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CRISTO EN MEDIO DE LOS CANDELEROS (F. G. PATTERSON)

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SERMONES ACERCA DE LA IGLESIA (F. G. PATTERSON

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Cristo En Medio de los Candeleros

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 3

 

F. G. Patterson

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

 

Apocalipsis capítulos 1 a 3.-

 

En anteriores ocasiones, amados hermanos, yo he procurado traer ante ustedes los dos grandes aspectos de la iglesia de Dios presentados en la Escritura. En primer lugar, la cosa verdadera en su relación con Cristo como Su cuerpo — aquello que está unido a Cristo por el Espíritu Santo enviado desde el cielo; "la asamblea, la cual es Su cuerpo" (Efesios 1: 22, 23 – JND) — y, por otra parte, en su relación con Dios como Su morada en la tierra, la asamblea o casa de Dios. De esta última, dos aspectos salen a relucir muy claramente en la Escritura: lo que Cristo edifica, y lo que el hombre edifica.

 

La palabra "iglesia", o propiamente "asamblea", es usada tanto acerca del cuerpo de Cristo como de la casa de Dios. Es decir, si ustedes miran al cielo, encontrarán a Cristo que ha ido allí, y la asamblea es Su cuerpo, como se ve en Efesios 1. Si ustedes miran aquí abajo en la tierra, la casa, es decir, los que profesan el Cristianismo, es "la asamblea del Dios vivo (2ª. Timoteo 3 - JND). Ellos son dos pensamientos distintos, y nunca son confundidos.

 

La mayor parte de la confusión de la Cristiandad en la actualidad se debe al hecho de mezclar estas dos cosas. Existe también, como hemos visto, el cuerpo de Cristo como en 1ª. Corintios 12, visto en la tierra, compuesto de aquellos que están aquí, y solamente de estos, mantenido en poder y unidad por el Espíritu Santo en la tierra. Y los Cristianos en la tierra eran tratados de manera práctica, reunidos en cualquier lugar, como "el cuerpo de Cristo" en aquel lugar; como Pablo a los Corintios (1ª. Corintios 12: 27), "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular".

 

Vimos también de qué manera la responsabilidad del hombre era reconocida llevando a cabo la obra de Dios aquí abajo, siguiendo el rastro de la casa o templo en el cual el hombre podía edificar y fracasar en el carácter de su obra, hasta el abandono completo del Cristianismo y el Anticristo.

 

Pues bien, esta noche yo estoy a punto de trazar algunos pensamientos a partir de una Escritura que es, felizmente, más o menos familiar para muchos de nosotros; me refiero a los tres primeros capítulos de Apocalipsis.

 

Estoy a punto de examinarlo de tres maneras:

 

En primer lugar, la actitud en que Cristo es visto en medio de las iglesias en Apocalipsis, como es presentado por Juan.

 

Luego, en segundo lugar, cuál es Su testimonio a estas asambleas: Sus pensamientos, como son revelados en cuanto a "las [cosas] que son". (Apocalipsis 1: 19).

 

Y por último, espero exponer en alguna medida qué es ser un 'vencedor' en medio de una escena tan solemne.

 

Ustedes aceptarán fácilmente lo que estoy a punto de decirles, a saber, que Pablo no podía ser el vaso para revelar este aspecto de Cristo en medio de estas asambleas. Pablo revela al Hijo de Dios como un Cristo celestial, ido a lo alto, ya sea como Cabeza de Su cuerpo, la asamblea, o como Sumo Sacerdote. Juan, por el contrario, habla de Dios que ha descendido; de un Cristo andando en la tierra, ya sea manifestado en gracia, como en su Evangelio, o en sus tratos judiciales como en Apocalipsis, mediante los cuales Él corrobora Sus reclamaciones aquí en la tierra. Pablo es "celestial" en su testimonio; con él es el hombre que sube a lo alto; Juan es "divino", y con él es más Dios que desciende, manifestación en la tierra. Este pensamiento es familiar para muchos.

 

Por eso, en consonancia con su otro testimonio, Juan es el instrumento utilizado para mostrarnos a Cristo en esta actitud intensamente judicial hacia el cuerpo externo que ostenta Su nombre. Nosotros debemos distinguirlo a Él cuidadosamente entre Su carácter como Cabeza de Su cuerpo, suministrando nutrición por medio de coyunturas y ligamentos a Su "propia carne", como leemos, ("No asiéndose a la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos", etc., Colosenses 2: 19 - LBLA; Efesios 5: 29); y Su juicio y escrutinio, y Su amenaza a la iglesia externa con la extirpación como resultado de ello, en su lugar como un testimonio colectivo en la tierra.

 

Juan está aquí, 'viendo las vicisitudes', por así decirlo, de aquella que Pablo había establecido, diciéndonos lo que Cristo hará con ella: Él está punto de 'vomitarla' de su boca. (Apocalipsis 3: 16).

 

Él está en la isla de Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Enviado allí al exilio por el emperador Romano, él estaba, no obstante, en el disfrute pleno de su privilegio Cristiano, "en el Espíritu en el día del Señor". De este y de otros pasajes de la Palabra, yo infiero que hay una acción especial del Espíritu Santo en ese día. (Vean Juan 20: 1, 19, 26; Hechos 20: 7; 1ª. Corintios 16: 1, etc.).

 

Ustedes tendrán en cuenta que el libro del Apocalipsis tiene especialmente en perspectiva las reclamaciones de Cristo sobre la tierra, que se van a cumplir cuando Dios traiga al Primogénito al mundo (Hebreos 1: 6 – VM). Pero antes de las visiones que apuntan a este fin, Juan es llamado por una voz detrás de él (su rostro está con el pensamiento del Espíritu hacia la introducción del reino), y él se vuelve para ver la visión; y ve al Señor en este carácter, y se entera de lo que Él estaba a punto de hacer con el cuerpo responsable aquí abajo, el cual no estaba emitiendo la luz, para ser el vaso responsable de lo que Él había establecido.

 

"Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro". Ellos son descritos como de oro habiendo sido establecidos desde una fuente divina. "Y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades". (Apocalipsis 1: 12 al 18).

 

Ustedes encuentran aquí el aspecto de Cristo hacia las asambleas como Juan lo Presenta. Su carácter personal y judicial, como Hijo del Hombre, y sin embargo Anciano de Días; juzgando y discriminando en medio de los candeleros. Ustedes no encuentran Sus caracteres relativos, tales como Sumo Sacerdote, o Cabeza de Su cuerpo la asamblea; esa es más la forma Paulina de presentarlo.

 

Como "Hijo del Hombre", Él es Juez de todo — y ustedes lo encuentran aquí como tal. "Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre". (Juan 5: 27). Él está "vestido de una ropa que llegaba hasta los pies"; 'no se quitó sus vestiduras' como para llevar a cabo Su servicio de amor en gracia y lavar los pies de Su pueblo (Juan 13); y "ceñido por el pecho con un cinto de oro". Su corazón y Sus afectos no son vistos emanando hacia Su iglesia — Su esposa, sino que está ceñido con un cinto de justicia — no de gracia.

 

En Daniel 7, el "Anciano de Días" es descrito aquí como Cristo; de modo que el Hijo del Hombre es el Anciano de Días como lo sabemos incluso a partir de esa profecía (comparen con Daniel 7: 9, 13, 14, y 22). "Sus ojos como llama de fuego"; este intenso escrutinio personal que alcanzaba el alma. Me atrevo a decir que algunos de nosotros podemos recordar (y algunos pueden sentirlo ahora) cuando ellos estaban inquietos, y la conciencia no estaba en reposo en medio de las cosas eclesiásticas que los rodeaban. El esfuerzo por explicar y excusar asuntos, bajo el argumento de que ellos no podían obtener la perfección aquí, no lograban tranquilizar la conciencia. Tal vez ellos no podían explicar la sensación de inquietud que sentían; las prácticas religiosas irreconciliables con las Escrituras turbaban sus almas: los esfuerzos por ser felices y enmendar las cosas, y buscar la libertad personal cuando se encontraban en medio de la corrupción colectiva, no tuvieron éxito.

 

¿Qué fue lo que causó este ejercicio de conciencia? Sencillamente esto — los ojos de Cristo se volvieron hacia ellos; y aunque ellos pudieron no haberlo sabido, lo sintieron, y sintieron también que nunca podrían ser felices en tal relación; ellos no pudieron soportar Su mirada. ¡Cuán solemne y cuán triste es cuando ustedes saben acerca de aquellos que una vez fueron ejercitados acerca del mal en que andaban, y se asentaron en él, y de los ejercicios de alma que fenecieron, y de la conciencia que ya no actúa más! Los ojos de Cristo han sido sacados de sobre ellos, por así decirlo. Ellos no aceptaron la luz, y no cedieron cuando el corazón era sensible al mal, y son dejados ahora ¡donde ellos deseaban! ¡Cuán solemne!

 

Él controla todo el poder subordinado — las estrellas, en Su diestra de poder; Su voz es oída en majestad, y Él juzga por medio de la palabra de Dios, la espada aguda de dos filos; mientras Su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza, el símbolo de autoridad suprema.

 

Yo paso por alto los detalles, deseando presentar sólo el pensamiento general en cuanto al aspecto en que Él es visto aquí.

 

Cuando Juan Le vio él cayó "como muerto a sus pies". Se trataba del mismo discípulo a quien Jesús amaba, y que se recostó sobre Su pecho durante la cena en su propio lugar familiar, aceptado en la gracia del Señor. Convertido habiendo comprendido la persona del Cordero de Dios, y atraído a Él desde aquel momento, aquí todo ha cambiado. Este aspecto terrible de Jesús como Juez le hace caer a Sus pies como muerto. Él es tranquilizado mediante, "No temas" — Él era el que vive y había muerto, y tenía en Su mano las llaves de la muerte y del Hades; Él nunca las había entregado. Las "puertas del Hades" no pudieron prevalecer contra el Hijo del Dios viviente; ¡Cristo tenía las llaves de todo! Él nunca se las había dado a Pedro, ni a nadie. Él dio "las llaves del reino de los cielos" a Pedro—nunca le dio las llaves de la muerte y del Hades. (Mateo 16).

 

Él envía ahora siete mensajes a siete asambleas en Asia por medio de Juan. Había muchas otras en esas provincias, pero estas son elegidas como presentando, en su estado de aquel entonces, lo que servirá al Espíritu Santo para presentarnos, como en un cuadro extendido, la historia de la profesión del nombre de Cristo en la tierra y su responsabilidad, con Sus pensamientos y Su juicio de ella desde el principio hasta el final.

 

Se pueden considerar de tres maneras distintas:

 

1º. Como siete asambleas existentes cuya condición necesitaba las palabras habladas a cada una, en el momento.

 

2º. Como mensajes conteniendo palabras a aquel que tiene oído para oír lo que el Espíritu dice, en todo tiempo; y,

 

3º. Como presentando en integridad una delineación profética de la historia de toda la iglesia en responsabilidad inmediatamente después de los tiempos apostólicos, hasta su extirpación final, como un testigo falso para Cristo: "Estoy a punto de vomitarte de mi boca". (Apocalipsis 3: 16 – JND).

 

Siete {iglesias} son elegidas como el número de integridad espiritual, expresando aquí la integridad de los pensamientos de Dios en cuanto al objeto del cual Él está tratando.

 

Esta manera de presentar lo que se ha convertido en historia es sabia y hermosa, como debe ser todo lo de Dios. Porque si tantas fases sucesivas y variadas de la historia de la iglesia hubieran sido presentadas como tales proféticamente predichas, ¿Qué habría sido de la esperanza de la venida del Señor, dada a los santos para ser su constante expectativa desde el momento en que Él se fue? ¿Cómo estar esperándole si hubiera habido la revelación expresa de que todas estas cosas tenían que ocurrir en el estado de la iglesia antes que Él viniese? La respuesta es que en la sabiduría del Espíritu de Dios, en el momento que estos mensajes fueron pronunciados, todos los rasgos estuvieron allí y no se necesitó ninguna demora para revelarlos y desarrollarlos; de modo que Él podía haber venido en el momento en que estos mensajes fueron escritos. Y al mismo tiempo ellos podían ofrecer una palabra de aliento y de advertencia aquel que tenía oído para oír en todos los períodos; mientras ellos podían transmitir cuando "la paciencia de Dios esperaba", a los que eran llamados cerca de la conclusión del período, la enseñanza más importante en cuanto a lo que había ocurrido en las fases sucesivas de la historia de la iglesia, explicando su estado al final y delimitando la senda de Dios para cualquiera que prestara oídos.

 

Daremos una rápida mirada a ellos, ya que no pretendo entrar en detalles; esto ha sido hecho hábilmente por otros.

 

Éfeso presenta el estado de la iglesia inmediatamente después de la primera implantación de ella en días apostólicos. Bastante activa, pero su primer amor por Cristo había menguado. Ninguna actividad pudo compensar eso. Él procura hacerle recordar: "Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido". Ella había dejado que la luz parpadeara y se oscureciera, y ya no se dice nada más en cuanto a un candelero en los mensajes; pues desde el momento del fracaso de corazón para con Cristo ello fue tratado como un alejamiento tal del cuerpo general, que ella dejó de ser un testimonio colectivo y corporativo de Cristo en la tierra, aunque tiene el lugar del candelero en responsabilidad hasta el final.

 

En la segunda asamblea, "Esmirna", la cual responde a las primeras persecuciones de la iglesia que siguieron, desde Nerón hasta Diocleciano, ustedes encuentran al Señor recurriendo a los tiempos de tribulación para restaurar, si ello era posible, el corazón de la iglesia a su condición normal; y Satanás es el instrumento de ello. Cuán a menudo ello es así con almas individuales. Cuando existe una decadencia de alma y el peligro es que ella se aleje de Cristo en la práctica, entonces viene la prueba en misericordia; el dolor y la tribulación son para bien, incluso para llevar de regreso el alma a Cristo, de quien ella se había alejado. Así que con los santos aquí, aunque había pobreza a ojos del mundo, Cristo pudo decir, "tú eres rico": muy diferente de Laodicea al final, jactándose ella misma de ser rica; a ella el Señor le muestra que es desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda.

 

Ahora bien, presten atención en Pérgamo a la manera en que Satanás cambia sus tácticas. Si él no puede tener éxito mediante la persecución (la cual sólo hizo que Esmirna fuera más brillante en el testimonio, como más cerca de Cristo), intentará la seducción. Si él no puede ser un león, será una serpiente. Aquí ella ha fijado su residencia para morar donde Satanás tiene su "trono". Ello responde a la época de Constantino, cuando el imperio adoptó la profesión de Cristianismo y patrocinó a la iglesia. De este modo, en lugar de ser algo perseguido y despreciado por el mundo, la amistad y el patrocinio del mundo se convirtieron en suyos y en su ruina. En medio de todo un "Antipas" (cuyo nombre significa "contra todos"), puede ser recordado, un fiel testigo para Cristo, el cual padeció la muerte en el lugar donde una iglesia infiel moraba satisfecha. El mundo que su Señor y Maestro había rechazado de manos de Satanás la había atraído y la había vencido (Mateo 4). Ella debería haber andado en Sus humildes pisadas. Por tanto, fue más difícil para los fieles detener el torrente de corrupción que se estaba instalando ahora, y aun así, los que lo hacían serían alimentados por el maná escondido — un Cristo humillado — en la senda humilde de ellos. La doctrina de Balaam y de los Nicolaítas eran toleradas — el abuso de la gracia una vez aborrecido (Apocalipsis 2: 6). La gracia era tan plena que ellos decían, en cuanto a principio, puedes vivir como quieras, ello sólo realzará la gracia.

 

En Éfeso ustedes encuentran que ellos aborrecían la doctrina de los Nicolaítas; en Pérgamo leemos, "tienes a los que [la] retienen". ¡Qué lamentable! ¡De qué manera la atmósfera en la cual la iglesia se había deslizado había oscurecido su percepción de lo que era debido y apropiado para Cristo! Nosotros sentimos la más mínima suciedad cuando el corazón está con Él. Dejen que el corazón pierda fuerza como el arco que se rompe, y las cosas que nos habrían hecho estremecer son permitidas, y la conciencia se aturde. Las seducciones de Balaam iban ganando terreno; en realidad, ellos ya tenían una; y sin embargo, en medio de todo, "Antipas"-- ¡extrañamente significativo su nombre! — fue asesinado por su fiel testimonio de Cristo. Era algo grande ser un 'vencedor' en un estado tal de cosas. Un vencedor era uno que estaba frenando la marea y nadando contra la corriente. Tal persona sabría lo que era alimentarse del "maná escondido", y tener la "piedrecita blanca" dada por Cristo. Él podía entender la senda de un Cristo humillado, que había rechazado las seducciones del mundo, como la iglesia debería haber hecho. Nadie conocía el valor de la aprobación secreta de Cristo, sino el que lo merecía y la obtenía.

 

Cuando Tiatira aparece ustedes tienen otra cosa. Se trata de la completa corrupción del Catolicismo Romano en la edad media. Ustedes encuentran que en lugar de ser seducida a la corrupción como Pérgamo, la iglesia era ahora la originadora y la propagadora de ella. Dicha corrupción tuvo su origen en ella. Hijos nacieron de la corrupción (Apocalipsis 2: 23). Sin embargo Cristo reconoce incluso la creciente consagración de los fieles en medio de tal escena, pero el mal era permitido. "Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta de su fornicación, y no se arrepintió" [como debe ser leído el pasaje]. (Apocalipsis 2: 19 al 21). Hasta este mensaje nosotros encontramos al Señor procurando llamar a la iglesia a que regresara a su condición original; pues bien, no hubo esperanza de esto, "[Ella] no se arrepintió, o más correctamente "su voluntad fue no arrepentirse". La corrupción había entrado y encontrando allí una residencia, la nueva corrupción tomó auge en aquello que llevaba Su nombre en la tierra: por lo tanto, la esperanza de recuperación ha pasado.

 

Pues bien, encontramos dos cosas que son mencionadas por primera vez.

 

En primer lugar, un remanente en medio de la escena de corrupción, reconocido por el Señor; y,

 

En segundo lugar, la venida del Señor como el único recurso para los fieles, y en lugar de cualquier recuperación de la iglesia, el reino y la estrella de la mañana son presentados en esperanza.

 

Yo me atrevería a usar aquí una figura para ilustrar los diversos tipos de estado de la iglesia profesante. Un arcoíris es visto presentando varios colores, de los cuales un color especial es prominente en un momento dado. Si ustedes lo miran, observarán que el color prominente se suaviza, y otro destaca, y así sucesivamente. También con estas iglesias: alguna característica que se destaca de manera prominente en un momento dado está ante nosotros, después viene otra. Todos los colores están allí al mismo tiempo, pero uno prominente se destaca en relieve sobre los demás. De modo que estos varios rasgos pueden ser hallados en un mismo momento en la iglesia profesante; pero en ciertos momentos uno sobresale notablemente del conjunto.

 

Tiatira es aquí la corrupción completa y la autora de ella, y no hay esperanza de retorno. Los fieles tienen que retener hasta que el Señor venga de nuevo. Ella estaba asumiendo "autoridad sobre las naciones" — el Catolicismo Romano en la edad media hizo esto; pero el fiel tendría esto, cuando Él volviera, al cual le pertenece por derecho, pero no como en la escena de Su rechazo, donde la iglesia corrupta la estaba usurpando. La "estrella de la mañana" que se les dio mientras tanto hablaría de Cristo conocido en gloria celestial, y del aspecto celestial de Su venida antes que Él aparezca para tomar el reino, presagio de este día resplandeciente de gloria terrenal en el cual ellos estarían asociados con Él en todo lo que Él recibió de Su Padre.

 

Lean Apocalipsis 2: 24 de este modo: "Pero a vosotros os digo, los restantes [o, remanente] que estáis en Tiatira". La palabra que los pondría a prueba es, "Lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga". Habría suficiente tiempo para tener el reino cuando Cristo lo obtenga, en lugar de 'reinar como reyes' con la iglesia infiel a su Señor ausente.

 

Cuando llegamos a Sardis, la cual nos presenta el Protestantismo desde la Reforma, encontramos que ellos habían "recibido y oído" mucho. ¿Qué uso ellos le dieron? Dios había obrado, y del resultado producido en manos del hombre vino este estado Sardiano, del cual la muerte era el rasgo principal. Sardis tenía nombre de que vivía pero estaba realmente muerta delante de Dios. La iglesia en el Protestantismo no había asumido poder como Tiatira, sino que había apelado al mundo, y era del mundo, y sería tratada como el mundo cuando Él viniera sobre ella "como ladrón". Las obras de ellos podían ser bien vistas delante de los hombres, pero no eran perfectas delante de Dios. Si de Tiatira Él dice, Te pondré "en gran tribulación", de Sardis dice, «Yo la trataré como el mundo, porque ella es el mundo y nada más.» Esto es lo que le está reservado al Protestantismo, con una profesión externa decente, pero careciendo de todo lo que le daría realidad delante de Dios. Ustedes notarán que la venida del Señor es mencionada aquí en cuanto al carácter en que Él vendría sobre Sardis. "Hasta" ese acontecimiento, era el pensamiento prominente en Tiatira: En Sardis es, "como ladrón". Vean 1ª. Tesalonicenses 5: 2 al 5 para la solemne intensidad de ello.

 

En Filadelfia es más la Persona que viene lo que está ante el alma; Él viene pronto. Este es el llamamiento de Dios en las escenas finales de la triste historia de la iglesia. La marca identificadora prominente, por así decirlo, es: el poder de Cristo descansando sobre ellos estando en debilidad. "Poca fuerza", es su carácter, pero ella lo usa, y guarda Su "palabra", y no niega Su "nombre". ¡Hermoso y bienaventurado testimonio de Su corazón rendido a los débiles! Filadelfia ('amor fraternal') no es un estado perfecto de cosas, pero es el estado de cosas de Dios (ver nota 1), y esto es lo que queremos.

 

(Nota 1. Esto sería en cualquier momento, y donde quiera que se encuentre; pero caracterizando especialmente a los que siguen con Cristo, un remanente verdadero al final, cuando Laodicea caracteriza a los que se hunden en la religión mundana con mucha jactancia alrededor nuestro. Estas dos se ramifican del estado de cosas que hizo a Sardis. Todos los cuatro estados, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea, son contemporáneos y siguen hasta el final, si bien comienzan una después de la otra cronológicamente. Todas existen ahora, porque, ¿quién puede negar que Laodicea se manifiesta?

 

Silenciosa y discretamente ella andaba en lo que convenía a Su nombre — el Santo, el Verdadero. Ella no podía decir, como Jehú, "Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová", quien, después de todo, se caracterizó, en el fondo, por la ambición y la crueldad. (2º. Reyes 10). Tampoco podía ella, como Laodicea, jactarse de que era rica y que se había enriquecido, y que de ninguna cosa tenía necesidad.

 

Tiatira puede entrar en gran tribulación — puede ser encontrada como el mundo y ser tratada como el mundo — Laodicea está lista para ser vomitada de Su boca: y en medio de todo, Filadelfia espera al Señor, ella guarda Su palabra y anda en lo que conviene a Su nombre, y Él la guardará de la hora de la prueba (Isaías 24), que viene sobre todo el mundo, "para probar a los que moran sobre la tierra". (Apocalipsis 3: 10).

 

Cristo mismo se presenta a ella como uno que está afuera de toda la escena — no estando afuera de una manera eclesiástica como andando en medio de los candeleros, sino moralmente conforme a lo que Él es en Sí mismo, y como uno que dispone de todo. Tanto positiva como negativamente ella es fiel a Cristo; sin embargo, para los demás, ella no tiene fuerza aparente. Ella tenía solamente poca fuerza, ¡y la usó para Cristo! Este era el poder. Las personas son atraídas mediante el poder. Pero, ¿cómo lo buscan? En alguna gran exhibición con resultados brillantes, y manifestaciones de él. ¿Pensaron ellos alguna vez acerca del poder que se manifiesta en la paciencia? La paciencia es una señal de poder cuando la iglesia está en ruina. Es para producir esto que Dios propone todos los recursos de Su poder. "Fortalecidos con toda fortaleza, conforme a su glorioso poder" (Colosenses 1: 11 – VM). Ustedes dicen, ¿Con qué fin? La respuesta está en el mismo versículo: "para toda paciencia y longanimidad, con regocijo". (Colosenses 1: 11 – VM). ¡Qué decadencia en la estimación del hombre, esperando algún brillante resultado para atraer la atención de todos! Pero la paciencia fue la primera señal del poder apostólico (2ª. Corintios 6: 4), y es incluso más importante para Dios que la más sorprendente manifestación de poder.

 

En Laodicea ustedes encuentran lo que Satanás puede hacer con la carne en el hombre de una manera religiosa. De ella Él dice, "ni eres frío ni caliente" ¡y Él está punto de vomitarla de Su boca! La iglesia fue llamada a andar en el Espíritu, afuera del hombre y de su esfera de cosas. Aquí ella ha regresado completamente a andar en la carne, y es un testimonio falso para Cristo. Él está a la puerta y llama; Él está afuera de toda la escena, excluido por aquello que lleva Su nombre. Cuando esa fase se manifiesta plenamente, Él ya no puede soportar más la profesión. Y el juicio amenazado en Éfeso es ejecutado con toda señal de Su repugnancia. La corrupción de lo mejor es el peor de los males, y Él la trata como tal.

 

Volvamos a la actitud de Cristo en medio de estos candeleros. Se verá que Él llama al individuo que tiene oídos para oír lo que el Espíritu dice a la iglesia en su conjunto: no a la iglesia, por lo menos desde Tiatira en adelante, (ver nota 2), ella es corrupta; el vencedor tendría su recompensa. Las recompensas son apropiadas a las dificultades peculiares a través de las cuales cada uno de ellos ha pasado en fidelidad a Él.

 

(Nota 2. El llamamiento a oír dirigido hasta ahora a toda la iglesia, resuena desde este punto (Apocalipsis 2: 29), solamente en el oído del vencedor. La iglesia en su conjunto es desahuciada incluso como si tuviera un oído para oír).

 

Pero se observará que en toda esta Escritura no hay ni una sola enseñanza para el individuo ¡excepto la que le dice que 'oiga'! Alguno ha encontrado que es un asunto de mucha dificultad el motivo por el cual, en medio de tanto mal, no sea dada ninguna enseñanza para que uno se limpie de él, y para apartarse de tal estado de cosas. Mientras otras Escrituras son bastante claras en cuanto al principio, aquí, donde tal flagrante mal es revelado, ¿por qué no hay instrucciones acerca de cómo actuar?

 

La respuesta es sencilla. Juan está viendo las vicisitudes de aquello en que Pablo había sido usado administrativamente para establecerlo, y de estos mensajes nos enteramos lo que Cristo hará con ello. Él no devela lo que yo debo hacer, sino que me dice lo que Él hará, y me llama a oír y a vencer. Si yo quiero ver mi propia senda, y lo que debo hacer, yo tengo que buscarlo en otra parte cuando yo haya oído lo que el Espíritu dice a las iglesias. Es más probable que yo encuentre mi senda en Pablo, por medio del cual, si él puso el fundamento de la iglesia que había caído ahora en decadencia, nos enteramos también que esta sería su historia y tiene instrucciones inspiradas para afrontar el cambiado estado de cosas. Entonces, es a él a quien debo acudir, como también a otras Escrituras, para ver cuál debería ser la senda del vencedor en un día malo. . Espero poder hablar de esto en otra ocasión.

 

F. G. Patterson

 

 Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Abril/Mayo 2019.-

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).


Título original en inglés:
"Blackrock Lecture 3, Christ Among The Candlesticks,
by F. G. Patterson 
Traducido con permiso

Versión Inglesa