EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

El Estudio Dispensacional (Samuel Ridout)

INICIO / AUTORES y SECCIONES
H. C. ANSTEY
J. G. BELLETT
J. N. DARBY
EDWARD DENNETT
W. W. FEREDAY
L. M. GRANT
F. B. HOLE
WILLIAM KELLY
C. H. MACKINTOSH
F. G. PATTERSON
SAMUEL RIDOUT
H. H. SNELL
G. V. WIGRAM
W. T. P. WOLSTON
Escritos de otros Autores: A.E.BOUTER, E.N.CROSS, A.C. GAEBELEIN, F.WALLACE, N. NOEL...
ENLACES/LINKS

MOBI

EPUB

Para oír o descargar pulse este botón

39:47 min.

El Estudio Dispensacional

 

Samuel Ridout

 

Sección 8ª de "Cómo estudiar la Biblia", de S. Ridout

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

 

Hemos tenido algunas dudas en cuanto a dejar esta porción de nuestro tema sin tocar por tanto tiempo, porque, en un sentido, es de primera importancia que todo nuestro estudio de la Escritura debe estar en la línea de una clara comprensión de los grandes hitos dispensacionales de la verdad divina. Por lo tanto, la posición (8ª. en este escrito) no indica que el tema es de menor importancia que los otros que han sido tratados antes.

 

Por 'Estudio Dispensacional' nos referimos al estudio de las diversas edades, épocas o administraciones (o, dispensaciones) en las que se divide la historia de los tratos de Dios con la humanidad desde el principio hasta el final de los tiempos. Tal vez muchos lectores de la Biblia nunca han pensado seriamente acerca del hecho en sí mismo evidente de que Dios ha tenido diferentes métodos de tratar con los hombres desde el principio hasta el presente. Incluso cuando no hay una completa ignorancia en cuanto a esto, la diferencia entre las administraciones (o, dispensaciones) sólo ha sido débilmente captada por la mayoría del pueblo de Dios. Lejos está de nosotros el hecho de decir que alguna porción de la Escritura no puede ser aprovechada sin esto: pero lo cierto es que fracasamos en su aplicación y uso completos a menos que nos demos cuenta de su configuración.

 

Por ejemplo, los hijos de Dios en todo tiempo han acudido al libro de los Salmos como un depósito de experiencia inspirada en el que ellos encuentran la expresión para sus necesidades, dolores, fracasos, pruebas, dudas y temores, así como para sus alegrías, responsabilidades, fe, esperanza, deber, amor y todos los frutos de la vida divina que allí abundan. De hecho, estamos persuadidos de que el pueblo de Dios padece en este día tan ajetreado debido a su descuido de las experiencias divinamente registradas que encontramos a lo largo del maravilloso libro de los Salmos. Pero, por este mismo hecho, repetimos que es de la mayor importancia, no, es una necesidad, que entendamos la verdadera configuración dispensacional de estos poemas inspirados.

 

Por ejemplo, santos piadosos se han visto obligados a considerar los que son llamados Salmos imprecatorios (N. del T.: especialmente los Salmos 2, 37, 69, 79, 109, 139 y 143) como perteneciendo a una época más tosca, posiblemente no inspirados de la misma manera que lo son las elevadas expresiones de alabanza y adoración. Así, un insulto involuntario es colocado sobre la inspiración de ellos, y al mismo tiempo se pierde de vista mucha enseñanza importante.

 

Del mismo modo, la ausencia en los Salmos del Espíritu de adopción, del conocimiento de la aceptación actual y eterna, de la esperanza celestial contrastada con la terrenal, y de la relación con la Persona de nuestro Señor Jesús — estos y muchos otros rasgos obligan al lector inteligente a reconocer que en el libro de los Salmos él no está en el terreno Cristiano característico. Todo esto es visto, hasta cierto punto, por todo cristiano debidamente familiarizado con la Biblia; y sin embargo muchos de estos, por falta de conocimiento de los grandes esquemas dispensacionales, serían incapaces de explicar exactamente por qué no encontramos la misma libertad en los Salmos que sí encontramos, por ejemplo, en la epístola a los Filipenses. La explicación es a la vez sencilla y satisfactoria. Leemos, "Todo lo hizo hermoso en su tiempo" (Eclesiastés 3: 11), y aún no había llegado el tiempo, en y para la dispensación en la cual fueron escritos los Salmos, para sacar a la luz la verdad Cristiana. Tal cosa habría sido echar vino nuevo en odres viejos. (Marcos 2: 22).

 

Lo mismo puede ser dicho en cuanto a los Profetas, y de hecho de todas las Escrituras del Antiguo Testamento. Nosotros debemos tomar la verdad en su conexión correcta, o no lograremos aprehenderla correctamente. Este es uno de los primeros axiomas del estudio de la Biblia. Tenga usted claro el contexto inmediato y circundante si espera entender el significado de algún pasaje en particular. Es la aplicación de este principio lo que podemos llamar estudio dispensacional.

 

Comencemos suponiendo que el lector cristiano conoce bien la letra del Antiguo y del Nuevo Testamento, pero nunca le ha llamado la atención el hecho del cual estamos hablando. Supondremos también, en la medida de lo posible, que su interés ha sido despertado de alguna manera común, más que por la lectura de algún libro en el que se pone de manifiesto la verdad dispensacional. De esta manera tal vez podamos obtener indicios de métodos útiles para el estudio adicional a lo largo de estas líneas.

 

Supongamos, por ejemplo, que en la lectura familiar diaria ellos han llegado al capítulo 53 de Isaías, y uno de los hijos pregunta,

 

«¿De quién está hablando el profeta aquí?» y enseguida obtiene la respuesta,

«Pues del Señor Jesús, por supuesto. Él es Aquel que fue despreciado y desechado entre los hombres, y Aquel sobre el cual cayó el castigo por nuestra paz.»

 

«Entonces, padre, ¿por qué no dice claramente que era el Señor Jesús?»

«Porque el Señor Jesús no había venido aún, y Dios estaba diciendo, por medio del profeta, muchos cientos de años antes, de qué manera el Señor Jesús sería tratado cuando Él viniese. Nosotros sabemos que habla del Señor Jesús, porque si acudes al Nuevo Testamento en el libro de los Hechos, tú encuentras a Felipe predicando al etíope sobre el Señor Jesús desde este mismo pasaje.» (Ver Hechos 8: 32 al 35.).

 

«¿Es ese el motivo por el cual nunca encontramos mencionado el nombre del Señor Jesús en el Antiguo Testamento?»

«Sí; Él no había nacido aún, ni había padecido ni había muerto por nuestros pecados. Hombres de Dios tenían la esperanza y estaban esperando la venida del Salvador que había sido prometido desde el principio.»

 

«¿David no conocía al Señor Jesús?»

«No; porque él vivió muchos cientos de años antes que el Señor Jesús naciera.»

 

«Bueno, ¿entonces ¿cómo pudo David ser salvo? ¿No fue un hombre pecador?»

«Sí; el Salmo 32 no solamente nos dice que él había pecado, sino también que sabía cuán bienaventurado era que sus pecados fueran perdonados. Él no lo supo por completo; sólo sabía que Dios era muy misericordioso y que llegaría el momento algún día cuando todo se aclararía; así que todos los que realmente tenían fe confiaban en Dios, y aunque a menudo tenían muchas pruebas y dudas, también tenían fe y esperanza y no eran dejados solos en la oscuridad.»

 

Otro hijo dice,

 

«Bueno, creo que me gusta más el Nuevo Testamento, porque no sólo nos dice que alguien vendría, sino que nos dice que Él ha venido, y nos habla del amor de Dios y de todo lo que el Señor Jesús ha hecho por nosotros.»

«Sí», dice el padre; «y no entenderíamos mucho del Antiguo Testamento si no tuviéramos el Nuevo que nos dice claramente todo acerca del Señor Jesús.»

 

Esta pequeña conversación despierta pensamientos en la mente de él. A medida que cumple con los deberes del día ello se le vuelve a ocurrir, y en alguna oportunidad saca un Nuevo Testamento de su bolsillo para leer un poco de la palabra de Dios.

«He aquí, nuevamente», él dice, «¿por qué nosotros llevamos el Nuevo Testamento en lugar del Antiguo?» Y obviamente su conciencia cristiana le da la respuesta correcta.

 

Gradualmente, mientras él continúa sus lecturas diarias tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, esta luz aumenta en claridad. Él reconoce aquello sobre lo cual ha más o menos actuado siempre, que una atmósfera diferente impregna el Nuevo Testamento distinta de la que impregna el Antiguo. Él también se da cuenta de qué manera nuestro Señor habla de Su propia venida. Él lee, "Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron". (Lucas 10: 23, 24). Él relaciona con esto otra declaración más sorprendente aún, donde el Señor promete a Sus discípulos, en Juan 16, "Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré" (Juan 16: 7).

 

Al llegar al libro de los Hechos, él encuentra al Consolador enviado según la promesa, y en su estudio de la epístola a los Efesios, encuentra que el Espíritu Santo ha sido dado como un sello, "Las arras (garantía) de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida". (Efesios 1: 14). Él también encuentra que el Espíritu Santo no fue dado hasta que nuestro Señor fue glorificado, hasta después que la redención hubo sido consumada (Juan 7: 1 a 53). Encuentra, asimismo, en conexión con el Espíritu Santo, que la seguridad, el conocimiento del presente perdón de pecados (Efesios 1: 7), el Espíritu de adopción, de filiación (Romanos 8: 15), y muchas otras características, abundan en las Epístolas, las cuales no son encontradas en el Antiguo Testamento. Habiéndose acostumbrado gradualmente, digamos, a hacer notas de sus pensamientos en su cuaderno, él llega a alguna conclusión como lo que sigue:

 

1. «La historia Bíblica está dividida en dos partes, marcadas por el nacimiento y la vida de nuestro Señor Jesús en la tierra. Todo lo que tuvo lugar antes de eso, está narrado en el Antiguo Testamento; y lo que tuvo lugar después de eso en el Nuevo. El Antiguo Testamento está en la sombra, con brillantes destellos de esperanza. El Nuevo Testamento está en el pleno resplandor de la luz.»

 

2. «Toda la historia del Nuevo Testamento está dividida en dos partes y está marcada por el don del Espíritu Santo en Pentecostés. Todo lo anterior a eso narra la vida perfecta de nuestro Señor Jesús, y aún trata, más o menos, con los Judíos. Todo lo que sigue después de eso habla de la obra consumada de Cristo y de cada bendición en Él disfrutada por cada creyente.»

 

Nos atrevemos a decir que un descubrimiento como este marcaría una época en la vida de cualquier cristiano. La Biblia se convertiría en un nuevo libro para él, este libro nuevo resplandecería con el lustre de un amor que antes él había aprehendido débilmente, y el gozo de una redención conocida llenaría su corazón. Ha comprendido el gran hecho de la verdad dispensacional. Aún queda mucho por aprender, pero esta parte es esencial y la más importante de todas.

 

Como es el caso con todo conocimiento, y especialmente el conocimiento Escritural, lo que nosotros aprendemos no sólo nos da enseñanza acerca del asunto que está ante nosotros, sino que plantea interrogantes adicionales y proporciona una clave para su respuesta. Acostumbrado a hacer preguntas acerca de cada versículo mientras lo lee, gradualmente se percata, de su estudio de las Epístolas, que hay una clara esperanza que el Espíritu de Dios ha puesto en los corazones del pueblo del Señor. Así como en el Antiguo Testamento todo miraba hacia la venida del Mesías, así en el Nuevo Testamento, después de la muerte, resurrección, y ascensión de nuestro Señor, todo mira hacia otra venida. Una creciente convicción crea conciencia en él de que la expectativa de la que se habla en profundidad en las Epístolas no es la expectativa de la restauración del reino a Israel, o un gradual mejoramiento en la tierra y la puesta en marcha del Milenio. Al contrario, él ve que el Cristianismo separa al creyente del mundo, que él pertenece al cielo, y que habiendo sido resuelto todo interrogante en cuanto a su salvación él anhela estar allí. Además, él encuentra que en lugar de la muerte, la sombría compañera de toda esperanza de progreso humano y de bendición terrenal, Dios coloca delante de él una "esperanza bienaventurada" que no es otra que la venida del Señor Jesús en cualquier momento a sacar a Su pueblo de la tierra, resucitar a los que duermen, transformar a los que viven, y trasladarlos a todos al cielo. (1ª. Tesalonicenses 4: 13 al 18).

 

En otras palabras, él aprende lo que caracteriza a la época actual. Ello es una redención consumada por el sacrificio de Cristo, la presencia del Espíritu Santo como el testigo de esto, uniendo a los creyentes al Señor Jesús, y guiando sus esperanzas a esperar Su segunda venida para trasladarlos al cielo.

 

Sin embargo, a medida que él continúa su lectura y estudio del Antiguo Testamento, con no menos amor que antes, pero con un interés mucho más claro, encuentra un progreso que también lo recorre. Por ejemplo, hay ciertos grandes hitos que se destacan como cumbres de montaña, dividiendo todo el campo de la verdad del Antiguo Testamento en distritos claramente señalados. La mayor parte del Antiguo Testamento tiene que ver con una nación, el pueblo escogido por Dios. Estos están bajo la ley. A la luz de sus estudios del Nuevo Testamento, él encuentra que hay un sentido especial en que el creyente no está ahora bajo la ley, como él estaba en el Antiguo Testamento. También encuentra que los profetas, tanto en los días de Samuel como en los de Elías, así como en los de los posteriores que pusieron sus mensajes por escrito, hicieron referencia a esta ley y a la relación de este pueblo terrenal, Israel, con Dios. Él encuentra que este período de los tratos de Dios podría ser llamado nacional, porque Él trata a toda la nación por igual. Muchos de los cuales son hijos de Dios y muchos no lo son. No obstante, todos tienen una cierta relación con Él, están bajo la ley, reconocen su pecaminosidad y su vulnerabilidad al castigo. Encuentra al mismo tiempo que la fe atraviesa esta nube y se aferra a la gracia y a la misericordia de Dios, pero que la administración (o, dispensación), o el modo de los tratos de Dios, está marcada por la distancia y las condiciones sobre las que el hombre podía recibir bendición. 

 

Mirando hacia atrás a la época que precedió a esta, él encuentra en el libro de Génesis un período no marcado por este trato nacional ni por la dación de la ley. Hay una relación de pacto con Dios que reconoce la fe de Abraham, Isaac y Jacob, y estos disfrutan de una comunión de acuerdo con la fe de ellos como individuos.

 

Mirando un poco más atrás, encuentra un breve relato del origen de las naciones y le sigue el rastro hasta el establecimiento del gobierno ordenado bajo Noé. Antes de eso hubo un largo período en el que el hombre fue dejado a sí mismo, y la anarquía y la violencia llenaron la tierra; y esto, en su mirada hacia atrás, lo lleva hasta la caída y el breve período de la inocencia que la precedió.

 

Volviendo de nuevo a su cuaderno de notas, él hace anotaciones tales como las que siguen:

 

1. «El hombre fue creado inocente, y los tratos de Dios con él en el Huerto en Edén fueron completamente diferentes de todo lo que ha habido desde entonces.»

 

2. «Desde Set hasta el diluvio parece que hay un período cuando el hombre fue dejado en gran medida a sí mismo, sin gobierno, y sin interacción con Dios excepto donde hubo fe.»

 

3. «Con Noé parece comenzar una nueva forma de los tratos de Dios con los hombres. Ellos son puestos bajo un gobierno, y divididos en naciones.»

 

4. «Abraham marca el gran comienzo de los tratos de Dios en pacto o acuerdo con los hombres.»

 

5. «Moisés comienza el gran capítulo de la historia nacional en la que encontramos, no un pacto o un acuerdo mediante promesa, sino un pacto con ciertas condiciones relacionadas con él, prometiendo Dios bendecir si el hombre guarda Su ley.»

 

De esta manera, en el curso de la lectura regular, con el pensamiento y el estudio supondremos que él ha alcanzado una más o menos clara comprensión de la diferencia entre los modos de obrar de Dios con el hombre antes de la caída, antes del diluvio, en los tiempos de Noé, y del llamamiento de Abraham, con la posterior historia nacional de Israel.

 

Supondremos que él hace ahora otra anotación:

 

«Antes de la caída tenemos el estado de inocencia, separado de toda la historia posterior de los modos de obrar de Dios con el hombre. Toda la historia del Antiguo Testamento después de la caída está dividida en cuatro grandes períodos:

 

1. Anarquía, desde Caín hasta el diluvio.

 

2. Gubernamental, desde Noé hasta Abraham.

 

3. Patriarcal, desde Abraham hasta Moisés.

 

4. Una nación escogida bajo la ley, desde Moisés hasta el final del Antiguo Testamento.»

 

Al meditar más acerca de este calendario él ve que el período llamado «patriarcal» es más bien la introducción a todos los tratos de Dios con Israel, y presenta el aspecto de la fe de todo el período, y finalmente llega a una triple división para el Antiguo Testamento.

 

Todo lo que tal estudiante necesita ahora es la ayuda de algún libro básico para recopilar todos los resultados de su estudio dispensacional y verificarlos en su integridad. Si se dijera, ¿Quién ha llegado tan lejos con el conocimiento de las dispensaciones, sin ayuda? Nuestra respuesta sería, Alguien debe haberlo hecho, o nosotros no tendríamos nuestro conocimiento actual de la verdad dispensacional y además, estamos persuadidos que si el prejuicio está ausente, no lleva mucho tiempo para convencer a un sincero lector de la Biblia y a un estudiante de la verdad de lo trascendental de lo que hemos estado hablando.

 

No necesitamos señalar tanto la ventaja como la necesidad de un claro conocimiento de esta clase. No estamos sosteniendo en la actualidad ningún esquema dispensacional rígido, excepto la evidente diferenciación del actual período, o período Cristiano, de todos los demás, junto con la esperanza de la venida del Señor que concluye el período actual de la gracia. Esto nos lleva a considerar lo que viene después que el pueblo de Dios sea trasladado al cielo al final de la época actual. En el interés de la uniformidad continuaremos siguiendo a nuestro supuesto estudiante de la Biblia en su búsqueda.

 

Él encuentra una gran cantidad de Escrituras, particularmente en los Salmos y en los Profetas, que hablan de un tiempo glorioso que se avecina. Evidentemente, no son tiempos Cristianos los que están descritos — a menos, de hecho, que privemos a las palabras de su significado literal y espiritualicemos todo, haciendo que las brillantes descripciones del reino y de la bendición de Israel en la tierra sean imágenes de la bendición espiritual para la Iglesia, tal como indican los compendios en las versiones comunes de nuestra Biblia.

 

Él No encuentra ningún tiempo en el pasado, ni siquiera en los días más florecientes de David y Salomón, cuando se cumplieron estas predicciones. De hecho, muchas de ellas fueron escritas mucho después de la división del reino en dos partes. Evidentemente, ellas esperan un tiempo futuro más allá de la época Cristiana actual y quizás, sin tenerlo absolutamente claro, tiene en su mente algo que expresa con palabras como estas:

 

«La esperanza futura para el Cristiano no es el mejoramiento de este mundo, sino la venida del Señor Jesucristo a sacar a Su pueblo de él. En el Antiguo Testamento muchas profecías hermosas hablan de un tiempo cuando este mundo florecerá como la rosa. Esto será, muy probablemente, después que el período Cristiano haya concluido.»

 

Probablemente para el estudiante habitual de la Biblia la armonización de estos dos pensamientos — a saber, la venida del Señor a sacar a Su pueblo del mundo (que tanto la experiencia como la Escritura muestran por igual que está empeorando, en lugar de mejorar), como la introducción de un reinado de justicia, con el conocimiento de Jehová cubriendo la tierra como las aguas cubren el mar — o bien será una tarea demasiado difícil, o solamente se logrará después de un estudio largo y con oración. No obstante, nosotros estamos tratando con posibilidades más que con realidades, y continuaremos, con fines ilustrativos, suponiendo que el estudiante llega a sus conclusiones como resultado de sus propias labores.

 

De hecho, podemos decir que existe aquí un peligro de tener la verdad preparada a nuestro alcance, resumiendo lo que otros han alcanzado como resultado de una búsqueda larga y laboriosa y una meditación en oración. Donde la verdad es aprendida de esta manera, es decir, de segunda mano — ya sea verdad doctrinal o la que ahora nos ocupa, el esquema profético de los modos de obrar de Dios — el conocimiento será un conocimiento de carácter superficial o liviano, teniendo poco poder moral, y posiblemente se renuncie a él tan fácilmente como había sido adquirido. Nosotros estamos realmente muy agradecidos por todos los resultados de creer en el estudio y la investigación, y estamos seguros que uno que desprecia el ministerio escrito de este carácter probablemente no progresará mucho en la verdad, y posiblemente pueda caer en el error; pero el camino se encuentra entre zanjas a ambos lados del mismo; y existe un claro peligro en aprender la verdad de los libros en lugar de las Escrituras. Lo primero produce a menudo resultados rápidos, pero la autoridad es a menudo la de algún maestro prominente más que la de la palabra de Dios y el Espíritu Santo.

 

 

Posiblemente el peligro del que hablamos es mayor en relación con la verdad profética que con cualquier otra. Existe tanto de un carácter comparativamente histórico que ocupa la mente más que la conciencia y el corazón; surgen curiosas preguntas, y existe una soberbia sutil al tener un conocimiento que los demás no poseen. Por lo tanto, estamos justificados en animar e instar a los Cristianos a que realicen estudios por sí mismos, y que se esfuercen en hacer de la investigación original una parte prominente de su trabajo Bíblico. En la educación, dondequiera que puede ser practicado, el trabajo de laboratorio es exigido al estudiante de química, física, biología, etc. Nosotros pedimos más de este 'trabajo de laboratorio' en la palabra de Dios. Todo estudiante de la Biblia debe ser un investigador original en algún campo, sin importar cuán limitado o elemental sea su trabajo.

 

¿Cómo va a ser introducido el Milenio? Sus estudios del Antiguo Testamento en los Profetas y en los Salmos presentan un oscuro cuadro de la condición del mundo y del pueblo de Dios profesante. Ellos muestran desobediencia, ausencia de piedad, y apostasía que se eleva cada vez más alto hasta que la tierra misma es vista como siendo un caos moral, y no se puede esperar nada más que el juicio de Dios. Nuestro estudiante encuentra que este juicio es el tema prominente en los Profetas. Lejos de que el mundo mejore gradualmente y que el mal ceda lentamente  — la más extraña de las transmutaciones — y se transforme en justicia, el juicio de Dios es pospuesto sólo por un tiempo, y debe caer tanto sobre la nación de Israel como sobre el mundo en general.

 

Al pasar al libro de Apocalipsis, la gran profecía del Nuevo Testamento, él encuentra que la mayor parte del libro está ocupada con juicios del más espantoso y completo carácter — sobre las naciones civilizadas del mundo, sobre el pueblo terrenal de Dios que ha sido llevado a la apostasía bajo el Falso Profeta, y sobre la gran Babilonia, la cual lleva signos inequívocos de ser la Iglesia apóstata. Después de la imposición de todos estos juicios, él encuentra tanto en la profecía del Antiguo Testamento como en el libro de Apocalipsis la aparición del Hijo del Hombre en el clímax del juicio, derrocando a Sus enemigos, e introduciendo el reino mismo de justicia y paz en la tierra que los santos de antaño anhelaban y al cual apuntaban las profecías.

 

Trabajando hacia atrás y hacia adelante él ve que se habla de este período de juicio como una obra hecha con "prontitud" (Romanos 9: 28; Isaías 28: 22). Él también ve que este período ha sido acortado especialmente "por causa de los escogidos" (Mateo 24) — no los Cristianos de la época actual, sino un remanente de Judíos piadosos que se vuelven al Señor después que la Iglesia ha sido trasladada al cielo, y son sometidos a terribles persecuciones debido a su fidelidad a Cristo.

 

De este remanente se habla frecuentemente en Apocalipsis (Apocalipsis capítulos 6 al 14), en el libro de los Salmos y en los Profetas. Es por causa de estos que los días de la gran tribulación serán acortados. De hecho, la última semana de las setenta predichas en Daniel (Daniel 9: 24 al 27) está dividida en dos partes, siendo sólo la última mitad el tiempo de la gran tribulación, cuando el padecimiento sea tan grande que a menos que los días hubiesen sido acortados ninguna carne podría salvarse (Mateo 24: 22). Él encuentra en relación con esta última Escritura citada que la aparición del Hijo del Hombre seguirá "inmediatamente después de la tribulación de aquellos días".

 

Nuestro estudiante encuentra esta venida descrita en Apocalipsis como una victoriosa salida a la batalla a la manera del Salmo 45 e Isaías 63. Él ha alcanzado la solución del problema que lo ha ocupado, y halla en el reino glorioso de Cristo por mil años amplio espacio para todas las brillantes descripciones del Antiguo Testamento.

 

 

El mismo capítulo en Apocalipsis (20) que habla de este reino milenial glorioso añade una breve descripción del período final de tiempo cuando Satanás, que ha sido atado, es desatado por una pequeña temporada, y nuevamente la gran lección de la inveterada e incurable enemistad del corazón del hombre natural es manifestada en el último y definitivo acto de rebelión, el cual es seguido por el castigo eterno y la retribución del mal en los ángeles caídos y los hombres inicuos, de modo que nada se entrometerá jamás en la gloriosa nueva creación de Dios, la cual será por toda la eternidad la esfera de una dicha y un gozo indecibles en adoración, en comunión, y en servicio a Dios y a nuestro Señor Jesucristo, en la presencia del Padre, el Hijo y el Espíritu, para el pueblo celestial en lo alto, y una tierra nueva en la cual mora la justicia.

 

De este modo el estudiante, mediante la guía del Espíritu de Dios, y quizás como resultado de un lento y cuidadoso arduo estudio y en oración de los materiales abundantemente provistos en la palabra de Dios, habrá construido un puente de verdad que se extiende de la eternidad hasta la eternidad, sobre el comparativamente estrecho lapso de tiempo de unos pocos miles de años de duración. Sin embargo, este lapso es de tal trascendental importancia que cada posible pregunta que pudo ser planteada acerca del bien y el mal no solamente ha sido discutida, sino que ha sido manifestada y se ha permitido que sigan su curso, para que al final del tiempo, con los portales de la eternidad abiertos, ello será con el conocimiento de que no más preguntas puedan jamás ser planteadas.

 

¡Qué vislumbre presenta este trascendental tema de esa calma eterna en que Dios está entronizado! ¡Desde la eternidad hasta la eternidad Él es Dios! La inquieta malicia de Satanás y la exigua rebelión del hombre caído no lo han desviado a Él del único incesante propósito que Él se propuso en Sí mismo antes del principio de los siglos, glorificar a Su Hijo, reunir todas las cosas en Cristo, "en la administración del cumplimiento de los tiempos" (Efesios 1 – VM), y tener reunidos en torno a Él mismo un universo de criaturas inteligentes, adoradoras, capaces de entrar en Sus pensamientos y disfrutar de Su amor; criaturas de diversas familias, pero todas las familias de los cielos y de la tierra nombradas con Su nombre que es el Padre de nuestro Señor Jesucristo; y en estas familias una brilla con un tierno resplandor de radiante belleza más maravillosa que todas las demás. Es "la novia, la esposa del Cordero". (Apocalipsis 21: 9 – VM).

 

No obstante, nosotros no debemos pensar que con la construcción del puente, suficiente y adecuado para que pasemos sobre toda su longitud, hemos completado el estudio de la verdad dispensacional. En realidad, sólo hemos esquematizado lo que nos invita a un estudio más profundo y minucioso. Quedan muchos detalles por explorar, muchas cuestiones por resolver; el lugar de muchos acontecimientos menores por encontrar; pero en todo ello, teniendo el gran esquema, podremos encajar los detalles con creciente facilidad.

 

Añadimos una palabra de especial énfasis con respecto al período en que estamos viviendo. Los fines de los siglos, o 'edades', han llegado sobre nosotros (1ª. Corintios 10: 11). La Iglesia es el misterio que desde el principio ha estado oculto en Dios, un misterio, o secreto, ahora dado a conocer (Efesios 3), cuya correcta aprehensión proporciona la clave para el conocimiento de toda profecía, y muestra la gracia peculiar y la dignidad maravillosa del lugar al cual han sido llevados pecadores de los Gentiles como nosotros mismos, con Judíos que por gracia han creído en Cristo.

 

Como ya ha sido dicho, esta época actual, o período de los modos de obrar de Dios, está marcada por la presencia del Espíritu Santo de manera especial, no meramente descansando sobre los hombres para poder e iluminación en el conocimiento de la verdad, sino morando en ellos y uniéndolos, en abundante benevolencia y vital actividad, a Cristo que es la Cabeza de Su cuerpo la Iglesia, y los unos a los otros como miembros de ese cuerpo. Esto abre un inmenso y muy preciado campo de verdad que tiene el mayor encanto porque presenta el clímax de todos los propósitos de Dios — Su obra maestra, podríamos decir de manera reverente.

 

En Colosenses 1: 24, 25, el apóstol habla de un ministerio especial que le había sido encomendado además de aquel del evangelio. No se trataba, obviamente, de que uno contradijera al otro, sino más bien que esta administración especial de Dios, que le fue dada para dar a conocer "el misterio", era suplementaria a la del evangelio. Aquí aparece una expresión notable que es bueno notar: a saber, "de la cual yo llegué a ser ministro, conforme a la administración de Dios que me es dada para con vosotros para completar la palabra de Dios". (Colosenses 1: 25 – JND). Una lectura fortuita de esta cláusula sugeriría meramente que estas verdades habían sido predichas antes, y que ahora se estaban cumpliendo. De hecho, no es este el caso; pues como hemos dicho, la verdad de la Iglesia no fue dada a conocer y apenas se puede decir que haya sido predicha. Los tipos en el Antiguo Testamento requieren un conocimiento del "misterio" incluso para relacionarlos con la Iglesia.

 

La palabra que llama la atención es "completar"; y lo que nosotros hemos afirmado aquí es que la gran verdad de la Iglesia como el cuerpo de Cristo, compuesto de Judíos y Gentiles, bautizados y habitados por el Espíritu Santo (todos los santos del actual período, desde Pentecostés hasta la venida del Señor), es la revelación cumbre que nos ha llegado en las Escrituras. En ese sentido el ministerio de Pablo, si bien no es el último cronológicamente, ni siquiera moralmente, es el clímax de toda revelación divina. Todo lo que se saca a relucir después, en particular las nobles escenas que pasan ante nosotros en el libro del Apocalipsis, no son nuevas verdades, sino más bien ampliaciones de lo que ya ha sido declarado tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. De hecho, podemos decir que el libro del Apocalipsis retoma el tema de la profecía del Antiguo Testamento, dándole mayor claridad y ampliación. Pero no hay ninguna nueva doctrina involucrada allí, y el lugar y el destino de la Iglesia en él expuestos ya han sido anticipados y revelados en los escritos de Pablo.

 

Por tanto, de una manera muy evidente este ministerio del "misterio", esta revelación de la verdad de la Iglesia de Dios, es la completación de todo el canon de la Escritura. Ella es la cúspide sobre la estructura perfecta que completa el todo. Es la piedra angular del arco, que une todo y hace un puente perfecto desde la eternidad hasta la eternidad.

 

Por consiguiente, si uno es ignorante en cuanto a la verdad de la verdadera naturaleza y el verdadero lugar de la Iglesia de Dios en Sus modos de obrar, no puede tener claridad en cuanto a los vastos propósitos que Él ha formado. Un asunto como este merece la cuidadosa atención, y la atención con oración, del estudiante de la Biblia.

 

Por lo tanto, las Epístolas, particularmente las de Pablo, nos revelan la naturaleza, el carácter y la constitución de la Iglesia como el cuerpo de Cristo, la casa de Dios, habitada por el Espíritu, y destinada a ser la esposa en el día venidero del cual hemos hablado. Se encontrará que la constitución de la Iglesia proporciona una amplia provisión para toda adoración, el disfrute de toda comunión, el ejercicio de cada actividad, y el cumplimiento de cada responsabilidad que recae sobre ella. Ya sea que la consideremos como un cuerpo compuesto de muchos miembros, todos unidos a la Cabeza, y veamos las variadas funciones de estos miembros, que difieren entre sí, y todos trabajando juntos armónicamente para la edificación de ella misma en amor (Efesios 4: 16); o ya sea que la consideremos como la casa de Dios que descansa sobre el fundamento puesto por los apóstoles y profetas, hombres inspirados que nos han dado las Escrituras del Nuevo Testamento, nosotros vemos cada provisión que la sabiduría y el amor divinos podían hacer. Se hace provisión para los detalles más minuciosos. Se anticipan las mayores necesidades; y tan hermoso es el organismo vivo que incluso ahora a los principados y potestades en los lugares celestiales se les da a conocer por medio de la Iglesia la multiforme sabiduría de Dios (Efesios 3: 10).

 

Un organismo tan delicado, tan maravilloso, debe tener un entorno adecuado en el cual operar. Esto ha sido proporcionado en la posición Cristiana. Esta se caracteriza por la redención consumada de Cristo a través de la cruz; por Su resurrección como el testimonio de la aceptación de Dios de todo lo que Él ha hecho; por Su ascensión a lo alto para ser nuestro Sumo Sacerdote que nos sostiene en las pruebas del camino; y nuestro Abogado para restaurarnos si nos alejamos de Él; Por el Espíritu Santo para darnos la conciencia de nuestra cercanía a Dios, el sentido de la filiación, con su acompañador poder de dignidad y libertad, junto con el conocimiento de todas las demás bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo que son nuestra porción actual.

 

Ninguna de nuestras palabras puede enfatizar la trascendental importancia de una correcta comprensión de todo esto. Es solamente cuando la libertad Cristiana es realizada que nuestras serias responsabilidades, tanto como individuos y como miembros de la Iglesia de Dios y de unos de otros, pueden ser llevadas a cabo. El ministerio, ya sea en el evangelio de la gracia de Dios como es predicado a las personas no salvas, o en la exposición de Su palabra a Su pueblo; la disciplina, ya sea en cuanto al cuidadoso servicio pastoral diario de los que han sido así dotados, o los variados grados de amonestación de advertencia, incluso hasta el extremo de la expulsión, todo esto sólo puede ser llevado a cabo de manera correcta en la santa pero muy misericordiosa atmósfera de la libertad con que Cristo nos ha hecho libres.

 

Una vez que estas verdades características de la posición Cristiana han sido comprendidas, el estudiante de la Biblia verá cuán incongruente es difuminar en un confuso todo las varias épocas o administraciones (dispensaciones) de la Escritura. ¡Cuán limitada es esa libertad que no ve más allá de la letra — que toma, por ejemplo, el libro de los Salmos como siendo igualmente relevante para el Cristiano que las Epístolas de las que estamos hablando!

 

Lejos de que esto lo lleve a despreciar la preciosa revelación que es presentada allí, él se llenará de asombro y admiración por la perfección de esta y de cada porción de la palabra de Dios. De hecho, su disfrute de ella se verá reforzado al darse cuenta que "alguna cosa mejor" ha sido provista para nosotros — sin embargo, una cosa mejor que sólo nos da la capacidad de disfrutar todo lo que el Antiguo Testamento revela.

 

¿Acaso no podemos decir que la mayor parte de la confusión que ha entrado entre el pueblo de Dios, la falta de poder y libertad, con la correspondiente intrusión de la mundanalidad y la mezcla de los santos con el mundo, ha sido el resultado de la falta de seguimiento, bajo la guía del Espíritu de Dios, de la plena verdad del Evangelio, incluyendo, como lo hace, todos los rasgos característicos del Cristianismo?

 

Esto nos lleva a otro rasgo de la verdad dispensacional o profética predicho claramente en la palabra de Dios. No solamente todas las cosas conducen al gran clímax, sino que incluso la Iglesia, que debería haber sido la guardiana de los más inestimables secretos de Dios, ha fracasado en su sagrada responsabilidad; y como resultado ha entrado una ruina en lo que respecta al testimonio humano. La Escritura predijo todo esto, y la época actual de la maravillosa gracia no es una excepción a la triste regla — una lección que obtenemos de todas las épocas — que todo lo que es confiado al hombre fracasa. Sólo Dios es fiel. Así que no hay espacio para la autocomplacencia mientras nos detenemos en las asombrosas verdades que hemos estado sugiriendo. Más bien, la vergüenza y la confusión de rostro serán lo conveniente en nosotros al considerar nuestra condición actual y la de toda la Iglesia profesante, y al compararla con el glorioso ideal difundido ante nosotros en las Epístolas.

 

¿Dónde está la virgen pura desposada con Cristo? (2ª. Corintios 11: 2). ¿Dónde está la unicidad de corazón y alma? ¿Dónde está ese un solo cuerpo unido a la única Cabeza, movido por un solo y mismo Espíritu? ¿Dónde está ese templo santo en el que nada profano o del mundo se entromete? Bendito sea Dios, sabemos que Sus propósitos permanecen. Él ya ve a la Iglesia como será en la gloria, pero nosotros mismos, con tristeza, juicio propio y humillación, tomamos nuestro lugar como lo hizo Daniel para su tiempo, y decimos: "Nuestra (es) la confusión de rostro". (Daniel 9: 7).

 

Por lo tanto, el resultado del estudio dispensacional será dar una mayor amplitud, un conocimiento más profundo, y una conformidad de pensamiento más exacta, del propósito de Dios revelado en Su palabra de lo que es posible donde toda la Escritura ocupa un único nivel inerte.

 

Al concluir nuestro pequeño libro presentaremos una lista de literatura útil acerca de esta parte de nuestro tema. Sin embargo, lo que estamos procurando enfatizar en este momento es la gran importancia, no, la necesidad de que cada uno forme su propio esquema del conocimiento dispensacional. Se pide encarecidamente al estudiante que vuelva a leer lo que hemos dicho sobre ese tema.

 

Samuel Ridout

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Abril 2020

 

N. del T: se recomienda la lectura de: LA ENSEÑANZA DE J. N. DARBY CON RESPECTO A DISPENSACIONES, EDADES, ADMINISTRACIONES Y LOS DOS PARÉNTESIS

Escrito de R. A. Huebner en la siguiente dirección: http://presenttruthpublishers.com/pdf/DISPENSACIONES-ETC.pdf

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

JND = Una traducción del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, versículos traducidos del Inglés al Español por: B.R.C.O.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés: 2
 Dispensational Study, by Samuel Ridout
Traducido con permiso


Versión Inglesa
Versión Inglesa