COMENTARIOS DE LOS LIBROS DE LA SANTA BIBLIA

DEUTERONOMIO (William Kelly)

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

BJ = Biblia de Jerusalén

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

NBLH = Nueva Biblia de los Hispanos, Copyright 2005 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

NVI =Santa Biblia, Nueva Versión Internacional, Copyright 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano; conocida también como Santa Biblia "Vida Abundante")

SPTE = Versión de la Septuaginta en Español (del Pbro. Guillermo Jünemann Beckchaefer)

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

 

Inspiración de las Escrituras

El Designio Divino

 

 

DEUTERONOMIO

 

         El último libro del Pentateuco está tan claramente demarcado como cada uno de los libros que le anteceden. Sólo este fue escrito en la perspectiva de Israel cruzando el Jordán y entrando en la tierra de su herencia. Es, por lo tanto, completamente diferente del libro de Génesis el cual tiene un carácter primario, y es casi universal en su alcance, la Palabra de Aquel que conoce el final desde el principio. Deuteronomio tampoco enfoca la redención desde Egipto, como lo hace el libro de Éxodo; ni el acceso a Jehová, como Levítico; ni aun el peregrinaje a través del desierto, como Números. El título en la Versión Reina-Valera 1960 sigue el de la Vulgata Latina, así como ella sigue a la Septuaginta, pero es, a lo menos, más cercano al objetivo que en los demás casos; ya que el libro consiste en gran parte de una recapitulación especial de la ley. Nosotros debemos permitir solamente la afluencia divina de la Escritura; la cual, cuando interpreta una visión, o una parábola, o aun un símbolo particular, no repite meramente sino que añade en forma muy notable.

 

         Si nosotros creemos al libro (y es enemigo de Dios aquel que no lo hace), Moisés habló y escribió en vísperas de su cercana muerte. Esto no podría sino impartir un tono peculiarmente serio y solemne. Elementos éticos, afectuosos y de reconvención predominan, trascendiendo lo que encontramos en cualquiera de los otros cinco libros. Tal como Moisés dice, al finalizar el breve prefacio de Deuteronomio 1: 3-5, él comenzó a declarar, o a exponer, esta ley. Se insta continuamente a la obediencia, y al espíritu de ella en el corazón. Es, por lo tanto, al pueblo en su conjunto a quienes se les habla, en general, directamente a través de todo el libro, acerca de su tenencia responsable de la tierra. La enseñanza en forma de tipos es comparativamente rara, la moraleja abunda, no sin profecía, especialmente al final. "Los sacerdotes levitas" aparecen sólo para razones específicas, y también los Levitas como tales. Pero el pueblo es considerado como estando bajo el gobierno moral de Jehová Dios de ellos en la tierra; y esto explica sus características. Los que nacieron en el desierto no habían sido circuncidados, y estaban así descalificados para los privilegios de Israel. Esto ya no debía ser tolerado. Israel debe, a partir de ahora, tomar su lugar normal de obediencia en la tierra de Jehová. Esto es a lo que insta el libro anticipadamente.

 

         Deuteronomio 1:6 hasta el final del capítulo 4 es una introducción, en la que Moisés reseña primeramente, en el resto del capítulo 1, las jornadas desde Horeb hasta Cades-barnea con la elección previa de jefes para juzgar y la elección posterior de los espías, la rebelde incredulidad de ellos, y su castigo. Después, en Deuteronomio 2 y 3, tenemos el avance final de ellos, después de largas permanencias y marchas en el desierto. Ellos no debían entremeterse con Edom, Moab, o Amón. Cuando Sehón y Og se opusieron, los mataron a ellos y a su pueblo, tomando todo lo que ellos tenían como botín en aquel lado del Jordán, y entregando sus tierras y ciudades a Rubén, a Gad, y a la media tribu de Manasés, quienes estaban ansiosos de poseer de inmediato aun fuera de Canaán, mientras Moisés suplica en vano poder pasar y ver la buena tierra. Deuteronomio 4 transforma lo vergonzoso de Baal-peor en un llamamiento a obedecer la Palabra de Jehová, no añadiendo ni quitando; ya que sólo ellos le tienen a Él tan cerca con Sus estatutos y juicios, oyeron Su voz, y sin embargo no vieron ninguna figura. Por lo tanto, ellos fueron llamados a aborrecer toda imagen y objeto creado, para que Jehová no los expulsara y los esparciera entre las naciones idólatras. Pero, estando incluso allí ellos son estimulados a volverse a Él y a obedecerle. El capítulo finaliza con las tres ciudades escogidas para el homicida en la tierra del otro lado del Jordán tomada de los reyes Amorreos, Sehón y Og. Este refugio era debido a Jehová, quien no toleraría el derramamiento de la sangre de un hombre, por una parte, ni permitiría que un accidente fuese tratado como un homicidio. Allí donde Su pueblo moraba, aunque fuese fuera de sus barreras apropiadas, Sus derechos deben ser respetados. Podemos observar cuán distinta es la ubicación de estas ciudades de refugio en Números, donde ellas son dadas dentro de la porción de los Levitas, y en la perspectiva de la muerte del sacerdote ungido; una conexión típica de la cual Deuteronomio no muestra aquí ningún rastro, pero tiene su propia razón apropiada. ¡Qué testimonio a la inspiración divina de ambos libros! Lo que hemos tenido hasta ahora no se adapta a ningún libro sino al que lo tiene.

 

         Desde Deuteronomio 5 hasta el final del capítulo 11 se presentan los principios morales generales sobre los cuales Israel fue puesto delante de Jehová. Deuteronomio 12 al 26 son, más bien, los términos especiales en estatutos y juicios hechos con el pueblo.

 

         En Deuteronomio 5, Moisés repite la ley según el pacto de Horeb, el cual no fue hecho con sus padres sino con ellos; tal como fue declarada justo ante de Bet-peor para subrayar el peligro de ellos, pero en la tierra que ellos habían ganado para animarlos. De manera similar, no se anexa al cuarto mandamiento el recuerdo de la creación como en Éxodo 20, sino la remembranza de Su liberación de Egipto, la de Aquel que mandaba ahora su observancia. Deuteronomio 6 es una aplicación homilética del primer mandamiento, así como Deuteronomio 7 lo es del segundo. Deuteronomio 8 subraya el conjunto desde la experiencia de ellos de Dios en el desierto y de su propio corazón con Canaán a la vista. Deuteronomio 9 les recuerda su debilidad, aunque se les asegura la victoria por la gracia de Jehová, y sus graves pecados y rebelión, les recuerda a Moisés indignado quebrando las tablas aunque fueron inscritas por la propia mano de Dios, y aun de su objeción a la ira divina; de tal modo que él descendió después de otros 40 días y noches con tablas nuevamente escritas para el arca, tal como él lo declara en un paréntesis de Deuteronomio 10, desde el versículo 1 al 9, más singular por contener otro paréntesis en los versículos 6 al 9. Ya que si Aarón murió en una fecha posterior, Leví "en aquel tiempo" obtuvo un buen grado mediante la consagración, y Jehová dio a la tribu un honorable lugar de servicio. Por consiguiente, se insiste en la obediencia de manera muy conmovedora; y en Deuteronomio 11 tenemos, también, amor en presencia de Sus maravillosos modos de obrar de misericordia así como de juicio, y esto es para que ellos disfruten la buena tierra. Por tanto, Él repite, en conclusión, la importancia trascendental de guardar las Palabras de Jehová, ellos y sus hijos, como en el capítulo 6, para que puedan ser bendecidos y sus enemigos abatidos, en vez de cosechar una maldición por su desobediencia.

 

         Ahora bien, no hay en el Pentateuco, ni en toda la Biblia, un lugar donde tales apelaciones son tan adecuadas como aquí en las últimas palabras del profeta y legislador. Las repeticiones mismas no son vanas sino profundamente patéticas, y despreciables ante los ojos de hombres de tan dura cerviz como aquellos que daban coces contra ellas antiguamente. Fue la adaptación de la ley a la nueva necesidad de la generación que estaba a punto de entrar y poseer Canaán; pero ningún lenguaje es más claro que su reclamación de ser de Moisés. Si esto no es verdad, el libro es una impostura; si es la verdad de parte de Jehová, ¿qué son aquellos que la socavan y la difaman?

 

         Por consiguiente, este designio gobierna los decretos. Ellos consideran a Israel como estando en Canaán. Esto determina cuál decreto reaparece, y cuál no. Ello no tiene nada que ver con tiempos posteriores o con varios autores; tampoco hay allí una discrepancia real con los libros anteriores. Porque la tierra de Jehová es necesaria para Su pueblo obediente y fiel a Su relación, evitando falsos dioses y falsas imágenes, con un centro a Su nombre para los sacrificios de ellos, o para los ofrendas de ellos, o para ambas cosas; y aun así, con permiso para matar y comer carne (no la sangre) en todas sus poblaciones (Deuteronomio 12). Por la misma razón, profeta o soñador que incitara a otros dioses ha de ser muerto; igualmente ha de ser muerto el pariente más cercano que incitara a lo mismo, no obstante lo hiciera secretamente; y si una ciudad completa fuera apartada de este modo tras otros dioses, ella debía ser señalada para destrucción, como traidora a Jehová (Deuteronomio 13). Como hijos de Jehová ellos no deben adoptar ninguna costumbre extranjera, ni comer comida abominable, sino que debían diezmar verdaderamente el grano, el vino, el aceite, y los primeros frutos trayéndolos, o su valor, al lugar central de Jehová. Incluso se reclama otro diezmo al fin de cada tres años para sus hogares, y para el Levita y el extranjero, el huérfano y la viuda, aparte del que es llevado al centro santo (Deuteronomio 14). Ya que se mostrará así que el pueblo está en relación inmediata con Jehová, mientras Su santuario tenía también su lugar. ¡Qué testimonio del designio divino del libro es el diezmo añadido solamente aquí en el Pentateuco, donde solamente podía estar! Es el gozo del pueblo en comunión con Aquel que no sólo los redimió y los guardó, sino que les dio la tierra, los Levitas, etc. (a quienes no tenían nada), siendo amablemente prominente. Deuteronomio 15 sigue a esto, mediante la remisión de un deudor por parte de un vecino al final de cada siete años, y por un llamado a una constante liberalidad, como un pueblo bendecido por Jehová. Razón por la cual se insiste aquí sobre la consagración del primogénito macho de sus vacas y de sus ovejas para el centro de Jehová; pero si existía un defecto, debía comerse en sus poblaciones, como si se tratase de un ciervo o de una gacela.

 

         Deuteronomio 16 es una prueba de tanta importancia del mismo designio que demanda un poco más de atención. Este capítulo ordena las tres fiestas del año que reunía a todos los varones en el lugar escogido por Jehová en la tierra, y no con las manos vacías, sino según Su bendición dada a ellos. No se trata del círculo típico de los modos de obrar de Dios como en Levítico 23, ni del testimonio de la adoración a Dios a ser rendida aún en la tierra como en Números 28, 29. En nuestro capítulo tenemos la redención en primer lugar, después la libertad de la gracia, y por último, después de la cosecha y la vendimia, el 'pleno regocijo' de la gloria. Sin embargo, aun así sólo están aquí los siete días, debido a que no contempla más allá de las bendiciones de Israel en la tierra, lo cual es el ámbito de Deuteronomio. El final, desde el versículo 18, se ocupa de los medios para sustentar al pueblo en justo juicio y en aborrecimiento de la idolatría delante de Jehová. Deuteronomio 17 manda primeramente integridad de conciencia en el sacrificio, y después, depuración conjunta de la deslealtad a Él; y si alguno hubiese recurrido a los sacerdotes, y al juez en esos días, manda inclinarse con mansedumbre a esa decisión. Esto lleva a la cuestión acerca de un rey, quien había de ser escogido por Jehová de entre ellos, para evitar modos de obrar carnales y mundanos, y a escribir una copia de la ley para su guía personal. Tenemos luego a los sacerdotes, de hecho, a toda la tribu de Leví (Deuteronomio 18) con sus deberes. A continuación son denunciadas para Israel, las abominaciones paganas por las cuales los Cananeos fueron desposeídos; y la promesa del gran Profeta de en medio de ellos es dada. Hechos 3 es la Escritura autoritativa concluyente de que ello se refiere a Cristo; y Hechos 7 lo es igualmente: tanto Pedro como Esteban atestiguando que Moisés lo dijo así a Israel.

 

         El mismo principio es aplicable a Deuteronomio 19. Cuando ellos poseyeran la tierra debían separar otras tres ciudades de refugio para el homicida sin intención: el asesino debe morir ciertamente. Los límites de la propiedad no debían ser removidos, y el testimonio debía ser guardado. En Deuteronomio 20 vemos cómo el temor de Jehová controlaba la guerra, tanto dentro como afuera. No se trataba de librarse de un rival, sino de las razas abominables que, de hecho, poseían la tierra, las cuales debían ser destruidas por y para Israel, a quienes la tierra fue dada divinamente. Pero Deuteronomio 21 presenta verdades morales de interés en el hombre encontrado muerto, la mujer cautiva, el hijo de la esposa aborrecida, y el hijo rebelde: si estos casos se refieren a Israel en la tierra que Jehová habrá consagrado, y que por la inconsistencia Él habrá juzgado, el  final (sabemos) señala a Aquel que llegó a ser maldición en gracia infinita para librar al pueblo y bendecir la tierra: el contraste de todo aquel que la contamina.

 

         Deuteronomio 22, por otra parte, propicia un sentimiento amable e incluso delicado, prohíbe la mezcla del principio, castiga la impureza, y protege a los débiles inocentes contra la brutalidad. Nuevamente, en Deuteronomio 23 la relación con la congregación de Jehová es guardada, haciendo una diferencia, y aun el decoro (el aspecto sanitario) del campamento es mantenido; el esclavo fugitivo es protegido de la opresión; la prostitución y su ganancia es rechazada con desdén, y asimismo el interés obtenido de un hermano; los votos establecidos; se ordena gentileza en cuanto a una viña o un campo, pero el egoísmo es prohibido. En Deuteronomio 24 el divorcio fue permitido bajo ley; pero el Señor introdujo mejores cosas bajo la gracia. Muchas y variadas ordenanzas siguen a continuación, hasta el final de Deuteronomio 25, para mantener la carne bajo control.

 

         Esto concluye con la adoración única en Deuteronomio 26, donde el Israelita en posesión de su herencia pone las primicias de sus frutos en una canasta, va al lugar escogido, y dice al sacerdote que estará en aquel día (porque Deuteronomio es la anticipación de la fe), "Yo declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría." (Deuteronomio 26:3 - VM). Luego el sacerdote toma la canasta y la pone delante del altar de Jehová. Y el oferente dice, "Un siro [sirio o arameo] a punto de perecer fué mi padre; el cual, con muy pocos hombres, bajó a Egipto" etc. (Deuteronomio 26:5 - VM). "Y ahora, he aquí que traigo las primicias de los frutos del suelo que tú me has dado, oh Jehová." (Deuteronomio 26:10 - VM). Habiendo puesto esto delante de Él, el Israelita adoraba: además él era libre y llamado a regocijarse en todo el bien que Jehová le había dado a él a y su casa, "así tú, como el levita y el extranjero que moran en medio de ti." (Deuteronomio 26:11 - VM).

 

         ¿Se puede concebir alguna cosa más Deuteronómica? ¿O más distinta de los libros anteriores? Es absurdo e incorrecto llamar a estas especialidades incompatibles con observancias anteriores. ¿Son malos los ojos del hombre debido a que el ojo de Jehová es bueno? La esperanza y su cumplimiento hacen brotar gratitud y generosidad, como en los diezmos del tercer año, una institución característica más allá de los diezmos Levíticos y su diezmo a los sacerdotes. Era el gozo festivo y desbordante del pueblo delante de Jehová, una vez puesto en posesión de Su tierra. Amos (4:4) alude a ello irónicamente, debido a que el pueblo estaba empapado en una transgresión que corrompía todo; el libro de Tobías (Tobías 1: 7, 8), aunque no es un escrito de autoridad divina, relata el hecho, así como lo hace Josefo (Antigüedades 4: 8, § 22). Se trata de adoración, no la adoración intermediaria en el santuario sino adoración directa, personal o familiar. Pero, no obstante, el sacerdote permanece en el santuario; colocar uno contra otro es sólo superficialidad racionalista y mala voluntad. El gozo de la comunión con la bondad manifiesta de Jehová se ha provisto en el nuevo orden de cosas asegurado.

 

         Los capítulos que siguen a continuación están exactamente en el lugar correcto. Deuteronomio 27 y Deuteronomio 28 son suplementarios, y cada uno de ellos está donde debería estar. Ellos expresan la confirmación de la ley. Primero, al pasar el Jordán para entrar en la tierra, grandes piedras debían ser levantadas y revocadas, con "todas las palabras de esta ley" escrita sobre ellas; se debía levantar, también, un altar de naturaleza similar para los Holocaustos y las Ofrendas de Paz. Sin embargo, siguió a continuación una señal muy solemne: a seis tribus se les mandó bendecir sobre el monte Gerizim; y a seis se les mandó maldecir sobre el monte Ebal. No obstante, independientemente de lo que podría ser el hecho, los capítulos presentan a los Levitas proclamando en alta voz a todo Israel solamente las maldiciones. Tal es el fundamento de la palabra apostólica a los Gálatas (Gálatas 3:10), "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición"; no meramente aquellos que la transgredían, sino todos los que están sobre ese principio, tal como los fascinados Gálatas. Espiritualmente, no servía de nada informarnos acerca de las bendiciones sobre Gerizim. Deuteronomio 28 no habla de la maldición personal, sino de las bendiciones o maldiciones gubernamentales y, por consiguiente, temporales; mientras Deuteronomio 29 aplica todo a la conciencia: solamente los últimos versículos se refieren a las cosas secretas, u ocultas, que pertenecen a Jehová. Esto es del más profundo interés. Las cosas reveladas eran en cuanto a la ley; pero había secretos en el propósito divino a los cuales sólo se aludían proféticamente hasta el rechazo de Cristo, cuando ellos también fueron revelados. Deuteronomio 30 ilustra esto, si nosotros lo comparamos con las palabras del apóstol en Romanos 10: 4-9.

 

         Después, en Deuteronomio 31, Moisés no se anuncia a sí mismo sino a Josué como el líder de ellos bajo Jehová para pasar el Jordán; y los exhorta a ser valientes y fuertes en Aquel que va con ellos. Se dice claramente que Moisés escribió "esta ley" (Deuteronomio 31:9) y que la entregó a los sacerdotes, hijos de Leví, y a todos los ancianos de Israel, con el mandato (en la remisión de cada siete años, cuando todo Israel se congregase delante de Jehová en Su lugar escogido) de leerla a oídos de ellos, hombres, mujeres, niños, e incluso el extranjero que estuviere en sus ciudades. Entonces Josué recibe su cargo en el tabernáculo de reunión y, conforme a la instrucción de Jehová, Moisés escribió aquel día un cántico profético, que es Su testimonio contra los hijos de Israel. De hecho, "este libro de la ley" debía ser puesto, también, al lado del arca para el mismo propósito. Porque Moisés conocía bien la rebeldía de ellos, y el mal que les iba a acontecer al final de los días; pero él se regocijó de que el propósito de Jehová es infalible e irrevocable.

 

         Deuteronomio 32 comienza con el cántico, ante al cual los poemas líricos del poeta romano Horacio son planos y los del poeta griego Pindaro son triviales. Su grandeza santa no tiene parangón. Su percepción profética justifica la gracia actual a los Gentiles (versículo 21) durante la ocultación del rostro de Jehová para Su pueblo antiguo, y Su vindicación futura de Israel cuando ellos sean humillados y crean (versículos 35-42); y entonces será el cumplimiento, no incipiente sino completo, cuando las naciones clamen de alegría [con] Su pueblo (N. del T.: no "a su pueblo" como reza la versión RVR60 y la mayoría de las versiones de la Biblia en Español, excepto BJ, LBLA, NBLH, NVI, RVA, SPTE, VM), o expresen a viva voz sus alabanza, tal como dicen algunas versiones Judías, y en lo esencial la Vulgata Latina, pero no la Septuaginta. No obstante, todo señala al futuro glorioso. Es totalmente infundado que el punto de vista sea otro aparte del que Moisés tomó entonces, sea del lado de Jehová, o del lado del pueblo, aunque anticipando, como lo hace, de hecho, el propósito de todo el Deuteronomio, la entrada de ellos en su herencia predestinada. ¡Cuán lamentable! ellos desobedecieron y se hicieron idólatras; pero Jehová cumple, y vengara la muerte de Sus siervos, y tomará venganza de Sus adversarios, y hará expiación por Su tierra, por Su pueblo. Después de unas pocas palabras más de Moisés al pueblo, Jehová le manda subir al monte Nebo y le dice que, una vez contemplada la tierra, él muera allí.

 

         Pero esto no sucedió antes de que él bendijera a los hijos de Israel en Deuteronomio 33. Su bendición es en la perspectiva del gobierno de Jehová de Su pueblo en la tierra en relación con Él mismo. Ello difiere, de esta manera, de la de Jacob en Génesis, la cual es histórica y proféticamente completa. No obstante, no hay inconsistencia alguna, sino que cada verdad corresponde a su propio designio divino. ¡Qué triunfante fervor tanto en el exordio (preámbulo) como en la conclusión! ¡y qué miopía crítica es pensar que no le convenía al profeta Moisés decir en Deuteronomio, "él mismo echa", "¡Destruye!", e "Israel habita" o cualquier otra forma en los versículos 27 y 28 (VM) de Deuteronomio 33!

 

         No hay necesidad, en absoluto, de tomar Deuteronomio 34 como habiendo sido escrito por Moisés antes de su muerte. Otros que siguieron fueron inspirados al igual que él. Pero, en cuanto al contenido, Jehová enterró al legislador fallecido; y Judas nos dice lo que nadie había revelado hasta entonces (Judas 1:9). Satanás habría hecho que un pueblo dispuesto lo idolatrara estando muerto, siendo que estando vivo ellos contendieron contra él. Ningún hombre conoce su sepulcro hasta este día. El testimonio al bienaventurado hombre de Dios, como en Números 12:3, se adapta mejor al sucesor a quien le fue dado por Dios.

 

William Kelly

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Agosto 2010.-

Publicado originalmente en Inglés bajo el título:
"INSPIRATION OF THE SCRIPTURES - Divine design: DEUTERONOMY"
by William Kelly
en la revista "THE BIBLE TREASURY" Vol 2, New Series, 1898-1899
Traducido con permiso
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
Les@STEMPublishing.com