EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

EL ALBOR DE LA PROFECÍA (The Bible Treasury)

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EL ALBOR DE LA PROFECÍA

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby (1800-82), traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

KJV1769 = King James 1769 Version of the Holy Bible (conocida también como la "Authorized Version").

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano)

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

 

 

Contribuciones Originales

 

T.S." — Bible Treasury, 2nd Edition, Volume 1, June 1856.

 

(1st. Edition, June 1856 [01:012])

 

"El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía." Apocalipsis 19:10.

 

(1) [Vol. 01, 1856, p. 014]

 

El primer rayo de esperanza, para el hombre caído, brilla de manera radiante, y no obstante de manera extraña y misteriosa, desde la maldición pronunciada sobre el seductor del hombre, Satanás. "Jehová Dios dijo a la serpiente: . . . pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar." (Génesis 3: 14, 15).

 

No hay promesa alguna hecha de manera directa a la pareja caída. No hay gracia positiva alguna o rescate positivo alguno para ellos, o siquiera ensombrecidos. Una imposición punitiva es pronunciada sobre Satanás — que presagia incluso su destrucción; y la "simiente" de la mujer, una cierta persona sencillamente designada así, ejecutaría la retribución predicha. El daño que va a ser hecho al seductor sobrepasa aquel que él había hecho, y serviría, para el hombre, en cuanto a que incluso una cabeza herida trasciende a un calcañar (talón) herido. No obstante, esto fue retribución solamente, y retribución sobre Satanás, no liberación para el hombre, excepto en lo que se refiere a Satanás. La bienaventuranza (bendición) positiva para la raza miserable de hombres no fue revelada aún. No obstante, hubo un rayo de esperanza presentado, con independencia de cuán misteriosa e indirectamente.

 

2. Pero la promesa positiva es concedida muy poco tiempo después; aunque el misterio cubrió aún la revelación. "Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra." (Génesis 12: 1-3). En este hombre, el hijo de Taré, de Ur de los Caldeos, habrá de alguna manera, en algún período, la concesión de 'bienaventuranza (bendición)', es decir, felicidad, bienestar, sobre todas las familias del hombre. La naturaleza de la felicidad predicha y prometida no es revelada. Nada es dado a conocer en cuanto a su grado o su duración. El modo en que se cumplirá no es explicado. Ello será 'en Abram.' ¿De qué manera en él? Nada adicional es revelado. No obstante, hay un fundamento positivo aquí tanto para la fe como para la esperanza. Dios ha hablado, y Él ciertamente lo realizará. Un día el hombre será nuevamente feliz. Esto será llevado a cabo de algún modo, a través de un cierto Hebreo, Abram (no aún Abraham), el hijo de Taré.

 

3. Pero no a través de él directamente. El consumador directo de esta bienaventuranza maravillosa sería uno de la simiente de Abraham. Esta afirmación adicional sale a relucir en relación con el misterioso registro de una transacción que tiene referencia al sacrificio, en el cual al hijo único de Abraham, por mandato de Dios, se le había dado muerte y había sido ofrecido de manera virtual. "Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz." (Génesis 22: 16-18). La bienaventuranza para las naciones emanará a través de Uno de su simiente; no a través de sus simientes, "como si hablase de muchos", en plural (Gálatas 3:16), sino a través de este grano de simiente, en singular. Pero, ¿a través de cuál de entre toda esta multitud prometida, innumerable como las estrellas, o las arenas del océano? La promesa no especifica esto, y la fe debe esperar, y la esperanza debe edificar sobre la certeza realmente proclamada. La felicidad universal es predicha una vez más. Tal como había sido declarado anteriormente que "la simiente" de la mujer infligiría venganza sobre Satanás; así se predice adicionalmente que "la simiente" de Abraham introducirá la bienaventuranza positiva. Así comienza a amanecer la luz en aumento de la profecía — misteriosa y extremadamente indefinida hasta aquí; pero no obstante segura, y plena de animadora importancia.

 

Hubo también ritos y sacrificios místicos. Estos habían predominado, de algún modo, casi universalmente entre los hijos de los hombres. Dichos ritos y sacrificios parecerían denotar ciertamente algo que tenía referencia a librar del pecado, y de sus consecuencias. Pero de estos tipos nosotros no hablamos; siendo la palabra profética nuestro tema actual.

 

"Entonces pronunció su profecía y dijo: "Dice Balaam hijo de Beor, dice el hombre cuyo ojo es perfecto; dice el que escucha los dichos de Dios, el que tiene el conocimiento del Altísimo; el que ve visión del Todopoderoso, caído, pero con los ojos abiertos: "Yo lo veré, pero no ahora; lo contemplaré, pero no de cerca: Una estrella saldrá de Jacob, se levantará un cetro de Israel. Aplastará las sienes de Moab y los cráneos de todos los hijos de Set. También Edom será conquistada; Seír será conquistada por sus enemigos. Pero Israel hará proezas; uno de Jacob dominará y destruirá a los sobrevivientes de la ciudad." Al ver a Amalec, pronunció su profecía y dijo: "Amalec fue la primera de las naciones, pero su final será destrucción." Al ver a los queneos, pronunció su profecía y dijo: "Firme es tu habitación, y pones en la peña tu nido. Pero los queneos serán destruidos. ¿Para cuándo Asiria te tomará cautivo?" Luego pronunció su profecía y dijo: "¡Ay! ¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?" (Números 24: 15 a 23 – RVA).

 

¡Cuán brillantemente, en medio de todo su misterio, la luz resplandece desde esta temprana profecía misma! Vendría Uno, a quien Balaam vería; "no ahora", no obstante, sino en el futuro. El propio profeta contemplaría su Anunciado de manera majestuosa; pero "no de cerca", no, para el ojo del hombre, con acceso cercano. Aquel Misterioso, introducido así, sería como una "Estrella", y Él asiría un "cetro". Él surgiría de Israel. Él 'tendrá dominio'; pero, aparentemente, juicios universales deberían introducirlo. Moab y Set, Edom y Seir, Amalec y los queneos — en las personas de sus descendientes, en algún innombrado período futuro (un período remoto según las afirmaciones anteriores del profeta), caerían bajo el poder vengador del soberano predicho. Y la solemne conclusión extraída de los labios del aterrado vidente, proyecta luz adicional sobre todo el anuncio. "¡Ay! ¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?" (Números 24:23 – RVA). Llegará un día, relacionado con la introducción del cetro y el dominio del soberano predicho — un día tan grande y terrible como para poner en evidente peligro las vidas de los hijos de los hombres. "¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?" El diluvio había pasado por la tierra. Una promesa, con una séptuple perfección de repetición, había sido hecha *, acerca de que nunca más toda carne perecería por un inundación de aguas. Pero aquí está predicho, aparentemente, otro juicio universal — o casi universal. "¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?" El soberano de Dios debe asumir Su poder en un modo tal, en una crisis tan terrible.

 

{* Véase Génesis 9: 9, 11, 12, 13, 15 a 17.}

 

Tres grandiosos acontecimientos alborean ya en la página profética. La cabeza de Satanás será herida, las familias de toda la tierra serán hechas felices un día, pero debe intervenir allí un día tan terrible como para extraer de labios controlados, no obstante involuntariamente, la portentosa exclamación, "¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?" Uno, de la simiente de la mujer — un cierto "Él" — infligiría la sentencia sobre el seductor. Una cierta Simiente, no señalada más a fondo aún de entre la incontable hueste que descendería de los lomos de Abraham, cumpliría la bienaventuranza prometida. Una cierta "Estrella" y un cierto "Cetro" de la progenie de Israel ejecutaría el juicio aparentemente universal — asumiría el dominio aparentemente universal.

 

5. Job, aunque reprobado por Dios, por haber oscurecido "el consejo sin entendimiento", y teniendo que confesar con vergüenza y dolor al final,

"Por tanto, yo hablaba lo que no entendía;

Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía" (Job 42:3), proporciona, sin embargo, un resplandeciente rayo profético — más que un rayo. Aventurando hablar con referencia a una resurrección futura, y expresando una noción de que no habría resurrección alguna hasta el fin de todas las cosas — "Hasta que no haya cielo" (Job 14: 10-12), aventurando hablar así, él fue reconvenido por ello por Aquel único que podía declarar la verdad con certeza. Job dijo, "Mas el hombre morirá, y será cortado; Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él? Como las aguas se van del mar, Y el río se agota y se seca, Así el hombre yace y no vuelve a levantarse; Hasta que no haya cielo, no despertarán, Ni se levantarán de su sueño." (Job 14: 10-12).

Estas palabras no pasaron desapercibidas al salir de labios del venerable, y no obstante atribulado y confundido, sufridor. Con otras desaconsejadas aseveraciones, ellas fueron tomadas en cuenta claramente cuando, al final, Dios mismo se dirigió a Job.

"Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?

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¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?

¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar,

Y has andado escudriñando el abismo?

¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte,

Y has visto las puertas de la sombra de muerte?

(Job 38: 1, 2, 4, 16 y 17).

 

¿Cómo podría él aventurar, entonces, la aseveración de que:

"Como las aguas se van del mar, Y el río se agota y se seca, Así el hombre yace y no vuelve a levantarse; Hasta que no haya cielo"?

 

El orden de la resurrección no había sido revelado aún. Solamente que Job no debía aseverar lo que contradecirían directamente revelaciones completas que serían hechas después. No obstante, Job pudo decir:

"¡Quién diera que fuesen ahora escritas mis palabras! ¡quién diera que se escribieran en un libro; que con cincel de hierro y con plomo fuesen para siempre grabadas en una peña! Pues yo sé que mi Redentor vive, y que en lo venidero ha de levantarse sobre la tierra; y después que los gusanos hayan despedazado esta mi piel, aun desde mi carne he de ver a Dios; a quien yo tengo de ver por mí mismo, y mis ojos le mirarán; y ya no como a un extraño. ¡Desfallece mi alma dentro de mí con ardiente anhelo!" (Job 19: 23-27 – VM).

 

Sus maravillosas palabras fueron "escritas" — sí, escritas "en un libro", con independencia de cuál fue el significado de las palabras mismas de Job, traducidas así. Y verdaderamente en este caso, las palabras de Job fueron palabras de conocimiento — conocimiento divinamente impartido. En la luz posterior nosotros discernimos esta luz. Un "Redentor" se levantaría sobre la tierra un día: Job supo esto: y que, aunque su cuerpo llegaría ser la comida de gusanos, no obstante en su carne él vería a Dios. Él sabía que moriría, y resucitaría. Sí, con la mujer sabia de Tecoa, él pudo decir con certeza, "irremisiblemente hemos de morir" (2º. Samuel 14: 2, 14 – VM).); o con el aún más sabio escritor del libro de Eclesiastés, " los que viven saben que han de morir" (Eclesiastés 9:5). Los hombres de aquella época generalmente podían aseverar eso con certeza. La revelación posterior para los cristianos, cuando el Cristo resucitado se había marchado, para regresar en breve, — la revelación posterior para los cristianos, del misterio de que 'no todos ellos dormirán' (1ª. Corintios 15:51), no afectó la cuestión en cuanto a estos hijos de una dispensación anterior. Ellos debían morir. No obstante, los que tenían sabiduría sabían que se levantarían nuevamente. Job, a lo menos, estuvo bien seguro de esto. Y estas palabras memorables, escritas en el LIBRO DE LIBROS para siempre, proporcionan, por tanto, la primera declaración clara de una vida más allá de la muerte que el pecado del hombre había introducido.

 

6. La luz irrumpe sobre nosotros como las aguas de un diluvio, cuando nos acercamos a los días y al ministerio profético de David.

"Dice David hijo de Isaí, y dice el varón levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel: El Espíritu de Jehová habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua. Dijo el Dios de Israel, me habló la Roca de Israel" (2º. Samuel 23: 1-3 – VM).

 

Esta es la enfática afirmación de su inspiración. Este es el reluciente lenguaje en el cual él nos dice de qué manera él fue 'motivado por el Espíritu Santo'.

 

Cuando su corazón rebosó "un tema excelente", y su lengua fue " pluma de escribiente muy ligero" (Salmo 45:1 – VM), él divulgó predicciones de un futuro glorioso a ser introducido por la autoridad y el poder de Uno que, en algún período futuro, se levantaría para gobernar la tierra (Salmo 45). Cuando los supremos deseos de su corazón se agotaron — cuando "terminan las oraciones de David, hijo de Isaí", él había rendido adoración por el mismo motivo.

"Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras dure el sol.

Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado.

Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.

Bendito su nombre glorioso para siempre,

Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.

Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí." (Salmo 72: 17-20)

 

Y cuando le llegó la hora de morir, sus últimas palabras fueron empleadas en la más bella expresión de profecía en cuanto a la misma persona gloriosa y su día de equidad y misericordia — un día, no obstante, en cada caso, anunciado como siendo introducido por juicios solemnes y exterminadores sobre los malos. Hay mucho misterio aún, no obstante, la luz irrumpe deprisa. Nosotros añadimos solamente, por ahora, esas "postreras palabras de David": —

 

"ESTAS son las postreras palabras de David:

Dice David hijo de Isaí, y dice el varón levantado en alto,

el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel:

El Espíritu de Jehová habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua.

Dijo el Dios de Israel, me habló la Roca de Israel, diciendo:

El que gobierna entre los hombres debe ser justo, gobernando en el temor de Dios.

Así será como la luz de la mañana cuando se levanta el sol; de una mañana sin nubes,

cuando por el brillo tras la lluvia, crece la hierba de la tierra.

Es verdad que no así ha cumplido mi casa para con Dios:

él empero ha hecho conmigo un pacto eterno, bien arreglado en todo y seguro;

el cual es toda mi salvación y todo mi placer: ¿pues no lo hará florecer?

Pero en cuanto a los impíos, todos ellos serán desechados como espinos, los cuales no podrán tomarse con la mano" ( Samuel 23: 1-6 – VM).

 

La luz proyectada sobre el futuro por las sucesivas revelaciones del libro de los Salmos bien puede proporcionar el tema para una meditación posterior. Un millar de ellos no lograría mostrarlo adecuadamente para verlo.

 

(2) 2nd Edition, Volume 1, July 1856.

 

(1st. Edition, July [Vol. 01, 1856, p. 028])

 

[Vol. 01, 1856. p. 031]

 

El libro de los Salmos comienza con una descripción del verdadero hombre bienaventurado de la dispensación Judía — una persona justa; un Judío obediente, y tan bendecido, o feliz en la bendición de Jehová sobre sus asuntos terrenales. Descrito negativamente, él

"no anda en el consejo de los inicuos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en el banco de los escarnecedores" (Salmo 1:1 – VM).

 

De manera positiva,

"en la ley de Jehová está su deleite, y en su ley medita de día y de noche." (Salmo 1:2 – VM).

 

Se dice que un tal

"será como un árbol plantado junto a las corrientes de las aguas,

que da su fruto en su tiempo;

su hoja también no se marchita; y cuanto él hiciere prosperará." (Salmo 1:3 – VM).

 

Hay una profunda lección para el día actual en todo esto. La fuente de toda prosperidad verdadera, de toda prosperidad espiritual, está revelada aquí:

"en la ley de Jehová está su deleite, y en su ley medita de día y de noche."

 

Este es el verdadero lugar de fructificación y prosperidad indefectibles. Esta es, en realidad, la fuente segura de bienaventuranza. Que nosotros podamos discernir esta fuente y continuar siempre así.

 

El testimonio profético sigue inmediatamente a continuación de este Salmo introductorio:

"Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.

Pídeme, y te daré por herencia las naciones,

y como posesión tuya los confines de la tierra.

Los quebrantarás con vara de hierro;

Como vasija de alfarero los desmenuzarás." (Salmo 2: 7-9).

 

Este es el anuncio que nos introduce al gran campo profético del libro de los Salmos.

 

En la parte previa de este Salmo, los soberanos de la tierra se asocian en rebelión contra Jehová.

"Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos

Contra Jehová y contra su ungido (o, Su Cristo) diciendo:

Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas." (Salmo 2: 2 y 3).

 

Pero,

"El que mora en los cielos se reirá"

 

Y,

"Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira." (Salmo 2: 4 y 5).

 

Pero, ¿cuándo sucederá esto? El anuncio profético ya citado nos informa.

 

Jehová 'ha puesto Su rey sobre Sion, Su santo monte': en cuanto a finalidad, esto está hecho ya. "Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte." (Salmo 2:6); a pesar de toda la ira pagana, y las vanas imaginaciones de estos confederados:

"Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte."

 

Yo Lo he exaltado al trono de Israel infaliblemente. Un cierto "ungido" debe reinar en Sion. Pero, ¿quién es él? Escuchad y prestad atención al rey de Jehová.

"Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho:

Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy." (Salmo 2:7).

 

¡Maravilloso progreso del albor! Este Cristo — este "ungido" — de Jehová, es también HIJO DE JEHOVÁ. Y aquí está el fundamento de Su soberanía. Él es el heredero de Jehová. ¡Quién pondrá en duda, entonces, Su reivindicación del dominio de la tierra! Los soberanos de la tierra promulgan sus proclamas y manifiestos; esta es la declaración soberana del Hijo y Rey de Jehová:-

"Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho:

Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.

Pídeme, y te daré por herencia las naciones,

y como posesión tuya los confines de la tierra." (Salmo 2: 7 y 8).

 

Pero, ¿cómo la posesión real de este dominio prometido sobre los vastos reinos de la tierra ha de ser obtenido? Los reyes y príncipes mismos se opondrán a esta transferencia del poder de ellos. ¿Cómo será llevado a cabo? Oiga la respuesta proporcionada en esta Escritura, usted que habla y piensa solamente en el pacífico y calmo progreso de la verdad:

"Los quebrantarás con vara de hierro;

Como vasija de alfarero los desmenuzarás." (Salmo 2:9).

 

Se trata de juicio — una crisis de juicio súbito, destructivo, el cual debe introducir el reinado del Hijo y Rey de Jehová. Habrá conversión también, ciertamente; y la habrá por medio del evangelio. Esto lo veremos, incluso en el libro que está ante nosotros. Pero esta crisis terrible debe venir y pasar ciertamente, antes de que "los confines de la tierra" lleguen a ser la posesión del Mesías.

 

De qué manera la luz de la profecía, incluso como la senda del justo, 'resplandece más y más.' La "simiente" de la mujer infligirá severo castigo sobre la serpiente. La "simiente" de Abraham restaurará la felicidad al hombre caído. De Jacob saldrá una "estrella" y un "cetro", que tendrá dominio — Uno que ejecutará un juicio tal como para provocar la exclamación, "¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?" (Números 24:23 – RVA). Un profeta, como Moisés, surgirá y todos le oirán. Un Redentor posará Su pie sobre la tierra, el día final; y en resurrección Job Le verá. (Job 19: 25-27). ¿Quién es el Admirable, en quien todas estas profecías estarán concentradas? Ciertamente el Salmo al cual hemos dado una mirada ahora parece proporcionar una respuesta:— en el Ungido de Jehová, en el Hijo de Jehová. No obstante, qué cantidad de misterio permaneció aún.

 

El Libro de los Salmos está permeado de expresiones proféticas tales como la precedente. El Salmo 2 puede servir como la llave para mucho más que sigue a continuación en el libro.

 

En efecto. En este maravilloso libro se ha vertido los profundos ejercicios del corazón, tanto de David como de los santos de su dispensación. Sus sonoros aleluyas ascienden también a su Jehová. Aunque, en estricto acuerdo con el principio de la justicia — justicia implementada, "ojo por ojo, diente por diente", que caracterizó su administración, o economía, y su época, a ellos se les oye invocar, de vez en cuando, una santa venganza sobre aquellos que eran sus enemigos.

 

Hay también pasajes en muchos de estos Salmos, presagiando de manera misteriosa alguna profunda y terrible tragedia— extrañamente relacionada con la Persona del futuro Soberano predicho. Pero, ¿quién, sólo con la luz que esos Salmos proporcionan, podría entender la importancia de ellos, en cuanto a todo esto? Escasamente pudieron esos santos hombres de antaño, mediante los cuales el Espíritu hablo estas misteriosas alusiones, actuar de otro modo distinto que escudriñar "qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos" (1ª. Pedro 1:11). Pero "no para sí mismos," ellos "ministraban estas cosas" (1ª. Pedro 1:12 – VM). Un entendimiento más completo es proporcionado en la época actual. No obstante, cuánto de lo que era misterioso permaneció para ellos.

 

Hubo algunos rasgos sublimes, no obstante, que aun entonces fueron revelados con mucha claridad. Continuemos, entonces, siguiendo el rastro del albor de la profecía.

 

En el bien conocido Salmo 8 se habla de Uno — un hijo del hombre, el cual es coronado por Jehová "de gloria y de honra, y hecho "señorear sobre las obras de "Sus manos." (Salmo 8: 5, 6). Este es Uno al que se le encarga "hacer callar al enemigo y al vengativo" (Salmo 8:2); y Uno que ocasiona que el nombre de Jehová sea "admirable . . . en toda la tierra" (Salmo 8:1 – VM). Todas las cosas son puestas "debajo de sus pies" (Salmo 8:6 – VM). Esta primacía debe ser una primacía futura. El primer hombre no es aquel al que se alude aquí. Nosotros no vemos aún todas las cosas puestas así bajo alguien. El Salmo siguiente (Salmo 9) habla de manera similar. Cuánto del libro de los Salmos está ocupado con un lenguaje como este. ¿Quién, que los ha aplicado al pasado, no ha sentido la desagradable impresión que ocasiona la exageración y la hipérbole, al leer tales anuncios magníficos? Pero, ¡no! ellos son las palabras verdaderas de Dios. El día futuro las cumplirá en realidad y plenitud.

 

Hay un rasgo adicional revelado en este Salmo majestuoso, un rasgo de gracia:

"En ti confiarán los que conocen tu nombre." (Salmo 9:10).

 

No se dice mucho, pero un rayo luminoso alumbra. El nombre de Jehová será, en aquel día futuro, dado a conocer así, como el que será el objeto de confianza, y el lugar de refugio del necesitado. ¡Perspectiva bienaventurada! Distante aún, y sólo débilmente vista; pero segura y infalible, porque la boca del Dios de Israel lo ha dicho.

 

El Salmo 10 presenta también su contribución del testimonio:

"Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las naciones." (Salmo 10:16).

 

Llegará aquel día glorioso, entonces, cuando "no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra." (Salmo 10:18). ¡Cuán bienaventurado será el día del futuro Rey!

 

¿Qué se dirá del curso misterioso de actividad del Salmo 22? Hay Uno que ha sido entregado a Él desde Su nacimiento, y a quien se Le hizo confiar en Él aun desde el vientre de su madre. ("A ti fui entregado desde mi nacimiento; desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. " Salmo 22:10 – LBLA). Él ha sido justo a lo largo de todo su curso. No obstante, a este Uno se le oye exclamar, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Salmo 22:1). Dolores e infortunios Le rodean; ellos han horadado Sus manos y Sus pies: Él es puesto en el polvo de la muerte. (Salmo 22: 16, 15). Ellos reparten entre sí Sus vestidos y echan suertes sobre Su ropa (Salmo 22:18). Con todo, Él es finalmente 'oído', y 'socorrido', 'salvado', y 'librado', y de manera triunfante, Él llega a ser después el jefe de la congregación de Jehová. "Anunciaré tu nombre, etc." (Salmo 22:22). El resultado es bendición universal. ¡Qué cantidad de misterio fue dejado allí asentado en todo esto; y aun así, qué cantidad para que la fe repose, y para que la esperanza se aferre! Pero "no para sí mismos, sino para nosotros, ministraban estas cosas" (1ª. Pedro 1:12 - VM).). ¡Cuán bienaventurados son nuestros oídos!

 

Pero el misterio es profundizado mediante la revelación misma del Salmo 45. El corazón del escritor está enardecido, y su lengua es pluma de escribiente muy ligero. Él declama una entonación de elogio aleccionado, adorador. 'Él dirige al REY su canto.' (Salmo 45: 2-7). ¡Qué maravilloso discurso es este! El futuro rey, de quien tantas cosas maravillosas han sido ya predichas, es tratado aquí como siendo DIOS. Y eso es hecho en ese estilo como en otra parte se dijo a algunos.

"Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis." (Salmo 82: 6, 7).

 

El tono es aquí rotundo, total, y absoluto: "Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre." (Salmo 45:6). Esto es dicho al Rey. No obstante, se añade inmediatamente, "te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros" (Salmo 45:7). ¿Quién puede explicar este misterio? La fe debía esperar. "No para sí mismos, sino para nosotros, ministraban estas cosas" (1ª. Pedro 1:12 – VM). Pero pondere usted bien la gloria con la que este Salmo está lleno. Incluso más, hay una esposa presentada a este soberano, en este Salmo: "Oye, hija, etc." (Salmo 45:10 y ss.) . Esta debe ser la hija de Sion (Mateo 21:5; Juan 12:15). Ella no está compuesta tanto de Judíos como de Gentiles, tal como la iglesia lo está. Ella tiene un solo pueblo y un solo parentesco de manera natural. El Gentil " estará allí con su presente" (Salmo 45:12 – VM); pero no forma parte de la esposa. Si bien es una escena tan gloriosa, se trata de una escena terrenal. El Salmista finaliza así:

"Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones,

Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre. (Salmo 45:17).

 

El Salmo que sigue a continuación (Salmo 46) es sumamente majestuoso. El mismo esplendor del indicio profético de un futuro glorioso, prevalece también aquí. Pero hay un rasgo adicional en este Salmo. "La ciudad de Dios", "el santo lugar de las moradas del Altísimo" (Salmo 46:4 – VM), lleno con Su gloria, es Su morada especial. Esta es, de manera evidente, la propia ciudad de David, Jerusalén. No obstante, esta escena de bienaventuranza va a ser realizada cuando, en algún período futuro, Jehová habrá "hecho cesar las guerras hasta los fines de la tierra" (Salmo 46:9), y de este modo será "exaltado entre las naciones" o entre los Gentiles (Salmo 46:10), así como en Su propia ciudad escogida. No hay aquí indicio alguno de una Jerusalén celestial. Eso debía ser el tema de alguna revelación futura. Aprendamos cuidadosamente que es lo que el Espíritu revela realmente en cada pasaje sucesivo.

 

El Salmo 67 señala hacia un día cuando el camino de Dios será conocido en toda la tierra, y entre todas las naciones Su salvación. (Salmo 67:2). Se añade:

"La tierra ya da su fruto; y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá.

¡Dios nos bendecirá, y todos los términos de la tierra le temerán!" (Salmo 67: 6, 7 -VM).

 

El Dios propio de Israel los bendecirá; pero todos los términos de la tierra conocerán también Su salvación.

 

El Salmo 72, entra, como es bien conocido, extensamente en el mismo tema maravilloso. Se levantará un rey, cuyo dominio será de mar a mar, desde el río hasta los confines de la tierra; ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo.  Sí, todos los reyes se postrarán delante de él, todas las naciones le servirán. Él será temido mientras duren el sol y la luna, de generación en generación. Su apacible dominio será como la lluvia sobre el césped cortado, como los aguaceros que riegan abundantemente la tierra. En aquel día, el afligido, el menesteroso, el angustiado, y aquel que no tenía socorro alguno previamente, serán asistidos, rescatados, aliviados, y bendecidos. Sí, todos los hombres serán bendecidos en Él, todas las naciones le llamarán bienaventurado. Toda la tierra será llena de Su gloria. Jehová Elohim (Jehová Dios), el Elohim (Dios) de Israel, realizará esta maravillosa revolución. El corazón de David estaba lleno; sus máximos deseos satisfechos. Sí, ello fue más allá de lo que él pudo pedir o pensar. Su repetido "Amén" finaliza esta entonación; y nosotros somos meramente informados, en el verso final, de que, "Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí." (Salmo 72:20). El corazón completo de David estaba aliviado; su lúcida expresión registrada; su supremo deseo expresado. El propio David no tuvo nada más para decir además de esto.

 

El Salmo 96 concluye su elevado curso de adoración y predicción en la siguiente entonación: "Alégrense los cielos, etc." El Salmo 98 finaliza casi precisamente en las mismas palabras. Jehová vendrá a gobernar la tierra: Él "vino", Él "vino". Hay indicio del nuevo modo de manifestación de Su presencia. Él estará presente como no lo estuvo previamente. Esto es lo más que es predicho claramente. La fe debe esperar aún, y la esperanza mantenerse en vilo.

 

El Salmo 102 proporciona alguna luz adicional, "Te levantarás", etc. Ese es el tema del Salmo. Pero se añade,

"Cuando Jehová edificará Sion, — Él aparecerá en gloria" (Salmo 102:16 – JND).

 

De lo que se habla aquí es de la Sion (Jerusalén) terrenal, ciertamente — la metrópolis de Israel, verdadera, literal. Ninguna Sion (Jerusalén) celestial fue revelada a los santos de esa época. La iglesia celestial era un misterio no revelado en aquel entonces, Efesios 3: 1-10. Que esto sea bien ponderado. La Sion (Jerusalén) celestial habrá sido edificada hasta estar completa antes de que el Señor aparezca en gloria. Pero hay aquí una Sion que será levantada de su estado de piedras arruinadas y polvo, cuando el Señor aparecerá en Su gloria. Este será el tiempo, asimismo, cuando las naciones paganas o Gentiles aprenderán también a temer el nombre de Jehová. Habrá una 'visión en gloria' cuando Jerusalén será reedificada para el Señor, y los Gentiles se convertirán a Él (Salmo 102: 15, 16). Una revelación adicional, no obstante, debe declarar qué puede significar esta 'visión en gloria'.

 

Citaremos otro Salmo solamente (Salmo 110). "Jehová dijo a mi Señor, etc." El futuro rey debe ser exaltado en primer lugar a la diestra de Jehová. ¿Será desde allí que Él vendrá cuando aparecerá en gloria? Sin ninguna revelación adicional el pensamiento ya es considerado probable. Pero, ¡qué maravillas en aumento se apilan sobre nosotros! ¿Cuál, o qué clase de tiempo, puede este espíritu misterioso de predicción dar a entender? ¡Cuán fervientemente es de desear luz adicional! ¡Qué acontecimientos inimaginables le esperan al día futuro! Un indicio adicional es, también, por vez primera, proporcionado en este Salmo. El futuro rey será un Sacerdote; "Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec." (Salmo 110:4). ¡Un tema adicional de admiración se presenta ahora a sí mismo! Luz clarea sobre otro tópico más para la sincera contemplación. ¡Bendito rayo de pacífica esperanza! El sacerdocio es aquí también un sacerdocio eterno. Un sacerdote es uno que ha sido ordenado para ofrecer sacrificios por el culpable. Las instituciones de la administración de Israel ya habían puesto esto fuera de toda duda. ¡Y qué sacerdote! El futuro gran soberano ejercerá el cargo mediador. ¡Bendita puerta de esperanza! Pero, ¿para quién actuará Él? ¿Qué víctima Él inmolará? ¿Con qué éxito? ¿Cuál, o que clase de época, este espíritu de predicción da a entender? Cuán fervientemente más luz ha de ser deseada. ¡De qué manera la conciencia agobiada, aterrada, de un condenado por la ley anhela certeza! Esos "toros y machos cabríos" — ¿pueden quitar de aquí mi pesada carga? (Hebreos 10:4) Dichos animales ensombrecían algo correctivo. ¿Qué puede ser ese algo? El misterio envuelve aún; la fe debe esperar aún. "No para sí mismos," esos profetas "ministraban estas cosas" (1ª. Pedro 1:12 – VM).

 

Pero hubo abundante contenido para la triunfante adoración. ¡"Aleluya"! ¡"Aleluya!" Tal es el solemne estribillo de la porción final de este libro de Salmos. El espíritu de acción de gracias predomina cada vez más, a medida que el libro se acerca a su final. Los Salmos finales no son sino un vasto, majestuoso coro de Aleluyas. No obstante, el carácter de justicia es mantenido aún; y el día futuro de equidad es expuesto. Salmo 149. Sólo Aleluyas siguen a continuación.

 

Ese es el testimonio profético del libro de los Salmos. La revelación más completa y aún más específica presentada por Isaías puede atraer nuestra atención de manera adecuada en nuestro siguiente comentario.

 

(3). 2nd Edition, Volume 1, August 1856.

 

(1st. Edition, August 1856 [Vol. 01, 1856, p. 045])

[Vol. 01, 1856, p. 043]

 

1. La condición de Judá e Israel en la época de Isaías, era realmente baja y entristecedora. La 'cabeza estaba enferma y el corazón doliente' (Isaías 1:5). El pueblo estaba "cargado de maldad"; ellos habían dejado a Jehová, y habían provocado a ira al Santo de Israel (Isaías 1:4). Y la primera misión profética de Isaías parece haber sido una denunciando un largo período de los más gravosos infortunios contra la nación.

 

"Oí también la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré? ¿y quién irá por nosotros? Y respondí: ¡Aquí estoy yo; envíame a mí! Dijo pues: Anda, y di a este pueblo: Oyendo oiréis, mas no entenderéis, y viendo veréis, mas no percibiréis. Embota el corazón de este pueblo, y haz que sean pesados sus oídos, y cierra sus ojos; para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, y con su corazón no entienda, ni se convierta, ni sea sanado. Entonces yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? y respondió: Hasta que las ciudades queden desoladas, por falta de habitantes; y las casas, por no haber hombre en ellas; y la tierra venga a ser una desolación completa; y Jehová haya alejado los hombres; y los lugares abandonados sean muchos en medio de la tierra." (Isaías 6: 8-12 - VM).

 

Tenemos aquí, entonces, una clara revelación de la ceguera judicial, y la prolongada dispersión de la nación. Pero tenemos, también, un rayo de esperanza, incluso aquí. "Como el roble y la encina, que al ser cortados, aun queda vitalidad en ellos, así la santa semilla [simiente] será la vitalidad de ella." (Isaías 6:13 – VM). La destrucción no será una destrucción total. El linaje de la nación será preservado para brotar nuevamente cuando todos los juicios hayan pasado. Esa es una de las primeras revelaciones de Isaías.

 

2. En Isaías 2 (que parecería que fue de una fecha posterior a la visión del capítulo 6), nosotros tenemos el día futuro de bienaventuranza, con el día grande y terrible que lo introducirá, descritos en lenguaje muy explícito y claro. Presentamos unos pocos versículos de este bien conocido capítulo.

 

"Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra." (Isaías 2: 2-4).

 

El hecho de que "la palabra de Jehová" proceda de Jerusalén constituirá, en los últimos días, al monte Sion como el más honrado y exaltado de los lugares de las ciudades. La religión del Dios de Israel se extenderá desde allí por todas las naciones. No obstante, juicio y reprensión deben ser infligidos. Entonces las naciones no aprenderán más el arte de la guerra. El carácter del juicio predicho es revelado más claramente de este modo:—

 

"Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad. La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día. Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido."

 

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"Y quitará totalmente los ídolos. Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra. Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase, y se meterá en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levante para castigar la tierra." (Isaías 2: 10-12; Isaías 2: 18-21).

 

Tal es la introducción de la 'buena época' del futuro. Nosotros suponemos que ninguno aseverará algún cumplimiento previo de profecías tales como esta. "El día grande y espantoso de Jehová", entonces, ya ha sido colocado en la prominencia más plena entre nosotros y el reinado del Mesías. No se trata de un progreso tranquilo del hecho de reunir de las naciones una manada pequeña, la cual, aunque pequeña, será tomada al cielo, como un todo. No se trata de una 'ekklesía' (Gr.)  — una iglesia llamada — de entre las naciones. Se trata de una subyugación de las naciones mismas. Cuando las naciones sean sometidas, no se necesitará 'ekklesia' alguna, ningún llamamiento de los santos. La 'ekklesia' habrá sido glorificada y transferida al cielo al comienzo de este período. Las revelaciones del Nuevo Testamento nos permiten decir esto. Pero la predicción que está ante nosotros no es una predicción de llamamiento, sino de subyugación universal. Las dos cosas son distintas. La una no puede coincidir en el tiempo con la otra. Discernamos las cosas que se diferencian, y procuremos dar a cada Escritura que consideremos su interpretación genuina.

 

3. presentamos ahora la resplandeciente luz de la revelación de ISAÍAS 9.

 

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto." (Isaías 9: 6, 7).

 

La luz clarea aprisa. Nosotros tememos debilitar, mediante cualquier comentario acerca de este pasaje, la impresión del todo.

 

Nosotros comentamos, sin embargo, la perpetuidad del "trono de David." Habrá Uno que lo ocupará "desde ahora y para siempre." No se trata de una supremacía de la iglesia, en la cual no hay "ni Griego ni Judío" (Colosenses 3:11). Tal lugar nunca fue ocupado por David. David fue el soberano de la nación Judía. Gobernar sobre esa nación es sentarse en el trono de David. Contender con respecto a cualquier trono material no es más que tratar a la ligera y degradar este tema. Incluso el lugar de la presencia del soberano es esencial en el asunto. Otras revelaciones pueden determinar eso; pero el pensamiento expresado aquí es que la misma soberanía que David ejerció — la soberanía sobre esa nación misma que tenía a David como su rey, vendrá a estar, a perpetuidad, en manos del Mesías. En esta predicción no se pone en duda dónde estará su residencia real. El solemne pensamiento es que el Admirable, cuyos nombres de majestad y gloria son presentados aquí, ejercerá la soberanía misma que David tuvo hace tanto tiempo. Esto no puede suceder hasta que la nación sea reconstituida, mediante la restauración de sus miembros dispersos. El "trono de David" no será ocupado, tal como esta profecía revela, hasta que la nación, como una nación, se haya sometido al dominio del verdadero Mesías. El nacimiento del Soberano no es necesariamente Su ascensión al trono. La asunción real de las riendas del poder — el ejercicio real de tal poder — no es necesariamente contemporáneo con aquello que constituye heredad y derecho a tal poder. Con independencia de lo que Cristo puede o no puede ser ahora para la iglesia; Él ciertamente no está sentado ahora en "el trono de David" — Él no ejerce soberanía ahora sobre la nación de Judíos. La nación no está sometida aún a Él.

 

4. El capítulo 11 de esta profecía es conocido por todos. "La tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar." (Isaías 11:9). El lobo habitará con el cordero, y el leopardo sesteará con el cabrito. No habrá daño ni destrucción en todo el monte santo de Jehová. Pero hay dos porciones de este capítulo que son en gran medida ignorados por muchos. Nosotros debemos presentar estos, no obstante, tan brevemente como sea posible. El primero es como sigue a continuación:—

 

"Sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío." (Isaías 11:4).

 

Aquí está, una vez más, la ejecución de un juicio introductorio. Él, con el cual 'una palabra es una obra', pronunciará una sentencia para herir la tierra, y la tierra será herida. Sí; Él matará a uno — una cierta persona— llamada aquí enfáticamente el "impío" (estando aquí el adjetivo "impío" en modo singular). Un elemento de luz adicional es proyectado aquí sobre el futuro. La destrucción de un oponente impresionante, especial, señalará la instauración del reinado del Mesías. Esta profecía no revela más acerca de quién demostrará ser este "impío."

 

La segunda porción es como sigue a continuación:—

 

"Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra." (Isaías 11: 11, 12).

 

Hay aquí, entonces, una futura liberación de toda la nación, que será tan completa y prodigiosa como el éxodo desde Egipto. El regreso de unos pocos a Chipre desde Babilonia — unos pocos de una sola de las dos grandes divisiones de la nación — no pudo haber sido el cumplimiento de esta majestuosa predicción. Que lo que queda del capítulo sea leído. El regreso anunciado aquí va a ocurrir en el día de la destrucción del futuro "impío." Va a ocurrir cuando toda la ferocidad de la tierra será llevada a un final. Una restauración aún futura es anunciada aquí.

 

Y qué conmovedor es el cántico de triunfo que será entonado en aquel entonces. "En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste, etc." (Isaías 12:1). Que en este cántico sea vista con detenimiento, en vista de esto, su válida relación. Lea Isaías 12 como relacionado con lo que inmediatamente lo precede.

 

5. Tenemos, en el siguiente lugar, la "Profecía sobre Babilonia" (Isaías 13), seguida por una vasta serie de tales 'profecías', y acabado por una representación muy solemne de un juicio universal.

 

Pero una dificultad se presenta aquí de inmediato. La ruina de Babilonia es anunciada en términos que abarcan toda la tierra, y que, aunque el imperio formal de Babilonia, así como su ciudad capital, han pasado desde hace mucho tiempo, apenas puede ser considerada, sobre cualquier sano principio de interpretación, como habiéndose cumplido.

 

"He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes." (Isaías 13: 9-11).

 

¿Se cumplió esto en la toma de Babilonia por el ejército de los Medos? Ciertamente no se cumplió. Entonces, aún hay misterio aquí. Se requiere más luz. ¿Ha sido concedida una luz tal posteriormente?

 

Nosotros pensamos que una solución ha sido proporcionada en las revelaciones dadas a Daniel. Babilonia está allí como la cabeza del poder Gentil — del poder que durante "los tiempos de los Gentiles" (Lucas 21:24) hollará la nación de Israel. Este poder es mostrado como un todo unido, aunque en otro aspecto comprendiendo cuatro imperios. La imagen completa de Daniel 2 es representada como pereciendo al mismo tiempo. "Entonces fueron desmenuzados juntamente el hierro, el barro, el bronce, la plata, y el oro" (Daniel 2:35 – VM). De esta forma, aunque las riendas del poder imperial pudieron pasar de manos Caldeas, y la ciudad capital ser totalmente destruida, Babilonia existiría aún. Los que constituyen su imperio — los integrantes de la soberanía Gentil — integrantes que son, tanto moral como esencialmente, una sola cosa con el dominio una vez ejercido desde la ciudad que llevó el nombre — estos existen aún. Babilonia permanece aún: ella dejará de existir solamente en el período cuando los tiempos de los Gentiles se habrán cumplido. Que esto sea tenido en cuenta, y mucha luz se obtendrá en cuanto a las "profecías" de Isaías. Ellas comprenden tanto el pasado como el futuro. Ciertos anuncios en ellas se cumplieron en épocas pasadas, otras señalan hacia el futuro. Entonces, en Daniel 2 leemos, en cuanto "a las demás bestias, se les quitó el dominio, pero les fue concedida una prolongación de la vida por un tiempo determinado." (Daniel 7:12 – LBLA). La pérdida del "dominio" está aquí expresamente diferenciada de la terminación de la existencia.

 

El anuncio del juicio universal es hecho formalmente, y con claridad muy solemne, en Isaías 34. En Isaías 24 nosotros tenemos el siguiente lenguaje.

 

"Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra. Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra. Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará." (Isaías 24: 17-20).

 

La conquista sobre Satanás y sus huestes es insinuada a continuación: "Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra." (Isaías 24:21). Véase Apocalipsis 12: 7-12. Entonces será la subyugación de los poderes de la tierra, (como en Apocalipsis 19: 19-21) y de "los reyes de la tierra sobre la tierra. Lea los versículos 21 y 22 de Isaías 24. La gloria de la ciudad terrenal es presentada a continuación; mientras que en Apocalipsis 21 la ciudad celestial es vista. Después, el "banquete de manjares suculentos" es anunciado, tal como lo es el reinado en Apocalipsis 20:4.

La eliminación del engaño de las naciones es vista también en ambos lugares: compárese Isaías 25:7, e Isaías 27:1, con Apocalipsis 20: 1-3. La primera resurrección está también en cada uno: compárese Isaías 25:8, "Él absorberá la muerte en victoria" (Isaías 25:8 – JND, KJV1769) (cuando es entendido como es explicado en 1ª. Corintios 15:54), con Apocalipsis 20: 4-6). Estas coincidencias son verdaderamente maravillosas. Y es en conexión con todas estas que nosotros tenemos una declaración solemne y decisiva, "cuando tus juicios están en la tierra, los habitantes del mundo aprenden justicia." (Isaías 26:9 – VM). Que esta declaración sirva para el final del conflicto. Esa es la instrumentalidad que someterá la tierra al evangelio. Cuando estas desolaciones universales estén por todas partes, entonces, y lamentablemente no hasta entonces, los habitantes del mundo aprenderán justicia.

 

Nosotros presentamos solamente, concluyendo nuestro presente escrito, dos o tres profecías de estos juicios y sus resultados. La primera tiene referencia especialmente a la ciudad terrenal misma de Israel.

 

"Ahora me levantaré, dice Jehová; ahora seré exaltado, ahora seré engrandecido. Concebisteis hojarascas, rastrojo daréis a luz; el soplo de vuestro fuego os consumirá. Y los pueblos serán como cal quemada; como espinos cortados serán quemados con fuego. Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder. Los pecadores se asombraron en Sion, espanto sobrecogió a los hipócritas. ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?" ((Isaías 33: 10-14).

 

Los resultados de esta terrible intervención de Jehová son descritos a continuación.

 

"Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota."

 

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"No dirá el morador: Estoy enfermo; al pueblo que more en ella le será perdonada la iniquidad." (Isaías 33: 20, 24).

 

El segundo pasaje habla de todo el mundo. La siguiente advertencia sigue a continuación de la cita presentada recién.

 

"Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce. Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero." (Isaías 34: 1, 2).

 

Que la porción subsiguiente sea leída, y se encontrará que los hermosos pasajes que siguen forman su final.

 

"Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará. No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos. Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido." (Isaías 35: 8-10).

 

Tal es el albor de la profecía, tales son los rayos luminosos que resplandecen más allá de las terribles y oscuras nubes del juicio inminente. Después de la bien conocida porción histórica, la cual, en este libro profético, sigue a continuación de las revelaciones que hemos repasado ahora, nosotros tenemos, en Isaías 40 a Isaías 66, una profecía adicional de amplio alcance e importancia. Pero la forma en que la luz profética es proporcionada gradualmente, es el punto que busca ser ejemplificado en estos apresurados bocetos. Nos proponemos, por tanto, aportar solamente algunos pocos ejemplos de predicciones en los profetas subsiguientes, los cuales proporcionan detalles de especial interés, en uno o dos escritos adicionales que concluirán esta serie acerca del 'albor de la profecía'. El esplendor del mediodía de la revelación se abre sobre nosotros en el Nuevo Testamento, y de su resplandor nosotros somos reacios a detener la atención por cualquier cantidad de tiempo.

 

(4). 2nd Edition, Volume 1, November 1856.

 

(1st. Edition, November 1856 [Vol. 01, 1856, p.  094])

 

[Vol. 01 1856, p. 088]

 

Hay varias porciones especiales del gran curso de la profecía que constan en los capítulos 40 al 66 de Isaías que, aunque no podamos citarlos, nosotros debemos, a lo menos, prestarles nuestra atención en una mirada, no obstante breve, a la luz del albor de la profecía.

 

La maravillosa ternura, y la gracia soberana y preservadora, por la cual Israel aún se convertirá y será recuperado para Jehová — endurecidos, fríos, e insensatos como los Judíos han llegado a ser tristemente, durante tantos tristes años de dispersión e incredulidad — son rasgos de este amplio curso de trato profético, el cual no debe ser ignorado. ¡De qué manera Jehová, en estos capítulos, procura ganar el oído, suavizar el corazón, consolar el espíritu, ganar la confianza de este pueblo despreciado y abatido! Que los capítulos 40, 44, 45, 48, 49, 54, y 55 de Isaías, sean leídos teniendo en cuenta este pensamiento. La idea principal es esta:—

 

"Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti." (Isaías 54: 7 a 10).

 

Bueno, lector Gentil, este Jehová de los Judíos tendrá misericordia de los Gentiles también. En la luz plena de posteriores revelaciones, hay esperanza, en efecto, plena certeza tanto de fe, esperanza, como de comprensión, incluso para el perrillo Gentil (véase Mateo 15: 21 a 28) que se acerca a Jehová en la forma de su propia disposición.

 

Vea de qué manera esa forma es presentada incluso en esta profecía de Isaías. Hay más que meramente albor en ella, ofrecida en el bien conocido capítulo 53. Estás la declaración plena, clara, expresa, de la expiación vicaria. Se trata de la primera revelación formal del prodigioso hecho, de que uno de entre los hijos de los hombres — un hombre sin pecado—habría de ser la víctima de la expiación entre Jehová y Su pueblo. Quién habría de ser este hombre sin pecado no es revelado; pero el hecho de que un tal padecería es anunciado con la claridad máxima. ¡Ojalá nosotros pudiésemos citar el capítulo como un todo! Pero, ¿quién no lo conoce? ¡Quién que ha conocido alguna vez la pecaminosidad del pecado no ha acudido esperanzado y con consuelo a esta profecía maravillosa!

 

Basados en este anuncio de expiación y justificación, por medio de los padecimientos de uno por todos, nosotros tenemos en el capítulo 55 de Isaías, una invitación llena de luz evangélica y gracia. Hay aguas vivas, vino y leche, ofrecidos sin dinero y sin precio. El día futuro de juicio no es el único asunto que está relacionado con la introducción de la época mejor. Dicho juicio es, ¡lamentablemente! prominente de manera solemne; pero la gracia, y el arrepentimiento, y la conversión han de ser todos concedidos. Un "pacto eterno" ha de ser hecho con el pueblo de Jehová, "as misericordias firmes a David." Los términos de ese pacto son, "Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma." (Isaías 55:3). Hay más que el mero amanecer de la luz profética aquí también.

 

Tenemos ya ante nosotros, en realidad, casi todo elemento de la luz profética, concerniente al Mesías en Su futura relación terrenal. Las cosas celestiales permanecieron un misterio aún; pero una muy completa revelación es proporcionada en los restantes libros proféticos del Antiguo Testamento en cuanto a las cosas terrenales del futuro reino.

 

JEREMÍAS presenta formalmente la realización de un nuevo pacto con la casa de Judá e Israel, en conexión con completos y solemnes anuncios de la mayoría de los espléndidos acontecimientos vistos ya en previas Escrituras. Vea por ejemplo los capítulos 30 y 31.

 

EZEQUIEL expone la salida de la gloria de su habitación terrenal, y después su futuro regreso; mostrando las actuaciones de una imponente confederación, principalmente de naciones orientales, contra la tierra y los pueblos de Israel, en el período cuando el pueblo habrá regresado y se habrá establecido en la tierra. Esta confederación es muy distinta de la confederación occidental, la cual, bajo el Anticristo, estará en alianza con Jerusalén, y engañará por un tiempo a los Judíos. Esta confederación de Gog y Magog, ocurrirá algo más tarde de la del Anticristo. Compuesta de Ros, Mesec y Tubal (Ezequiel 38:3 – VM), y aparentemente del remanente de las naciones que están fuera de la bestia y el Anticristo, esta confederación asalta la tierra, después que una temporada de tranquilo reposo en la tierra ha sido disfrutado por el pueblo de Dios. Parece ser que una agresión Rusa es predicha aquí. Ello es juzgado por Dios, y entonces toda la tierra está en calma, y todas las conmociones finalizan. En cuanto a la gloria, véase Ezequiel 11:23, y Ezequiel 43: 1-7; y con referencia a la confederación, véase Ezequiel 37 a Ezequiel 39.

 

Daniel revela los grandes hechos de los tiempos de los Gentiles. Cuatro imperios gobernarían de manera sucesiva sobre la nación rebelde y oprimida de los Judíos. No obstante, una idea única es vista a lo largo de todos estos imperios. Se trata de la unidad del poder del hombre, surgiendo desde Babilonia, en oposición a la unidad de Dios, la cual debe tener su sede en Jerusalén. De este modo, toda la unidad Gentil, sea ella secular o eclesiástica, es Babilonia. Y tanto la Babilonia literal y secular, como la Babilonia mística y eclesiástica, perecerán bajo la manifestación del poder del Mesías, en el día futuro. La piedra pulverizará la imagen; no la convertirá. El juicio se celebrará, y la bestia, con su cuerno soberano, serán echados en el lago de fuego. Los cielos gobernarán. El reino, es decir, el reinado o dominio, de los cielos, será establecido. Véase Daniel capítulos, 2, 7, 8, 9, 11, 12.

 

En Oseas, está la Escritura a la cual el Señor se refiere, aparentemente, en las palabras que fueron tan sorprendentes para los discípulos: "El Hijo del Hombre se va, según está escrito de El." (Mateo 26:24 – LBLA). Así, en Oseas 5:15, nosotros tenemos la enfática declaración, "Me iré y volveré a mi lugar hasta que reconozcan su culpa y busquen mi rostro; en su angustia me buscarán con diligencia." (Oseas 5:15 – LBLA). De qué manera esto se cumplió, después que el Señor hubo expresado su solemne resolución: "He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor." (Mateo 23:38, 39).

 

Joel presenta, entre muchas otras cosas importantes, el día grande y terrible de Jehová: "Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?" (Joel 2:11). Ello acontecerá "en aquellos días, y en aquel tiempo" cuando Jehová hará "volver la cautividad de Judá y de Jerusalén." (Joel 3:1). Preste usted atención a esto. Entonces el lagar será pisado, y entonces también la mies será segada (Joel 3:13). Esto ayuda a una decisión correcta en cuanto al mismo acontecimiento en Mateo 13, así como también en Apocalipsis 14. La siega de la mies no es el fin del globo terráqueo, sino meramente una época particular que es finalizada mediante dicha siega. Véase Joel 3.

 

Sofonías proporciona una respuesta completa a cualquier pregunta con respecto al tipo de circunstancias que serán introductorias del reinado del Mesías. Preste atención a las palabras "en aquel tiempo" en su relación, en el pasaje siguiente:

 

"Por tanto, esperadme, dice Jehová, hasta el día que me levante para juzgaros; porque mi determinación es reunir las naciones, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira; por el fuego de mi celo será consumida toda la tierra. En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento." (Sofonías 3: 8, 9).

 

No hay ambigüedad alguna aquí en cuanto a cómo será introducido el último día. Será "en aquel tiempo" — en relación con la terrible crisis predicha: "En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento."

 

Zacarías, en el uso del tipo de Josué, sumo sacerdote hijo de Josadac, parece presentar a Uno mucho mayor que él.

 

"Así dice Jehová de los Ejércitos: ¡Mirad al hombre cuyo nombre es EL VÁSTAGO! y él de su propio tronco brotará; y edificará el Templo de Jehová. Sí, edificará el Templo de Jehová, y llevará sobre sí la gloria; y se sentará y reinará sobre su trono, siendo Sacerdote sobre su trono; y el consejo de la paz estará entre los dos." (Zacarías 6: 12, 13 - VM).

 

Qué claras y hermosas son las verdades enunciadas aquí. Este soberano será también un sacerdote, " Sacerdote sobre su trono." "Y el consejo de la paz estará entre los dos." El REY podrá entrar en un consejo de paz, incluso con los rebeldes judíos, por medio de su propio sacerdocio. Para ejercer misericordia, debe haber sacerdocio. No obstante, el soberano podría haber reinado sin mostrar misericordia; y así, por consiguiente, sin mediación alguna. La posición de mediador no fue esencial para la soberanía del Hijo del Hombre. Para el ejercicio de la gracia, ello fue necesario; pero no para ejercer una soberanía justa. ¿De dónde, entonces, la noción de un 'reinado mediador'? Hay un sacerdocio mediador, y hay soberanía en gracia como resultado. Pero los dos, aunque unidos en una sola Persona, son pensamientos diferentes que pertenecen a cargos perfectamente distintos en naturaleza. Uno puede existir, no, uno existe, sin el otro. El sacerdocio es ejercido ahora, no la soberanía. El rey, de hecho, ha nacido, y Su derecho al trono asignado a Sus manos; pero Él no ha ascendido aún a Su trono; no ha tomado para Sí el ejercicio verdadero del poder real. La expresión 'reinado mediador' es, entonces, sencillamente confusión. No existe reinado mediador alguno. Hay un sacerdocio mediador o intercesor, y ha de haber soberanía delegada; soberanía asignada por Dios a las manos del Hijo del Hombre, un dominio milenial. Pero un 'reinado mediador', lo repetimos, es sencillamente un despropósito. Un reinado de gracia resultará de la mediación, pero hay toda la diferencia de causa y efecto entre ellos.

 

En ese libro profético nosotros tenemos, asimismo, una de las más solemnes imágenes del gran día de la intervención de Jehová.

 

"He aquí, el día de Jehová viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos." (Zacarías 14: 1-5).

 

Nosotros presentamos esto como una muestra, de una vez para siempre, de la colosal crisis que debe acontecer alrededor de Jerusalén. ¡En cuántas Escrituras esta 'reunión de naciones' está predicha! Ello es, también, cuando la cautividad de los Judíos terminará; no a su comienzo. Lo que está descrito aquí no es una crisis pasada. Ella es futura, ciertamente. Y es cuando "vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos." Nosotros sabemos, por revelaciones subsiguientes, que habrá una venida de Jehová manifestado en la carne. ¿Acaso no es la venida de la cual se habla aquí esa misma venida personal? Esta profecía no revela el modo de la venida que es predicha. Nosotros no podríamos determinarlo a partir de esta sola Escritura. Pero ciertamente, en la luz de predicciones subsiguientes, nosotros podemos estar seguros de que lo que está predicho aquí no es nada más ni nada menos que el segundo regreso personal del Señor Jesús.

 

Malaquías proporciona también el testimonio de los grandes acontecimientos del futuro; nosotros podemos proporcionar solamente una breve cita:

 

"Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos." (Malaquías 4: 1-3).

 

Tal es el tenor de las predicciones del Antiguo Testamento. La introducción, mediante una crisis de misericordia y juicios mezclados, del reinado universal de un Rey designado por Jehová, es la solemne característica de todas ellas. Pero hay aún un misterio detrás. Este Rey ha de tener una esposa celestial, así como súbditos terrenales. El Antiguo Testamento no revela esto. Para este pensamiento maravilloso nosotros debemos ir al Nuevo Testamento, La iglesia — el cuerpo de los santos del intervalo actual, entre la partida y el regreso del Señor Jesús — no fue el tema de las predicciones del Antiguo Testamento. Los santos de esa dispensación pasada se sentarán en los lugares celestiales del futuro reino en la presencia del Rey como sus amigos, los 'amigos' del esposo, y ellos se regocijarán al verle tomar Su esposa; pero ellos no formarán parte de la esposa. El Rey reinará sobre los santos del período futuro, pero ellos no reinarán con Él, tal como la esposa lo hará. Hay esferas de gloria; hay gradaciones en el reino. Las "cosas celestiales" fueron una revelación posterior. Las cosas terrenales serán la porción de Israel, y las naciones. Las cosas celestiales, así como el hecho de reinar sobre las cosas terrenales, son la porción del Esposo, de la esposa, y de sus 'amigos'. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo se propuso en Sí mismo "reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." (Efesios 1: 9, 10).

 

El día sucede al amanecer. El albor ilumina hasta llegar a ser la luz del mediodía. Nosotros dirigimos la atención hacia adelante, hacia ese 'cumplimiento' de la palabra de Dios que fue concedida a los apóstoles, especialmente a Pablo. Y concluimos estos bocetos muy apresurados de unos pocos rasgos principales solamente, de la revelación progresiva de Dios, en las palabras de aquel apóstol muy favorecido:— "Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de lapromesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales." (Efesios 3: 4-10). "Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén." (Efesios 3: 20,21)

 

 

Traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.- Mayo/Junio 2017.-

Título original en inglés:
THE DAWNING LIGHT OF PROFECY
Traducido con permiso

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