EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

1.3 Cristo, dado por Cabeza. . . a la Asamblea (F. G. PATTERSON)

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Cristo, dado por Cabeza. . . a la Asamblea

 

Sermones Acerca de la Iglesia de Dios

 

Sermón 1, Parte 3


F. G. Patterson

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

 

El segundo punto que deseo traer ante ustedes es que Cristo, como hombre en la gloria, es así "cabeza sobre todas las cosas"; Él no es Cabeza sobre la asamblea, sino que ha sido dado por Cabeza "a la asamblea". (Efesios 1: 22). Ustedes prestarán atención encarecidamente al hecho de que de Él nunca se dice que es Cabeza sobre la iglesia, sino que Él es dado por Cabeza a ella. Nosotros lo consideraremos en su otro aspecto cuando hablaremos de "Su cuerpo".

 

Ahora bien, yo puedo sorprender a muchos (a los que han captado la verdad de que la iglesia es el cuerpo de Cristo, formado por el Espíritu Santo enviado desde el cielo en Pentecostés), diciendo que el pensamiento acerca de la "asamblea" fue bien conocido en las Escrituras del Antiguo Testamento, y familiar para el orden de cosas en Israel. Por tanto, nosotros encontramos la palabra "asamblea" en un lugar de la Escritura que ha dejado perplejos a algunos, al aprender que la iglesia, tal como lo sabemos ahora de la lectura de la Escritura, comenzó su existencia después de la ascensión de Cristo y del descenso del Espíritu Santo. El lugar al que me refiero es el pasaje en Hechos 7 que dice, "la iglesia [asamblea] en el desierto", refiriéndose a Israel en su viaje desde Egipto a Canaán. "Éste es el que estuvo en la asamblea en el desierto, con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres: el cual recibió los oráculos vivos para dárnoslos." (Hechos 7: 38 – JND). Toda la congregación de Israel cuando salieron de Egipto en su unidad colectiva, así como su agrupación, es tratada como la asamblea. En Éxodo 12 leemos, "toda la asamblea de la congregación". "Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes; entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer". (Éxodo 12: 6 – LBLA). En la expresión en la Biblia Inglesa "el tabernáculo de la congregación", la palabra en el original es otra y debe ser traducida como "tabernáculo [o "tienda"] de reunión", y señala el lugar donde ellos se encontraban con Jehová. No hace falta que yo diga que, comparativamente, había muy pocos verdaderos santos de Dios entre esa gran congregación.

 

Pero en su unidad colectiva como una nación salida de Egipto y el conjunto del pueblo, fueron denominados y tratados como la "asamblea" de Jehová. Ustedes conocen de qué manera ellos profanaron Su morada; porque Él los había sacado de Egipto "para habitar en medio de ellos" (Éxodo 29: 45, 46), de modo que finalmente Él quitó Su gloria o presencia de en medio de ellos (Ezequiel, capítulos 8 al 11).

 

Alberguemos en nosotros la idea de que Israel, como una nación, era la "asamblea" de Jehová. Ellos se corrompieron completamente en esta posición, y Dios tiene dos grandes controversias con ellos en Sus tratos con el paso del tiempo, cuando Él vuelve a tratar con ellos.

 

Isaías capítulos 40 al 48 presenta Su primera gran controversia con ellos (especialmente Israel) por la idolatría, finalizando con estas palabras, "¡Mas no hay paz, dice Jehová, para los inicuos!" (Isaías 48: 22 – VM). La segunda es más específicamente con los Judíos que con Israel como nación. Está en Isaías capítulos 49 al 57, y finaliza con las palabras algo similares, "¡No hay paz, dice mi Dios, para los inicuos!" (Isaías 57: 21 – VM). Esto es por la culpa aún más grave del rechazo de Jehová-Mesías que vino a estar en medio de ellos en gracia. El testimonio general de Isaías, con respecto a los otros profetas, es que solamente un remanente sería perdonado y salvado cuando Dios comience a tratar con ellos una vez más.

 

Yo puedo mencionar aquí lo que ha sido ya mencionado, a saber, que el libro de Isaías, excluyendo el intervalo histórico en los capítulos 35 al 38, está dividido en dos grandes porciones, y ellas son: los capítulos 1 al 34 que presentan  la historia externa de ellos en medio de las naciones con las que ellos tienen que ver, y en relación con dichas naciones (fuera de las que están incluidas en los imperios Gentiles, a las cuales el trono del mundo fue dado cuando Dios quitó la gloria de la tierra de Israel, naciones que encontramos en el libro de Daniel). A continuación, después de la historia externa (Isaías capítulos 1 al 34), y del intervalo histórico de importancia parabólica, es decir, que tiene forma de parábola (Isaías capítulos 35 al 39), tenemos la historia interna o moral de ellos analizada. (Isaías capítulos 40 al 56).

 

Si nosotros examinamos Isaías 8: 12 al 18, encontramos solamente un remanente unido a Cristo, el cual llega a ser "piedra de tropiezo y roca de escándalo para ambas casas de Israel". (Isaías 8: 14 – LBLA). En Isaías 5 Jehová mira hacia atrás a la nación con respecto a cómo respondieron ellos al cultivo que Él les concedió: ellos dieron "uvas silvestres". En Isaías 6 Él mira hacia adelante, y se demuestra que ellos no son aptos para la gloria de Jehová de los ejércitos: ellos están perdidos, "¡Ay de mí, pues soy perdido! porque soy hombre de labios inmundos, y en medio de un pueblo de labios inmundos habito; por cuanto mis ojos han visto al Rey, a Jehová de los Ejércitos. (Isaías 6: 5 – VM); Isaías representando aquí al pueblo delante de Jehová.


¿Cuál iba a ser ahora el remedio? ¡Jehová de los ejércitos se hará hombre! Este era ahora el recurso. La virgen daría a luz un Hijo y Jehová de Sabaot (o, de los ejércitos) llega a ser Emanuel — ¡Dios con nosotros! (Isaías 7: 14). En Isaías 8: 12 al 18, Él llega a ser "piedra de tropiezo y… roca de caída a las dos casas de Israel" (Isaías 8: 14 – VM), e históricamente Él estaba en los Evangelios, (comparen con Mateo 21: 42 al 44, etc.), pero como un refugio para el remanente cuyos componentes se unían a Él. "Y él será para santuario; y asimismo para piedra de tropiezo y para roca de caída a las dos casas de Israel; para red también y para lazo a los habitantes de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; asimismo serán enredados en el lazo y serán cogidos. Ata el rollo del testimonio, y sella la ley entre mis discípulos. Y yo aguardaré a Jehová, que ha escondido su rostro de la casa de Jacob; sí, le esperaré a él" (Isaías 8: 14 al 17 – VM).

 

Por tanto, encontramos que Cristo llegó a ser una piedra de tropiezo para Israel, pero un remanente pequeño del pueblo se unió a Él — los cuales eran "para señales y para tipos en Israel" (comparen con Hebreos 2: 13).

 

Trazaré ahora brevemente la historia de este remanente mientras Jehová esconde Su rostro de Israel. Ustedes la encuentran claramente en el evangelio de Mateo. En Mateo 14 Él sale en Galilea, y llama a estar alrededor de Él a Pedro y a Andrés su hermano; luego a Jacobo y Juan, y así a la compañía de Sus discípulos. Presten atención a lo que dice Isaías 8: 16, "Ata el rollo del testimonio, y sella la ley entre mis discípulos". (VM). Él comenzó a hacer eso en el Sermón del Monte; pero cuando avanzamos a Mateo 16 Pedro confiesa que Él es "el Hijo del Dios viviente, y Jesús dice, "sobre esta roca edificaré mi asamblea". (Mateo 16: 18 – JND). Habiendo fracasado Israel nacionalmente como la asamblea de Jehová, Él revela ahora que la sustituiría por una asamblea que Él estaba a punto de edificar, la cual era todavía una cosa futura.

 

Vamos ahora al Salmo 22 y encontrarán claramente la posición en que este remanente es situado por medio de la redención. Ustedes tienen allí el gran asunto del bien y el mal resuelto por Cristo en la cruz. Todo el mal que está en el corazón del hombre es sacado a relucir; toda la copa de la ira divina y justa contra el pecado fue derramada ¡sobre la cabeza consagrada de Jesús! ¡La cruz de Cristo sobrepasa en gloria moral todo lo que este universo alguna vez contemplará! Ella es una necesidad debido a un Dios santo y justo, para que el pecado deba ser juzgado. Pero, ¿qué necesidad había para que el inmaculado Hijo de Dios fuera tratado como pecado, y dejado para soportar el juicio de Dios debido a ello? Ninguna, excepto la de Su propia gracia soberana. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado" (2ª. Corintios 5: 21). La cruz revela esto. Dios, cuya naturaleza no puede permitir que el pecado permanezca sin juzgar, para perdonar al pecador y dar expresión a todo lo que Él era en Su corazón, no perdonó a Su Hijo. Él fue dejado para ser abandonado por Dios, tal como aprendemos de ese solemne clamor que brota de Su corazón en aquella incomparable "hora", "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" El gran asunto del bien y el mal encontró allí su solución eterna. Donde el hombre estaba, en el mal en su punto culminante, y donde el pecado recibe su justo juicio, todo lo que Dios era en benignidad encontró allí su infinita revelación en Aquel que se consagró para esto para Su gloria, a toda costa para Él mismo. El punto de inflexión es alcanzado en el Salmo 22: 21, "Y ya me has oído, clamando desde los cuernos de los uros (búfalos)". (Salmo 22: 21 – VM). Luego, el primer pensamiento es, "Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré" (Salmo 22: 22 – VM).

 

Israel, tal como vimos, fue originalmente la asamblea de Jehová. Por una parte, todo esto fracasa hundiéndose de nuevo en la idolatría; por la otra, rechazando a Jehová-Mesías que vino en humilde gracia. El remanente que iba a formar el núcleo de la nueva asamblea es libertado y unido a Cristo, y es enseñado por Él. Este remanente no recibió el nombre "asamblea" hasta Su resurrección, excepto en el anuncio de Su propósito todavía futuro a Pedro; pero cuando el Señor hubo pasado a través del juicio en la cruz, como está descrito en el Salmo 22, y Él es oído clamando desde los cuernos de los uros (búfalos) — que es una figura del lacerante juicio de Dios — Su primer pensamiento es anunciar el nombre de Su libertador — es decir, anunciar el nombre de Dios a Sus hermanos, reconocidos ahora de este modo por primera vez; porque el amor divino era libre ahora, por así decirlo, para actuar según sus propios dictados.

 

Esto tuvo su cumplimiento históricamente en Juan 20. El juicio de la cruz había pasado en Juan 19, y en el capítulo 20 Él se presenta en resurrección: toda la cuestión del pecado ha sido abordada y resuelta — ni una sombra de él ha quedado en nuestras almas, en las almas de quienes creemos. La historia del primer hombre finaliza bajo el juicio de Dios ejecutado plenamente. Yo agradezco a Dios, y todo Cristiano que está aquí presente puede decir, y debería poder decirlo sin dudar, que no existe el peso de la más pequeña nube en mi alma que Cristo no haya quitado. El segundo Hombre puede asociarnos con Él mismo en todo el lugar en que Él entra como resucitado de los muertos.

 

El se vuelve a María (Juan 20: 17) diciendo, "No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios". Es decir, el Hijo de Dios sitúa a los discípulos sobre el mismo estrado que Él mismo por medio de la redención: Él "no se avergüenza de llamarlos hermanos". (Hebreos 2: 11). El mensaje más excelente que jamás ha pasado a través de labios mortales es enviado a ellos por medio de una mujer que, ignorante, si me lo permiten, ¡pudo dar a conocer su corazón para Cristo! El Hijo de Dios no se avergüenza de llamarlos "hermanos" — llamados así ahora por primera vez — ¡porque ellos están en toda Su propia aceptación delante del Padre! ¡Su Padre es Padre de ellos; Su Dios es Dios de ellos! Él anuncia así Su nombre y pronuncia "paz" dos veces; y sopla sobre ellos "vida… en abundancia" (Juan 10: 10), como el postrer Adán — un "espíritu vivificante". (1ª. Corintios 15: 45). "Se alegraron los discípulos, viendo al Señor." (Juan 20: 20 – VM). En vida Él les había anunciado a Su Padre: en resurrección Él los presenta a Su Padre ¡como hijos!

 

Por tanto, ustedes tienen claramente ahora a la "asamblea" en su lugar por primera vez — compuesta del mismo remanente de Israel — y a Cristo en medio de ellos proclamando la paz y anunciando el nombre de Su Padre. (Salmo 22: 22; Hebreos 2: 12).

 

Ahora bien, tomen ustedes nota: todo esto es en la tierra, y Cristo está aún allí. El Salmo 22 no va más allá de la resurrección. De modo que no tenemos hasta ahora ningún Espíritu Santo descendido del cielo y, por consiguiente, el "cuerpo de Cristo" aún no ha sido formado.

 

Pues bien, si vamos a Hechos 1, otra verdad sale a la luz. Ellos debían permanecer en Jerusalén hasta que fueran bautizados con el Espíritu Santo, "dentro de no muchos días." Su obra terrenal de la cruz había terminado; todos sus frutos se lograrán a su debido tiempo. Su obra celestial de bautizar con el Espíritu Santo — de la cual se habla tan frecuentemente en los Evangelios — estaba aún por suceder. Él dice, "Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días". El bautismo en "fuego" (Mateo 3: 11) es omitido, porque es venidero. El fuego del juicio limpiará además Su reino de todo tropiezo y de los que hacen maldad. El bautismo en fuego no tiene nada que ver con la aparición del Espíritu Santo en lenguas de fuego en el día de Pentecostés.

 

Este bautismo en Pentecostés fue para transformar la relación de esta "asamblea" en una relación que no había sido aún revelada o cumplida. Ellos son la "asamblea" pero aún no son "Su cuerpo". Deseo mantener estos dos pensamientos claros en vuestra mente antes de que se conviertan en intercambiables por el posterior descenso del Espíritu Santo, como leemos en Efesios 1: 22, 23, "y ha puesto todas las cosas bajo sus pies, y le dio ser cabeza sobre todas las cosas a la asamblea, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo". (Efesios 1: 21, 22 – JND).

 

En Hechos 1: 9 el Señor asciende al cielo y Lo recibe una nube ocultándolo de la vista de ellos. En Hechos 2 el Espíritu Santo desciende personalmente (ver nota 2) del cielo, y todos ellos fueron bautizados por Él.

 

(Nota 2: El lector hará bien en consultar Juan capítulos 14 al 16 en cuanto a la presencia personal del Espíritu Santo en la tierra, como consecuencia de la obra y partida de Cristo. "Aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado". (Juan 7: 39). En Juan 14: 16 leemos, "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre"; no por unos pocos años, como Aquel que en aquel entonces estaba a punto de dejarlos. El mundo no lo recibiría a Él (al Espíritu Santo), pero Él no solamente estaría con ellos como Jesús, sino en ellos. Lean así la última cláusula de Juan 14: 17: "Porque Él morará con vosotros, y estará en vosotros". Esta traducción no sólo es correcta, sino que el contexto demuestra que ese es el pensamiento. Por otra parte, en Juan 14: 26, el Padre Lo enviaría en el nombre del Hijo; y en Juan 15: 26, el Señor (ido a lo alto) Lo enviaría del (o, desde el) Padre.

 

Juan 16 muestra la presencia del Consolador en la tierra, y lo que Él sería cuando Cristo no estuviera. Era conveniente que Él se fuera (Juan 16: 7); el Espíritu Santo no vendría hasta entonces; "si me voy, yo os le enviaré". (Juan 16: 7 – VM). Juan 16: 8 al 15 muestran lo que el Espíritu Santo sería, y de qué manera Él actuaría cuando viniera, con respecto al mundo y a los discípulos. Él glorificaría a Jesús en la tierra (Juan 16: 14), así como Jesús había glorificado al Padre en la tierra. (Juan 17: 4).

 

Se trata de la revelación de las acciones de una Persona divina en la tierra en compañía de los discípulos.

 

En 1ª. Pedro 1: 11 al 13 encontramos tres pasos de mucha importancia, señalando la presencia del Espíritu Santo enviado desde el cielo, como siendo la verdad especial del Cristianismo. El Espíritu de Cristo en los profetas profetizó acerca de cosas que aún no habían sucedido, pero que iban a ser ministradas a nosotros (versículo 11). Las buenas nuevas del cumplimiento de estas cosas — habiendo Cristo padecido y subido a lo alto — nos fueron predicadas por el Espíritu Santo enviado desde el cielo, una cosa intermedia entre los padecimientos y las glorias venideras (versículo 12); y después estas cosas iban a ser traídas en la revelación de Jesucristo, escondido ahora en los cielos (versículo 13)).

 

Prosigamos ahora. El Espíritu Santo se posó sobre cada uno de ellos, y llenó toda la casa — morando así personalmente en ellos, y con ellos colectivamente. Esta asamblea es ahora la morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2: 22). Los ciento veinte discípulos — bautizados así — son llamados, en sentido estricto, la "asamblea" desde ese momento. "Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo; y el Señor añadía a la asamblea diariamente los que habían de ser salvos". (Hechos 2: 47 – JND). (Ver nota 3). El Espíritu Santo mora ahora en la tierra por primera vez, y como consecuencia de la redención. Él había obrado antes de venir a morar, como en los días del Antiguo Testamento.

 

(Nota 3: si la palabra "asamblea" en Hechos 2: 47 es cuestionada, nosotros encontramos que una compañía separada y distintiva fue formada y reconocida (vean Hechos 4: 20); y ellos son llamados la "asamblea" en Hechos 5: 11, antes del quebrantamiento de toda la cosa externamente en Hechos 8. "Y vino gran temor sobre toda la asamblea, y sobre todos los que oyeron estas cosas." (Hechos 5: 11 – JND).

 

El "templo" en Jerusalén era una casa vacía e Israel era una "perversa generación". La "asamblea" era ahora la "ciudad de refugio" para el "homicida", donde aquellos que asienten la culpa por la sangre del Mesías podían huir (ver nota 4).

 

(Nota 4: La "asamblea de Dios" es desde entonces la "ciudad de refugio" para el pobre Judío culpable de la sangre de su Mesías; y, huyendo a ella, él está a salvo del "vengador" de la sangre. Cuando tiene lugar la muerte del sumo sacerdote, ungido con la santa unción, es decir, en el antitipo — cuando el Señor Jesús finalice Su actual Sacerdocio intercesor en lo alto, el pobre Judío puede entonces, y sólo entonces, regresar a la tierra de su herencia (ver Números 35)).

 

Fue un estado de cosas análogo al de 2º. Samuel capítulos 5 y 6, cuando el arca estuvo en gracia libertadora en el monte Sion con David, y el tabernáculo en Gabaón, sin arca ni presencia de Jehová. Análogo, también, a cuando el tabernáculo fue levantado fuera del campamento, (Éxodo 33), y todo aquel que buscaba a Jehová acudía allí.

 

Ahora bien, a esta "asamblea" el Señor añadía a los que habían de ser salvos de la destrucción que estaba a punto de caer sobre la nación de Israel. Esta es la fuerza de Hechos 2: 47), "y el Señor añadía a la asamblea diariamente los que habían de ser salvos". (Hechos 2: 47 – JND). Esta Escritura no plantea la cuestión de la salvación definitiva de ellos; tampoco es ella una descripción del estado de ellos como "salvos", sino que es más bien la característica o el nombre específico para una clase de personas (por ejemplo, los tres mil en aquel día) que iban siendo salvados del juicio que estaba a punto de caer sobre la nación. Todos ellos eran Judíos. Ver también Lucas 13: 22 y 23.

 

En Hechos 3 (ver nota 5) Pedro manifiesta con razones que Cristo regresaría e introduciría todas las bendiciones del reino, de las cuales hablaron los profetas, y así, todas las familias de la tierra — los Gentiles — serían bendecidas.

 

(Nota 5: este es un punto interesante. En Hechos 3 ustedes no tienen absolutamente nada acerca de la "asamblea". Pedro regresa a los padres de Israel, y propone — por medio del Espíritu Santo que ha descendido, y en respuesta a la intercesión de Jesús en la cruz, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" — que si ellos se sometían y arrepentían Él regresaría, sucederían los tiempos de la restauración, y todo lo que los profetas habían dicho. Dios estaba introduciendo así la responsabilidad de Israel; mientras que Su propósito estaba obrando bajo todo para la "asamblea". Los dos principios, de responsabilidad y propósito, están ideados en la sabiduría de Dios, como desde el principio.)

 

En Hechos 4 ustedes obtienen la respuesta de Israel a la propuesta. ¡Ella fue totalmente rechazada! Ellos ponen a los dos apóstoles, Pedro y Juan, en prisión; y en Hechos 5 a todos los doce. Luego Esteban (Hechos capítulos 6 y 7) resume toda la historia de ellos en responsabilidad, desde el llamamiento de Abraham hasta aquel momento. Las promesas despreciadas; una ley quebrantada; profetas muertos; un Cristo asesinado; y un Espíritu resistido, ¡es la terrible historia! (Hechos 7: 51 al 53). Esteban sella su testimonio con su sangre, y encomienda su espíritu al Señor, y todo termina.

 

La "asamblea" es esparcida a los cuatro vientos; y Saulo de Tarso, el más determinado de los oponentes, "asolaba a la asamblea, entrando de casa en casa, y sacando a rastras tanto a hombres como a mujeres los entregaba en la cárcel". (Hechos 8: 3 – JND). Toda la cosa externa es dispersada, y Saulo encabeza la persecución que lo provoca.

 

La bendición desciende de Jerusalén a Samaria en Hechos 8. Pero en Hechos 9 el hombre que era el oponente más terrible, y líder en asolar la asamblea, se convierte. Llamado por el gran poder de Dios — aparte de toda intervención terrenal, aparte de los doce apóstoles — una luz celestial le apareció, "que sobrepasaba el resplandor del sol"; y la primera frase que le habló el Señor de gloria transmite la verdad de la unión de estos santos dispersos con Él en la gloria, no meramente ahora como Sus "hermanos" sino como siendo perseguido ¡Él mismo! "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos 9: 4). Ellos están unidos por un mismo Espíritu a Cristo en la gloria, ¡y Él lo reconoce!

 

Este acérrimo enemigo es recogido por Dios y es constituido ministro del evangelio a "toda criatura debajo del cielo" (Colosenses 1: 23 – VM); y ministro de la "asamblea" que él había asolado — ¡para cumplir la palabra de Dios!

(Para el carácter doble del ministerio de Pablo vean Efesios 3; 8, 9; y Colosenses 1: 23 a 26).

 

Esto nos lleva ahora al tercer punto que deseo traer ante ustedes, es decir, El cuerpo de Cristo.      

 

F. G. Patterson

 

 Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Abril 2019.-

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).


Título original en inglés:
"Blackrock Lecture 1.3. Christ, Head. . . to the Assembly ,
by F. G. Patterson 
Traducido con permiso

Versión Inglesa