EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

LA DIVINA INSPIRACIÓN - DANIEL A MALAQUÍAS (WILLIAM KELLY)

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Divina Inspiración de las Escrituras

El Designio divino

 

DANIEL a MALAQUÍAS

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

 

 

DANIEL

 

 

¿Tenemos nosotros, desde su propia evidencia interna, una prueba clara y concluyente de que el libro está marcado por un objetivo especial por parte de Dios? ¿Quién puede negar, cuando sopesa su testimonio como un todo, que Daniel es, como ningún otro, el profeta de "los tiempos de los gentiles" (Lucas 21:24)? Existe un testimonio valioso pero conciso en el posterior libro de Zacarías subsiguiente a la cautividad Babilónica. Pero ni allí, ni en todas las otras profecías reunidas, se podría recopilar algún terreno real de comparación con el piadoso Judío cautivo, el cual fue llamado en la providencia de Dios a la posición más elevada de asesoramiento gubernativo, no sólo en la corte Babilónica bajo el monarca más poderoso, sino en la corte Medo-Persa que vino a continuación, hasta los días cuando Ciro reinó único y supremo.

 

Mientras Israel era así de manera manifiesta "Lo-ammi" (No es mi pueblo) (Oseas 1:9), tal como el libro indica de principio a fin, es revelado también el hecho sorprendente de un estado provisional para el remanente Judío en la tierra, inteligencia espiritual en unos pocos, ceguera incrédula en la mayoría. Esto es revelado en Daniel 9:24, etc., como entrando en colisión con el Mesías Príncipe y el hecho de que a Él se le quite la vida, sin tener nada ("Después de las sesenta y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada…" (Es decir, nada de Sus derechos Mesiánicos) (Daniel 9:26 – LBLA), y sus consecuencias ruinosas descritas a partir de entonces " hasta que venga la consumación" (Daniel 9:27) la cual no ha venido. Pero ello se repite también en Daniel 11:36 a Daniel 12:7, donde leemos los detalles de esa consumación, cuando la misma generación incrédula de los Judíos, la cual rechazó hace mucho tiempo al Cristo verdadero, recibirá al Anticristo para su vergüenza y la de ellos y confusión perpetua. El propio gran Profeta advirtió así a los de Su día en Juan 5:43, antes de cualquiera de esas dos terribles catástrofes inmensurablemente más trascendentales que todas las 'batallas decisivas' del mundo, independientemente lo que piensen o digan los racionalistas.

 

La unidad del libro es admitida ahora incluso por los librepensadores más vanguardistas, excepto unos pocos excéntricos de ningún peso. En la primera mitad del libro, que tiene la forma histórica, se habla de Daniel, y los príncipes Gentiles son prominentes (especialmente el primero y el más grande), aunque solamente el profeta pudo interpretar. En la segunda mitad el profeta tiene solamente las visiones así como también las interpretaciones, las cuales se refieren a "los santos" y al "pueblo de los santos" de una manera en que la primera mitad no se refirió. La mejor respuesta a los escépticos que ponen reparos es leer y creer a "el profeta Daniel", tal como el Señor de todo lo denominó.

 

Daniel 1 es un prefacio, desde Jerusalén perdiendo el gobierno directo de Dios (el cual estableció mientras tanto a Babilonia en una nueva posición imperial), hasta el año primero de Ciro. Daniel tiene también un carácter resolutorio en el juicio de los Gentiles hasta la liberación de Israel. Desde Daniel 2 hasta Daniel 6 los Gentiles son prominentes en un modo exotérico (público). Desde Daniel 7 hasta el final, solamente el profeta recibe y comunica el pensamiento de Dios de manera íntima sobre todo, con la gloria del Hijo del Hombre y Sus santos en lo alto, pero Su pueblo estando aquí abajo. Nosotros podemos, por tanto, llamar esto 'medio esotérico' (oculto, reservado). ¿En qué podía una serie de verdad tan inmensa, así como tan íntima, estar en armonía con los tiempos Macabeos? Es cierto que la persecución furiosa de los Judíos por parte del rey Sirio (Antíoco IV Epífanes), y su profanación de la adoración, encuentra un lugar señalado en el curso del libro; pero allí donde lo hace, una indicación clara es presentada de un gran poder, y de un mal peor tipificado así antes del " fin de la indignación" (Daniel 8:19 – VM). ¡Qué triste menosprecio de un libro inspirado es hacer de aquel rey, audaz y cruel como él era, un ciego no solamente al agente final en esa esfera, sino a otros en una escala incomparablemente mayor, todos los cuales han de llegar a estar bajo tratos divinos en "el tiempo del fin" — un tiempo que ciertamente no ha llegado aún!

 

Daniel 2 expresa el hecho interesante e importante de que 'el Dios de los cielos' actuó por medio de un sueño sobre la primera cabeza Gentil de imperio, para mostrar el curso general de dominio que comenzó en aquel entonces hasta su extinción: una imagen espléndida y terrible, pero deteriorándose gradualmente mientras desciende, y finalizando con gran fuerza y marcada debilidad también. Entonces Él establece otro reino — el Suyo propio, después de destruir no solamente el cuarto imperio en su última condición dividida de los diez dedos de los pies (imperio que no existía cuando Cristo padeció o el Espíritu Santo descendió), sino lo que queda de todo desde el principio — el oro, la plata, el bronce, así como el hierro y el barro. Solamente cuando el juicio ha sido ejecutado la 'piedrecita' se expande hasta ser un gran monte y llena toda la tierra. Ello aguarda Su segunda venida.

 

Aquí, como es bien conocido, el racionalista se une con el ritualista al enseñar la autocomplaciente quimera de un 'Israel ideal', a saber, la iglesia o Cristiandad. Sin embargo, en la iglesia no hay Judío ni Griego, sino que Cristo es el todo (Colosenses 3:11). La iglesia es el cuerpo de la Cabeza glorificada, y su vocación es experimentar la gracia en la tierra, esperando la gloria con Cristo a Su regreso. Desmenuzar y esparcir como polvo la imagen de los imperios Gentiles no es, de ninguna manera o en ninguna época, la obra de la iglesia. Eso lo hará la Piedra una vez rechazada pero exaltada ahora, tal como Él declaró en Mateo 21:44 y en otras Escrituras. Pero el Israel literal será librado en el acto, y llegará a ser Su centro terrenal en poder y gloria. Ese es el testimonio uniforme de los profetas. Nosotros no tenemos que envidiar esto al remanente de Jacob arrepentido en aquel entonces, porque nosotros somos llamados a una gloria mucho más resplandeciente con Cristo en los lugares celestiales. Pero, créase ahora o no, el señorío primero (o el antiguo dominio) vendrá ciertamente a la hija de Sion en aquel día (Miqueas 4:8), durante el tiempo que la tierra permanezca.

 

Las historias intermedias en los capítulos 3 al 6 están en completo acuerdo con las predicciones de Daniel, dos de ellas generales (Daniel 3 y Daniel 4) y dos particulares (Daniel 5 y Daniel 6), tal como encontraremos que las profecías son también; pero ninguna de ellas se refiere, de hecho, al flagelo peculiar en los días de Antíoco Epífanes. Ni siquiera en una de ellas hay un rastro de Helenismo impuesto a los Judíos. Ni siquiera en Belsasar tenemos la menor semejanza para castigar a los recalcitrantes contra los dioses del Olimpo.

 

Daniel 3 es para mostrar de qué manera el Gentil, al cual se le confió el poder imperial por parte de Dios, lo usó, profundamente impresionado como él había estado por el secreto imperceptible que nadie más que el Hebreo cautivo pudo interpretar. ¡Qué lamentable! El hombre, en su vanagloria, no permanecerá; es como las bestias que perecen (Salmo 49:12 – LBLA). Ha sido así con respecto a Israel bajo la ley, con Judá, y con la casa de David. La nueva idolatría moderna, bajo pena de muerte más cruel, fue la primera orden registrada del poder mundial Gentil: un vínculo religioso para unir por aquel acto a los varios pueblos, naciones, y lenguas del imperio único, y contrarrestar así la influencia divisiva de dioses peculiares a cada una de esas razas. Pero semejante prueba universal brindó a Dios, ignorado de este modo, la ocasión para demostrar la nulidad de ese ídolo y de todo otro, la derrota total y manifiesta del poder supremo aun por sus propios cautivos echados dentro del horno de fuego ardiendo, calentado como nunca antes. ¡Qué solemne la lección pública leída a los imperios Gentiles, si el hombre no fuese tan olvidadizo de Dios cuando él se empeña en su propia voluntad!

 

El capítulo siguiente, Daniel 4, no es menos general, y más impresionante dado que la humillación más profunda fue infligida por Dios, después que Su advertencia fue despreciada por la misma cabeza altiva del poder imperial. Nabucodonosor había atribuido toda su gloria a él mismo, y fue envilecido, como ningún otro fue jamás, al estado bestial hasta que "siete tiempos" pasaron sobre él. Después de eso, él 'alzó sus ojos al cielo', como un hombre arrepentido y restaurado reconociendo al Altísimo, ya no más como un animal irracional, sino inteligente de manera moral. Es infantil rebajar o restringir al príncipe Seléucida una lección que él nunca aprendió. Es incredulidad el hecho de dudar de los hechos de este capítulo o del anterior. Es ceguera no reconocer que Daniel 3 mira hacia adelante a la liberación de los fieles (no de los "muchos") al final; así como el capítulo siguiente lo hace al día cuando el Gentil no tendrá ya más un corazón de bestia, sino que bendecirá al Altísimo, poseedor del cielo y la tierra: el carácter de la muestra divina cuando este presente siglo malo termina. ¿Qué conexión tenían ambos con el detestable enemigo de los Judíos, Antíoco Epífanes? Nada pudo ser más decidor que ambas muestras del poder de Dios durante la "cabeza de oro" "hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. No creer en estas muestras es la obra de Satanás: y un Cristiano sólo de nombre es ahora mucho más culpable que un pagano de antaño si él ayuda a Satanás contra Dios y Su palabra.

 

Los objetivos especiales de los capítulos 5 y 6 son de no menos importancia. Ni uno ni el otro representan o se asemeja a Antíoco Epífanes. En Daniel 5 nosotros vemos profanidad disoluta provocando en el acto una muy solemne muestra de desagrado divino, y juzgada mediante un castigo providencial esa noche misma. Ya sea que existan monumentos o no, la Palabra de Dios permanece para siempre. Nada hay más peligroso que confiar en cualquier cosa o en una cosa contra la Escritura; y, ¿qué puede ser más pecaminoso? ¿De qué provecho son las valientes palabras de hombres enamorados de ladrillos, cilindros Babilónicos, etc.? Que se cuiden ellos de los lazos del gran enemigo; ni siquiera el poder de la resurrección quebrantó la incredulidad Judía. En Daniel 6 el hombre fue establecido por un tiempo mediante artificio como el objeto único de oración y adoración, lo que trajo sobre sus maquinadores la destrucción repentina que ellos habían planeado para los fieles. ¿Qué relación tuvo esto, así como tampoco la tuvo el capítulo anterior, con el malévolo flagelo de Antíoco Epífanes? Estos dos capítulos preparan el camino, para el juicio de Babilonia en uno de ellos (Daniel 5), y para el de la Bestia en el otro (Daniel 6), tal como es presentado en el libro del Apocalipsis, donde se muestra que ambos perecen terriblemente aunque con diferencia.

 

Siguen a continuación las comunicaciones más complejas de la mente de Dios acerca de las cuatro "Bestias", especialmente la última, mucho más completas y más íntimas que en el capítulo 2. El movimiento del cielo es revelado, y el interés de Dios por Su pueblo, y particularmente en los que padecen por Su nombre especificados como "santos" e incluso "santos del Altísimo." (Daniel 7:18). El sueño de Nabucodonosor, condescendiente como era para él e inspirador de temor en sí mismo, no contenía visión alguna de gloria en lo alto, ningún prospecto semejante para el cielo o la tierra, ninguna muestra semejante de propósito divino en el Hijo del Hombre.

 

Pero como en Daniel 2, aún más así en Daniel 7, el último y más distante imperio, el cuarto, es descrito de manera mucho más completa que el imperio Babilónico en existencia en aquel entonces, o que el Medo-Persa que siguió a continuación, o el Griego que lo sucedió a su debido tiempo. Porque nosotros tenemos una multitud de predicciones minuciosas de una naturaleza sin precedentes, los muchos cuernos en el último imperio en su final, la audaz presunción y la impaciente ambición de su último jefe, el cual desde un comienzo pequeño gobernó a los demás, y, no satisfecho con hollar a los santos, se alzó en blasfemia contra Dios y sus derechos. Pero esto provoca el juicio sumario y final sobre todo, con la acción del cielo estableciendo el reino eterno de poder y gloria aquí abajo.

 

Una revelación tal colisiona de manera fundamental con los cánones de la Alta Crítica, y demuestra, si se cree en ella, la absoluta futilidad de los altos críticos. Por eso que nosotros podemos entender los feroces esfuerzos de librarse de la verdad sin adornos que Daniel establece ante nosotros en su visión. El intento de separar los elementos Medos y los Persas, como para hacer que ellos sean respectivamente el segundo y el tercer imperios, es desesperado e indigno. Daniel 5:28 fue explícito de antemano así como Daniel 6: 8, 12, 15; y después el capítulo 8 demuele tal contradicción de la Escritura. El "oso" en el capítulo 7 responde al "carnero" en el capítulo 8, el cual tenía dos cuernos, los reyes de Media y Persia — no dos Bestias, sino un poder compuesto de manera expresa. El leopardo, por tanto, con sus cuatro cabezas responde al macho cabrío de Grecia, porque cuando su cuerno notable fue quebrado, salieron otros cuatro cuernos en su lugar. La cuarta Bestia, diferente de todas las Bestias anteriores, no es otro sino el Imperio Romano, la cual tiene diez cuernos en su forma final, después de lo cual, cuando el cambio adicional viene, el juicio divino cae en una forma sin anterior parangón (Daniel 7: 11 y 12). [*]

 

Si nosotros dejamos entrar, como estamos obligados, la luz adicional del Apocalipsis, donde no podemos sino reconocer a la misma "Bestia" que Daniel vio en el cuarto lugar, nosotros obtenemos la más plena certeza, de la lectura de Apocalipsis 17, de que las siete cabezas eran formas de gobierno sucesivas, de las cuales la sexta, o cabeza imperial, estaba en existencia cuando Juan vio la visión (Apocalipsis 17:10); y que los diez cuernos eran contemporáneos, dado que todos "por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.". Esto es preparatorio para la última crisis, cuando ellos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá (Apocalipsis 17: 12 al 14). Esto es mostrado también de manera decisiva en Apocalipsis 17:16, a saber, " Y los diez cuernos que viste, y la bestia [no 'en la bestia'], éstos aborrecerán a la ramera, etc." (Apocalipsis 17:16 – VM), tal como dan también el reino de ellos a la "Bestia" hasta que se cumplan las palabras de Dios. Esto elimina, por tanto y absolutamente, el intento de hacer que los "diez cuernos" signifiquen solamente diez reyes sucesivos, como para aplicar la lista a los reyes Seléucidas, y hacer que parezca que Antíoco Epífanes era el cuerno pequeño de Daniel 7, el cual se deshizo de los tres últimos de sus predecesores. Un esquema semejante es una mera perversión de la Escritura, disloca completamente el capítulo, y nos priva de la única interpretación verdadera. Porque esto supone una interposición divina al final del siglo (o edad) en juicio del Imperio Romano, revivido para cumplir su destino completo y para ser juzgado por el Señor Jesús en Su aparición.

 

[*] Hasta donde yo se, Efrén (o Efraín) de Siria (un diácono y escritor, músico, padre de la iglesia y doctor de la iglesia sirio), se encuentra solo entre los primeros eclesiásticos al tratar a Antíoco Epífanes como el cuerno pequeño de Daniel 7. Siendo él un hombre honesto, unido de manera extrema a la vida monástica, y vehemente contra el heterodoxo, él murió en el año 378 d. C., pero uno tiene que saber aún por qué su diferencia con todos los otros padres de la iglesia, anteriores y posteriores, deba tener peso. Hugo Grocio, Hugo Grotius o Hugo de Groot (un jurista, escritor y poeta holandés) y otros, tristemente célebre por excluir el futuro y a Cristo, y por limitar la profecía a la historia pasada, siguieron en tiempos modernos, aunque los primeros padres de la iglesia condujeron en la misma senda de incredulidad.

 

El primer imperio tenía una simplicidad peculiar a sí mismo. El segundo, o Medo-Persa, tenía elementos duales; y así que tiene el símbolo "dos cuernos" (Daniel 8:20, de los cuales el más alto creció después (Daniel 8:3). El tercer imperio, o imperio Macedonio, después de su breve ascenso tuvo cuatro cuernos, de los cuales dos son mencionados particularmente como teniendo que ver con los Judíos en Daniel 11. El cuarto imperio es, sin lugar a dudas, el Imperio Romano, diverso de todos los demás anteriores a él, y distinguido por una forma notable de diez cuernos coincidentes, antes de su juicio destructivo llevado a cabo por un reino divino que reemplaza a todos, verdaderamente solo, tanto universal como eterno. Entonces los santos del Altísimo tienen su espléndida porción, ciertamente no para eclipsar al Hijo del Hombre (como a estos críticos lamentables les gustaría), sino para acrecentar el séquito de Su gloria, la gloria de Aquel que es Heredero de todas las cosas.

 

Ninguno más que el Imperio Romano corresponde a los pies de hierro y barro cocido; ningún otro proporciona una analogía para los diez dedos de los pies en un caso y diez cuernos en otro, del cual es la única fuerza verdadera, diez reyes (sometidos al cambio violento indicado) reinando en conjunto. Tampoco puede cualquier poder que alguna vez asumió dominio ser comparado tan verdaderamente a 'hierro que desmenuza y rompe todas las cosas'. (Daniel 2:40), o a una bestia voraz indescriptible con grandes dientes de hierro, que "devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies." (Daniel 7:7). La entrada del barro cocido Teutón (o invasión de los pueblos Germánicos) indica la fragilidad de la voluntad independiente (en contraste con el antiguo centralismo Romano cohesivo), lo cual, tal como rompió el imperio en el pasado, culminará con la división en diez del futuro, sobre ese renacimiento del imperio que se presupone en Daniel 7 antes que caiga el juicio, y es revelado claramente en Apocalipsis 17. Este es un rasgo completamente ausente en todos los imperios anteriores, así como desde el reino Sirio-Griego, el cual nunca fue un imperio ni se acercó a ello.

 

Como el renacimiento del Imperio Romano es un hecho tan trascendental del futuro y para "el tiempo del fin", puede estar bien hacer notar aquí su evidencia clara y concluyente en la Escritura. En lo que muestran Daniel 2 y 7, el cuarto imperio, o Imperio Romano, está en poder cuando el reino de Dios viene, impuesto por el Hijo del Hombre. Pero el Apocalipsis explica de qué manera esto puede ser y será. En Apocalipsis 13: 1 al 10 se ve a la "Bestia" subiendo una vez más del mar, o estado revolucionario de las naciones, teniendo siete cabezas y diez cuernos. Se ha sostenido siempre identificar estos últimos (los cuernos) con el cuarto imperio de Daniel. Por otra parte, las siete cabezas, añadidas ahora de manera apropiada, sólo pueden confirmarlo, ya que (explicado como lo está en Apocalipsis 17: 9 y 10) esta descripción no es aplicable a ningún imperio conocido de manera tan significativa como al Romano. Solamente tenemos que observar un hecho absolutamente nuevo en conexión con la sanación de esa una de sus cabezas (parece que la imperial) que había sido herida de muerte (Apocalipsis 13:3): que el gran dragón (el cual, en Apocalipsis 12 se declara que es Satanás) "le dio su poder y su trono, y grande autoridad." (Apocalipsis 13:2).

 

La Roma pagana fue sumamente malvada, y tuvo su parte en la crucifixión del Señor de gloria. El mismo imperio Romano reaparecerá al fin del siglo (edad, era), energizado por Satanás en una manera que ni en sí mismo ni ningún otro imperio había conocido jamás. Esto proporciona la llave para su blasfemia y desafío extremos al Altísimo, así como a otros enemigos; a causa de lo cual el tribunal se sentará para juzgar, y su dominio le será quitado (Daniel 7:26 – LBLA) por la ira de Dios desde el cielo, cuando la Bestia con sus ejércitos se atreva a luchar contra el Señor descendiendo en poder y gloria. Los cuernos actuaran entonces como teniendo una sola voluntad con la "Bestia" que está entonces presente para dar unidad imperial. Para más claridad aún tenemos las insinuaciones de Apocalipsis 13, y Apocalipsis 17:8 es muy explícito: "La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición." Por otra parte, al final del versículo leemos, "viendo la bestia que era y no es, y será. (Véase asimismo Apocalipsis 17:11).

 

La "Bestia" sin los cuernos existió bajo los Césares y sus sucesores. Cuernos en sus variadas cantidades existieron sin la "Bestia" en la Edad Media y en adelante: "La bestia…era, y no es." Pero lo asombroso del futuro es que la Bestia, antes de la escena final, no solamente ha de subir del mar, sino con el símbolo mucho más terrible, a saber "del abismo" (Apocalipsis 17:8), el preludio de la perdición. Aquí, por otra parte, la coherencia de la verdad misma se impone. Estas predicciones son aplicables solamente al Imperio Romano y a ningún otro. Para el imperio de Alejandro Magno ellas son irrelevantes; ¡cuánto más a un mero vástago del mismo! No, es el imperio que se levantó contra el Señor estando en humillación, el cual, cegado y llenado por el poder de Satanás, hará guerra contra el Cordero cuando Él venga en gloria para su ruina espantosa.

 

Daniel 8 es manifiestamente de un carácter y alcance más circunscrito que las profecías generales de Daniel 2 y Daniel 7. Aun así, es no obstante importante para su designio, porque se dedica solamente a una parte especial; pero todos estos capítulos nos conducen por igual a la catástrofe al final. Al igual que nosotros hemos visto que esto es evidentemente verdad acerca de las grandes visiones del libro, del mismo modo es igualmente verdad acerca de los detalles, la circunstancia de los cuales expone la falacia de identificar los objetos. Todos entran en colisión con el juicio divino; pero ellos son distintos tanto en carácter como en hecho. Tenemos aquí, entonces, el segundo imperio Medo-Persa atacado de manera abrumadora por el tercer imperio o reino Griego de Alejandro Magno. Es difícil de explicar cómo es que cualquier mente íntegra no puede lograr aprehender esto de la lectura sencilla del texto. El gran cuerno fue quebrado cuando el macho cabrío se engrandeció, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables. De uno de estos cuatro reinos salió un cuerno pequeño que creció mucho, y también se inmiscuyó de manera peculiar con los Judíos y el santuario. Confundir este opresor con el cuerno pequeño de Daniel 7 es una deplorable falta de comprensión. Uno fue manifiestamente el gobernante de una parte del imperio Griego en el Oriente (Daniel 8:9, así como el otro llega a ser, desde un pequeño comienzo, el jefe del imperio Occidental (Daniel 7:8). Ambos han de ser excesivamente impíos e inicuos, ambos han de ser ciertamente castigados por Dios de manera única. Pero confundir estos cuernos pequeños es perder la diferencia de los actores al final, incluso completamente opuestos como ellos son uno del otro, aunque ambos infligen los peores males sobre el pueblo escogido. Ahora bien, no hay la menor necesidad de decir aquí muchas palabras, ya que hay acuerdo en que la visión en su última parte desde Daniel 8: 9 presenta el enemigo Seléucida de los Judíos y de su religión. Y parecería que Daniel 8: 13 y 14 son aplicables a su profanación del santuario y su supresión del continuo sacrificio.

 

Como es habitual en Daniel y en otra parte de la Escritura, la interpretación no sólo explica sino añade de manera considerable, y se detiene en particular, no acerca de Antíoco Epífanes como tipo, sino acerca del enemigo anti típico final en la misma área en el día postrero. Es débil pretender que el terrible final predicho para el infame personaje del futuro, en este capítulo y al final de Daniel 11, pudo cumplirse en la muerte de Antíoco Epífanes, terrible como él fue en la estimación de Griegos así como de Judíos. Por lo tanto, la predicción real de su historia en los versículos precedentes del mismo capítulo 11 hasta el versículo 32, no se explayan acerca de ello, comparado con el de aquel que es encontrado "al cabo del tiempo" (o "al tiempo del fin").

 

Porque la profecía continúa hasta la consumación, cuando Dios interfiere en poder inequívoco. Por eso que el intérprete angelical haría que Daniel supiese "lo que sucederá al final de la ira (o indignación)" (Daniel 8:19 – LBLA). ¿Quién puede decir, con la más pequeña muestra de verdad, que esto fue en los días del Sirio impío o de la resistencia Macabea? El "final de la ira (o indignación)" será solamente cuando Israel esté arrepentido verdaderamente y Dios no tenga ninguna controversia más con Su pueblo. Esto tampoco debería sorprender a cualquiera que lee la Escritura en fe, dado que todos los profetas miran hacia adelante a aquel momento feliz. La verdadera persona que está delante de la mente del Espíritu Santo es una que "se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana" (Daniel 8:25), de una manera que trasciende a su tipo en la historia pasada. Por lo tanto, un intervalo aparece necesariamente en cada una de las profecías. En ningún caso su continuidad es ininterrumpida. Se ha dicho bastante para hacer que el significado general sea claro; pero en todo caso el Espíritu Santo se detiene acerca de la escena final que se conecta con el tema que está ante nosotros, porque sólo entonces el juicio de Dios decidirá todo absoluta y públicamente, e introducirá el reino de poder y gloria que nunca pasará.

 

Daniel 9 tiene sus peculiaridades propias. Aquellos que contrastan este libro con otras profecías, como careciendo del elemento predominantemente moral, sólo demuestran su propia ceguera. En ninguna profecía dicho elemento es más conspicuo; y el mismo capítulo que expresa tan profundamente a Dios un corazón que se identifica con los pecados e iniquidades ("hemos pecado, etc., Daniel 9:5) de los hombres de Judá, y de los habitantes de Jerusalén, y de todo Israel cerca y muy lejos, pero con la intercesión más ferviente, es precisamente el capítulo en que, mientras él oraba, recibió de Dios una predicción que es, en algunos aspectos, muy sorprendente y más importante que cualquiera en la Escritura. Incluso el racionalismo no puede sino reconocer aquí que la bendición prometida del versículo 24 pertenece a la esperanza Mesiánica, cuando los 490 años finalizan realmente. Dicha predicción comparte, por tanto, toda otra predicción en el libro, la señal de ir hasta el final del siglo (era); cuando los tiempos de los Gentiles se cumplan, y Dios establezca Su reino en Cristo mediante juicios ejecutados sobre toda infracción, Judía o Gentil. Pero aquí, donde hay una referencia a los setenta años de Jeremías (Daniel 9:2), con el regreso provisional de un remanente desde Babilonia para reedificar la ciudad y el santuario, nosotros no tenemos que se habla sólo a Jehová el Señor de Israel, sino que también es abordada la primera venida del Mesías y Su muerte. Esto interrumpe el argumento de las siete semanas, como debe hacerlo de manera natural; y un panorama de desolación no fechado sigue a continuación. Porque ello incluye claramente el rechazo del Mesías, y no deja nada más que la destrucción de la ciudad y el templo, y una inundación de tribulaciones sobre los Judíos. El intervalo viene allí claramente. La muerte del Mesías fue "después" de la semana sesenta y nueve = 483 años [*]. La desolación determinada sigue a continuación, y hasta el fin de la guerra, fuera del todo del curso de las "semanas", lo que es difícilmente posible que un hombre serio niegue.

 

[*] N. del T.: Sesenta y nueve semanas de años = 69 semanas x 7 años = 483 años.

 

La última semana queda para el final, sin fijar alguna conexión con el punto de partida, excepto que el "príncipe" Romano (cuyo pueblo vino y destruyó Jerusalén) hará, en el tiempo del fin, un pacto con "muchos", o con la masa de Judíos desleales, por una semana o siete años, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Es decir, él reprimirá la religión Judía, contrariando su pacto; y por "la protección [en lugar de "la muchedumbre"] de las abominaciones" o ídolos, que toman el lugar de esa religión, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre "la desolada" [no sobre el desolador] es decir, Jerusalén. El desolador perece ser el último enemigo nororiental, mientras que el príncipe Romano es aquel que es tan prominente en Daniel 7, donde nosotros vimos los tiempos y las leyes dadas en sus manos para la misma última media semana, un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo (tres años y medio).

 

En lugar de esta interpretación clara, digna, y homogénea, ¿qué dicen los neo críticos? Ellos afirman: «No puede haber ninguna duda razonable de que esto [el hecho de que se quitará la vida al Mesías] es una referencia al sumo sacerdote Onías III, desposeído de su cargo por Andrónico (año 171 a. C)», mientras el resto se vuelve a Antíoco. Obviamente, todo es caos entre estos críticos. El designio es pervertir la profecía, desde la muerte de Cristo y la quema de la ciudad de ellos y la inundación de desolación, hasta esos asesinos. El alcance preciso es claro si la interrupción de la serie es observada en el texto, con el significado futuro de la última semana. Si esto es verdad, ello es un golpe de muerte para los 'más altos críticos', y una prueba irrefutable de que el Daniel verdadero lo escribió, el cual introduce aquí de manera clara, la verdad terrible del rechazo de Cristo, rechazo que ha aplazado el reino mundial hasta Su segunda venida, mientras los desastres de los pobres Judíos son mostrados, no solamente hasta que los Romanos destruyeron su ciudad y su templo, sino al fin del siglo (era) cuando ellos afrontan su peor tribulación, antes que la liberación venga para los piadosos en aquel día, como ciertamente lo hará.

 

Daniel 10 responde a la primera porción de Daniel 9 cuando el poder de Babilonia fue quebrantado, y una nueva dinastía reinó con favor hacia los Judíos. Daniel no estaba decepcionado de manera alguna en cuanto al estado moral de los Judíos, sino que fue llevado a humillación y oración más que nunca antes. Así como la visión del capítulo 9 le fue dada, y el rechazo violento del Mesías es su hecho muy notable dentro de un período medido, del mismo modo, en el capítulo 10 Daniel vio a Uno de gloria sin par, y tuvo una comunicación angelical (inscrita en la Escritura de verdad) acerca de lo que acontecería a su pueblo en los postreros días. Y nosotros encontramos, por tanto, que una profecía sigue a continuación en los capítulos 11 y 12, notable más allá de cualquiera en la Escritura para detalles, especialmente para la persecución que aconteció a los Judíos en la tierra por su religión. Desde allí ella vuelve con clara insinuación al "tiempo del fin", cuando el espíritu de incredulidad similar entre los Judíos, que había dado muerte al Mesías mucho antes, recibirá al Anticristo al fin del siglo (era), introduciendo los conflictos de los poderes Gentiles y la tribulación sin precedentes que precede a la liberación del remanente Justo, y el bienaventurado descanso de aquel día.

 

Los tres últimos capítulos son también una profecía particular, siendo Daniel 11 extremadamente minucioso, para feroz disgusto de aquellos que piensan por Dios y Le dictarían a Él si ellos pudiesen. Hay una rica variedad en la Escritura, y no la hay menos en la Palabra profética. Nuestro lugar es inclinarnos ante Dios y aprender de Él. La incredulidad es juzgada por Aquel que es digno de toda confianza y adoración. Ahora bien, el capítulo 11, peculiar como puede ser, requiere y merece nuestra confianza más plena, no obstante lo que digan los escarnecedores. Fue en el año tercero de Ciro cuando la revelación vino a Daniel (Daniel 10:1). Tres reyes más iban a surgir en Persia

— Cambises, Pseudo-Esmerdis, y Darío Histaspes; y después el cuarto, más rico que todos ellos, a saber, Jerjes, el cual, cuando se fortaleció por medio de sus riquezas, levantaría a todos contra el reino de Javán o Grecia (Daniel 11:2) Esto presenta el intervalo apropiado, el cual debe existir necesariamente, a menos que un argumento ininterrumpido fuese insertado: una cosa sin precedentes en tales casos, ya que nosotros hemos visto que el intervalo es regular.

 

El personaje siguiente es el príncipe Macedonio, el cual devolvió el golpe intentado por Persia. Ningún hombre desprejuiciado puede evitar ver a Alejandro Magno en el versículo 3, o su reino dividido en el versículo 4, lo cual introduce dos de esas divisiones, los reinos del norte y del sur, y sus conflictos que siguen a continuación. Además, es evidente y cierto que en los versículos 21 al 32 nosotros tenemos el relato completo acerca de aquel que aborreció a los Judíos y su religión más que cualquiera (a saber, Antíoco Epífanes). La teoría escéptica es que un patriota Judío, en su día, personificó a Daniel de antiguo renombre en el exilio, y convirtió la historia pasada en profecía admitida hasta aquel momento. Pero los hechos se alzan en oposición a eso en que cuando Antíoco Epífanes es dejado afuera, los versículos 3 al 35 presentan un prolongado estado de prueba que sobrevino para los Judíos, cuando su antiguo enemigo había dejado de perturbar; y que el texto declara expresamente que la prueba de ellos iba a continuar "hasta el tiempo del fin." (Daniel 11:35 – VM). Aquí, por tanto, el gran intervalo está implícito de acuerdo con las otras predicciones del libro, e incluso con el mismo principio en una escala menor entre los versículos 2 y 3 de este capítulo mismo, como ya se ha señalado y es innegable.

 

Luego, desde el versículo 36, nosotros nos encontramos confrontados con el momento final. No se nos habla acerca de un rey del norte o del sur como anteriormente, sino del "rey", aquel último inicuo al cual un profeta tan distinguido y tan temprano como Isaías presenta en Isaías 30:33 e Isaías 57:9 bajo la misma frase ominosa. Él es el rival personal Ungido reinando como se le place, y plenamente contrastado así con Aquel que hizo sólo la voluntad de Su Padre. Se trata de un enérgico esbozo de uno que se exalta a sí mismo contra todo dios; mientras que Antíoco Epífanes estaba consagrado a los dioses de Grecia y Roma. Aunque hablando cosas espantosas contra el Dios de los dioses, él ha de prosperar hasta que concluya la indignación ("Aquel rey pues hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios: y contra el Dios de los dioses hablará cosas espantosas; y saldrá con lo suyo, hasta que se concluya la indignación." Daniel 11:36 – VM) — la indignación de Dios contra Su pueblo culpable (tal como Isaías habló también), otra demostración de días aún por venir. Al príncipe Palestino (lo cual Antíoco Epífanes no era, sino rey del norte) no le importarán los dioses de sus padres, a saber, Jehová (dado que él es un Judío apóstata), ni el favorito de las mujeres (el Mesías, la esperanza de Israel), ni ningún otro dios (es decir, dioses de los Gentiles), cosa última que es falso y absurdo decir acerca de Antíoco Epífanes. ("No le importarán los dioses de sus padres ni el favorito de las mujeres, tampoco le importará ningún otro dios, porque él se ensalzará sobre todos ellos." Daniel 11:37 – LBLA). A decir verdad, se trata del Anticristo  predicho desde hace mucho tiempo, presente en aquel entonces, suplantando a Cristo, negando al Padre y al Hijo, viniendo en su propio nombre, y recibido por aquellos que rechazaron a Aquel que vino en el nombre del Padre. Su destrucción y la de ellos es mostrada en otra parte. Pero el profeta cambia aquí a la antigua lucha de los reyes del norte y del sur, ambos siendo tan 'opuestos' al "rey" como el uno al otro: una prueba irrefutable acerca de la necedad, en primer lugar de imaginar aquí a Antíoco Epífanes, y después, de negar que estos acontecimientos, creídos o no creídos, son presentados como la predicción del profeta para la última colisión futura.

 

Observen, finalmente, qué acumulación de pruebas Daniel proporciona acerca de estos acontecimientos venideros, que en ellos mismos refutan el mezquino estratagema de ver solamente a Antíoco Epífanes hasta el final. Porque cuando el último rey del norte perece por el juicio divino, una intervención divina a favor de Israel es asegurada "en aquel tiempo." Los judíos la necesitan ansiosamente, ya que ellos estarán pasando a través de su última y más severa tribulación. Pero, a diferencia de su historia por largos siglos calamitosa, "en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro." (Daniel 12:1). No se trata de mera política o destreza, sino de misericordia para los justos. De ahí la figura apropiada de "muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Daniel 12:2). Del mismo modo Isaías (26) y Ezequiel (37) emplearon la misma figura de la resurrección para el levantamiento de Israel nacionalmente, pero con el rechazo de los injustos, tal como nuestro profeta indica claramente. Entonces, el resultado de este breve estudio del libro, atacado por la incredulidad neo crítica, es mostrar que la estratagema de ellos es infundada de principio a fin; y que ella pasa por alto el gran alcance del imperio Gentil, tanto exotérico (N. del t.: Dicho de una doctrina: Que era manifestada públicamente) (Daniel 2) como esotérico (N. del T.: Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente) (Daniel 7). Un gobernante tan considerable como Antíoco Epífanes no podía tener lugar alguno en esto, menos aún ser él la culminación de todo provocando la extinción del sistema entero del imperio Gentil, y por tanto, restaurando a Israel bajo condiciones de bendición y gloria que cambiarán la historia del mundo.

 

Tal momento no ha llegado, evidentemente. Cuando Cristo vino, el cuarto imperio estaba en el poder; el cual desempeñará también su papel contra Él en Su segunda venida, tal como el Nuevo Testamento revela cuidadosa y claramente. Su cruz sentó la base para reconciliar, no solamente a los creyentes, sino a todas las cosas a su debido tiempo. Mientras tanto en el mundo, "los tiempos de los Gentiles", y la "indignación" contra Israel desleal transcurren. El evangelio es verdaderamente gracia soberana hacia todos, y para todos los que creen, y la iglesia es el cuerpo de Cristo para la gloria celestial. Pero el reino mundial de nuestro Señor y de Su Cristo no ha llegado aún, ni tampoco puede llegar hasta que la séptima trompeta sea tocada. Incluso el las profecías particulares de Daniel, donde hay referencia a Antíoco Epífanes (Daniel 8 y Daniel 11), el libro mismo nos enseña a mirar adelante desde su maldad a un mayor y peor antitipo ligado expresamente con el "tiempo del fin", lo que no es aplicable en modo alguno al rey Seléucida.

 

 

OSEAS

 

 

¿Se diferencia el grupo de los así llamados 'Profetas Menores' de todas las otras partes que componen la Escritura Santa? ¿O se caracteriza cada uno de ellos por su propio objetivo especial, y una contribución peculiar a la suma de la revelación divina? Examinemos estos libros brevemente, uno a uno, aunque ellos fueron reunidos, eventualmente, para conveniencia en un único volumen por los Judíos.

 

El trasfondo de Oseas, aunque conciso en estilo y abrupto hasta la oscuridad, es suficientemente claro en lo principal para el creyente atento. Él anuncia, en Oseas 1, la caída de la casa de Jehú y del reino de Israel bajo los hijos simbólicos Jezreel y Lo-ruhama. Una condenación aún más terrible fue insinuada por medio de Lo-ammi, cuando la ruina de Judá dejaría a Jehová sin un pueblo reconocible. Sin embargo, el capítulo no concluye sin la garantía, (1) de que en el lugar donde se dijo Lo-ammi, allí serán llamados hijos del Dios viviente (lo cual Romanos 9 aplica al llamamiento de los Gentiles y a privilegios mayores que los Judíos; (2) de que las dos casas del pueblo dividido serán reunidas bajo una cabeza (el Mesías, sin duda, en un día aún por venir). ¿Acaso esto no es así? 1ª. Pedro 2 aplica el final de Oseas 2 a los Cristianos Judíos aun ahora. Sin embargo, es evidente que el final de ambos capítulos contempla como un todo lo que no se ha cumplido aún en el plazo de tiempo determinado. Oseas 3 llena el espacio con un bosquejo rápido del largo intervalo durante el cual el pueblo permanece sin privilegio, civil o religioso, y no obstante sin idolatría, antes de su bienaventurada restauración en el fin de los días. Esa es la primera sección, tan segura para el futuro, como para el presente.

 

La segunda parte es una serie de reconvenciones, súplicas, amenazas, y lamentaciones por el pueblo amado pero culpable, distinguiendo a los hijos de Israel de los de Judá en peligro; y testificando no solamente acerca de la pérdida del lugar sacerdotal como un todo (Oseas 4:6), sino acerca de los sacerdotes, el pueblo, los príncipes, todos objetos del desagrado y juicio divinos (Oseas 5). Oseas 6 prorrumpe en una emotiva apelación, para que ellos puedan arrepentirse; así como Oseas 7 tiene que pronunciar un ay, debido a que incluso cuando ellos gritaban, no clamaban a Jehová de corazón. Por lo tanto, Oseas 8 es el sonido de trompeta de la destrucción cercana de Israel y Judá. Sin embargo, en Oseas 9, qué tierno alegato sobre Efraín, a punto de convertirse en un vagabundo, ¡en donde el profeta era un lazo! No era ningún mal nuevo, sino desde Gabaa: ¿qué podía ser sino cortar al rey de Israel y hacer que el Asirio sea el rey de ellos (Oseas 10 y Oseas 11)? ¡Qué contraste con Jacob, tal como Oseas 12 descubre! Sin embargo, Él declara que los redimirá del poder del Seol, y los librará de la muerte (Oseas 13).

 

De acuerdo con eso, el último capítulo (Oseas 14) proporciona palabras de confesión, y regreso a Jehová desde las iniquidades y comodidades de ayuda, con Sus propias promesas bienaventuradas y de bendición, que se harán efectivas tan ciertamente como Él les hablaba a través del profeta.

 

 

JOEL

 

 

Joel se diferencia de manera notable del ámbito general de Oseas, dado que él concentra la atención, a partir de una hambruna que hubo en aquel entonces (Joel 1), sobre el ejército del norte a pesar de sus amenazas de perecer entre los mares oriental, y occidental. Después de eso vendrá no solamente la plenitud de una bendición exterior, sino que el Espíritu divino será derramado sobre toda carne, y en Jerusalén ya no habrá más ruina ni peligro, sino salvación en todos los sentidos (Joel 2). Porque en aquellos días Jehová entrará en juicio con todas las naciones en el valle de Josafat a causa de Israel (Joel 3). El apóstol Pedro tuvo motivos, más allá de la controversia, para vindicar la efusión del Espíritu en Pentecostés como de este carácter, y en ninguna manera se trató de una excitación característica de la criatura racional (Hechos 2:16). Pero él está lejos de insinuar que ello fue el cumplimiento de la profecía, la cual no contemplaba la formación de la iglesia, o la predicación del evangelio a toda criatura, sino las glorias terrenales de un reino Mesiánico para Judá y Jerusalén, tal como se darán en el tiempo debido. Es así que el apóstol Pablo lo aplica de esta manera en Romanos 10 a la salvación del Judío o del Gentil ahora, sin llegar a citar la liberación prometida en el monte Sion y en Jerusalén.

 

 

AMÓS

 

 

¿Quién puede no lograr discriminar la obra asignada al boyero o pastor de ganado Amós de Tecoa? Ninguna persona competente puede negar la hermosura y la fuerza de su estilo, o la lozana originalidad con la cual pronuncia el castigo de Jehová sobre las naciones que rodean a Su pueblo, y el hecho sorprendente de que Judá e Israel caen también bajo él (Amós 1, Amós 2). De hecho, Amós 3 les permite conocer de manera conjunta que, debido a que ellos eran conocidos como ningún otro, por lo tanto Él los visitaría a causa de sus maldades. Pero Él no haría nada sin revelarlo a Sus siervos los profetas. ¿Creen los Cristianos profesantes cualquiera de esas Sus palabras? "Oíd esta palabra" da comienzo a Amós 3, a Amós 4, a Amos 5, siendo todos ellos advertencias a Su pueblo culpable, cuya adoración falsa era el pecado originario de todos los demás pecados. Amós 6 es un 'ay' acerca de la seguridad y lujo propios, al igual que los Gentiles que no conocen a Dios. Jehová Dios, el cual se arrepintió acerca de los juicios destructores ante la intercesión del profeta, tomaría ahora en Su mano una plomada de albañil, y asolaría al pueblo y al rey (Amós 7); así como en Amós 8 el final es mostrado viniendo sobre Israel, y la tierra oscurecida en el día claro. Amós 9 revela al Señor estando (no sobre un muro), sino "de pie junto al altar" (Amós 9:1 – VM) para un juicio aún más aplastante. Sin embargo, mientras Él declara que zarandeará la casa de Israel de un lado a otro entre todas las naciones, Él dice que ni un grano caerá en tierra. No sólo eso, sino que Él dice más: Él levantará el tabernáculo caído de David, y lo edificará como en el tiempo pasado para perdición de los rencorosos enemigos de ellos; Él derramará sobre ellos bendición terrenal generosamente; y cuando Él los plante sobre su tierra en aquellos días, nunca más serán arrancados. Estas realidades gloriosas esperan al Israel arrepentido.

 

 

ABDÍAS

 

 

Abdías requiere pocas palabras, no solamente debido a que es un libro tan corto, sino porque su claro objetivo es muy inequívoco. Edom es el objeto que está ante él, y el juicio que Jehová el Señor infligiría sobre su odio celoso y rencoroso por Su pueblo escogido. La soberbia de ellos los había engañado; sus lugares inaccesibles no los ocultarían: Jehová los derribará. Su alardeada sabiduría es en vano, así como su poderío. Su maldad se agravó, como contra "tu hermano Jacob" (Abdías 10), y "en el día de su desastre." (Abdías 12 – VM). Pero en el día de Jehová sobre todas las naciones habrá liberación (un remanente que se salve) en el monte de Sion, y será santo; y la casa de Jacob recuperará sus posesiones. ¿Puede algo ser más claro que la especificidad de nuestro profeta? ¿O que él mira hacia el futuro, a los triunfos de los postreros días, cuando subirán salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová en una forma y en una plenitud jamás conocidas hasta entonces en la tierra? (Abdías 21).

 

 

JONÁS

 

 

Aquel que no ve el lugar distintivo de Jonás debe tener, extrañamente, poca percepción. La señal profética es en realidad el hombre, o lo que aconteció a él, aunque el mensaje profético, corto como es, debe sorprendernos como estando dirigido a Gentiles en Nínive. La historia es un tipo grande e instructivo de principio a fin; y esto no es una mera idea, sino que es la verdad enseñada por nuestro Señor.

 

Jonás 1 nos cuenta acerca de Jonás encargado de pregonar contra la gran ciudad debido a su maldad. Es extraño decir que él, un profeta verdadero, huye hacia el occidente cuando se le ordena ir al oriente. Pero Jehová envió una gran tormenta sobre el barco que zarpó hacia Tarsis; y Jonás dormía abajo, mientras los marineros clamaban cada uno a su dios, y bregaban en vano. Al fin echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás, el cual, tal como ellos sabían, huía de la presencia de Jehová; y él les ordena directamente que lo echen por la borda como la única forma de que ellos se pongan a salvo. Ellos hicieron esto a regañadientes y con oración a Jehová; y el mar cesó en su furia para mayor temor de ellos, lo cual resultó en un sacrificio y votos a Él. Pero Jehová preparó un gran pez que tragase a Jonás, el cual estuvo en su vientre tres días y tres noches, la señal de Cristo (Mateo 12).

 

Él oró allí, como leemos en Jonás 2, reconociendo que la salvación es de Jehová, el cual mandó al pez que vomitara a Jonás en tierra firme. Y la palabra de Jehová vino a él por segunda vez, ordenándole ir y predicar a Nínive lo que Él diría. Jonás despreciaba a los Gentiles, y temía a la vez que Jehová pudiese arrepentirse del juicio si ellos buscaban su misericordia; y, ¿dónde estaría entonces la gloria de un profeta de Israel, cuando su Sí se transformara en No? La figura de la muerte y resurrección abre la puerta de la gracia a los perdidos. Si Cristo está, de momento, perdido para los Judíos que Le rechazaron, la gracia obra para salvar Gentiles. Jonás lleva a cabo ahora su encargo (Jonás 3), y ellos se arrepienten al oír su predicación, desde el rey hacia abajo, negando a las bestias mismas cubiertas de cilicio, alimento y agua para que pudieran clamar; y Dios se arrepintió de lo que Él había amenazado.

 

Esto desagradó aun ahora a Jonás (Jonás 4) y deseó morir en lugar de que su palabra no se cumpliese y Nínive permaneciera. Pero estaba aquí la verdad tan necesitada por Israel como por Jonás. Por eso la calabacera (que creció bajo la mano de Jehová Elohim para poner al cubierto al profeta mezquino y ocupado de sí mismo) se secó bajo el gusano que Él preparó para este fin, de modo que Jonás se desmayara bajo el calor, y nuevamente deseara morir. Entonces dijo Jehová, "¿Tanto te enojas por la calabacera? . . . ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?" (Jonás 4: 9 al 11). Sí, Él es el Dios de toda gracia, el Dios no solamente de Judíos, sino de Gentiles también, cuyas misericordias como el fiel Creador están sobre todas Sus obras (Salmo 145:9). ¿Qué Judío, qué Rabino, habría alguna vez permitido un libro semejante dentro del canon sagrado, si Dios no lo hubiera escrito para el propósito?

 

 

MIQUEAS

 

 

Viene después un vidente aún más brillante: la "Palabra de Jehová que vino a Miqueas de Moreset", un contemporáneo de Isaías, acerca de Samaria y Jerusalén. El libro se compone de tres divisiones principales, introducidas por un llamamiento a oír, "Oíd, pueblos todos; está atenta, tierra, y cuanto hay en ti" (Miqueas 1:2); "Oíd ahora, príncipes de Jacob, y jefes de la casa de Israel" (Miqueas 3:1); y "Oíd ahora lo que dice Jehová", etc." (Miqueas 6:1). ¿Puede el que menos discierne de los creyentes no lograr comprender su carácter distintivo?

 

El libro comienza con la caída inminente del reino del norte debido a sus transgresiones, pero continúa también hasta el castigo de Judá y Jerusalén. "Hace poco mi pueblo se ha levantado como enemigo." "Levantaos y marchad, pues este no es lugar de descanso por la impureza que trae destrucción, destrucción dolorosa." (Miqueas 2: 8 y 10 – LBLA). El pueblo y sus profetas eran igualmente impíos y rebeldes. Así como el capítulo 1 tiene un bosquejo predictivo acerca del enemigo Asirio viniendo contra Jerusalén, del mismo modo el final del capítulo 2 presenta a Aquel que efectuará el propósito de Jehová de liberación y bendición para el remanente de Israel al fin.

 

En la siguiente sección él apela a los jefes, advirtiéndoles contra los profetas que hacen errar al pueblo de Jehová. Si ellos clamaban, "Paz", sin una visión o luz de Dios, Miqueas podía decir que él estaba lleno del poder por el Espíritu de Jehová para denunciar a Jacob su rebelión y a Israel su pecado. Jefes, sacerdotes, profetas estaban edificando a Sion con sangre y a Jerusalén con injusticia, mientras ocultaban la iniquidad bajo el privilegio de Su nombre. Sion y Jerusalén vendrían a ser absolutamente asoladas (Miqueas 3: 9 al 12). Pero esto es seguido, en Miqueas 4, por el brillante retrato con el que Isaías comienza su Isaías 2. Solamente que Miqueas, en lugar de continuar hasta el juicio abrumador del día de Jehová como allí, predice la ida a Babilonia mientras Isaías lo hace en su Isaías 39. Desde allí él se vuelve a las escenas finales donde muchas naciones se reúnen contra Sion, lo cual es dicho para levantar y trillar muchos pueblos (Miqueas 4:13): un juicio que espera su seguro cumplimiento cuando el primer o antiguo señorío vendrá a ella. (Miqueas 4:8).

 

Esto brinda la ocasión para anunciar una razón más profunda aún para aplazar la bendición y la dejación de Su pueblo por una temporada. Terrible es pensar y decir que ¡ellos con una vara herirían en la mejilla al juez de Israel! Y un paréntesis revela a Aquel nacido en Belén, cuyas salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Su rechazo fue el propio rechazo de ellos, hasta que el consejo de Dios venga a nacer; cuando el residuo de Sus hermanos, en lugar de fusionarse en la iglesia de Dios como ahora, volverá a los hijos de Israel, y el reino sea mostrado en poder y gloria delante de todo el mundo. Y la perspectiva es bellamente descrita al final de esta parte.

 

La tercera sección es un llamamiento muy conmovedor a oír la controversia de Jehová con Su pueblo, a pesar de Su bondad para con ellos desde el principio y a través del desierto hasta Canaán. Lo que Él valora no son los holocaustos sino la justicia. Ante la iniquidad, el engaño, y la violencia, de lazos humanos convertidos en enemistad tanto más maligna y destructiva, el profeta espera a Jehová con confianza de liberación y vindicación. Y él mira a través de la desolación que debe intervenir debido a los pecados de Israel hasta la restitución de todas las cosas, en el día postrero, cuando las naciones se avergonzarán de todo su poderío, y lamerán el polvo. "¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en su ira para siempre, porque se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, hollará nuestras iniquidades. Sí, arrojarás a las profundidades del mar todos nuestros pecados. Otorgarás a Jacob la verdad y a Abraham la misericordia, las cuales juraste a nuestros padres desde los días de antaño." (Miqueas 7: 18 al 20 - LBLA). Al negar la fidelidad de Dios para con Israel y al monopolizar las promesas terrenales, Babilonia se ha mostrado a sí misma, como en todo lo demás, infiel al lugar verdadero de Su iglesia, en el padecimiento actual y la gloria futura con Cristo. Pero nosotros no hablamos de aquella que ocupaba la llanura de Sinar (Génesis 11:2), sino de la mujer más culpable que está sentada sobre siete montes (o colinas), y en su frente un nombre escrito, un misterio (Apocalipsis 17), la corrupta contraparte de la desposada, la esposa del Cordero Apocalipsis 21:9).

 

 

NAHUM

 

 

Así como Miqueas mencionó a Babilonia y al Asirio en una pequeña proporción, a los cuales Isaías presentó mucho más plenamente, Nahum se ocupa sólo de Nínive y su jefe antes que fuesen ordenados los poderes mundiales. Porque ese fue el orden históricamente, así como será lo contrario proféticamente. (Compárese Isaías 13 e Isaías 14 con Miqueas 4, Miqueas 5). Porque lo que responde a Babilonia, la Bestia imperial o cuarto imperio revivido para juicio en la consumación del siglo (edad), hallará su destino aciago antes de que el Asirio suba con las naciones exteriores para destrucción final cuando Israel será reconocido por Jehová; pero el reino de justicia y paz no es establecido aún. ¿Quién puede negar el lugar especial designado para Nahum en cuanto a Nínive, como tampoco puede negarlo para la tarea peculiar dada a Abdías en cuanto a Edom?

 

Nahum era un Galileo al igual que Jonás; y si el último fue enviado mucho antes a advertir al altivo Gentil, y ante el arrepentimiento a diferir el juicio en misericordia divina, al primero le fue dado, al levantar el Gentil su cabeza de manera aún más orgullosa, pronunciar la indignada venganza de Jehová, no obstante ser Él tardo para la ira; porque Él es tan grande como Él es bueno. En vano salió de Nínive uno que tramó el mal contra Jehová, un consejero de Belial (Nahum 1:11 – LBLA). Él dará un fin completo — la angustia no surgirá por segunda vez (Nahum 1:9 – LBLA); tal como Senaquerib demostró, su yugo quebrado, las coyundas de Su pueblo rotas, de la casa de los dioses Asirios esculturas y estatuas de fundición destruidas, y su sepulcro preparado. El azote finalmente pasado es seguido por la paz perdurable de Su pueblo. (Nahum 1).

 

¿Qué más magnífico que el realista bosquejo gráfico de la destrucción (Nahum 2)? Pero todo termina, no en Jerusalén tomada, sino en Nínive y su palacio derritiéndose en sus propios ríos que revientan las puertas, lo contrario del destino posterior de Babilonia. La guarida de los leones sería una ruina absoluta, en lugar de un terror (Nahum 3). Nínive no fue mejor que la ciudad de Tebas en Egipto (llamada también No-Amón) (Nahum 3:8); no hay cura para su quebranto (Nahum 3:19 – VM).

 

 

HABACUC

 

 

Habacuc comienza quejándose del mal en el pueblo de Jehová (Habacuc 1), cuando a él se le recuerda la obra maravillosa que Él hizo al usar a los Caldeos en su orgullosa energía egotista para castigarlos. Esto hace que su queja se vuelva contra el impío que "traga al que es más justo que él" (Habacuc 1:13 – LBLA), y además, "ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla" (Habacuc 1:16 – LBLA). ¿Puede alguno dudar en reconocer aquí un claro designio?

 

El profeta espera Su palabra, y la respuesta de Jehová viene tan claramente como para que el que corre pueda leerla. El justo por su fe vivirá, antes que la liberación pública sea concedida. Dios es paciente, Su pueblo bien puede serlo. Toda la iniquidad era vista y sentida: la retribución vendría en el momento determinado. Los pueblos trabajan para el fuego, y las naciones se fatigan en vano. Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová (no del evangelio, el cual apela ahora a la fe para el cielo), como las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14). La conquista Babilónica no tendría ningún propósito así como tampoco su famoso edificio; y la embriaguez en la que ellos hacían caer a otros para engaño, así como la de ellos mismos, terminaría en vergüenza, al igual que sus idolatrías: Jehová está en Su santo templo, con independencia del estado de Su casa en la tierra. ¡Silencio! (Habacuc 2).

 

La oración del profeta sigue a continuación en el capítulo 3 y el poder que se dará a conocer, oír, y sentir, se eleva para su alma, cuando él recuerda Su liberación de antaño, aunque nada más que parcial, ya que Él tenía solamente a Israel a la vista, no aún el Mesías y el nuevo pacto. Él anticipa la triunfante porción de Israel, como ya se ve, no menos que la caída de sus enemigos; pero él termina con la fe que espera, aunque ninguna señal aparezca mientras tanto (Habacuc 3).

 

 

SOFONÍAS

 

 

¿Es Sofonías un ápice menos distintivo? ¿No está él, inequívocamente, ocupado de principio a fin con el día de Jehová sobre Jerusalén? Pero la tierra y el remanente Judío están plenamente en perspectiva para aquel día. El reinado del último rey piadoso no lo impidió ni lo postergó; porque el avance general en revuelta de maldad sería del todo más segura cuando ese control se desvaneciera. El juicio divino debe sacar todas las transgresiones, para que la justicia pueda florecer. Casi ninguna verdad es más repulsiva para la Cristiandad altiva y prevaricadora que el trato inesperado del Señor con los vivos, aunque todos confiesan de palabra que Él viene a juzgar a los vivos así como a los muertos. ¿Quién se puede asombrar que los Judíos idólatras la censurasen? Ella es la respuesta apropiada de nuestro profeta a todos los interrogantes. Si Jehová debe juzgar a Su pueblo, todo el mundo debe inclinarse, ninguna nación puede escapar. Lo que Nabucodonosor hizo no fue más que el anticipo de un juicio grande y completo; aun así, Jehová no podía sino comenzar con Su tierra, Su pueblo, y Su ciudad, como en Sofonías 1.

 

En Sofonías 2 se busca un remanente, los humildes, para que ellos puedan ser guardados en aquel día que sorprende a la masa culpable. Está verdaderamente, y por la misma razón, la perdición de los Filisteos, de Moab, y de Amón. Pero no solamente los vecinos; Él destruirá todos los dioses de la tierra; y Asiria con su gran ciudad Nínive caerán en desolación.

 

Sofonías 3 se vuelve a Jerusalén implacablemente. Pero desde el versículo 8 el profeta muestra a Jehová levantándose para derramar Su indignación sobre las naciones y reinos en toda la tierra. Entonces Él volverá a dar a los pueblos pureza de labios para que ellos puedan invocar el nombre de Jehová y Le sirvan de común acuerdo. Y Sus esparcidos regresarán, suplicantes y aceptos, afligidos y pobres, pero justos y nunca más engañadores. Se trata, ciertamente, de un día futuro, cuando nadie los atemorizará. Desde el versículo 15 el profeta llama a la hija de Sion a cantar jubilosa, a Israel a lanzar gritos de alegría. Jehová es su rey y está en medio de ellos, habiendo retirado Sus juicios contra ella y habiendo expulsado sus enemigos. "[Él] se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos." Él les dará renombre y fama entre todos los pueblos de la tierra, cuando Él haga volver a sus cautivos ante sus ojos. Esto es algo completamente diferente del evangelio o de la iglesia.

 

 

HAGEO

 

 

Los tres profetas que quedan existieron después del Regreso, y por lo tanto, se diferencian de todos los anteriores. La casa de Dios, humilde como podía ser, fue una gran prueba para el poco entusiasta estado de ellos. Hageo fue enviado para despertar el celo de ellos: no la providencia de Dios, con independencia de que ella pudo obrar, sino la palabra de Jehová. Surgieron dificultades y ellos dejaron de edificar. No era el tiempo, ellos dijeron. "¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?" responde el profeta, cuando él les señala cómo sus esfuerzos vinieron a fracasar bajo Su mano, mano de Aquel que les dijo, "Meditad bien sobre vuestros caminos." Pero hubo quienes oyeron: Zorobabel y Josué, y otros de oídos abiertos; y el mensajero de Jehová habló por Su mandato, "Yo estoy con vosotros", y ellos vinieron y trabajaron para la casa de Jehová. (Hageo 1).

 

Cerca de un mes después, la Palabra vino a los que tenían oídos para oír, calmando cualquier decepción resultante de la comparación con la casa en su gloria primera: Cobrad ánimo, porque Yo estoy con vosotros. "Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos. (Hageo 2: 6 al 9). ¿Pudo alguna respuesta ser más tranquilizadora o más gloriosa? Algunos creyeron la Palabra en aquel entonces, podemos confiar, para bendición de ellos: ¿creen ahora en ella los hombres que se llaman a sí mismos Cristianos? Con independencia de la medida de aplicación que ella tuvo cuando Cristo vino por vez primera, Hebreos 12 no deja duda alguna de que su cumplimiento espera Su segunda venida. Se puede observar de qué manera tan cuidadosa la casa es contemplada hasta entonces como una. Hay que traducir, por tanto, como la Septuaginta; " La gloria postrera de esta casa", no "la gloria de esta casa postrera." Ello tiene unidad ante Sus ojos.

 

El tercer mensaje se vuelve a la santidad según la ley. Las cosas comunes no son santificadas por el hecho de tocar lo que es santo; aunque lo santo se vuelve inmundo por el contacto con la contaminación. Eso es lo que el profeta declara acerca de este pueblo y toda obra de ellos — es inmundo. Aun así, se les dice que consideren desde este día que, en lugar de herirlos como antes, Jehová los bendeciría (Hageo 2: 10 al 19).

 

El mismo día vino una cuarta Palabra, en la que Jehová dice, "Yo haré temblar los cielos y la tierra; y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones; trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano." (Hageo 2: 21 y 22). Se trata del juicio de los vivos, o a lo menos de esa parte que se relaciona con las naciones que se juntan contra Israel; ello es después de la destrucción de la Bestia y sus reyes y ejércitos vasallos, a los cuales el Señor destruye mediante Su aparición. Zorobabel parece ser tomado como una sombra del Hijo más grande del gran David en el versículo que sigue a continuación. Sería un extraño crítico aquel que no logre discernir el lugar especial de Hageo, y sería un incrédulo aquel que ponga en duda su divina inspiración.

 

 

ZACARÍAS

 

 

No menos distintiva es la obra dada a Zacarías, el cual es el único que se acerca en sus visiones tempranas al carácter apocalíptico de Daniel entre los cuatro así llamados 'grandes profetas'. Pero a diferencia de Daniel, él se ocupa de Jerusalén, y profiere, en sus últimas visiones, las escenas públicas y magníficas de gloria universal bajo Jehová-Mesías para toda la tierra. Si todos los pueblos y todas las naciones se reúnen contra Jerusalén aun en el día de Jehová, Él saldrá y peleará con ellas y herirá a todos los adversarios; y sucederá que todo sobreviviente de todas las naciones que fueron contra Jerusalén subirán de año en año para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Se trata del día de Su supremacía manifestada en medio de Israel, y claramente de un hecho aún a cumplirse. ¿Qué circunstancias entre el remanente retornado dieron al profeta una base existente? ¿Vino el libro de Dios? ¿O es un sueño humano? El hecho que el escritor pudo comenzar con prosa, y elevarse más tarde al estilo poético cuando se requirió, no es ningún portento.

 

Después de un agraviosa apelación en el prefacio de Zacarías 1: 1 al 6, el juvenil profeta vio (tal como en el resto del capítulo) la visión de los poderes administradores de los tres imperios bajo el símbolo de caballos alazanes, overos (bayos), y blancos; porque el primer imperio había fenecido y el regreso provisional de los cautivos a la tierra había sido ya un hecho por cerca de 18 años. El vio después 4 cuernos, poderes que habían dispersado a Judá, a Israel, y a Jerusalén, así como cuatro carpinteros (o artesanos) para derribar esos cuernos Gentiles. Zacarías 2 presenta a un hombre con un cordel de medir para medir a Jerusalén; porque si Jehová celaba al débil remanente, Él mira también hacia adelante cuando Él sería la gloria en medio de ellos; y un cántico tan elevado como cualquiera sigue a continuación. En Zacarías 3 el asunto de ser apto para su presencia es resuelto por la gracia, aunque el sumo sacerdote representa también la responsabilidad entretanto. Pero el Renuevo es prometido, Aquel que será la verdadera Piedra de Israel, cuando la iniquidad de ellos se extinguirá, y la comunión abundará. La visión de orden y santo poder en el testimonio sigue a continuación en Zacarías 4, en su medida de luz en aquel entonces, pero en luz completa sólo cuando reine Aquel que combina realeza y sacerdocio. Zacarías 5 presenta dos visiones de juicio que ha de ser: el rollo volador contra la iniquidad en Israel hacia el hombre y hacia Jehová; y el efa con la mujer (esta es la maldad, o idolatría desmoralizadora) llevada a Sinar, su fuente, para su morada. Después de la visión de los cuatro carros en Zacarías 6, que representan los poderes externos en providencia divina, la palabra de Jehová viene, con ocasión de dones de aquellos de la cautividad, para hacer coronas, una de las cuales iba a ser puesta sobre Josué, mirando una vez más hacia el futuro de manera enfática, al Renuevo que habría de edificar el templo de Jehová, llevando la gloria, sentándose y dominando en Su trono, siendo sacerdote sobre Su trono (N. del T.: no es: "habrá sacerdote a su lado", como expresan algunas traducciones de la Escritura al Español), cuando el consejo de la paz estará entre los dos. ¿Qué creyente puede malinterpretar el especial designio de esto?

 

Zacarías 7 y Zacarías 8 son transicionales. Tales ayunos como los de la cautividad no bastarían: Jehová reclamaba justicia y misericordia, no opresión y mala intención, por lo cual Él los había esparcido. Regresados a Sion, Él restauraría y bendeciría hasta lo sumo, tal como Él aún lo hará. Los ayunos cederán el paso a las fiestas; y los pueblos vienen a Jerusalén como jamás lo habían hecho aún, con independencia de la aplicación de la condición intermedia en aquel entonces.

 

Tenemos después, en Zacarías 9, "La carga (o duro mensaje) del oráculo de Jehová." (Zacarías 9:1 - VM). No solamente Él defiende Su casa contra los enemigos de alrededor, sino que el Rey de Sion vendrá en humillación, hecho cumplido de manera notable y a la letra, pero continuando hasta el día cuando Efraín, así como Jerusalén, contemplarán Sus juicios hablando paz a las naciones y Su señorío será en todas partes. ¿Cómo pudo semejante futuro estar delante del profeta sin encender el fuego de la esperanza tan garantizada? Y se prosigue con esto en Zacarías 10.

 

Pero en Zacarías 11 viene un cambio al patetismo y al dolor, mientras el rechazo de Cristo pasa ante su espíritu, y la usurpación retributiva del Anticristo. Se oye después otro duro mensaje (o "carga") acerca de Israel; la Jerusalén sitiada se convierte en una piedra pesada, como jamás hasta entonces, "a todos los pueblos" (Zacarías 12:3); y la casa de David y los habitantes de Jerusalén serán los objetos de la gracia en arrepentimiento verdadero, y un manantial para limpiar a los que puedan mirar a Aquel que traspasaron se abrirá en aquel día (Zacarías 13). Entonces los nombres mismos de los ídolos, y los profetas y el espíritu de inmundicia serán cortados de la tierra; y Cristo es recordado otra vez, herido en casa de Sus amigos, aunque es Pastor de Jehová, el Hombre que es Su compañero. Por consiguiente, la dispersión es predicha de manera justa, aunque no sin protección para los pequeñitos. Pero estamos nuevamente en presencia de la crisis final (Zacarías 8 y 9), lo cual es demasiado evidente en Zacarías 14, excepto para la obstinada incredulidad. Hay una captura final de Jerusalén en parte cuando todas las naciones se reúnen para asaltarla; pero Jehová decide todo. (Compárese con Salmo 48, Isaías 29, e Isaías 66). El glorioso y bienaventurado resultado es el sometimiento de todos a Él.

 

 

MALAQUÍAS

 

 

La breve profecía de Malaquías tiene sus rasgos morales específicos, exactamente apropiados para el llamamiento final de Jehová a los Judíos en la perspectiva de Su mensajero para preparar el camino, y del Señor viniendo súbitamente a Su templo. Él denuncia la irreverencia, corrupción, y la profanidad en los retornados, pero busca un remanente, y está seguro de la fidelidad divina para con el propósito y la promesa. El nombre de Jehová será grande entre las naciones cuando venga Su reino. ¿Qué es Israel ahora? ¿Qué son los sacerdotes como en Malaquías 2? Todo está subordinado a la venida de Jehová; pero Él juzgará así como también limpiara (Malaquías 3). Entre tanto, los que Le temen tienen el recurso de Su nombre y serán Su especial tesoro, así como Él discernirá también el malo. Porque Su día viene ardiente como un horno para el malo, pero con salvación para los que son Suyos, los que también hollarán a los malos. Ello es para Israel en aquel día, no para la iglesia celestial, aunque nosotros deberíamos sacar provecho de toda la Palabra (Malaquías 4). Por lo tanto, Él recuerda la ley de Moisés, y promete a Elías antes de aquel día, para volver los corazones de los padres a los hijos, y de los hijos a sus padres, no sea que Su venida no traiga bendición sino maldición, como el primer hombre trae consigo.

 

Aquí, como todos saben, finaliza el gran volumen de la inspiración del Antiguo Testamento. Solamente allí se encuentra el auténtico relato de la creación y de la temprana humanidad; allí se encuentra el relato del diluvio, y de las naciones y lenguas posteriormente, de las promesas dadas a los padres, y de Israel, sus descendientes, el pueblo escogido por Dios, pero fracasando bajo la prueba, y peor que todo (tal como los profetas predijeron) cuando ellos rechazaron a su Mesías. Pero los profetas predijeron con igual certeza que Él ciertamente los restaurará, arrepentidos y creyendo, en el día postrero.

 

William Kelly

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Junio/Julio 2016.-

Título original en inglés:
"God's inspiration of the Scriptures"
Traducido con permiso

Versión Inglesa
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