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¿Por qué hay una falta de comunión?

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¿Por qué hay una falta de comunión?

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60).

 

Bible Herald: Volume 6

 

Un creyente ESPIRITUAL y uno mundano son como el aceite y el agua, que pueden estar juntas en el mismo recipiente, y sin embargo no hacen una mezcla — mucho menos una difusión. El espiritual y el carnal pueden estar juntos en la misma comunión exterior, pero no hay comunión interior. Ellos no tienen los mismos elementos comunes delante de sus almas, por eso la comunión espiritual de ellos es imposible. Este es el secreto de la ruptura de la comunión y de la pesadez en la adoración. El instrumento de alabanza tiene muchas cuerdas desafinadas, y por tanto surge la discordia. Santos que se reúnen en la misma asamblea no se hablan entre ellos en términos espirituales. Cuando ellos se reúnen no tienen nada que decirse los unos a los otros acerca de las cosas espirituales. Ellos no están en la misma condición espiritual, y su conciencia acerca de la incompatibilidad hace que no se hablen y guarden silencio. Y si ellos no tienen nada en común para conversar espiritualmente, ¿cómo pueden ellos tener algo en común en la oración y en la adoración? Una parte de la asamblea tiene a Cristo y aquellas cosas que son de arriba delante de sus almas (Colosenses 3), y los de la otra parte están en un muy amplio y constante contacto con el mundo, por lo cual la consecuencia es que el tono y el espíritu de la asamblea se deprimen; y puede pasar una hora entera antes que los santos sean llevados a un espíritu de adoración, y muy frecuentemente no hay ninguna conciencia de la Adoración en un cuerpo, en absoluto.

 

En el hecho de que los santos están generalmente tan mezclados con el mundo, y no separados de él y con el Señor fuera de él en un mundo nuevo, está la explicación de la falta de vida de las asambleas y de su incapacidad para la adoración.  La Escritura ofrece abundantes y dolorosas ilustraciones acerca del hecho de que el mundo actúa para rebajar el tono moral y para poner a santos fuera de la comunión viviente de unos con otros, ¿Acaso no es notable, también, de qué manera sorprendente los ejemplos más prominentes están formados por dos personas? La mera declaración de unos pocos ejemplos mostrará esto: —

 

1. Abraham, el hombre de fe tuvo su Lot, el cual finalmente lo dejó y se fue a Sodoma.

 

2. Moisés, el hombre de Dios, tuvo su Aarón que, cuando él estaba en el monte con Dios, cayó en la idolatría para complacer al pueblo.

 

3. David, tuvo a su Jonatán, quien, aunque le amaba mientras derramaba su propia alma, aun así dejó su compañerismo afuera para volver a su asiento en la mesa del rey. ¡Su corazón estaba con David, y su compañerismo con Saúl! ¡Es lamentable! Cuántos santos son como él.

 

4. Elías tuvo su Abdías, el cual profesaba gran respeto por Elías, y sin embargo, habiendo estado en comunión con Acab, sintió que no había ninguna comunión entre el separado "hombre de Dios" y él mismo cuando se encontró con él. Qué pequeño se encontró Adías al buscar sustento para los caballos y las mulas de Acab cuando se encontró con el fiel hombre de Dios que había estado en el exterior, totalmente oculto y sostenido por Dios en el momento en que él había figurado como oficial en la casa del rey. (1º. Reyes 18).

 

5. Eliseo tuvo su Giezi, el cual fue tras Naamán, y por su mundanalidad arruinó el testimonio del profeta acerca de la gracia del Dios de Israel. (2º. Reyes 5).

 

6. Micaías tuvo su Josafat, el cual fue con el rey Acab a Ramot de Galaad, y casi pereció en la batalla, mientras Micaías iba a prisión por su fidelidad a la palabra de Jehová testificando contra la expedición. (1º. Reyes 22).

 

7. Pablo tuvo su Pedro, el cual cayó en la simulación, y llevó a otros con él — incluso a Bernabé, y fue reprendido por Pablo delante de todos por no andar rectamente, llevado a ello por su ternura hacia aquellos que representaban la mundanalidad religiosa. Su antigua apreciación por las cosas que son de los hombres hizo que él se extraviara. (Gálatas 2: 11 a 14).

 

De nuestro Señor Jesús se dice que todos Sus discípulos Le abandonaron, y Le dejaron solo. Pablo dice, "ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon… Pero el Señor estuvo a mi lado". (2ª. Timoteo 4: 16, 17). Un Jesús ajeno al mundo y un Pablo ajeno al mundo estaban en comunión sin distancia moral alguna entre ellos. Qué honra y qué consuelo es tener al Señor a su lado cuando todos los santos no lograron hacerlo. En días malos y en temporadas de crisis moral deben estar el Señor y el testigo aunque todos nos abandonen. Aquellos que no se niegan a sí mismos por Cristo salvan su vida, pero la pierden. Es muy sorprendente ver tales pares de personas como hemos mencionado, estando en contacto exterior en la Palabra, pero siendo de diferente tono interior y de diferente carácter de decisión espiritual. No obstante, los tales existen en la Iglesia de Dios, y por eso surge la dificultad. No habría ninguna dificultad si sólo se tratase de disparidad en el conocimiento, de consecución, o de crecimiento, pues los niños, los jóvenes y los padres pueden estar en la más feliz comunión siempre y cuando sean lozanos y espirituales, pero cuando hay una falta de santificación para con un Cristo celestial y hay una adhesión voluntaria al mundo, hay un eficaz obstáculo para la comunión espiritual y para la adoración unida, así como para beneficiarse por medio del ministerio de la palabra. Dos santos que se encuentran en la misma posición terrenal, que tienen el mismo conocimiento de la Palabra y que andan de manera profesada en la misma senda de separación del mal, cuando son dejados a solas por un tiempo en compañía el uno del otro, sienten que no tienen nada que decirse entre ellos. Ninguno de los dos se aventura a hacer un comentario espiritual. Ellos no pueden, no se atreven, porque hay un secreto sentido de más comedimiento; así que, en lugar de hablar de Cristo y de Cristianismo, ellos hablan del clima, o de la guerra, o de la última catástrofe. ¿Cómo explica usted esto? ¿Cómo es que Eliseo necesitaba un tañedor antes de poder hablar? (2º. Reyes 3: 15). Ello fue a causa del rey de Israel en compañía de Josafat rey de Judá. Lo mismo ocurre con los santos que son espiritualmente sensibles y andan en el Espíritu, cuando otros que profesan estar separados de los pecadores y no lo están, están presentes. Ellos están sobre alturas morales diferentes, y en condiciones espirituales disímiles. Uno está mezclado con el mal, y está procurando secretamente sacar el máximo provecho de ambos mundos, y su hermano más espiritual siente en su presencia como si él necesitase el "tañedor" (la conversación edificante de un santo que disfruta de Cristo) antes que él pudiera pronunciar una frase acerca de cosas espirituales. Si el otro hermano habla, por sentir que hay una necesidad de decir algo, él probablemente sentirá la necesidad de darse él mismo un carácter para las conversaciones o las buenas acciones como Abdías (1º. Reyes 18) por haber alimentado a los profetas librados en la cueva en la época del hambre mientras vivía como principal administrador en la casa de Acab, mientras Elías estaba en solitaria separación con Jehová en el arroyo de Querit (1º. Reyes 17); y, a pesar de las buenas acciones de Abdías, el profeta del Señor estaba en el lugar equivocado en la casa del inicuo rey, por cuya causa el juicio del hambre había sido enviado; y cuando él se encontró con Elías, con sus buenas acciones y todo, no hubo comunión, y Elías se lo hizo saber. ¡Demasiados son Abdías!

 

Este elemento mundano en los santos es el obstáculo para la comunión y es la causa de la ruina de las asambleas. Es asombrosa la rapidez con que una asamblea de los santos de Dios puede ser arruinada en su espiritualidad por la entrada del espíritu de permitida mundanalidad. Ella puede estar en la abundancia plena de espiritualidad, y en uno o dos años llega a estar lánguida y sin vida, el disfrute consciente de la feliz comunión espiritual ha cesado, e incluso cuando todos siguen reuniéndose para la oración, la adoración, y el partimiento del pan como antes, el manantial, el poder, la libertad, el gozo y la luminosidad han desaparecido, y los santos se sientan bajo la sombra de muerte. En tal condición de cosas es también notable lo súbito con que la verdad del misterio de Dios y del lugar, del carácter y de la vocación de los santos como estando unidos a Cristo en la gloria celestial puede ser abandonada, y lo súbito con que la mayoría puede renunciar a ella de manera práctica. La comunión en el poder consciente, viviente del Espíritu ha desaparecido, el fino mecanismo espiritual de la Iglesia ha sido trastornado, el poder viviente de la Palabra y el flujo refrescante de la adoración han llegado a un punto muerto, y no hay posibilidad de hacer que sea de otra manera pues, ¿de qué sirve girar las manecillas de un reloj cuando el resorte principal está roto? La consciente presencia y el consciente poder del Espíritu en tiempos mejores revelando a Cristo y derramando el amor de Dios en el corazón sirvieron a la verdad para muchos, y ellos se sentían fortalecidos, felices y unidos; pero al estar el Espíritu contristado y apagado, habiéndose relajado o estando inactivo el poder divino que mantenía juntos, la baja condición mundana que había estado creciendo secretamente mientras la espiritualidad declinaba llega a ser manifiesta y aumenta con tal rapidez que no puede ser detenida, porque parece que ya no hay poder en ninguno para superarla por mucho que lo intenten los pocos que la sienten y se lamentan por ella, pues se trata de una declinación corporativa, y probablemente continuará hasta que las cosas lleguen a un bloqueo, y la desmoralización sea completa. Aquellos que todavía andan en el Espíritu sienten el relajo moral así como las terribles esterilidad y falta de vida, y lamentan la propia impotencia; y, estando la atmósfera cargada con impurezas, ellos mismos son susceptibles de sufrir daño, incluso cuando anhelan y se esfuerzan para hacer que sea de otra manera. La verdad llega a ser impotente; el crecimiento se ve afectado, y la frescura languidece; las oraciones y las acciones de gracias son las áridas repeticiones de versículos de la Escritura, o el repaso formal del campo completo de la verdad revelada donde no hay nada revelado al alma, y la verdad de Dios, no siendo en el Espíritu, no tiene un real poder para cimentar la unidad divina de tipo interior, y por tanto, los vínculos de la comunión eclesiástica se aflojan y se rompen, porque al dejar de ser el vaso el testigo del amor y la benignidad de Dios, y de la gracia y la gloria de Cristo, la comunión con el Padre y con el Hijo no es disfrutada, y, como consecuencia, ya no hay ninguna comunión consciente de unos con otros; y en realidad estamos de regreso al vacuo formalismo del que habíamos salido, intensificado en su funesta influencia por esto que es practicado en el verdadero terreno de Dios para Su Iglesia.

 

Pero la fe continua en el Hijo de Dios, y andar en el Espíritu son esenciales para mantener el terreno divino; de otra manera, se puede permitir que se nos esfumen tanto dicho terreno como la verdad. Cuando el Espíritu es entristecido y no está actuando en energía espiritual uniendo a las almas en una, la verdad para el momento es debilitada, y poco a poco se renuncia a ella, y por tanto, la comunión en el Espíritu no es realizada, la adoración es una imposibilidad, y, en vez de ser ejercitados en el alma por las cosas tristes que están ocurriendo, y también por las cosas que afectan de manera injuriosa al nombre del Señor, la mayoría de los santos está tan sumamente entumecida por la escarcha del invierno eclesiástico que ellos no pueden ser espabilados de su letargo moral, y no se puede hacer que se dirijan a una confesión genuina y penitente de su mal estado, o a activar esfuerzos para la separación práctica de los malos caminos; ¡sino que en aras de la tranquilidad y la paz, ellos prefieren asumir hacia todas las personas y causas la actitud de una neutralidad benévola!

 

(Léase: Judas 20 a 25; 1ª. Juan 2: 15 a 17; 2ª. Pedro; Santiago 4; Tito 2: 11 a 15; Tito 3: 1 a 9; 2ª. Timoteo 3; 1ª. Timoteo 6; Colosenses 2 y 3; Filipenses 3; Efesios 4: 17 a 32; Efesios 5: 1 a 21; Efesios 6: 10 a 20; Gálatas 5, 6; Juan 17).

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Julio 2020.-

Título original en inglés:
Why There is a Lack of Fellowship?
Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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