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El Día de la Expiación - Las Fiestas de Jehová. ( G. C. Willis)

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Duración: 39:43 min.

Las Fiestas de Jehová - George Christopher Willis

Capítulo 11

El Día de la Expiación.

 

        "En este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová". (Levítico 16: 30)

        "Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación". (Hebreos 9:2 8 – LBLA).

'Allí en justicia trascendente,

He aquí, Él en el Cielo aparece;

Muestra la sangre de Su expiación,

Como tu derecho para estar allí'


Jehová apartó el décimo día del mes séptimo de cada año, como Día de la Expiación. En aquel día los pecados de la nación eran expiados, — o, cubiertos, ya que "expiación" significa "cobertura". Sólo de esta manera Jehová podía habitar en Israel.

        Ustedes recordarán que cuando Israel salió de Egipto, el mes séptimo fue cambiado al primer mes. Así que el décimo día del primer mes un cordero fue escogido, y el decimocuarto día fue inmolado y su sangre fue puesta en los postes de la puerta. La muerte de este cordero salvó a los primogénitos de la muerte y del juicio. Ahora bien, el décimo día del mes séptimo, un cordero es escogido de nuevo, y es inmolado. Este cordero no era ahora para salvar a Israel del juicio, sino que la sangre de este cordero es llevada dentro del velo y puesta sobre el propiciatorio.

        El Cordero de la Pascua tipifica a Cristo, el Cordero de Dios, el cual carga con nuestros pecados para salvarnos a nosotros, pobres pecadores, de la ira de Dios. La sangre del Cordero en el Día de la Expiación habla también de la preciosa sangre de Cristo, que es presentada a Dios, pero muestra de qué manera Su trono está establecido en justicia, para que Él pueda morar en medio de Su pueblo.

        En el capítulo 16 de Levítico, Jehová nos habla con todo detalle de los sacrificios en este día, pero en el capítulo que estamos considerando, Levítico 23, nosotros vemos la Fiesta desde el punto de vista de Dios.

        Antes de considerar los versículos en Levítico 23, consideraremos muy brevemente Levítico 16. En los versículos 1 y 2 leemos: "Y habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando ofrecieron delante de Jehová y murieron. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano que no entre en todo tiempo en el santuario, dentro del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio". (Levítico16: 1, 2.).

        Esto nos enseña claramente que el camino hacia el Lugar Santísimo no estaba abierto, ni siquiera para que el Sumo Sacerdote entrara en todo momento. Tampoco había alguna forma en que ellos pudieran permanecer allí en todo momento. El velo encerraba a Dios del hombre, y dejaba al hombre sin acceso a Dios. La sangre de los toros y de los machos cabríos no podía abrir aquel camino hacia el Lugar Santísimo. Ustedes recuerdan que cuando el Señor Jesús murió, entonces el velo se rasgó, se rasgó en dos, de arriba abajo, y ahora el camino al Lugar Santísimo está abierto de par en par para todos aquellos cuyos pecados son limpiados por esa preciosa sangre. "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe". (Hebreos 10: 19 a 22).

        Pero hasta la cruz, este camino estuvo cerrado. Sólo una vez al año, un hombre, solo, podía pasar ese velo al Lugar Santísimo. "Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto". (Levítico16: 3). Estas dos ofrendas tipifican las dos grandes cosas que la obra de Cristo realizó. La ofrenda por el pecado, es decir, la expiación, satisfizo perfectamente la necesidad del hombre, y el holocausto mantiene perfectamente la gloria de Dios. En este día no son mencionadas las ofrendas de paz o la ofrenda vegetal. El único gran tema es la expiación desde el punto de vista de Dios y desde el punto de vista del hombre.

        Aarón debía lavar su carne con agua y debía vestirse con las santas vestiduras de lino. Cristo no necesitó limpiarse. Él era absolutamente puro en todos los sentidos. Lo que Aarón usó y lo que él hizo no son más que pequeñas sombras de lo que nuestro gran Sumo Sacerdote, el Señor Jesucristo, es realmente en Sí mismo.

Pues bien, leemos: "De la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto. Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa". (Levítico16: 5, 6). Aarón y su casa representan a la iglesia, no como el "un solo cuerpo" como en Efesios y Colosenses, sino como en 1ª Pedro, donde leemos, "Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo". (1ª Pedro 2: 5). También en Hebreos 3: 6, "Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza".

Jehová mandó al sumo sacerdote, "tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel (o, macho cabrío expiatorio). Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto". (Levítico 16: 7 a10).

Los dos machos cabríos en estas imágenes hablan de las dos formas en que podemos ver la expiación. La suerte por Jehová caía sobre un macho cabrío, y la suerte por el pueblo sobre el otro macho cabrío.

El macho cabrío sobre el que caía la suerte por Jehová no lleva los pecados especiales de ningún pueblo en particular. Estos pecados son muy importantes, pero no son considerados en este macho cabrío. Este macho cabrío tipifica a Cristo muriendo para glorificar a Dios, con respecto al pecado, no a pecados especiales, sino al pecado que entró en este mundo y trajo una maldición incluso sobre la tierra.

Dios tiene una porción especial en la muerte de Cristo, de modo que, aparte de que cualquier pecador obtiene salvación, la muerte de Cristo glorificó a Dios. Él ha hecho expiación por el pecado. Él fue hecho maldición, y redimió así a este mundo de la maldición. Él conquistó a Satanás, y ató al "Hombre Fuerte", y en un día venidero pondrá a Satanás, de manera justa, en el abismo. Sobre el fundamento de este sacrificio Dios puede ofrecernos misericordia, en lugar de echarnos a todos en el Lago de Fuego. Sobre el fundamento de este sacrificio Dios todavía tiene paciencia con el hombre. Es sobre el fundamento de este sacrificio que tenemos comida, aire y luz del sol; en lugar de estar en las angustias del Seol. El aire que respira un incrédulo, la comida que come un blasfemo, todo lo que ellos disfrutan, se lo deben al sacrificio de Cristo, a Aquel mismo que ellos aborrecen y del cual se burlan. Si no fuera por la expiación de Cristo, como la vemos en "La suerte por Jehová", estos hombres malvados estarían en los tormentos del infierno, en lugar de estar blasfemando en la tierra.

Por favor, entiendan ustedes claramente que este sacrificio no habla de perdón o de la salvación de ninguna persona. Este es otro asunto, y, como sabemos, ello es recibido cuando confesamos con nuestra boca a Jesús como Señor, y creemos en nuestro corazón que Dios Le levantó de los muertos. (Romanos 10: 9). Esto es verdaderamente debido al sacrificio de Cristo en la cruz, pero, entiendan claramente por favor, que hay una gran diferencia entre Dios perdonando a un pecador, y Dios soportando con paciencia a los hombres malvados, y dándoles aliento y comida y ropa y luz del sol. Ambas cosas son por la obra de Cristo en la cruz, pero vemos que hay dos maneras diferentes de ver esa maravillosa obra.

Algunas personas piensan que estas diferencias no son importantes, pero es debido a que las personas no entienden estas diferencias que ellas cometen errores tan terribles. Hay personas que enseñan que uno de estos machos cabríos es una imagen de Satanás, y hacen de Satanás el salvador de ellas, para llevar sus pecados. Esta es una doctrina terrible, y esperamos que todos nuestros lectores puedan ser librados de ella.

Si nosotros consideramos algunos versículos de la Biblia tal vez entendamos mejor este asunto. Por ejemplo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". (Juan 1: 29). Comparen esto con 1ª. Juan 2: 2, donde el Señor Jesús es llamado "la propiciación…  de todo el mundo". En estos versículos vemos que el sacrificio de Cristo es por el pecado del mundo entero. Esto no significa que todos en el mundo serán salvos porque sabemos, por medio de muchas otras Escrituras, que sólo los que realmente creen serán salvos, pero en estas Escrituras, vemos al Señor Jesús como Aquel que cumplió el tipo del macho cabrío sobre el que caía la suerte por Jehová. Ello es de la manera más amplia misma en que nosotros podemos pensar, y trae misericordia y bendición a todo el mundo. Si pensamos en ciertas personas concretas, y en el perdón de sus pecados en estas Escrituras, ciertamente estaremos en confusión. Hay muchas otras Escrituras que hablan del mundo entero, o de todos los hombres. Estas son a causa del sacrificio de Cristo, como lo vemos en esta manera especial, el macho cabrío sobre el que caía "la suerte por Jehová".

Pero antes que Aarón degollara este macho cabrío del que hemos estado hablando, sobre el que caía la suerte por Jehová, para ser una expiación por el pueblo, él debía degollar primero el becerro que había de ser la expiación por él y por su casa. Leemos, "Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo. Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera. Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre". (Levítico 16: 11 a 14).

Como ya ha sido señalado, cuando la Escritura habla de 'Aarón y su casa', ello es un retrato de la iglesia, no como el "un solo cuerpo", sino como casa sacerdotal.

El Señor Jesucristo no tuvo necesidad de un sacrificio para hacerle aceptable a Dios. Dios siempre podía decir de Él, "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". Pero cuando nosotros nos identificamos con Cristo, entonces somos aceptos tal como Él es acepto. Esa nube de perfume aromático que cubría el propiciatorio, nos habla de la dulzura y la preciosidad del Señor Jesucristo. El Sumo Sacerdote entra en el Lugar Santísimo, completamente cubierto con esa nube de perfume aromático. El fuego para quemar ese incienso provenía del "altar de delante de Jehová", y nos habla acerca de que la muerte de Cristo es el fundamento de nuestra aceptación.

Luego el sacerdote rociaba la sangre del becerro que era para él y su casa, sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio siete veces. De esta manera Aarón hacía expiación para sí mismo y para su casa. Expiar significa cubrir. La sangre hace una expiación, (una cubierta), para el alma. Levítico 17: 11. En el libro de Levítico tenemos la palabra expiación cuarenta y nueve veces, siete veces siete. Esto nos hablaría de la perfección divina absolutamente completa. La sangre cubría el propiciatorio, así como la nube de incienso cubría el propiciatorio. Aquí vemos la obra del Señor Jesús, y la valía, (o, el valor o preciosidad), de Su Persona. El creyente es acepto en la Persona del Señor Jesucristo mismo: somos "aceptos en el Amado". (Efesios 1: 6).

¡Qué maravilloso es pensar que somos aceptos en Cristo! ¡Al igual que Él es acepto, nosotros también somos aceptos! Podemos decir con gozo, "En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo". (1ª Juan 4: 17) Querido compañero creyente, detente y piensa en esas palabras, ¡"como él es, así somos nosotros en este mundo"! ¿Es Él acepto ante Dios? ¡Nosotros también lo somos! ¿Puede Él entrar a la presencia misma de Dios? ¡Nosotros también podemos! ¿Está Él cerca de Dios? ¡Nosotros también!

Cuando yo era niño solíamos cantar un hermoso himno:

 

Una mente en "perfecta paz" con Dios:

¡Oh, qué palabra es ésta!

Un pecador reconciliado por medio de la sangre;

¡Esto, esto sí que es paz!

 

Por naturaleza y por práctica, lejos

¡Cuán lejos de Dios!

Sin embargo, ahora, por gracia, acercado a Él,

Por medio de la fe en la sangre de Jesús.

 

Tan cerca, tan cerca de Dios,

No puedo estar más cerca;

Porque en la Persona de Su Hijo,

Estoy tan cerca como Él.

 

Tan amado, tan amado por Dios,

Más amado no puedo ser;

El amor con el que Él ama al Hijo,

Así es Su amor por mí.


        Yo solía cantar las dos primeras estrofas, pero cuando llegábamos a las estrofas tercera y cuarta, que decían que estábamos tan cerca y éramos tan amados por Dios como el propio Cristo, yo dejaba de cantar, porque no lo creía. Parecía demasiado maravilloso para ser verdad, pero más tarde descubrí que era verdad, ¡aunque sea tan maravilloso! Porque, "como él es, así somos nosotros en este mundo".

        Siete es el número perfecto, y cuando vemos la sangre rociada siete veces delante del propiciatorio, aprendemos que cuando la sangre es rociada para expiación, entonces, a los ojos de Dios, todo es perfecto.

        Después que la sangre del becerro es llevada al Lugar Santísimo, entonces él "Degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas". (Levítico 16: 15, 16).

Así que vemos que es la sangre lo que asegura la salvación de la Iglesia, la "casa" del verdadero Aarón. Es la sangre lo que asegura la "congregación" de Israel. Es la sangre lo que asegura la bendición de toda la creación en el día postrero. Todo descansa en la sangre de Su cruz. Es la sangre que habla de paz a nuestro corazón y a nuestra conciencia. Esa sangre ha sido rociada sobre el Trono de Dios, y siete veces delante del Trono de Dios. Cuanto más nos acercamos a Dios, más vemos el valor y la preciosidad de la sangre del Señor Jesús.

Nosotros vemos la sangre en el altar de bronce, en el velo; pero en ningún lugar leemos tanto acerca de la sangre como en el Lugar Santísimo, dentro del velo, delante y sobre el trono de Dios.

El Dios santo no podría haber permanecido ni un momento en medio de la congregación excepto por esa sangre. Fue la sangre la que hizo posible que Dios habitara, obrara y gobernara en medio de un pueblo inmundo y pecador.

Pero, reflexionen ustedes ahora por un momento en el versículo 17 de Levítico 16. "Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel". Aquí estamos verdaderamente en tierra santa. Inclinemos la cabeza al pensar en la profundidad del significado de estas palabras. Ciertamente ellas nos hablan de esas horas de oscuridad en la cruz cuando el Señor Jesús solo, muy solo, estuvo haciendo expiación por nuestros pecados. Nosotros leemos que "todos los discípulos, dejándole, huyeron". Leemos en los Salmos, acerca de la profundidad de Sus padecimientos y de cómo sintió esta soledad, "Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé". (Salmo 69: 20) Pero el clamor más amargo de todos fue, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Salmo 22: 1, Mateo. 27: 46). Nunca ningún corazón puede concebir la profundidad de Su dolor y Su padecimiento durante esas terribles horas de oscuridad, mientras colgaba de la cruz como Portador del pecado, haciendo expiación por los pecados de ustedes y por los míos, y soportando el juicio de un Dios santo, santo, santo, contra el pecado. Y Él lo soportó solo. "Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario".

Como hemos dicho, no sólo el Señor Jesús cargó con nuestros pecados en la cruz, sino que además encaró plenamente toda la cuestión del pecado que había afectado a todo el universo. Es este aspecto de la muerte de Cristo el que vemos aquí.

Entonces "pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto". Levítico 16: 21, 22).

Vemos aquí que los pecados actuales que hemos cometido son llevados, y vemos así toda la cuestión del pecado completamente resuelta para siempre.

Si pasamos ahora al capítulo 23 de Levítico, donde el Día de la Expiación nos es presentado desde el punto de vista de Jehová, vemos primero que es en el décimo día del mes séptimo. El número diez en la Escritura habla de responsabilidad para con el hombre y para con Dios. Había diez mandamientos. Todo el fracaso en el cumplimiento de estas responsabilidades debía ser considerado y encarado, y todo este fracaso debía ser cubierto. Esta fiesta es llamada "santa convocación". Tres veces leemos que ellos debían afligir sus almas. (Versículos 27, 29, 32). Tres veces leemos, "Ningún trabajo haréis" (Versículos 28, 30, 31). Tres veces leemos la palabra "expiación", o cobertura. Y en el versículo 32 leemos: "Día de reposo será a vosotros".

¡De qué historia nos habla esto! Mientras Aarón, con ambas manos en la cabeza del macho cabrío expiatorio vivo, confiesa los pecados de la congregación, de qué manera debían ellos inclinar la cabeza avergonzados, al pensar en todos los horribles fracasos y pecados del año pasado. Verdaderamente bien podían afligir sus almas mientras todo pasaba en solemne retrospección.

¿Cómo debía ser tratada esta larga lista de pecados? "Cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo".  "Ningún trabajo haréis". Entonces, ¿qué se debe hacer con todo el pecado y la contaminación? ¡Todo es cubierto por la sangre! Expiación significa cubertura. "Es el día de expiación" o, 'es el día de cobertura'. "Es un día de expiación (o de cobertura), para hacer expiación (o cobertura) por vosotros delante de Jehová". (Levítico 23: 27, 28 – JND).

Gracias sean dadas a Dios porque Él "designa medios para que el desterrado no sea alejado de él." (2º Samuel 14: 14 - LBLA).

¿Y qué nos dice todo esto acerca del futuro? Hemos visto que la Fiesta de las Trompetas, cuando Israel sea reunido de nuevo de regreso a su propia tierra, aún no se ha cumplido, y el Día de la Expiación sigue de cerca después de la Fiesta de las Trompetas. Ella cae antes de la Fiesta de los Tabernáculos, la cual anuncia los gozos de los mil años de Paz, cuando Cristo reinará.

Entonces, ¿qué describe el Día de la Expiación? Para el pueblo terrenal de Israel creemos que habla de la amarga tristeza cuando sus ojos sean abiertos al hecho de que su Mesías, el Señor Jesucristo, ya vino a ellos, y ellos no Le recibieron, sino que Le dieron muerte. Entonces lo recibirán, pero preguntarán: "¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos". (Zacarías 13: 6).

Entonces ellos entenderán que han quitado la vida al Autor de la Vida, y han deseado un asesino en lugar de Él. Entonces Jehová dice, "Derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadadrimón en el valle de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; … todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí". (Zacarías 12: 10 a 14).

Esto nos habla, en el lenguaje más claro posible, acerca de la forma en que el remanente de Israel 'afligirá su alma'. Tenemos más de la misma aflicción de alma en Isaías 53. Leemos, "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos". ¡Oh, la amargura de alma! ¡Pensar que el Mesías de Israel vino, y fue tratado de esta manera terrible! Bien puede el Espíritu, en el Evangelio de Juan, exclamar, "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron".

No sólo habrá allí la aflicción de alma y la confesión de pecado que están señaladas tan claramente en Levítico, y en estos pasajes de Zacarías 12 que hemos citado anteriormente, hablando del llanto de Israel cuando mirarán a Él, "a quien traspasaron", sino que, inmediatamente leemos estas palabras bienaventuradas: "En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia". (Zacarías 13: 1).

Aunque culpables del terrible crimen del homicidio de su propio Mesías, el Hijo de Dios, no obstante, en el momento que ellos lo reconocen en amargura de alma, ese momento en que ellos descubren el manantial abierto para la purificación del pecado, la preciosa sangre de la expiación para cubrir toda la culpa de ellos, entonces pueden continuar en el lenguaje de Isaías 53, "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros".

No podemos no leer, en estas preciosas palabras, la profundidad de la angustia con que el remanente de Israel afligirá sus almas, ¡cuando sus ojos sean abiertos por fin para ver a su Mesías, el despreciado y rechazado Jesús! Pero, ¡no podemos no leer, al mismo tiempo, las maravillosas verdades del Día de la Expiación, o Día de la Cobertura.

Vemos, también, que no es por medio de obras. No es la angustia de alma de ellos lo que cubre la culpa de ellos, sino la preciosa sangre del Cordero de Dios, — inmolado por ellos mismos, — que cubre toda la maldad de ellos, incluso ese pecado culmen, a saber, el rechazo y el homicidio de su Mesías.

Pero hay un acontecimiento más que tiene lugar en el Día de la Expiación. Leemos acerca de esto en Levítico 25: 9. "Entonces harás que la trompeta sonora (o trompeta del jubileo) recorra el país, en el mes séptimo, a los diez del mes; en el Día de la Expiación haréis que la trompeta recorra toda vuestra tierra". (Levítico 25: 9 – VM).

¿Qué era "la trompeta sonora" (o trompeta del jubileo)? Era diferente a la Fiesta de las Trompetas que había pasado diez días antes. Dios dice de ella: "Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años". (Levítico 25:8). Siete veces siete años habla, ciertamente, de la plenitud del tiempo de Dios. Entonces la trompeta sonora (o trompeta del jubileo) es tocada y, ¿qué sucede? El esclavo cautivo es libertado. La tierra perdida es devuelta. Ellos debían pregonar, "libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia". (Levítico 25: 10).

La trompeta había sonado el día primero del mes séptimo para llamarlos de regreso a su tierra, pero no era hasta que se completaba el Día de la Expiación cuando todos sus pecados eran juzgados y cubiertos, no era hasta entonces que la trompeta del jubileo sonaba, y se pregonaba libertad "en la tierra a todos sus moradores".

¡Y cuán dulce es el final de aquel día! ¡Reposo! Comenzaba con la aflicción de alma, continuaba con cada pecado cubierto y eliminado para siempre, no por medio de obras; luego venía la libertad, y finalmente ¡el reposo! Qué perspectiva para el pobre y hollado Israel. Y ciertamente ello sucederá.

Nosotros creemos que esto es lo que el Día de la Expiación señala hacia adelante, en cuanto a su aplicación primaria al pueblo terrenal de Dios, Israel. Pero, creemos que quizás también hay una aplicación para el pueblo celestial, la iglesia. Nos parecería que esto nos habla algo acerca del Tribunal de Cristo.

En 2ª Corintios 5: 10, leemos: "Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo". Querido compañero creyente, reflexionemos sobre esta Escritura. En primer lugar, dejemos claro que estos son un momento y un lugar completamente diferentes al "gran trono blanco", del que leemos en Apocalipsis 20: 11. El tribunal de Cristo es antes de los mil años en que Cristo reinará. El gran trono blanco es después de ese tiempo. (Apocalipsis 20: 7). En el tribunal de Cristo, todos "nosotros" debemos estar. ¿Quiénes son los "nosotros" en este versículo? "Nosotros" somos los cristianos. La Segunda Epístola a los Corintios está dirigida a "la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya". (2ª Corintios 1: 1). Pablo escribió la epístola e incluyó a Timoteo en el saludo a la iglesia en Corinto.

Pablo y Timoteo y toda la iglesia en Corinto y todos los santos en toda Acaya están incluidos en esta palabra, "nosotros", los cuales debemos estar ante el tribunal de Cristo. No hay incrédulos en esta palabra "nosotros", sólo cristianos verdaderos, y también nos incluye a ustedes y a mí, si es que somos verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo.

Pero en el gran trono blanco no hay creyentes. En Juan 5: 24, el Señor dice, "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida". (La palabra "condenación", en nuestra Biblia Reina-Valera 1960 debería ser, "juicio". Véase la Biblia Textual 3ª Edición, Biblia de Jerusalén, y Biblia JND). Ningún cristiano verdadero incurre en juicio ante el gran trono blanco. Todo cristiano verdadero ha sido resucitado de entre los muertos mil años antes, "y vivieron y reinaron con Cristo mil años". (Apocalipsis 20: 4). Pero los otros muertos (aquellos cuyos nombres no se hallaron inscritos en el libro de la vida, y cuyos pecados nunca han sido lavados por la preciosa sangre de Cristo), "no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años". (Apocalipsis 20: 5).

En el gran trono blanco ellos fueron juzgados según sus obras, (Apocalipsis 20: 13) y el resultado con cada uno que se presenta para el juicio según sus obras debe ser el lago de fuego. No hay manchas de sangre en el gran trono blanco, como las que había sobre y delante del trono de Dios dentro del velo, en el día de la expiación. Pero todo es de una blancura y pureza deslumbrantes, — toda obra humana aparecerá vil y pervertida en esa deslumbrante blancura. En el tribunal de Cristo, el asunto no es acerca de si nosotros vamos al cielo o al infierno, sino que el asunto es acerca de recompensas o de sufrir pérdida.

Muchas personas piensan que en el fin del mundo habrá un gran día de juicio cuando todos aparecerán ante Dios, y sus buenas obras serán puestas en un lado de una balanza y sus malas obras serán puestas en el otro lado, y el lado que sea más pesado decidirá a dónde iremos por la eternidad, si al cielo o al infierno. La Biblia nunca, en ningún lugar, enseña una doctrina como esta. Esta es sólo la opinión de los hombres, y no la Palabra de Dios. La Biblia enseña claramente dos resurrecciones. Leemos, "Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación", Juan 5: 28, 29. Y como hemos visto, estas dos resurrecciones están separadas por mil años.

Consideremos entonces el momento en que todos los cristianos debemos estar ante el tribunal de Cristo. Es en un momento después de que hayamos sido arrebatados para encontrarnos con el Señor en el aire, y sabemos que vamos a estar "siempre con el Señor". Es antes del tiempo del reinado de Cristo en la tierra. Cuando nosotros estemos ante el tribunal de Cristo, cada uno recibirá "según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo". (2ª Corintios 5: 10). Tengan claro que no se trata de ser salvo o perdido. Todos los que estemos allí somos hijos de Dios, y ahora vamos allí para que nuestra vida como hijos, — nuestra senda como siervos, — puedan ser evaluadas. En cada uno de nosotros habrá lo que el Señor puede alabar y, lamentablemente, habrá en cada uno aquello que el Señor debe censurar. Es como el día de la premiación en una escuela, cuando el trabajo de los niños del año pasado es evaluado. Algunos ganarán premios, otros se avergonzarán. La obra de uno es aceptable, la de otro no lo es, así que el Apóstol Pablo dice, — "Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo". (2ª Corintios 5: 9, 10).

En 1ª Corintios 4: 5, leemos que el Señor "aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones". Querido compañero cristiano, ¿podemos tú o yo evaluar toda nuestra senda aquí abajo? ¿Podemos hacer que se manifiesten todos los pensamientos e intenciones de nuestro corazón? Yo pregunto: ¿Podemos tener la escudriñadora luz del cielo encendida sobre todas estas cosas secretas, y no afligir nuestras almas? ¡Qué triste historia para la mayoría de nosotros será! Soberbia, egoísmo, pensamientos necios e incluso impuros, palabras ociosas, — oh, cuánto nos agrada ahora mantener estas cosas ocultas de nuestros compañeros cristianos. Entonces todo saldrá a relucir a los ojos de Cristo y a los míos. Todo será manifestado. No será manifestado, gracias a Dios, para condenarme al infierno para siempre, como ciertamente debe hacerse si las obras han de ser consideradas. No, todo será pesado en las balanzas del Santuario, y verdaderamente 'afligiremos nuestras almas'. Entonces veremos claramente las oportunidades de soportar la vergüenza por amor a Cristo que hemos perdido. Entonces veremos de qué manera Él nos hubiera querido que le sirviéramos, pero nos desviamos de ello. Cada fracaso será sacado a la luz. Pero cada deseo de nuestros corazones después de Cristo también será recordado, y, maravilla de maravillas, cuando el Señor saque a la luz lo oculto de las tinieblas, cuando Él manifieste las intenciones de los corazones, entonces, — oigan ustedes las palabras — "entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. Sí, querido compañero creyente, la gracia de Dios encontrará en ti y en mí, lo que Él sabe que ha sido hecho para Él, y "cada uno" recibirá "alabanza de Dios". (1ª Corintios 4: 5).

Aunque cada uno recibirá alabanza de Dios, sin embargo, sabemos, por 1ª Corintios 3: 11 a 15, que "la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará". Si "alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.  Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego".

Del oro, la plata, las piedras preciosas, casi no se hace tan grande gala como de la madera, el heno o el rastrojo. Qué gran montón de heno podemos recoger, y presumir de todo lo que hemos hecho, — pero qué angustia de corazón cuando el fuego lo prueba y todo se quema.

Pero, gracias a Dios, el Día de la Expiación era un día de cobertura, y después que hayamos repasado todo el triste pasado, entonces todo será cubierto, llevado a una tierra no habitada. (Levítico16: 22). Nunca más estas cosas serán esgrimidas contra nosotros. Están cubiertas por esa preciosa sangre. Ellas son borradas, desaparecidas para siempre.

Pero no pensemos que es a causa de nuestras propias buenas obras que todo este pasado fracaso es borrado. La misma sangre preciosa por la que fuimos redimidos y acercados a Dios, es lo único que borra todos los fracasos del pasado en nuestra senda aquí abajo. "Cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo". Esto nos habla de la manera en que Dios estima nuestro trabajo en este sentido. Todo es por gracia, y todo debe ser de gracia. Tal vez nunca antes en toda nuestra vida habremos conocido las riquezas de Su gracia como las conoceremos cuando estemos ante el tribunal de Cristo.

Y así como el día de la expiación de Israel finalizaba con reposo, ¿no será lo mismo para nosotros? Una vez que todo haya salido a la luz, todo haya sido manifestado, el reposo seguirá a continuación. Incluso aquí y ahora nosotros conocemos algo del reposo que sigue a la confesión. ¡Cuánto más pleno será ese reposo cuando todo sea manifestado, todo sea cubierto, todo desaparezca para siempre!

¿Y nos gustaría evitar el tribunal de Cristo? No lo creo. Cuán alegres seremos al ver los problemas de esta triste senda disiparse en la luz del cielo. Cuán bueno es contar con que las raíces de la amargura que tal vez hemos permitido que crezcan durante años, todas marchiten y desaparezcan. ¡Y qué gracia! ¡Cada uno recibirá su alabanza de Dios!

'Hechos que pensamos que eran méritos,

Él nos mostrará que no eran más que pecado;

Pequeños actos que habíamos olvidado,

Él los reconocerá como hechos para Él.


        En aquel entonces, ese vaso de agua fría dada en Su nombre, pero olvidado hace tiempo por nosotros, recibirá su recompensa. Entonces descubriremos que, "Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún". (Hebreos 6: 10).

Que el Señor nos dé gracia para vivir más ahora en la luz de ¡"Aquel día"!

G. C. Willis

Traducido del Inglés al Español por B.R.C.O.

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones tal como las que son indicadas a continuación:

 

JND = Una traducción del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, versículos traducidos del Inglés al Español por Benito Carnio.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
The Feasts of Jehova, by G. C. Willis
Traducido con permiso

Versión Inglesa
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