argos?, id., 438 a.C.). Poeta lírico griego.
De su extensa producción se han conservado 45 odas triunfales o epinicios, divididos en cuatro libros (Olímpicas, Píticas,
Nemeas e Ístmicas), que constituyen una de las mejores muestras de lírica coral griega. Fue uno de los poetas griegos más
famosos, como lo demuestra el interés que ya en la Antigüedad tardía despertó su figura, siendo objeto de seis de las Vidas
que escribió Plutarco.
[3]
N. del T.: Horacio (Quinto Horacio Flaco; nacido en Venusia, actual Italia, 65 a.C.-fallecido en Roma, 8 a.C.). Poeta latino.
Hijo de un esclavo liberto, tuvo la oportunidad de seguir estudios en Roma, y posteriormente en Atenas, adonde se trasladó
para estudiar filosofía.
[4]
Jean Astruc (Nacido en Sauves, Auvergne, Francia, el 19 de Marzo de 1684 - Murió en París el 5 de Mayo de 1766) - Hijo de
un ministro Protestante convertido el Catolicismo Romano (aunque la Casa de Astruc era de origen Judío medioeval), fue profesor
de Medicina en Montpellier y París. Con un pequeño libro publicado en forma anónima, jugó una parte fundamental en los orígenes
de análisis crítico textual de la Escritura. Astruc fue el primero en empeñarse en demostrar
- usando técnicas de análisis textual que eran un lugar común en el estudio de los clásicos seculares - la teoría de
que Génesis fue compuesto basado en varias fuentes o tradiciones manuscritas, un enfoque que es llamado 'la hipótesis documental'.
En Números 25 vemos la voluntad de Balaam corrompiendo al pueblo,
pero también vemos a Finees vengándose de ello y deteniendo la plaga. Después, en Números 26 se renueva el censo del pueblo;
y en Números 27 se les asegura a las hijas la herencia venidera; mientras Jehová manda a Moisés, en la perspectiva de su muerte,
que ponga su mano sobre Josué para que introduzca al pueblo en la tierra prometida. En Números 28 y 29 continúa la analogía
de inserciones del mismo tipo, y tratan acerca de lo que Jehová denomina Su pan, Sus ofrendas en los tiempos establecidos,
no como Él lo hizo en Levítico 23 representando el curso de las dispensaciones pero contempladas intrínsecamente y como mostrando
la adoración rendida por Su pueblo en la tierra. Luego, en Números 30, tenemos el secreto del fracaso del hombre o de Israel,
y el modo de obrar que la gracia toma para superarlo y para librar al débil. A continuación está la guerra santa para ejecutar
la venganza de Jehová sobre Madián, (no Josué el soldado, sino) con Finees el sacerdote como líder y con la trompeta en su
mano para la alarma. La victoria es completa, y los seductores son destruidos. Pero Números 32 indica el hecho, tan tristemente
natural, de que tribus completas prefieren su herencia en la parte exterior (en la parte oriental) del Jordán: no obstante,
ellos luchan como pueblo de Jehová contra el enemigo. Viene después la interesante lista de las jornadas en la medida que
Dios se complació relatárselas en Números 33; y en Números 34 están los límites de la tierra al otro lado del Jordán (al lado
occidental del Jordán), que han de tocar en herencia por sorteo (ver VM) a las nueve y media tribus de Israel. Esto lleva
a las ciudades de los Levitas (Números 35), quienes no tuvieron herencia en la tierra, y a la provisión para aquel que podría
haber herido a alguno de muerte sin intención: una figura asombrosa de lo que la gracia reconocerá aún al remanente arrepentido
de Israel. El último capítulo preserva la seguridad de que las herederas no desordenen la herencia traspasándola de la tribu
apropiada a otra tribu distinta.
Si se objeta que ni una pequeña parte de este libro se refiere
a la tierra de la promesa, no poseída aún por el pueblo, como siendo algo adverso al carácter de la peregrinación, la respuesta
es que mirando hacia delante en esperanza cierta es precisamente lo que se necesita para alegrar a aquellos que pasan a través
de las dificultades y peligros del desierto. La cosa objetada está, por tanto, en perfecta armonía con su designio divino.
Así lo vimos en la franja de azul presentada sólo en Números 15, e igualmente con el agua de purificación (para la impureza)
en Números 19, independientemente de cómo difieren en carácter; ya que lo uno recuerda la luz del cielo a los que andan en
la tierra, quienes necesitan también especialmente, lo otro, es decir, el medio de purificarse de las contaminaciones del
camino. ¡Cuán superficiales son las censuras críticas de la incredulidad! ¡Cuán profundas y preciosas son para la fe las ayudas
de la Palabra divina!
William Kelly
Traducido
del Inglés por: B.R.C.O. - Agosto 2010.-
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