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"AL QUE VENCIERE" (F. G. PATTERSON)

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"Al Que Venciere"

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 4 – Segunda parte del tema "Cristo En Medio De Los Candeleros"

 

F. G. Patterson

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

 

Hasta ahora he procurado traer ante ustedes, en primer lugar, lo que la iglesia es en la verdad y en la realidad de ella, como el cuerpo de Cristo en propósito y resultado, conforme a los consejos de Dios. Lo que ella será cuando Cristo — el segundo Hombre — el postrer Adán — posea Sus glorias de manera manifiesta; la iglesia es entonces "la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo". También consideramos el otro aspecto de la iglesia como el cuerpo de Cristo en la tierra, constituido y mantenido en su unidad como "un solo cuerpo" mediante la presencia y el poder del Espíritu Santo. Después perfilamos a partir de la Escritura la casa de Dios como el cuerpo profesante que está aquí abajo; y por último, vimos la actitud judicial en la que Juan presenta a Cristo con respecto a ella con "ojos como llama de fuego" (Apocalipsis 1: 14); un aspecto en el cual yo creo que Pablo no podía presentarlo. Es más su incumbencia presentar un Cristo celestial ido a lo alto como hombre a la gloria de Dios; y él no Lo hace descender de nuevo. Obviamente, el hecho de que Él será manifestado en juicio también está en los escritos de Pablo; algo muy cierto y necesario para completar la Palabra de Dios.

 

Es muy bienaventurado, queridos amigos, saber que nosotros estamos unidos a Él, el cual es el Juez de vivos y muertos, por el Espíritu Santo enviado. Tenemos vida eterna en Él, y estamos en completa redención. No hay judicialmente una sola sombra entre nuestras almas y Cristo.

 

Pero no obstante, Él va a vomitar de Su boca el cuerpo profesante que lleva Su nombre aquí abajo, y yo no quiero ser identificado con el estado por el cual Él lo rechazará así; yo quiero ser un vencedor. Yo no digo que sea posible que un Cristiano verdadero sea vomitado de la boca de Cristo; pero él puede ¡lamentablemente! ser hallado en ese momento identificado con ese estado que es totalmente nauseabundo para Cristo.

 

Mucho se dice acerca de las bendiciones para el vencedor en estas Escrituras (Apocalipsis capítulos 2 y 3). ¿Cuál es el significado de un 'vencedor'? No es una persona que se mantiene firme cuando todas las cosa están en orden. Tomen a Adán en el huerto. ¿Tuvo él que vencer en algo? No. Entonces, cuando vencer se hace necesario, ¿cuál es la circunstancia? Las cosas se han desordenado; la mayoría se ha ido de inmediato. Una pleamar los hizo entrar; la marea vino y los arrastró inmediatamente. Pues bien, cuando las cosas sean así, el vencedor tiene que estar firme por Cristo en la escena; y él es justo aquel a quien el corazón de Cristo es atraído de una manera que no podía haber sido cuando todo el cuerpo iba bien.

 

Fue en el oscuro día de la ruina de Israel que Elías y Eliseo fueron sustentados; no hubo hombres así en los prósperos días de Salomón. La fe que llevó a Elías a través de tales días de ruina para Dios, fue respondida ¡mediante su traslado al cielo en un carro de fuego!

 

El vencedor era uno que cuando descubría que el pueblo de Dios se estaba distanciando de un estado apropiado para Él, estuvo conteniendo la corriente. Si ustedes han nadado alguna vez contra una corriente, saben qué sucedería si dejan de dar una sola brazada contra una corriente y donde irían ustedes a tocar tierra. Y, mis queridos amigos, una cosa es haber conseguido un firme punto de apoyo, y otra es mantenerlo — una cosa es tener entendimiento acerca de un lugar divino, y es del todo otra cosa mantenerlo en poder.

 

En la ocasión anterior en que me dirigí a ustedes, mencioné que en los mensajes a las Siete Iglesias ustedes no obtienen instrucciones individuales en cuanto a qué hacer. Ustedes tienen recompensas prometidas al vencedor, pero no se les dice de qué manera vencer. Muchos dicen, por ejemplo, «Consideren todo el mal y cosas por el estilo que hay en las siete iglesias, y ¡el Señor no ordena a Su pueblo que las abandonen!» ¿Les digo por qué no Él no lo hace? Por este motivo: ustedes nunca tienen en esos mensajes ni una sola instrucción con respecto a lo que ustedes tienen que hacer, excepto una, es decir, ustedes tienen que 'oír'. ¿Oír a la iglesia? NO; ella es una cosa juzgada. Tienen que oír "lo que el Espíritu dice a las iglesias". Entonces ustedes encuentran la bendición prometida "Al que venciere".

 

Vayan conmigo a unas pocas Escrituras en el Antiguo Testamento para que podamos ver de qué manera otros vencieron en un día malo.

 

En Éxodo 32 encontramos un caso de este carácter. Israel había sido llamado a salir de la idolatría; primero Abraham, y después toda la nación, para ser el testimonio del único Dios verdadero. Pero en el momento en que al pobre hombre se le encarga algo, él fracasa. Moisés había subido para recibir la ley por parte de Jehová, y el pueblo de Israel y Aarón estaban abajo. Tan pronto como perdieron de vista a Moisés, ellos hicieron un becerro de oro; regresaron a la idolatría; a la cosa misma de la cual habían sido llamados a salir.

 

Así con la iglesia de Dios. Ella fue llamada a andar del todo afuera del hombre y de la carne y lo primero que hace es caer de nuevo en el andar en la carne. Ustedes encuentran murmuración acerca de un asunto de los fondos en Hechos 6. En Hechos 2 todos ellos fueron "llenos del Espíritu Santo"; pero cuando llegamos a Hechos 6 ellos tuvieron que 'elegir varones llenos del Espíritu Santo'. Ustedes ven que no todos estuvieron llenos en aquel entonces.

 

Pues bien, aquí en Éxodo 32 Moisés había subido al monte, y Aarón había hecho el becerro de oro, asociando el nombre de Jehová con la figura de ¡"un buey que come hierba"! (Salmo 106: 20). Y dijeron, "Israel, estos son tus dioses", etc. Yo sólo recuerdo ahora esta bien conocida historia para mostrar de qué manera Moisés y Leví vencieron. Moisés tomó las tablas de la ley que Dios le había dado, y las quebró al pie del monte. ¿Por qué él actúa así? Por haber entrado en el pensamiento de Dios, por haber estado con Dios. Él hace exactamente la cosa correcta en el momento correcto. Fue la intuición de la comunión divina. ¡Hermosa acción de Moisés! La gloria de Dios fue cuidada, y también la seguridad del pueblo. La ruptura de las tablas satisfizo a ambas cosas, porque si la ley hubiese entrado al campamento ello sólo pudo haber resultado en la destrucción de ellos, y entonces, ¿Dónde habría estado el testimonio de lo que Él era en Su propia naturaleza?

 

Fíjense en el versículo 25. A Moisés se le había dado a Aarón por su incredulidad al principio, y de todas las personas, él lo llevó a la angustia más profunda. Siempre es así. Llevamos un aguijón en nosotros por nuestra incredulidad, y luego llega el momento en que se encona y nos da muchos momentos amargos. Vean también a Abraham. Él desciende a Egipto y recibe a la sierva Egipcia. Ella fue un aguijón recibido en esa tierra de tinieblas. Vean de qué manera él cosechó lo que había sembrado a través de ella.

 

Siempre es así. Dios dice, por así decirlo, «Bueno, tu no puedes elevarte a mí, yo descenderé a ti.» Entonces encontramos cuán mejor nos habríamos elevado a Él, superando todos los montes de dificultad que la incredulidad había suscitado.

 

Moisés se puso a la puerta del campamento, y dijo — y, de paso, que ello sea una palabra para toda conciencia a la que me dirijo, que cada uno esté dispuesto a estar por Dios aquí abajo — él dijo, "¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo". Y se juntó con él toda la tribu de Leví. Espléndida acción en fe para vencer. Ellos se mantuvieron en fidelidad por Dios delante de los hombres, ¡y obtuvieron el privilegio glorioso de ser la tribu sacerdotal! Y este es el verdadero carácter y la base verdadera de todo sacerdocio. Una cosa es ser sacerdote de Dios por gracia, como son todos los Cristianos, pero otra muy distinta es obtener nuestro sacerdocio por medio de la consagración a Dios. Justo en la medida que hemos sido fieles por Dios delante de los hombres es que ¡nosotros podemos estar delante de Dios por los hombres!

 

Moisés dice, "¿Quién está por Jehová?" y la tribu de Leví responde al llamado. Ellos se separaron en fidelidad de sus hermanos que eran infieles a Dios, y se consagraron para que su lugar sacerdotal fuera la tribu sacerdotal, pues no habían dudado cuando llegó el momento de elegir entre Dios y el hombre. Jehová, por así decirlo, nunca olvidó lo hecho por Leví.

 

Si pasamos a Deuteronomio 33 y examinamos las bendiciones de las tribus, yo encuentro que Moisés se ocupa especialmente de dos, José y Leví. Leemos, "Y de Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim sean para tu siervo favorecido, a quien probaste en Masa, con quien contendiste junto a las aguas de Meriba; el cual dijo de su padre y de su madre: No los he visto: ni a sus hermanos conoció, y de sus mismos hijos no hizo caso: porque guardaron tus dichos, y sobre tu pacto vigilaron. Ellos pues enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel; pondrán incienso delante de ti, y holocaustos sobre tu altar". (Deuteronomio 33: 8 al 10 – VM). Las luces y perfecciones (Tumim y Urim) de las relaciones de Jehová con Su pueblo, y de Su pueblo con Jehová, serían de él. Hubo también intercesión con el Señor, "Pondrán incienso delante de ti", y enseñarán Sus juicios a Jacob y Su ley a Israel. Esto fue el vencer en Leví.

 

En el capítulo siguiente de Éxodo (33) Moisés tomó la tienda, y la levantó lejos, fuera del campamento. No hubo ninguna orden de parte de Dios para hacer esto, sino que él actuó en la inteligencia que había obtenido al estar con Él. Todo aquel que buscaba a Jehová de ese campamento culpable salía y hablaba con Moisés como un hombre habla con su amigo. Ustedes encuentran aquí otra acción en el vencer. El campamento había fracasado por completo. «Pues bien», dice Moisés, «yo no iré con el mal.» Él ve que si el Señor iba a seguir con el pueblo debía existir el hecho de separarse del mal hacia Él.

 

Fue el momento más glorioso de la carrera de aquel bienaventurado siervo. Si ustedes van a Números 12 verán de qué manera Jehová apreció la acción. Leemos, "No es así mi siervo Moisés, el cual es fiel en toda mi casa", "Boca a boca hablaré con él". (Números 12: 7, 8 – VM).

 

Paso ahora a otro 'vencedor' en Números 25. Había llegado un momento de enorme corrupción y el levita Finees, con su lanza, adquirió "sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios" cuando la corrupción estaba extendiendo su mácula inmunda sobre Su pueblo. No importó si en tiempos pasados Leví y Simeón habían sido los más cercanos aliados en la maldad (Génesis 49: 5 al 7), llegó ahora el momento cuando Dios fue todo y Zimri el Simeonita cae muerto por la lanza de Finees hijo de Eleazar, ¡hijo del sacerdote Aarón! Esto fue vencer; este fue el hijo de una tribu sacerdotal cumpliendo él mismo, bajo la prueba, los requisitos para su sacerdocio, como un ¡sacerdote entre los sacerdotes!

 

Si pasamos ahora a Jueces 7, encontraremos el vencer, cuando se trató de un caso de bendición natural que sacó a otros del camino. Yo leo acerca de la pequeña compañía de Gedeón que venció. En primer lugar, encontramos que en este día de batalla con los Madianitas, el ejército de Israel salió con treinta y dos mil hombres. Y Jehová dijo, "El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado". Es el modo de obrar de Dios en la debilidad del hombre, recordemos la Escritura que dice, "para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros". (2ª. Corintios 4: 7). Veintidós mil que temían y se estremecían se devolvieron. "Y quedaron diez mil. Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá".

 

Temor y dificultad fueron las pruebas para la primera vez, y los que superaron estas pruebas, y no tuvieron miedo y no se estremecieron son probados ahora con una bendición natural, y ¡nueve mil setecientos fracasan! Solamente trescientos superaron ahora la prueba. Cuántas almas han recibido vigor y fortaleza al pasar a través de un aprieto con Cristo; pero cuando llega un momento de tranquilidad, cuando la naturaleza puede liberarse a sí misma, y los lomos no están ceñidos, el fracaso y la descalificación siguen a continuación. Vean a David en los días de su rechazo, ¡qué noble senda de fe fue la suya! Sin embargo, cuando se sintió tranquilo y cómodo, con lomos no ceñidos, él cae en la senda de la gratificación del yo. ¡Qué honda fue su caída en el asunto de la mujer de Urías! "El tiempo cuando los reyes salen a la batalla", había llegado, "Pero David permaneció en Jerusalén". (2º. Samuel 11: 1 – LBLA). ¡Oh qué fracaso; qué amargura resultó de ello!

 

Así fue aquí con el ejército de Gedeón. Solamente trescientos superaron la prueba. Sus corazones estuvieron en las batallas de Dios de aquel día. Ellos no rechazaron, en el celo austero de la carne, la bendición a medida que ella se interponía en su camino, pero no se vieron enredados en ella. Este fue el asunto. Al igual que Jonatán metiendo su vara en el panal de miel y comunicando, él fue renovado. Otros intereses urgían su corazón, y él comunicó con ojos aclarados. (1º. Samuel 14: 27, etc.).

 

La prueba fue, "Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber". (Jueces 7: 5). Uno (Jonatán) arrebató la bendición apresuradamente y la comunicó; el otro (David) participó de lo que hizo a gusto. Israel quiso lo primero, y también Dios. Dios libró a Israel por medio de los trescientos hombres que se negaron a sí mismos. La victoria fue obtenida. Y Dios está librando a muchos en la hora actual, por medio de los pocos fieles que oran con fervor y se niegan a sí mismos; mientras miles se hunden en el confort de las cosas que los rodean, en disfrute y descanso carnales.

 

Paso a otro 'vencedor' en Jeremías. Su senda es una muy sorprendente. Acunado, como podemos decir, en el regazo del más admirable avivamiento que jamás haya tenido lugar en Judá — el brillante día del rey Josías, el cual siguió a continuación del lúgubre y maligno día de Manasés.

 

Yo puedo comentar que hubo dos grandes avivamientos en la historia de los reyes de Judá. Aquel bajo Ezequías, y aquel bajo Josías. El primero estuvo caracterizado por la fe. Ustedes recordarán de qué manera Ezequías oró y extendió la carta delante de Jehová, y Jehová entró y destruyó el ejército de Senaquerib. Leemos, "Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros, y la leyó; luego subió a la Casa de Jehová, y la extendió Ezequías delante de Jehová". (2º. Reyes 19: 14 al 37 – VM). Pero el avivamiento de Josías tuvo otra característica que fue la atención a la Palabra de Dios. El rollo del libro fue hallado, y entonces vino la maravillosa revolución producida por el hecho de juzgar todas las cosas por medio de ese estándar perfecto.

 

Como analogía, ustedes tienen estos dos avivamientos en la historia de la iglesia. El de la Reforma se caracterizó por una fe audaz, quebrantando las cosas existentes; y aunque la palabra de Dios fue, en cierta medida, la base de la reclamación, las cosas no fueron juzgadas conforme a su estándar. Se trató más bien de una reforma de aquello que parecía ser la iglesia alrededor. En la época actual ha llegado otra acción, y Dios está llevando almas de regreso a la Escritura; y una especial atención a la palabra de Dios da un carácter a la acción de Su Espíritu en las almas actualmente en este siglo 19. (Ver nota 1). Es juzgado todo aquello a lo cual la veneración de los siglos y la antigüedad de las edades daban encanto y alejaban las almas de las Escrituras; y Dios ha cuidado, en Su infinita misericordia, que cuando Él nos ha encomendado a la Escritura en estos días postreros, nosotros debamos encontrar en ella todo lo necesario para las exigencias de cada hora. (Hechos 20: 32; Colosenses 3: 16).

 

(Nota 1. Obviamente, yo no digo hasta dónde ha existido un sometimiento del corazón en Su pueblo a la palabra de Dios, en cualquier grado. Aun siendo así, Dios nos encomienda a la Escritura. Nosotros tenemos la verdad allí, y "el que conoce a Dios, nos oye" (es decir, a los Apóstoles y los escritos apostólicos). Vean el discurso de Pablo a los ancianos en Hechos 20; y la conclusión de 2ª. Timoteo 3, 1ª. Juan 4: 5, 6, etc.).

 

Insten a las personas a que lean la Palabra de Dios y ellas los abandonarán. Ellos dicen que los tiempos han cambiado. Ella podía servir en aquel entonces, pero no servirá ahora. Se necesita coraje para obedecerla, sin duda; coraje para con uno mismo, coraje para con los demás. Pero aquel que obedece a Dios en un mundo como este, está reconociendo a Dios en un mundo que Le repudia. Las personas pueden decir que la reciben. Pero, ¿la guardan — observan Su palabra, y no niegan Su nombre?  Leemos, "Esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley", etc. (Josué 1: 7). La verdadera obediencia Cristiana es la obediencia a Cristo, no tener voluntad propia, el nuevo hombre viviendo y siendo guiado por toda palabra de Dios.

 

Dios no esta trayendo ahora a la memoria de Sus santos el Cristianismo primitivo, sino el Cristianismo original. Esto nos habla también de cuán cerca está la venida del Señor.

 

Pues bien, la historia de Jeremías comenzó en los días de la pascua de Josías. Él cantó las Lamentaciones cuando ese fiel rey fue asesinado. Han existido muchos hombres cuyos ministerios han dejado una gran marca, por así decirlo, tras ellos; con él no fue así (salvo lo que él ha escrito). Él fue la voz de Dios a Su pobre pueblo mientras ellos tuvieron oídos para oír. Consideren Jeremías capítulo 13. ¿Qué dice él? «Si ustedes no oyen Sus palabras, yo iré y lloraré a causa de ustedes delante de Jehová.» (Jeremías 13: 15 al 17).

 

Fue también un día cuando ellos pudieron gloriarse, "¡El Templo de Jehová, el Templo de Jehová, el Templo de Jehová son estos edificios!" (Jeremías 7: 1 al 11 – VM), y sin embargo añadieron, "Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones". Qué semejanza con lo que algunos afirman: «Nosotros no podemos evitar el mal, y esto es lo mejor que podemos encontrar», y cosas por el estilo. Fue un día como el actual en más formas que esta. El grupo eclesiástico se jactaba de que la ley no faltaría "al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no atendamos a ninguna de sus palabras". (Jeremías 18: 18, 19). El testimonio de Dios fue rechazado y el pretexto de antigüedad y de sucesión fue establecido.

 

¡Qué parecido es todo ello a la hora actual! Cuando el testimonio de la verdad de Dios es defendido por unas pocas almas sencillas, ¿quiénes son los oponentes más acérrimos? Son los que afirman ser los que, ¡conservan lo que es divino! Sin embargo, ellos se oponen por igual al testimonio que Dios presenta, y a las evidencias de la obra de Dios en otros, y se hunden más que antes en las más completas tinieblas y en la más completa hostilidad hacia Dios.

 

En Jeremías 15 encontramos la senda de Jeremías; "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos". Él come la palabra, la digiere y la hace suya. Pues bien, ¿cuál es el resultado? Leemos, "me senté solo". La Palabra lo separó de todos, para Dios. (Jeremías 15: 16, 17). Entonces llega la respuesta de Dios; Dios reconoce la posición. Noten también de qué manera su fidelidad fue la base para que él fuera usado para los demás; él se ganó el lugar. No se trató, obviamente, de que no fuera la gracia la que se lo concedió, y también lo usó, yo lo admito, completamente. Ahora bien, dice Jehová, "si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte (salvarte) y para defenderte, dice Jehová". (Jeremías 15: 19, 20). Esta posición de separación para Jehová fue una torre — una ciudadela de fortaleza en un día malo; una posición adonde podían venir todos los que amaban Su nombre.

 

Si yo acudo a Pablo en el Nuevo Testamento (Efesios 4), encuentro que no se trata de una separación imprecisa para algún objetivo indefinido. Yo encuentro lo que tenemos en medio de la escena. "Os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, etc." (Efesios 4: 1 al 4 – LBLA). Existe una diferencia entre la aquí llamada "vocación o llamamiento" y el "llamamiento o vocación" de Hebreos 3: 1. En este último caso ello es individual; en el anterior está relacionado con el llamamiento colectivo de la iglesia — "un solo cuerpo" — una "morada de Dios en el Espíritu". Él dice ahora, «¿andas como es digno de dicho llamamiento?» No obstante, yo debo conocer mi llamamiento (o vocación) antes que yo pueda hacerlo. Aquí está bastante claro. Bien podría yo decir que mi salvación no tiene ninguna importancia, como decir que mi senda no tiene consecuencias como miembro de Cristo. Ambas cosas descansan simple e inmutablemente en la palabra de Dios. Si yo acepto una estoy obligado a aceptar la otra. Yo no me atrevo a decir, «Los Cristianos no han logrado seguir lo que se ha dado, y esto me exonera.» Tal razonamiento no se mantendría en pie delante del Señor ni por un momento. Si yo digo, «Las cosas están en una confusión sin esperanza.» Así es, Pero este estado de cosas, el hecho de culpar a los demás, ¿lo exonerará a usted?

 

¿Ha salido el Espíritu Santo de la iglesia? ¿Ha cambiado el hecho divino de que "Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu"? No, Él está aquí y mantiene la unidad del cuerpo de Cristo tan verdaderamente como siempre. La pregunta sencilla es, ¿Ha fracasado Él? Pero usted dice, «Todo está dispersado. ¡Me han dicho que hay mil trescientas sectas en la Cristiandad! ¿Cómo puedo yo poner esto en orden?» Bueno, suponga usted que no puede hacerlo (y es verdad), usted debe comenzar por usted mismo, y ¡ponerse usted mismo en orden! Esto es la primera cosa. Tal como Jeremías hizo en su día, a saber, la Palabra de Dios digerida en su alma lo aisló pero no por mucho tiempo, pues él iba a ser la boca de Dios para separar lo precioso de lo vil (Jeremías 15: 19).

 

Existe lo intrínseco, "un solo cuerpo y un solo Espíritu" con "una esperanza" (Efesios 4: 4 – LBLA). Luego viene la unidad de profesión, "un solo Señor, una sola fe (es decir, un credo común, no Judío, ni Pagano), un solo bautismo" (Efesios 4: 5 LBLA); obviamente es el bautismo de aguas que introduce en la esfera de la profesión. Después tienen el tercer círculo, el más amplio de todos, y sin embargo se reduce a lo que es más íntimo de todo; "Un mismo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por medio de todas las cosas, y en todos vosotros". (Efesios 4: 6 – VM). Él está "sobre todas las cosas"; esa es Su supremacía. "Por medio de todas las cosas"; Él impregna todo. Entonces Él regresa a los santos, Él está "en todos vosotros"; Él está en relación con ellos según el carácter del nombre de Dios y Padre. Tal como uno posee una gran propiedad, pero Él mora en la casa que está en ella, y así la posee; así también Dios lo hará pronto en la iglesia. Él tomará posesión de "su herencia", en y por los santos, con Cristo, como Él lo hizo con la tierra prometida de antaño, en Su pueblo Israel. (Efesios 1: 18).

 

Hay, por tanto, tres grandes círculos de unidad. Ellos tienen cierta analogía con los que ustedes encuentran en Juan 17.

 

En primer lugar está la unidad apostólica, esencial; los apóstoles eran de una sola mente y de un solo propósito, como el Padre y el Hijo, por el Espíritu Santo (Juan 17: 11).

 

En segundo lugar, ustedes encuentran la unidad de la comunión divina y el consiguiente testimonio al mundo alrededor en gracia (Juan 17: 21). Esto fue visto en el primer momento de la historia de la iglesia en Pentecostés.

 

En tercer lugar, la perfecta unidad de gloria, la cual será pronto, cuando el mundo conocerá lo que podría haber creído por lo mencionado en Juan 17: 21, si nosotros hubiésemos sido fieles (Juan 17: 23). Esta será la unidad de gloria exhibida en el día milenial cuando no puede haber ningún posible fracaso.

 

Volviendo; nosotros encontramos que el Espíritu Santo ha mantenido intacta esta unidad, sin importar de qué manera los hombres han roto externamente la iglesia de Dios. Encontramos así algo definido para que nos guíe; podemos reunirnos al nombre del Señor cuando nos hemos limpiado a nosotros mismos del mal, de la falsedad, y de la profesión que nos rodean; incluso los pocos más débiles, y encontramos que "un solo cuerpo y un solo Espíritu" continúan existiendo.

 

Esta "unidad del Espíritu" incluye a todos los miembros de Cristo que no están bajo disciplina, e incluso Cristo mismo como su Adalid. Es un concepto que abarca y contempla toda la iglesia de Dios y, no obstante, en su carácter debe ser adecuada a Cristo. No se trata meramente de la unidad de Cristianos, es comparativamente fácil tener esto. Es fácil decir, «Enterremos nuestras diferencias y estemos juntos», y entonces unir el nombre de Cristo a ello, y llamarlo unidad. La moda actual es hacer una unión y unir a Cristo nominalmente a dicha unión. Por el contrario, el Espíritu de Dios une la unidad a Cristo.

 

Las personas razonan, «¿Acaso no son todos los creyentes, independientemente de cómo ellos anden, miembros del cuerpo de Cristo?» Yo lo admito totalmente, pero ustedes pueden decir, «no, que ¡Yo no puedo negarlo!» Ellos son miembros del "un solo cuerpo" de manera abstracta, y el Espíritu de Dios mantiene su unidad. Pero cuando llego a la práctica no puedo reconocer que todos estén esforzándose "por preservar la unidad del Espíritu". (Efesios 4: 3 – LBLA). Yo hablo de la práctica, es decir, procurar diligentemente hacer realidad por medio del Espíritu esa unidad en la que hemos sido formados.

 

Lo que Dios nos encomienda es esa unidad, la cual incluye a todos los miembros de Cristo, y que sin embargo no permite nada que no sea adecuado al Adalid de esta unidad, ¡el cual es el propio Cristo!

 

Existe una notable diferencia entre ser en lo abstracto "un solo cuerpo", y la observancia de esto de manera práctica. (Ver nota 2).

 

(Nota 2. Si Esdras y su remanente vinieron a Jerusalén, ellos encontraron un centro divino de reunión para todo Israel; ellos no pudieron excluir a nadie que pudiese mostrar su genealogía — esto fue necesario, porque se trató de un regreso. Sin embargo, Si Nehemías y su compañía vienen más tarde, no servirá hacer una nueva ciudad y un nuevo templo y llamar a eso Jerusalén, porque en lo abstracto todos eran Israelitas. Ellos deben seguir adonde otros habían sido conducidos por Dios, y agradecer a Dios que Su gracia había obrado en las almas antes que aparecieran en la escena.).

 

Examinemos lo que Pablo dice en 2ª. Timoteo 2. Él ve la casa de Dios en ruina cuando escribe esta carta a su amado hijo en la fe. En su primera epístola encontramos la disposición de las cosas cuando ellas estaban en orden; en la segunda epístola, encontramos la senda del santo cuando las cosas estuvieron en desorden.

 

En 2ª. Timoteo 2: 19 él dice, "Sin embargo el sólido fundamento de Dios se mantiene firme, teniendo este sello, Conoce el Señor a los que son suyos; y, que todo aquel que nombra el nombre de Cristo se aparte de la iniquidad". (2ª. Timoteo 2: 19 – JND). Nosotros no podemos decir, «Toda la cosa está en ruina, estamos entregados a esta corrupción.» No. La verdad fundamental no ha cambiado, y aunque la ruina no puede ser remediada, nosotros somos responsables de esto. El Señor ve una gran cantidad de profesión y dice, «Yo conozco a los que son Míos en ella.» Después tenemos la responsabilidad de los que nombran Su nombre, ellos deben apartarse "de la iniquidad". Esto ya lo hemos mencionado antes. No necesito decir una palabra más si las almas no han llegado hasta aquí. Luego él se ocupa de la analogía de una casa grande, con vasos para honra y deshonra; el hombre de Dios debe limpiarse de estos, para que pueda ser un vaso para honra, santificado, como Jeremías, y útil para ser usado por su Maestro. Él no puede seguir con aquello que es infiel ni puede poner las cosas en orden. Esta debe ser entonces su senda, ser un 'vencedor' en la escena que lo rodea. Si usted encuentra lo que es correcto, y lo que el Señor quiere que usted haga, "al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado". (Santiago 4: 17).

 

Pues bien, él continúa diciendo, "Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro". (2ª. Timoteo 2: 22 – LBLA). Nada puede ser más claro para cualquier corazón gobernado por la palabra de Dios. Yo tengo que vigilar mi propio corazón, no sea que el enemigo encuentre una puerta abierta para arruinar una senda de separación externa del mal por medio de la inmundicia interior. Luego encuentro en 2ª. Timoteo 2: 22 a aquellos con los cuales yo puedo — no, más bien estoy obligado a andar. La senda no es una senda solitaria, porque gracias a Dios que van a ser hallados "los que invocan al Señor con un corazón puro" (2ª. Timoteo 2: 22 – LBLA).

 

Esta es la acción del Espíritu de Dios entre los santos en el momento actual, separando "lo precioso de lo vil". (Jeremías 15: 19). El Señor se ha propuesto en Su corazón despertar a Sus santos que duermen para que no se avergüencen ante Él en Su venida.

 

Entonces una persona puede decir, «Vaya, estas personas están expuestas a las mismas dificultades que cuando el mal entró al principio. ¿Cómo lidiarán con ellas?» Bueno, yo encuentro en el siguiente capítulo (2ª. Timoteo 3, "Tú empero has conocido perfectamente [has tenido un entendimiento perfecto de] mi enseñanza, mi conducta", etc. (2ª. Timoteo 3: 10 – VM). 'Persevera tú en las cosas que has oído de mi parte', etc. La "enseñanza" de Pablo es el recurso, y nunca hay que renunciar a ella; y podemos esforzarnos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, y tal acción tendrá en mente a todos Sus miembros aunque ellos no entiendan su privilegio y su responsabilidad. Si andamos juntos en la verdad la acción no es meramente de uno hacia el otro; nuestra acción irradia hacia cada miembro de Cristo, y hace referencia a cada uno de ellos, sin importar en qué asociación pueda encontrarse.

 

Pero se verá fácilmente que esto no es estar firmes como cuando las cosas estaban en orden, sino que es vencer y volver a los principios divinos cuando las cosas están en desorden.

 

Toda nuestra senda Dios nos la deja tan clara que no es necesario que tengamos dificultad alguna en un día malo. Es un día malo, pero el mal mismo hace que la senda sea más clara para el ojo sencillo.

 

Entonces, que el Señor nos conceda, con medida plena, conocer qué es vencer. Cada uno de nosotros y todos tenemos algo que hacer; y lo mejor para cada uno es hacer aquello para lo cual Cristo nos ha dejado aquí. Podemos hacer mucho y en gran medida, y no hacer nuestras primeras obras, o aquello a lo cual Dios nos ha llamado. Vean a Saúl; Él fue levantado para librar a Israel de las manos de los Filisteos (1º. Samuel 9: 16); él masacró Amón, "de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos". (1º. Samuel 11: 11); y sin embargo fracasó en lo que Dios le había dicho que hiciera. Nosotros tenemos que buscar Su pensamiento, y no discutir por la practicidad, y por lo que nosotros pensamos que es lo correcto. Dios no encuentra nada tan bienaventurado como el ojo sencillo. Leemos, "La lumbrera del cuerpo es el ojo: por tanto, cuando tu ojo sea sencillo, todo tu cuerpo también estará lleno de luz; mas cuando sea malo, todo tu cuerpo también estará lleno de tinieblas". (Lucas 11: 34 – VM). Cuando nuestro ojo es sencillo (es un ojo sano) todo el cuerpo está lleno de luz, sin tener ninguna parte oscura; y el corazón anda pacíficamente con Dios. Es debido a Cristo que así deba ser. ¿Le amo yo? Entonces que yo guarde Sus mandamientos. Necesitamos consagración personal a Él, y es humillante que encontremos tan poco de ello en días cuando Él está impartiendo tanta luz a nuestras almas. Necesitamos la prontitud de corazón que se inclina a Su voluntad en la cosa más trivial, y hacer eso trae su propio gozo de parte de Aquel que nos ha dicho, "Si me amáis, guardad mis mandamientos". (Juan 15: 15).

 

F. G. Patterson

 

 Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Mayo 2019.-

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).


Título original en inglés:
"Blackrock Lecture 4, Him That Overcometh,
by F. G. Patterson 
Traducido con permiso

Versión Inglesa