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DOCTRINA PREMILENIAL O ESPERANDO AL HIJO (C. H. Mackintosh)

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DOCTRINA PREMILENIAL O ESPERANDO AL HIJO

 

 

Apocalipsis 1: 5-7.

 

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

 

 

En un día como el actual, cuando el conocimiento acerca de todo asunto es difundido tan ampliamente, es muy necesario insistir, sobre la conciencia del lector Cristiano, acerca de la vasta distinción entre meramente sostener la doctrina de la segunda venida del Señor, y realmente esperar Su aparición (1ª. Tesalonicenses 1:10). Hay muchos, ¡es lamentable!, que sostienen y, puede ser que prediquen elocuentemente, la doctrina de un segundo advenimiento, los cuales no conocen a la Persona en cuyo advenimiento profesan creer y predican. Este mal debe ser señalado fielmente y debe ser tratado. La era actual es una era de conocimiento —de conocimiento religioso; pero, ¡oh! el conocimiento no es vida, el conocimiento no es poder—el conocimiento no librará del pecado o de Satanás, del mundo, de la muerte, del infierno. Me refiero al conocimiento que carece del conocimiento de Dios en Cristo. Uno puede saber mucho de la Escritura, mucho de la profecía, mucho de doctrina, y, al mismo tiempo, estar muerto en delitos y pecados.

 

Existe, sin embargo, una clase de conocimiento que implica necesariamente la vida eterna, y que es el conocimiento de Dios, tal como Él se revela en la faz de Jesucristo. "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." (Juan 17:3). Ahora bien, es imposible estar viviendo en la expectativa diaria y a cada hora de "la venida del Hijo del Hombre", si el Hijo del Hombre no es conocido por experiencia. Yo puedo dedicarme al registro profético, y mediante el mero estudio, y el ejercicio de mis facultades intelectuales, puedo descubrir la doctrina de la segunda venida del Señor, y aun así, puedo ser totalmente ignorante acerca de Cristo, y estar viviendo una vida de entera alienación de corazón de Él.

 

¡Cuán a menudo ha sido este el caso! ¡Cuántos nos han asombrado con su vasto caudal de conocimiento profético — un caudal adquirido, puede ser, mediante años de laboriosa investigación, y aun así, a la postre, ellos mismos demuestran haber estado exhibiendo una luz profana — una luz no adquirida por esperar en Dios en oración! Ciertamente el pensar en esto debería afectar profundamente nuestros corazones y solemnizar nuestras mentes y conducirnos a inquirir si acaso conocemos nosotros a la bendita Persona que, una y otra vez, se anuncia a Sí mismo como estando a punto de 'venir en breve' (Apocalipsis 22:20); de otra manera, si no Le conocemos, podemos encontrarnos entre el número de aquellos a quienes el profeta de dirige en las siguientes palabras alarmantes: "¡Ay de los que ansían el día del SEÑOR! ¿De qué os servirá el día del SEÑOR? Será tinieblas, y no luz; como cuando uno huye de un león, y se encuentra con un oso, o va a casa, apoya la mano en la pared, y lo muerde una culebra. ¿No será tinieblas el día del SEÑOR, y no luz, oscuridad, y no resplandor?" (Amós 5: 18-20; LBLA).

 

Mateo 2 nos proporciona una ilustración muy notable de la diferencia entre el mero conocimiento profético de Cristo — entre el ejercicio del intelecto en la letra de la Escritura. y las atracciones del Padre a la Persona de Cristo. Los magos, guiados de manera manifiesta por el dedo de Dios, estaban en una verdadera y ferviente búsqueda de Cristo, y ellos Le encontraron. En cuanto s conocimiento Escritural, ellos no pudieron, ni por un momento, haber competido con los principales sacerdotes y escribas; aun así, ¿qué hizo por ellos el conocimiento Escritural de estos últimos? Pues hizo de ellos instrumentos eficientes para Herodes, el cual los convocó con el propósito de hacer uso del conocimiento Bíblico de ellos en su mortal oposición al Ungido de Dios. Pudieron presentarles el capítulo y el versículo, tal como decimos. Pero al mismo tiempo que ayudaban a Herodes mediante el conocimiento de ellos, los magos iban, por las atracciones del Padre, recorriendo su camino hacia Jesús. ¡Contraste bienaventurado! ¡Cuánto más feliz es ser un adorador a los pies de Jesús, aunque con escaso conocimiento, que ser un escriba docto, y un corazón frío, muerto, y distante de aquel Bendito! ¡Cuán mucho mejor es tener el corazón lleno de vivo afecto por Cristo que tener almacenado en el intelecto el conocimiento más preciso de la letra de la Escritura!

 

¿Cuál es la característica melancólica del tiempo actual? Una amplia difusión de conocimiento Escritural con poco amor por Cristo, y poca consagración a Su obra, abundante disposición para citar la Escritura, tal como los escribas y los principales sacerdotes, pero poco propósito de corazón, como los magos, para abrir los tesoros y presentar a Cristo las ofrendas voluntarias de un corazón lleno con la conciencia de lo que Él es. Lo que nos falta es consagración personal, y no la mera vacía exhibición de conocimiento. No se trata de que nosotros subestimemos el conocimiento Escritural; Dios no lo permita, si es que ese conocimiento se encuentra en relación con un discipulado genuino. Pero si no es así, pregunto, ¿qué valor tiene? Absolutamente ninguno. Si Cristo no es el centro de la gama más extensa de conocimiento, ello no servirá para nada; sí, ello hará que seamos, probablemente, instrumentos más eficientes en manos de Satanás para el avance de sus propósitos de hostilidad a Cristo. Un hombre ignorante no puede hacer más que poco daño; pero un hombre docto, sin Cristo, puede hacer mucho.

 

Los versículos que están en el encabezado de este artículo nos presentan la base divina sobre la cual encontrar todo conocimiento Escritural, más especialmente el conocimiento profético. Antes de que cualquiera pueda pronunciar su vigoroso amén al anuncio, "He aquí que viene con las nubes" (Apocalipsis 1:7), la persona debe, sin duda alguna, ser capaz de unirse en el bienaventurado estallido de alabanza, "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (Apocalipsis 1:59). El creyente conoce a Aquel que viene, porque Él le ha amado, y le ha lavado de sus pecados. El creyente espera a Aquel que ama eternamente a su alma. El Manso y Humilde que sirvió, padeció, y fue despojado aquí abajo, vendrá rápidamente en las nubes del cielo, con poder y gran gloria, y todos los que Le conocen Le darán la bienvenida con alegres Hosannas — ellos podrán decir, «Este es el Señor, nosotros Le hemos esperado, nos regocijaremos y alegraremos en Su salvación.» Pero ¡lamentablemente! hay, y es de temer, muchos que sostienen y discuten acerca de la venida del Señor, que no Le están esperando, en absoluto, que están viviendo para ellos mismos en el mundo, y que "piensan sólo en las cosas terrenales." (Filipenses 3:19 – LBLA). ¡Qué terrible ser hallado hablando acerca de la venida del Señor, y aun así, cuando Él viene, ser dejado atrás! ¡Oh! Piense en esto; y si usted es realmente consciente de que no conoce al Señor, entonces permítame que le ruegue que Le contemple usted a Él derramando Su sangre preciosa para lavarle de sus pecados, y que aprenda a confiar en Él, a recostarse en Su pecho, a regocijarse en Él y sólo en Él.

 

Pero si usted puede mirar al cielo, y decir, «Gracias Dios, yo Le conozco, y Le estoy esperando», permítame recordarle entonces lo que dice el Apóstol Juan, en cuanto al resultado práctico de esta esperanza bienaventurada. "Todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro." (1ª. Juan 3:3 – LBLA). En efecto, este debe ser siempre el resultado de esperar al Hijo desde el cielo; pero no es así, en absoluto, con respecto a la mera doctrina profética. Muchos de los personajes más impuros, profanos, e impíos, que han hecho su aparición en el mundo, han mantenido, en teoría, el segundo advenimiento de Cristo; pero no estaban esperando al Hijo y, por tanto, ellos no se purificaron, ni podían purificarse. Es imposible que cualquiera que pueda estar esperando la aparición de Cristo, no haga esfuerzos por una mayor santidad, una mayor separación, y una mayor consagración de corazón: "He aquí, yo vengo pronto." "Bienaventurado el que vela." Los que conocen al Señor Jesucristo, y aman Su aparición, procurarán deshacerse diariamente de todo lo que es contrario a la mente de su Maestro; procurarán llegar a ser más y más semejantes a Él en todas las cosas. Los hombres pueden mantener la doctrina de la venida del Señor, y aun así, pueden aferrarse al mundo y a las cosas que están en él con gran entusiasmo; pero el verdadero siervo leal mantendrá siempre sus ojos constantemente fijos en el regreso de su Amo, recordando Sus palabras bienaventuradas, "Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis." (Juan 14:3).

 

¡Qué día será aquel cuando el Señor aparezca!

Cuán bienvenido será para los que han compartido Su cruz.

Una corona incorruptible será en aquel entonces de ellos —

Una rica compensación por el padecimiento y la pérdida. [*]

 

C. H. Mackintosh

 

 

[*] Traducción literal de unas frases del himno " THE night is far spent, and the day is at hand." (La noche está avanzada, y se acerca el día), de Thomas Kelly (1769-1854). Se puede leer, oír su melodía en el siguiente vínculo: http://www.stempublishing.com/hymns/ss/168

 

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – JUNIO 2014.-

Título original en inglés:
PRE-MILLENNIAL DOCTRINE OR WAITING FOR THE SON? by C. H. Mackintosh
Traducido con permiso

Versión Inglesa
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