EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

VIDA ETERNA (Arend Remmers)

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Vida Eterna

 

Sermón presentado por Arend Remmers en Canterbury

Conferencia 2011

 

Arend Remmers

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby (1800-82), traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVR1977 = Versión Reina-Valera Revisión 1977 (Publicada por Editorial Clie).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

 

 

 

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente." (Génesis 2:7)

 

 

"Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva. He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados." (Isaías 38:16-17)

 

 

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3:16)

 

 

  1. Vida Natural

 

Estos tres breves pasajes que hemos leído, nos muestran tres aspectos diferentes de la vida. La primera cosa que hemos leído es que el hombre, cuando fue creado, fue un ser viviente. La misma expresión es usada en el primer capítulo de Génesis cuando Dios creó los animales, ellos fueron también seres vivientes; ¿y cómo pudieron ellos llegar a ser seres vivientes? ¿Cómo pudo el hombre llegar a ser un ser viviente? Sólo porque había Uno el cual era, en Sí mismo, la vida — Dios.

 

Nosotros leemos en la Biblia la expresión "el Dios viviente." Esto no sólo distingue a Dios de todos los ídolos muertos, hechos por el hombre, (ya que todo ídolo, todo dios aparte del único Dios verdadero y viviente, es un dios hecho por el hombre); sino que asimismo, y es un pensamiento mucho más profundo, Él es el Dios viviente porque Él es la vida y la fuente de toda vida. ¿De dónde viene la vida? La Biblia es el único libro que nos lo dice. La gente trata de explicarlo sin Dios, pero ellos deben  asumir como premisa un milagro en el principio. El 'big bang' y el origen de la vida es, en la teoría evolutiva, un milagro que no puede ser explicado. También en la Biblia es un milagro que la vida haya sido creada, pero ello es explicado, porque hay un Dios viviente, el Dios que es en Sí mismo la vida, el cual creó todos los seres vivientes, incluyendo al hombre; pero hay aún una gran diferencia entre la creación de todos los demás seres vivientes, almas vivientes, y el hombre, porque Dios sopló en la nariz del hombre el aliento de vida.

 

De modo que, desde el principio el hombre no fue sólo una criatura de origen divino sino que él recibió un aliento de vida que lo distingue de toda otra criatura. Ninguna otra criatura tiene una conciencia, ninguna otra criatura tiene un espíritu que le permite ponerse en contacto con su Creador, sólo el hombre — porque Dios sopló Su propio espíritu en este hombre natural creado para hacer de él un ser viviente. Pero, probablemente, muy poco tiempo después de haber sido creado por Dios, el hombre cayó en pecado; el hombre desobedeció a su Creador. Él obedeció a Satanás y, por tanto, llegó a ser un pecador. Y tal como Dios había predicho, tan pronto como el hombre comió del árbol prohibido (el árbol del conocimiento del bien y del mal), él murió. La muerte fue introducida y terminó, por así decirlo, esta maravillosa vida natural del hombre en el huerto del Edén.

 

Parece contradictorio que, en el capítulo segundo de Génesis, Dios dice al hombre, "porque el día que de él comieres, ciertamente morirás." (versículo 17), pero en el capítulo tercero leemos, "Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre." (versículo 22). ¿Cómo puede ser  esto? Si Dios había predicho que ellos morirían, ¿cómo podía el hombre, por así decirlo, desbaratar la decisión de Dios al comer del árbol de la vida y vivir para siempre? Porque este árbol es realmente el árbol de la vida, y hubiese sido desbaratar la decisión de Dios si él hubiese comido de aquel árbol y hubiese vivido eternamente como un pecador en este mundo. Dios evitó esto echando afuera al hombre del Huerto del Edén. Y desde aquel momento de la caída, el hombre con su vida natural, dada por Dios, está, interiormente, lejos de Dios; es un enemigo de Dios por naturaleza, por el pecado que ha entrado en su vida, y, por consiguiente (esto no está revelado en el Antiguo Testamento, sino en el Nuevo), se dice que el hombre está muerto a los ojos de Dios, aunque está viviendo de manera natural. Nosotros estábamos muertos en delitos y pecados (Efesios 2). ¿Por qué es esto? Porque la vida que Dios había dado fue deteriorada por el pecado, de modo que ya no hubo más respuesta en el hombre a los llamamientos de la Palabra de Dios. Por el contrario, desde el momento de la caída, esta existencia, (al igual que tantas otras cosas reveladas sólo en el Nuevo Testamento, aunque verdaderas a través de todo el Antiguo Testamento), la mente carnal, es enemistad contra Dios. Leemos esto, y otras cosas importantes, en Romanos 7 y 8.

 

En Romanos 7:18, el hombre que está en esta situación dice, "Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien." Esta es la consecuencia del pecado para el hombre. El mundo no ve esto, sólo una persona que ha venido a la luz de Dios, que ha sido iluminada por Dios y que ha nacido de nuevo (esto ya es nuestro segundo asunto), puede ver que en él no mora el bien. Este es un punto muy importante.

 

En el capítulo 8 de Romanos, el escritor va aún más allá. Es muy importante comprender por qué el hombre natural, en su condición natural, nunca puede ponerse en contacto, nunca puede tener comunión, con Dios. No hay bien alguno en el hombre; pero Dios es el bien supremo. ¿Cómo puede el hombre acercarse a Dios? Romanos 8:6 dice, "Porque la mentalidad de la carne es muerte." (RVR1977). No es que sólo su vida natural está sometida a la muerte, sino que incluso su mente (sus pensamientos y sentimientos), tal como se expresa en Efesios 2:1, está muerta en delitos y pecados, se dirige hacia la muerte. Romanos 8:8 dice, "los que están en la carne no pueden agradar a Dios." (VM). Esto nos muestra que no es posible, para el ser humano, ponerse en contacto con Dios, porque él no está en condición de hacerlo. Por lo tanto, encontramos el segundo punto en Isaías 38, expresado por el rey Ezequías, de que hay vida nueva al nacer de nuevo, al nacer de Dios.

 

2. Vida Nueva

 

Esta es una cosa muy importante, porque sin una vida nueva, ningún creyente del Antiguo Testamento podía acercarse a Dios. Él podía acercarse exteriormente al altar en el tabernáculo y más tarde en el Templo, pero en su corazón, podía estar lejos de Él. Por tanto, Dios abrió el camino para que el hombre tuviese comunión con Él mismo por medio de una vida nueva, la cual es dada mediante el nuevo nacimiento. Muchos de nosotros hemos formulado la pregunta, «¿Cómo pudieron los creyentes del Antiguo Testamento tener comunión con Dios?» La respuesta es que ellos tenían vida. Esto es lo expresado por Ezequías en Isaías 38, donde hallamos otro pensamiento que también es importante en nuestro contexto.

 

Ezequías canta en el versículo 16, "Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu." Esta no es la vida corporal externa, sino la vida nueva, dada por Dios al espíritu del hombre. Encontramos la razón al final del versículo 17, "porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados." Encontramos allí la cosa que es tan importante, que fue conocida por todo creyente en el Antiguo Testamento, y que está expresada aquí por Ezequías, «Mi espíritu tiene vida» — "porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados." Esto es perdón, y esta es vida nueva. El Señor Jesús dice en Mateo 10:28; "Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno." Vemos aquí, claramente, que la vida natural, corporal, en el hombre, que está relacionada con el cuerpo, llegará a su fin. No hay duda acerca de ello. Pero esto no significa que el alma, la vida interior del hombre, termina en la tumba — una creencia que es ahora muy común entre la gente de Europa Occidental. Ello no es verdad. Puede ser que existan, tal como se menciona aquí, aquellos que llegan a ser mártires, a quienes el Señor dice, "no temáis a los que matan el cuerpo." ¿Cuántos creyentes hay a cuyos cuerpos se les ha dado muerte? Pero a sus almas no se les puede dar muerte. El hombre tiene un alma inmortal. Pero el punto clave es, ¿en qué estado está el alma después de la muerte? ¿Está en un estado donde Aquel que creó al hombre, como Juez, debe destruir el alma y el cuerpo en el infierno, o está él, o ella, por la fe, en un estado donde Dios lo aceptará o la aceptará, en Su gloria? Ezequías lo supo por fe, tal como Job, "Yo sé que mi Redentor vive." (Job 19:25) [Nota: Destrucción no significa aniquilación, sino castigo destructivo eterno].

 

Esa es una cosa maravillosa, aunque (y esto es, en sí mismo, un tema), todas estas cosas no fueron reveladas en el Antiguo Testamento tan claramente como en el Nuevo. Hubo creyentes, pero para ellos no fue tan fácil como para nosotros. Ellos no tuvieron predicadores del evangelio que dijesen, "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo." No había predicadores y no había aún un Salvador. Esta es la razón por la que todas estas cosas, incluyendo la vida nueva, la vida del espíritu que viene de Dios, eran cosas conocidas por muchos, pero no de una manera doctrinal. Eso es muy importante. Pero, ¿qué clase de vida es la que tuvieron estos creyentes? Fue vida divina. ¿Por qué la necesitaron? Porque el estado natural de ellos era enemistad contra Dios. ¿Cómo puede alguien que es enemigo de Dios entrar en el cielo? Él debe convertirse en un amigo de Dios. Y esto es cierto desde el principio del mundo, desde Abel (el cual es el primero en ser llamado creyente (justo), en Hebreos 11, aunque no dudo que Adán y Eva también fueron creyentes) hasta la última persona que creerá en el milenio. Todos ellos tienen vida divina, vida para el alma y vida para el espíritu eternamente — en este sentido: vida eterna — a saber, que no tendrá fin.

 

3. Vida Eterna

 

Yo digo esto porque si usamos este término, "vida eterna", tendríamos que  estar conscientes de los dos sentidos de este término. El primero es 'sin final', y esto debiera incluir 'sin principio', porque el Dios eterno no sólo no tiene un final, sino que es sin un principio, mientras que nosotros, como criaturas, no tenemos un final, porque al alma no se le puede dar muerte, ella existirá eternamente, la pregunta es sólo dónde y cómo; pero nosotros tenemos un principio. Entonces, vida eterna, en lo que yo denomino el sentido más simple, significa vida sin final. Todo creyente no sólo tiene vida sin final, sino una vida con Dios sin final. Todo incrédulo tiene — no me gustaría llamarla vida sino—una existencia eterna, lejos de Dios y de Su presencia, en la oscuridad extrema donde hay crujir de dientes, donde hay un fuego que no puede ser jamás apagado y donde hay lloro incesante — hablando, todas estas cosas, de los tormentos interminables de aquellos que han dicho durante su vida, «Yo no necesito a Dios.» ¡Una eternidad terrible! Pero todos los que han creído, y creen en Dios, desde el principio de la creación hasta el final del milenio, cuando este mundo será quemado y habrá cielos nuevos y tierra nueva, todos ellos tendrán vida nueva porque el hombre natural no es apto para estar en la presencia de Dios. Un anciano hermano me dijo, tiempo atrás, que, para un incrédulo, el cielo sería un infierno, ya que su corazón estaría lejos de Dios, su corazón aborrece a Dios. Eso sería, para él, estar eternamente con Aquel a quien él ha aborrecido a través de toda su vida, incluso si él sólo hubiese sido indiferente, ya que la indiferencia no existe realmente. Un hombre está a favor de Dios o está contra Él; un hombre indiferente también Le rechaza. Yo creo que esto es muy importante si queremos entender cuál fue el carácter do los santos del Antiguo Testamento. Ellos fueron creyentes, pero ser un creyente significa tener vida nueva, ya que ser sólo un creyente profesante no sirve de nada.

 

Después, la época del Antiguo Testamento terminó, y llegó la época en que vivimos, la época después de la aparición del Señor Jesús, el Hijo de Dios. Y de Él se dice que Él es la vida eterna. Vemos aquí la distinción de la cual yo dije, hace un momento, que, en un sentido, la vida terna es la vida sin final, pero cuando leemos, en 1ª. Juan 5:20, "Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna." De este versículo es muy claro que esta expresión, "vida eterna", ha adquirido un significado bastante diferente de 'vida sin final'. Aquí es la Persona del Hijo de Dios la que nos es presentada especialmente en los escritos del apóstol Juan. Se dice aquí que esta Persona ha venido a darnos entendimiento, el entendimiento de quién es Dios realmente, la verdad de la Trinidad, el Dios triuno — el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo — verdad que no fue revelada en el antiguo Testamento.

 

Antes de pasar otra vez a otros pasajes, vamos al principio de 1ª. Juan, donde leemos en el versículo 1, "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)." El Señor Jesús, el eterno Hijo de Dios, no sólo es la vida eterna, sino que, por medio de Él, la vida eterna fue manifestada, fue vista, fue oída, incluso fue tocada por los doce discípulos. Ahora bien, vemos que la expresión "vida eterna" en Juan, y podemos decir que también en las demás epístolas del Nuevo Testamento, ha adquirido para nosotros, en cuanto a la revelación, un sentido completamente nuevo, porque vemos aquí que no es solamente un tipo de existencia, sino que es una Persona. Y eso no es todo. El Hijo de Dios, el Señor Jesús, es llamado "la vida eterna". Esto muestra la inmensa profundidad e inmensa envergadura de esa expresión. Yo estoy agradecido de que tengo vida eterna. Pablo dice que Él es nuestra vida. Aunque, y este es un hecho bien conocido que menciono sólo de paso, todas las demás epístolas del Nuevo Testamento hablan, en su mayoría, de vida eterna en el sentido futuro. La Palabra de vida eterna fue manifestada y vista y se testificó de ella, pero, ¿de dónde vino Él? Del cielo. En Juan 4 el Señor estaba sentado junto al pozo de Sicar hablando a una pobre mujer, la cual estaba lejos de Él, pero que se marchó como una creyente. El Señor dice, en Juan 4:14 (LBLA), "pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna." ¿Qué significa eso? No puede significar solamente 'vida sin final'. Pero en el contexto de los dos pasajes que hemos leído en 1ª. Juan, ello nos muestra que la vida en el creyente tiene una relación viviente con la Fuente de vida en el cielo. Esto no está en un sentido futuro de algo que vendrá, sino que significa que el creyente en este mundo, creyendo ahora en el Señor Jesús, tiene, por medio del Espíritu, una relación viviente con la Fuente de vida eterna en el cielo; la fuente brota para vida eterna. Estos son algunos de los pensamientos, algunas de las connotaciones, que están unidas a la expresión "vida eterna", pero de ningún modo son todas.

 

Nosotros hemos visto que el Señor Jesús, el propio Hijo de Dios, es la vida eterna. Y cuando Pablo dice que Cristo es nuestra vida (Colosenses 3:4), él está hablando de esa vida eterna, «Aquel que está ahora glorificado en el cielo es mi vida.» No es solamente una idea. Es una Persona, el Señor Jesús. Juan dice que esta vida la tenemos en Él. Si fuese en nosotros, en un cierto sentido, sería en una posición muy peligrosa. Se dice, en 1ª. Juan 5:11 (y esto nos muestra cuan precisamente tenemos que leer estos versículos y expresiones para obtener el entendimiento), "Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo." Dios ha dado vida eterna (Juan 3:16) a los que creen en el Señor Jesús. Y después, Juan dice que tenemos esta vida "en su Hijo." (1ª. Juan 5:11). No dice 'en nosotros', aunque la tenemos, y de una manera podríamos decir que la tenemos en nosotros, porque Cristo está en nosotros, la esperanza de la gloria, sino que dice más bien, "en su Hijo." Un hermano explicó esto claramente hace mucho tiempo, mediante el uso de la imagen de nuestro propio cuerpo. Si consideramos nuestros dedos, podríamos decir que ellos tienen vida, se mueven, la sangre fluye a través de ellos, pero no podríamos decir que nuestros dedos son dedos vivientes; ellos toman vida del cuerpo. La vida está en el cuerpo y el dedo, siendo parte del cuerpo, toma vida del cuerpo. La vida no está, por así decirlo, en el dedo, sino que está en el cuerpo. Ese es, más o menos, el sentido que tenemos aquí. Nosotros tenemos vida, pero esta vida no está en nosotros mismos, no somos la fuente o sede de vida, o incluso una fuente de vida dependiente, sino que la vida permanece siempre en la Persona del Hijo de Dios. Pero es nuestra vida y podemos decir, 'Cristo, nuestra vida.' Que cosa maravillosa.

 

Vemos así, amados, que esta es la vida eterna, tal como es presentada en el Nuevo Testamento. Dos veces tenemos expresiones similares en el Antiguo Testamento, en Daniel 12:2 ("vida eterna"), y en el Salmo 133:3 ("vida eterna", aunque en este caso otras traducciones rezan, "vida para siempre" (LBLA), "vida para siempre jamás." (VM). Allí se refiere más a la existencia eterna de la vida divina. Pero tenemos aquí la distinción de que no es sólo vida en la eternidad sino que es una vida, puedo decir, con una calidad que la vida nueva en el Antiguo Testamento no pudo poseer, porque no conoció, ni pudo conocer, al Señor Jesús. Esto es importante para entender correctamente las Escrituras.

 

Hay muchos Cristianos que dicen que todos los creyentes, en todas las épocas, tienen el mismo tipo de vida. En cierto modo es cierto, pero decir esto de manera general sería contradecir la Escritura. En el evangelio de Juan, capítulo 10, leemos acerca del Buen Pastor, el cual dice en el versículo 10, "Yo he venido para que tengan vida, y para que [las ovejas, los creyentes] la tengan en abundancia." ¿Ha pensado usted alguna vez en el hecho de que, como creyente en el Señor Jesús, usted tiene vida en abundancia? Eliseo dijo una vez a los hijos de los profetas, «Pongan la olla grande sobre el fuego», la más grande que tengan. Eso es lo que Dios nos da. Nosotros, como Cristianos, no somos personas pobres, somos las personas más ricas en este mundo. Pero nuestras riquezas no son las riquezas visibles de este mundo, y cuidémonos de pensar que el hecho de que si somos ricos en este mundo, ello es una gran bendición de parte de Dios. No lo es. Ello sólo aumenta nuestra responsabilidad. Podemos estar agradecidos por comer y beber, etc., pero jamás perdamos de vista las riquezas verdaderas que tenemos porque, de este modo, vemos que tenemos vida en abundancia, debido a que tenemos la fuente en el Señor Jesús, y nada se puede comparar con esta vida que está en el Hijo de Dios, el cual nos ama, y se entregó a Sí mismo por nosotros; y no sólo eso, sino que Él dio todo lo que Él es. ¿Sabemos quién es Él? ¿Sabemos quién colgó en la cruz por nosotros? El Dios verdadero y la Vida Eterna que descendió como Hombre, revelando a Dios en toda Su plenitud, porque la plenitud de la Deidad habitó, y habita corporalmente en Él. (Colosenses 2:9). Él se entregó por nosotros. Dios dio a Su Hijo — el mayor don de todos los tiempos. ¿Por qué hizo Él eso? Porque Dios es amor. De modo que al pensar en la vida eterna, amados, vemos ante nosotros al Señor Jesús, el Hijo Eterno de Dios, revelado, manifestado en este mundo en gracia y santidad y obediencia, y Su vida  consagrada sólo a Su Padre. No hubo voluntad propia alguna en Él. Esta Persona, amados, es nuestra vida — el Señor Jesús. Cuando el apóstol dice a los padres en la fe que ellos han conocido al que es desde el principio, eso no se refiere a Dios. Dios no existe desde el principio. Él existía en el principio, y la Palabra (el Verbo) de Dios, el Hijo de Dios existía en el principio. Tampoco la expresión "desde el principio" se refiere a la creación, sino al principio de los tratos de Dios con este mundo al enviar a Su Hijo. Este es el principio. Aquel que es "desde el principio" es el Señor manifestado en este mundo y yendo a la cruz del Calvario. Estos padres en Cristo, Cristianos maduros, habían visto todo y dijeron, «No existe nadie y nada comparable al Señor Jesús.» Ellos habían conocido a Aquel que es desde el principio.

 

Otro punto es que cuando el Señor vino a los discípulos en Juan 20:22, se dice, "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo." Al principio de nuestra meditación leímos que Dios, cuando Él creó al hombre como un ser natural, sopló en su nariz aliento de vida. Ahora bien, después que el Señor Jesús manifestó primero a Dios, y Le sirvió y Le glorificó, Él hizo otra cosa, la cosa más importante, Él murió en la cruz. Dios es luz, Dios es amor. Esto fue manifestado en la cruz. Eso significa que todo aquel que cree en el Señor Jesús recibe vida eterna (Juan 3:16). Dios da esta vida eterna. El Señor Jesús dice, "Yo les doy vida eterna." (Juan 10:28). No hay diferencia alguna. Pero la fe no está fundamentada en El Señor Jesús viniendo a este mundo, sino en Su obra en el Calvario: en una salvación conocida. Entonces, primeramente, la revelación de Dios en Cristo fue desconocida para los creyentes del Antiguo Testamento. El conocimiento de la Persona más maravillosa en el universo fue desconocido para todo creyente en el Antiguo Testamento. En segundo lugar, yo sé que mis pecados están perdonados. Esta seguridad, me atrevo a decir, no la tuvo ningún creyente en el Antiguo Testamento. Ellos no tuvieron fundamento alguno para hacerlo, aunque su fe práctica fue, algunas veces, más fuerte que la de nosotros que tenemos la plena revelación divina.

 

Mediten en eso — nosotros tenemos la revelación de que el Señor Jesús murió por nuestros pecados en la cruz, y, aun así, duda tras duda. Hubo santos del Antiguo Testamento que no pudieron contemplar una obra de salvación consumada, que no conocieron un Salvador personal, y aun así, tuvieron una fe como Job — "Yo sé que mi Redentor vive." (Job 19:25). Él no sabía que el Señor Jesús era su Redentor. Podemos aplicar esto hoy en día, pero él no conoció a redentor alguno, en este sentido, aunque tuvo fe en Dios de que Dios sería este Redentor. ¿Cómo? — él no lo supo. Abraham creyó en la resurrección. Él jamás había visto a alguien resucitado de los muertos, ni siquiera había oído acerca de alguien siendo resucitado de los muertos. Pero Hebreos 11 dice que él lo creyó. Abraham estimó que Dios sería capaz de levantar a Isaac de los muertos. Estimó. Y esta estimación fue el resultado de una fe inquebrantable en que Dios sería fiel y no desleal a un creyente. Esa fue la misma clase de fe que Job tuvo cuando dijo, "Yo sé que mi redentor vive." Pero, ¿cuánto más tenemos ahora, nosotros que conocemos la Vida Eterna, una salvación y una redención consumadas? Sabemos que todos nuestros pecados están perdonados. Nosotros consideramos el Calvario donde Aquel que es la vida eterna murió por nosotros como Hombre. Sabemos que el Señor Jesús fue levantado de los muertos y más que eso, que Él está a la diestra de Dios en la gloria. De eso es lo que habla Pablo cuando habla de Cristo, nuestra vida, a la diestra de Dios. Esa es las riquezas de la vida eterna en nuestro día. Es la revelación de la Persona y la obra del Señor Jesús en toda su plenitud.

 

Y la consecuencia fue que el Espíritu Santo fue dado — "Recibid [el] Espíritu Santo" en Juan 20, cuando Él sopló sobre ellos ("Y habiendo dicho esto, sopló sobre [ellos], y les dice: Recibid [el] Espíritu Santo." Juan 20:22 – JND) [*]. Él no les dio el Espíritu Santo como una Persona, porque, entonces, los apóstoles lo habrían recibido dos veces, debido a que el Espíritu Santo descendió en el día de Pentecostés en Hechos 2. Lo que sucedió en Juan 20, cuando el Señor sopló sobre ellos, tal como Dios sopló la vida natural en la nariz de Adán, es que después que consumó Su obra, Él les dio esta vida eterna que no podían tener antes, porque la vida eterna se basa en la obra de Cristo en el Calvario. Por eso es que "Espíritu Santo" está aquí sin el artículo en las traducciones de la Biblia al Inglés, Alemán y Francés de J. N. Darby, y es muy importante tener esto en cuenta. No es el Espíritu Santo, la Persona; es la vida que es caracterizada por esa Persona.

 

[* And having said this, he breathed into [them], and says to them, Receive [the] Holy Spirit." (JND – Inglés)]

 

¿Estamos conscientes del hecho de que una Persona divina está morando en nosotros? «Yo les envío otro Consolador», parte de la vida eterna, la vida eterna, la vida de Dios manifestada en la Persona del Hijo y relacionada con toda la plenitud de la Deidad. Nosotros somos los hijos del Padre, tenemos el Espíritu Santo en nosotros y poseemos al Señor Jesús como la vida eterna. Esta vida es nuestra. Un don de Dios.

 

Esto es lo que llenaba el corazón y la mente de Juan que no conocía en el principio. Cuando él llegó a ser un discípulo, se le llamó 'hijo del trueno'. No fue un elogio muy agradable ser llamado 'hijo del trueno'—Boanerges. (Marcos 3:17). Este nombre fue dado tanto a él como a su hermano Andrés. Y él quiere cambiar a todos. Y nosotros somos, también, hijos del trueno (o incluso peor), no mejor—ya que esto no existe, la mente de la carne es siempre enemistad contra Dios. Podemos llegar a ser discípulos que aman la proximidad del Señor Jesús. Juan se recostaba sobre el pecho de su Salvador. Ese era el lugar que él prefería, y el lugar en que conocemos a Juan. Él era aquel al cual Jesús amaba. ¿El Señor le amaba más a él? No. Pero él era aquel que estaba  consciente de este amor. ¿Estamos nosotros? Él no fue amado más que los demás (al menos más que los otros diez — e incluso Judas recibía el amor del Señor). Pero Juan era aquel que,  aun en un tiempo cuando la vida eterna fue manifestada de manera vital en este mundo, sabía que Él era Aquel Único que necesitaba, Aquel Único que quería, y Aquel Único que le satisfacía. Él disfrutaba la vida eterna.

 

Yo he tratado de explicar un poco de este amplio asunto — vida eterna. Pero otra cosa es disfrutarla. Que esta conferencia pueda ayudarnos para que nuestro disfrute de la vida eterna, la Persona del Señor en toda Su gloria, pueda ser acrecentado. "Y esta es la vida eterna", dice el apóstol, "que te conozcan a ti (el Padre). . . , y a Jesucristo, a quien has enviado." (Juan 17:3). Las mayores riquezas están a nuestra disposición. Tenemos esta vida, amados, vida eterna en Cristo. Que no sólo esperemos hasta la eternidad para disfrutarla allí en toda su plenitud, sino que nuestro objetivo pueda ser disfrutarle a Él, el cual es la vida eterna, en nuestras vidas en la actualidad.

 

Arend Remmers

 

Traducido del Inglés por B.R.C.O. – Octubre 2014.-

Título original en inglés:
ETERNAL LIFE, by Arend Remmers
Traducido con permiso del Autor
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