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UNA CUÁDRUPLE EXHORTACIÓN (The Christian's Friend)

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Duración: 13:20 min.

UNA CUÁDRUPLE EXHORTACIÓN

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60).

 

De la revista "The Christian's Friend", 1899.

 

"Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

1ª. Pedro 2

 

Es bien sabido que la Primera Epístola de Pedro, a la cual pertenece la cita de arriba, trata más especialmente con los aspectos del Cristianismo que tienen que ver con este mundo real. Es cierto que ella mira hacia adelante a la revelación de Jesucristo, y a la gracia que se nos traerá entonces, pero no obstante, el tema principal es la senda del cristiano aquí, y en conexión con el consiguiente padecimiento por una parte, y el prevalente gobierno de Dios por la otra.

 

Hasta este punto el Apóstol se ha ocupado principalmente del tema de la salvación en su aspecto actual, mostrando que una revelación maravillosa ha sido dada por Dios mediante la manifestación de Cristo en estos postreros tiempos — cuya sangre preciosa había redimido a aquellos a los que él se estaba dirigiendo, de la vana manera de vivir de ellos recibida de sus padres por la tradición. (1ª. Pedro 1: 17, y sucesivos). Dicha manera de vivir era vana porque nunca hubo una revelación plena de Dios. Esta había sido presentada ahora en la persona de nuestro Señor Jesucristo. Dios había salido plenamente, y el hombre había entrado. Pues Cristo — como un cordero sin mancha y sin contaminación — había sido resucitado de los muertos y había sido glorificado, y los creyentes en Él son, consecuentemente, sacados de las tinieblas a la luz admirable de Dios. (1ª. Pedro 2: 9). Dos cosas son introductorias a esto, a saber, el nuevo nacimiento y la redención, una es el efecto de la obra de Dios, y la otra el de la obra de Cristo.

 

Sin embargo, todo esto es para la fe, pues no estamos aún en la real posesión de la herencia, y por eso el apóstol describe a aquellos a los que él escribe como "extranjeros y peregrinos". Esto muestra que nuestra porción no está en este mundo. Un extranjero es uno que no tiene un hogar en el lugar donde él mismo se encuentra; y un peregrino es uno que sabe dónde esta su hogar, y está yendo hacia él. Tal es nuestra posición como cristianos, en esta escena. Nosotros no tenemos parte alguna en la gobernanza o en el ordenamiento del vasto sistema llamado el mundo; si la tuviéramos, no seríamos extranjeros. Entonces, ¿cuál es nuestra relación con las cosas de aquí, con los hombres de este mundo, y con Dios? La Escritura ya citada responde la pregunta. Leemos, "Honrad [nota al margen, "estimad"] a todos. Amad a los hermanos [o, "a la hermandad"]. Temed a Dios. Honrad al rey". En estas cuatro frases breves, pero cargadas de significado, tenemos todo nuestro deber definido.

 

En primer lugar, en cuanto a nuestra relación con los hombres de manera general, nosotros somos dejados por un período de tiempo más largo o más cortó en este mundo, muy a menudo en medio del mismo entorno que en nuestros días de personas no convertidas. En cualquier caso, constantemente estamos codeándonos con hombres que tienen su parte en esta vida. ¿Cómo debemos comportarnos con ellos? La Palabra de Dios nos presenta un principio general para guiar nuestra conducta. Ella dice, "Honrad ["estimad"] a todos". Somos propensos de manera natural de ir a uno de dos extremos, de acuerdo a nuestra inclinación. O nos hundimos demasiado hasta quedar al nivel de los demás hombres, o somos propensos a asumir un aire de superioridad, y actuar como un Fariseo. La Escritura señala un punto medio, el cual, si es adoptado, demostraría ser tanto una salvaguardia para nosotros mismos como una ayuda a los que actualmente están afuera. Todos los cristianos sinceros, que desean seguir plenamente al Señor, han sentido, sin duda, una dificultad en cuanto a su actitud precisa hacia los amigos y vecinos mundanos. Es bastante fácil tratar a las personas con fría indiferencia, evitarlas o pasarlas por alto con solamente el más mínimo reconocimiento. Al hacerlo, nunca podemos esperar ganarlos para Cristo, ni les damos una oportunidad de ver lo que el Cristianismo ha hecho por nosotros. Por otra parte, es igualmente fácil formar una relación de amistad mundana y caer bajo su influencia, en vez de, como hijos de Dios, resplandecer como luminares en el mundo. Pero si procuramos llevar a la práctica el mandato de "honrad [estimad] a todos", no estaremos mirando con desprecio a las personas, ni contaminando nuestras vestiduras, sino que estaremos dejando que nuestra luz alumbre de tal manera delante de los hombres que ellos pueden ver nuestras buenas obras y pueden glorificar a nuestro Padre que está en el cielo. (Mateo 5: 14 a 16).

 

A continuación llegamos a nuestro propio círculo. "Amad a los hermanos [o, "a la hermandad"]. ¡Cuán débilmente lo hacemos! En el mejor de los casos formamos nuestro propio pequeño círculo, y estamos satisfechos. Sin embargo las palabras no son, «Amad a una porción de los hermanos.», sino ""Amad a los hermanos [o, "a la hermandad"]. Si una persona entra en la hermandad, ella debe entrar en el círculo de nuestro amor. Agradezcamos a Dios que hay una hermandad a la cual amar. A veces parece como si la palabra hubiese desaparecido de nuestro vocabulario. Puede ser que nosotros sepamos lo que es amar a los que están relacionados con nosotros según la carne, pero, ¿pensamos mucho y a menudo acerca de la "hermandad? Tampoco se trata de un círculo cerrado de personas, cuyos gustos espirituales o puntos de vista particulares de doctrina concuerdan con el nuestro. ¡Cuán aptos somos para limitar a estos nuestro amor, y simplemente tolerar a los demás! En lo abstracto, ciertamente, la hermandad debe ser tomada para abrazar a todos los verdaderos creyentes, aunque en estos días muchos, y es triste decirlo, pueden exhibir muy pocos de los rasgos que pertenecen a ella.

 

¡Una hermandad caracterizada por el amor! ¡Qué exhibición al mundo del poder y de la influencia del Cristianismo! Así debe ser. "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte". (1ª. Juan 3: 14). Si hemos alcanzado el amor, hemos alcanzado la vida de Dios.

 

No se nos dice aquí que amemos a todos los hombres, El amor es para la familia. Nosotros debemos honrar (estimar) a todos. Los que son competentes para evaluar dicen que la palabra en el original griego para "estimad" tiene la fuerza de ser más el acto cuando se presenta la ocasión, pero la palabra para "amad" implica el hábito constante de la mente.

 

Podemos recordar, entonces, que pertenecemos a una hermandad, no una de formación humana, sino de origen divino. "Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos". (Mateo 23: 8). Dios ha considerado adecuado formar a Su pueblo en una hermandad, no «la fraternidad del hombre» — el pecado lo ha hecho imposible — sino una hermandad distintiva y aparte del mundo y de la carne — hermanos de Cristo. Leemos en el libro de los Hechos que después que Pedro y Juan estuvieron ante el Sanedrín, "puestos en libertad, vinieron a los suyos". (Hechos 4). Así que tenemos a los nuestros, nuestra compañía. Y mientras más extranjeros y peregrinos seamos aquí, más seremos atraídos a ella.

 

En tercer lugar, somos exhortados a temer "a Dios". Esta es una sana palabra, pero que está en muy poco uso hoy en día. Más adelante en la misma epístola el apóstol explica el carácter de este temor, leemos, "santificad a Dios el Señor en vuestros corazones". (1ª. Pedro 3: 15). Esta es una cita de Isaías 8: 13, donde encontramos las siguientes palabras adicionales, "sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo". Entonces, el "temor de Dios" no es un temor medroso, sino más bien el poner al Señor siempre delante de nosotros, no hacer o emprender nada sin referencia a Él. ¡Lamentablemente! cuántas cosas hacemos, y tal vez nunca Le consultamos en absoluto. Mientras no haya nada absolutamente malo, parece que pensamos que podemos hacer casi todo lo que queremos. "Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones". ¿Quién a partir de este momento comenzará a hacerlo? No se trata de hablar mucho acerca de ello, sino de hacerlo "en vuestros corazones". Ello es tener el corazón continuamente en la presencia de Dios. Esta es la vida bienaventurada, a saber, que todo debe ser comenzado, continuado, y terminado en Él. Esta fue la vida del Señor Jesús: "A Jehová he puesto siempre delante de mí". (Salmo 16: 8).

 

Muy a menudo es el temor del hombre lo que está delante de nosotros. El Señor Jesús dijo, "No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed". Y luego Él añade, "¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos" (Lucas 12: 4 a 7), palabras que a primera vista parecen no tener ninguna conexión con lo anterior. Y sin embargo la conexión es muy sorprendente. Dios tiene el poder de matar y echar en el infierno. En otras palabras, Él tiene completo dominio sobre todas Sus criaturas. Y no obstante, Él mismo está lleno de amor. Él no es un tirano. Grande como Él es, Él toma en consideración el precio por el cual se venden cinco pajarillos. Y Él cuenta los cabellos de nuestra cabeza. Y así el Señor dice en primer lugar, "Temed a aquel (a Dios)", y luego Él dice, "No temáis". Porque si nosotros Le tememos, no tenemos nada más que temer; Él cuidará de nosotros. Entonces, que podamos prestar atención a esta tercera exhortación de temer "a Dios".

 

Finalmente, se nos recuerda que honremos "al rey" (es decir, a las autoridades superiores que gobiernan, véase Romanos 13: 1 a 7)). Los cristianos no son socialistas, ni republicanos, ni comunistas. Ellos no son ciudadanos de este mundo en absoluto; pero son súbditos, es decir, están sujetos a la autoridad de un superior con obligación de obedecerle. El Cristianismo no reduce todo a un nivel muerto; no interfiere con el estado de cosas que existe en el mundo, o intenta abolir las distinciones sociales o las posiciones relativas de amo y siervo. El Cristianismo los toca a todos, indudablemente, pero deja el carácter distintivo de ellos justo donde estaba. Nosotros debemos amar "a los hermanos", pero también debemos honrar "al rey" (o, a las autoridades superiores que gobiernan). Hacemos bien en recordar estas dos cosas; y si sucede que el rey (o, el que gobierna) es un hermano, no hay que olvidar que él sigue siendo la autoridad. Esta es una manera en que podemos temer a Dios. Porque si verdaderamente Le tememos, también temeremos a los que Él ha establecido, y los reverenciaremos.

 

Al llamar a prestar atención a esta cuádruple exhortación, nos impresiona nuevamente la sabiduría y la perfección de la Palabra de Dios, y cuán necesario es que la estudiemos en todas sus partes. Todos nosotros somos propensos a dar una prominencia indebida a ciertas secciones. La necesitamos en su integridad, y seremos unos perdedores si cualquier porción es pasada por alto. Estos son días cuando se piensa poco acerca de tales cosas como, "Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey".

 

Al igual que la cuádruple exhortación que hemos estado considerando, la verdad tiene cuatro lados. Procuremos captarla en cada posición para que nuestra visión de la verdad se asemeje a la ciudad celestial: leemos, "La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura… la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales". (Apocalipsis 21: 16). Entonces, necesitamos todos los escritos inspirados; necesitamos el Antiguo Testamento así como el Nuevo; necesitamos la verdad celestial, y necesitamos la verdad práctica; necesitamos lo que apela al corazón y lo que habla a la conciencia; necesitamos a Santiago así como a Pablo, y a Pedro así como a Juan; necesitamos el propósito de Dios, y necesitamos el desierto; y, por último, necesitamos estimar "a todos", amar "a los hermanos", temer "a Dios", y honrar "al rey".

 

R. E.    

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Enero 2020.-

Título original en inglés:
A Fourfold Exhortation
Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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