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La Pascua - Las Fiestas de Jehová. ( G. C. Willis)

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Duración: 29:15 min.

Las Fiestas de Jehová - George Christopher Willis

Capítulo 5

 

La Pascua

 

"En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. (Levítico 23: 5)

 

"Sacrificarás la pascua por la tarde a la puesta del sol, a la hora que saliste de Egipto". (Deuteronomio 16: 6)

 

"Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros". (1ª Corintios 5: 7)

¿Por qué el Cordero Pascual,

De antaño por Israel sangró?

Para ser su salvaguarda y su fiesta.

Para rociar y alimentar.

 

No atiendas, alma mía escudriñadora,

A sombras rituales ahora;

Cristo es el Cordero todo puro e íntegro,

Y tú eres el primogénito rescatado.

 

Haz que tu casa entre ahora.

Inmola, come, unge tu puerta;

El temible vengador no entra

Para herir, sino que pasa por alto.

 

Él mira y llama desde lo alto,

«¿Vas a morir o a vivir?»

Él oye los postes y el dintel clamar,

«Perdona, perdona, perdona».

 

Oigo al acusador rugir

Acerca de maldades que yo he hecho;

Las conozco bien, y miles más;

Jehová no encuentra ninguna.

 

Pecado, Satán, Muerte, oprimen de cerca,

Para acosar y horrorizar;

Que aparezca mi sangrante Señor,

Ellos retroceden y caen.

 

Ya hemos mencionado la diferencia entre el Día de Reposo y las otras fiestas de Jehová.

        La Pascua era la primera de las Fiestas anuales de Jehová. Era observada el día catorce del primer mes, — el mes de Abib. (Deuteronomio 16: 1). La Pascua recordaba cada año la Redención y la liberación desde Egipto. Cristo, nuestra Pascua, fue sacrificada por nosotros. (1ª Corintios 5: 7). El Cordero pascual era un tipo de Cristo. Cada vez que era sacrificado, señalaba hacia adelante a Aquel que había de venir, — el Cordero de Dios, "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados". (Colosenses 1: 14).

        Cuando la Pascua fue dada por primera vez a Israel, ellos eran esclavos de Faraón, el rey de Egipto, un tipo de Satanás, y servían a los ídolos en Egipto. Podemos ver que los propios israelitas, al igual que los egipcios, merecían recibir el justo juicio de Dios contra los pecados; no había ninguna diferencia. Dios advirtió al pueblo de Egipto, — tanto a los egipcios como a los israelitas, les dijo claramente: "A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto". (Éxodo 11: 4, 5). Pero Dios también proporcionó una forma de escapar de este juicio. Cualquier persona que creyera y obedeciera la palabra de Dios sobre la manera de librarse, ciertamente sería salva.

        ¿Y cuál era la manera de librarse? El décimo día del primer mes debían tomar un cordero y guardarlo hasta el día catorce del mes al atardecer, un cordero por familia. Si la familia era tan pequeña que no bastaba para comer el cordero, que él y el vecino más cercano a su casa lo tomen. Noten, por favor, que no había duda acerca de que el cordero pudiese ser demasiado pequeño para la familia. El Cordero de Dios es suficiente para todos, — incluso para el peor pecador. El día catorce del primer mes por la tarde, ellos inmolaron el cordero, colocaron la sangre en un lebrillo, y con un manojo de hisopo pintaron el dintel y los dos postes de la puerta de la casa de ellos con la sangre que estaba en el lebrillo, y nadie podía salir de esa casa hasta la mañana.

        La sangre estaba en el exterior de la casa. Las personas que estaban adentro no podían verla. La sangre era sólo para los ojos de Dios. En la oscuridad de la medianoche Sus ojos podían decir si había sangre en la puerta o no, y Él dijo, "Cuando yo vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros". (Éxodo 12: 13 – JND).

        Observen, por favor, que el cordero vivo no podía salvarlos. Noten también que el cordero muerto con la sangre en el lebrillo no los salvaba. Ellos debían tomar esa sangre y ponerla en su propia puerta, si la salvación había de venir a esa casa. La sangre fue aplicada con hisopo, y el hisopo es una hierba amarga, y nos habla de la amargura del alma en el arrepentimiento, cuando yo me doy cuenta de que mis pecados han causado la muerte del Cordero de Dios para salvarme. Querido lector, permita que le pregunte, ¿ha aplicado usted la sangre a su puerta, o todavía ella está en el lebrillo? Dios ha provisto el Cordero, — a saber, Cristo; el Cordero de Dios ha muerto, Su sangre está disponible para usted. Ella está, por así decirlo, en el lebrillo. ¿No tomará usted el hisopo y se la aplicará usted mismo, pues de lo contrario, ella no sirve de nada para usted?

        Sí, Dios en misericordia «pasó por alto» de los pecadores que confiaron en la sangre del cordero. En cambio, el juicio de la muerte cayó sobre el Cordero inmaculado. La sangre en el dintel y los dos postes protegió a todos los que estuvieron en el interior de esa casa de la destrucción de la muerte cuando Jehová pasó por Egipto esa noche en juicio.

        La propia palabra de Dios fue, "Veré la sangre, y os pasaré por alto". (Éxodo 12: 13 – VM). La sangre del cordero los hizo estar a salvo. La palabra de Dios les hizo saber con certeza que ellos estaban a salvo. El cordero murió para que ellos pudieran vivir. La sangre apropiada para ellos, puesta en su propia puerta, por medio de la fe en la palabra de Jehová, les dio Certeza y Gozo. La sangre del cordero fue el fundamento de la nueva posición de ellos con Jehová, como Su pueblo redimido. La redención mediante la sangre fue el derecho de ellos a todas las bendiciones que después recibieron de Dios, porque eran Su pueblo. La sangre fue el fundamento de todo. La Pascua, la primera de las Fiestas, fue el fundamento de todas las demás Fiestas.

        Pero hay otra lección para nosotros en esta Fiesta. Este mes no fue antes el primer mes. Dios cambió el calendario de ellos. Los meses anteriores del año fueron borrados, y el mes en el que ocurrió la Pascua fue el primer mes del año.

        ¡Cuán cierto es esto para el pecador! Su vida pasada es borrada por esa preciosa sangre. Él comienza una nueva vida cuando se refugia bajo la sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios. Él nace de nuevo, y el tiempo comienza de nuevo para él. Es realmente el primer mes del año, — un nuevo comienzo, "las cosas viejas pasaron". Él tiene un nuevo día en que cumple años.

Esto nos muestra de qué manera la redención y el nuevo nacimiento están unidos. Confiar en la preciosa sangre de Cristo, es "nacer de nuevo".

Dispensacionalmente, esto puede señalar el período del juicio del hombre desde Adán hasta la muerte de Cristo. Todo fue fracaso, y debía fenecer. En la cruz hubo un nuevo comienzo. Como ustedes saben, la mayoría de los países del mundo calculan sus años desde el tiempo de Cristo. Verdaderamente, la cruz es un nuevo comienzo, «el primer mes del año».

        Para el cristiano individual, ello muestra claramente que cuando cree en Cristo, él nace de nuevo. Ya no se le considera como un hijo de Adán, como un pecador caído. Él está en Cristo ahora como una nueva creación. Él comienza a vivir una nueva vida. Su antiguo yo está crucificado y enterrado.


 

Él ha sido comprado para Dios

Ha nacido de Dios

Sale a vivir para Dios,

Y ya no para servir al pecado, al mundo y a Satanás.

 


La Iglesia comenzó a existir después de la Cruz. Su fundamento es, también, la sangre del Cordero, pero lo consideraremos más plenamente más adelante.

Verdaderamente, por medio de la cruz, de la que la Pascua habla, todas las cosas son hechas nuevas. Bien puede decirse, «Es el primer mes del año para ustedes».

Aparte de la muerte de Cristo, y de la fe en Aquel que murió, aparte de la Persona y la obra de Cristo, no puede haber un verdadero Cristianismo en la tierra, y ningún derecho para el cielo en lo sucesivo. La redención por medio de la sangre es el fundamento de todo. La Cruz es el punto de partida para el trono. La sangre del Cordero es el único derecho a la gloria de Dios. Y por eso Jehová ordenó que la gran Fiesta de la redención fuera observada de año en año (Éxodo 13: 10), a lo largo de sus generaciones.

Inmediatamente después de entrar ellos en el Año Nuevo, debían celebrar la Fiesta de la Pascua. Y esto debía continuar incluso después que llegaran a la tierra de Canaán, y se establecieran en su herencia más allá del Jordán. Esta Fiesta conmemorativa aún debía mantenerse (Josué 5 y Deuteronomio 16), y cuando las generaciones venideras preguntaran su significado, ellos debían contar la historia de su redención. (Éxodo 12: 24 a 27).

Pero, después de haber aplicado la sangre al dintel y a los dos postes y de haber entrado en la casa, refugiándose bajo la sangre, ¿qué hizo entonces la familia? Entonces ellos tomaron ese cordero muerto, cuya sangre les había salvado la vida. Lo asaron, y con los lomos ceñidos, el calzado en sus pies y el bordón en la mano, se reunieron alrededor del cordero asado, para alimentarse de él. La sangre los hizo estar a salvo, la carne les dio comida. Pero este cordero debía ser asado al fuego, no podían comerlo crudo, ni cocido en agua. El ardor del juicio y de la ira de Dios fue soportado por el Cordero de Dios, sin que nada se interpusiera entre Él y el fuego del juicio. ¿Quién puede hablar de las profundidades de todo Su padecimiento durante esas horas de tinieblas, llevando nuestros pecados en Su propio cuerpo en el madero? ¿Cómo podemos conocer las profundidades de la angustia que motivó ese clamor , "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Esto nos dice algo acerca del fuego soportado por aquel inmaculado Cordero de Dios. Y este debía ser comido con "hierbas amargas". Eso me dice que yo me doy cuenta en mi propia alma de que ¡Él lo hizo por mí! Fueron mis pecados los que Le clavaron en esa cruz. ¡Cuán amargo, para el alma de quien le ama, es un pensamiento tal! ¡Pero, qué precioso, también!

Pero, consideremos por un momento aquel cordero, y mientras hacemos eso, que el Señor nos ayude a ver más hermosura en el Cordero de Dios.

El Cordero debía ser sin defecto (Éxodo 12: 5). No ha habido ninguno de los hijos de Adán que haya podido afirmar que es "sin defecto". Sólo Cristo, el Hijo de Dios, y el Hijo del Hombre, el Cordero de Dios, es "sin defecto".

"Macho de un año", (Éxodo 12: 5), nos habla de la fuerza y energía de nuestro bendito Cordero. El cordero escogido no debía ser viejo ni decrépito. Y nuestro Señor sufrió la muerte con toda Su vida, (humanamente hablando), ante Él. Tenía unos 33 años. Él pudo decir en los Salmos, "Él debilitó mi fuerza en el camino; Acortó mis días. Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días". (Salmo 102: 23, 24). Él tenía todavía el rocío de Su juventud. (Salmo 110: 3).

"En el diez de este mes tómese cada uno un cordero… Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes".  (Éxodo 12: 3, 6). Cuán maravillosamente el Señor cumplió todo esto. El décimo día del mes primero Le vemos venir a Jerusalén. Él permaneció allí (aunque pernoctando fuera de la ciudad) hasta el día catorce, y al atardecer de ese día Él murió.

Nuestro Señor comió la última cena con Sus discípulos en las primeras horas del día catorce, porque el día judío se contaba desde el atardecer hasta el atardecer siguiente. Era de noche cuando Judas salió de la habitación. Más tarde, esa noche, ellos fueron al Huerto de Getsemaní, y mientras aún era de noche Judas guió a la banda de hombres a prender al Señor. Él fue crucificado a la hora tercera (Marcos 15: 25), o nueve de nuestra hora. Hubo tinieblas desde la hora sexta hasta la hora novena: es decir, desde las doce hasta las tres de nuestro tiempo, y alrededor de la hora novena murió el Cordero de Dios: aún en el día catorce del primer mes. El Cordero Pascual debía ser inmolado "entre las dos tardes". (Éxodo 12: 6). Nos dicen que esto significa entre las 3 y las 6 de la tarde. Así que el Cordero de Dios murió exactamente a la hora en que ellos comenzaban a inmolar los corderos de la Pascua.

Hay una conexión notable más entre el tipo y su cumplimiento. En la Septuaginta, (la traducción griega del Antiguo Testamento), en Éxodo 12: 13, la palabra usada para «pasar» significa «proteger, defender». Pero en Éxodo 12: 23, en la citada traducción, la palabra usada para «pasar» significa «pasar de largo» o «pasar por alto». Nuestro Señor usa esta misma palabra en Mateo 26:39, cuando Él ora en Getsemaní, "pase (o pase por alto) de mí esta copa". Así como Dios pasó por alto las casas en la noche de muerte en Egipto, así oró el Señor Jesús, para que esta copa pudiera pasar por alto de Él. Pero qué precioso el final de esa oración, "pero no sea como yo quiero, sino como tú".

Por otra parte, del Cordero Pascual estaba escrito, "ni quebraréis hueso suyo",  — Éxodo 12: 46. La forma judía de quitar la vida era la lapidación, lo cual quebraría los huesos. Pero Dios había dispuesto así que el Cordero de Dios fuera crucificado. Y aunque las piernas de los dos ladrones, crucificados con el Señor Jesús, fueron quebradas, el Espíritu de Dios, por medio de Juan, nos dice claramente que los soldados "no le quebraron las piernas". Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.". (Juan 19: 32 a 36).

Si en la Fiesta de la Pascua, en medio de la paz y la abundancia de la tierra de Canaán, los hijos de Israel se deleitaban en mirar hacia atrás a esa oscura noche de juicio en Egipto, cuando en medio de los clamores de muerte y aflicción que los rodeaban, ellos fueron salvos, cuánto más nos deleitamos nosotros en mirar hacia atrás y contemplar al Cordero de Dios que era tan digno del lugar más elevado en el Cielo, pero que ocupó el lugar más bajo en la tierra, incluso la muerte, muerte de cruz. Cuán preciosos son para nuestros corazones todos estos detalles en el retrato que el Espíritu de Dios nos ha dibujado tan perfectamente.

Pero por favor, consideren ustedes además que la Fiesta de la Pascua era "la Fiesta de Jehová". Era un retrato de Su propio gozo en el gran acontecimiento del cual ella era la sombra, y Su pueblo redimido era congregado alrededor de Él para compartir Su gozo en Su presencia. ¡Qué maravilloso pensamiento es este! ¡Jehová celebra una Fiesta en anticipación de la muerte de Cristo! ¡Esto rebasa todos nuestros pensamientos! No podemos entenderlo. Ningún santo ni ningún ángel puede conocer el valor de la muerte del Cordero de Dios, o lo que esa muerte significó para el corazón de Dios. Aquel Cordero que murió en la cruz era el Unigénito Hijo de Dios. Qué profundidades de significado hay en las palabras. "Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas" (Génesis 22:2); y además, "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito" (Juan 3: 16); y por otra parte, "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros" (Romanos 8: 32); y además, "teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos" (Marcos 12: 6); y por otra parte, "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados". (1ª. Juan 4: 9, 10).

Aquel Cordero de Dios, el "amado Hijo" de Dios (Colosenses 1: 13), "se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Esa perfecta obediencia hasta la muerte, esa completa entrega, esa consagración inquebrantable, fue un "olor grato" para Dios. La Cruz fue una Fiesta para Jehová. Ella Le devolvió más que aquello de lo cual el pecado Le había privado.

La Pascua miraba hacia adelante, a la cruz. La Cena del Señor mira hacia atrás, a la cruz, y podemos aprender preciosas lecciones acerca de esa cena al considerar la fiesta de la Pascua.

¿Dónde debía ser comida? "En el lugar que Jehová tu Dios escogiere… sacrificarás la pascua". (Deuteronomio 16: 6, 7).

Tres veces en este relato de la Fiesta Jehová repite esas palabras, "En el lugar que Jehová tu Dios escogiere". Ciertamente esto habla de la gran importancia que tiene este asunto a los ojos de Dios.

Lamentablemente, hoy en día, encontramos a muchas personas comiendo la Cena del Señor en el lugar que el hombre ha escogido. Encontramos compañías de hombres llamados mediante nombres de hombres, o de países, o de formas de gobierno eclesiástico. Estos son lugares que los hombres han hecho, y los hombres han escogido, y ciertamente no es cada uno de ellos el lugar que el Señor ha escogido para poner allí Su nombre, o no veríamos tal confusión, y tantos lugares, cada uno afirmando ser el lugar donde nosotros podemos comer la Cena del Señor.

Si nosotros nos alejamos de toda esta confusión, nos preguntamos, ¿encontramos alguna luz que nos guíe en la Palabra de Dios, en cuanto al lugar que Él ha escogido en estos días para poner allí Su nombre? Definitivamente sí.

Leemos, "Donde dos o tres han sido congregados a mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos". (Mateo 18: 20 – JND). "Dos o tres" no sugeriría un gran número, ni ninguna fuerza o autoridad personal. Pero, "a mi Nombre", nos habla del poder y la autoridad de Aquel a quien pertenece aquel Nombre.

Un súbdito británico en alguna lejana tierra extranjera puede acudir a la Embajada Británica en busca de ayuda y protección, debido al Nombre que esa embajada representa: a saber, al Soberano de Gran Bretaña. El poder y la autoridad de la embajada pueden no ser nada en absoluto: pero, debido al Nombre que representa, hay tanto poder como autoridad. Pero ese poder y esa autoridad deben ser usados de acuerdo con la voluntad y los deseos del Soberano. Sería impensable que el embajador actuara según sus propios deseos, sin tener en cuenta la voluntad de su soberano que lo ha colocado allí, y cuyo Nombre él representa. Así que si nosotros hemos sido reunidos "a Su Nombre", es evidente que todo debe ser de acuerdo con la voluntad de Dios, y con las enseñanzas presentadas en Su Palabra. Entonces, si comparamos con la Palabra esas diferentes compañías de personas que comen la Cena del Señor, podemos decir si están actuando de acuerdo a su propia voluntad, o de acuerdo a la Palabra de Dios.

Notaremos claramente que ningún edificio especial, o ningún lugar especial, son mencionados. Ya no se trata de un lugar particular aquí abajo, sino del lugar donde Cristo está en medio. Se trata de una PERSONA, no de un lugar, a la que ahora hemos sido reunidos. Nunca leemos en las epístolas acerca de «edificios sagrados», más santos que otros. Nosotros leemos acerca de, "la iglesia que está en tu casa" (Filemón 1: 2), y es evidente que los discípulos se reunían en casa de Filemón para comer la Cena del Señor. (Compárese también con Romanos 16: 5; 1ª Corintios 16: 19; Colosenses 4: 15). No leemos nada acerca de un ministro o de un clérigo. ¿Cómo podría un hombre asumir el control si el Señor está verdaderamente en medio? Sería impensable.

De modo que podemos ver que no es necesario tener un Salón Evangélico, o una Sala de Reuniones, o un "predicador", o "un ministro", o "un evangelista", o "un clérigo", para poder comer la Cena del Señor. Sólo dos o tres, si ellos han sido reunidos al Nombre del Señor, pueden comerla en una casa privada. Lo que importa es que Cristo está en medio, no edificios santos o personas ordenadas por hombres.

Pero la Pascua también nos habla claramente acerca de quiénes han de comer esta Fiesta. En Éxodo 12: 43 a 45 leemos, "Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza de la pascua; ningún extraño comerá de ella. Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado. El extranjero y el jornalero no comerán de ella". En Efesios 2: 19, leemos, "Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios". Es evidente que sólo los que son hijos de Dios, "hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Efesios 2: 13) pueden comer esta cena. ¡Qué tristeza es ver a los inconversos comiendo, para poder obtener la bendición! Esto es lo opuesto a la Palabra de Dios.

El rito de la circuncisión consistía en cortar una parte de la carne de todo varón. La ley de Dios para Israel era que todo varón debía ser circuncidado, es decir, a todo varón se le debía cortar una parte de su carne. El significado espiritual de esto para los Cristianos es que debemos "cortar" la carne. En el Nuevo Testamento Dios habla de "la carne", como de esa mala naturaleza en nosotros que siempre es propensa a hacer cosas malas. El cristiano no debe permitir esto: debe cortarla, o, mantenerla en el lugar de la muerte: pero, en realidad, la carne está siempre con nosotros hasta que el Señor nos lleve al Hogar; pero no debemos dejar que actúe.

El rito de la circuncisión estaba abierto para aquellos que deseaban formar parte del pueblo de Dios, y entonces ellos también podían comer la Pascua. Ahora, por medio de la fe en Cristo, nosotros llegamos a ser hijos de Dios, miembros de la casa de Dios, y con la carne cortada, en el lugar de la muerte, podemos comer esa cena.

Podemos ver, también, de qué manera debía ser comida esta Fiesta. En Éxodo 12: 11, leemos, "Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová". Debían comerla estando listos para dejar la tierra de su dolor y esclavitud. Y aunque nosotros hemos sido libertados de esa tierra por la misericordia de Dios, sin embargo comemos de esa cena, listos para dejar este mundo de dolor y muerte. La Palabra de Dios dice: "Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga". (1ª Corintios 11: 26). Comemos y bebemos esa cena esperando que el Señor venga.

También podemos mencionar que el tiempo exacto de la celebración de la Pascua fue especificado, y si miramos el Nuevo Testamento, podemos ver, cuándo hemos de comer la Cena del Señor.

Es cierto que las Escrituras dan gran libertad en este asunto. La Palabra dice: "Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga". (1ª Corintios 11: 26). Esto parece darnos libertad para comer «este pan y beber esta copa» en cualquier momento, y parece que en los primeros días de la asamblea ellos partían el pan diariamente. (Hechos 2: 46).

Pero las Escrituras señalan claramente la práctica de la iglesia primitiva en los días de los Apóstoles, y bien podemos prestar atención a esto. En Hechos 20: 7 leemos, "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan". En 1ª Corintios 16: 2, hablando de la ofrenda para los santos, leemos: "Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado". En Hebreos 13: 15, 16 este "sacrificio" de dar está relacionado con la muerte de Jesús.

Así que nos enteramos que la iglesia primitiva se reunía el primer día de la semana. Era entonces cuando hacían su ofrenda, su sacrificio de hacer el bien y de ayudarse mutuamente, y era entonces cuando se reunían para partir el pan. No hay ninguna sugerencia en las Escrituras acerca de partir el pan sólo una vez al mes, o una vez cada tres meses, o una vez al año como los hombres han dispuesto. El primer día de la semana es, evidentemente, el momento en que el Señor quiere que partamos el pan en memoria de Él. ¡Qué día tan apropiado para este propósito! ¡El día de la resurrección! Proclamamos la muerte del Señor en el día en que Él resucitó.

Y hacemos bien en recordar que fue "a la puesta del sol" cuando se comía la Pascua. (Deuteronomio 16: 6). El memorial del Señor es llamado, "La cena del Señor". Nosotros no comemos nuestra cena por la mañana. Cuando los discípulos se reunieron para partir el pan en Troas, parece que fue por la tarde, ya que Pablo les predicó hasta la medianoche. (Hechos 20: 7).

Es un hecho notable que una palabra griega especial es utilizada para el primer día de la semana, "el día del Señor" (Apocalipsis 1: 10) y "la cena del Señor" (1ª Corintios 11: 20), a saber, "kuriakós". Ella no es usada en ningún otro lugar de la Biblia. Significa, «perteneciente al Señor». El Primer Día le pertenece a Él. Qué apropiado es que comamos la Cena del Señor en el Día del Señor».

Resumamos lo que hemos aprendido de esta Fiesta con respecto a la Cena del Señor.

¿Dónde la comemos?La comemos "Donde dos o tres han sido congregados" al nombre del Señor Jesús". (Mateo 18: 20 – JND).

¿Quién puede comerla?

Solamente aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo pueden comerla.

¿Cómo la comemos?

Como no siendo nosotros del mundo, sino como estando preparados para dejarlo, y partir a otro lugar.

¿Cuándo la comemos?

El primer día de la semana.

Cuando meditamos en esta gran Fiesta fundacional de Jehová, y nos volvemos a Aquel que ha cumplido tan completamente cada detalle de ella, podemos clamar con todo nuestro corazón:

"El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza". (Apocalipsis 5: 12).

G. C. Willis

 

Traducido del Inglés al Español por B.R.C.O.

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones tal como las que son indicadas a continuación:

 

JND = Una traducción del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, versículos traducidos del Inglés al Español por Benito Carnio.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
The Feasts of Jehova, by G. C. Willis
Traducido con permiso

Versión Inglesa
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