EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

LA IGLESIA DE DIOS - 6 Sermones compilados (Autor: F. G. PATTERSON)

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Sermones Acerca de la Iglesia de Dios

 

F. G. Patterson

 

Contenido:

Sermón 1: Cristo, Cabeza Sobre Toda la Asamblea, La cual es Su Cuerpo

                1.1 Cristo, Cabeza Sobre Toda la Asamblea, La cual es Su Cuerpo

                1.2 Cristo, Cabeza Sobre Todas las cosas

                1.3 Cristo, dado por Cabeza. . . a la Asamblea

                1.4 La cual es Su cuerpo

Sermón 2: La Casa de Dios, que es la Asamblea del Dios vivo

Sermón 3: Cristo En Medio de los Candeleros

Sermón 4: "Al Que Venciere"

Sermón 5: Nuestra Condición Actual y Nuestra Esperanza

Sermón 6: La Iglesia en la Gloria, y La Casa del Padre

 

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Sermón 1

 

F. G. Patterson

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

 

Cristo, Cabeza Sobre Toda la Asamblea,

La cual es Su Cuerpo

 

Esta tarde, en la misericordia del Señor, deseo traer ante ustedes, amigos amados, el gran tema de la iglesia de Dios, la cual, junto con Cristo mismo, es el centro de todos los consejos de Dios para Su gloria. Es muy dulce, cuando somos conscientes de nuestra relación como hijos — hijos de Dios nuestro Padre — ser confirmados y enseñados en nuestra relación con Cristo como "miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos" (Efesios 5: 30). De Él nunca se dice que es 'hueso de nuestros huesos'; pero de nosotros se dice que somos "de su carne y de sus huesos", cuando Él subió a lo alto, después de Su obra en la cruz por la cual somos salvos.

 

La iglesia es esa estructura maravillosa en la que Dios exhibirá en todos los siglos, y por toda la eternidad, las "abundantes riquezas de su gracia". Cuán rico es Él y cuán lejos pudo ir Su gracia se verá en "su bondad para con nosotros en Cristo Jesús". (Efesios 2: 7).

 

La Biblia es la historia de dos hombres — "el primer hombre Adán", el hombre responsable, u hombre creado; y "el postrer Adán", el hombre del propósito y del consejo de Dios. La historia del hombre responsable finalizó en la cruz. El "segundo hombre" — "el postrer Adán" — entró, y en bienaventurado y santo amor tomó voluntariamente la copa de la ira y murió, para que Dios fuese libre, en justicia, para soltar las compuertas de Su amor. El torrente se elevó en Su corazón, pero necesitaba un canal justo en el cual fluir. Dicho torrente estaba contenido en el corazón de Cristo, por poco que lo podríamos haber concebido, cuando Él dijo, "¡cómo me angustio hasta que se cumpla!" Lucas 12: 50). ¡Él derramó Su alma hasta la muerte y la corriente fluyó! El corazón fue así libre para fluir a los pecadores — al más vil — al más abyecto; llevándolos mediante la redención sobre su corriente poderosa, para colocarlos en lo alto — sentados "en los lugares celestiales en Cristo Jesús". (Efesios 2: 6 – LBLA).

 

Ustedes no encuentran los propósitos y consejos de Dios revelados en la Escritura hasta que la cruz ha pasado. Ella está moralmente al final de la historia del mundo. El los tratos de Dios anteriores a la cruz, ustedes tienen al hombre responsable probado y expuesto. El Señor Jesús descendió y sacó a relucir el hecho de que el hombre estaba irremediablemente perdido. Si el mundo Le hubiera recibido ello habría demostrado que había algo bueno latente en el corazón del hombre que necesitaba solamente este nuevo cultivo para desplegarse. ¡Pero no! El hombre no tenía corazón para Jesús en aquel entonces, tal como sabemos. Sabemos esto cuando pensamos de qué manera deseamos, de manera natural, vivir sin Jesús. Los hombres hablarán de cualquier cosa menos de Él. En la religión él puede vestirse, y enorgullecerse, porque ella le da alguna importancia a sus propios ojos; pero la presentación del Señor Jesús prueba el corazón que así puede engañarse a sí mismo, cuando Él no tiene allí lugar alguno.

 

En este lado de la cruz en el cual estamos ahora, después de la obra llevada a cabo en ella, ustedes tienen históricamente el Hombre del propósito de Dios en la gloria — el velo rasgado, y la gracia de Dios predicada "a todos", y no más tratos de Dios hasta que Su paciencia se agote, cuando el juicio de los vivos finaliza la escena, e introduce la era milenial. Nosotros tenemos que ver con Él ya sea en gracia o en juicio. Para conocerle a Él en gracia nosotros hemos pasado de muerte a vida; conocerle en juicio ¡es un eterno ay!

 

Cuando la cruz hubo pasado, todos los consejos de Dios que existían antes de la fundación del mundo se revelan a nosotros en la Palabra, y eso por vez primera. Es sumamente interesante seguir el rastro de lo que entonces sale a la luz – cuando el Señor Jesús, el segundo Hombre, está en la gloria de Dios.

 

En breve yo llamaré a que presten atención a alguna de esas cosas. En Hebreos 9: 26 ustedes leen, "ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, él ha sido manifestado para efectuar la destrucción del pecado, por medio del sacrificio de sí mismo" (Hebreos 9: 26 – VM). Esto fue llevado a cabo mediante el padecimiento y la muerte en la cruz. Yo voy a señalar todos los "ahora" de la Escritura en cuanto a estas cosas.

 

1. En Romanos 3: 21 a 26. "Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada,"; por otra parte, "para demostrar en este tiempo [ahora] su justicia", etc. (Romanos 3: 21 a 26 – LBLA). El juicio que se necesitaba para establecer la justicia de Dios contra el pecado fue derramado sobre la cabeza de Jesús; y Dios Lo llevó a lo alto como Hombre, hombre que Le había glorificado soportando todo para Su gloria, y Lo puso sobre Su propio trono — mostrando así Su justicia, Su consistencia consigo mismo al hacerlo. Por tanto, el evangelio es la revelación de la justicia de Dios, porque es Su propia consistencia consigo mismo al ministrar Su gracia en el terreno del sacrificio de Cristo. Nosotros somos "justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús", y Dios es justo y el justificador de aquel que cree en Jesús. En vez de exigir justicia al hombre, está la administración de ella a él, y la de la justicia de Dios en lugar de la del hombre, desde la gloria donde Cristo está.  Los santos del Antiguo Testamento estaban en el terreno de la "paciencia, o tolerancia" de Dios. Nosotros, como Cristianos, estamos en Su justicia (compárese Romanos 3: 25 con el versículo 26). Existió 'el pasar por alto' [no "remisión"] de los pecados pasados, es decir, de épocas pasadas. El perdón fue prometido (Jeremías 32), pero no predicado o anunciado (Hechos 13: 38). Supongan el caso de un hombre que tenía una deuda y cuyo acreedor se abstuvo de cobrar debido a que un hombre rico se había convertido en garante de su obligación. La deuda estaba allí, pero el acreedor se abstuvo de insistir en su reclamación. Pero si este hombre rico llegó más tarde y devolvió todo el importe, ¡el deudor quedó libre! Así es con nosotros, en contraste con los santos de antaño con quienes Dios tuvo paciencia — la cruz demuestra ahora Su justicia al hacerlo — nosotros estamos en el terreno de la justicia de Dios que es manifestada ahora gloriosamente ¡porque Cristo está en el cielo! (Juan 13: 31, 32; Juan 16: 10; Juan 17; 4, 5). Nosotros que creemos poseemos una conciencia limpia que ningún santo de los tiempos del Antiguo Testamento pudo jamás tener, aunque él conociera a Dios en bienaventurada confianza, y encontrara que Él es un Dios de gracia. La cruz es ahora la demostración de cuán justa fue esta paciencia de Dios para con ellos.

 

2. En 2ª. Timoteo 1: 9, 10. "Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad (φθαρσία, afdsarsía) por el evangelio", etc. (véase también Tito 1: 1 a 3).

 

3. Luego en Efesios 3: 10, "Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales". (Véase también Romanos 16: 25, 26, etc.).

 

Por tanto, encontramos el cese de la historia del primer hombre en responsabilidad en la cruz, la cual se situó moralmente en "la consumación de los siglos" (Hebreos 9: 26). En la cruz el hombre consumó su culpa, y allí el bendito Hijo de Dios bebió voluntariamente la copa de la ira, y no sólo quitó nuestros pecados, sino al hombre que pecó al soportar el juicio de Dios que le fue impuesto. Entonces Dios tomó al hombre que tanto Le glorificó, y Lo puso en la gloria en la exhibición de la justicia. La promesa de la vida eterna hecha "antes de los tiempos de los siglos", fue revelada, al final de la historia del hombre en la muerte de Cristo, aquel que tenía el poder dela muerte fue también anulado; y el propósito eterno de Dios en la iglesia es dado a conocer.

 

Ustedes tienen así todos estos "ahora" de la Escritura cuando la cruz ha pasado y Cristo está en la gloria de Dios, habiendo consumado la redención. El pecado es quitado para el creyente; la justicia es manifestada; la vida eterna es concedida. Había una cosa más para que la multiforme sabiduría de Dios pudiera ser conocida: a saber, la iglesia de Dios.

 

Permítanme comentar en cuanto a la palabra "iglesia". Dicha palabra ha hecho más daño, y ha creado más malentendidos en cuanto a los propósitos divinos que casi cualquier otra expresión. Seamos claros de inmediato en cuanto a esto, a saber, que la palabra ¡no está en la Escritura! Sin duda ustedes la tienen en su excelente (en su mayor parte) Versión Autorizada en Inglés, y en la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 en Castellano. Pero no es una representación verdadera de la palabra Griega original. En todos los casos ella debería ser traducida "asamblea". Si tuviéramos que hablar de la asamblea de Inglaterra, de Escocia, de Irlanda, nosotros no entenderíamos lo que ello significa. Cuando nosotros usamos la palabra iglesia, se trata de una palabra convencional, habitual, la cual trasmite un pensamiento humano acerca de una institución humana.

 

Por ejemplo: tomen ustedes el bien conocido pasaje en Mateo 18: 17, "Dilo a la iglesia"; léanlo como "dilo a la asamblea", y el pensamiento de muchos de que ello se refiere al cuerpo enseñante o al cuerpo sacerdotal, u a otra organización, desaparece.

 

Ahora bien, la Escritura no proporciona la duración del intervalo durante el cual Cristo está oculto en los cielos, y el Espíritu Santo está morando en la tierra, en contraposición con Su obrar en otras épocas. 'Tiempos y sazones' pertenecen a los Judíos y a la tierra. El actual intervalo no es, en absoluto, un "tiempo", propiamente dicho. El tiempo es contado cuando Dios tiene que ver con la tierra y con cosas terrenales.

 

¿Qué es, entonces, la "asamblea de Dios", contemplada en la verdad de la expresión? Es el cuerpo de una Cabeza que se ha ido a lo alto; formada por el Espíritu Santo enviado desde el cielo, para ser el vaso para la expresión de Cristo mientras Él está oculto del mundo, y antes que Él sea manifestado en gloria. Tal como tenemos en Efesios 1: 22, 23: "y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo."

 

Para facilitar el despliegue de mi tema, yo lo he dividido en tres títulos:

 

Cristo, "Cabeza sobre todas las cosas";

Cristo, "Cabeza… a la asamblea";

"La cual es su cuerpo".

 

Cristo, Cabeza Sobre Todas las Cosas

 

El dominio universal sobre todas las obras de Dios es concedido al hombre del consejo de Dios, tal como lo encontramos en el Salmo 8. De modo que al primer hombre Adán, el hombre creado, le fue dado un señorío universal sobre esta escena, ya que ella provenía de las manos del Creador. Él perdió esto cuando cayó por el pecado. Nosotros leemos, "tengan ellos dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra" (Génesis 1: 26 – VM). Luego, en el Salmo 8, esto es concedido al "Hijo del Hombre", el hombre del consejo de Dios: "Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar" (Salmo 8: 5 a 8).

 

 

Indagaré ahora de qué manera Él toma posesión de todas las cosas. Él lo hace bajo cuatro títulos, a saber, como Dios, Creador de ellas; como Hijo, y heredero constituido de ellas; como Hijo del Hombre, según el Salmo 8, el Hombre del consejo de Dios; y como redentor de Su herencia, la cual había caído bajo el poder de Satanás a través de los deseos del hombre cuando cayó.

 

En Colosenses 1: 15, 16 leemos, "El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él". Esto se refiere a todas las obras de Sus manos, porque en la Escritura la creación de todas las cosas es siempre atribuida al Hijo de Dios (ver nota 1). Cuando las Personas de la Deidad son distinguidas en cuanto a la creación, Él es siempre el actor. Si consideramos Juan 1: 3, encontramos la expresión más válida de esto. Nada de lo que existe llegó a existir excepto por medio de Él. "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho". Todas las cosas fueron hechas por Él y para Él, tal como vemos en Colosenses 1.

 

(Nota 1: No hay duda de que escrito está, "En el principio creó Dios", etc., pero allí la expresión es general; ella no presenta los detalles en cuanto a la actividad de las Personas de la Deidad. El Nuevo Testamento saca a relucir claramente la unidad de la Deidad en la Trinidad de las Personas; y allí obtenemos detalles.

 

Es extraño que en el credo, llamado el credo de los "Apóstoles", la creación sea atribuida al Padre. La Escritura la atribuye de manera uniforme al Hijo, cuando ella distingue las Personas en la Deidad. (Dicho credo reza, Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo Su único Hijo, etc.).

 

Luego Él es llamado el Primogénito o el Principio de todas las cosas, no en cuanto al momento en el tiempo cuando Él toma Su lugar en la creación, sino debido a la dignidad de Su persona. Si el Creador se digna tomar un lugar en aquello que exhibe la obra de Sus manos, Él debe necesariamente existir primero y ser el principio en ella, aunque Él aparezca el último de todo en la escena.

 

Ahora bien, si ustedes acuden al primer capítulo de la epístola a los Hebreos y al versículo segundo, encontrarán la misma verdad, con otra verdad añadida, a saber: Dios, "en estos postreros días, nos ha hablado a nosotros por su Hijo; a quien ha constituido heredero de todas las cosas, por medio de quien también hizo el universo" (Hebreos 1: 2 – VM). Aquí, nuevamente, la creación es atribuida a Aquel que ha sido constituido Heredero de todas las cosas.

 

Pero hay un tercer punto que ustedes encontrarán en el Salmo 8: "¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos;… ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;

Todo lo pusiste debajo de sus pies", etc.

 

Pues bien, con respecto a la pregunta que ustedes encuentran en el versículo 4 de este Salmo, ¿Qué es el hombre?", encontrarán que esta pregunta es hecha tres veces en el Antiguo Testamento. En Job 7: 17 y 18 leemos, "¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas,… Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes? "La pregunta en este capítulo surge de esta forma. Job, al igual que muchos, está luchando bajo la disciplina de la mano de Dios. ¡Dios está manteniendo a Job bajo Su mano por ello! Y Job está acongojado bajo Sus tratos, implorando a Dios que lo deje en paz ¡hasta que trague su saliva! (Job 7: 19). Él habla en la angustia de su espíritu y pregunta, en la amargura de su alma, "¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?" Él derrama su queja a Dios, deseando conocer cómo era que el Dios poderoso ponía Su corazón sobre tan pobre gusano como era el hombre, "cuyos cimientos están en el polvo, que son aplastados como la polilla". (Job 4: 19).

 

En el Salmo 144 tenemos la misma pregunta, "¿Qué es el hombre?" Aquí es el remanente piadoso de Israel que clama a Jehová en los postreros días, alegando la insignificancia del hombre — de sus enemigos — como un terreno para los rápidos juicios de Su mano y para la liberación de ellos de sus opresores, los cuales están prosperando alrededor. Ellos claman a Él, "¿Qué es el hombre?" ¿Por qué perdonarlos; por qué no ejecutar el juicio, y librar así al pueblo de Tu mano?

 

Pero cuando vamos al Salmo 8 ustedes encuentran que es el Espíritu de Cristo en el Salmista el que hace la pregunta, ""¿Qué es el hombre?", etc. Afrentado y rechazado por los hombres — y por Israel — Su queja sube a Jehová, y Él pregunta desde Su humilde lugar de rechazo, "¿Qué es el hombre?" Y nosotros obtenemos la respuesta de la gracia a todo ello, en el hombre en Cristo, conforme a los consejos de Dios; y por tanto, tenemos también lo que Dios es, porque tenemos a Dios revelado en gracia en Él — descendiendo a la muerte, por la gracia de Dios para conectar la criatura con su Creador.

 

Cristo era este Hijo del Hombre — puesto sobre todas las obras de la mano de Dios — como Adán, el hombre creado, había estado al principio en el dominio de la escena que él perdió, cuando fue desviado por Satanás, y cayó. Así lo encontramos en  esta pregunta formulada tres veces, aunque en una relación muy diferente, en el Antiguo Testamento; y la respuesta a la pregunta en el Salmo 8 es sacada a relucir en maravilloso desarrollo, desplazando al primer hombre por el segundo, al primer Adán por el postrero, tres veces en el Nuevo Testamento. (Véase Hebreos 2; Efesios 1; 1ª. Corintios 15).

 

En Hebreos 2: 6 ustedes encuentran citadas las palabras del Salmista, en la medida en que se cumplen — el final del Salmo está realmente por venir. Es también conmovedora la manera en que el escritor de Hebreos no dirá, David "testificó en cierto lugar, diciendo", etc. ¡Cuán bien él supo que uno mayor que David estaba allí! Él escribe, "Uno en cierto lugar testificó, diciendo: ¿Qué es el mísero hombre, para que tengas memoria de él, y el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco inferior a los ángeles; le coronaste de gloria y honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; todas las cosas has sujetado debajo de sus pies" (Hebreos 2: 6 a 8 – VM). Luego él explica, "Porque en sujetar a él todas las cosas, nada dejó que no esté sujeto a él. Pero ahora no vemos todavía todas las cosas sujetas a él, pero vemos a Jesús [este "Hijo del Hombre"], el cual fue hecho un poco inferior a los ángeles a causa del padecimiento de la muerte,   coronado con gloria y honra; para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todo". "Todo": esta es la palabra, no meramente "todos [es decir, todo hombre]" (Hebreos 2: 8, 9 - JND).

 

Él gustó [o, experimentó] la muerte en toda su amargura, no solamente para la gloria de Dios, la cual la demandaba; y para destruir el poder de Satanás, el cual había conseguido el poder de la muerte sobre el hombre; y por los pecados de Su pueblo, si Él iba a llevar a muchas almas a la gloria, — sino también por toda la herencia como Su título para bendecirla. Cada brizna de hierba, cada hoja de los árboles, ¡Él ha muerto por ellas! Él toma Su herencia, con toda su carga de culpa, y muere para redimirla toda — gustando [o, experimentando] la muerte por ella, "por la gracia de Dios". Este es un pensamiento mucho más amplio que abarca mucho más que a los santos, aunque ellos están incluidos en ello.

 

El hermoso mundo, hermoso donde la mano del hombre no lo ha estropeado, o su pie no lo ha hollado; aquello que salió de la mano de su Creador en toda su variedad de belleza viviente, mostrando la obra de Sus manos en todas sus luces y sombras — ha sido comprado por la sangre de Cristo. Redimido ya por sangre de manos del enemigo, todavía tiene que ser redimido por poder. El ojo de la fe se vuelve a lo alto y Le ve a Él en el trono de Dios, con el título a todas las cosas en Su mano, como Dios Creador de ellas, como Hijo y Heredero de ellas, y ¡como Hombre! Más aún, como ¡Aquel que gustó la muerte para ello! Él tomó la maldición que estaba sobre la escena; y viene el día cuando no quedará ningún vestigio de la maldición. Los espinos y cardos de Adán (Génesis 3: 18), y la falta de fertilidad en el caso de Caín (Génesis 4: 12), darán lugar a la tierra dando fruto (Salmo 67: 6), y el espino y el abrojo dando lugar al arrayán y al ciprés (Isaías 55: 13). Él lo heredará como Su Heredero Redentor. Él gusta la muerte y después va a lo alto, donde Dios Le ha "coronado con gloria y honra".

 

Por tanto, Él es allí "Cabeza sobre todas las cosas" en un título cuádruple: Creador, Hijo y Heredero, Hijo del Hombre, y Redentor. Él espera allí a los coherederos (Su esposa para aquel día de gloria) y cuando todos estén reunidos, Él pondrá de manifiesto Su gran poder, y atando a Satanás, lo poseerá todo, y nosotros seremos coherederos de ello con Él. Ese intervalo se caracteriza por la presencia del Espíritu Santo morando aquí abajo.

 

Cristo, dado por Cabeza. . . a la Asamblea

 

El segundo punto que deseo traer ante ustedes es que Cristo, como hombre en la gloria, es así "cabeza sobre todas las cosas"; Él no es Cabeza sobre la asamblea, sino que ha sido dado por Cabeza "a la asamblea". (Efesios 1: 22). Ustedes prestarán atención encarecidamente al hecho de que de Él nunca se dice que es Cabeza sobre la iglesia, sino que Él es dado por Cabeza a ella. Nosotros lo consideraremos en su otro aspecto cuando hablaremos de "Su cuerpo".

 

Ahora bien, yo puedo sorprender a muchos (a los que han captado la verdad de que la iglesia es el cuerpo de Cristo, formado por el Espíritu Santo enviado desde el cielo en Pentecostés), diciendo que el pensamiento acerca de la "asamblea" fue bien conocido en las Escrituras del Antiguo Testamento, y familiar para el orden de cosas en Israel. Por tanto, nosotros encontramos la palabra "asamblea" en un lugar de la Escritura que ha dejado perplejos a algunos, al aprender que la iglesia, tal como lo sabemos ahora de la lectura de la Escritura, comenzó su existencia después de la ascensión de Cristo y del descenso del Espíritu Santo. El lugar al que me refiero es el pasaje en Hechos 7 que dice, "la iglesia [asamblea] en el desierto", refiriéndose a Israel en su viaje desde Egipto a Canaán. "Éste es el que estuvo en la asamblea en el desierto, con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres: el cual recibió los oráculos vivos para dárnoslos." (Hechos 7: 38 – JND). Toda la congregación de Israel cuando salieron de Egipto en su unidad colectiva, así como su agrupación, es tratada como la asamblea. En Éxodo 12 leemos, "toda la asamblea de la congregación". "Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes; entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer". (Éxodo 12: 6 – LBLA). En la expresión en la Biblia Inglesa "el tabernáculo de la congregación", la palabra en el original es otra y debe ser traducida como "tabernáculo [o "tienda"] de reunión", y señala el lugar donde ellos se encontraban con Jehová. No hace falta que yo diga que, comparativamente, había muy pocos verdaderos santos de Dios entre esa gran congregación.

 

Pero en su unidad colectiva como una nación salida de Egipto y el conjunto del pueblo, fueron denominados y tratados como la "asamblea" de Jehová. Ustedes conocen de qué manera ellos profanaron Su morada; porque Él los había sacado de Egipto "para habitar en medio de ellos" (Éxodo 29: 45, 46), de modo que finalmente Él quitó Su gloria o presencia de en medio de ellos (Ezequiel, capítulos 8 al 11).

 

Alberguemos en nosotros la idea de que Israel, como una nación, era la "asamblea" de Jehová. Ellos se corrompieron completamente en esta posición, y Dios tiene dos grandes controversias con ellos en Sus tratos con el paso del tiempo, cuando Él vuelve a tratar con ellos.

 

Isaías capítulos 40 al 48 presenta Su primera gran controversia con ellos (especialmente Israel) por la idolatría, finalizando con estas palabras, "¡Mas no hay paz, dice Jehová, para los inicuos!" (Isaías 48: 22 – VM). La segunda es más específicamente con los Judíos que con Israel como nación. Está en Isaías capítulos 49 al 57, y finaliza con las palabras algo similares, "¡No hay paz, dice mi Dios, para los inicuos!" (Isaías 57: 21 – VM). Esto es por la culpa aún más grave del rechazo de Jehová-Mesías que vino a estar en medio de ellos en gracia. El testimonio general de Isaías, con respecto a los otros profetas, es que solamente un remanente sería perdonado y salvado cuando Dios comience a tratar con ellos una vez más.

 

Yo puedo mencionar aquí lo que ha sido ya mencionado, a saber, que el libro de Isaías, excluyendo el intervalo histórico en los capítulos 35 al 38, está dividido en dos grandes porciones, y ellas son: los capítulos 1 al 34 que presentan  la historia externa de ellos en medio de las naciones con las que ellos tienen que ver, y en relación con dichas naciones (fuera de las que están incluidas en los imperios Gentiles, a las cuales el trono del mundo fue dado cuando Dios quitó la gloria de la tierra de Israel, naciones que encontramos en el libro de Daniel). A continuación, después de la historia externa (Isaías capítulos 1 al 34), y del intervalo histórico de importancia parabólica, es decir, que tiene forma de parábola (Isaías capítulos 35 al 39), tenemos la historia interna o moral de ellos analizada. (Isaías capítulos 40 al 56).

 

Si nosotros examinamos Isaías 8: 12 al 18, encontramos solamente un remanente unido a Cristo, el cual llega a ser "piedra de tropiezo y roca de escándalo para ambas casas de Israel". (Isaías 8: 14 – LBLA). En Isaías 5 Jehová mira hacia atrás a la nación con respecto a cómo respondieron ellos al cultivo que Él les concedió: ellos dieron "uvas silvestres". En Isaías 6 Él mira hacia adelante, y se demuestra que ellos no son aptos para la gloria de Jehová de los ejércitos: ellos están perdidos, "¡Ay de mí, pues soy perdido! porque soy hombre de labios inmundos, y en medio de un pueblo de labios inmundos habito; por cuanto mis ojos han visto al Rey, a Jehová de los Ejércitos. (Isaías 6: 5 – VM); Isaías representando aquí al pueblo delante de Jehová.

 

¿Cuál iba a ser ahora el remedio? ¡Jehová de los ejércitos se hará hombre! Este era ahora el recurso. La virgen daría a luz un Hijo y Jehová de Sabaot (o, de los ejércitos) llega a ser Emanuel — ¡Dios con nosotros! (Isaías 7: 14). En Isaías 8: 12 al 18, Él llega a ser "piedra de tropiezo y… roca de caída a las dos casas de Israel" (Isaías 8: 14 – VM), e históricamente Él estaba en los Evangelios, (comparen con Mateo 21: 42 al 44, etc.), pero como un refugio para el remanente cuyos componentes se unían a Él. "Y él será para santuario; y asimismo para piedra de tropiezo y para roca de caída a las dos casas de Israel; para red también y para lazo a los habitantes de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; asimismo serán enredados en el lazo y serán cogidos. Ata el rollo del testimonio, y sella la ley entre mis discípulos. Y yo aguardaré a Jehová, que ha escondido su rostro de la casa de Jacob; sí, le esperaré a él" (Isaías 8: 14 al 17 – VM).

 

Por tanto, encontramos que Cristo llegó a ser una piedra de tropiezo para Israel, pero un remanente pequeño del pueblo se unió a Él — los cuales eran "para señales y para tipos en Israel" (comparen con Hebreos 2: 13).

 

Trazaré ahora brevemente la historia de este remanente mientras Jehová esconde Su rostro de Israel. Ustedes la encuentran claramente en el evangelio de Mateo. En Mateo 14 Él sale en Galilea, y llama a estar alrededor de Él a Pedro y a Andrés su hermano; luego a Jacobo y Juan, y así a la compañía de Sus discípulos. Presten atención a lo que dice Isaías 8: 16, "Ata el rollo del testimonio, y sella la ley entre mis discípulos". (VM). Él comenzó a hacer eso en el Sermón del Monte; pero cuando avanzamos a Mateo 16 Pedro confiesa que Él es "el Hijo del Dios viviente, y Jesús dice, "sobre esta roca edificaré mi asamblea". (Mateo 16: 18 – JND). Habiendo fracasado Israel nacionalmente como la asamblea de Jehová, Él revela ahora que la sustituiría por una asamblea que Él estaba a punto de edificar, la cual era todavía una cosa futura.

 

Vamos ahora al Salmo 22 y encontrarán claramente la posición en que este remanente es situado por medio de la redención. Ustedes tienen allí el gran asunto del bien y el mal resuelto por Cristo en la cruz. Todo el mal que está en el corazón del hombre es sacado a relucir; toda la copa de la ira divina y justa contra el pecado fue derramada ¡sobre la cabeza consagrada de Jesús! ¡La cruz de Cristo sobrepasa en gloria moral todo lo que este universo alguna vez contemplará! Ella es una necesidad debido a un Dios santo y justo, para que el pecado deba ser juzgado. Pero, ¿qué necesidad había para que el inmaculado Hijo de Dios fuera tratado como pecado, y dejado para soportar el juicio de Dios debido a ello? Ninguna, excepto la de Su propia gracia soberana. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado" (2ª. Corintios 5: 21). La cruz revela esto. Dios, cuya naturaleza no puede permitir que el pecado permanezca sin juzgar, para perdonar al pecador y dar expresión a todo lo que Él era en Su corazón, no perdonó a Su Hijo. Él fue dejado para ser abandonado por Dios, tal como aprendemos de ese solemne clamor que brota de Su corazón en aquella incomparable "hora", "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" El gran asunto del bien y el mal encontró allí su solución eterna. Donde el hombre estaba, en el mal en su punto culminante, y donde el pecado recibe su justo juicio, todo lo que Dios era en benignidad encontró allí su infinita revelación en Aquel que se consagró para esto para Su gloria, a toda costa para Él mismo. El punto de inflexión es alcanzado en el Salmo 22: 21, "Y ya me has oído, clamando desde los cuernos de los uros (búfalos)". (Salmo 22: 21 – VM). Luego, el primer pensamiento es, "Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré" (Salmo 22: 22 – VM).

 

Israel, tal como vimos, fue originalmente la asamblea de Jehová. Por una parte, todo esto fracasa hundiéndose de nuevo en la idolatría; por la otra, rechazando a Jehová-Mesías que vino en humilde gracia. El remanente que iba a formar el núcleo de la nueva asamblea es libertado y unido a Cristo, y es enseñado por Él. Este remanente no recibió el nombre "asamblea" hasta Su resurrección, excepto en el anuncio de Su propósito todavía futuro a Pedro; pero cuando el Señor hubo pasado a través del juicio en la cruz, como está descrito en el Salmo 22, y Él es oído clamando desde los cuernos de los uros (búfalos) — que es una figura del lacerante juicio de Dios — Su primer pensamiento es anunciar el nombre de Su libertador — es decir, anunciar el nombre de Dios a Sus hermanos, reconocidos ahora de este modo por primera vez; porque el amor divino era libre ahora, por así decirlo, para actuar según sus propios dictados.

 

Esto tuvo su cumplimiento históricamente en Juan 20. El juicio de la cruz había pasado en Juan 19, y en el capítulo 20 Él se presenta en resurrección: toda la cuestión del pecado ha sido abordada y resuelta — ni una sombra de él ha quedado en nuestras almas, en las almas de quienes creemos. La historia del primer hombre finaliza bajo el juicio de Dios ejecutado plenamente. Yo agradezco a Dios, y todo Cristiano que está aquí presente puede decir, y debería poder decirlo sin dudar, que no existe el peso de la más pequeña nube en mi alma que Cristo no haya quitado. El segundo Hombre puede asociarnos con Él mismo en todo el lugar en que Él entra como resucitado de los muertos.

 

El se vuelve a María (Juan 20: 17) diciendo, "No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios". Es decir, el Hijo de Dios sitúa a los discípulos sobre el mismo estrado que Él mismo por medio de la redención: Él "no se avergüenza de llamarlos hermanos". (Hebreos 2: 11). El mensaje más excelente que jamás ha pasado a través de labios mortales es enviado a ellos por medio de una mujer que, ignorante, si me lo permiten, ¡pudo dar a conocer su corazón para Cristo! El Hijo de Dios no se avergüenza de llamarlos "hermanos" — llamados así ahora por primera vez — ¡porque ellos están en toda Su propia aceptación delante del Padre! ¡Su Padre es Padre de ellos; Su Dios es Dios de ellos! Él anuncia así Su nombre y pronuncia "paz" dos veces; y sopla sobre ellos "vida… en abundancia" (Juan 10: 10), como el postrer Adán — un "espíritu vivificante". (1ª. Corintios 15: 45). "Se alegraron los discípulos, viendo al Señor." (Juan 20: 20 – VM). En vida Él les había anunciado a Su Padre: en resurrección Él los presenta a Su Padre ¡como hijos!

 

Por tanto, ustedes tienen claramente ahora a la "asamblea" en su lugar por primera vez — compuesta del mismo remanente de Israel — y a Cristo en medio de ellos proclamando la paz y anunciando el nombre de Su Padre. (Salmo 22: 22; Hebreos 2: 12).

 

Ahora bien, tomen ustedes nota: todo esto es en la tierra, y Cristo está aún allí. El Salmo 22 no va más allá de la resurrección. De modo que no tenemos hasta ahora ningún Espíritu Santo descendido del cielo y, por consiguiente, el "cuerpo de Cristo" aún no ha sido formado.

 

Pues bien, si vamos a Hechos 1, otra verdad sale a la luz. Ellos debían permanecer en Jerusalén hasta que fueran bautizados con el Espíritu Santo, "dentro de no muchos días." Su obra terrenal de la cruz había terminado; todos sus frutos se lograrán a su debido tiempo. Su obra celestial de bautizar con el Espíritu Santo — de la cual se habla tan frecuentemente en los Evangelios — estaba aún por suceder. Él dice, "Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días". El bautismo en "fuego" (Mateo 3: 11) es omitido, porque es venidero. El fuego del juicio limpiará además Su reino de todo tropiezo y de los que hacen maldad. El bautismo en fuego no tiene nada que ver con la aparición del Espíritu Santo en lenguas de fuego en el día de Pentecostés.

 

Este bautismo en Pentecostés fue para transformar la relación de esta "asamblea" en una relación que no había sido aún revelada o cumplida. Ellos son la "asamblea" pero aún no son "Su cuerpo". Deseo mantener estos dos pensamientos claros en vuestra mente antes de que se conviertan en intercambiables por el posterior descenso del Espíritu Santo, como leemos en Efesios 1: 22, 23, "y ha puesto todas las cosas bajo sus pies, y le dio ser cabeza sobre todas las cosas a la asamblea, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo". (Efesios 1: 21, 22 – JND).

 

En Hechos 1: 9 el Señor asciende al cielo y Lo recibe una nube ocultándolo de la vista de ellos. En Hechos 2 el Espíritu Santo desciende personalmente (ver nota 2) del cielo, y todos ellos fueron bautizados por Él.

 

(Nota 2: El lector hará bien en consultar Juan capítulos 14 al 16 en cuanto a la presencia personal del Espíritu Santo en la tierra, como consecuencia de la obra y partida de Cristo. "Aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado". (Juan 7: 39). En Juan 14: 16 leemos, "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre"; no por unos pocos años, como Aquel que en aquel entonces estaba a punto de dejarlos. El mundo no lo recibiría a Él (al Espíritu Santo), pero Él no solamente estaría con ellos como Jesús, sino en ellos. Lean así la última cláusula de Juan 14: 17: "Porque Él morará con vosotros, y estará en vosotros". Esta traducción no sólo es correcta, sino que el contexto demuestra que ese es el pensamiento. Por otra parte, en Juan 14: 26, el Padre Lo enviaría en el nombre del Hijo; y en Juan 15: 26, el Señor (ido a lo alto) Lo enviaría del (o, desde el) Padre.

 

Juan 16 muestra la presencia del Consolador en la tierra, y lo que Él sería cuando Cristo no estuviera. Era conveniente que Él se fuera (Juan 16: 7); el Espíritu Santo no vendría hasta entonces; "si me voy, yo os le enviaré". (Juan 16: 7 – VM). Juan 16: 8 al 15 muestran lo que el Espíritu Santo sería, y de qué manera Él actuaría cuando viniera, con respecto al mundo y a los discípulos. Él glorificaría a Jesús en la tierra (Juan 16: 14), así como Jesús había glorificado al Padre en la tierra. (Juan 17: 4).

 

Se trata de la revelación de las acciones de una Persona divina en la tierra en compañía de los discípulos.

 

En 1ª. Pedro 1: 11 al 13 encontramos tres pasos de mucha importancia, señalando la presencia del Espíritu Santo enviado desde el cielo, como siendo la verdad especial del Cristianismo. El Espíritu de Cristo en los profetas profetizó acerca de cosas que aún no habían sucedido, pero que iban a ser ministradas a nosotros (versículo 11). Las buenas nuevas del cumplimiento de estas cosas — habiendo Cristo padecido y subido a lo alto — nos fueron predicadas por el Espíritu Santo enviado desde el cielo, una cosa intermedia entre los padecimientos y las glorias venideras (versículo 12); y después estas cosas iban a ser traídas en la revelación de Jesucristo, escondido ahora en los cielos (versículo 13)).

 

Prosigamos ahora. El Espíritu Santo se posó sobre cada uno de ellos, y llenó toda la casa — morando así personalmente en ellos, y con ellos colectivamente. Esta asamblea es ahora la morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2: 22). Los ciento veinte discípulos — bautizados así — son llamados, en sentido estricto, la "asamblea" desde ese momento. "Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo; y el Señor añadía a la asamblea diariamente los que habían de ser salvos". (Hechos 2: 47 – JND). (Ver nota 3). El Espíritu Santo mora ahora en la tierra por primera vez, y como consecuencia de la redención. Él había obrado antes de venir a morar, como en los días del Antiguo Testamento.

 

(Nota 3: si la palabra "asamblea" en Hechos 2: 47 es cuestionada, nosotros encontramos que una compañía separada y distintiva fue formada y reconocida (vean Hechos 4: 20); y ellos son llamados la "asamblea" en Hechos 5: 11, antes del quebrantamiento de toda la cosa externamente en Hechos 8. "Y vino gran temor sobre toda la asamblea, y sobre todos los que oyeron estas cosas." (Hechos 5: 11 – JND).

 

El "templo" en Jerusalén era una casa vacía e Israel era una "perversa generación". La "asamblea" era ahora la "ciudad de refugio" para el "homicida", donde aquellos que asienten la culpa por la sangre del Mesías podían huir (ver nota 4).

 

(Nota 4: La "asamblea de Dios" es desde entonces la "ciudad de refugio" para el pobre Judío culpable de la sangre de su Mesías; y, huyendo a ella, él está a salvo del "vengador" de la sangre. Cuando tiene lugar la muerte del sumo sacerdote, ungido con la santa unción, es decir, en el antitipo — cuando el Señor Jesús finalice Su actual Sacerdocio intercesor en lo alto, el pobre Judío puede entonces, y sólo entonces, regresar a la tierra de su herencia (ver Números 35)).

 

Fue un estado de cosas análogo al de 2º. Samuel capítulos 5 y 6, cuando el arca estuvo en gracia libertadora en el monte Sion con David, y el tabernáculo en Gabaón, sin arca ni presencia de Jehová. Análogo, también, a cuando el tabernáculo fue levantado fuera del campamento, (Éxodo 33), y todo aquel que buscaba a Jehová acudía allí.

 

Ahora bien, a esta "asamblea" el Señor añadía a los que habían de ser salvos de la destrucción que estaba a punto de caer sobre la nación de Israel. Esta es la fuerza de Hechos 2: 47), "y el Señor añadía a la asamblea diariamente los que habían de ser salvos". (Hechos 2: 47 – JND). Esta Escritura no plantea la cuestión de la salvación definitiva de ellos; tampoco es ella una descripción del estado de ellos como "salvos", sino que es más bien la característica o el nombre específico para una clase de personas (por ejemplo, los tres mil en aquel día) que iban siendo salvados del juicio que estaba a punto de caer sobre la nación. Todos ellos eran Judíos. Ver también Lucas 13: 22 y 23.

 

En Hechos 3 (ver nota 5) Pedro manifiesta con razones que Cristo regresaría e introduciría todas las bendiciones del reino, de las cuales hablaron los profetas, y así, todas las familias de la tierra — los Gentiles — serían bendecidas.

 

(Nota 5: este es un punto interesante. En Hechos 3 ustedes no tienen absolutamente nada acerca de la "asamblea". Pedro regresa a los padres de Israel, y propone — por medio del Espíritu Santo que ha descendido, y en respuesta a la intercesión de Jesús en la cruz, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" — que si ellos se sometían y arrepentían Él regresaría, sucederían los tiempos de la restauración, y todo lo que los profetas habían dicho. Dios estaba introduciendo así la responsabilidad de Israel; mientras que Su propósito estaba obrando bajo todo para la "asamblea". Los dos principios, de responsabilidad y propósito, están ideados en la sabiduría de Dios, como desde el principio.)

 

En Hechos 4 ustedes obtienen la respuesta de Israel a la propuesta. ¡Ella fue totalmente rechazada! Ellos ponen a los dos apóstoles, Pedro y Juan, en prisión; y en Hechos 5 a todos los doce. Luego Esteban (Hechos capítulos 6 y 7) resume toda la historia de ellos en responsabilidad, desde el llamamiento de Abraham hasta aquel momento. Las promesas despreciadas; una ley quebrantada; profetas muertos; un Cristo asesinado; y un Espíritu resistido, ¡es la terrible historia! (Hechos 7: 51 al 53). Esteban sella su testimonio con su sangre, y encomienda su espíritu al Señor, y todo termina.

 

La "asamblea" es esparcida a los cuatro vientos; y Saulo de Tarso, el más determinado de los oponentes, "asolaba a la asamblea, entrando de casa en casa, y sacando a rastras tanto a hombres como a mujeres los entregaba en la cárcel". (Hechos 8: 3 – JND). Toda la cosa externa es dispersada, y Saulo encabeza la persecución que lo provoca.

 

La bendición desciende de Jerusalén a Samaria en Hechos 8. Pero en Hechos 9 el hombre que era el oponente más terrible, y líder en asolar la asamblea, se convierte. Llamado por el gran poder de Dios — aparte de toda intervención terrenal, aparte de los doce apóstoles — una luz celestial le apareció, "que sobrepasaba el resplandor del sol"; y la primera frase que le habló el Señor de gloria transmite la verdad de la unión de estos santos dispersos con Él en la gloria, no meramente ahora como Sus "hermanos" sino como siendo perseguido ¡Él mismo! "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos 9: 4). Ellos están unidos por un mismo Espíritu a Cristo en la gloria, ¡y Él lo reconoce!

 

Este acérrimo enemigo es recogido por Dios y es constituido ministro del evangelio a "toda criatura debajo del cielo" (Colosenses 1: 23 – VM); y ministro de la "asamblea" que él había asolado — ¡para cumplir la palabra de Dios!

(Para el carácter doble del ministerio de Pablo vean Efesios 3; 8, 9; y Colosenses 1: 23 a 26).

 

Esto nos lleva ahora al tercer punto que deseo traer ante ustedes, es decir, El cuerpo de Cristo.

 

La cual es Su cuerpo

 

Nosotros hemos visto que la "asamblea", en su manifestación externa en Jerusalén, fue esparcida tras la muerte de Esteban. Entonces la bendición descendió a Samaria, y Saulo de Tarso, en medio de su terrible carrera de pecado y rebelión contra un Cristo glorificado, es llamado a ser ministro de esa gracia que lo llamó, y de la asamblea que él había perseguido, ¡y de la fe que antaño él había destruido! Él se convierte reconociendo la unión de esos santos dispersos con un Cristo ascendido. "Yo soy Jesús, a quien tú persigues". (Hechos 9). Él suministra esta maravillosa verdad en Efesios capítulo 1, y capítulo 2: 1 al 10, tal como dicha verdad era, tanto en los consejos de Dios, como en la acción para cumplirla. Todo en esta Escritura es considerado como desde el punto de vista de Dios, — incluso la fe (Efesios 2: 8) es el don de Dios. Él muestra primero la elección de las personas antes de la fundación del mundo, y como predestinadas a ciertos privilegios. La relación individual como hombres en Cristo con Dios, e hijos delante del Padre, es, en primer lugar, completamente establecida. Dicha relación es la más excelsa de nuestras relaciones; incluso más excelsa que el hecho de ser nosotros miembros del cuerpo de Cristo. Para alabanza de la gloria de Su gracia ellos son aceptos en el Amado. Por tanto, ellos han sido llevados por medio de la redención, como hemos visto, al mismo lugar con Cristo como hombre (Efesios 1: 3 al 7). Después, cada uno de nosotros ha sido sellado con el Espíritu Santo de la promesa, habiendo creído el Evangelio de su salvación. El sello de Dios nos marca como Suyos, mirando atrás a la perfección de la redención que ya está en el pasado; mirando hacia adelante, una garantía (las arras) de la herencia que está delante de nosotros como coherederos con Cristo en Su primacía sobre todas las cosas, la cual es venidera. (Efesios 1: 13, 14). De la herencia que en realidad no hemos aún recibido, ni podemos recibirla hasta que Él la reciba, nosotros tenemos la garantía de ella (las arras) en la morada del Espíritu Santo.

 

La salvación, las buenas nuevas que hemos oído, es la liberación o transferencia de la persona del viejo estado y viejo lugar en que estábamos en Adán, a un lugar y a una relación enteramente nuevos con Dios en Cristo.

 

Después Cristo es visto resucitado como Hombre y como subido a lo alto, establecido a la diestra de Dios, Cabeza sobre todas las cosas y dado a la iglesia, la cual es Su cuerpo, el cual está formado por Judíos y Gentiles, muertos en pecados, hijos de ira, a los que se les da vida juntamente con Él, resucitados juntamente, y se los sienta, [no aún con Él sino] "en" Él. "Y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús". (Efesios 2: 6 – VM). Ese es el lugar revelado de la asamblea, "su cuerpo", según los consejos de Dios, y conforme a la obra de Cristo mediante la cual Él los lleva a efecto durante el intervalo mientras Cristo está oculto en los cielos, y es rechazado por el mundo; y antes de que Él sea de facto, "cabeza sobre todas las cosas". Cuando todas las cosas sean sometidas bajo Sus pies en el siglo venidero, la "asamblea" es, en propósito y resultado, "su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo".

 

Por lo tanto, nosotros hemos visto a Cristo — "Cabeza sobre todas las cosas", en tres caracteres: Dios, Creador de ellas; Hijo, y Heredero constituido de ellas; y como Hombre, según el Salmo 8, el Hombre del consejo y el propósito de Dios. Él lo toma todo por medio de la redención, como por derecho personal. Pero sobreviene un intervalo, mientras Él está oculto en los cielos y el Espíritu Santo mora en la tierra, durante el cual Él está sentado en el trono de Su Padre (Apocalipsis 2: 21), antes de que Él se siente en Su propio trono — como Hijo del Hombre. "Pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas". (Hebreos 2: 9). Mientras tanto, la "asamblea" — "su cuerpo" — es formada; a sus miembros se les da vida con Él, resucitados juntamente, uno con el otro, y sentados juntamente en los lugares celestiales en Cristo. "Empero Dios, siendo rico en misericordia, a causa de su grande amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestras transgresiones, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y nos levantó juntamente con él, y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales en Cristo Jesús". (Efesios 2: 4 a 6 - VM).

 

Ahora bien, si nosotros no tuviéramos nada más que esto acerca del cuerpo de Cristo, deberíamos aceptar lo que muchos ¡lamentablemente! han sostenido desde muy temprano en la historia de la iglesia, a saber, que este cuerpo es invisible, y es solamente una cosa del consejo y del propósito del pensamiento de Dios. Este pensamiento provino del hecho de confundir el cuerpo visible, externo, o la casa, con el verdadero cuerpo de Cristo. El hecho de no entender lo que el cuerpo de Cristo era, y la diferencia entre él y la asamblea visible que estaba alrededor, obligó a los que no podían aceptar la corrupta cosa visible como Su cuerpo, a inventar los términos 'iglesia visible' e 'invisible'.

 

Pero cuando consideramos la primera epístola a los Corintios encontramos, en 1ª. Corintios 12: 12 al 16, otro pensamiento del que está en Efesios 1. Tenemos allí en Efesios 1, el cuerpo de Cristo visto en el propósito y en el consejo de Dios, tal como será manifestado finalmente en gloria, y a los que lo componen, — sentados en lugares celestiales en Cristo; aquello que, cuando Él esté en posesión de toda Su gloria, como Hijo del Hombre, en el siglo venidero, es "su cuerpo". En 1ª. Corintios 12 vemos el cuerpo de Cristo como existe realmente en la tierra, mantenido en unidad mediante el poder del Espíritu Santo. De tal manera está la verdad de que este cuerpo está aquí en la tierra delante de la mente del apóstol, que él dice, en el versículo 26, "De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan". Todos sus miembros son vistos aquí en la tierra; esto es evidente, porque los santos que han dormido, no 'padecen'. Son los que están en la tierra en cualquier momento dado, durante la estadía de la iglesia en la tierra, los que entran en el pensamiento de esta Escritura; ellos son mantenidos en unidad mediante la presencia y el poder del Espíritu Santo, el cual los bautizó en "un solo cuerpo". "Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu." (1ª. Corintios 12: 13 – LBLA).

 

Permítanme decir aquí que en la Escritura no se dice acerca de un individuo que él es bautizado con el Espíritu Santo. Ni siquiera acerca de nuestro Señor mismo. Del descenso del Espíritu Santo sobre Él, como Hombre, en forma corporal como paloma, cuando Él estaba a punto de entrar en Su ministerio público, Él mismo dice, "a éste le selló el Padre, Dios". (Juan 6: 27 – VM).

 

El bautismo del Espíritu Santo es una cosa colectiva que forma la relación de un cuerpo de personas, como el de la asamblea en el día de Pentecostés. Los ciento veinte fueron bautizados colectivamente por el Espíritu Santo, y constituyeron así "un solo cuerpo", no en ese momento, obviamente, porque la verdad del cuerpo no había sido revelada, para la fe de sus miembros, sino que lo fue verdaderamente delante de Dios. Después, Gentiles fueron incorporados en este cuerpo, como en Hechos 10: 11 (vean especialmente Hechos 11: 15 al 17). Ahora bien, este bautismo del Espíritu Santo, habiendo constituido a todos aquellos en quienes Él moraba en un solo cuerpo en Pentecostés, no hubo necesidad de repetirlo desde ese momento. Santos individuales, miembros del cuerpo de Cristo, han muerto, y sus espíritus están con el Señor; sus cuerpos — los templos del Espíritu Santo (1ª. Corintios 6: 19) disueltos en polvo, y quizás esparcidos a los cuatro vientos. Ellos son de ese cuerpo, y serán hallados en unidad en la eternidad, pero han dejado de ser contados como de él aquí, como es visto actualmente en la tierra donde es mantenido en unidad por el Espíritu de Dios. Los que desde entonces han creído las buenas nuevas de su salvación han entrado en este cuerpo mediante el sellado individual del Espíritu de Dios; y por tanto, es verdad acerca de los creyentes que están ahora en la tierra que, "por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo", porque, mediante el sellado del Espíritu de Dios, nosotros hemos entrado en aquello que fue formado en aquel entonces mediante el bautismo del Espíritu Santo.

 

Cuán importante es, queridos amigos, comprender que este cuerpo de Cristo está aquí en la tierra ahora tan verdaderamente como en el día de Pentecostés. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo está aquí en la tierra, donde, en cuanto a lugar personal, Él mantiene el cuerpo de Cristo. Todos aquellos que han muerto son del cuerpo de Cristo, como se ve en Efesios 1; pero son solamente los vivos, en este momento o en cualquier momento dado, quienes son vistos y tratados como el cuerpo de Cristo, según este capítulo que está ante nosotros. (1ª. Corintios 12). De modo que aquí, al final de diez y nueve siglos, el cuerpo es mantenido en su unidad, tan cierta y perfectamente como cuando fue constituido por primera vez en el día de Pentecostés. La manifestación externa ¡lamentablemente! desapareció; pero el Espíritu Santo, el cual descendió y lo constituyó primero, aún está aquí; y el cuerpo de Cristo es mantenido, como entonces, mediante Su presencia y Su poder.

 

Pues bien, cuando nosotros llegamos a 1ª. Corintios 12: 27, encontramos que Pablo aplica esta verdad a la asamblea en Corinto: "Vosotros pues sois el cuerpo de Cristo, e individualmente sois miembros de él". (1ª. Corintios 12: 27 – VM). Es decir, en principio, como estando reunidos en Corinto, ellos eran el cuerpo de Cristo en Corinto; no, obviamente, separándolos del cuerpo completo aquí abajo, sino como parte de él, y según el principio de su constitución; y tan verdadero acerca de todo el conjunto de los santos en cualquier otro lugar dado.

 

Cuando leemos los versículos finales (1ª. Corintios 12: 28 al 31), aparece otro importante pensamiento. Él cambia ahora el lenguaje de "cuerpo" a "asamblea". "Y a unos puso Dios en la asamblea: primeramente apóstoles, luego profetas, etc. (1ª. Corintios 12: 28 – JND). En Efesios 1 nosotros recordamos que "asamblea" y "cuerpo" son usados como términos intercambiables, porque la cosa es vista allí en su resultado, y conforme al propósito de Dios. En 1ª. Corintios el apóstol habla de la "asamblea", y habla del "cuerpo", tratando a una de manera práctica y en principio como al otro, porque la verdad del "cuerpo" debía ser realizada y expresada en la "asamblea", pero él no usa las palabras de manera intercambiable. Esto es muy sorprendente, y muestra la sabiduría del Espíritu de Dios en la elección de Sus palabras. "Vosotros pues sois el cuerpo de Cristo, e individualmente sois miembros de él." (1ª. Corintios 12: 27 – VM). "Y a unos puso Dios en la asamblea: primeramente apóstoles, luego profetas, etc. (1ª. Corintios 12: 28 – JND).

 

Esos maravillosos toques de sabiduría en la Palabra de Dios provocan la adoración del corazón del hombre renovado. En lo que a veces es solamente un tropezadero para la incredulidad, la fe encuentra una mina de sabiduría y hermosuras divinas. ¡Alabado sea el Señor por el ojo abierto para contemplar y sacar provecho de Sus palabras!

 

Es en esta epístola donde encontramos que entra la responsabilidad del hombre, y donde hallamos advertencias a los que tienen el nombre de Cristo sobre ellos, así como a aquellos que eran edificadores después de los apóstoles (vean 1ª. Corintios 3). De esto hablaremos en su totalidad en otra ocasión, según el Señor lo indique. Entonces, en estos versículos finales de 1ª. Corintios 12 nosotros encontramos, después que él ha explicado el cuerpo, y ha hablado de la asamblea en Corinto como siendo, en principio, el cuerpo, él muestra después a varios miembros del cuerpo de Cristo, dones, y demás, puestos en la asamblea: miembros del cuerpo, puestos en la asamblea — considerando, obviamente, a esta última como la profesión colectiva completa del Cristianismo en la tierra. Pero si bien se habla del "cuerpo", y de la "asamblea", no se dice que lo uno sea lo otro (Efesios 1: 22, 23), aunque son tratados como identificados de manera práctica aquí abajo. Cuando esto dejó de ser así, ello fue la ruina de la asamblea. "Y ha puesto todas las cosas bajos sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la asamblea, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo". (Efesios 1: 22, 23 – JND).

 

Esto da lugar a la realización con pleno resultado de la gracia y la obra de Dios, en la verdad y en el hecho de la iglesia como es edificada por Él; dando lugar para que entre la responsabilidad del hombre, y a que sean dadas advertencias como necesitadas aquí abajo, en cuanto a la iglesia responsable edificada por el hombre.

 

En 1ª. Corintios 10; 16, 17, tenemos la mesa del Señor que nos ha sido dada para que sea el símbolo de la unidad de este cuerpo de Cristo en la tierra, al participar del 'un solo pan'. "Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan". (1ª. Corintios 10: 17 – VM).

 

Entonces, queridos amigos, nosotros hemos visto, y es lo que yo confío, el cuerpo de Cristo en su doble presentación, es decir, en primer lugar, como formado por santos sentados en los lugares celestiales en Cristo, según el propósito de Dios en la eternidad y Su obra en el tiempo, lo cual le da un carácter completamente celestial. En segundo lugar, lo hemos visto en la tierra mantenido en unidad mediante el poder del Espíritu Santo, en el intervalo actual, cuya fe es expresada en el participar del 'un solo pan' en la cena del Señor. Menciono ahora otro aspecto de la iglesia, como la 'Casa o Habitación de Dios' aquí abajo. Esto saldrá a relucir como un tema separado.

 

Mientras tanto, que el Señor bendiga a Su pueblo plenamente. Que el ojo de cada uno sea sencillo, para que todo el cuerpo esté lleno de luz, y para que las verdades que hemos procurado presentarles en alguna pequeña medida, puedan, con todo el poder santificador de ellas, formar nuestras almas para que Él pueda ser glorificado, y para que podamos crecer en todo en Él, por amor de Su nombre. Amén.

 

Nota. Es de la más profunda importancia comprender que el cuerpo de Cristo, como visto en la tierra durante el intervalo en que Cristo está oculto en los cielos, está compuesto solamente por esos santos que en este momento están vivos en la tierra. Hay una Escritura (Efesios 1: 22) que lo considera, en propósito y resultado, como toda la reunión de los santos desde Pentecostés hasta la venida del Señor por Sus santos. "Y ha puesto todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la asamblea". (Efesios 1: 22 – JND). Las demás Escrituras lo tratan como el complemento de los santos aquí, donde, en cuanto a lugar personal, está el espíritu Santo, el cual constituye, por Su presencia en los miembros, "un solo cuerpo".

 

En Romanos 12 "el cuerpo de Cristo" es visto en las actividades de sus miembros en la tierra.

 

En 1ª. Corintios 12 este es visto tan plenamente en la tierra que, "si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él". Son solamente aquellos que están aquí los que están en el lugar de padecimiento; y los dones no están en el cielo.

 

En Efesios 4 el Cristo ascendido ha dado dones a Su cuerpo, para el perfeccionamiento de los santos, y la reunión y edificación del cuerpo como visto también en la tierra: porque ese ministerio y esa edificación no es en el cielo sino aquí, donde de él se dice, "de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen)", etc. (Efesios 4: 16 – LBLA).

 

Los apóstoles vieron eso ante sus ojos en la tierra que era el cuerpo. Ellos nunca contemplaron a la iglesia permaneciendo aquí por mucho tiempo, sino que esperaban la venida del Señor. Él tardó, en paciente amor. Aun así, lo que está ante nuestros ojos es el cuerpo, como anteriormente estuvo ante los de ellos. Tal como el ejército Británico es el ejército Británico ahora, es decir, los que están en condiciones de combatir; y fue también el ejército Británico en la batalla de Waterloo; y probablemente no queda en este ejército actual ningún soldado de los que estuvieron en él en aquel entonces. Ellos, al igual que los santos que han muerto, han 'pasado a la reserva', o ya 'se acogieron a retiro', como Pablo y los santos desde entonces; y si bien el todo de él no entra en el recuento del cuerpo como visto por Dios en la tierra hoy en día, ellos serán, eventualmente y según Efesios 1, el cuerpo cuando Cristo sea de facto Cabeza sobre todas las cosas, y mientras tanto, yo estoy seguro, no sufrirán la pérdida de absolutamente ninguno de los privilegios de los que ellos disfrutaron cuando estuvieron aquí.

 

La Casa de Dios, que es la Asamblea del Dios vivo

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 2

 

"La casa de Dios, que es la asamblea del Dios vivo". (1ª. Timoteo 3: 15 – JND).

 

Yo llego ahora, queridos amigos, a completamente otro aspecto del tema — el de la "casa de Dios". Después de pasar Efesios 1, nosotros dejamos esa porción de la Epístola que se ocupa estrictamente de los propósitos y consejos de Dios — "conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad". Esta frase caracteriza a Efesios 1. Efesios 2 nos presenta, de manera general, Su obra en el tiempo para cumplirlos; y desde Efesios 2: 11 nosotros pasamos a la asamblea subsistente formada efectivamente en la tierra.

 

Él describe, en primer lugar, la condición de los Gentiles — "alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz". (Efesios 2: 12 al 15). Pablo piensa aquí en Gentiles y Judíos — ambos hechos cercanos a Dios "en Cristo" por Su sangre. Esto no podía ser ni siquiera durante Su vida, pues nadie podía estar "en Cristo" en ese entonces. Él derrama Su sangre — resucita, y asciende a lo alto, "nuestra paz", habiendo soportado la ira, y a ambos reconcilió con Dios en un solo cuerpo por medio de Su cruz, habiendo matado así la enemistad: predicando la paz a los que "estabais lejos" — expresión específica en cuanto a los Gentiles — ya los Judíos, quienes estaban dispensacionalmente "cerca". Por lo tanto, "por medio de él [de Jesús, no "en Cristo" como anteriormente], los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Ustedes notarán que el lenguaje es aquí esencialmente diferente a la parte inicial de Efesios. Están aquí dos grupos de personas traídas a un solo cuerpo — sobre un solo estrado — teniendo acceso por un mismo Espíritu—por medio de Jesús (δι'το, iá autos) al Padre (no ἐν Χριστῷ Ἰγσθῦ, en Jristós Iesoús, como en Efesios 1: 1, pues aquí entra la mediación). Llegamos después al versículo 19: "Así pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, (πᾶσα ἡ οἰκοδομή) bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor". (Efesios 2: 19 al 21 – LBLA).

 

Ustedes recordarán que en Mateo 16 el Señor dijo a Pedro, cuando este hubo confesado que Él es "el Cristo, el Hijo del Dios viviente", que el Padre había revelado a Pedro esta verdad en cuanto a la Persona del Señor; y ahora el Señor le dice a Pedro algo acerca de Su asamblea, y después acerca de Él mismo. "Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi asamblea, y las puertas del hades no prevalecerán contra ella". (Mateo 16: 18 – JND). Él no dice aquí lo que esta asamblea sería; pero señala su aún distante edificación y el fundamento sobre el cual ella se asentaría. Este fundamento era la persona de Cristo resucitado — Hijo del Dios viviente, como lo confesó la fe de Pedro, exactamente lo que tenemos en Efesios 2: 20. (Ver nota 1). Los apóstoles y los profetas del Nuevo Testamento fueron colocados doctrinalmente como el fundamento, y Jesucristo personalmente es la principal piedra del ángulo. "Las puertas del Hades" era el poder de la muerte ejercido por Satanás por el juicio de Dios; Cristo había entrado en su oscuro dominio, y había despedazado sus barrotes, llevando cautiva una hueste de cautivos, y habiéndose demostrado que Él es Hijo de Dios en poder, por la resurrección de entre los muertos (Romanos 1: 4). La muerte había prevalecido sobre el hombre una vez inocente, ahora caído. Cristo había anulado su poder, y se había levantado sobre ella, como "Hijo del Dios viviente". Este sería el fundamento de la asamblea que Él estaba a punto de edificar.

 

(Nota 1: La confesión "Hijo del Dios viviente" es tan claramente el fundamento de la iglesia como para necesitar solamente unas pocas palabras. La expresión "puertas del hades" es puesta en contraste con "Hijo del Dios viviente", el cual había descendido a la fortaleza de la muerte — controlada por el poder de Satanás por el juicio de Dios (Hebreos 2: 14). Él subió desde ese oscuro dominio, reventando los barrotes de la muerte, triunfando sobre ella. La muerte había triunfado sobre un Adán inocente, un Adán caído. Ella "reinó… desde Adán hasta Moisés". Ella había triunfado sobre Israel que estuvo bajo la ley. Jesús viene ahora, y desciende a ella, y la conquista, no deteniéndola, sino derrotándola. "Las puertas del Hades" no podían prevalecer contra lo que Él edificaría ahora sobre ese fundamento imperecedero, es decir, sobre Él mismo en el poder de la resurrección — "Hijo del Dios viviente". "Declarado Hijo de Dios con poder,… por la resurrección de entre los muertos". (Romanos 1: 4). Pedro conocía bien su significado cuando dijo, "Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual", etc. (1ª. Pedro 2). Él no tuvo aquí ningún pensamiento acerca de la asamblea ¡siendo edificada sobre sí mismo!).

 

Esta tarde yo deseo dar a conocer la diferencia, en alguna medida, entre dos cosas que están muy claramente diferenciadas en la Escritura, es decir,

 

la "asamblea" que Cristo edifica por medio del Espíritu Santo que ha descendido, conforme a Mateo 16, y en la que ningún material falso puede entrar;

 

y la asamblea en la cual el hombre tiene su lugar como edificador, en la que entran "madera, heno, y hojarasca" (ver nota 2) — en otras palabras, la casa de Dios, donde mora el Espíritu Santo.

 

(Nota 2: Los hombres han confundido las dos completamente; atribuyendo a la iglesia externa en la que el hombre edifica, inmunidad frente al poder del mal y frente al juicio, lo cual fue prometido solamente a la iglesia verdadera que Cristo edifica. "Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" es la promesa hecha a la iglesia que Cristo edifica; no a la que el hombre edifica. (1ª. Corintios 3)).

 

Cuando Cristo edifica, Él no lo confía al hombre en absoluto, y no entra ninguna responsabilidad del hombre. Él muere y resucita, y aquello que Él edifica sobre el fundamento imperecedero de la fe en Su persona en resurrección ¡está seguro para siempre! Este edificio es traído ante nosotros en Efesios 2: 20, 21 — lo que Cristo edifica, y que "bien ajustado" — y pongan atención a esas palabras encarecidamente — "va creciendo para ser un templo santo en el Señor". (Efesios 2: 20, 21 – LBLA). Este templo fue comenzado cuando el Espíritu Santo descendió del cielo, y "va creciendo" hasta que todo esté en la gloria, hasta el final mismo de la estadía terrenal de la iglesia, y aún no está completo. Pues bien, ustedes no encontrarán esas palabras "bien ajustado" cuando lo que el hombre edifica viene ante nosotros.

 

Pero pongan atención a la diferencia entre el templo de Efesios 2: 21, y lo que ustedes encuentran en el último versículo: a saber, "en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu". El apóstol considera primero, en el versículo 21, la obra progresiva — el templo entero, conforme al pensamiento y al propósito de Dios de que sea Su santuario, el hogar de la manifestación más resplandeciente de Su gloria para siempre. En segundo lugar, él considera el aspecto actual de la asamblea, en este momento, una habitación o morada de Dios por el Espíritu en la tierra — en otras palabras, la "casa de Dios".

 

Ahora bien, en este último versículo nosotros vemos que si bien él nos presenta el pensamiento normal de la casa o habitación de Dios, en la tierra en su existencia aquí durante el actual intervalo, él no dice quién es el edificador. De modo que mientras este último versículo presenta a ustedes el pensamiento normal de la casa de Dios, como en Pentecostés, o desde entonces, o en cualquier momento dado, él brinda espacio para la introducción de la responsabilidad del hombre, y no nombra al edificador, tal como veremos.

 

Pasemos ahora a la primera epístola a los Corintios donde encontramos que, hablando de manera general, el orden de la casa de Dios es el pensamiento en la mente del Espíritu.

 

Permítanme decir aquí que el hecho de que Dios desciende y mora en algo en la tierra es un pensamiento muy diferente de aquel que vimos en la primera parte de Efesios 2. Allí era Dios dando vida a miembros, y resucitándolos y uniéndolos a Cristo en la gloria. En ese pensamiento vimos a Cristo, como Cabeza de Su cuerpo, sentado en los lugares celestiales, y Su cuerpo unido a Él en la misma esfera. Pero en esta verdad de una "morada de Dios", no hay absolutamente ningún pensamiento acerca de cabeza, o cuerpo, o unión. De su cuerpo usted dice, «soy yo mismo» — como el Señor a Saulo, "¿por qué me persigues?" De mi casa yo digo, «yo habito en ella; pero sus murallas no están unidas a mí.» Esto hace que los dos pensamientos sean tan distintos como es posible; y ustedes encuentran en la Escritura que la palabra "asamblea" es usada algunas veces para el cuerpo verdadero de Cristo en propósito y resultado, y también para el cuerpo profesante, o casa donde mora el Espíritu Santo.

 

Cuando la casa o habitación de Dios fue constituida por primera vez, en el día de Pentecostés, por el descenso del Espíritu Santo, todos aquellos de los cuales ella se componía eran creyentes verdaderos. El Espíritu Santo se asentó "sobre cada uno de ellos" y "llenó toda la casa", cumpliendo así la promesa del Señor en Juan 14: 17 (que dice, "porque mora con vosotros, y estará en vosotros"). El Espíritu Santo estaba ahora en ellos, y con ellos; y colectivamente ellos eran la casa de Dios" en la tierra.

 

Entonces el hombre comenzó a llevar a cabo esta obra, y Pedro recibe en esta casa, mediante el bautismo (ver nota 3) a los tres mil Judíos, etc., y la casa de Dios avanzó así. Ellos entraron para participar de los privilegios de esa esfera, a la cual Dios había confinado ahora Sus operaciones ordinarias en la tierra. Pronto entraron los que estaban meramente asumiendo la profesión de Cristianismo (Simón el Mago, y demás), y la casa comenzó a ampliar sus proporciones más allá de los límites de aquellos que eran realmente de Cristo. Aun así el Espíritu Santo estaba allí, y Él aún permanece, aunque la casa ha sido ampliada de tal manera que incluye una gran Cristiandad bautizada.

 

(Nota 3: Que el bautismo fue el modo de admisión o recepción a ella es evidente del hecho de que aquellos que fueron constituidos como la casa de Dios por el descenso del Espíritu Santo, es decir, los doce apóstoles, y la compañía de discípulos que estaban con ellos, nunca fueron bautizados en absoluto. (Yo no hablo ahora del bautismo de Juan sino del bautismo Cristiano). No había nadie que los bautizara o que los recibiera. Ellos ya eran la casa, por el descenso del Espíritu Santo, y no se podía hacerlos entrar. Luego, los que fueron recibidos después que Pedro les habló tuvieron que pasar a este nuevo terreno, y a todos los privilegios que les pertenecían, a través del bautismo (Hechos 2: 37 al 47). Ellos entraron en la casa de Dios para recibir, o "para" (ες) perdón de los pecados"; y además, "recibiréis el don del Espíritu Santo". Ellos no tenían aún ninguno de los dos; y el bautismo en agua era la puerta de entrada para los que iban siendo recibidos. Yo puedo remarcar aquí que el bautismo es la señal de lo que uno está a punto de recibir: no de lo que uno ya ha recibido. Por otra parte, el bautismo del Espíritu Santo constituye al cuerpo de Cristo).

 

Pero pasando a 1ª. Corintios 1: 1, 2, en estos versículos ustedes obtienen la más integral de todas las alocuciones de las Epístolas del Nuevo Testamento. Nadie puede escapar de la amplitud del pensamiento y de las personas allí incluidas. Ella está dirigida a la asamblea de Dios en Corinto, y está configurada de tal forma que en ningún momento puede nadie que profesa el nombre del Señor eludir su responsabilidad. Hay esta notable diferencia entre ella y la de los Efesios. En los Efesios el apóstol los llama "santos y fieles", o, como la palabra expresaría, "creyentes" (πιστος): "a los santos que están en Éfeso y creyentes en Cristo Jesús". (Efesios 1: 1 – VM). En 1ª. Corintios él dice, "a la asamblea que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados santos, con todos lo que en todo lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, tanto de ellos como nuestro". (1ª. Corintios 1: 2 – JND). Nada podría ser más integral. Pero, ¿qué dice el versículo 9? ¡"Dios es fiel"! eso es aquí lo sustancial, porque hay responsabilidad y advertencias y cosas por el estilo. En Efesios él los llama "santos" y "fieles"; en Corintios él los llama "santos", pero no añade la palabra fieles, sino que dice que Dios lo es (1ª. Corintios 1: 9).

 

Por lo tanto, tenemos ante nosotros un pensamiento muy integral; y permítanme remarcar que, en sí misma, la expresión 'invocar el nombre del Señor' es, en la Escritura, meramente profesión. Para que ella sea válida tiene que haber, obviamente, vida en nuestras almas; pero ella no es más que esto. Un hombre puede invocar el nombre del Señor para deshonrarlo. Vean las personas que hicieron muchas obras maravillosas en Mateo 7: 21 al 23), y decían "Señor, Señor"; Él dijo de ellas "Nunca os conocí". Esto es muy solemne.

 

 

Cuando vamos al tercer capítulo de esta epístola a los Corintios encontramos enseñanza ante nosotros, basada en la responsabilidad de los que profesan el nombre de Cristo, y la de los que edifican la casa ministerialmente aquí abajo. "Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. ¿No sabéis que sois templo de Dios (ver nota 4), y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es". (1ª. Corintios 3: 9 al 17).

 

En esta Escritura, queridos amigos, tenemos el otro pensamiento de la "casa", o "templo de Dios". En Efesios era ese edificio que está "bien ajustado o "bien ensamblado" (Efesios 2: 21). Ustedes no obtendrán aquí tales palabras. Ustedes tienen a Pablo, el perito arquitecto, comenzando el edificio — sentando las bases en sus doctrinas y ministerio. Luego siguen otros. Se trata del asunto de la labor ministerial y sus resultados; "obra", no "obras". Algunos han confundido esto con las "obras" de los Cristianos; pero la palabra usada es "obra", aquello por lo cual los que la han llevado a cabo tendrán que responder a Dios. La enseñanza trajo almas según el carácter de ella, a la casa responsable "edificio de Dios", responsablemente ante el mundo. Se ha comentado que aquí encontramos tres caracteres de edificadores involucrados en la obra. El buen edificador, el cual es salvo, y cuya obra permanecerá (versículo 14). Luego el hombre que edifica mal, que es salvo, es cierto, pero su obra es quemada (versículo 15). En tercer lugar, un mal edificador—un hereje — cuya obra no sólo es quemada, sino que él mismo también se pierde. Esa es la casa, o templo de Dios, llevado a cabo por la responsabilidad del hombre. Cristo lleva a cabo Su obra hasta el final, en la cual no entra ninguna responsabilidad humana, pero existe eso que está confiado a la responsabilidad de las manos del hombre, y de lo cual se habla así.

 

 

(Nota 4: En Efesios 2: 21, de ese templo se dice que es un templo en proceso de edificación. Aquí en 1ª. Corintios 3, de él se dice que ya es un templo, edificado por el hombre, pero ostensiblemente delante del mundo, y responsablemente "edificio de Dios". "[Vosotros] sois templo de Dios"; es decir, los santos colectivamente. A diferencia de 1ª. Corintios 6: 19, donde se dice que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, como morando en el individuo. Es en vista de que el "edificio de Dios" es Su templo que la profanación de él llega a ser tan grave, como leemos en 1ª. Corintios 3: 17. De ahí el pensamiento añadido acerca del templo).

 

Al igual que todo lo que ha sido confiado al hombre, ¡es lamentable! en qué ruina ello se ha convertido.  Esto oprimía el espíritu de Pablo, dado que él nos dice que, "el misterio de la iniquidad" ya estaba en acción (2ª. Tesalonicenses 2: 7) y que surgiría el hombre de pecado (2ª. Tesalonicenses 2: 3). Ello levantó la voz de alerta de Juan, acerca de que el Anticristo vendría, y que incluso entonces había muchos anticristos, "por esto conocemos que es el último tiempo". (1ª. Juan 2: 18).También Judas y Pedro añaden su evidencia acerca del estado de cosas que se desarrollaría hasta que el juicio limpiara la escena.

 

Pasaré ahora a una palabra en 1ª. Corintios 9, antes de pasar a las notables advertencias de 1ª. Corintios 10. Me refiero a la palabra que está en el último versículo (en la Versión Reina-Valera y otras), a saber, "eliminado". Muchos han eludido esa palabra en toda su fuerza, tomándola como significando completamente 'reprobado', al encontrar que el Apóstol Pablo la usa acerca de sí mismo; y ¿quién era tan consciente de la plenitud de la redención? — ¿quién tan seguro de que el Paraíso que él había apreciado iba a ser su hogar para siempre? (1ª. Corintios 12). Él dice,

 

"Sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado (δόκιμος)". (1ª. Corintios 9: 27 – LBLA).

 

Él se considera a sí mismo como corriendo en una carrera, responsablemente aquí abajo, y, aunque él corre sin incertidumbre alguna acerca del pormenor final, se siente consciente de que no es ningún contrincante imaginario aquel con el cual él tiene que contender. Él no peleaba "como quien golpea el aire", es decir, como si un contrincante imaginario estuviera ante él. Pero con toda la energía de uno que conocía el terrible contrincante que él llevaba en sí mismo — a saber, la "carne" por la cual el Hijo de Dios tuvo que soportar el juicio de Dios en infinito padecimiento — él golpeaba su cuerpo y lo hacía su esclavo, no sea que predicando a otros, él mismo fuera descalificado. ¡En primer lugar un buen Cristiano, después un buen predicador! Ello no supone que un hijo de Dios sea no obstante descalificado. Ello supone la posibilidad de que ¡se pierda un predicador!

 

Él está expresando un caso del carácter más solemne, necesario debido a la prominencia dada en Corinto al don en el cual el poder era exhibido, y él aplica este caso a él mismo por amor a los demás; tal como él dice en una parte anterior de la epístola, a saber, "Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolos por amor a vosotros" (1ª. Corintios 4: 6 – LBLA).

 

Nosotros encontramos que la palabra griega usada aquí, en el pasaje que hemos mencionado, a saber, "eliminado", o "descalificado", es usada ocho veces en el Nuevo Testamento y cada vez en toda la fuerza de la palabra como significando ¡'perdido'! En Romanos 1: 28 es usada en cuanto a los paganos; "Dios los entregó a una mente reprobada (δόκιμος)". En 2ª. Corintios 13: 5, 6, 7, es traducida tres veces como "reprobados". En Tito 1: 16 de los incrédulos se dice que son, "reprobados en cuanto a toda buena obra. En 2ª. Timoteo 3: 8 Janes y Jambres resistidores de la verdad son "hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe." Y en Hebreos 6: 8 leemos, "la [tierra] que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada". Nadie podría pensarlo dos veces en cuanto a estos pasajes; y, además, Pablo nunca fue desaprobado o eliminado en su ministerio; nunca fue su ministerio tan maravillosamente bendecido, o usado por Dios, como cuando desde la prisión en Roma salieron muchas de las Escrituras de Dios.

 

Ahora bien, cuando llegamos a 1ª. Corintios 10, encontramos que él aplica este principio del capítulo 9 a otros que podrían disfrutar privilegios tales como los de la casa de Dios, y reposar en la carnal seguridad en las ordenanzas que pertenecen a ella, sin ser ellos partícipes de la naturaleza divina. Bajo la figura de "las cosas (que) les acontecieron" a Israel en el desierto, usando esos incidentes como tipos, y como escritos "para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos", él advierte contra el hecho de descansar en una mera profesión externa como la que se iba a encontrar en la casa responsable como resultado del fracaso del hombre en la edificación.

 

Las personas pueden disfrutar de una relación ordenancista con Cristo (mediante el bautismo y la cena del Señor) como constituyendo la iglesia externa edificada por el hombre, y después de todo ¡perderse! Ellos debían ser advertidos por medio de lo que sucedió a Israel, con muchos de los cuales Dios no se agradó y quedaron postrados en el desierto. El orden en el cual él reúne estos incidentes en la historia de ellos en el desierto es verdaderamente digna de nuestra atención. Cuán a menudo ellos nos pueden haber parecido como un número de incidentes encadenados, sin conexión u orden aparente, excepto por el hecho de ser ellos momentos sorprendentes en las andanzas de este pueblo duro de cerviz. "Porque (ver nota 5) no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron". (1ª. Corintios 10: 1 al 6). Se nos muestra aquí que, si bien todos ellos participaron en común de estos privilegios como estando asociados bajo el liderazgo de Moisés, la privilegiada posición de ellos no los aseguraba. En el pasaje los incidentes históricos nos son presentados de manera simbólica, y son puestos juntos en un orden moral, bastante alejados de su orden histórico en el cual ellos ocurrieron; y en ellos encontramos expuestos, en cuanto a principio, lo que la historia de la iglesia profesante ha sido, y será hasta el final.

 

(Nota 5: La conjunción, "porque", conecta el capítulo 10 con los versículos finales del capítulo 9. La división de los capítulos ha interrumpido el orden de los temas incluidos en ellos).

 

En 1ª. Corintios 10: 6 él comienza por lo que sucedió unos dos años después que ellos dejaron Egipto. Si nosotros examinamos Números 11 encontramos que en aquella solemne coyuntura de su historia, ellos aborrecieron el maná puro con el que Jehová los había alimentado de día en día diciendo, "¡No hay nada ante nuestra vista, sino este maná!" (Números 11: 6 – VM); y codiciaron nuevamente las ollas de carne de Egipto. Esto fue, en el antitipo, el primer signo del alejamiento de la iglesia de la persona de Cristo. Y, ¡oh, qué momento solemne es para el alma cuando se encuentra que Cristo no es suficiente para ella cuando el corazón clama por algo más que Su bendita persona! De qué manera ella se vuelve a alguna vanidad, o alguna locura o pecado, algún ídolo de su propia inventiva, para llenar el vacío en el corazón que desea algo más; ¡algo que satisfaga las codicias de la carne! ¡Esto no fue sino la historia del alejamiento de la iglesia de su primer amor a Cristo! "Has dejado tu primer amor", es la triste y solemne queja de Su corazón (Apocalipsis 2: 4), y ninguna actividad pudo compensar esto.

 

El apóstol se vuelve ahora a otra señalada ocasión (1ª. Corintios 10: 7) que sucedió antes que ellos se marcharan del monte Sinaí. Cuando Moisés estaba en el monte, recibiendo la ley que Jehová le dio, Aarón y los hijos de Israel hicieron el becerro de oro, y danzaron alrededor del ídolo. El antepasado de ellos Abraham, como también ellos mismos, había sido llamado a salir de un mundo de idolatría para ser testigo del Dios único y verdadero contra todos los dioses de las naciones. Lo primero que ellos hacen es volver a caer en aquello de lo cual habían sido llamados. Ellos tenían que tener algo para que la vista descansara sobre ello, porque Moisés había subido al monte Sinaí y ellos lo habían perdido de vista; y Aarón les hizo este becerro de oro, y asoció el nombre de Jehová con "un buey que come hierba". (Salmo 106: 20). "Israel, estos son tus dioses,… "Mañana será fiesta para Jehová.". (Éxodo 32: 4, 5).

 

Así con respecto a la iglesia. Ella fue llamada a salir fuera del mundo para andar en el Espíritu, y lo primero que hace es ponerse cómoda para andar en la carne una vez más. En lugar de andar por fe, y esperar a un Señor ausente, ella desea algo en lo que posar la vista, algo más tangible que un Cristo glorificado pero invisible, conocido por medio del Espíritu Santo descendido del cielo; y, en el momento en que ella lo hace, la fornicación con el mundo sigue a continuación.

 

Esto sale a relucir en el versículo siguiente (1ª. Corintios 10: 8). Tenemos allí un incidente que sucedió alrededor del final del año 40 de la travesía del desierto (Números 25). "Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil". Interacciones ilícitas con el mundo siguen a continuación. Esto es lo que se menciona tan sorprendentemente en el mensaje a Pérgamo en Apocalipsis 2: 13, cuando la iglesia hubo estrechado manos con el mundo, por así decirlo, "Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás". La iglesia desposada cual virgen casta con Cristo (ver 2ª. Corintios 11: 2 – VM), se ha entregado a otro. El resultado es que Cristo es tentado. "Ni tentemos al Cristo, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes". (1ª. Corintios 10: 9 – JND). Esto se dice de Israel en Números 21.

 

Luego viene la advertencia final, "Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor". (1ª. Corintios 10: 10 – LBLA). Esto lo encontramos en Números 14. Llegó el momento solemne cuando "murmuraron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel". (Números 14: 2 – LBLA). "Y se decían unos a otros: Nombremos un jefe y volvamos a Egipto". (Números 14: 4 – LBLA). Aquí fue el hecho de abandonar completamente a Jehová y a Sus siervos, y eso en el momento en que esos hombres fieles, hombres "de otro espíritu", los estaban exhortando a subir y poseer la tierra. Ellos aborrecieron la tierra deseable, y propusieron nombrar un jefe y regresar a la tierra de esclavitud una vez más; y ellos "fueron destruidos por el destructor". (1ª. Corintios 10: 10 – LBLA).

 

Así, a partir de lo que parecen ser sólo varios incidentes en la historia de ellos, reunidos sin ningún orden {cronológico} aparente, nosotros encontramos el más completo retrato moral de la historia de la iglesia profesante. Dicha historia comienza con encontrar que un Cristo invisible es insuficiente, y con el hecho de codiciar algo que satisfaría la vista y el sentido (1ª. Corintios 10: 6). Después, la idolatría sigue a continuación con lo que está configurado para llenar la vista de los que no podían andar por fe y esperar al Ausente. (1ª. Corintios 10: 7). El mundo puede andar ahora con la iglesia porque ella ha dejado el terreno de la fe, y ha regresado a aquello que el ojo puede ver, y el resultado es la fornicación entre el mundo y la iglesia. (1ª. Corintios 10: 8). Esto es provocar "a celos al Señor" — "tentar al Cristo". (1ª. Corintios 10: 22 y 9 – JND). Y la historia finaliza con la renuncia a la esperanza celestial y el propósito de nombrar un jefe, y ¡regresar al hombre y al estado del hombre una vez más!

 

En otras palabras, ella comenzó con un becerro — es decir, con algo, no importa qué, configurado, sobre el cual la vista puede reposar, cuando Cristo no es suficiente, y finaliza con un jefe, es decir, el hombre es colocado en el lugar de Cristo. El alejamiento del primer amor da lugar a la actividad del "misterio de la iniquidad", es decir, la carne en el hombre recibiendo un lugar en las cosas de Dios. La historia termina con un Anticristo cuando la profesión de Cristianismo es abandonada, y así, vienen la deserción, o "la apostasía" (2ª. Tesalonicenses 2), y ¡el Anticristo u hombre de pecado!

 

¡Cuán solemne es esta historia, queridos amigos! ¡Cuán sabio, cuán misericordioso es nuestro Dios, que nos advierte y nos dice lo que viene, no sabemos cuán pronto! ¡Qué necesario es que no procuremos descansar meramente en los privilegios, sino que nuestras almas hayan tenido que ver con el Dios viviente, el cual de Su propia voluntad nos ha engendrado por la Palabra de verdad!

 

Ahora bien, "Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla". (1ª. Corintios 10: 11 a 13 – LBLA).

 

Me remito ahora a otros pasajes del Nuevo Testamento, para traer aún ante ustedes este pensamiento acerca de la casa de Dios.

 

En Filipenses encontrarán que Pablo reconoce de qué manera las cosas se habían desviado. En el primer momento de la historia de la iglesia, el cuerpo de Cristo y la casa de Dios eran coincidentes, es decir, estaban compuestos de los mismos individuos (Hechos 2). Pero cuando los hombres comenzaron a edificar, la casa aumentó sus proporciones de manera desproporcionada con respecto al cuerpo. Hubo una gran cantidad de material no introducido por el Señor; pero el Espíritu Santo no dejó la casa. Por otra parte, el Espíritu Santo constituía y mantenía la verdadera unidad del cuerpo de Cristo, uniendo a los miembros de Cristo en la gloria. Los dos pensamientos son bastante diferentes: la casa, y el cuerpo. En el pensamiento de la casa ustedes pierden la individualidad, pero no tienen ni cabeza, ni cuerpo, ni unión. El cuerpo de Cristo está unido a su Cabeza en la gloria. Se trata de la doble relación de la iglesia: con Dios como Su morada, con Cristo como Su cuerpo.

 

En Filipenses 2: 21 encontramos de qué manera las cosas estaban fracasando, y los que profesaban el Cristianismo eran "carnales", y estaban andando como hombres". "Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús". (Filipenses 2: 21). Además, consideren lo que dice el tercer capítulo, "Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal". (Filipenses 3: 15 al 19). Ustedes notarán de qué manera la sabiduría del apóstol detecta tres estados de alma distintos en la iglesia profesante:

 

1. Los "perfectos", o plenamente maduros, es decir, los que tienen plena conciencia de un lugar Cristiano como muertos y resucitados con Cristo, y que avanzan como Pablo, hacia la gloria, y a la semejanza a un Cristo glorificado.

 

2. Aquellos que no habían llegado plenamente en la conciencia del alma a esta verdadera condición normal del Cristiano, como habiendo sido aprehendidos para la gloria por Cristo, pero que debían andar en lo que ellos tenían, y Dios les daría más; y,

 

3. Aquellos que, bajo el nombre de Cristo, se jactaban en la propia vergüenza de ellos, en esa carne por la cual Cristo había sido puesto en oprobio en la cruz (la cruz en la tierra respondiendo a la gloria celestial en lo alto). Ellos eran meros profesantes, cuyo fin sería la destrucción total.

 

Y yo llamaría aquí a poner atención al sorprendentemente análogo estado de cosas, en este triple estado, al de Israel cuando llegamos a la conclusión del libro de Josué. Allí Josué muere, y en Filipenses Pablo está en prisión en Roma, y la iglesia de Dios ha perdido los consagrados servicios del gran apóstol. Josué había puesto a dos tribus y media en posesión de la porción de ellos en la tierra de la promesa, a saber, Judá (Josué 5: 1, etc.), Efraín (Josué 16: 5, etc.), y media tribu de Manasés (Josué 17: 1, etc.). Dos tribus y media no irían y no poseerían la tierra que él dividió. Ellos no regresaron a Egipto, ni entrarían en la tierra, sino que asumieron un lugar intermedio afuera de los límites de la posesión de Jehová (a saber, Rubén, Gad, y media tribu de Manasés; vean Josué 1: 12, etc.; 13: 15, etc.). Y por último, siete tribus estuvieron en la tierra, pero no fueron puestas en posesión de la herencia de ellas. (Vean Josué 18: 2, 3). Por tanto, la tierra fue conquistada pero no poseída. Por consiguiente, ellos fueron dejados para que se 'ocuparan en su propia salvación', por así decirlo, del enemigo; pero ¡cuán lamentable! todos buscaban lo suyo propio, y se hundieron en la condición vista en el libro de Jueces después de la muerte de Josué.

 

En la analogía, los "perfectos responden a las dos tribus y media en posesión.

 

Los que no habían "llegado" responden a las siete tribus en la tierra que aún no habían poseído; y,

 

Las dos tribus y media responden a los que, bajo la profesión de Cristianismo, eran enemigos de la cruz de Cristo. Ellos no abandonaron el Cristianismo, como los que no renunciaron al derecho de ser llamados "de Israel", pero rechazaron su verdadero llamamiento, se gloriaban en su vergüenza, pensando en cosas terrenales, y fueron así los primeros en caer en las manos del enemigo, y en darle una entrada a él a la iglesia profesante.

 

Yo no tengo ninguna duda de que estos tres estados son encontrados así hasta el final en la iglesia profesante.

 

Si pasamos ahora a 1ª. Timoteo, Pablo escribe a Timoteo en cuanto a de qué manera uno debiera comportarse "en la casa de Dios, la cual es la asamblea del Dios vivo), columna y base de la verdad". (1ª. Timoteo 3: 15 – JND).

 

La iglesia es considerada como la depositaria de la verdad; y por eso es responsable de sostenerla como columna y base de ella. "La verdad" es el propio Cristo. Si Él estuviera aquí no necesitaría una columna o una base de la verdad. Pero Él está ausente y "el misterio de la piedad" ha sido encomendado a ella. "El misterio de la iniquidad" está en contraste con esto, y el deseo de Satanás es, por medio de la carne en el hombre, frustrar el testimonio del Cristianismo, el cual está fundamentado en el fin del primer hombre, y en un postrer Adán, delante de Dios. Después ustedes tienen en 1ª. Timoteo 3: 16 todo el curso de Cristo desde la gloria; Dios descendió, y "fue manifestado en carne"; presentando todo lo que Él hizo como hombre en el poder del Espíritu Santo, incluso cuando Él fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, así "justificado en el Espíritu". "Visto de los ángeles,", las más bienaventuradas de las criaturas, sostenidas por Dios no caídas, ellos contemplaron a su Dios por primera vez cuando Él se hizo un niño, y ellos irrumpieron, abiertos los cielos, y en generosas alabanzas cantaron acerca de la complacencia de Dios en los hombres (Lucas 2). "Predicado a los gentiles"; esto fue lo nuevo en el Cristianismo, no hubo ninguna predicación en el Antiguo Testamento; el Judaísmo no se caracterizó por la predicación. "Creído en el mundo"; un Objeto de fe en el mundo y no meramente entre Judíos: y luego, "Recibido arriba en gloria". Por tanto, ustedes tienen todo el testimonio de Cristo que fue encomendado a la iglesia; Dios descendió en amor, pasando a través de todo Su curso aquí; y finalmente, el Hombre es recibido arriba en gloria.

 

Por tanto, en 1ª. Timoteo obtenemos el orden externo en la casa de Dios delante de los hombres aquí abajo como el gran tema tratado.

 

Así pues, en 2ª. Timoteo (ver nota 6), las cosas habían caído más que nunca en el más profundo desorden; y, una vez arruinadas, no hubo manera de reparar la ruina.

 

(Nota 6): Ha sido comentado que 1ª. Timoteo contiene el orden de cosas cuando la casa de Dios estaba en orden; y que 2ª. Timoteo contiene la senda del santo cuando todo estuvo en desorden).

 

No es el modo de obrar de Dios restaurar un estado caído, sino introducir uno mejor cuando Sus propósitos lo permiten; y mientras tanto, los fieles tienen su senda definida claramente a través de un estado de cosas arruinado. "Sin embargo el sólido fundamento de Dios se mantiene firme, teniendo este sello, Conoce el Señor a los que son suyos; y, que todo aquel que nombra el nombre de Cristo se aparte de la iniquidad. Pero en una casa grande no solamente hay vasos de oro y plata, sino también de madera y de barro; y algunos para honra y algunos para deshonra. Por lo tanto, si alguno se habrá limpiado de estos, separándose él mismo de ellos [es decir, de aquellos que no andan conforme a la verdad de Dios], él será un vaso para honra, santificado, útil para el Maestro, preparado para toda buena obra". (2ª. Timoteo 2: 19 al 21 – JND).

 

Nosotros descubrimos aquí a qué habían llegado las cosas en manos del hombre. El apóstol no la llama 'La casa grande', sino "una casa grande". Se trata de un pensamiento análogo, porque responsablemente ella es aún la casa de Dios donde mora el Espíritu Santo (1ª. Corintios 3). El fundamento de Dios no había cambiado, y había un sello, teniendo en un lado una inscripción que mostraba los privilegios de todos los que eran Suyos — el Señor los conocía; y en el otro lado, aquello que señalaba la responsabilidad de ellos — "que todo aquel que nombra el nombre de Cristo se aparte de la iniquidad". Uno no puede salir de la casa de Dios mientras Dios permanece en ella en paciente gracia, pero que él mismo se limpie de todo lo que era falso y no era la verdad. En ella había vasos para deshonra (ver nota 7), así como vasos para honra.

 

(Nota 7: esta palabra, "deshonra", no se refiere a grados de honra, como algunos han supuesto. Ella puede ser traducida como "vergüenza", "ignominia", "infamia", etc.; cualquier cosa falsa o que no es la verdad).

 

Ahora bien, si nosotros comparamos los versículos iniciales de 2ª. Timoteo 3 con los versículos finales de Romanos 1, encontramos de qué manera, bajo el nombre de Cristo, toda la horrible maldad del mundo pagano ha sido restablecida. Las palabras usadas por Pablo en Romanos 1 para describir a los paganos son, casi palabra por palabra, las mismas usadas para describir a los profesantes de Cristianismo en este capítulo. Cuán profundamente solemne ello es; y aún peor, porque es hecho bajo el nombre de Cristo. (Comparen Romanos 1: 29 al 32 con 2ª. Timoteo 3: 2 al 5).

 

Vamos ahora a la epístola a los Hebreos. Es muy cierto que en ella no encontramos que el escritor enseña o trata acerca de la iglesia de Dios, como tal. Él se ocupa de otro asunto. Aun así, subyacente a su enseñanza está el pensamiento de la casa de Dios, donde mora el Espíritu Santo. Los que han profesado el Cristianismo y han tomado sobre ellos el nombre de Cristo son vistos en su lugar de responsabilidad, recorriendo el desierto. Yo estoy a punto de examinar dos pasajes, los cuales han perturbado almas piadosas que aún no han disfrutado completamente la perfecta paz con Dios. Uno puede hablar por otro en esto. Yo aludo al sexto y al décimo capítulo de Hebreos.

 

En el capítulo 6 de Hebreos leemos, "Porque es imposible renovar otra vez para arrepentimiento a aquellos que una vez fueron iluminados, y que probaron del don celestial, y fueron hechos hechos partícipes del Espíritu Santo, y gustaron la buena palabra de Dios, y las obras de poder del siglo venidero, y apostataron, crucificando para sí mismos [como lo hacen] al Hijo de Dios, haciendo [de Él] un espectáculo". (Hebreos 6: 4 al 6 – JND). Examinaré cada frase en este versículo separadamente; y puedo comentar, de paso, que la diferencia esencial entre estos versículo y los de Hebreos 10 es que en el capítulo 6 tenemos, en general, los privilegios disfrutados por todos los que profesan el Cristianismo como consecuencia de la exaltación del Mesías a la diestra de Dios, después de haber consumado la obra de redención, y la posterior presencia del Espíritu Santo en la tierra; mientras en el capítulo 10 encontramos más bien la excelencia de un sacrificio, tan perfecto que no dejó nada que añadir a él. Fue tan perfecto en su valor que no dejó espacio para otro. En Hebreos 6, el Espíritu Santo es prominente; en Hebreos 10, la prominencia es del sacrificio de Cristo.

 

"Es imposible renovar otra vez para arrepentimiento a aquellos que una vez fueron iluminados". Si acudimos a Juan 1: 9 encontramos las palabras, "Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo". Cristo era esta luz verdadera. Tal como el sol que brilla a medio día, si un hombre no abre sus ojos para ver el sol, de poco le sirve como luz. Ahora bien, ustedes encuentran la misma palabra griega en cada frase. "Iluminados" en Hebreos 6, es traducida como "alumbra" en Juan 1 (φωτίξω). Ello significa la iluminación externa de la verdad del Cristianismo que resplandece sobre el corazón y la conciencia. De este modo, las almas pueden ser 'alumbradas', o 'iluminadas', sin tener vida en absoluto. Muy diferente es el pensamiento de Pablo cuando habla de que Dios resplandeció en su corazón, "para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo". (2ª. Corintios 4: 6). Esa fue una obra real en su alma. Entonces, "iluminados" significa la presentación externa de las verdades de la revelación al alma, con la luz que ellas traen. Juan 1: 9 aclara esto a partir del uso de la misma palabra griega. Pues aunque Cristo vino al mundo resplandeciendo como una luz para todo hombre, todo hombre no usó la luz. Usarla sería salvarse.

 

Por otra parte, "Probaron del don celestial". Tenemos aquí lo que está en contraste con la ley e incluso lo que dijo el Mesías en la tierra. Él hablaba ahora desde el cielo (Hebreos 12: 24), y el don (pues era un don presentado ahora a los hombres, en vez de una demanda hecha a ellos como estando bajo la ley) era ahora completamente desde esa fuente, como fue anunciado aquí abajo. Cuántos, durante el ministerio del Señor en la tierra, habían probado la bienaventuranza de Sus palabras de gracia, y con conmovido corazón como para decir, cuando Le oían, "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!" (Juan 7: 46), y que se volvieron y no anduvieron más con Él cuando ellos se percataron del carácter de la senda en la que hay que seguirle a Él. Probar o gustar del don celestial (venido ahora desde el cielo) no es comer Su carne y beber Su sangre, y recibirlo así vitalmente en el corazón.

 

"Y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo". Todos los que profesan el nombre de Cristo participan del Espíritu Santo en el sentido en que se habla aquí. La palabra es usada para la participación externa en el privilegio, sin necesariamente poseerlo. Habiendo el Espíritu Santo descendido del cielo, encargado de este don celestial, para morar en la casa de Dios, todos los que han sido recibidos en esa casa tienen un interés común en Su presencia; otra cosa muy distinta es si ellos usaron la bendición. No es en absoluto el mismo pensamiento que nacer del Espíritu de Dios, o ser poseedores del Espíritu Santo, el cual nos ha sido dado como un sello, y que mora en nuestros cuerpos como creyentes. (Ver nota 8).

 

(Nota 8: La palabra Griega usada para expresar la participación externa en el privilegio (μέτοχος) se encuentra (con el verbo, etc.) en el nuevo Testamento en la epístola a los Hebreos y en 1ª. Corintios; y en otro pasaje que sirve como clave para su uso. Me refiero a Lucas 5: 7 al 10. Nada puede explicar esto más sencillamente a cualquier alma que el uso que de ella hace Lucas al describir la escena de la pesca en este capítulo.

 

Simón había llevado su barca a aguas más profundas por orden del Señor. El Señor había obrado el milagro, y ellos habían atrapado la gran cantidad de peces; y haciendo señas a (τοῖς μέτοχοις) sus compañeros… que estaban en la otra barca… [ellos] vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían". Los pescadores en la otra barca tenían un derecho y un privilegio comunes con Pedro y los otros como pescadores en el lago de Genesaret. "Compañeros" es expresado aquí por la palabra griega μέτοκοι, métojos. Pero cuando llegamos al versículo 10, encontramos, "Lo mismo les sucedió también a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón" en la misma barca. (Lucas 5: 10 – LBLA). Encontramos que aquí es usada otra palabra (κοινωνοί, koinonós) para expresar una verdadera sociedad en la misma barca, en contraste con los derechos comunes con todos los demás pescadores en el lago.

 

Pongamos un caso. Supongan un gremio de comerciantes, todos los cuales tienen un interés común en los privilegios del gremio. Unos dos o tres son socios en una empresa floreciente, y son sus propietarios. Todos los que son del gremio tienen estos intereses comunes, y serían μέτοχος, métojos, es decir "compañeros", pero los socios en la empresa en especial serían κοινωνός, koinonós, es decir, socios).

 

Por lo tanto, todos los que están en la casa de Dios, confesando y oyendo el nombre de Cristo, son partícipes (μέτοχος, métojos) del Espíritu Santo que mora allí. Todos tienen una oportunidad de participar en la bendición que Él imparte, y pueden incluso haber sido utensilios de Su poder — que es una cosa totalmente diferente de la comunión en la naturaleza divina y de Su morar como el poder de la realización de la misma.

 

Tal vez, también ellos "gustaron la buena palabra de Dios" así, y siguieron siendo las mismas personas, no transformadas. ¡Cuán a menudo vemos esto! Almas que en apariencia parecen recibir las buenas nuevas con gozo y alborozo, y no tienen ninguna raíz en ellas mismas, y duran un tiempo, pero cuando la tentación surge, por causa de la Palabra, ellas tropiezan. Ahora bien, yo creo que cuando un alma recibe la Palabra realmente en su conciencia, nunca la recibe con gozo al principio. La Palabra hace que un alma sea más seria que gozosa, aunque ella lleve al gozo eterno.

 

"Y las obras de poder del siglo venidero". Esta será la era milenial, la cual se caracteriza por el hecho de que Satanás es atado, y las enfermedades de los hombres son sanadas. El testimonio rendido a esa época son los milagros que el Señor mismo realizó, así como Su otorgamiento de poder a Sus discípulos para realizarlos. ¿Cuántos — no, cuán pocos de los que obraron así tenían vida verdadera en sus almas? De 1ª. Corintios 13 nos enteramos de la vasta diferencia entre una cantidad cualquiera de poder, y la posesión de la naturaleza divina que es amor.

 

Por tanto, ustedes ven, queridos amigos, que el cielo había empleado todos sus tesoros de gracia y bendición, como consecuencia de la exaltación de Cristo después de Su obra expiatoria; dando la presencia del Espíritu Santo, y todos estos privilegios, como característica de la nueva posición, como hemos visto. Si almas se apartaron así del Espíritu Santo, tal como algunas lo han hecho, y toda la profesión de Cristianismo está haciendo rápidamente lo mismo, ¿Qué se podía hacer? Ellos respaldaron el pecado de su nación (esos Hebreos) y crucificaron para sí mismos al Hijo de Dios. "Y han apostatado, crucificando para sí mismos [como lo hacen] al Hijo de Dios, haciendo [de Él] un espectáculo". (Hebreos 6: 6 – JND). (Ver nota 9).

 

(Nota 9: La expresión, "de nuevo", que aparece en algunas traducciones de Hebreos 6: 6, no es necesaria y no debería estar allí.

 

La nación lo había hecho, y habían dicho; "Su sangre sea sobre nosotros". (Mateo 27: 25). Algunos habían escapado a la ciudad de refugio — la iglesia era eso para el Judío culpable de sangre, pero había el peligro de abandonarla, y de este modo el vengador de la sangre los alcanzaría, y ellos no escaparían. Mientras que en un versículo final, cuando él se vuelve a la realidad que se manifestó para estar entre ellos (Hebreos 6: 9), nos enteramos que todas estas cosas de los versículos 4 y 5, podían estar allí, sin la posesión de la salvación.

 

Yo veo un sorprendente paralelo entre la ley de las ciudades de refugio (Números 35) y este capítulo (Hebreos 6) que no creo que se haya notado antes. Al igual que la iglesia, la ciudad de refugio era para el Israelita, para el extranjero, y para el que moraba entre ellos. Dos caracteres de culpa son mencionados y tratados, a saber, el de un homicida premeditado, y el de aquel que daba muerte a otro sin enemistad en el pasado. A estos dos se los trataba de manera diferente. El homicida debía ser entregado — su pecado le alcanzaría, incluso en la ciudad de refugio. Aquel que derramó sangre involuntariamente y sin premeditación estaba a salvo. Él debía huir allí, y permanecer allí hasta la muerte del sumo sacerdote que había sido ungido con aceite santo; entonces él podía regresar a la tierra de su herencia.

 

Ahora bien, cuando nosotros examinamos Hebreos 6, encontramos una solemne y hermosa analogía. La iglesia había llegado a ser la ciudad de refugio para el pobre Judío culpable de sangre. Pedro los invita, en Pentecostés, a juzgarse ellos mismos por el hecho y huir, salvándose ellos de la "perversa generación". (Hechos 2). Todo seguiría así hasta que tuviera lugar el escrutinio según Dios (Mateo 22: 1 al 14). Después, ninguna cantidad de privilegios serviría donde no hubiese vida en el alma, y al mismo tiempo está el poderoso "consuelo" para "los que hemos huido para refugiarnos, echando mano de la esperanza puesta delante de nosotros", ¡confirmada por la promesa y el juramento de Dios! (Hebreos 6: 18 – LBLA).

 

La pequeña frase, "huido para refugiarnos", vincula así el pensamiento del tipo con el antitipo, como es conocido ahora para la fe — y esto, también, en una epístola donde el Sumo Sacerdocio de Cristo es tanto el tema, y en su ejercicio actual, dentro del Lugar Santísimo. Como Cristianos, nosotros tenemos que ver con Él como un sacerdote que ¡ha entrado! — "por nosotros como precursor", haciendo que el santuario de Dios sea el refugio actual de nuestros corazones. Los Judíos tendrán que ver con Él como un sacerdote que ¡ha salido! Él no hace nunca esto en Hebreos; hay solamente una esperanza de que Él lo hará (Hebreos 9: 28, etc.). Por consiguiente, cuando Él deje el ejercicio actual de Su sacerdocio como sacerdocio intercesor, y salga para ejercerlo según su verdadero orden — real, u orden de Melquisedec — la historia de la iglesia como en su estadía aquí habrá pasado; e Israel como nación (es decir, el remanente verdadero de ellos en aquel día), regresará a la tierra de su posesión. En el tipo, era la muerte del Sumo Sacerdote; en el antitipo, es Cristo que deja de continuar Su sacerdocio según el carácter actual en su ejercicio en lo alto, y entra en su carácter como Melquisedec.

 

Ustedes encuentran en este capítulo, como ha sido comentado, el carácter más elevado del privilegio Cristiano que carece de vida, y, lo que es tan conmovedor, en el final de él — la expresión más débil de la fe verdadera hallada en el Nuevo Testamento — la de un hombre que se aferra a la vida, '¡huyendo para refugiarse echando mano de la esperanza puesta delante de él! Por tanto, Dios reconoce la expresión más débil de la fe, y la anima con el "poderoso consuelo" de la Palabra y el juramento de Dios, dando, al mismo tiempo, las advertencias más solemnes en cuanto a la profesión y la participación en los privilegios, donde no hubiese vida. La vida, donde ella existía, se expresaba a sí misma mediante obras y trabajo de amor, — podía ser conocida por sus frutos, como siempre.

 

Paso ahora, queridos amigos, en la conclusión de este tema, a 2ª. Tesalonicenses 2, donde ustedes encuentran en el versículo 3, la apostasía, o el abandono de la profesión del Cristianismo in toto, es decir, en su totalidad, y la revelación del "hombre de pecado".

 

El apóstol Pablo nos muestra que mientras el misterio de la iniquidad está en acción, Dios todavía estaba deteniendo la manifestación del "inicuo". "La apostasía", o la deserción, no existirá mientras los Cristianos verdaderos estén en la escena, y mientras el Espíritu Santo mora aquí para mantener el cuerpo de Cristo. Después, cuando el obstáculo sea quitado, llega el abandono del Cristianismo. Un Anticristo, u hombre de pecado, es entonces revelado, el cual se sentaría en el templo de Dios. Anticristo es el que "niega al Padre y al Hijo" (1ª. Juan 2: 22), es decir, niega la revelación del Padre por el Hijo, conocida a nuestras almas por medio del Espíritu Santo; o, en otras palabras, la revelación del Cristianismo. Esto es en el tiempo de la apostasía. Yo no podría decir que existe apostasía ahora, (mientras santos verdaderos están en la escena, y el Espíritu Santo está aquí, aunque en cuanto a principio, ella puede estar en acción, y muchos pueden ser apóstatas). Pero toda la iglesia profesante no ha alcanzado aún la apostasía.

 

Yo he hecho lo posible por presentarles siete puntos en estos dos sermones.

 

1.- En primer lugar, la asamblea, la cual es el cuerpo de Cristo, como es vista en los lugares celestiales, en los consejos de Dios, y en resultado, cuando Cristo sea de facto "cabeza sobre todas las cosas", según Efesios 1: 18 al 22; y compuesta de todos los santos desde el día de Pentecostés hasta que ella sea llevada a la gloria.

 

2.- El cuerpo de Cristo como mantenido en unidad en la tierra mediante el poder del Espíritu Santo, y compuesto solamente de aquellos que están vivos en la tierra en cualquier momento dado, donde en cuanto a lugar personal, está el Espíritu Santo, y teniendo por símbolo de su unidad externa, el partimiento del "un solo pan", como en 1ª. Corintios capítulos 10 al 12, por los miembros puestos en la asamblea.

 

3.- Un templo santo en el Señor, creciendo bajo Su mano — "bien ajustado" — silenciosamente, sin defecto, hasta que la última piedra sea puesta en él en la gloria (Mateo 16; Efesios 2: 21 – LBLA). Aquí no entra ninguna responsabilidad del hombre.

 

4.- La casa como una habitación de Dios por el Espíritu en la tierra, en su condición normal (Efesios 2: 22). Aquí no se menciona quién la edifica.
Pero se conecta con —

 

5.- La casa o templo, es decir, todos los que profesan Su nombre en la tierra, donde la responsabilidad de los hombres entra como de edificadores, y los que son edificados; aquí pueden ser hallados madera, heno, y hojarasca (1ª. Corintios 3: 10; 2ª. Corintios 6) — lo que comúnmente es llamada 'Cristiandad'.

 

6.- Lo que a la casa le sucede en tal caso, teniendo en ella vasos para honra y para deshonra: Pablo asemeja esto a una "casa grande". (2ª. Timoteo 2). Y por último,

 

7.- La apostasía, y el hombre de pecado. Pero esto es el abandono de la profesión de Cristianismo (2ª. Tesalonicenses 2), una vez retirados de la escena los santos verdaderos en la venida del Señor.

 

En otra ocasión espero presentar, en alguna medida, un esbozo del aspecto que Cristo asume hacia la iglesia externa, como Juan lo presenta en los tres primeros capítulos de Apocalipsis; y, en última instancia, la senda de un 'vencedor' en medio de todo ello.

 

Mientras tanto, que el Señor guarde los pies de Sus santos, y bendiga las verdades de Su propia palabra. A medida que la oscuridad de la escena aumenta, la luz resplandece de manera más brillante desde Él, alumbrando la senda de aquellos que procuran hacer Su bendita voluntad, y andar hacia Su gloria. Amén.

 

Cristo En Medio de los Candeleros

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 3.

 

Apocalipsis capítulos 1 a 3.-

 

En anteriores ocasiones, amados hermanos, yo he procurado traer ante ustedes los dos grandes aspectos de la iglesia de Dios presentados en la Escritura. En primer lugar, la cosa verdadera en su relación con Cristo como Su cuerpo — aquello que está unido a Cristo por el Espíritu Santo enviado desde el cielo; "la asamblea, la cual es Su cuerpo" (Efesios 1: 22, 23 – JND) — y, por otra parte, en su relación con Dios como Su morada en la tierra, la asamblea o casa de Dios. De esta última, dos aspectos salen a relucir muy claramente en la Escritura: lo que Cristo edifica, y lo que el hombre edifica.

 

La palabra "iglesia", o propiamente "asamblea", es usada tanto acerca del cuerpo de Cristo como de la casa de Dios. Es decir, si ustedes miran al cielo, encontrarán a Cristo que ha ido allí, y la asamblea es Su cuerpo, como se ve en Efesios 1. Si ustedes miran aquí abajo en la tierra, la casa, es decir, los que profesan el Cristianismo, es "la asamblea del Dios vivo (2ª. Timoteo 3 - JND). Ellos son dos pensamientos distintos, y nunca son confundidos.

 

La mayor parte de la confusión de la Cristiandad en la actualidad se debe al hecho de mezclar estas dos cosas. Existe también, como hemos visto, el cuerpo de Cristo como en 1ª. Corintios 12, visto en la tierra, compuesto de aquellos que están aquí, y solamente de estos, mantenido en poder y unidad por el Espíritu Santo en la tierra. Y los Cristianos en la tierra eran tratados de manera práctica, reunidos en cualquier lugar, como "el cuerpo de Cristo" en aquel lugar; como Pablo a los Corintios (1ª. Corintios 12: 27), "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular".

 

Vimos también de qué manera la responsabilidad del hombre era reconocida llevando a cabo la obra de Dios aquí abajo, siguiendo el rastro de la casa o templo en el cual el hombre podía edificar y fracasar en el carácter de su obra, hasta el abandono completo del Cristianismo y el Anticristo.

 

Pues bien, esta noche yo estoy a punto de trazar algunos pensamientos a partir de una Escritura que es, felizmente, más o menos familiar para muchos de nosotros; me refiero a los tres primeros capítulos de Apocalipsis.

 

Estoy a punto de examinarlo de tres maneras:

 

En primer lugar, la actitud en que Cristo es visto en medio de las iglesias en Apocalipsis, como es presentado por Juan.

 

Luego, en segundo lugar, cuál es Su testimonio a estas asambleas: Sus pensamientos, como son revelados en cuanto a "las [cosas] que son". (Apocalipsis 1: 19).

 

Y por último, espero exponer en alguna medida qué es ser un 'vencedor' en medio de una escena tan solemne.

 

Ustedes aceptarán fácilmente lo que estoy a punto de decirles, a saber, que Pablo no podía ser el vaso para revelar este aspecto de Cristo en medio de estas asambleas. Pablo revela al Hijo de Dios como un Cristo celestial, ido a lo alto, ya sea como Cabeza de Su cuerpo, la asamblea, o como Sumo Sacerdote. Juan, por el contrario, habla de Dios que ha descendido; de un Cristo andando en la tierra, ya sea manifestado en gracia, como en su Evangelio, o en sus tratos judiciales como en Apocalipsis, mediante los cuales Él corrobora Sus reclamaciones aquí en la tierra. Pablo es "celestial" en su testimonio; con él es el hombre que sube a lo alto; Juan es "divino", y con él es más Dios que desciende, manifestación en la tierra. Este pensamiento es familiar para muchos.

 

Por eso, en consonancia con su otro testimonio, Juan es el instrumento utilizado para mostrarnos a Cristo en esta actitud intensamente judicial hacia el cuerpo externo que ostenta Su nombre. Nosotros debemos distinguirlo a Él cuidadosamente entre Su carácter como Cabeza de Su cuerpo, suministrando nutrición por medio de coyunturas y ligamentos a Su "propia carne", como leemos, ("No asiéndose a la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos", etc., Colosenses 2: 19 - LBLA; Efesios 5: 29); y Su juicio y escrutinio, y Su amenaza a la iglesia externa con la extirpación como resultado de ello, en su lugar como un testimonio colectivo en la tierra.

 

Juan está aquí, 'viendo las vicisitudes', por así decirlo, de aquella que Pablo había establecido, diciéndonos lo que Cristo hará con ella: Él está punto de 'vomitarla' de su boca. (Apocalipsis 3: 16).

 

Él está en la isla de Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Enviado allí al exilio por el emperador Romano, él estaba, no obstante, en el disfrute pleno de su privilegio Cristiano, "en el Espíritu en el día del Señor". De este y de otros pasajes de la Palabra, yo infiero que hay una acción especial del Espíritu Santo en ese día. (Vean Juan 20: 1, 19, 26; Hechos 20: 7; 1ª. Corintios 16: 1, etc.).

 

Ustedes tendrán en cuenta que el libro del Apocalipsis tiene especialmente en perspectiva las reclamaciones de Cristo sobre la tierra, que se van a cumplir cuando Dios traiga al Primogénito al mundo (Hebreos 1: 6 – VM). Pero antes de las visiones que apuntan a este fin, Juan es llamado por una voz detrás de él (su rostro está con el pensamiento del Espíritu hacia la introducción del reino), y él se vuelve para ver la visión; y ve al Señor en este carácter, y se entera de lo que Él estaba a punto de hacer con el cuerpo responsable aquí abajo, el cual no estaba emitiendo la luz, para ser el vaso responsable de lo que Él había establecido.

 

"Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro". Ellos son descritos como de oro habiendo sido establecidos desde una fuente divina. "Y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades". (Apocalipsis 1: 12 al 18).

 

Ustedes encuentran aquí el aspecto de Cristo hacia las asambleas como Juan lo Presenta. Su carácter personal y judicial, como Hijo del Hombre, y sin embargo Anciano de Días; juzgando y discriminando en medio de los candeleros. Ustedes no encuentran Sus caracteres relativos, tales como Sumo Sacerdote, o Cabeza de Su cuerpo la asamblea; esa es más la forma Paulina de presentarlo.

 

Como "Hijo del Hombre", Él es Juez de todo — y ustedes lo encuentran aquí como tal. "Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre". (Juan 5: 27). Él está "vestido de una ropa que llegaba hasta los pies"; 'no se quitó sus vestiduras' como para llevar a cabo Su servicio de amor en gracia y lavar los pies de Su pueblo (Juan 13); y "ceñido por el pecho con un cinto de oro". Su corazón y Sus afectos no son vistos emanando hacia Su iglesia — Su esposa, sino que está ceñido con un cinto de justicia — no de gracia.

 

En Daniel 7, el "Anciano de Días" es descrito aquí como Cristo; de modo que el Hijo del Hombre es el Anciano de Días como lo sabemos incluso a partir de esa profecía (comparen con Daniel 7: 9, 13, 14, y 22). "Sus ojos como llama de fuego"; este intenso escrutinio personal que alcanzaba el alma. Me atrevo a decir que algunos de nosotros podemos recordar (y algunos pueden sentirlo ahora) cuando ellos estaban inquietos, y la conciencia no estaba en reposo en medio de las cosas eclesiásticas que los rodeaban. El esfuerzo por explicar y excusar asuntos, bajo el argumento de que ellos no podían obtener la perfección aquí, no lograban tranquilizar la conciencia. Tal vez ellos no podían explicar la sensación de inquietud que sentían; las prácticas religiosas irreconciliables con las Escrituras turbaban sus almas: los esfuerzos por ser felices y enmendar las cosas, y buscar la libertad personal cuando se encontraban en medio de la corrupción colectiva, no tuvieron éxito.

 

¿Qué fue lo que causó este ejercicio de conciencia? Sencillamente esto — los ojos de Cristo se volvieron hacia ellos; y aunque ellos pudieron no haberlo sabido, lo sintieron, y sintieron también que nunca podrían ser felices en tal relación; ellos no pudieron soportar Su mirada. ¡Cuán solemne y cuán triste es cuando ustedes saben acerca de aquellos que una vez fueron ejercitados acerca del mal en que andaban, y se asentaron en él, y de los ejercicios de alma que fenecieron, y de la conciencia que ya no actúa más! Los ojos de Cristo han sido sacados de sobre ellos, por así decirlo. Ellos no aceptaron la luz, y no cedieron cuando el corazón era sensible al mal, y son dejados ahora ¡donde ellos deseaban! ¡Cuán solemne!

 

Él controla todo el poder subordinado — las estrellas, en Su diestra de poder; Su voz es oída en majestad, y Él juzga por medio de la palabra de Dios, la espada aguda de dos filos; mientras Su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza, el símbolo de autoridad suprema.

 

Yo paso por alto los detalles, deseando presentar sólo el pensamiento general en cuanto al aspecto en que Él es visto aquí.

 

Cuando Juan Le vio él cayó "como muerto a sus pies". Se trataba del mismo discípulo a quien Jesús amaba, y que se recostó sobre Su pecho durante la cena en su propio lugar familiar, aceptado en la gracia del Señor. Convertido habiendo comprendido la persona del Cordero de Dios, y atraído a Él desde aquel momento, aquí todo ha cambiado. Este aspecto terrible de Jesús como Juez le hace caer a Sus pies como muerto. Él es tranquilizado mediante, "No temas" — Él era el que vive y había muerto, y tenía en Su mano las llaves de la muerte y del Hades; Él nunca las había entregado. Las "puertas del Hades" no pudieron prevalecer contra el Hijo del Dios viviente; ¡Cristo tenía las llaves de todo! Él nunca se las había dado a Pedro, ni a nadie. Él dio "las llaves del reino de los cielos" a Pedro—nunca le dio las llaves de la muerte y del Hades. (Mateo 16).

 

Él envía ahora siete mensajes a siete asambleas en Asia por medio de Juan. Había muchas otras en esas provincias, pero estas son elegidas como presentando, en su estado de aquel entonces, lo que servirá al Espíritu Santo para presentarnos, como en un cuadro extendido, la historia de la profesión del nombre de Cristo en la tierra y su responsabilidad, con Sus pensamientos y Su juicio de ella desde el principio hasta el final.

 

Se pueden considerar de tres maneras distintas:

 

1º. Como siete asambleas existentes cuya condición necesitaba las palabras habladas a cada una, en el momento.

 

2º. Como mensajes conteniendo palabras a aquel que tiene oído para oír lo que el Espíritu dice, en todo tiempo; y,

 

3º. Como presentando en integridad una delineación profética de la historia de toda la iglesia en responsabilidad inmediatamente después de los tiempos apostólicos, hasta su extirpación final, como un testigo falso para Cristo: "Estoy a punto de vomitarte de mi boca". (Apocalipsis 3: 16 – JND).

 

Siete {iglesias} son elegidas como el número de integridad espiritual, expresando aquí la integridad de los pensamientos de Dios en cuanto al objeto del cual Él está tratando.

 

Esta manera de presentar lo que se ha convertido en historia es sabia y hermosa, como debe ser todo lo de Dios. Porque si tantas fases sucesivas y variadas de la historia de la iglesia hubieran sido presentadas como tales proféticamente predichas, ¿Qué habría sido de la esperanza de la venida del Señor, dada a los santos para ser su constante expectativa desde el momento en que Él se fue? ¿Cómo estar esperándole si hubiera habido la revelación expresa de que todas estas cosas tenían que ocurrir en el estado de la iglesia antes que Él viniese? La respuesta es que en la sabiduría del Espíritu de Dios, en el momento que estos mensajes fueron pronunciados, todos los rasgos estuvieron allí y no se necesitó ninguna demora para revelarlos y desarrollarlos; de modo que Él podía haber venido en el momento en que estos mensajes fueron escritos. Y al mismo tiempo ellos podían ofrecer una palabra de aliento y de advertencia aquel que tenía oído para oír en todos los períodos; mientras ellos podían transmitir cuando "la paciencia de Dios esperaba", a los que eran llamados cerca de la conclusión del período, la enseñanza más importante en cuanto a lo que había ocurrido en las fases sucesivas de la historia de la iglesia, explicando su estado al final y delimitando la senda de Dios para cualquiera que prestara oídos.

 

Daremos una rápida mirada a ellos, ya que no pretendo entrar en detalles; esto ha sido hecho hábilmente por otros.

 

Éfeso presenta el estado de la iglesia inmediatamente después de la primera implantación de ella en días apostólicos. Bastante activa, pero su primer amor por Cristo había menguado. Ninguna actividad pudo compensar eso. Él procura hacerle recordar: "Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido". Ella había dejado que la luz parpadeara y se oscureciera, y ya no se dice nada más en cuanto a un candelero en los mensajes; pues desde el momento del fracaso de corazón para con Cristo ello fue tratado como un alejamiento tal del cuerpo general, que ella dejó de ser un testimonio colectivo y corporativo de Cristo en la tierra, aunque tiene el lugar del candelero en responsabilidad hasta el final.

 

En la segunda asamblea, "Esmirna", la cual responde a las primeras persecuciones de la iglesia que siguieron, desde Nerón hasta Diocleciano, ustedes encuentran al Señor recurriendo a los tiempos de tribulación para restaurar, si ello era posible, el corazón de la iglesia a su condición normal; y Satanás es el instrumento de ello. Cuán a menudo ello es así con almas individuales. Cuando existe una decadencia de alma y el peligro es que ella se aleje de Cristo en la práctica, entonces viene la prueba en misericordia; el dolor y la tribulación son para bien, incluso para llevar de regreso el alma a Cristo, de quien ella se había alejado. Así que con los santos aquí, aunque había pobreza a ojos del mundo, Cristo pudo decir, "tú eres rico": muy diferente de Laodicea al final, jactándose ella misma de ser rica; a ella el Señor le muestra que es desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda.

 

Ahora bien, presten atención en Pérgamo a la manera en que Satanás cambia sus tácticas. Si él no puede tener éxito mediante la persecución (la cual sólo hizo que Esmirna fuera más brillante en el testimonio, como más cerca de Cristo), intentará la seducción. Si él no puede ser un león, será una serpiente. Aquí ella ha fijado su residencia para morar donde Satanás tiene su "trono". Ello responde a la época de Constantino, cuando el imperio adoptó la profesión de Cristianismo y patrocinó a la iglesia. De este modo, en lugar de ser algo perseguido y despreciado por el mundo, la amistad y el patrocinio del mundo se convirtieron en suyos y en su ruina. En medio de todo un "Antipas" (cuyo nombre significa "contra todos"), puede ser recordado, un fiel testigo para Cristo, el cual padeció la muerte en el lugar donde una iglesia infiel moraba satisfecha. El mundo que su Señor y Maestro había rechazado de manos de Satanás la había atraído y la había vencido (Mateo 4). Ella debería haber andado en Sus humildes pisadas. Por tanto, fue más difícil para los fieles detener el torrente de corrupción que se estaba instalando ahora, y aun así, los que lo hacían serían alimentados por el maná escondido — un Cristo humillado — en la senda humilde de ellos. La doctrina de Balaam y de los Nicolaítas eran toleradas — el abuso de la gracia una vez aborrecido (Apocalipsis 2: 6). La gracia era tan plena que ellos decían, en cuanto a principio, puedes vivir como quieras, ello sólo realzará la gracia.

 

En Éfeso ustedes encuentran que ellos aborrecían la doctrina de los Nicolaítas; en Pérgamo leemos, "tienes a los que [la] retienen". ¡Qué lamentable! ¡De qué manera la atmósfera en la cual la iglesia se había deslizado había oscurecido su percepción de lo que era debido y apropiado para Cristo! Nosotros sentimos la más mínima suciedad cuando el corazón está con Él. Dejen que el corazón pierda fuerza como el arco que se rompe, y las cosas que nos habrían hecho estremecer son permitidas, y la conciencia se aturde. Las seducciones de Balaam iban ganando terreno; en realidad, ellos ya tenían una; y sin embargo, en medio de todo, "Antipas"-- ¡extrañamente significativo su nombre! — fue asesinado por su fiel testimonio de Cristo. Era algo grande ser un 'vencedor' en un estado tal de cosas. Un vencedor era uno que estaba frenando la marea y nadando contra la corriente. Tal persona sabría lo que era alimentarse del "maná escondido", y tener la "piedrecita blanca" dada por Cristo. Él podía entender la senda de un Cristo humillado, que había rechazado las seducciones del mundo, como la iglesia debería haber hecho. Nadie conocía el valor de la aprobación secreta de Cristo, sino el que lo merecía y la obtenía.

 

Cuando Tiatira aparece ustedes tienen otra cosa. Se trata de la completa corrupción del Catolicismo Romano en la edad media. Ustedes encuentran que en lugar de ser seducida a la corrupción como Pérgamo, la iglesia era ahora la originadora y la propagadora de ella. Dicha corrupción tuvo su origen en ella. Hijos nacieron de la corrupción (Apocalipsis 2: 23). Sin embargo Cristo reconoce incluso la creciente consagración de los fieles en medio de tal escena, pero el mal era permitido. "Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta de su fornicación, y no se arrepintió" [como debe ser leído el pasaje]. (Apocalipsis 2: 19 al 21). Hasta este mensaje nosotros encontramos al Señor procurando llamar a la iglesia a que regresara a su condición original; pues bien, no hubo esperanza de esto, "[Ella] no se arrepintió, o más correctamente "su voluntad fue no arrepentirse". La corrupción había entrado y encontrando allí una residencia, la nueva corrupción tomó auge en aquello que llevaba Su nombre en la tierra: por lo tanto, la esperanza de recuperación ha pasado.

 

Pues bien, encontramos dos cosas que son mencionadas por primera vez.

 

En primer lugar, un remanente en medio de la escena de corrupción, reconocido por el Señor; y,

 

En segundo lugar, la venida del Señor como el único recurso para los fieles, y en lugar de cualquier recuperación de la iglesia, el reino y la estrella de la mañana son presentados en esperanza.

 

Yo me atrevería a usar aquí una figura para ilustrar los diversos tipos de estado de la iglesia profesante. Un arcoíris es visto presentando varios colores, de los cuales un color especial es prominente en un momento dado. Si ustedes lo miran, observarán que el color prominente se suaviza, y otro destaca, y así sucesivamente. También con estas iglesias: alguna característica que se destaca de manera prominente en un momento dado está ante nosotros, después viene otra. Todos los colores están allí al mismo tiempo, pero uno prominente se destaca en relieve sobre los demás. De modo que estos varios rasgos pueden ser hallados en un mismo momento en la iglesia profesante; pero en ciertos momentos uno sobresale notablemente del conjunto.

 

Tiatira es aquí la corrupción completa y la autora de ella, y no hay esperanza de retorno. Los fieles tienen que retener hasta que el Señor venga de nuevo. Ella estaba asumiendo "autoridad sobre las naciones" — el Catolicismo Romano en la edad media hizo esto; pero el fiel tendría esto, cuando Él volviera, al cual le pertenece por derecho, pero no como en la escena de Su rechazo, donde la iglesia corrupta la estaba usurpando. La "estrella de la mañana" que se les dio mientras tanto hablaría de Cristo conocido en gloria celestial, y del aspecto celestial de Su venida antes que Él aparezca para tomar el reino, presagio de este día resplandeciente de gloria terrenal en el cual ellos estarían asociados con Él en todo lo que Él recibió de Su Padre.

 

Lean Apocalipsis 2: 24 de este modo: "Pero a vosotros os digo, los restantes [o, remanente] que estáis en Tiatira". La palabra que los pondría a prueba es, "Lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga". Habría suficiente tiempo para tener el reino cuando Cristo lo obtenga, en lugar de 'reinar como reyes' con la iglesia infiel a su Señor ausente.

 

Cuando llegamos a Sardis, la cual nos presenta el Protestantismo desde la Reforma, encontramos que ellos habían "recibido y oído" mucho. ¿Qué uso ellos le dieron? Dios había obrado, y del resultado producido en manos del hombre vino este estado Sardiano, del cual la muerte era el rasgo principal. Sardis tenía nombre de que vivía pero estaba realmente muerta delante de Dios. La iglesia en el Protestantismo no había asumido poder como Tiatira, sino que había apelado al mundo, y era del mundo, y sería tratada como el mundo cuando Él viniera sobre ella "como ladrón". Las obras de ellos podían ser bien vistas delante de los hombres, pero no eran perfectas delante de Dios. Si de Tiatira Él dice, Te pondré "en gran tribulación", de Sardis dice, «Yo la trataré como el mundo, porque ella es el mundo y nada más.» Esto es lo que le está reservado al Protestantismo, con una profesión externa decente, pero careciendo de todo lo que le daría realidad delante de Dios. Ustedes notarán que la venida del Señor es mencionada aquí en cuanto al carácter en que Él vendría sobre Sardis. "Hasta" ese acontecimiento, era el pensamiento prominente en Tiatira: En Sardis es, "como ladrón". Vean 1ª. Tesalonicenses 5: 2 al 5 para la solemne intensidad de ello.

 

En Filadelfia es más la Persona que viene lo que está ante el alma; Él viene pronto. Este es el llamamiento de Dios en las escenas finales de la triste historia de la iglesia. La marca identificadora prominente, por así decirlo, es: el poder de Cristo descansando sobre ellos estando en debilidad. "Poca fuerza", es su carácter, pero ella lo usa, y guarda Su "palabra", y no niega Su "nombre". ¡Hermoso y bienaventurado testimonio de Su corazón rendido a los débiles! Filadelfia ('amor fraternal') no es un estado perfecto de cosas, pero es el estado de cosas de Dios (ver nota 1), y esto es lo que queremos.

 

(Nota 1. Esto sería en cualquier momento, y donde quiera que se encuentre; pero caracterizando especialmente a los que siguen con Cristo, un remanente verdadero al final, cuando Laodicea caracteriza a los que se hunden en la religión mundana con mucha jactancia alrededor nuestro. Estas dos se ramifican del estado de cosas que hizo a Sardis. Todos los cuatro estados, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea, son contemporáneos y siguen hasta el final, si bien comienzan una después de la otra cronológicamente. Todas existen ahora, porque, ¿quién puede negar que Laodicea se manifiesta?

 

Silenciosa y discretamente ella andaba en lo que convenía a Su nombre — el Santo, el Verdadero. Ella no podía decir, como Jehú, "Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová", quien, después de todo, se caracterizó, en el fondo, por la ambición y la crueldad. (2º. Reyes 10). Tampoco podía ella, como Laodicea, jactarse de que era rica y que se había enriquecido, y que de ninguna cosa tenía necesidad.

 

Tiatira puede entrar en gran tribulación — puede ser encontrada como el mundo y ser tratada como el mundo — Laodicea está lista para ser vomitada de Su boca: y en medio de todo, Filadelfia espera al Señor, ella guarda Su palabra y anda en lo que conviene a Su nombre, y Él la guardará de la hora de la prueba (Isaías 24), que viene sobre todo el mundo, "para probar a los que moran sobre la tierra". (Apocalipsis 3: 10).

 

Cristo mismo se presenta a ella como uno que está afuera de toda la escena — no estando afuera de una manera eclesiástica como andando en medio de los candeleros, sino moralmente conforme a lo que Él es en Sí mismo, y como uno que dispone de todo. Tanto positiva como negativamente ella es fiel a Cristo; sin embargo, para los demás, ella no tiene fuerza aparente. Ella tenía solamente poca fuerza, ¡y la usó para Cristo! Este era el poder. Las personas son atraídas mediante el poder. Pero, ¿cómo lo buscan? En alguna gran exhibición con resultados brillantes, y manifestaciones de él. ¿Pensaron ellos alguna vez acerca del poder que se manifiesta en la paciencia? La paciencia es una señal de poder cuando la iglesia está en ruina. Es para producir esto que Dios propone todos los recursos de Su poder. "Fortalecidos con toda fortaleza, conforme a su glorioso poder" (Colosenses 1: 11 – VM). Ustedes dicen, ¿Con qué fin? La respuesta está en el mismo versículo: "para toda paciencia y longanimidad, con regocijo". (Colosenses 1: 11 – VM). ¡Qué decadencia en la estimación del hombre, esperando algún brillante resultado para atraer la atención de todos! Pero la paciencia fue la primera señal del poder apostólico (2ª. Corintios 6: 4), y es incluso más importante para Dios que la más sorprendente manifestación de poder.

 

En Laodicea ustedes encuentran lo que Satanás puede hacer con la carne en el hombre de una manera religiosa. De ella Él dice, "ni eres frío ni caliente" ¡y Él está punto de vomitarla de Su boca! La iglesia fue llamada a andar en el Espíritu, afuera del hombre y de su esfera de cosas. Aquí ella ha regresado completamente a andar en la carne, y es un testimonio falso para Cristo. Él está a la puerta y llama; Él está afuera de toda la escena, excluido por aquello que lleva Su nombre. Cuando esa fase se manifiesta plenamente, Él ya no puede soportar más la profesión. Y el juicio amenazado en Éfeso es ejecutado con toda señal de Su repugnancia. La corrupción de lo mejor es el peor de los males, y Él la trata como tal.

 

Volvamos a la actitud de Cristo en medio de estos candeleros. Se verá que Él llama al individuo que tiene oídos para oír lo que el Espíritu dice a la iglesia en su conjunto: no a la iglesia, por lo menos desde Tiatira en adelante, (ver nota 2), ella es corrupta; el vencedor tendría su recompensa. Las recompensas son apropiadas a las dificultades peculiares a través de las cuales cada uno de ellos ha pasado en fidelidad a Él.

 

(Nota 2. El llamamiento a oír dirigido hasta ahora a toda la iglesia, resuena desde este punto (Apocalipsis 2: 29), solamente en el oído del vencedor. La iglesia en su conjunto es desahuciada incluso como si tuviera un oído para oír).

 

Pero se observará que en toda esta Escritura no hay ni una sola enseñanza para el individuo ¡excepto la que le dice que 'oiga'! Alguno ha encontrado que es un asunto de mucha dificultad el motivo por el cual, en medio de tanto mal, no sea dada ninguna enseñanza para que uno se limpie de él, y para apartarse de tal estado de cosas. Mientras otras Escrituras son bastante claras en cuanto al principio, aquí, donde tal flagrante mal es revelado, ¿por qué no hay instrucciones acerca de cómo actuar?

 

La respuesta es sencilla. Juan está viendo las vicisitudes de aquello en que Pablo había sido usado administrativamente para establecerlo, y de estos mensajes nos enteramos lo que Cristo hará con ello. Él no devela lo que yo debo hacer, sino que me dice lo que Él hará, y me llama a oír y a vencer. Si yo quiero ver mi propia senda, y lo que debo hacer, yo tengo que buscarlo en otra parte cuando yo haya oído lo que el Espíritu dice a las iglesias. Es más probable que yo encuentre mi senda en Pablo, por medio del cual, si él puso el fundamento de la iglesia que había caído ahora en decadencia, nos enteramos también que esta sería su historia y tiene instrucciones inspiradas para afrontar el cambiado estado de cosas. Entonces, es a él a quien debo acudir, como también a otras Escrituras, para ver cuál debería ser la senda del vencedor en un día malo. . Espero poder hablar de esto en otra ocasión.

 

"Al Que Venciere"

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 4 – Segunda parte del tema "Cristo En Medio De Los Candeleros"

 

Hasta ahora he procurado traer ante ustedes, en primer lugar, lo que la iglesia es en la verdad y en la realidad de ella, como el cuerpo de Cristo en propósito y resultado, conforme a los consejos de Dios. Lo que ella será cuando Cristo — el segundo Hombre — el postrer Adán — posea Sus glorias de manera manifiesta; la iglesia es entonces "la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo". También consideramos el otro aspecto de la iglesia como el cuerpo de Cristo en la tierra, constituido y mantenido en su unidad como "un solo cuerpo" mediante la presencia y el poder del Espíritu Santo. Después perfilamos a partir de la Escritura la casa de Dios como el cuerpo profesante que está aquí abajo; y por último, vimos la actitud judicial en la que Juan presenta a Cristo con respecto a ella con "ojos como llama de fuego" (Apocalipsis 1: 14); un aspecto en el cual yo creo que Pablo no podía presentarlo. Es más su incumbencia presentar un Cristo celestial ido a lo alto como hombre a la gloria de Dios; y él no Lo hace descender de nuevo. Obviamente, el hecho de que Él será manifestado en juicio también está en los escritos de Pablo; algo muy cierto y necesario para completar la Palabra de Dios.

 

Es muy bienaventurado, queridos amigos, saber que nosotros estamos unidos a Él, el cual es el Juez de vivos y muertos, por el Espíritu Santo enviado. Tenemos vida eterna en Él, y estamos en completa redención. No hay judicialmente una sola sombra entre nuestras almas y Cristo.

 

Pero no obstante, Él va a vomitar de Su boca el cuerpo profesante que lleva Su nombre aquí abajo, y yo no quiero ser identificado con el estado por el cual Él lo rechazará así; yo quiero ser un vencedor. Yo no digo que sea posible que un Cristiano verdadero sea vomitado de la boca de Cristo; pero él puede ¡lamentablemente! ser hallado en ese momento identificado con ese estado que es totalmente nauseabundo para Cristo.

 

Mucho se dice acerca de las bendiciones para el vencedor en estas Escrituras (Apocalipsis capítulos 2 y 3). ¿Cuál es el significado de un 'vencedor'? No es una persona que se mantiene firme cuando todas las cosa están en orden. Tomen a Adán en el huerto. ¿Tuvo él que vencer en algo? No. Entonces, cuando vencer se hace necesario, ¿cuál es la circunstancia? Las cosas se han desordenado; la mayoría se ha ido de inmediato. Una pleamar los hizo entrar; la marea vino y los arrastró inmediatamente. Pues bien, cuando las cosas sean así, el vencedor tiene que estar firme por Cristo en la escena; y él es justo aquel a quien el corazón de Cristo es atraído de una manera que no podía haber sido cuando todo el cuerpo iba bien.

 

Fue en el oscuro día de la ruina de Israel que Elías y Eliseo fueron sustentados; no hubo hombres así en los prósperos días de Salomón. La fe que llevó a Elías a través de tales días de ruina para Dios, fue respondida ¡mediante su traslado al cielo en un carro de fuego!

 

El vencedor era uno que cuando descubría que el pueblo de Dios se estaba distanciando de un estado apropiado para Él, estuvo conteniendo la corriente. Si ustedes han nadado alguna vez contra una corriente, saben qué sucedería si dejan de dar una sola brazada contra una corriente y donde irían ustedes a tocar tierra. Y, mis queridos amigos, una cosa es haber conseguido un firme punto de apoyo, y otra es mantenerlo — una cosa es tener entendimiento acerca de un lugar divino, y es del todo otra cosa mantenerlo en poder.

 

En la ocasión anterior en que me dirigí a ustedes, mencioné que en los mensajes a las Siete Iglesias ustedes no obtienen instrucciones individuales en cuanto a qué hacer. Ustedes tienen recompensas prometidas al vencedor, pero no se les dice de qué manera vencer. Muchos dicen, por ejemplo, «Consideren todo el mal y cosas por el estilo que hay en las siete iglesias, y ¡el Señor no ordena a Su pueblo que las abandonen!» ¿Les digo por qué no Él no lo hace? Por este motivo: ustedes nunca tienen en esos mensajes ni una sola instrucción con respecto a lo que ustedes tienen que hacer, excepto una, es decir, ustedes tienen que 'oír'. ¿Oír a la iglesia? NO; ella es una cosa juzgada. Tienen que oír "lo que el Espíritu dice a las iglesias". Entonces ustedes encuentran la bendición prometida "Al que venciere".

 

Vayan conmigo a unas pocas Escrituras en el Antiguo Testamento para que podamos ver de qué manera otros vencieron en un día malo.

 

En Éxodo 32 encontramos un caso de este carácter. Israel había sido llamado a salir de la idolatría; primero Abraham, y después toda la nación, para ser el testimonio del único Dios verdadero. Pero en el momento en que al pobre hombre se le encarga algo, él fracasa. Moisés había subido para recibir la ley por parte de Jehová, y el pueblo de Israel y Aarón estaban abajo. Tan pronto como perdieron de vista a Moisés, ellos hicieron un becerro de oro; regresaron a la idolatría; a la cosa misma de la cual habían sido llamados a salir.

 

Así con la iglesia de Dios. Ella fue llamada a andar del todo afuera del hombre y de la carne y lo primero que hace es caer de nuevo en el andar en la carne. Ustedes encuentran murmuración acerca de un asunto de los fondos en Hechos 6. En Hechos 2 todos ellos fueron "llenos del Espíritu Santo"; pero cuando llegamos a Hechos 6 ellos tuvieron que 'elegir varones llenos del Espíritu Santo'. Ustedes ven que no todos estuvieron llenos en aquel entonces.

 

Pues bien, aquí en Éxodo 32 Moisés había subido al monte, y Aarón había hecho el becerro de oro, asociando el nombre de Jehová con la figura de ¡"un buey que come hierba"! (Salmo 106: 20). Y dijeron, "Israel, estos son tus dioses", etc. Yo sólo recuerdo ahora esta bien conocida historia para mostrar de qué manera Moisés y Leví vencieron. Moisés tomó las tablas de la ley que Dios le había dado, y las quebró al pie del monte. ¿Por qué él actúa así? Por haber entrado en el pensamiento de Dios, por haber estado con Dios. Él hace exactamente la cosa correcta en el momento correcto. Fue la intuición de la comunión divina. ¡Hermosa acción de Moisés! La gloria de Dios fue cuidada, y también la seguridad del pueblo. La ruptura de las tablas satisfizo a ambas cosas, porque si la ley hubiese entrado al campamento ello sólo pudo haber resultado en la destrucción de ellos, y entonces, ¿Dónde habría estado el testimonio de lo que Él era en Su propia naturaleza?

 

Fíjense en el versículo 25. A Moisés se le había dado a Aarón por su incredulidad al principio, y de todas las personas, él lo llevó a la angustia más profunda. Siempre es así. Llevamos un aguijón en nosotros por nuestra incredulidad, y luego llega el momento en que se encona y nos da muchos momentos amargos. Vean también a Abraham. Él desciende a Egipto y recibe a la sierva Egipcia. Ella fue un aguijón recibido en esa tierra de tinieblas. Vean de qué manera él cosechó lo que había sembrado a través de ella.

 

Siempre es así. Dios dice, por así decirlo, «Bueno, tu no puedes elevarte a mí, yo descenderé a ti.» Entonces encontramos cuán mejor nos habríamos elevado a Él, superando todos los montes de dificultad que la incredulidad había suscitado.

 

Moisés se puso a la puerta del campamento, y dijo — y, de paso, que ello sea una palabra para toda conciencia a la que me dirijo, que cada uno esté dispuesto a estar por Dios aquí abajo — él dijo, "¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo". Y se juntó con él toda la tribu de Leví. Espléndida acción en fe para vencer. Ellos se mantuvieron en fidelidad por Dios delante de los hombres, ¡y obtuvieron el privilegio glorioso de ser la tribu sacerdotal! Y este es el verdadero carácter y la base verdadera de todo sacerdocio. Una cosa es ser sacerdote de Dios por gracia, como son todos los Cristianos, pero otra muy distinta es obtener nuestro sacerdocio por medio de la consagración a Dios. Justo en la medida que hemos sido fieles por Dios delante de los hombres es que ¡nosotros podemos estar delante de Dios por los hombres!

 

Moisés dice, "¿Quién está por Jehová?" y la tribu de Leví responde al llamado. Ellos se separaron en fidelidad de sus hermanos que eran infieles a Dios, y se consagraron para que su lugar sacerdotal fuera la tribu sacerdotal, pues no habían dudado cuando llegó el momento de elegir entre Dios y el hombre. Jehová, por así decirlo, nunca olvidó lo hecho por Leví.

 

Si pasamos a Deuteronomio 33 y examinamos las bendiciones de las tribus, yo encuentro que Moisés se ocupa especialmente de dos, José y Leví. Leemos, "Y de Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim sean para tu siervo favorecido, a quien probaste en Masa, con quien contendiste junto a las aguas de Meriba; el cual dijo de su padre y de su madre: No los he visto: ni a sus hermanos conoció, y de sus mismos hijos no hizo caso: porque guardaron tus dichos, y sobre tu pacto vigilaron. Ellos pues enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel; pondrán incienso delante de ti, y holocaustos sobre tu altar". (Deuteronomio 33: 8 al 10 – VM). Las luces y perfecciones (Tumim y Urim) de las relaciones de Jehová con Su pueblo, y de Su pueblo con Jehová, serían de él. Hubo también intercesión con el Señor, "Pondrán incienso delante de ti", y enseñarán Sus juicios a Jacob y Su ley a Israel. Esto fue el vencer en Leví.

 

En el capítulo siguiente de Éxodo (33) Moisés tomó la tienda, y la levantó lejos, fuera del campamento. No hubo ninguna orden de parte de Dios para hacer esto, sino que él actuó en la inteligencia que había obtenido al estar con Él. Todo aquel que buscaba a Jehová de ese campamento culpable salía y hablaba con Moisés como un hombre habla con su amigo. Ustedes encuentran aquí otra acción en el vencer. El campamento había fracasado por completo. «Pues bien», dice Moisés, «yo no iré con el mal.» Él ve que si el Señor iba a seguir con el pueblo debía existir el hecho de separarse del mal hacia Él.

 

Fue el momento más glorioso de la carrera de aquel bienaventurado siervo. Si ustedes van a Números 12 verán de qué manera Jehová apreció la acción. Leemos, "No es así mi siervo Moisés, el cual es fiel en toda mi casa", "Boca a boca hablaré con él". (Números 12: 7, 8 – VM).

 

Paso ahora a otro 'vencedor' en Números 25. Había llegado un momento de enorme corrupción y el levita Finees, con su lanza, adquirió "sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios" cuando la corrupción estaba extendiendo su mácula inmunda sobre Su pueblo. No importó si en tiempos pasados Leví y Simeón habían sido los más cercanos aliados en la maldad (Génesis 49: 5 al 7), llegó ahora el momento cuando Dios fue todo y Zimri el Simeonita cae muerto por la lanza de Finees hijo de Eleazar, ¡hijo del sacerdote Aarón! Esto fue vencer; este fue el hijo de una tribu sacerdotal cumpliendo él mismo, bajo la prueba, los requisitos para su sacerdocio, como un ¡sacerdote entre los sacerdotes!

 

Si pasamos ahora a Jueces 7, encontraremos el vencer, cuando se trató de un caso de bendición natural que sacó a otros del camino. Yo leo acerca de la pequeña compañía de Gedeón que venció. En primer lugar, encontramos que en este día de batalla con los Madianitas, el ejército de Israel salió con treinta y dos mil hombres. Y Jehová dijo, "El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado". Es el modo de obrar de Dios en la debilidad del hombre, recordemos la Escritura que dice, "para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros". (2ª. Corintios 4: 7). Veintidós mil que temían y se estremecían se devolvieron. "Y quedaron diez mil. Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá".

 

Temor y dificultad fueron las pruebas para la primera vez, y los que superaron estas pruebas, y no tuvieron miedo y no se estremecieron son probados ahora con una bendición natural, y ¡nueve mil setecientos fracasan! Solamente trescientos superaron ahora la prueba. Cuántas almas han recibido vigor y fortaleza al pasar a través de un aprieto con Cristo; pero cuando llega un momento de tranquilidad, cuando la naturaleza puede liberarse a sí misma, y los lomos no están ceñidos, el fracaso y la descalificación siguen a continuación. Vean a David en los días de su rechazo, ¡qué noble senda de fe fue la suya! Sin embargo, cuando se sintió tranquilo y cómodo, con lomos no ceñidos, él cae en la senda de la gratificación del yo. ¡Qué honda fue su caída en el asunto de la mujer de Urías! "El tiempo cuando los reyes salen a la batalla", había llegado, "Pero David permaneció en Jerusalén". (2º. Samuel 11: 1 – LBLA). ¡Oh qué fracaso; qué amargura resultó de ello!

 

Así fue aquí con el ejército de Gedeón. Solamente trescientos superaron la prueba. Sus corazones estuvieron en las batallas de Dios de aquel día. Ellos no rechazaron, en el celo austero de la carne, la bendición a medida que ella se interponía en su camino, pero no se vieron enredados en ella. Este fue el asunto. Al igual que Jonatán metiendo su vara en el panal de miel y comunicando, él fue renovado. Otros intereses urgían su corazón, y él comunicó con ojos aclarados. (1º. Samuel 14: 27, etc.).

 

La prueba fue, "Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber". (Jueces 7: 5). Uno (Jonatán) arrebató la bendición apresuradamente y la comunicó; el otro (David) participó de lo que hizo a gusto. Israel quiso lo primero, y también Dios. Dios libró a Israel por medio de los trescientos hombres que se negaron a sí mismos. La victoria fue obtenida. Y Dios está librando a muchos en la hora actual, por medio de los pocos fieles que oran con fervor y se niegan a sí mismos; mientras miles se hunden en el confort de las cosas que los rodean, en disfrute y descanso carnales.

 

Paso a otro 'vencedor' en Jeremías. Su senda es una muy sorprendente. Acunado, como podemos decir, en el regazo del más admirable avivamiento que jamás haya tenido lugar en Judá — el brillante día del rey Josías, el cual siguió a continuación del lúgubre y maligno día de Manasés.

 

Yo puedo comentar que hubo dos grandes avivamientos en la historia de los reyes de Judá. Aquel bajo Ezequías, y aquel bajo Josías. El primero estuvo caracterizado por la fe. Ustedes recordarán de qué manera Ezequías oró y extendió la carta delante de Jehová, y Jehová entró y destruyó el ejército de Senaquerib. Leemos, "Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros, y la leyó; luego subió a la Casa de Jehová, y la extendió Ezequías delante de Jehová". (2º. Reyes 19: 14 al 37 – VM). Pero el avivamiento de Josías tuvo otra característica que fue la atención a la Palabra de Dios. El rollo del libro fue hallado, y entonces vino la maravillosa revolución producida por el hecho de juzgar todas las cosas por medio de ese estándar perfecto.

 

Como analogía, ustedes tienen estos dos avivamientos en la historia de la iglesia. El de la Reforma se caracterizó por una fe audaz, quebrantando las cosas existentes; y aunque la palabra de Dios fue, en cierta medida, la base de la reclamación, las cosas no fueron juzgadas conforme a su estándar. Se trató más bien de una reforma de aquello que parecía ser la iglesia alrededor. En la época actual ha llegado otra acción, y Dios está llevando almas de regreso a la Escritura; y una especial atención a la palabra de Dios da un carácter a la acción de Su Espíritu en las almas actualmente en este siglo 19. (Ver nota 1). Es juzgado todo aquello a lo cual la veneración de los siglos y la antigüedad de las edades daban encanto y alejaban las almas de las Escrituras; y Dios ha cuidado, en Su infinita misericordia, que cuando Él nos ha encomendado a la Escritura en estos días postreros, nosotros debamos encontrar en ella todo lo necesario para las exigencias de cada hora. (Hechos 20: 32; Colosenses 3: 16).

 

(Nota 1. Obviamente, yo no digo hasta dónde ha existido un sometimiento del corazón en Su pueblo a la palabra de Dios, en cualquier grado. Aun siendo así, Dios nos encomienda a la Escritura. Nosotros tenemos la verdad allí, y "el que conoce a Dios, nos oye" (es decir, a los Apóstoles y los escritos apostólicos). Vean el discurso de Pablo a los ancianos en Hechos 20; y la conclusión de 2ª. Timoteo 3, 1ª. Juan 4: 5, 6, etc.).

 

Insten a las personas a que lean la Palabra de Dios y ellas los abandonarán. Ellos dicen que los tiempos han cambiado. Ella podía servir en aquel entonces, pero no servirá ahora. Se necesita coraje para obedecerla, sin duda; coraje para con uno mismo, coraje para con los demás. Pero aquel que obedece a Dios en un mundo como este, está reconociendo a Dios en un mundo que Le repudia. Las personas pueden decir que la reciben. Pero, ¿la guardan — observan Su palabra, y no niegan Su nombre?  Leemos, "Esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley", etc. (Josué 1: 7). La verdadera obediencia Cristiana es la obediencia a Cristo, no tener voluntad propia, el nuevo hombre viviendo y siendo guiado por toda palabra de Dios.

 

Dios no esta trayendo ahora a la memoria de Sus santos el Cristianismo primitivo, sino el Cristianismo original. Esto nos habla también de cuán cerca está la venida del Señor.

 

Pues bien, la historia de Jeremías comenzó en los días de la pascua de Josías. Él cantó las Lamentaciones cuando ese fiel rey fue asesinado. Han existido muchos hombres cuyos ministerios han dejado una gran marca, por así decirlo, tras ellos; con él no fue así (salvo lo que él ha escrito). Él fue la voz de Dios a Su pobre pueblo mientras ellos tuvieron oídos para oír. Consideren Jeremías capítulo 13. ¿Qué dice él? «Si ustedes no oyen Sus palabras, yo iré y lloraré a causa de ustedes delante de Jehová.» (Jeremías 13: 15 al 17).

 

Fue también un día cuando ellos pudieron gloriarse, "¡El Templo de Jehová, el Templo de Jehová, el Templo de Jehová son estos edificios!" (Jeremías 7: 1 al 11 – VM), y sin embargo añadieron, "Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones". Qué semejanza con lo que algunos afirman: «Nosotros no podemos evitar el mal, y esto es lo mejor que podemos encontrar», y cosas por el estilo. Fue un día como el actual en más formas que esta. El grupo eclesiástico se jactaba de que la ley no faltaría "al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no atendamos a ninguna de sus palabras". (Jeremías 18: 18, 19). El testimonio de Dios fue rechazado y el pretexto de antigüedad y de sucesión fue establecido.

 

¡Qué parecido es todo ello a la hora actual! Cuando el testimonio de la verdad de Dios es defendido por unas pocas almas sencillas, ¿quiénes son los oponentes más acérrimos? Son los que afirman ser los que, ¡conservan lo que es divino! Sin embargo, ellos se oponen por igual al testimonio que Dios presenta, y a las evidencias de la obra de Dios en otros, y se hunden más que antes en las más completas tinieblas y en la más completa hostilidad hacia Dios.

 

En Jeremías 15 encontramos la senda de Jeremías; "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos". Él come la palabra, la digiere y la hace suya. Pues bien, ¿cuál es el resultado? Leemos, "me senté solo". La Palabra lo separó de todos, para Dios. (Jeremías 15: 16, 17). Entonces llega la respuesta de Dios; Dios reconoce la posición. Noten también de qué manera su fidelidad fue la base para que él fuera usado para los demás; él se ganó el lugar. No se trató, obviamente, de que no fuera la gracia la que se lo concedió, y también lo usó, yo lo admito, completamente. Ahora bien, dice Jehová, "si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte (salvarte) y para defenderte, dice Jehová". (Jeremías 15: 19, 20). Esta posición de separación para Jehová fue una torre — una ciudadela de fortaleza en un día malo; una posición adonde podían venir todos los que amaban Su nombre.

 

Si yo acudo a Pablo en el Nuevo Testamento (Efesios 4), encuentro que no se trata de una separación imprecisa para algún objetivo indefinido. Yo encuentro lo que tenemos en medio de la escena. "Os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, etc." (Efesios 4: 1 al 4 – LBLA). Existe una diferencia entre la aquí llamada "vocación o llamamiento" y el "llamamiento o vocación" de Hebreos 3: 1. En este último caso ello es individual; en el anterior está relacionado con el llamamiento colectivo de la iglesia — "un solo cuerpo" — una "morada de Dios en el Espíritu". Él dice ahora, «¿andas como es digno de dicho llamamiento?» No obstante, yo debo conocer mi llamamiento (o vocación) antes que yo pueda hacerlo. Aquí está bastante claro. Bien podría yo decir que mi salvación no tiene ninguna importancia, como decir que mi senda no tiene consecuencias como miembro de Cristo. Ambas cosas descansan simple e inmutablemente en la palabra de Dios. Si yo acepto una estoy obligado a aceptar la otra. Yo no me atrevo a decir, «Los Cristianos no han logrado seguir lo que se ha dado, y esto me exonera.» Tal razonamiento no se mantendría en pie delante del Señor ni por un momento. Si yo digo, «Las cosas están en una confusión sin esperanza.» Así es, Pero este estado de cosas, el hecho de culpar a los demás, ¿lo exonerará a usted?

 

¿Ha salido el Espíritu Santo de la iglesia? ¿Ha cambiado el hecho divino de que "Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu"? No, Él está aquí y mantiene la unidad del cuerpo de Cristo tan verdaderamente como siempre. La pregunta sencilla es, ¿Ha fracasado Él? Pero usted dice, «Todo está dispersado. ¡Me han dicho que hay mil trescientas sectas en la Cristiandad! ¿Cómo puedo yo poner esto en orden?» Bueno, suponga usted que no puede hacerlo (y es verdad), usted debe comenzar por usted mismo, y ¡ponerse usted mismo en orden! Esto es la primera cosa. Tal como Jeremías hizo en su día, a saber, la Palabra de Dios digerida en su alma lo aisló pero no por mucho tiempo, pues él iba a ser la boca de Dios para separar lo precioso de lo vil (Jeremías 15: 19).

 

Existe lo intrínseco, "un solo cuerpo y un solo Espíritu" con "una esperanza" (Efesios 4: 4 – LBLA). Luego viene la unidad de profesión, "un solo Señor, una sola fe (es decir, un credo común, no Judío, ni Pagano), un solo bautismo" (Efesios 4: 5 LBLA); obviamente es el bautismo de aguas que introduce en la esfera de la profesión. Después tienen el tercer círculo, el más amplio de todos, y sin embargo se reduce a lo que es más íntimo de todo; "Un mismo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por medio de todas las cosas, y en todos vosotros". (Efesios 4: 6 – VM). Él está "sobre todas las cosas"; esa es Su supremacía. "Por medio de todas las cosas"; Él impregna todo. Entonces Él regresa a los santos, Él está "en todos vosotros"; Él está en relación con ellos según el carácter del nombre de Dios y Padre. Tal como uno posee una gran propiedad, pero Él mora en la casa que está en ella, y así la posee; así también Dios lo hará pronto en la iglesia. Él tomará posesión de "su herencia", en y por los santos, con Cristo, como Él lo hizo con la tierra prometida de antaño, en Su pueblo Israel. (Efesios 1: 18).

 

Hay, por tanto, tres grandes círculos de unidad. Ellos tienen cierta analogía con los que ustedes encuentran en Juan 17.

 

En primer lugar está la unidad apostólica, esencial; los apóstoles eran de una sola mente y de un solo propósito, como el Padre y el Hijo, por el Espíritu Santo (Juan 17: 11).

 

En segundo lugar, ustedes encuentran la unidad de la comunión divina y el consiguiente testimonio al mundo alrededor en gracia (Juan 17: 21). Esto fue visto en el primer momento de la historia de la iglesia en Pentecostés.

 

En tercer lugar, la perfecta unidad de gloria, la cual será pronto, cuando el mundo conocerá lo que podría haber creído por lo mencionado en Juan 17: 21, si nosotros hubiésemos sido fieles (Juan 17: 23). Esta será la unidad de gloria exhibida en el día milenial cuando no puede haber ningún posible fracaso.

 

Volviendo; nosotros encontramos que el Espíritu Santo ha mantenido intacta esta unidad, sin importar de qué manera los hombres han roto externamente la iglesia de Dios. Encontramos así algo definido para que nos guíe; podemos reunirnos al nombre del Señor cuando nos hemos limpiado a nosotros mismos del mal, de la falsedad, y de la profesión que nos rodean; incluso los pocos más débiles, y encontramos que "un solo cuerpo y un solo Espíritu" continúan existiendo.

 

Esta "unidad del Espíritu" incluye a todos los miembros de Cristo que no están bajo disciplina, e incluso Cristo mismo como su Adalid. Es un concepto que abarca y contempla toda la iglesia de Dios y, no obstante, en su carácter debe ser adecuada a Cristo. No se trata meramente de la unidad de Cristianos, es comparativamente fácil tener esto. Es fácil decir, «Enterremos nuestras diferencias y estemos juntos», y entonces unir el nombre de Cristo a ello, y llamarlo unidad. La moda actual es hacer una unión y unir a Cristo nominalmente a dicha unión. Por el contrario, el Espíritu de Dios une la unidad a Cristo.

 

Las personas razonan, «¿Acaso no son todos los creyentes, independientemente de cómo ellos anden, miembros del cuerpo de Cristo?» Yo lo admito totalmente, pero ustedes pueden decir, «no, que ¡Yo no puedo negarlo!» Ellos son miembros del "un solo cuerpo" de manera abstracta, y el Espíritu de Dios mantiene su unidad. Pero cuando llego a la práctica no puedo reconocer que todos estén esforzándose "por preservar la unidad del Espíritu". (Efesios 4: 3 – LBLA). Yo hablo de la práctica, es decir, procurar diligentemente hacer realidad por medio del Espíritu esa unidad en la que hemos sido formados.

 

Lo que Dios nos encomienda es esa unidad, la cual incluye a todos los miembros de Cristo, y que sin embargo no permite nada que no sea adecuado al Adalid de esta unidad, ¡el cual es el propio Cristo!

 

Existe una notable diferencia entre ser en lo abstracto "un solo cuerpo", y la observancia de esto de manera práctica. (Ver nota 2).

 

(Nota 2. Si Esdras y su remanente vinieron a Jerusalén, ellos encontraron un centro divino de reunión para todo Israel; ellos no pudieron excluir a nadie que pudiese mostrar su genealogía — esto fue necesario, porque se trató de un regreso. Sin embargo, Si Nehemías y su compañía vienen más tarde, no servirá hacer una nueva ciudad y un nuevo templo y llamar a eso Jerusalén, porque en lo abstracto todos eran Israelitas. Ellos deben seguir adonde otros habían sido conducidos por Dios, y agradecer a Dios que Su gracia había obrado en las almas antes que aparecieran en la escena.).

 

Examinemos lo que Pablo dice en 2ª. Timoteo 2. Él ve la casa de Dios en ruina cuando escribe esta carta a su amado hijo en la fe. En su primera epístola encontramos la disposición de las cosas cuando ellas estaban en orden; en la segunda epístola, encontramos la senda del santo cuando las cosas estuvieron en desorden.

 

En 2ª. Timoteo 2: 19 él dice, "Sin embargo el sólido fundamento de Dios se mantiene firme, teniendo este sello, Conoce el Señor a los que son suyos; y, que todo aquel que nombra el nombre de Cristo se aparte de la iniquidad". (2ª. Timoteo 2: 19 – JND). Nosotros no podemos decir, «Toda la cosa está en ruina, estamos entregados a esta corrupción.» No. La verdad fundamental no ha cambiado, y aunque la ruina no puede ser remediada, nosotros somos responsables de esto. El Señor ve una gran cantidad de profesión y dice, «Yo conozco a los que son Míos en ella.» Después tenemos la responsabilidad de los que nombran Su nombre, ellos deben apartarse "de la iniquidad". Esto ya lo hemos mencionado antes. No necesito decir una palabra más si las almas no han llegado hasta aquí. Luego él se ocupa de la analogía de una casa grande, con vasos para honra y deshonra; el hombre de Dios debe limpiarse de estos, para que pueda ser un vaso para honra, santificado, como Jeremías, y útil para ser usado por su Maestro. Él no puede seguir con aquello que es infiel ni puede poner las cosas en orden. Esta debe ser entonces su senda, ser un 'vencedor' en la escena que lo rodea. Si usted encuentra lo que es correcto, y lo que el Señor quiere que usted haga, "al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado". (Santiago 4: 17).

 

Pues bien, él continúa diciendo, "Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro". (2ª. Timoteo 2: 22 – LBLA). Nada puede ser más claro para cualquier corazón gobernado por la palabra de Dios. Yo tengo que vigilar mi propio corazón, no sea que el enemigo encuentre una puerta abierta para arruinar una senda de separación externa del mal por medio de la inmundicia interior. Luego encuentro en 2ª. Timoteo 2: 22 a aquellos con los cuales yo puedo — no, más bien estoy obligado a andar. La senda no es una senda solitaria, porque gracias a Dios que van a ser hallados "los que invocan al Señor con un corazón puro" (2ª. Timoteo 2: 22 – LBLA).

 

Esta es la acción del Espíritu de Dios entre los santos en el momento actual, separando "lo precioso de lo vil". (Jeremías 15: 19). El Señor se ha propuesto en Su corazón despertar a Sus santos que duermen para que no se avergüencen ante Él en Su venida.

 

Entonces una persona puede decir, «Vaya, estas personas están expuestas a las mismas dificultades que cuando el mal entró al principio. ¿Cómo lidiarán con ellas?» Bueno, yo encuentro en el siguiente capítulo (2ª. Timoteo 3, "Tú empero has conocido perfectamente [has tenido un entendimiento perfecto de] mi enseñanza, mi conducta", etc. (2ª. Timoteo 3: 10 – VM). 'Persevera tú en las cosas que has oído de mi parte', etc. La "enseñanza" de Pablo es el recurso, y nunca hay que renunciar a ella; y podemos esforzarnos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, y tal acción tendrá en mente a todos Sus miembros aunque ellos no entiendan su privilegio y su responsabilidad. Si andamos juntos en la verdad la acción no es meramente de uno hacia el otro; nuestra acción irradia hacia cada miembro de Cristo, y hace referencia a cada uno de ellos, sin importar en qué asociación pueda encontrarse.

 

Pero se verá fácilmente que esto no es estar firmes como cuando las cosas estaban en orden, sino que es vencer y volver a los principios divinos cuando las cosas están en desorden.

 

Toda nuestra senda Dios nos la deja tan clara que no es necesario que tengamos dificultad alguna en un día malo. Es un día malo, pero el mal mismo hace que la senda sea más clara para el ojo sencillo.

 

Entonces, que el Señor nos conceda, con medida plena, conocer qué es vencer. Cada uno de nosotros y todos tenemos algo que hacer; y lo mejor para cada uno es hacer aquello para lo cual Cristo nos ha dejado aquí. Podemos hacer mucho y en gran medida, y no hacer nuestras primeras obras, o aquello a lo cual Dios nos ha llamado. Vean a Saúl; Él fue levantado para librar a Israel de las manos de los Filisteos (1º. Samuel 9: 16); él masacró Amón, "de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos". (1º. Samuel 11: 11); y sin embargo fracasó en lo que Dios le había dicho que hiciera. Nosotros tenemos que buscar Su pensamiento, y no discutir por la practicidad, y por lo que nosotros pensamos que es lo correcto. Dios no encuentra nada tan bienaventurado como el ojo sencillo. Leemos, "La lumbrera del cuerpo es el ojo: por tanto, cuando tu ojo sea sencillo, todo tu cuerpo también estará lleno de luz; mas cuando sea malo, todo tu cuerpo también estará lleno de tinieblas". (Lucas 11: 34 – VM). Cuando nuestro ojo es sencillo (es un ojo sano) todo el cuerpo está lleno de luz, sin tener ninguna parte oscura; y el corazón anda pacíficamente con Dios. Es debido a Cristo que así deba ser. ¿Le amo yo? Entonces que yo guarde Sus mandamientos. Necesitamos consagración personal a Él, y es humillante que encontremos tan poco de ello en días cuando Él está impartiendo tanta luz a nuestras almas. Necesitamos la prontitud de corazón que se inclina a Su voluntad en la cosa más trivial, y hacer eso trae su propio gozo de parte de Aquel que nos ha dicho, "Si me amáis, guardad mis mandamientos". (Juan 15: 15).

 

Nuestra Condición Actual y Nuestra Esperanza

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 5

 

(Nota. Este documento, como se verá fácilmente, no pretende desplegar en detalle las diversas características de la venida del Señor. Siendo uno de una serie de sermones, el tema fue tratado más bien como una completación de la línea de pensamiento presentada a aquellos que lo oyeron. Esto explicará la manera de su presentación al lector.)

 

Hechos 17: 1 al 7

 

"Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas".

 

"Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús".

 

Puede parecer extraño que haya leído este relato del ministerio del apóstol Pablo durante los tres días de reposo en Tesalónica. Pero es extremadamente instructivo comparar las narrativas históricas de los Hechos con las Epístolas posteriores escritas a los santos en los mismos lugares.

 

Yo he leído estos versículos a causa de dos pensamientos especiales contenidos en ellos:

 

1º. Que hubo un Cristo crucificado, muerto, y resucitado predicado a ellos por el apóstol, y,

 

2º. Que iba a haber un Cristo reinante en el futuro; otro rey, Jesús".

 

Esto lo podemos inferir del versículo 7. Asimismo, su idoneidad es evidente cuando pensamos acerca de aquellos a los cuales él se dirigía, a saber, Judíos que estaban familiarizados con las esperanzas de un glorioso Mesías reinante, y que habían sido enseñados en las Escrituras que así lo decían.

 

Entonces, la base de los pensamientos que yo deseo presentar esta tarde es, en cuanto al pasado, un Cristo sufriente, muerto, y resucitado, en cuanto al presente, la asociación del pueblo de Dios con Él en una senda de padecimiento y rechazo, y en cuanto al futuro, Su venida otra vez en gloria, tomando Él su gran poder para reinar, y nuestra asociación con Él en Su gloria.

 

Ahora bien, hay un trecho inmenso entre el primero y el último de estos pensamientos; Él ha padecido, ha muerto, y ha resucitado, y ha subido a lo alto, "para recibir un reino", y Él volverá para tomarlo en poder y gran gloria. Ustedes encontrarán que las dos Epístolas a los Tesalonicenses llenan la gran laguna, si podemos llamarla así, entre los pasados padecimientos de Cristo y Su gloria futura.

 

Ustedes intuirán, a partir de esto, que yo estoy a punto de hablar un poco esta tarde acerca de la venida del Señor como el gran acontecimiento que ocasionará toda esta gloria por la cual Él espera y nosotros esperamos.  Ello está cerca, amados hermanos; el corazón se siente consciente de que ello es así; y la acción actual del Espíritu Santo lo señala como muy próximo.

 

Ustedes encontrarán que cuando la redención se ha consumado, y el Espíritu Santo está morando aquí, hay dos pensamientos que son traídos ante nosotros en el Nuevo Testamento de manera muy prominente; ambos muy diferentes en carácter, y sin embargo, muy estrechamente conexos, es decir, la "venida" y la "aparición" del Señor Jesús.

 

Yo puedo comentar en cuanto a la expresión, la "venida" del Señor, que ella significa Su presencia en contraste con Su ausencia, y es una palabra muy amplia y abarcadora tal como es usada, que se extiende desde lo que muchos de nosotros conocemos como el 'rapto, o arrebatamiento' de los santos, para estar para "siempre con el Señor", continuando a través del intervalo que sigue a continuación de dicho acontecimiento, hasta Su aparición, o manifestación con Sus santos en gloria. La palabra "venida" (en Griego, parousía) incluye ambos pensamientos, mientras la palabra "aparición", (en Griego, epifáneia) es el resplandor de Su venida cuando Él será mostrado en gloria al mundo. Esa palabra "venida" a menudo es usada para este acontecimiento, la "aparición", pero esta última palabra nunca es usada para la "venida". Su "venida" o presencia en contraste con Su ausencia, incluye muchos detalles que él llevará a cabo en el intervalo, hasta Su manifestación pública al mundo, cuando "todo ojo le verá" (Apocalipsis 1: 7), viniendo con "muchos millares de sus santos". (Judas 14 – LBLA).

 

Muchos de mis hermanos a quienes me dirijo saben que Cristo es presentado en las narrativas del evangelio de cuatro maneras distintas. En Mateo Él es visto como Jehová-Mesías, hijo de David, hijo de Abraham, presentado a Su pueblo y rechazado, y como consecuencia, pasando a Su más excelsa gloria como "Hijo del Hombre", sobre todas las obras de las manos de Dios (Salmo 8), a través de la muerte y resurrección; regresando luego como Hijo del Hombre, en juicio, con los estandartes del poder de Jehová y gran gloria.

 

Si ustedes examinan Mateo 24, encuentran al Mesías rechazado por Su pueblo y echado fuera, regresando después como Hijo del Hombre en juicio, y libertando a Su pueblo Israel. En primer lugar, tratando con los Judíos en la tierra de Judea (Mateo 24: 15 al 31), y apareciendo para la liberación de ellos. Después, la reunión de los "escogidos" de Israel de los cuatro puntos cardinales, o cuatro vientos, de entre las naciones de la tierra. (Comparen con Isaías 27: 12, 13; Zacarías 2: 6).

 

Antes que llegue ese día, hay un inmenso intervalo celestial durante el cual los Cristianos están en relación con Cristo. Esto lo tenemos presentado bajo tres parábolas: el siervo bueno y el malo, las vírgenes prudentes y las insensatas, y el uso fiel e infiel de los dones espirituales {quizás más bien, responsabilidades} de Cristo, como habiendo ascendido y habiéndose marchado, por el momento, de Israel, hasta que Él venga y lidie judicialmente con Sus siervos. Y entonces, cuando el tiempo por el cual estamos pasando haya pasado y se haya ido, ustedes encuentran que después de haber venido y haber libertado a Israel (Mateo 24: 15 al 31), y de haber hecho la verdadera evaluación de la obra y de la vigilia de Sus siervos (Mateo 24: 44 al 51; Mateo 25: 1 al 30), Él se sienta en el trono de Su gloria, y ante Él son reunidos los Gentiles, o naciones, y Sus "hermanos" según la carne, el remanente Judío de aquel día; y los primeros son juzgados en cuanto a de qué manera habían recibido el mensaje de Su reino y gloria venideros proclamado por medio de los últimos. El hecho de creer y obedecer dicho mensaje los constituía en "ovejas", así como el rechazo de él los constituía en "cabritos". Es el juicio de los "vivos", el cual introduce el reino milenial, los mil años de bendición terrenal. Se verá que hay tres clases de personas en esta escena, a saber, las ovejas, los cabritos y sus "hermanos".

 

Ustedes deben desechar absolutamente el pensamiento humano acerca de que esta escena es un 'juicio general' — no hay nada tan ajeno a la Escritura. Dios no confunde juntamente a los salvados y a los perdidos en "aquel siglo", cuando por medio de la verdad Él ha obrado para separarlos aquí, por mucho que el hombre haya borrado la diferencia. En el juicio del gran trono blanco de Apocalipsis 20, después de mil años no se ve ningún hombre vivo; en el juicio de este capítulo 25 de Mateo, ¡no se ve ningún hombre muerto! Además de todo esto, el terreno del juicio en esta escena solemne incluiría solamente una pequeña proporción de la población de este mundo. Comparativamente, a pocos se les habrá presentado el testimonio que constituye aquí el terreno de juicio, o cualquier testimonio de Dios: ellos serán juzgados según sus obras — un terreno totalmente diferente de juicio. Esto excluye la idea de que este es un juicio general. Nada más que una lectura muy descuidada, o el sesgo del pensamiento humano podría interpretar el pasaje de esta manera. Con este juicio de las naciones vivas la mentalidad Judía estaba muy familiarizada, pero muy poco con el juicio de los muertos. Para nosotros como Cristianos, el juicio de los muertos es un pensamiento familiar, y el juicio de los "vivos" {vivientes} es muy poco conocido.

 

En el evangelio de Marcos, el Señor Jesús es presentado como siervo de Dios en testimonio, en Su misión santa de servicio de amor. En la conclusión de dicho evangelio, cuando hubo ascendido y está en la gloria, se dice, aun entonces, que el Señor trabaja con Sus siervos a quienes Él había dejado para que continuaran Su misión celestial aquí abajo. (Marcos 15: 19, 20). Habiendo ascendido, Él sigue siendo el Obrero. En Marcos 13 ustedes Lo encuentran como uno que se ha ido lejos, y dio "a cada uno su obra, y al portero mandó que velase". Después Él vuelve, "si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana", para ver si cada uno está en su puesto de servicio y velando. Por tanto, la venida del Señor es presentada de acuerdo con el evangelio de Su servicio — Su propia obra, o la de Sus siervos. Él vuelve para ver si cada siervo está en su puesto.

 

Queridos amigos, permítanme decir aquí que algo muy solemne es que toda alma inquiera, «¿Estoy yo colmando el pequeño sitio de servicio que Él me ha dado?» No sólo hay grandes dones sino coyunturas y ligamentos; y del cuerpo de Cristo se dice que crece por medio de las coyunturas y ligamentos, suministrando cada coyuntura lo que pertenece a él mismo en el funcionamiento mutuo y eficaz de la medida de cada parte. Es una gran cosa si cada uno ha encontrado su propia senda de servicio para el Señor. Leemos, "Sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor". (Efesios 4: 15, 16 - LBLA).

 

En el caso de un miembro, ello puede ser por medio de una ferviente oración; en el caso de otro, por medio del uso de sus medios seglares; en un tercero, por medio del uso de dones espirituales. De una u otra forma Él nos ha dado algo que hacer para Él, y Él está regresando para evaluar de qué manera cada uno está desempeñando el deber que se le ha dado, y "a la hora que no pensáis". Por lo tanto, después de dar a cada uno su obra, y de mandar al portero que vele, Él dice, "Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad". (Marcos 13: 37).

 

Ahora bien, en Lucas, el cual es el gran moralizador, presentando las cosas de manera moral a las almas de los hombres, y buscando en ellos un estado moral, nosotros encontramos otra cosa. Si Mateo nos presenta la gloria oficial del Mesías, y Marcos la misión de servicio de Uno que "anduvo haciendo bienes", Lucas nos presenta a Él mismo — Jesús, el Hijo del Hombre — tratando moralmente con el hombre. Entonces, ¿qué buscará él cuando nos presenta la venida del señor? Buscará un estado moral de alma en aquellos que tienen esa esperanza. Leemos en Lucas 12, "Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas" — es decir, que no reposen aquí, y recordamos la Escritura que dice, "Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo, pues está contaminado". (Miqueas 2: 10). Si ustedes comparan cada lugar en la Escritura donde encuentran que se habla de lomos ceñidos, encontrarán que la característica del lugar es tráfago y seguir andando, en una escena donde su corazón y sus afectos deben ser reforzados, no deben discurrir aquí; es un lugar de conflicto y tráfago de una u otra clase.

 

Él habla aquí de una "manada pequeña". (Lucas 12: 32). Él dice, «Yo me he encargado de sus circunstancias, ustedes no necesitan estar "en ansiosa inquietud" (Lucas 12: 29).» "Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese". (Lucas 12: 35, 36). Fíjense en la palabra "semejantes"; para que el mundo pueda conocerlos. Nada prueba el corazón como lo prueba esto. Yo digo que no hay nada en la Escritura que tenga tal poder de prueba con las almas. Si la venida del Señor es el horizonte del alma, vean cuán poco le importará esta escena de aquí abajo. Cuán poco acumular para el futuro. El mundo diría, «Bueno, es evidente lo que el hombre esta haciendo. Su esperanza se está imprimiendo en su vida y se manifiesta en todas sus sendas.» ¿Qué utilidad tiene esta esperanza bienaventurada si sólo es mantenida como una doctrina?

 

Lo que es tan bienaventurado es que dicha esperanza trae a una Persona divina ante el alma, y el corazón es motivado hacia Cristo; cultiva la intimidad con Cristo mientras pasamos a través de esta escena. El corazón de aquel que Le espera está en la condición misma que acogerá Su regreso; disfruta y cultiva una intimidad cada vez mayor con Aquel a quien el corazón espera. Nada trae a Cristo de manera tan personal ante el alma como la esperanza de Su venida.

 

Pues bien, Juan nos presenta la Palabra divina, el Verbo divino, manifestado en carne; el unigénito Hijo del Padre, el Hijo de Dios. Y en vez de una venida en poder y gloria, o en escrutinio del servicio, o como esperando un estado moral de alma y corazón que responda al Suyo, Él dice, ¡"Voy"! (Juan 14). «Yo debo sacar vuestros corazones y afectos de este lugar y todas las esperanzas terrenales. Debo llevaros a la casa del Padre, donde hay muchas moradas. El reino de David y la gloria del Mesías no deben desvanecerse ahora en vuestras esperanzas y corazones. Llegará el día cuando toda esa gloria terrenal será consumada. Pero vuestras esperanzas están en otra esfera. Yo estoy a punto de entrar en la casa del Padre como hombre. Yo he originado en la cruz vuestro derecho a estar allí. Yo mismo entro allí en el título mediante el cual vosotros entraréis allí.» Entonces, "vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros". (Juan 14: 3 – LBLA). Por tanto, Su enseñanza trata con las esperanzas de los corazones Judíos alrededor de Él y las reemplaza, y como consecuencia, se adapta a nuestros corazones, que no han tenido tales esperanzas en absoluto.

 

¡Cuán bienaventurado es, queridos amigos, encontrar, en el momento que soy libre en corazón y conciencia delante del Padre, en el conocimiento de Su gracia, que había una morada en Su casa en lo alto para mí antes que el mundo existiera! ¿Por qué es que nunca encontramos una descripción de la casa del Padre en la Escritura? Ustedes tienen la Jerusalén celestial descrita en su gloria maravillosa y exhibida como Su esposa — pero nunca tienen la casa del Padre. El motivo es porque se supone que ustedes están familiarizados con el Hijo del Padre, el Padre es revelado en Él; y además es suficiente saber que Él está allí, y el corazón reposa satisfecho en pacífico gozo en la conciencia de que donde Jesús está, ¡ello es suficiente! "Para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros". (Juan 14: 3 – LBLA).

 

Sólo hay otro pasaje en Juan que los lleva a ustedes así al cielo y a la casa del Padre. Esto se adapta a Juan debido a que él está ocupado en revelar a Dios en la tierra en Cristo — no como Pablo, quien más bien nos muestra a Cristo como hombre que ha ido a lo alto, y nuestro lugar en Él en la gloria. El otro pasaje al cual yo aludo es Juan 17: 24.

 

Hasta aquí con respecto a la verdad general de la venida del Señor en las narraciones evangélicas. Él había venido y se había presentado para introducir en gracia todas las glorias de las cuales habían hablado los profetas, pero fue rechazado. Cuando Él venga otra vez introducirá, en gloria, aquello que fue rechazado en gracia. Pasaremos ahora a las dos epístolas de Pablo a los Tesalonicenses. Encontraremos en ellas que la senda de los santos, y las circunstancias que ocurren entre los dos grandes puntos que he nombrado antes, salen todas a relucir. Estas epístolas llenan, por así decirlo, el vacío entre ellas. Tan necesarias y adecuadas son también para perfeccionar lo que faltaba en la fe de aquellos santos en Tesalónica.

 

Puedo comentar, de paso, con respecto a Hechos 17, que este capítulo ilustra la palabra de Pablo tan frecuentemente mal aplicada para cubrir la mundanalidad, y el hecho de mezclarse con el mundo. Me refiero a, "A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos". (1ª. Corintios 9: 22). Hechos 17 explica o ilustra sus declaraciones. Si él entra en una sinagoga en Tesalónica para hablar a Judíos instruidos, él se ocupa de las Escrituras que ellos conocían y profesaban creer. Si entra en Atenas, entre el ingenio y los filósofos de esa ciudad destacada por la erudición y la sabiduría humana, él toma su texto de uno de sus altares, sobre el cual estaba la inscripción, "AL DIOS NO CONOCIDO", y cita una frase de uno de sus propios poetas que juzgaba toda la idolatría de ellos, "Porque también nosotros somos linaje suyo". (Hechos 17: 28 – LBLA). Después, cuando él pasó a las ciudades de Derbe y Listra, donde  predominaban las más bastas formas de idolatría, él predica que ellos deben volverse de estas cosas vanas al Dios vivo, "QUE HIZO EL CIELO, LA TIERRA, EL MAR, Y TODO LO QUE EN ELLOS HAY; el cual en las generaciones pasadas permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos; y sin embargo, no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría". (Hechos 14: 15 al 17 – LBLA).

 

Él se adaptaba a la idiosincrasia y a los pensamientos religiosos de los hombres — manteniendo su propia libertad con y en Cristo todo el tiempo, y por tanto, a todos haciéndose de todo para poder ganar a los más.

 

Pues bien, en Tesalónica él ocupó en la sinagoga las propias Escrituras de ellos, y reveló lo que le había pasado al Mesías de ellos como estaba predicho allí — "declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo". (Hechos 17: 3). Luego, cuando nosotros examinamos lo que él les escribió después, él alude al hecho de que este Jesús rechazado, que era el Libertador de ellos de la ira venidera, no los había salvado de una senda de padecimiento, sino que Su senda era la de ellos. Leemos, "Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe; a fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones, porque vosotros mismos sabéis que para esto hemos sido destinados. Porque en verdad, cuando estábamos con vosotros os predecíamos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como sabéis". (1ª. Tesalonicenses 3: 1 al 4 - LBLA).

 

Por tanto, la senda de este Cristo sufriente, muerto, y resucitado era compartida ¡con aquellos a los cuales Su amor había llamado a heredar con Su gloria futura! Qué triste fue el error que los Corintios cometieron en esto. Ellos habían 'reinado como reyes' sin Pablo. Él dice, "ojalá reinaseis", porque Cristo también estaría reinando (ahora Él esta "esperando"); y entonces Pablo 'reinaría también con ellos.' Leemos, "Ya estáis hartos, ya estáis ricos; sin nosotros habéis reinado como reyes; y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros". (1ª. Corintios 4: 8 – RVR1865).

 

Ustedes observarán también cuán resplandeciente y hermoso era el estado de estos santos recientemente convertidos. Leemos, "De manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya. Porque saliendo de vosotros, la palabra del Señor ha resonado, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también por todas partes vuestra fe en Dios se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada. Pues ellos mismos [los paganos] cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera". (1ª. Tesalonicenses 1: 7 al 10 - LBLA).

 

¿Por qué motivo el Cristianismo de ellos era tan resplandeciente? Porque siempre que ustedes encuentran que el Cristianismo es así, este es muy objetivo, cuenten con ello. Es decir, Cristo, como una Persona viva, está tan completamente ante el corazón, que los santos son liberados de sí mismos, y cada ojo y cada corazón está lleno de Él.

 

En 1ª. Tesalonicenses 1: 10 encontramos cómo este Jesús sufriente, muerto, y resucitado había ido a lo alto a la casa del Padre, y cómo estos santos amados estaban esperando de los cielos al Hijo de Dios. Nosotros no tenemos que ver con Él como "Hijo del Hombre", sino como "Hijo de Dios". Pablo fue el primero que predicó a Jesús, "el Hijo de Dios". Leemos, "Y enseguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas, diciendo: El es el Hijo de Dios". (Hechos 9: 20 – LBLA, JND). El Padre había resucitado a su Hijo de entre los muertos, y Él es quien nos libra de la ira venidera. "Servir" y "esperar": "servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo", era la bienaventurada ocupación de ellos aquí.

 

Ahora bien, mientras ellos estaban sirviendo y esperando así, algunos habían dormido. Ustedes no encuentran en las partes doctrinales del Nuevo Testamento que se diga que un santo muere. No; él fue acostado en sueño. «La muerte es nuestra», y Jesús la había quitado de las manos de Satanás; ya no era esgrimida por aquel que tenía el poder de la muerte, como "paga del pecado", sobre los santos de Dios. Algunos de entre ellos "durmieron", y los que permanecieron estaban atribulados. Ellos pensaron que los que habían partido así perderían la bendición que esperaban, y se entristecían por sus seres queridos que habían partido. Entonces, fue necesario entrar y tranquilizar sus corazones, y a Pablo se le da una expresa revelación para hacerlo. Supongan que uno a quien amamos hubiese dormido, ¿qué consuelo se nos daría en la actualidad? ¿Sería, «Consuélese, Dios lo traerá de regreso»? ¿No preferirían más bien que fuera, «Ah, tú irás a él.»? ¿No sería algo como aquello con lo que David consoló su alma cuando el hijo murió, "Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí"? (2º. Samuel 12: 23).

 

No, la esperanza es que Jesús venga por nosotros, y traiga con Él a los que antes han partido. Pues bien, Pablo dice, al final de 1ª. Tesalonicenses 4, "Pero no queremos que ignoréis, hermanos, con respecto a los que se han dormido, para que no os entristezcáis como también lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Él a los que se han dormido por mediación de Jesús". (1ª. Tesalonicenses 4: 13, 14 – JND).

 

No es, 'a los que durmieron en él'. Jesús, el David verdadero, ha tomado la espada de Goliat. Ha desarmado a Satanás, el cual tenía el poder de la muerte, descendiendo a su dominio de muerte. Por tanto, Pablo dice, «La muerte es nuestra.» Ella ya no es ahora la paga del pecado para el creyente, aquello que lleva al hombre pecador al juicio que está más allá. El Señor la ha tomado en Su mano, y si un santo que Lo ha esperado aquí abajo tiene que esperar más bien con Él en lo alto, él es 'acostado en sueño' por mediación de Jesús y Dios los traerá con Él {cuando Él aparezca en gloria}.

 

Yo entiendo que los términos de la última cláusula de 1ª. Tesalonicenses 4: 14 serían aplicables a los santos que durmieron desde Esteban en adelante. Solamente esos están en la mente del apóstol, aunque no excluyendo a ninguno, obviamente: "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida". Porque el Hijo de Dios tuvo que tomar primero un nombre personal — "Jesús". Él lo hizo cuando se hizo hombre, "Jesús" es Su nombre personal. Después Él tuvo que morir y resucitar, y desarmar al enemigo, tomando la muerte en Sus propias manos. No dice 'acostados en sueño por Cristo', sino "por mediación de Jesús". Ello es Su acción ahora. ¡Él ha arrullado al santo para que se duerma, como la madre ha arrullado a su hijo! El espíritu del que partió está con Él; su cuerpo está en el polvo. Cuando Jesús regrese serán reunidos nuevamente. El poder de Dios en resurrección glorificará al santo que ha sido hecho apto para la gloria por medio de Su sangre.

 

Leemos ahora, "Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor". (1ª. Tesalonicenses 4: 15). (Pablo está a punto de presentar una revelación especial. Cuando él hace esto, él lo remarca con contundencia, como, "He aquí, os digo un misterio", en 1ª. Corintios 15: 51, y en expresiones semejantes). Continuemos. "Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron". Si hay alguna ventaja en cuanto a tiempo, ellos la tienen. "Porque el Señor mismo"; no es meramente "el Señor", sino que Él mismo "descenderá"; como lo había dicho, "vendré otra vez y os tomaré conmigo" (Juan 14: 3 – LBLA). Él dejará el trono del Padre y descenderá del cielo "con voz de mando". La voz de mando es una de relación con los Suyos. Su voz nos llamó una vez de las tinieblas a Él mismo. La misma voz emitió el amargo clamor, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", cuando estuvo bajo la mano de Dios por nosotros hecho pecado. Es la misma voz que habla ahora con los acentos de la gracia divina desde el cielo en el evangelio (Hebreos 12: 25). Esta voz del Buen Pastor que hemos conocido en lo más íntimo de nuestras almas, pero que el mundo no discierne, hablará una vez más a los que son Suyos, por medio de esta voz de relación. Luego la "voz de arcángel" continúa, y la "trompeta de Dios" da su aprobación a todos. Entonces "los muertos en Cristo resucitarán primero". Si hay un momento de precedencia, ellos van delante de los que están 'vivos y han quedado'. Ustedes notarán que son "los muertos en Cristo" pues incluye a todos los santos de Dios (Ver nota 1).

 

(Nota 1. "Los muertos en Cristo" en este pasaje se refiere a Cristianos. Cuando el arrebatamiento tenga lugar, esta será una etapa de "la primera resurrección", es decir, "la resurrección de los justos". Los santos del Antiguo Testamento serán resucitados en esta etapa de "la resurrección de los justos", tal como muestra Hebreos 11: 40).

 

Cuando este arrebatamiento prodigioso tenga lugar no hay distinción entre el Antiguo Testamento y la Iglesia de Dios. "En Cristo" señala un estado o condición; ellos no murieron "en Adán", sino "en Cristo". Así como ustedes no pueden hablar de que una persona está 'en Jesús' — ese es un nombre personal — sino de que está "en Cristo". "Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados [o raptados] juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras".

 

Esta es sólo una etapa. La casa del Padre es más que encontrarse con Él "en el aire". "En la casa de mi Padre muchas moradas hay… para que donde yo estoy, vosotros también estéis". Es decir, en la casa del Padre {Juan 14: 2, 3}. Es aquí donde Él presenta los santos como el fruto de la aflicción de Su alma. Este es siempre el orden, 'En primer lugar "hijos", luego "herederos". Como leemos en Efesios 1, 'predestinados para filiación por medio de Jesús', (Efesios 1: 5), luego, "En él asimismo tuvimos herencia". (Efesios 1: 11). La relación más excelsa que nosotros tenemos es la filiación con el Padre.

 

Tenemos así, en 1ª. Tesalonicenses 3: 13, "para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos". Ahora bien, ustedes encuentran que en ese momento el apóstol desvelará el mal que se va a manifestar mientras los santos están en lo alto, antes que ellos resplandezcan en gloria con Cristo; antes que venga el Señor "con muchos millares de sus santos". (Judas 14 - LBLA).

 

Este arrebatamiento de los santos de Dios es una necesidad positiva en la completación de la gracia que se ha ocupado de nuestra causa. Uno siente que la Escritura estaría incompleta sin él. Es la consumación — la finalización de la gracia. Es el poder colocándolos en el lugar glorioso para el cual Su sangre preciosa los ha hecho aptos en el resultado positivo de la aptitud en que ellos están ahora.

 

Se ha dicho, pero equivocadamente, que son solamente los que están esperando a Cristo los que serán arrebatados cuando Él venga {es la noción del arrebatamiento parcial}. Pero la Escritura nunca supone que un santo no esté esperándolo a Él. Ello presenta la condición normal de los Cristianos; nuestro nivel común en cuanto a posición y esperanzas; aunque hay, sin duda alguna, grados de comprensión y disfrute plenamente reconocidos. En consecuencia, ustedes nunca encuentran en la Escritura un santo que no está esperando a Cristo. Muchos ¡lamentablemente! han zozobrado en un estado anormal; muchos nunca han tenido la esperanza — nunca se les despertaron afectos nupciales. ¿Desecha esto esta esperanza bienaventurada? ¿Cambia esto Su gracia soberana? ¡No! Bendito sea Dios, y el arrebatamiento de Sus santos es el fruto de Su gracia soberana; y esperando o no, todos serán incluidos en esa hueste prodigiosa — porque Él debe ver el fruto de la aflicción de Su alma.

 

Ahora bien, la palabra usada para "venida", parousía, es un término amplio y abarcador en la Escritura, como hemos visto. Abarca en su alcance el intervalo desde el arrebatamiento de los santos {el rapto}, hasta el resplandecer de ellos en gloria {la aparición} — es decir, la manifestación de ellos con el Señor a todo ojo. El Señor hará muchas cosas durante ese intervalo. Su primera acción será desplazarse de Su asiento actual en el trono del Padre para encontrarse con ellos en el aire. Su voz es oída, "y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor". (1ª. Tesalonicenses 4: 16, 17).

 

De 1ª. Tesalonicenses 3: 13 nos enteramos de otro paso. Él los presenta a Su Padre en la casa de Su Padre en lo alto. 'En primer lugar hijos, luego herederos' es el orden divino. Gustaremos en aquel entonces las alegrías de la casa del Padre, ya convertida en hogar de nuestros corazones, entre sus muchas mansiones {moradas}. En este pasaje encontramos que la "venida" mira a un momento más allá de la presentación de ellos en la casa del Padre; y esto es debido a que Pablo había introducido el pensamiento de responsabilidad y santidad. Por eso se prolonga hasta el momento cuando ellos aparecen con Él; y toda responsabilidad en cuanto a la senda de ellos y las maneras de santidad hayan pasado bajo el escrutinio de Su ojo.

 

Cuando los santos están hospedados así con seguridad en lo alto, el despliegue completo del mal en la tierra tiene lugar. Estas epístolas desarrollan eso; así que ya ven, estamos encontrando en estas Escrituras los pasos entre nuestros dos puntos en Hechos 17. La Palabra sigue diciendo, "Paz y seguridad" en vísperas de su "destrucción repentina" de la cual ellos "no escaparán". (1ª. Tesalonicenses 5: 3).

 

Nada puede ser más solemne que el estado de cosas en la hora actual. El clamor desde el corazón incrédulo de muchos es, «El mundo espera a un hombre.» Ustedes, amados hermanos, están informados de lo que está por venir. Como el hombre "prudente", el cual "ve (prevé) el mal y se esconde", mientras "los simples siguen adelante y son castigados". (Proverbios 22: 3 – LBLA). Ustedes están arreglando sus lámparas, y saliendo a recibir a su Señor. Las personas dicen que la venida del Señor es la muerte. ¡Qué locura! ¿Quién ha oído alguna vez que la muerte es nuestro Señor? Y Sus propios labios nos han dicho que seamos "semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese". Jesús es esto. Él es nuestro Señor y Salvador, y espera que nuestros corazones, con gozo ajeno a este mundo, puedan estar esperándolo a Él.

 

En 2ª. Tesalonicenses 2 él los hace recapacitar y los exhorta mediante la esperanza propia de ellos. Leemos, "La venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él", que no sean sacudidos fácilmente por la carta falsa, "como si fuera nuestra", "en el sentido de que el día del Señor ha llegado". (2ª. Tesalonicenses 2: 1, 2 – LBLA). La manifestación pública, o "día" del Señor, no vendría mientras ellos estuvieran aquí, y antes de aquel día, el inicuo, el hombre de pecado — sería revelado. El misterio de la iniquidad estaba en acción en aquel entonces; la apostasía vendría, y entonces él se sentaría en el templo de Dios como Dios, estaría allí. Entonces el Señor aparecería en gloria con esos santos celestiales que vienen con Él desde la casa del Padre en lo alto. El día "que arderá como horno" cuando el resplandor de la gloria del Sol de Justicia consumiría a los malos hasta convertirlos en cenizas, e introduciría salvación y refrigerio ¡a la ahora limpia y preparada tierra milenial! (Malaquías 4: 1 al 3). Este rey obstinado — este inicuo encontraría su perdición, como también aquellos que fueron engañados y que lo siguieron voluntariamente, sin recibir el amor de la verdad para ser salvos.

 

Ustedes a menudo han notado las "alas" del "Sol de Justicia", al leer Malaquías 4. Yo creo que aluden a los santos previamente arrebatados, los cuales esperan a Jesús, la estrella de la mañana, antes del amanecer; antes de que Él aparezca como el "Sol" de aquel día de gloria. Esto también es insinuado en Mateo 13: 41 al 43. "El Hijo del Hombre" limpia "Su reino" mundial de todas las cosas que son piedra de tropiezo y de los que hacen iniquidad; y entonces los santos glorificados resplandecerán como el sol — Sus alas — en el reino del Padre de ellos en lo alto. Cuando Él se levanta para introducir aquel día glorioso, ello es ardiendo como horno, el cual consume hasta convertir en cenizas a los malos, y con salvación en Sus alas para los demás. Si Él consume al inicuo con el Espíritu de Su boca y lo destruye con el resplandor de Su venida {2ª. Tesalonicenses 2}, la iglesia glorificada llega a ser entonces el canal de gracia para la tierra renovada. A través de ella, y del trono de Dios y del Cordero en medio de ella, sale el torrente vivo de agua de vida, a un mundo donde la salvación (o, sanidad) es aún el servicio de Sus redimidos (Vean Malaquías 4 y Apocalipsis 22: 1, 2).

 

Así que aquí en Tesalonicenses Él viene a consumir a algunos en juicio y a ser admirado en los que creen en aquel día {2ª. Tesalonicenses 1}, cuando el Señor reparará todo lo que ha sido arruinado por el primer hombre responsable. Él toma Su gran poder y reina por los mil años.

 

Pues bien, amados hermanos, ¿cuál ha sido el gran pecado de la iglesia profesante? Ha sido renunciar a la esperanza constante e inmediata de la venida del Señor. Yo les ruego que cuando ustedes encuentren introducido el más mínimo pensamiento de que algo aún se tiene que cumplir entre este momento y la venida del Señor por Sus santos, lo traten como se merece — a saber, como a la voz del siervo malo que decía en su corazón, ¡"Mi señor tarda en venir"! Es posible que usted no pueda interpretar la Escritura en gran medida, usted puede ser un hombre simple, pero uno cuyo corazón es fiel a Cristo. Le ruego que retenga usted lo que sabe — a saber, que Su venida por Sus santos es su esperanza; y no permita que lo que usted no sabe perturbe su esperanza, — no permita que la voz del siervo malo encuentre una entrada a su alma. Trátela como Su voz, como Su advertencia, incluso si viene revestida con toda la veneración de la antigüedad, con las opiniones de siglos, la erudición de teólogos, incluso de la piedad de hombres que han vivido y muerto por Cristo. Trátela, yo digo, como la enseñanza del siervo malo, y rechácela si quiere usted ser fiel a un Señor ausente.

 

Vean lo que la enseñanza del siervo malo (Mateo 24: 45 al 51) produjo en las diez vírgenes que habían salido a recibir al Esposo. (Mateo 25: 1, etc.). Leemos, "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes", etc. Entonces, en un momento dado, ante los ojos de Jesús cuando Él pronunciaba la parábola, estando la profesión de Cristianismo a punto de establecerse, el reino asumiría un cierto carácter; todos los que habían salido renunciarían a la esperanza, y entrarían de nuevo para descansar; Leemos, "cabecearon todas y se durmieron". La esperanza de Su venida pronto fue tratada como una herejía. Entonces llegó la medianoche y en ese momento solemne el clamor fue reavivado. Su corazón no desea encontrar a Su pueblo durmiendo entre los muertos. Él ha revivido la esperanza que yacía dormida por siglos. ¡Él ha presentado Su único clamor despertador! ¡Él nunca lo repite! Es posible que sea cada vez más fuerte — Dios lo conceda mientras Él tarda. Este clamor puede encontrar una respuesta en muchos corazones hundidos en el formalismo muerto, pero recuerden, Él nunca lo repite. ¿Dónde nos encontramos ahora en esta época en la que todo es quebrantado? Nos encontramos en el pequeño intervalo entre el grito de medianoche y el amanecer del día. El ojo ejercitado ve en la confusión del momento actual la acción después de la medianoche. Pero presten atención a la actitud calmada y pacífica de esas cinco vírgenes prudentes. Ellas son perfectamente conscientes que tienen su derecho a entrar. No hay prisa alguna — no hay ninguna vacilación en cuanto a esto. Observen también el estado activo de ellas. Están arreglando sus lámparas, y hay aceite (el Espíritu Santo) en sus vasos. Las insensatas ¡pobrecillas! están buscándolo. Vean las multitudes alrededor de ustedes en la actualidad. Algunos engañados en el Ritualismo; algunos en el Papismo, (la Iglesia católica, con sus organismos y doctrinas), con sus pretensiosas reivindicaciones; algunos volviéndose a una cosa; algunos a otra. Todos buscando el aceite que los prudentes poseen. Ellos no saben dónde conseguirlo. Y en su búsqueda — también en el estado activo de los prudentes — ellos son apartados. ¡Dios está separando "lo precioso de lo vil"! Las diez vírgenes habían empezado juntas algún tiempo antes, despertadas por un clamor que quizás no habían entendido. Pero en su búsqueda ellas son separadas de las prudentes. Las prudentes no las siguen; pero las insensatas tienen que venir y buscar consejo de las prudentes. Noten, también, cuando la puerta fue cerrada, el clamor desesperado por la admisión. Pero el día de la gracia había pasado, ¡y la esperanza desapareció para siempre! Yo no puedo concebir nada más solemne que el clamor, "¡Señor, señor, ábrenos!" Y la calmada y justa respuesta de Uno cuyo corazón está aún abierto para dar la bienvenida a los perdidos en el día de la gracia, "De cierto os digo, que no os conozco". ¿No nos transmite esto el pensamiento de que un día está llegando cuando el descuidado, el que procrastina (difiere, aplaza), y el profesante, se despertarán a la terrible realidad de que la puerta está cerrada, para no abrirse para ellos nunca más; y que un clamor de desesperación y consciente ruina resonará a lo largo y ancho de estas tierras, por tanto tiempo favorecidas con la luz del Cristianismo? Oh, si los pecadores fueran prudentes — si consideraran la solemnidad del momento que ocupamos en la historia de las cosas a nuestro alrededor. Cuán pronto esa puerta puede ser cerrada, y la esperanza puede ser una cosa del pasado. Qué poca respuesta tiene también el clamor encontrado en el corazón de los Suyos; sin embargo, antes que llegue el juicio del cuerpo profesante, Él advertiría a Su pueblo y los despertaría, para que sus bien arregladas lámparas iluminen Su entrada, y repelan las tinieblas que se hacen más densas, cuando los momentos, precursores del amanecer, ¡aceleran su camino!

 

Que nuestros corazones puedan velar y esperarlo a Él, la estrella resplandeciente de la mañana. Ser hallados velando y esperando cuando Él viene resarcirá al corazón que se lamenta por Su ausencia, ¡y vive aquí, con y para, un Señor ausente!

 

La Iglesia en la Gloria, y La Casa del Padre

 

Sermones Acerca de la Iglesia

 

Sermón 6

 

Hasta aquí yo he procurado presentarles algunos de los grandes rasgos sobresalientes de la iglesia de Dios. Lo que ella es en Sus consejos y propósitos; lo que ella es ahora mantenida en la tierra por medio de la presencia y el poder del Espíritu Santo; lo que el hombre ha hecho de todo esto aquí abajo; y el aspecto en que Cristo es visto con referencia a la gran profesión de Cristianismo en la tierra; y por último, cuál es la senda del pueblo del Señor en medio del caos y la ruina alrededor de ellos en la hora actual.

 

Dios está recuperando a Sus santos mediante la verdad, para andar en la verdad de la iglesia de Dios, como reunidos en el nombre del Señor Jesucristo antes que Él venga. No puede haber ninguna recuperación eclesiástica de toda la iglesia; intentarlo es solamente un fracaso, y sólo hace que la confusión sea más confusa. Pero Dios nunca obliga a Sus hijos a pecar. Nunca los deja sin una senda en la que ellos puedan andar como es digno de Él, y donde el corazón y la conciencia puedan descansar.

 

Asimismo, es una alegría para el corazón el hecho de pensar que Él mantendrá hasta el final unos pocos fieles cuya senda y cuyos modos de obrar responderán a Su pensamiento y a Su voluntad. El último profeta del Antiguo Testamento reconoció y se dirigió a un remanente en medio de lo que era tan malo en aquel día, y tal remanente fue encontrado cuando el Señor vino por primera vez (Lucas capítulos 1 y 2). Las últimas epístolas del Nuevo Testamento tienen en cuenta a unos pocos piadosos, edificándose en su santísima fe (Judas 20, etc.); y el corazón ve que por gracia serán hallados aquellos que están en esa fiel condición cuando Él venga de nuevo.

 

En una ocasión anterior yo les hablé de nuestra esperanza bienaventurada como estando ella conectada con nuestra condición actual, la esperanza de la venida del Señor por los Suyos. ¿Hasta qué punto, nos preguntaremos, hemos estado viviendo en esa esperanza durante la semana pasada — durante el día pasado? ¿Hasta qué punto ella ha sido la expectativa de nuestras almas de hora en hora? ¿Ha estado intensamente la persona del Señor Jesucristo ante nuestros corazones? Existen dos motivos por los que deberíamos esperar Su regreso: en primer lugar, porque hay tanto aquí abajo que es contrario a Su gloria, y en segundo lugar, porque Lo amamos y anhelamos estar en Su propia inmediata presencia. Y esto se verá reforzado a medida que el corazón busca intimidad y un conocimiento más profundo de Cristo, el cual se entregó a Sí mismo por nosotros.

 

En esta ocasión deseo hablarles un poco acerca de "la novia, la esposa del Cordero" (Apocalipsis 21: 9 – LBLA), como es exhibida en la gloria milenial. Dios actúa así sobre nuestras almas mediante esta verdad: Él trae la gloria futura ante nosotros como una realidad práctica actual en su poder santificador. Él nos revela la gloria preparada para nosotros desde la eternidad, un campo ilimitado de interminable gozo; nos señala a Uno que ha ido a lo alto, el centro de todo, Uno que puede absorber los afectos de nuestros corazones como el único objeto digno de ellos — a saber, Cristo, a quien hemos conocido abajo en debilidad y dolor, y es el centro de esa escena de luz y bienaventuranza. Él nos ha dado el Espíritu para que more en nosotros, y para darnos a conocer las cosas celestiales ahora; para revelar esas cosas que "ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano — las cosas grandes que ha preparado Dios para los que le aman. Pero a nosotros nos las ha revelado Dios por medio de su Espíritu; porque el Espíritu escudriña todas las cosas, y aun las cosas profundas de Dios". (1ª. Corintios 2: 9, 10 – VM).

 

Él toma de las cosas de la gloria de Cristo, y las coloca ahora ante nosotros, para que podamos vivir en ellas — vivir en el amor del Padre, y en el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento — para que mientras estamos aquí podamos ser el reflejo de Cristo. Por tanto, Él revela la gloria para que nuestros corazones puedan ser llevados a ella, y para que ella pueda tener su propio poder santificador sobre nosotros.

 

Es interesante inquirir cuánto, y en qué diferentes maneras el poder práctico de la gloria de Dios es traída ante nosotros en las Epístolas. La gloria es la consumación de Su gracia para con nosotros.

 

Comiencen con Romanos, donde la epístola considera nuestra esperanza (Romanos 5: 2), leemos, "nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios". Nosotros no podemos ser más aptos para el cielo, porque nuestra aptitud depende de lo que Cristo ha hecho; pero nuestra capacidad para disfrutar esa gloria puede, no, más bien, debe crecer. Tal como ha sido dicho de manera tan excelente, «La santificación actual tiene todos los elementos de la gloria futura, y la gloria futura contiene todas las cualidades de la santificación actual.» Ello es así. Nosotros somos formados por aquello que hacemos que sea nuestro objeto. Así es con Pablo, el cual nos presenta el resultado de su experiencia de Cristo: lo que él había "aprendido". "Más aún, todas las cosas las tengo por pérdida, a causa de la sobresaliente excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, Señor mío". (Filipenses 3: 8 – VM). Ello era el manantial de su consagrada senda de servicio y de ¡la entrega de sí mismo al arduo trabajo! "Para mí el vivir es Cristo", es su principal y único objetivo, para que sea "magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte". (Filipenses 1: 21; Filipenses 1: 20). Sin embargo, mientras más él Le conocía, más anhelaba conocerle: leemos, "a fin de conocerle". (Filipenses 3: 10).

 

Tomen la segunda epístola a los Corintios. En 2ª. Corintios 3: 18 leemos, "Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen". El apóstol dice, "Nosotros todos", pues es el gozo común de cada Cristiano mirar esa gloria resplandeciendo en la faz de Jesús, y ser así transformado. La primera mirada fue sobre un Hijo del Hombre levantado y muriendo en la cruz por nuestros pecados. Pero Él ahora no está allí: Él ha dejado la cruz, ha pasado por la muerte y el sepulcro, ha resucitado y ha ascendido a lo alto, un testimonio de que la justicia de Dios ha sido vindicada contra el pecado y ahora es manifestada. ¿Procuro yo ser semejante a Él? ¿Qué corazón que Le conoce no anhela ser transformado en la misma imagen? ¿Cómo será entonces? ¿Será estudiando a un Cristo humillado y procurando andar como Él anduvo? No; el poder no es encontrado allí. ¿Procuraré conformidad y semejanza a Él ocupándome de mí mismo, examinando mi propio corazón para producir lo que es de Él allí? No; ¡eso nunca lo hará! Entonces, ¿cómo llegaré yo a ser semejante a Él? Mediante el corazón ocupándose con Cristo en la gloria; mirándole a Él y alimentándose de Él, y con mi corazón absorto con Él en la esfera de la inmaculada luz de Dios donde Él llena todas las cosas, y adonde la carne y el yo nunca pueden llegar. Yo encuentro allí que miles de cosas se oscurecen, las cuales no son aptas para esa escena, ni para el corazón de Aquel que está allí. La carne y el yo se marchitan a su verdadero lugar de muerte; las hermosas líneas de Cristo son escritas en tablas que son corazones de carne mediante el ministerio del Espíritu Santo (2ª. Corintios 3: 3 – VM), y los rasgos morales de Su gloria son reproducidos en la conformidad cada vez mayor de nuestros modos de obrar a Él.

 

Esteban, mirando a Su Señor en la gloria, enfrenta las tormentosas olas de un mundo que aborreció a su Señor antes de aborrecerle a él; y el vaso de ellos, roto por las piedras de la muchedumbre, sólo emite la hermosa luz de su Señor glorificado cuando él experimenta la comunión de Sus padecimientos. Él es entregado a la muerte por causa de Cristo, y la vida de Jesús es manifestada en su carne mortal. Yo no puedo continuar sin recalcar aquí un rasgo en el que Cristo sobresale — pues en todo Él debe tener la preeminencia. Esteban dice en primer lugar, "Señor Jesús, recibe mi espíritu": y luego se arrodilla y ora por Saulo y por los que lo estaban apedreando, libertando así su espíritu. Con Jesús no fue así. Él dice en primer lugar, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23: 34), y al final de la cruz Él encomienda Su espíritu a Su Padre. El orden se invierte; Esteban no era más que un hombre — aunque en verdad fue un mártir bienaventurado; Jesús era la manifestación de la bondad divina: Hombre perfecto en dependencia delante de Dios, Él era también Dios revelado perfectamente al hombre.

 

También en Colosenses, donde somos vistos pasando a través de las circunstancias profundas y escudriñadoras del corazón del camino del desierto, la gloria de Dios es aplicada de nuevo a nosotros. Leemos, "Fortalecidos con todo poder", para una escena donde todo está en contra de nosotros. ¿Cuál es la medida del poder?

 

Es, "según la potencia de su gloria" (no, 'glorioso poder', como rezan algunas traducciones). Ustedes dicen, «Qué maravilloso resultado se producirá con semejante poder.» Pero, ¿para qué somos nosotros fortalecidos? ¡"Para toda paciencia"! ¿Acaso no es esa una nueva forma de hacer que yo sea paciente en esta escena? Paciente en medio de sus penas, pruebas, tentaciones, y conmociones. Y "fortalecidos… para toda… longanimidad"; la longanimidad que soporta sin murmurar toda mala obra, ya que puede llevar a cabo toda buena obra por medio de Cristo que le da fortaleza. Pero esto lo hemos tenido ante nosotros anteriormente; solamente que la expresión "con regocijo" corona el versículo, leemos, "fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad con regocijo". (Colosenses 1: 11 – JND). No es el corazón asumiendo una actitud de sumisión con dolor en el centro, es decir, lo que llamamos resignación (una palabra desconocida en la Escritura), sino que es el regocijo del corazón brotando hacia Él que está en la gloria, en respuesta a los recursos de Su gloria que fortalecen para la misma senda de pacífico descanso en el amor y en la voluntad del Padre que a Él le caracterizaban.

 

Pasen a la epístola de Santiago y encontrarán nuevamente la gloria y sus principios presentados como un motivo y un poder para la conducta aquí. Leemos, "Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo, Señor de la gloria, [junta] con acepción de personas". (Santiago 2: 1 – JND). Si ustedes tienen fe — la fe de la gloria, a la cual se dirigen sus pasos, no sigan con el espíritu del mundo que coloca al hombre pobre en el plano inferior, y al hombre rico ¡en el asiento de honor! Que los principios de la gloria formen sus modos de obrar, para que el espíritu del mundo pueda ser quebrantado en ustedes.

 

Además, consideren 1ª. Pedro 4: 14, donde leemos, "Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por ellos El es blasfemado, pero por vosotros es glorificado". (1ª. Pedro 4: 14 – LBLA). Cuando yo siento que he sido vituperado por el nombre de Cristo, ¡ello es como si las orlas de la gloria me hubieran tocado! El espíritu de gloria donde Cristo está ha tocado, por así decirlo, a aquel que ha sido menospreciado por Su nombre. Tómenlo donde ustedes quieran, amados hermanos, el poder de la gloria de Dios es aplicado para la santificación actual sobre nuestros corazones y modos de obrar. De modo que ya sea para esperanza, o para conformidad a Cristo; para paciencia por el camino, o para lidiar con el espíritu del mundo; o con respecto al vituperio de Cristo, la gloria de Dios revelada en Cristo es instada en el alma como el poder para la producción de lo que es de Él en el Cristiano. Vean Juan 17: 19.

 

Leamos ahora: Apocalipsis 21: 9 al 27; Apocalipsis 22: 1 al 5.

 

Para volver a mi tema, sólo menciono inmediatamente, de paso, que los versículos que hemos leído nos presentan la descripción de la exhibición milenial de la esposa al mundo. Los santos han sido tomados a lo alto, y desde Apocalipsis 4 son vistos en el cielo durante los juicios que siguen a continuación, preparatorios para el reino de nuestro Señor Jesucristo. En Apocalipsis capítulos 2 y 3 la iglesia está en su condición actual; en Apocalipsis 4 los santos son vistos en la gloria, donde ellos permanecen hasta que aparecen como los ejércitos del cielo con Cristo en juicio, en Apocalipsis 19: 14. Entonces Satanás es atado, y en Apocalipsis 20: 4 al 6, el hecho de los mil años del reino es mencionado; y luego ustedes encuentran la breve temporada después de los mil años cuando Satanás es soltado una vez más (Apocalipsis 20: 7 al 10). El juicio del gran trono blanco concluye la triste historia de esta tierra, y el cielo nuevo y la tierra nueva siguen a continuación (Apocalipsis 21: 1 al 8), lo cual concluye todo. Quedó una cosa por decir, y encontramos que ella sigue a continuación y constituye mi tema para esta tarde noche.

 

"La novia, la esposa del Cordero" (Apocalipsis 21: 9 – LBLA), es vista en su gloria personal y relativa. Y lo que es de tanta real importancia y de bendición para nuestras almas es que toda la obra santificadora que Cristo está realizando ahora en Sus santos saldrá a la luz, y el resultado será visto en gloria como es mostrado aquí. Leemos que Él "amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha". (Efesios 5: 25 al 27). ¡Qué motivo, entonces, para rendirnos a Él para que Su gracia no pueda ser obstaculizada! Él santifica mediante la acción de la Palabra; Él desvela todo lo que obstaculiza la comunión con Él mismo en esa escena resplandeciente; Él mismo se revela y se presenta al corazón de Sus santos — para apartarlos de esta escena, y llenar sus corazones de Él mismo. Después, Él se presentará a Sí mismo Su iglesia gloriosa, sin una mancha de contaminación o arruga de vejez — ni un rastro de la escena a través de la cual ella ha pasado; la Eva celestial del postrer Adán ¡para el paraíso de Dios!

 

Esta escena maravillosa es demasiado a menudo vista como algo del futuro; una descripción con puntos de interés reales, sin duda alguna, pero que presenta muy poco poder formativo actual a nuestras almas. Cuando llegue la manifestación de ese día de gloria será muy tarde para usar la Escritura de esta manera.

 

Yo creo que en esa exhibición de gloria se verá lo que Cristo era personalmente, se verá para lo que el santo — para lo que la iglesia fue dejada aquí para ser — relativamente, por Su gracia, y lo que la iglesia glorificada será de manera absoluta, como exhibiendo las glorias del Cordero — todo esto sale a la luz en esta escena.

 

Leemos, "Teniendo la gloria de Dios". (Apocalipsis 21: 11). Una cosa debe sorprendernos de manera convincente y ello es cuánto la gloria de Dios está entrelazada con la descripción de la ciudad celestial. Ustedes tienen a ambas en palabras y figuras literales. Ustedes la encuentran en los cimientos de la ciudad; en sus muros; en su luz interior y en su apariencia exterior: ¡todo es gloria! Ella sustenta, rodea, envuelve e ilumina toda la escena. La gloria de Dios ha envuelto a los santos, y ellos moran en la gloria de Dios. No hay duda alguna, es la exhibición milenial de dicha gloria; sin embargo, ella da carácter a la iglesia, que aun ahora está puesta en este mundo para exhibir a él los rasgos morales de esa gloria. "La gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera [o, su portador de luz]". (Apocalipsis 21: 23).

 

Aquí se la ve, en la perfección de la gloria dada por Cristo, como respondiendo a su pleno carácter. Él, por no decir nosotros, no podría estar satisfecho si no fuese así. Ella es la exhibición de la gloria a la tierra milenial. Ella misma no desciende a la tierra, sino que derrama la luz de esa gloria abajo, sobre Jerusalén. Como la Jerusalén celestial la iglesia mantiene aún su carácter como la exhibición de la gracia; así como Jerusalén será abajo en centro del gobierno terrenal en aquel día. Qué triste es ver que un Cristiano que incluso ahora es celestial (1ª. Corintios 15: 48), trate de mezclar estos dos principios; como por ejemplo, un Cristiano actuando como un magistrado, o participando en la política de este mundo. ¿Qué está haciendo él? Está procurando mezclar el gobierno de la tierra con la gracia revelada desde el cielo. Ello es imposible ahora, pero ambas cosas tendrán su lugar en la manifestación milenial de la gloria de Cristo. Si desde la Jerusalén celestial — el vaso de la gracia — las hojas del Árbol de la vida son ministradas para la sanidad de las naciones, en la Jerusalén terrenal se ve que el juicio es vuelto a la justicia, [o volverá a ser justo]. (Salmo 94: 15). "La nación o el reino que no te sirviere perecerá". (Isaías 60: 12).

 

En este capítulo 21 de Apocalipsis, uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas siete plagas, viene y lleva a Juan en el Espíritu a un monte grande y alto. No se trata de un desierto desde el cual el ve a la mujer, como en Apocalipsis 17: 3. Es sorprendente ver los diferentes puntos de vista desde los cuales el vidente ve cada visión a medida que pasan ante él en este libro; cada lugar es adecuado a lo que él contempla. Leemos, "sobre la arena del mar" él se para para ver "subir del mar una bestia", la cual tipifica el Imperio Romano revivido subiendo de la masa de gentes en el estado de agitación de las naciones. El "desierto" es un lugar apto desde el cual ver la Babilonia mística, embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús. Un "monte", "grande y alto" es la plataforma desde la cual él contempla a esta Jerusalén celestial — la esposa, "descendiendo del cielo, desde Dios". (Apocalipsis 21: 10 – VM). Ella no viene a la tierra, sino que es bajada para que la tierra pueda ver su gloria, la gloria de Dios exhibida en ella.

 

Es notable que lo que nosotros conocemos ahora como miembros de Cristo, por medio del Espíritu de Dios enviado, otros lo contemplarán en aquel día. Leemos en Juan 14: 20, "En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros". Presten atención aquí al orden, el Hijo se ha ido a lo alto, habiendo consumado la redención, Él está en el Padre; el Espíritu Santo ha sido enviado y da la conciencia de ser uno en naturaleza y en vida con Aquel que está allí: nosotros estamos en Él allí, y si es así, Él está en nosotros aquí. Esta es la conciencia que el Espíritu de Dios nos da ahora.

 

Pues bien, si pasamos a un versículo en Juan 17 encontramos que el orden de Juan 14: 20 se invierte. El Señor dice aquí, "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí". Aquí no es Cristo en el Padre y nosotros en Él, sino que el orden se invierte exactamente. Es Cristo en ellos mostrado tan perfectamente como el Padre estaba en Él. (Juan 17: 22, etc.). El Señor Jesús se refiere al día de gloria que está ante nosotros. Por tanto, Él puede hablar de que nosotros somos "perfeccionados en unidad", y "para que el mundo sepa". (Juan 17: 23 – LBLA). Ahora bien, nosotros debimos haber andado de tal manera para que el mundo pudiera haber creído; pero ¡lamentablemente! no hemos logrado mostrar a Cristo al mundo. En qué gracia infinita Él nos lleva al día cuando no habrá más fracaso, sino que Él será mostrado perfectamente en nosotros, "para que el mundo sepa que tú me enviaste", cuando los vea a ustedes, mis hermanos, y a todos los santos, en la misma gloria del Hijo de Dios — "y que los amaste tal como me has amado a mí." (Juan 17: 23 – LBLA).

 

Esta ciudad es esa manifestación. Ella tiene la gloria de Dios — leemos, "teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal". Jaspe es un símbolo usado para la gloria de Dios (vean Apocalipsis 4: 3). Ella tiene la gloria "de Dios"; y sin embargo dicha gloria es llamada "su fulgor (o, su luz)". (Apocalipsis 21: 11). ¿Por qué es esto? Supongan que Dios ha producido las gracias de Cristo en los santos aquí. Pues bien, la pura gracia lo ha hecho; sin embargo Él lo imputaba a ellos. Así es aquí; si la iglesia tiene la gloria de Dios, sin embargo ella es su fulgor (o, su luz), por Su gracia. ¿Qué era el propio Cristo? Dios manifestado en la tierra en ese Hombre humilde. Usted anhela ser semejante a Él; usted anhela que las gracias y la mente de Cristo puedan ser reproducidas en usted; pues bien, las que existen, son contadas como suyas, aunque Su gracia las haya forjado. Como cuando en Apocalipsis 19: 8, a Su esposa "le fue dado que se vistiese de lino fino blanco, resplandeciente y puro", y de este lino se dice que, "es la perfecta justicia de los santos", aunque absolutamente todo es la producción de Su propia gracia en ella. (Apocalipsis 19: 8 – VM). Lo que ella era en la tierra, lo que Él produce en Su pueblo, y lo que Él exhibe en gloria, todas estas cosas son vistas.

 

"Tenía un muro grande y alto, y tenía doce puertas, y en las puertas doce ángeles". (Apocalipsis 21: 12). Ustedes encuentran aquí el aspecto humano así como el divino. Doce puertas y doce ángeles. Si ustedes consideran al propio Cristo en la tierra, encuentran el aspecto humano y también el divino. Si Él toma un niño en Sus brazos, ello es un hermoso acto de humanidad; pero cuando Él lo estrechaba a Su corazón, ¡Él lo estrechaba al corazón de Dios! Un acto humano, y sin embargo divino. A la viuda de Naín Él dice, "No llores", y eso provenía de un compasivo corazón humano. "Joven, a ti te digo, levántate", era la voz de Dios que da vida a los muertos. "Y lo dio a su madre", ¡nuevamente el tierno corazón del hombre! (Lucas 7: 11 al 17). Ustedes no saben en qué momento es el hombre, y en cuál es Dios en estos destellos de Su gloria moral. (Ver nota 1). Así en la ciudad celestial; si ustedes encuentran la "gloria de Dios", encuentran también las doce puertas.

 

(Nota 1. El lector debe tener siempre en cuenta que cada acto humano del Señor Jesús tenía una fuente divina en él. Debido a la unión en Él de lo humano y lo divino, cada acto humano y cada palabra del Señor Jesús tenían el valor infinito y la gloria de Su persona en ellos).

 

El pensamiento del "muro" es seguridad, así como el de los "cimientos" es estabilidad. Los ángeles son los porteros dispuestos; ellos han sido los instrumentos de la realización de la providencia de Dios. Aquí ellos están afuera. Ángeles no celosos que desean mirar la medida de la gracia para con el hombre. La iglesia es ahora un espectáculo para los ángeles y para los hombres (1ª. Corintios 4: 9); así será ella entonces. La mujer "debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles". (1ª. Corintios 11: 10). Llegado ese día la esposa también tiene gloria, y los ángeles están como porteros a las puertas, contemplando así "la multiforme sabiduría de Dios". (Efesios 3: 10).

 

Permítanme comentar que los doce ángeles tienen un lugar doble, a saber, en relación con el reino abajo, así como en la iglesia en lo alto. El Señor prometió a los Suyos, "cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel". (Mateo 19: 28). Ellos tienen el lugar principal en la administración del reino, y están en los cimientos de la ciudad en lo alto. Leemos, "Tenía un muro grande y alto con doce puertas, y en las puertas doce ángeles; y en ellas había nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel". (Apocalipsis 21: 12 – LBLA). Los nombres de las tribus están escritos en las puertas: la puerta era el lugar de autoridad y administración judicial, de lo cual el orden tribal de Israel era el centro. Recordemos, "Lot estaba sentado a la puerta, etc." (Génesis 19: 1). Esto es transferido ahora a la iglesia; por eso los nombres de las tribus de Israel están escritos en sus puertas — el símbolo de tal orden administrativo — transferido así. Leemos, "al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero". (Apocalipsis 21: 13, 14).

 

Leemos a continuación, "El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro". Si ustedes consideran la Jerusalén terrenal en Ezequiel, Él la mide con un cordel de lino (Ezequiel 40: 3), como Su posesión. Pero esto no será suficiente para medir aquello que es el fruto de la aflicción del alma de Cristo. Ustedes pueden recordar que en Efesios 2: 7 se dice que por medio de la iglesia Dios mostrará "en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús". Ustedes no pueden medir por medio de medición humana aquello mediante lo cual Dios revela y muestra a la eternidad el pleno alcance de Sus riquezas de gracia, en su bondad para con nosotros.

 

Dios es el símbolo de la justicia divina. La estimación del resultado completo de Sus consejos de eternidad, resultado que viene ahora en gloria que puede ser mostrada, sólo puede ser según Su propia naturaleza. Sólo Dios puede evaluar de manera justa la aflicción del alma de Jesús cuando Él hizo de Su alma una ofrenda por el pecado: cuando Él presentó a Su Padre un motivo nuevo para el amor de Su Padre. "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar". (Juan 10: 17). "La ciudad se halla establecida en cuadro,… la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales". Era un cubo, el símbolo de la perfección divinamente dada. (Apocalipsis 21: 16).

 

"El material de su muro era de jaspe"; ese es el símbolo de la gloria de Dios. En Apocalipsis 4: 3 leemos, "el aspecto del que estaba sentado [en el trono] era semejante a piedra de jaspe y de cornalina". También era jaspe "el primer cimiento" del muro. La gloria de Dios es, por tanto, el cimiento, la seguridad, la estabilidad, y la luz de la ciudad celestial. ¡Oh, de qué manera el corazón adora al contemplar tal escena! Su gloria envuelve a Su pueblo por todos lados.

 

Y "la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio". (Apocalipsis 21: 18). El oro es la justicia divina, y el vidrio limpio representa la pureza transparente y fija de la verdad. Por tanto, la ciudad representa en este maravilloso símbolo lo que Cristo era en Sí mismo, y lo que el "nuevo hombre" es, "creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad". (Efesios 4: 24). No es Adán en inocencia, cuando él no conocía el bien ni el mal; ni Adán caído, y hecho justo mediante la ley, si eso hubiera podido ser para el hombre caído, sino un "nuevo hombre" creado en toda la hermosura de la justicia de Dios por gracia, y la transparente veracidad de Cristo — ¡tan transparente como el día! Si nosotros consideramos nuestros propios corazones, qué pobre, qué traicionero, qué cosas de doble ánimo ellos son; pero no es así con Dios. Colocado así en justicia divina delante de Dios, en Cristo, con la verdad en el interior, en la medida en que el nuevo hombre está en acción, ello es semejante a Aquel que pudo responder, cuando los Judíos Le preguntaron, "¿Tú quién eres?" "Soy absolutamente "ese mismo que os he dicho desde el principio". (Juan 8: 25 – VM).

 

En cuanto a los cimientos, ellos están adornados con todo tipo de piedras preciosas. Cuando Dios se muestra a Sí mismo, Él lo hace bajo la figura de esas preciosas piedras de colores, como a menudo ha sido comentado. Capturen el rayo brillante e incoloro del sol y sepárenlo en un prisma, y ustedes encontrarán que el rayo incoloro se fracciona y se convierte en los variados colores del arcoíris. "Dios es luz" — y mora en la luz inaccesible a la cual nadie puede acercarse ni ver. Cuando Él se muestra a Sí mismo de alguna manera, estos hermosos colores simbolizan esta exhibición.

 

Tomen el arcoíris; es la luz pura del sol resplandeciendo a través de las gotas de la nube de lluvia, pero cuando se fracciona a través de esas gotas exhibe en esas luces y tonos de colores celestiales las virtudes del rayo incoloro. Cuando el sumo sacerdote de antaño, con el pectoral de muchas piedras de colores, entraba en el lugar santísimo, la luz pura desde el propiciatorio se reflejaba en cada color sobre su corazón. Así está Cristo sosteniendo ahora a Su pueblo aquí en la debilidad de ellos, y llevándolos a través de esta escena conforme a la luz del santuario celestial. En breve, en lugar de sostenerlos en la debilidad de ellos como ahora, Él los situará en poder en lo alto.

 

Si consideran a Cristo en la tierra, ustedes verán al "Hijo del Hombre que está en el cielo", mostrando a Dios en la tierra ante sus ojos. (Juan 3: 13). Leemos, "en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad". (Colosenses 2: 9). Véanle lamentando por Jerusalén; el corazón del Mesías desgarrado en lamento por el pecado de Su pueblo. Fue el tierno corazón del hombre, pero brotó de esa fuente profunda y maravillosa — «Las lágrimas caían de ojos humanos, pero provenían del corazón de Dios». Así fue mostrado Dios. El corazón adora cuando uno piensa que nosotros tenemos que ver con un Dios que se rebajó hasta las lágrimas humanas, en un mundo de lágrimas.

 

Por tanto, Dios se ocupa de nuestras pruebas, y tristezas, y lágrimas; y mediante ello Él muestra en Su pueblo las celestiales líneas de esa naturaleza que es apta para Su corazón, porque es la Suya.

 

Leemos, "Las doce puertas eran doce perlas". (Apocalipsis 21: 21). Un amoroso pensamiento encuentra aquí su expresión. Se ve esa hermosura y ese encanto morales que atraían el corazón de Cristo en la iglesia y por la cual Él "vendió todo lo que tenía". Encontramos que la ciudad es internamente "oro puro, transparente como vidrio"; externamente encontramos la hermosura moral de la perla. Cada puerta mostraba esto. Así es con el propio Señor personalmente; así es con el Cristiano relativamente, el cual se ha vestido "del nuevo hombre" donde "Cristo es el todo"; y exteriormente el efecto es que los rasgos humildes de Su gracia son producidos, y así es con la iglesia de manera colectiva, si fuera necesario, con la totalidad, para que Cristo pueda ser mostrado plenamente según el pensamiento de Dios. Aquí somos llevados a la gloria cuando ello será así de manera perfecta. Vemos así de qué manera el pensamiento fluye a través de la maravillosa descripción con respecto a lo que Cristo era personalmente, lo que Sus santos son relativamente, en la medida en que lo que Su gracia ha obrado sea visto en ellos, y lo que se verá en plena exhibición cuando Él "venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron". (2ª. Tesalonicenses 1: 10).

 

"La calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio". La figura fue usada antes en Apocalipsis 21: 18. Encontramos aquí que no sólo la ciudad, sino las calles son así. Es lo contrario de aquello a través de lo cual nosotros tenemos que pasar ahora en un mundo corrompido. En esa ciudad de gloria los pies sólo estarán en contacto con aquello que responde al nuevo hombre interior. Oh, si el corazón no 'vela y ora' ahora, ¡de qué manera el terreno se contrae y el corazón se contamina! El corazón descansa en el pensamiento de una escena donde puede relajarse, cuando velar y orar serán cosas del pasado — pero nunca se relajen ahora ni por un instante, porque la carne está en nosotros y el mundo a nuestro alrededor es tan adecuado para ella.

 

Allí sólo Cristo llenará el alma. ¡Qué gozo sin amalgama! Y es dulce pensar que todo el desagrado que uno siente ahora con su propio corazón no es sino una nota de afinidad con esa escena en lo alto ¡donde todas las cosas son de Dios! Allí, las calles mismas por las que andaremos son idóneas para la naturaleza de Dios, naturaleza que ya ha llegado a ser nuestra en justicia y santidad verdadera. ("Y que os revistáis del hombre nuevo, el cual, según la imagen de Dios, es creado en justicia y santidad verdadera". Efesios 4: 24 – VM). Allí podemos desceñir nuestros lomos, pues todo sólo refleja Su gloria, y mientras más libremente sale el corazón, más adoración es el efecto producido.

 

La descripción continúa así, "Y no vi templo en ella". (Apocalipsis 21: 22). En la restaurada Jerusalén terrenal el rasgo destacado de la escena es una vez más el templo (Ezequiel capítulos 40 al 48). Aquí no hay ninguno. ¿Por qué es esto? Porque adoración es todo lo que hay allí: ella caracteriza la escena. Leemos, "Perpetuamente te alabarán". (Salmo 84). Un Judío difícilmente podría comprender cómo es que podía no haber templo. El Templo daba carácter a sus relaciones con Dios. Dios moraba allí, aislado de toda mirada, para ser reverenciado. Pero si Él se aísla dentro del velo, ¡Él impide la entrada al hombre! El hombre no podía estar allí. Qué diferente es esta escena maravillosa de gloria. No hay ninguna ocultación de ella. El desvelado misterio de Dios está allí, y el corazón no tiene otra cosa que hacer sino adorar.

 

Es humillante descubrir cuán poca concentración de corazón hay ahora en nosotros para adorar. Qué poco hay de esa mirada firme a lo alto — de esa fijeza de alma. La adoración es el carácter del lugar al cual vamos; allí continúa para siempre. Incluso aquí abajo los pequeños tributos de alabanza que nuestros corazones pueden traer son dulces para Él, porque, "el Padre a los tales busca como adoradores suyos". (Juan 4: 23 – VM).

 

"Y no vi templo en ella; porque el Señor Dios Todopoderoso, y el Cordero son el templo de ella". Toda la ciudad es el santuario de Su presencia. "Y la ciudad no tiene necesidad del sol ni de la luna, para alumbrar en ella", ninguna necesidad de luz prestada, "porque la gloria de Dios la ilumina". (Apocalipsis 21: 23). Nosotros vimos la gloria rodeando y entrando en toda la estructura de la ciudad, Aquí dicha gloria es la luz de la ciudad. Incluso si ahora hay luz en nuestros corazones ella es la luz de esa gloria que resplandece en la faz de Jesús. Leemos, "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo". (2ª. Corintios 4: 6). Toda la gloria de Dios resplandece concentrada en esa faz y nosotros, con rostro descubierto, la contemplamos sin velo y en paz; no, es más, el hecho de que ella resplandezca en la faz de Aquel que se entregó a Sí mismo por mí me compromete a ocuparme de la gloria así revelada. Así será para siempre. Él lleva la gloria. Ojalá que, al igual que la Reina de Saba, nosotros conociésemos incluso ahora lo que fue estar tan absortos con Él, en quien toda la gloria de Dios resplandece ante el ojo abierto de la fe, ojalá que el yo pudiera ser enteramente desterrado. La reina de Saba se queda sin aliento (o, asombrada), y derrama sus tesoros a los pies de Salomón. (1º. Reyes 10). Llegado el día será perfectamente así. El corazón que ha aprendido a conocer Su amor estará en descanso con Él en esa escena de luz y de gozo inefable.

 

"Y las naciones andarán a su luz". (Apocalipsis 21: 24 – LBLA). Aquí entra otro pensamiento. Adoración si yo miro adentro, testimonio si yo miro abajo. Se cumplen las Escrituras, "Yo en ellos, y tú en mí", y, "La gloria que me diste, yo les he dado". (Juan 17: 22, 23). Cristo es visto allí en los santos, los cuales son el resplandor de Su gloria para las naciones que estarán aquí abajo.

 

La adoración y el testimonio también son verdaderos ahora, en su medida, en los santos. Como sacerdocio santo, ustedes entran para adorarle a Él, como real sacerdocio, ustedes salen para exponer las virtudes de Jesús. (1ª. Pedro 2: 5 al 9). Así que si hay adoración llenando la escena, hay testimonio, para que las naciones preservadas anden a la luz de esa ciudad celestial. La adoración es débil ahora; también el testimonio es un pobre destello de luz en un mundo oscuro. No obstante, el destello está ahora allí, en el Cristianismo, por muy pobre que este sea. Y en esa medida andarán las naciones de la tierra; no hay otra luz.

 

"Los reyes de la tierra traerán a ella su gloria". (Apocalipsis 21: 24 – LBLA). Ellos reconocen que los cielos gobiernan. "Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche". (Apocalipsis 21: 25). Perfecta seguridad — ninguna necesidad de cerrar esas puertas; y no hay tinieblas allí. Tinieblas es ignorar a Dios, como dice Juan en 1ª. Juan 1: 5. ¿De dónde proviene la duda — de dónde la incertidumbre? Del hecho de ignorar a Dios. En esta escena en Apocalipsis 21, todo ha desaparecido ahora, y "allí no habrá noche".

 

"Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda". (Apocalipsis 21: 26, 27). Permítanme preguntar, ¿Ha entrado hoy en su corazón alguna cosa inmunda? ¿Estuvo usted viviendo de tal manera con Cristo que lo inmundo fue mantenido afuera? De qué manera uno tiembla viendo un alma recientemente convertida llena de ese temprano gozo en Cristo, pues uno que ha recorrido la senda por más tiempo sabe bien que ese nuevo gozo menguará si Cristo no se convierte en el todo como su objeto, y que alguna desdichada idolatría del corazón entrará y contaminará, y la desviará. Cuán sabiamente Bernabé exhorta a esos niños en Cristo a permanecer adheridos al Señor con firmeza de corazón, Leemos, "Y la noticia de estas cosas llegó a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé hasta Antioquía; el cual cuando hubo llegado, y vio la gracia de Dios, se alegró, y exhortaba a todos que con propósito de corazón permaneciesen adheridos al Señor". (Hechos 11: 22, 23 – VM).

 

Pero el corazón puede descansar aquí. Nada inmundo o que contamina puede entrar en la ciudad celestial — ni la carne del hombre ni la mentira de Satanás. Todo está excluido aquí. Hay también otro aspecto — leemos, "sino solamente aquellos que están escritos en el libro de la vida del Cordero". Sólo aquellos por los cuales Él murió, como objetos de Su amor, pueden entrar.

 

Si en Apocalipsis 21 ustedes tuvieron el carácter personal de la ciudad, en Apocalipsis 22 encuentran su carácter relativo.

 

"Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero". (Apocalipsis 22: 1). El río es el símbolo de la bendición que fluye. El propio Señor es su fuente. Recordemos, "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba". (Juan 7: 37).

 

Aquel que bebía sería el canal para que el río fluyera para los demás, "de su interior correrán ríos de agua viva". (Juan 7: 38). Aquel que bebe apaga su sed en la fuente de origen, y de la plenitud de la satisfacción hay ríos que fluyen al mundo desierto que lo rodea. Incluso ahora la Esposa, consciente de su relación con Cristo (Apocalipsis 22: 17), antes del día de su boda en la gloria celestial (Apocalipsis 19), y teniéndole a Él como el centro de su corazón, tiene todo el círculo de Sus actuales intereses ante ella, y puede decir, "el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente". Encontramos aún el pensamiento que hemos mencionado a través de todo este sermón, a saber, que lo que Cristo era personalmente, y lo que el Cristiano o la iglesia son relativamente, caracteriza a la Esposa en la gloria, cuando el momento para la exhibición haya llegado plenamente.

 

 

El carácter del Cristianismo es salir con lo que usted tiene. La predicación le da su tono. Bajo el Judaísmo la actitud era, «Guárdalo sólo para ti.» Como norma, no había ninguna predicación. El Cristianismo se caracteriza así — dando lo que usted ha recibido. La mujer de Samaria no pudo evitar decir lo que Jesús había dado a conocer a su alma. Él la amaba, Él la conocía, ¡y Él salvó! Leemos, "fue a la ciudad, y dijo a los hombres" — en el denuedo de la gracia. (Juan 4: 28).

 

Vean a Saulo de Tarso. Sus ojos son abiertos y, "enseguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas, diciendo: El es el Hijo de Dios". (Hechos 9: 20 – LBLA). Amado, ¿sale usted con lo que usted sabe? ¿O con usted es como con los leprosos de Samaria diciendo, "Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos"? (2º. Reyes 7: 9). ¿Ha satisfecho Dios la necesidad de su corazón? Pues bien, hay un alma que necesita eso, ¿no se lo dirá usted a dicha alma?

 

También aquí ustedes encuentran "el árbol de la vida", — no dos árboles sino uno. La antigua historia de los dos árboles de Edén existe siempre. En el Paraíso estaba el inocente Adán responsable. Él come del árbol del conocimiento del bien y del mal en desobediencia, para nunca recuperar un Paraíso perdido de inocencia. Afuera del huerto vino la ley al hombre caído para plantear la pregunta de si acaso la vida podía estar conectada con la responsabilidad; vemos nuevamente los dos árboles en cuanto a principio. Pero él necesitaba vida para cumplir con la responsabilidad, y no tenía ninguna, y estaba perdido. Si yo digo, «Haga usted esto y tendrá una fortuna», ello demuestra claramente que usted no tiene una. Una cosa muy distinta es otorgar la fortuna, y luego decirle a usted de qué manera usarla. Así hemos encontrado que Cristo es el árbol de la vida, cuando primero Él satisfizo, en lugar nuestro, todo el asunto de la responsabilidad bajo el juicio de Dios. No hay árbol de la responsabilidad. Entonces, ¿no queda ninguna responsabilidad como hijos de Adán? ¡Ninguna! Cristo la ha asumido, y concluyó para siempre la historia del hombre responsable, para Dios y para la fe. Ahora bien, su responsabilidad es ser fiel a lo que usted es, a saber, un hijo de Dios. En primer lugar hijos — entonces los deberes de los hijos siguen a continuación.

 

El árbol de la vida produce doce clases de frutos para los redimidos celestiales. De qué manera el corazón se regocija ahora al sentarse bajo Su sombra con gran deleite, y encontrar que Su fruto es dulce a nuestro paladar. ¿Qué será, para los corazones capaces de disfrutar de Él en gloria, sentarse bajo Su sombra allí y comer esos frutos celestiales siempre cambiantes, mientras las hojas del árbol son para la sanidad de las naciones que estarán abajo en la tierra?

 

"Y no habrá más maldición". (Apocalipsis 22: 3). La transgresión de Adán ocasionó la maldición; el fratricidio de Caín conllevó otra. La maldición del pecado ha estado en todas partes en esta escena en que vivimos, pero no habrá ningún rastro de ella allí, sino que "el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán". Oh, qué obstáculos para esto existen ahora. El servicio será la gozosa libertad de la gloria celestial. Es el feliz descanso del gozo activo; pero aún más abundante y más íntimo en bendición. Ellos "verán su rostro" — no como ahora, oscuramente como en un espejo — oh que divina e interminable satisfacción. "Y su nombre estará en sus frentes". Ellos portan la prueba delante de todos de que ellos son de Él, la impronta de lo que Él es, manifiestamente en sus frentes. Apocalipsis 22: 4).

 

Apocalipsis 22: 5 dice, "No habrá allí más noche". Ningunas tinieblas, ni ignorancia con respecto a Dios, porque "no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol", ninguna luz prestada o creada. "Porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos". Servir y esperar es la ocupación de los santos ahora (1ª. Tesalonicenses 1: 9, 10); llegado ese día, ellos sirven y ven Su faz, y reinan para siempre.

 

Dios nos revela en esta escena, donde la gloria del Cordero mora, para alegrar y llenar nuestros corazones con su actual poder santificador, y para presentarnos una estimación más real de cuál es la altura de nuestro llamamiento, ya que vemos todo eso que es ahora realidad para la fe, y, en el poder del Espíritu Santo, lo que es llevado a cabo hasta su pleno resultado en gloria llegado ese día.

 

Un breve comentario más y concluyo. Hay otro aspecto de lo que está ante nosotros que necesita solamente unas pocas palabras para ser descrito, y pocas son las palabras de la Escritura con respecto a ello. Lo que está aquí tan elaboradamente retratado es la gloria en la cual nosotros seremos mostrados. El mundo verá y conocerá la medida de la gracia en {la nueva} Jerusalén en lo alto. Pero hay un pabellón secreto del gozo más santo del alma — la casa de Su Padre con sus muchas mansiones {moradas}. Y más que todo, el propio Hijo que asume el lugar de siervo aún en gracia infinita y ministra las más abundantes alegrías ¡para siempre! No hay nada de esto aquí. En Juan 17 ustedes tienen el secreto pero no la descripción; es suficiente decir que Él está allí. En Juan 17: 24 Él dice, "Yo quiero". Anteriormente en el capítulo Él había orado; ahora Él demanda, "¡Padre! yo quiero que aquellos también que me has dado, estén conmigo en donde yo estoy, para que vean mi gloria, que tú me has dado: porque me amaste antes de la fundación del mundo". (Juan 17: 24 – VM). ¿No seremos felices al verlo a Él en su propia gloria peculiar — una gloria que nunca podemos compartir? Él también habla de ella, como habiendo sido otorgada, cuando Él toma todo lo que es Suyo en Juan. Esta es Su gracia. Si Él se despojó a Sí mismo de toda Su gloria que tuvo con el Padre antes que el mundo existiese, Él la recibe de nuevo como Hombre {Juan 17: 5}. Él la recibe de manos de Su Padre porque Él se había hecho Hombre, ¡para ser un Hombre para siempre! Él ha llevado la humanidad a la gloria de Dios, para nunca más dejarla. ¿Acaso no Le contemplaremos con embeleso llegado el momento? Entonces conoceremos las alturas desde las que Su amor había condescendido, lo cual el corazón sólo puede conocer poco. No obstante, lo poco que conocemos hace que sea más profundo el anhelo de conocerle a Él plenamente, y de estar con Él para siempre en esa brillante escena de gloria, de la cual Él es el centro y el sol. Aquel que la posee es nuestro, aunque ese peculiar rango de gloria no pueda ser nunca nuestro, pero Él nos llevará a contemplarla.

 

Que el Señor nos conceda vivir conscientes de las cosas celestiales como han sido plenamente reveladas, y de nuestra asociación con Él en ellas, para formar nuestras almas cada vez más como un pueblo que pertenece allí. Pronto estaremos realmente allí. Que Aquel que es el centro y el resplandor de toda esa escena llene nuestros corazones, conduciendo su luz a ellos y desplazando cada vez más todo lo que no es apto para ella; hasta el momento determinado en los consejos del Padre cuando Él pueda llevarnos allí, y presentarnos ante el Padre, el cual nos entregó a Él, perfectamente aptos para Él. Amén.

 

F. G. Patterson

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Abril/Junio 2019.-

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVR1865 = Versión Reina-Valera Revisión 1865 (Publicada por: Local Church Bible Publishers, P.O. Box 26024, Lansing, MI 48909 USA).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

 

Versiones en Inglés: https://bibletruthpublishers.com/blackrock-lecture-1/frederick-g-patterson/collected-writings/f-g-patterson/la59006

 

www.graciayverdad.net

 


Título original en inglés:
"Blackrock Lectures, by F. G. Patterson 
Traducido con permiso

Versión Inglesa