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POSESIÓN; o, EL OTRO LADO DEL JORDÁN (H. H. Snell)

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POSESIÓN; o, EL OTRO LADO DEL JORDÁN

 

 

H. H. Snell

 

De la Revista 'Pasture for the Flock of God', 1875 ('Pastos para el Rebaño de Dios')

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

 

 

Josué, capítulos 5 y 6

 

Fue mediante el poder de Dios que el pueblo de Israel fue llevado a la tierra prometida. La única forma para salir ellos de Egipto a Canaán fue a través de la muerte y el juicio, enunciados por el Mar Rojo, y el Jordán. Sus pies están ahora en la tierra donde los ojos de Dios y la bendición de Dios están siempre. Todo es de Dios. Ellos poseen ahora lo que desearon durante tanto tiempo. Ellos no esperaban estar en la tierra, porque ya estaban allí, y cada centímetro sobre el cual ellos estaban fue para su propio disfrute. Esto es para nosotros como la verdad de la epístola a los Efesios, donde se nos considera como estando sentados ahora en los lugares celestiales en Cristo. Esto trasciende al hecho de haber muerto y resucitado, es la verdad de la ascensión — en Cristo, el cual está en los lugares celestiales. Es aquí donde la gracia de Dios ha establecido a todo creyente. Quizás el creyente no lo sepa, pero él es acepto en el Amado, bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1: 1-14). Conocer esto como una realidad divina da verdadero descanso de alma. Nosotros estamos, entonces, en cuanto a vida espiritual y posición, en Cristo en lugares celestiales, o, conforme al tipo, en la tierra prometida ahora. Una cosa es conocer esto como una doctrina de la Escritura; y absolutamente otra es que nuestras almas lo crean de tal modo como para entrar en el Lugar Santísimo, dentro del velo rasgado, y poseer gozosamente, por así decirlo, la buena tierra (Hebreos 10: 19.22). Pero nosotros no alcanzamos las bendiciones que Dios quisiera que abrazáramos ahora, si no nos interesamos activamente, poseemos, y disfrutamos esta cercanía bienaventurada a Dios ahora; porque Él, el cual ascendió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios, siendo Él nuestra vida, nuestra justicia, y nuestra santificación, nosotros vivimos para siempre — justos como Él es justo, y tan cerca de Dios como Él está, debido a la gracia y al poder abundantes de Dios para con nosotros en Cristo. Cuando estamos conscientemente cerca, entrando donde Dios nos ha establecido, nosotros no tratamos de acercarnos, y no nos esforzamos para estar allí, sino que nos regocijamos por el hecho de que Él nos ha establecido allí. Él lo hace todo, mediante Su gran poder, y las abundantes riquezas de Su gracia. No hay esfuerzo alguno en esto; nosotros vemos a Jesús nuestro Señor, nuestra Cabeza, nuestra Vida, nuestra Justicia, y nos regocijamos por el hecho de que estamos allí en Él; sí, en efecto, totalmente completos en Él, que es la Cabeza de todo principado y poder (Colosenses 2:10). Tal como cantamos algunas veces con reverencia y alegría —

 

'Tan cerca, muy cerca de Dios,

Más cerca no puedo estar;

Porque en la persona de Su Hijo

Yo estoy tan cerca como Él.

 

'[Tan preciado, muy preciado para Dios,

Más preciado no puede ser;

El amor con el cual Él ama a Su Hijo,

Tal es Su amor hacia mí.' [*]

 

[*] N. del T.: traducción libre de las estrofas tercera y cuarta del himno " A MIND at perfect peace with God", compuesto por Catesby Paget (siglo 19), cuyas letra y melodía se pueden ver en: http://www.stempublishing.com/hymns/ss/428

 

Esa es la altura a la cual la gracia y el poder de Dios en Cristo, por medio de Su sangre preciosa, nos ha llevado, de modo que esperamos nada menos que la adopción, a saber, la redención de nuestro cuerpo, a la venida de nuestro Señor. (Romanos 8: 22, 23). Ello es más que estar protegidos por la sangre del Cordero, como Israel en Egipto lo enuncia; más que la liberación del poder de la carne y de Satanás, a través de la muerte y el juicio, y tener vida de resurrección en el desierto; ello es estar ya en la posesión y disfrute de los lugares celestiales por medio de la fe, en vida y poder espirituales. Todo Cristiano está allí; pero ¡parece que pocos lo saben! Nosotros podemos decir que todos los Cristianos están, en algún sentido, en todos los tres lugares. Es un hecho que nosotros estamos aún en este mundo, o, en Egipto, aunque no somos de él; en cuanto a experiencia, nosotros estamos pasando a través de un desierto, una región que es seca y estéril, que no puede producir nada para nuestras almas; y en cuanto a la fe, nosotros estamos en vida espiritual, y estamos en Cristo Jesús en lugares celestiales. Observen solamente que en el libro de Josué, no todo fue paz y gozo después que ellos entraron en la tierra, sino, al contrario, todo fue conflicto; porque ellos tuvieron que luchar arduamente para perdurar donde Dios los había llevado, y disfrutar lo que Dios les había dado. Y lo mismo sucede con nosotros, porque nosotros, que hemos entrado en nuestra posesión actual en los lugares celestiales, tenemos que luchar con espíritus malos en las regiones celestes para perdurar allí, y disfrutar las bendiciones dadas a nosotros por Dios. Y solamente los tales, adviértase, conocen este conflicto recio y terrible — un conflicto "no contra sangre y carne", sino "contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." (Efesios 6:12).

 

La primera cosa que a los hijos de Israel se les ordenó que hicieran, después que hubieron pasado a través del Jordán, llevadas doce piedras a la tierra, y levantadas doce en medio del Jordán, para alabanza a Dios, fue hacer "cuchillos afilados", y volver a circuncidar por segunda vez (Josué 5:2). Se trata de un mandato de suma importancia; porque "la carne" no puede ser usada al servicio de Dios, no puede ser reconocida como teniendo lugar alguno en los lugares celestiales. Se debe renunciar a ella completa y decididamente. Sea la carne en sus fases morales, intelectuales, o religiosas (¡Desgraciadamente, cuán engañosa es, desesperadamente mala!) ella debe ser negada completamente. Su sabiduría así como su justicia, sus modos de refinamiento así como de violencia y corrupción, su iniquidad, tanto eclesiástica como social, deben ser desechadas completamente — sus reivindicaciones, sus pretensiones, su soberbia, sus pasiones, en resumen, hay que 'despojarse' completamente del "viejo hombre" (Efesios 4:22). Ello necesita un cuchillo afilado, pero debe hacerse. El intento de ser algo en la carne niega la obra de Cristo en la cruz, y que hemos muerto con Cristo. En los Cristianos, el hecho de que ella surja en cualquier forma socaba el valor real de la cruz, y es perder, temprano o tarde, el disfrute actual de esa obra en el alma. Resumiendo, considerarnos nosotros mismos como estar viviendo en la carne, en lugar de haber muerto con Cristo y estar vivos en Él, es negar que hemos cruzado el Mar Rojo o el Jordán, y confesar de manera práctica que estamos aún en Egipto entre los que 'esperan ser salvados', en lugar de poseer y disfrutar nuestro verdadero lugar y las nuevas relaciones y privilegios como estando sentados en Cristo Jesús en los lugares celestiales.

 

En segundo lugar, ellos celebraron el fundamento y las bendiciones presentes de su liberación guardando la pascua. La pascua nunca fue olvidada; fue celebrada en Egipto, en el desierto, y en la tierra prometida. Es así con respecto a nosotros, debe tenerse y se tendrá en recuerdo imperecedero, que la muerte y el derramamiento de la sangre del Cordero de Dios es el fundamento único de todas nuestras bendiciones. Si nosotros hemos entrado ahora dentro del velo, ello es por la sangre de Jesús. Nuestro derecho a estar allí para siempre es que Jesús ha entrado al cielo mismo mediante Su propia sangre. Esto no se ha de olvidar jamás, porque

 

'Todo nuestro gozo en la tierra, en el cielo,

Lo debemos a Su sangre.'

 

La pascua fue celebrada, entonces, por ellos después que entraron a la tierra. Ahora bien, se nos dice que Cristo, nuestra pascua, fue sacrificado por nosotros (1ª. Corintios 5:7); ¿y acaso nosotros no tomamos alguna vez parte en la intención y el valor verdaderos de la cena del Señor, a menos que la comamos como los que están ya en Cristo en los lugares celestiales, y, por tanto, volvemos atrás la mirada a Su muerte en la cruz? Es decir, Le vemos ahora coronado de gloria y honor (Hebreos 2:9), y Le recordamos tal como Él estuvo en la muerte por nosotros en la cruz. Nosotros recordamos a Jesús, y mostramos Su muerte hasta que Él venga. Y, viendo que nosotros debemos todas nuestras actuales y eternas bendiciones a la virtud imperecedera de Su sangre preciosa, ¿cómo podemos olvidar alguna vez esa rica, esa abundante misericordia, al amarnos así, lavándonos de nuestros pecados en Su propia sangre, haciéndonos reyes y sacerdotes para Dios Su Padre? (Josué 5:10; Apocalipsis 5:10).

 

En tercer lugar, ellos se alimentaron, "comieron del fruto de la tierra" (Josué 5:11). Ellos no dependieron ya más de la suministración de la provisión diaria por la mañana, fiel e infalible como ella era; sino que ellos tuvieron ahora un suministro continuo e ininterrumpido siempre a mano. Es así ahora: las almas que están en los lugares celestiales de manera consciente pueden alimentarse de Él incesantemente; no disfrutan meramente de un Cristo vivo que descendió para morir, sino de un Cristo resucitado y ascendido que subió a lo alto. Dichas almas se alimentan de un Cristo triunfante, glorificado — el grano de trigo verdadero que pertenece al cielo (Juan 12: 23, 24). Estas almas conocen la plenitud de Cristo como siendo de ellas. Ellas pueden tener parte ahora en los pensamientos de Dios, en la estimación que Dios tiene de Él, el cual Le resucitó de los muertos, y dijo, "Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies (Salmo 110; Marcos 12: 35-37). Ellas Le ven coronado de gloria y honra. Él es el objeto de su deseo, así como el consumador de su eterna salvación. Ellas ven en Él al Hombre en la gloria, en el cual habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9), a Uno que es digno del todo, al cual se hace que se sometan los ángeles y principados, y potestades. Ellas Le contemplan por medio de la fe en Él, son atraídas a Él, son comandadas por Él, están satisfechas con Él, se regocijan en Él — Él es su fuerza, su suficiencia, su justicia, su gloria. Ellas encuentran en Él lo suficiente para llenar sus corazones y mentes; y anhelan una comunión ininterrumpida con Él tan fervorosamente, que la ferviente expresión de sus corazones es —

 

'¡Oh, fija nuestra mirada fervorosa

Tan completamente, Señor, en Ti,

Que con Tu hermosura ocupados,

A ninguno podamos ver en otra parte!' [*]

 

[*] N. del T.: traducción libre de la cuarta estrofa del himno "O PATIENT, spotless One" compuesto por Christian Andreas Bernstein (1672-1699), cuyas letra y melodía se pueden consultar en: http://www.stempublishing.com/hymns/ss/174

 

Ellos se alimentan, después, del "producto de la tierra " (Josué 5:11 – LBLA), la plenitud de un Salvador que vive siempre y que ama siempre en la gloria. Es del propio Cristo del cual ellos se alimentan ahora, y obtienen su fuerza y consuelo en el conocimiento bienaventurado de que ellos están en Él, el cual es la vida y justicia eternas de ellos.

 

En cuarto lugar, esta vida de fe nos capacita para la batalla de la fe (1ª. Timoteo 6:12). Alimentarse primero, y luego luchar. Este es el orden divino; y para esto el " Príncipe del ejército de Jehová" aparece como la fuerza de ellos. Ellos tenían que tomar posesión de lo que Dios les había dado, y todo aquello sobre lo cual la planta de su pie pisara, y únicamente así ellos podrían disfrutar. Después, el conflicto, el severo conflicto, con los enemigos en la tierra, estuvo delante de ellos, y ello habría sido aplastante si no hubiesen sabido que el Príncipe del ejército estaba con ellos. Entonces, "estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido." Esta fue una respuesta muy sobrecogedora para Josué, porque él se postró sobre su rostro en tierra y adoró, y dijo, "¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo." (Josué 5: 13-15). ¿Y qué es esto sino Jehová manifestándose a Su siervo como el Comandante y fuerza de Su pueblo? De qué manera convincente ello nos recuerda el mandato divino por medio del apóstol, "fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza" (Efesios 6:10). Y además de estos puntos, ¿acaso no vemos nosotros qué ejercicio de alma necesitamos para ponernos en manos del Señor, y darnos cuenta que Él está de nuestra parte y con nosotros? Por lo tanto, nosotros deberíamos alentarnos en Él, y no apoyarnos en la energía carnal, sino en Su brazo todopoderoso, y en Su fidelidad y en Su amor. Yo creo que no se puede dejar de imprimir demasiado sobre nuestras almas, que nosotros necesitamos energía divina para tomar posesión de nuestras bendiciones en los lugares celestiales en Cristo, y disfrutar de ellas — que el objetivo de Satanás es evitar que estemos dentro del velo, que es el verdadero terreno de adoración y comunión, y el verdadero poder para todo servicio. Separados de Cristo, somos la debilidad perfecta; no podemos hacer nada. Permaneciendo en Él, nosotros podemos hacer todas las cosas por medio de Su fuerza; así que, para fortalecernos "en el Señor, y en el poder de su fuerza", nosotros debemos tener que ver con el propio Señor, como los que se consideran "muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:11). Entonces recurrimos al Señor para todo, confiamos en Él acerca de todo, y nos apoyamos en Él con respecto a todo. La vida Cristiana verdadera es, por consiguiente, vivir una vida de fe en el Hijo de Dios, permanecer en Él, tener todos nuestros recursos en Él. Entonces, como en la historia de Israel, la victoria será nuestra; y cuando se depende de la confianza carnal, en lugar de la fuerza del Señor, sentiremos amargamente que el enemigo triunfará. Que nosotros conozcamos, amados, día a día más, la constante realidad práctica de ser fuertes en el Señor; porque está escrito, "Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas" (Salmo 84:5).

 

'Aunque ejércitos numerosos de enemigos poderosos,

Aunque tierra e infierno se opongan a nuestro camino,

Él conduce a Sus santos de manera segura adelante:

¡Cuán fuerte es Su bondad amorosa!' [*]

 

[*] N. del T.: traducción libre de la tercera estrofa del himno "Awake, My Soul, To Joyful Lays"

 

Hemos considerado, hasta ahora, el disfrute y el ejercicio de alma con respecto a Dios en los que habían cruzado el Jordán seco y habían tomado posesión de la tierra. Sus sentimientos y experiencias son inevitablemente diferentes de lo que ellos fueron en Egipto, o en el desierto. Pero habiendo descrito un poco sus ejercicios y modos de obrar con respecto a Dios en Josué capítulo 5, consideremos ahora sus modos de obrar con respecto a los hombres descritos en Josué capítulo 6.

 

En primer lugar, observen el lugar distintivo de separación que ellos tomaron necesariamente delante de los hombres, por haber sido separados para Dios. Las dos cosas irán juntas, indudablemente, porque el sentido de cercanía a Dios hará que descartemos lo que sabemos que es contrario a Dios. Ellos estaban fuera de Jericó (el mundo) porque la ciudad estaba condenada; estaba expuesta al juicio, y esperaba solamente el tiempo de la ejecución. Los hombres de Jericó no creyeron esto; pero ello no altera el hecho, así como las personas que dicen que el mundo está mejorando no alteran el veredicto emitido sobre él — "Ahora es el juicio de este mundo" (Juan 12:31). Pero observen que esto no es todo; ellos estaban afuera con el arca — tipo de Cristo. Un Fariseo o un monje pueden separarse de la sociedad; pero la senda verdadera es considerar este mundo como el gran sistema instaurado por los hombres y Satanás, y ver también personas expuestas (incrédulos) al juicio de Dios, habiendo rechazado a Cristo, y tomar un lugar con Cristo, fuera de él, política, religiosa, socialmente. Es porque estamos en Cristo allí arriba, y para siempre unidos a Él por el Espíritu Santo enviado desde el cielo, que nosotros estamos necesariamente vinculados con Cristo aquí abajo, y eso debe ser en separación del mundo, porque ellos Le han rechazado, y Le rechazan aún. La respuesta fue, y aún es, "No queremos que éste reine sobre nosotros" (Lucas 19:14). No es de extrañar, por tanto, que el Espíritu nos mande, hablando de incrédulos,

"Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,

Y no toquéis lo inmundo;

Y yo os recibiré,

Y seré para vosotros por Padre,

Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

(2ª. Corintios 6: 17, 18).

 

En segundo lugar, ellos tomaron el lugar de la obediencia. ¿Y cómo puede ser de otro modo con respecto a nosotros, si nos damos cuenta del hecho de que estamos unidos a Él en los lugares celestiales? Cuando Pablo, camino de Damasco, tuvo inesperadamente una visión de Jesús en la gloria, y oyó de Sus propios labios preciosos, "¿por qué ME persigues?", ¿acaso no fue su respuesta inmediata de su corazón profundamente conmovido, "Señor, ¿qué quieres que yo haga? Hechos 9). Porque él sintió ciertamente de inmediato que nada menor a una rendición total a las demandas del Señor sería consistente con la superabundante gracia que Él había manifestado. Entonces, si nosotros somos realmente conscientes de nuestra nulidad en la carne, como habiendo muerto con Cristo, y participamos en, y poseemos, las bendiciones y el disfrute de ser uno con Él que está en la gloria, ¿cómo podemos nosotros tener pensamientos inferiores a

 

'Amor tan asombroso, tan divino,

Demandas nuestra alma, nuestra vida, nuestro todo'?

 

Todo esto es descrito de manera hermosa en el encantador cuadro que estamos contemplando. Se trata de una escena ilustrada divinamente (Josué 6). El pueblo se encuentra ahora en la tierra prometida, disfrutando ahora de la región prometida hacía mucho tiempo, anhelada durante mucho tiempo, de la cual mana leche y miel, habiendo comido del producto de la tierra, y conscientes de que el Príncipe del ejército de Jehová estaba con ellos, ellos se someten enteramente a la guía designada y toman el lugar de obediencia tan claramente señalado para ellos, sea andar o descansar, a estar en silencio o gritar, tocar la bocina o no, conforme a la palabra de Jehová. Y esto demostró que es la senda de bendición. El testimonio de ellos fue reconocer sencillamente a Jehová, obedecer Su palabra, hacer Su voluntad, aunque fuese para manifestar al pueblo de Jericó un espectáculo de debilidad y despropósito. Pero si los sacerdotes hicieron un largo toque con "cuernos de carnero", y por seis días todos los hombres de guerra rodearon la ciudad una vez cada día con ellos y el arca; y en el día séptimo siete veces, ello fue conforme a la palabra de Jehová; y, ¿cuál podía ser un testimonio más verdadero? Si ellos no hubiesen gritado, ni hubiesen hecho ruido alguno con su voz, ni hubiesen dejado salir ninguna palabra procedente de su boca, hasta que Josué les ordenó gritar, según la palabra de Jehová, ello fue obediencia a la voluntad de Jehová. Nosotros sabemos qué éxito siguió a continuación. Y ciertamente la senda de obediencia debe ser siempre, con respecto a nosotros, la senda de bendición. Nosotros nos percatamos de la presencia del Señor con nosotros solamente en la senda de obediencia. Hablar de unión con Cristo en los cielos, y nuestra posición estando en Él, mientras nuestros corazones no están ejercitados en cuanto a la obediencia al Señor en nuestras actuales circunstancias, es solamente mostrar que nosotros especulamos en doctrinas altisonantes, que conocemos poco de su significado verdadero en nuestras almas. O, ello puede delatar el hecho solemne de que la mente natural ha estado entreteniéndose con una gratificación intelectual acerca de las doctrinas de la Escritura, sin que el corazón capte de manera alguna sus preciosas realidades eternas, de origen celestial, inconmensurables. La gran demostración de amor a nuestro Señor Jesucristo es ahora que guardemos Sus mandamientos, valoremos Sus dichos, y atesoremos Sus palabras; y a los tales, y sólo a los tales, Él ha prometido manifestarse, y hacer que sepan que Él y el Padre moran con ellos (Juan 14:21; Juan 14:23).

 

¡Realidades preciosas, profundamente preciosas, para nuestro disfrute! Y apropiadas ciertamente para los que han sido rescatados de este presente siglo malo (época, era malvada), que han muerto con Cristo, y viven ahora en Él, y que se caracterizan por no andar según la carne, sino según el Espíritu. Es esta entera consagración a la voluntad del Señor lo que se necesita también en estos tiempos de laxitud y descuido — dedicación incondicional a Él, pleno sometimiento a Su guía infalible, y a la suprema autoridad de Su palabra a toda costa. Tales corazones pueden cantar verdaderamente

 

'Mientras yo esté aquí, hacer Su voluntad será lo mío,

Y lo Suyo, asegurar mi tiempo de descanso.'

 

En tercer lugar, consideremos el servicio de ellos. ¿Cuál fue? ¿Fue hacer lo que pudieran para mejorar Jericó? ¿Fue procurar elevar a las masas de los habitantes de esta ciudad fuertemente fortificada y bien construida? ¿Fue decirles que el mundo estaba mejorando? No, ciertamente; porque ninguna de estas cosas serían verdad. El servicio de ellos fue salvar pecadores de esta ciudad ya condenada. El testimonio de Dios había salido contra ella. La ciudad, el rey, y todos los hombres de valor fueron dados a Josué para destrucción; pero hubo algunos que iban a ser salvados de ella — algunos que no vendrían a juicio, y los siervos fieles de Dios estuvieron decididos a salvarlos. Hubo entre ellos una ramera; pero ella era una mujer de fe, la había mostrado favoreciendo al pueblo de Dios, y había confesado públicamente su fe colocando el cordón de hilo escarlata en la ventana (Josué 2). Poco pudieron sospechar los hombres sabios y fuertes de esta ciudad famosa, ni por un momento, lo que el cordón de hilo escarlata significaba, incluso si lo hubiesen visto. No fue así, sin embargo, con respecto al pueblo de Dios. Porque cuando el muro de la ciudad se derrumbó, y la ciudad fue tomada, y el proceso de destrucción total estuvo a punto de comenzar, al mandato de Josué "los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel. Y consumieron con fuego la ciudad." Se nos dice que "Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía… por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó", a cuyo mandato ella ató el cordón de hilo escarlata en la ventana.  (Véase Josué 2:18; Josué 6:22-25).

 

¿Y acaso no expresa este retrato exquisito nuevamente una lección adicional de preciosa enseñanza para nosotros? Porque si el mundo a través del cual estamos pasando está bajo condenación, si Jesús habló en serio cuando Él pronunció el veredicto solemne, "Ahora es el juicio de este mundo" (Juan 12:31), y si no existe ni una sola línea de la Escritura que nos ordena mejorar el mundo, ¿cuál es nuestra posición hacia ello sino, como separados por la gracia de Dios, ministrar a las almas, y procurar sacarlas? ¿Hacer el bien a las personas que están en el mundo, y no esperar cosa alguna de él? Por eso el Espíritu Santo distingue deliberadamente a los siervos fieles del Señor Jesús como los que "salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles" (3ª. Juan 1:7). Y ciertamente, si nuestro lugar es ahora ser uno con Cristo en los lugares celestiales, ¿cuál podría ser aquí nuestra posición sino separación para el Señor en comunión con todo miembro de Su cuerpo (la única membresía en el Nuevo Testamento), como los que advierten a los hombres de su peligro, y procuran salvar a Rahabs creyentes? Por tanto, el modo de obrar de Dios ha sido siempre, y aún es, en juicio para recordar la misericordia. Y cuán bienaventurado es este servicio expresado así

 

'Diles que entren — al Judío y al Gentil

Al extraño invita a la fiesta;

Diles que entren — al rico, al noble,

De mayor a menor.

El Padre corre a encontrarlos,

Él ha visto todas sus penas;

Vestido y anillo, y calzado real,

Esperan a los perdidos—diles que entren. [*]

 

N. del T.: traducción libre de la segunda estrofa del himno " CALL THEM IN" cuyas letra y melodía pueden ser consultadas aquí. http://www.hymntime.com/tch/htm/c/a/l/callthem.htm

 

 

Pero hay también una solemne palabra de advertencia contra la pasión y la codicia; porque nosotros estamos acosados por trampas por todos lados. Uno de los que tenía fidelidad profesada a Dios vio un manto Babilónico y un lingote de oro, y los codició. En consecuencia, él los tomó, y los escondió en su casa; pero Dios lo vio, y Su juicio cayó pesadamente como consecuencia de ello (Josué 7). Todos sabemos que los incentivos comunes de Satanás para los Cristianos profesantes son ahora el amor a la vestimenta — el "manto Babilónico", y la posesión de riquezas – el "lingote de oro." Y es muy notable que la Cristiandad corrupta, la Babilonia del libro del Apocalipsis, sea asemejada a una mujer vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas (Apocalipsis 17). Josué advirtió al pueblo que se guardara del anatema, no sea que ellos mismos se hicieran anatema (Josué 6:18) pero Acán no le prestó atención, y por su pecado trajo miseria y derrota sobre todo el pueblo, así como una súbita destrucción sobre sí mismo. Que el Señor nos mantenga fieles a Él en corazón y propósito por medio de Su gracia, y nos guarde de amar al mundo, o las cosas del mundo. Pero, para esto, nosotros necesitamos tener nuestras almas felizmente ocupadas con Aquel que nos amó, y se dio a Sí mismo por nosotros (Tito 2: 11-14).

 

Y ahora, queridos pares Cristianos, veamos cuán lejos hemos penetrado en este lugar y carácter de bendición y testimonio al cual Dios nos ha llevado tan misericordiosamente. ¿Tomamos nosotros nuestro lugar delante de Dios de manera habitual, como aquellos que ya han sido hechos cercanos a Él en Cristo Jesús en los lugares celestiales? ¿Estamos bregando por acercarnos por medio de las actividades de un espíritu de servidumbre e incredulidad, o bendecimos y alabamos a Dios por el hecho de que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo (Romanos 6:6), y que somos ahora nuevas criaturas (2ª. Corintios 5:17), y tenemos vida, posición, justicia, y cercanía a Dios en Cristo ascendido? Yo digo que la tenemos, porque Dios nos lo ha dado; Dios con Él nos resucitó, y con él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús (Efesios 2:6 – LBLA). ¡Bienaventurado descanso para nuestras almas! ¡Paz solida y permanente también! Bueno, estando entonces en toda la aceptación de Cristo mismo, en el cual somos hechos aceptos, ¿sabemos que ello es someter "la carne" a un cuchillo afilado, y regocijarse en Cristo Jesús, en el recuerdo precioso de Su cuerpo entregado y Su sangre derramada por nosotros? ¿Sabemos lo que es estar en la presencia de Dios, en el Lugar Santísimo, y comer de un Cristo eterno y que ama eternamente — "el fruto de la tierra"? Y, ¿habiendo comido, nos percatamos de la fuerza para luchar contra Satanás y sus huestes para la posesión de esas bendiciones celestiales que Dios nos ha dado en Cristo para disfrutar ahora? Y en cuanto a nuestra posición aquí delante de los hombres, ¿mantenemos nosotros el lugar de separación con Cristo como no siendo del mundo, porque este está condenado al juicio? ¿Y procuramos andar en la senda de la obediencia, y llevar el testimonio del Señor, cualesquiera sean el oprobio y la censura que ello pueda acarrear sobre nosotros? ¿Trabajamos para sacar almas de este mundo, por medio del poder de la sangre preciosa de Jesús, el verdadero "cordón de hilo escarlata" o "cordón de grana"? Y, ¿rehusamos resueltamente el atuendo a la moda y costoso, y el espíritu que persigue la riqueza de la época actual? Estas son cuestiones solemnes, cruciales para nuestras conciencias, queridos pares Cristianos, de las cuales dependen nuestros gozo y pesar actuales, así como la gloria o la deshonra del Señor. Que nosotros podamos captar y deleitarnos resueltamente en nuestras actuales bendiciones, en el espíritu de comunión y adoración, en Cristo dentro del velo, y conocerlas como realidades profundas e inmarcesibles, de modo de ser hallados en el verdadero lugar de separación y fidelidad delante de los hombres como para traer alabanza y gloria a Dios.                              

 

H. H. Snell

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Diciembre 2017.-


Publicado originalmente en Inglés bajo el título:
POSSESION; or, THE OTHER SIDE OF JORDAN  by H. H. SNELL
Traducido con permiso
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
Les@STEMPublishing.com

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