EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

La Fiesta de los Tabernáculos - Las Fiestas de Jehová. ( G. C. Willis)

INICIO / AUTORES y SECCIONES
Escritos de: H. C. ANSTEY
J. G. BELLETT
LAS FIESTAS DE JEHOVÁ (G. C. WILLIS)
J. N. DARBY
EDWARD DENNETT
W. W. FEREDAY
L. M. GRANT
F. B. HOLE
WILLIAM KELLY
C. H. MACKINTOSH
F. G. PATTERSON
SAMUEL RIDOUT
H. H. SNELL
G. V. WIGRAM
W. T. P. WOLSTON
Escritos de otros Autores: A.E.BOUTER, E.N.CROSS, A.C. GAEBELEIN, F.WALLACE, N. NOEL...
ENLACES/LINKS

MOBI

EPUB

Para oír o descargar sírvase pulsar este botón

Duración: 1 hora y 48 segundos

Las Fiestas de Jehová - George Christopher Willis

Capítulo 12

La Fiesta de los Tabernáculos

 

"La fiesta solemne de los tabernáculos harás por siete días, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar". Deuteronomio 16: 13.

 

        "En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios". Levítico 23: 42, 43.

 

        "Venga tu reino". Mateo 6: 10.


 

'¡Salve, Ungido del Señor!

Hijo mayor del gran David:

Cuando a la hora señalada,

Los años rodantes transcurrirán,

Viene a romper la opresión,

A libertar al cautivo;

A quitar la transgresión,

Y gobernar con equidad.'


Llegamos ahora a la última de las "Fiestas de Jehová", "La Fiesta de los Tabernáculos". Esta fiesta era celebrada durante siete días cuando el trabajo en los campos había sido completado. En aquel entonces, todos los israelitas de nacimiento se hacían tabernáculos de ramas de árboles y habitaban en ellas. Era un tiempo de alegría y regocijo. El trabajo y los cuidados de esta vida eran olvidados, y sus corazones volvían al tiempo en que Jehová los condujo a través del desierto como peregrinos y extranjeros, sin casa ni hogar, sino sólo con tabernáculos para habitar. El Señor nunca querría que nos olvidáramos de nuestra senda en el desierto. Él dice, "Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón". (Deuteronomio 8: 2).

Todos esos fatigosos días en el desierto no eran más que recuerdos, y si ellos traían recuerdos de su fracaso e infidelidad, estos recuerdos eran superados por el recuerdo del cuidado infalible de Dios, y Su fidelidad.

'En el desierto Dios te enseñará

Lo que el Dios que te ha encontrado es,

Paciente, benigno, poderoso, santo,

Toda Su gracia abundará allí'.

 

Fue en el desierto que Él "los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos". (Salmo 78: 72). Y ahora, en la tierra de Canaán, con paz, descanso y gozo en todas partes, pueden sentarse bajo sus tabernáculos, y mirar al pasado con gozo y acción de gracias por todo el camino por el que Jehová los había conducido, y a 'Alabarle por todo lo que había pasado'.

En Éxodo 23:16 leemos: "La fiesta de la Cosecha, al fin del año, cuando hayas cosechado el producto de tus labores del campo". (Éxodo 23: 16 – VM).  Con esta fiesta llegamos al "fin" del año, y, como veremos, esta fiesta no sólo lleva nuestros pensamientos al Milenio, (los Mil Años en que Cristo reinará), sino al "Octavo Día" (Levítico 23: 36), nos lleva al Estado Eterno.

Nosotros hemos visto el deseo de Dios, a través de estas fiestas, de reunir a Su pueblo alrededor de Él, y ahora, en esta última fiesta, vemos más que en ninguna otra anterior el gozo del cumplimiento de Sus propósitos de gracia. "Te alegrarás en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones. Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre". Deuteronomio 16: 14, 15.

Hemos visto que las dos fiestas que acabamos de considerar, la Fiesta de las Trompetas y el Día de la Expiación, apuntan a acontecimientos que aún no se han cumplido. La Fiesta de los Tabernáculos sigue a estas fiestas, así que podemos entender claramente que está aún más lejos en el futuro que las Fiestas de las que acabamos de hablar. El versículo citado al comienzo de este capítulo, (Deuteronomio 16: 13), nos dice exactamente cuándo esta fiesta ocurre, "cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar". Comenzaba a los quince días del mes séptimo, y duraba siete días, con un "Octavo día" especial, el "gran día de la fiesta", (Juan 7: 37) que ponía término a las Fiestas de Jehová para todo el año.

La cosecha de Israel consistía en dos partes, el "grano" y las "uvas". Cada una de estas partes tiene un significado típico en la Biblia, del que se habla simbólicamente en Apocalipsis 14: 14 a 20. Primero tenemos "el grano". "Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; … Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada".  El Señor Jesús nos habló mucho antes de esta gran cosecha del "grano". Él dijo: "recoged el trigo en mi granero". (Mateo 13: 30). (El trigo y el grano tienen el mismo significado). Al decirnos el significado de esta parábola, el Señor dijo, "la siega es el fin del siglo" (otras traducciones de la Biblia al castellano rezan, "el fin del mundo"). (Mateo 13: 39). Así que podemos ver que la enseñanza del Señor en el Evangelio de Mateo concuerda exactamente con la enseñanza típica de Levítico, y la enseñanza simbólica de Apocalipsis. El Señor Jesús nos dijo en Juan 12: 24, "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto". Él mismo era "el grano de trigo" que cayó en la tierra y murió. Pero en Su resurrección lleva consigo una rica cosecha, produce "mucho fruto". La cosecha del "grano de trigo", que tiene la misma naturaleza y procede del mismo tallo, es una hermosa imagen de Cristo resucitado de entre los muertos, con todo Su pueblo celestial.

Este es "el "trigo" que será recogido en, "mi granero", al "final", en "la Fiesta de la Cosecha". Creemos que "el trigo" nos habla de todos los que participan en "La Primera Resurrección". (Apocalipsis 20: 5). 1ª Corintios 15: 23 dice, "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida". Ya hemos considerado "Las Primicias", ahora veamos la cosecha. Hebreos 11: 39, 40 indicaría que en este número encontramos a los santos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Para que "Ellos", es decir, los santos del Antiguo Testamento, "no fuesen perfeccionados", "aparte de nosotros", es decir, de los santos del Nuevo Testamento". Apocalipsis 20: 4 nos dice que esta "primera resurrección" incluye también a los mártires que han dado sus vidas por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, en ese espacio de tiempo entre la venida del Señor a buscar a Su iglesia, y el momento en que Él toma Su reino y reina. Los santos del Antiguo Testamento, la Iglesia y los mártires mencionados anteriormente, todos serán reunidos en un hogar seguro para la gloria en "la "cosecha del "trigo".

La cosecha de las uvas también es mencionada en el pasaje de Apocalipsis 14, del cual hemos citado el relato de la siega de la tierra. Leemos en los versículos 17 a 20, "Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras. Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios". Nosotros creemos que la vendimia de la tierra, y el pisar el lagar de la ira de Dios se refieren a la reunión de los enemigos de Cristo para el juicio. Leemos más sobre el pisado de este lagar en Isaías 63: 1 a 6. Evidentemente, es el propio Señor quien está hablando, leemos, "He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado. Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre".

Esto nos muestra claramente que el lagar nos habla del juicio de los enemigos de Cristo. Sabemos cuándo tendrá lugar esta gran cosecha de aquellos que son del Señor, y también sabemos cuándo ocurrirá este temible juicio de Sus enemigos. Ambos suceden justo antes del momento en que Él toma el Trono, y responde a esa oración que ha subido a lo alto por más de mil novecientos años, "Venga tu Reino". Apocalipsis 20: 4, al que nos hemos referido anteriormente, termina de esta manera, "y vivieron y reinaron con Cristo mil años".

A partir de estas Escrituras, creo que podemos entender claramente el versículo en Deuteronomio 16: 13, "La fiesta solemne de los tabernáculos harás por siete días, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar". Creemos que esto es como un dedo que nos señala el momento en que podemos esperar que la Fiesta de los Tabernáculos se cumpla. Creemos que esta fiesta es un tipo del reinado glorioso de Cristo durante mil años. Generalmente llamamos a esto, 'El milenio', que sólo significa "mil años". Ha habido, quizás, unos seis mil años desde la creación, pero no se puede hablar de ninguno de ellos como los, "Mil Años". Han sido seis mil años en los que "toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora". (Romanos 8: 22). El pecado entró en el tercer capítulo de la Biblia, y con el pecado entraron la maldición, las espinas y los cardos, las lágrimas, el dolor, y la muerte "hasta ahora". No sólo el hombre ha padecido por el pecado de Adán, sino que incluso los animales y la tierra han padecido también, de modo que la Escritura dice verdaderamente: "Toda la creación gime".

Pero en la Fiesta de los Tabernáculos ya hemos visto que no sólo Israel, sino incluso el extranjero, va a estar "verdaderamente alegre". Nunca ha habido un día desde que el pecado entró que haya sido un verdadero cumplimiento de tal fiesta. Pero, gracias a Dios, se acerca el momento en que el Príncipe de Paz tomará el trono, y durante mil años reinará, y esta fiesta tendrá su verdadero cumplimiento.

Otra persona ha escrito sobre este tiempo. «¡Esfuérzate, pues, querido lector, en comprender cuál sería la condición de un reino, bajo el gobierno absoluto de un monarca tan sabio como para no cometer nunca un solo error, tan equitativo como para hacer justicia imparcial a todos, tan tierno de corazón como para gobernar con el más suave dominio, tan piadoso y benévolo como para no buscar ningún objetivo sino la gloria de Dios y el bienestar de Sus súbditos, y tan poderoso como para asegurar la sumisión absoluta de todos dentro de la esfera de Sus dominios! ¡Qué reino! Pero cuando pensamos que tal reino se extiende por toda la tierra y abarca a todas las naciones dentro de sus límites; y cuando entendemos que Cristo mismo ha de ser su Cabeza y Señor, y que los santos resucitados han de ser Sus asociados en el trono, todo el lenguaje fracasa, y el corazón sólo puede encontrar alivio en una adoración demasiado profunda para ser expresada.» (Escritos sencillos sobre temas proféticos, W. Trotter).

Esta es una descripción del Reino de nuestro Señor Jesucristo en esta tierra, durante el Milenio. Esta es una descripción de la época que es tipificada por la Fiesta de los Tabernáculos. ¡Qué cambio con respecto a la actualidad! Pecado, guerras, violencia, injusticia, todos abatidos con una mano poderosa, y la Misericordia y la Verdad exhibidas por todos lados.

Ya hemos señalado que esta Edad de Oro que esta pobre tierra ha esperado tanto tiempo, sigue a continuación de la cosecha del trigo y de las uvas. "El trigo" es recogido en aquel resplandeciente Hogar en la gloria, algunos por medio de la muerte y la resurrección, y otros sin pasar por la muerte, por lo que se puede decir, "No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados". (1ª Corintios 15: 51, 52). Nosotros hemos hablado de los juicios de los que nos habla la cosecha de las uvas. El Libro de Isaías, que también describe, en el lenguaje más brillante, las glorias del reino venidero, describe los juicios que deben marcar el comienzo de esa era maravillosa. Veamos muy brevemente algunos de estos versículos. "HE aquí que Jehová vaciará la tierra, y la dejará desierta, y cual vaso, la volverá boca abajo, y dispersará sus habitantes… La tierra será enteramente vaciada y completamente saqueada; porque Jehová ha hablado esta palabra. La tierra se pone de luto y se marchita, el mundo desfallece y se marchita; desfallece la gente encumbrada de la tierra… por tanto son abrasados los habitantes de la tierra, y pocos hombres son dejados en ella". (Isaías 24: 1 a 6 - VM). "¡Completamente quebrantada está la tierra! ¡completamente despedazada está la tierra! ¡completamente sacudida está la tierra! tambalea la tierra como un borracho; se columpia de acá para allá como hamaca, y pesa sobre ella su transgresión; y caerá, y no volverá a levantarse. Y acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de lo alto en el alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra; … Y la luna será abochornada, y el sol se avergonzará; por cuanto Jehová de los Ejércitos reina ya en el Monte de Sión, y en Jerusalem, y delante de sus ancianos, ¡gloriosamente!" (Isaías 24: 19 a 23 - VM). "Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar a los habitantes de la tierra por su iniquidad; la tierra también descubrirá sus homicidios, y no encubrirá más sus muertos. EN aquel día Jehová castigará con su espada, bien templada, grande y fuerte, al Leviatán, serpiente veloz, y al Leviatán, serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar… En los tiempos venideros se arraigará Jacob; Israel retoñará y echará flor, y llenará la haz de la tierra con su fruto". (Isaías 26: 21 e Isaías 27: 1 a 6 - VM).

En este último pasaje hemos traído ante nosotros tres partes diferentes en el programa de Dios para establecer Su reino. Primero vemos el terrible castigo a Sus enemigos. Luego vemos un castigo especial sobre "esa serpiente tortuosa", el diablo. Hablaremos de esto con más detalle en un momento. Y, por último, vemos la rica bendición que viene para Israel.

El Antiguo Testamento, en Tipos, Salmos y Profecías, está lleno de referencias a la venida del Reino glorioso, pero no es hasta que llegamos a Apocalipsis 20 que nosotros nos enteramos de la duración de ese maravilloso reinado. Los "Mil Años" son mencionados seis veces en este capítulo. Veremos que los dos acontecimientos destacados durante estos mil años son,

En primer lugar, El "dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás" será atado y arrojado al abismo durante todo este período.

En segundo lugar, Cristo reinará, y Sus santos van a reinar con Él.

No hay palabras que puedan hablar de la diferencia que estos dos grandes acontecimientos harán en este mundo. Ahora Cristo está oculto y Satanás anda suelto. Ahora Satanás es el dios de este siglo, (2ª Corintios 4: 4), y es el príncipe de este mundo. (Juan 12: 31, Juan 14: 30, Juan 16: 11). Ahora Satanás engaña a las naciones. En aquel entonces él no engañará más a las naciones, hasta que se cumplan mil años. (Apocalipsis 20: 3). Ahora vemos a Cristo sólo por medio de la fe. Entonces la fe será cambiada a vista. Ahora no sólo tenemos nuestra propia naturaleza caída, sino también a Satanás que influye sobre esa naturaleza caída. En aquel entonces Satanás está ausente.

¡Qué transformación durante esos Mil Años! Y no sólo Satanás estará atado, sino que Aquel que reina como Rey es nuestro amado Salvador y Señor, y reinaremos con Él. No es de extrañar que el mundo se regocije y que Israel y el extranjero sean llamados a estar 'verdaderamente alegres'.

Veamos muy brevemente la condición de este mundo durante ese glorioso reinado. En las fiestas anteriores hemos visto que, aunque la aplicación primaria es muy ciertamente terrenal, sin embargo, de ellas podemos aprender lecciones en los Cielos. En la Fiesta de los Tabernáculos podemos ver que hay una relación más íntima entre los Cielos y la tierra que en cualquiera de las otras Fiestas. Esto es lo que esperaríamos, porque el diablo está atado, y el pecado es abatido con una mano fuerte. Nuestra porción, la porción de la Iglesia, es Celestial, — nuestro lugar no está en esta tierra, ni siquiera en el Milenio, aunque veremos que tenemos que ver con ella.

Citaremos de nuevo el libro del Sr. W. Trotter, 'Escritos sencillos acerca de temas proféticos', donde leemos, «La relación de la iglesia con el estado milenario nos es presentada en la visión de Juan de "la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios". Ella es llamada "la desposada, la esposa del Cordero"; y si bien su relación con Cristo es expresada así, su relación con la tierra milenaria es indicada en varias partes de la descripción. No hay noche en la ciudad celestial, y, sin embargo, no es por vela, o por sol y por luna, que ella está iluminada, sino que el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su luz, mientras que las naciones de los que hubieren sido salvos, — las naciones perdonadas de la tierra milenial, "andarán a la luz de ella"».

«En ella no hay templo, el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son el templo de ella, — pero a ella, como templo, los reyes de la tierra llevan su gloria y honor. Tampoco los reyes por sí solos la frecuentarán. Pues leemos, "llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella". (Apocalipsis 21: 22 a 24)».

«El "río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal", que sale del trono de Dios y del Cordero, fluye por en medio de la ciudad. En ambos lados del río está el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. Tal es la relación de la Iglesia con esta escena de bendición. Ella misma es el testimonio y la expresión de la perfecta gracia de Dios, y del perfecto amor de Cristo su Señor y Esposo. Ella es el instrumento de esa gracia, al ministrar la luz y la sanación a las naciones. Con ella, en su gloria gubernamental, como reinando con Cristo, están asociados los santos del antiguo Testamento, y los de la crisis Apocalíptica, ... Todos los que forman "la primera resurrección", viven y reinan con Cristo a lo largo de los mil años.».

«La sede terrenal de dominio y el centro de bendición es "la ciudad del gran rey", — Jerusalén, pues las doce tribus restauradas a la tierra, que ya no son más dos naciones, sino una, (véase, por ejemplo, Jeremías 3: 18), tendrán a Cristo como Rey y Cabeza, y constituirán la porción más favorecida y honrada de la población redimida de la tierra. Esta preeminencia nacional de Israel en tiempos mileniales ... queda demostrada por casi todas las referencias al Milenio que contiene el Antiguo Testamento. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén el trono de Jehová y todas las naciones serán reunidas a ella, en el nombre de Jehová en Jerusalén". (Jeremías 3: 17). "hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén". (Miqueas 4: 8). "¡… Jehová de los Ejércitos reina ya en el Monte de Sión, y en Jerusalem, y delante de sus ancianos, gloriosamente!. (Isaías 24: 23 - VM). "Haré de ti gloria eterna, gozo de generación en generación".  (Isaías 60: 15 - LBLA)».

«Con respecto a este punto, es interesante trazar la armonía entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, y la sorprendente correspondencia entre la Jerusalén terrenal y la celestial. Una es "la Desposada, la esposa del Cordero", — la otra es la metrópolis terrenal de Su reino. …».

«Hay mucho fundamento para creer que todos los que sobrevivan de Israel al comienzo del milenio serán salvos, y que toda la nación también a lo largo de los mil años será salva. "Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos". (Isaías 54: 13). El "nuevo pacto" se hará con la casa de Israel y con la casa de Judá, en el que Dios se compromete a poner Su ley dentro de ellos y a escribirla en sus corazones. "Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado". (Jeremías 31: 31 a 34)».

No parece que se pueda decir lo mismo acerca de las naciones. Por ejemplo, leemos en el Salmo 66, hablando evidentemente de la época en que Cristo reinará, (versículo 3, Versión Moderna), "Por la grandeza de tu poder, se te humillarán fingidamente tus enemigos". Encontramos la misma expresión en el Salmo 18: 44, Versión Moderna, donde leemos. "Al oír de mí, me obedecerán; los hombres extraños me dirán lisonjas serviles". A medida que profundizamos en la enseñanza de las Escrituras acerca de este período, veremos que, por triste que ello sea, el hecho es que el corazón de muchos, incluso en el Milenio, permanece sin cambios, y cuando el diablo es desatado al final de los Mil Años, inmediatamente tiene muchos seguidores.

Consideremos un poco más las condiciones reales de la tierra durante este glorioso reinado. Las Escrituras nos dicen mucho al respecto, como si el Espíritu Santo se deleitara en detenerse acerca del gozo y la bendición que aún está por venir a esta triste tierra maldita por el pecado.

La idolatría habrá cesado por completo. Él "quitará totalmente los ídolos". (Isaías 2: 18). "Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase". (Isaías 2: 20).

El Dios verdadero será conocido y adorado. "La tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar". (Isaías 11: 9). "Y sucederá que de luna nueva en luna nueva y de día de reposo en día de reposo, todo mortal vendrá a postrarse delante de mí — dice el SEÑOR". (Isaías 66: 23 - LBLA). "Solo Jehová será exaltado en aquel día". (Isaías 2: 17).

La guerra llegará a su fin, y la tierra disfrutará de paz universal. "Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra". (Isaías 2: 4). Véase también Miqueas 4: 3.

Todo motivo de temor, ya sea de hombre o de bestia, será eliminado, los hombres vivirán en deliciosa confianza, seguridad y paz. "Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques".  (Ezequiel 34: 25). "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo". (Isaías 32: 17 a 18).

La justicia será administrada imparcialmente. "He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio". (Isaías 32: 1). Esto nos hablaría de esos gobernantes subordinados que actúan como ministros de Cristo en los asuntos de este mundo. "El vil no será más llamado generoso, ni el tramposo será dicho dadivoso". (Isaías 32: 5 - VM).

Una vez eliminada la maldición y libertada la creación, habrá una maravillosa fertilidad y abundancia. "Coronas el año con tus bondades, y tus huellas derraman la abundancia. Derraman bendiciones sobre los pastos del desierto, y los collados se ciñen de alegría. Vístense los llanos de rebaños, y los valles se cubren de grano; dan voces de alegría, y cantan también".  (Salmo 65: 11 a 13).

"He aquí que vienen días, dice el Señor, en que el arador alcanzará al segador, y el pisador de uvas al que siembra la semilla; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán". (Amós 9: 13).

Las costumbres e instintos mismos de la creación animal serán transformados. "Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo sesteará junto con el cabrito; también el becerro y el leoncillo y el cebón andarán juntos; y un niñito los conducirá. Asimismo la vaca y la osa pacerán, y sus crías yacerán juntas; y el león comerá paja como el buey. Y jugará el niño de pecho sobre el agujero del áspid, y el recién destetado pondrá la mano sobre la madriguera de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte". (Isaías 11: 6 a 9 – VM).

Las mentes de los hombres, sin ninguna vana búsqueda del conocimiento para su propio bien, estarán, no obstante, bien enseñadas.

Ciudades atestadas y barrios bajos serán suprimidos. "Se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente". (Miqueas 4:4, véase también Zacarías 3: 10).

Habrán terminado la prisa, la vorágine y el egoísmo de las actuales calles de la ciudad.

"Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas".  (Zacarías 8: 4, 5). ¡Qué contraste con la calle de la ciudad actual! "En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ; y las ollas de la casa de Jehová serán como los tazones del altar. Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová de los ejércitos". (Zacarías 14: 20, 21).

No sólo Israel, sino también las naciones, recibirán la bendición. "Canta y alégrate, hija de Sión; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo". (Zacarías 2: 10, 11). "Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, … y correrán a él todas las naciones". (Isaías 2: 2). "Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová".  (Zacarías 8: 22).

El gozo y el regocijo caracterizarán a la tierra en esos días.

"Os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días". (Levítico 23: 40). "Te alegrarás en tus fiestas solemnes, … y estarás verdaderamente alegre". (Deuteronomio 16: 14, 15). "En Israel había alegría". (1º Crónicas 12: 40, (siendo el reinado de David, una imagen con el reino del Salomón del Milenio). "Cantad a Jehová cántico nuevo; Cantad a Jehová, toda la tierra. Cantad a Jehová, bendecid su nombre; Anunciad de día en día su salvación… Decid entre las naciones: Jehová reina… Alégrense los cielos, y gócese la tierra". (Salmo 96:1 a 11). Jehová reina; regocíjese la tierra, Alégrense las muchas costas". (Salmo 97: 1).

Pero, aunque el Señor reinará en aquel entonces, y habrá por todas partes paz y prosperidad, gozo y alegría, aunque el diablo estará atado en el abismo, para que no tiente al hombre al mal, — sin embargo, a pesar de todo, el pecado no será completamente eliminado. Y así leemos en el Salmo 99, "Jehová reina; temblarán los pueblos… Y la gloria del rey ama el juicio". Y el Salmo 101 nos presenta más detalles de Sus modos de obrar en juicio. Leemos, "Al que solapadamente difama a su prójimo, lo exterminaré; No soportaré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso… No habitará dentro de mi casa el que comete fraude; El que habla mentiras no permanecerá en mi presencia. Cada mañana exterminaré a todos los impíos de la nación, Para extirpar de la ciudad de Jehová a todos los autores de iniquidad". (Salmo 101: 5 a 8 – RVR1977).

De esta última frase parecería que el Señor 'celebrará una sesión judicial', por así decirlo, cada mañana, y destruirá a los impíos de la tierra. "No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito". (Isaías 65: 20). Es evidente que la gente vivirá hasta una edad muy avanzada en aquel glorioso día que se avecina, ya que el que muera a los cien años, será considerado sólo como un niño.

Tal vez los días más resplandecientes que este pobre mundo ha conocido fueron durante el reinado del Rey Salomón. En aquel entonces, "acumuló el rey plata en Jerusalén como piedras, y cedros como los cabrahígos de la Sefela en abundancia". (2º Crónicas 9: 27).

Salomón fue un tipo del Señor Jesucristo cuando Él reinará como Rey con todos los enemigos puestos debajo de Sus pies.

Pero, oh qué gran diferencia entre los días más resplandecientes que esta tierra ha presenciado, y los días que hemos estado describiendo recién. Lean el Libro de Eclesiastés y noten la "vanidad y aflicción de espíritu". "Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse". (Eclesiastés 1: 15). "Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad". (3: 16). "Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio". (7: 7). "La necedad está colocada en grandes alturas". (10: 6).

Pero cuando "venga aquel a quien pertenece el derecho" (Ezequiel 21: 27 – LBLA) y asuma el trono de esta tierra, los gemidos de Eclesiastés se transformarán en cantos de alabanza.

Antes de dejar de meditar acerca del Reino Venidero, consideremos brevemente una muestra de él en el Nuevo Testamento. Por favor, lean la historia de la Transfiguración de Cristo, como la vemos en Mateo 16: 28 a Mateo 17: 6; Marcos 9: 1 a 9, y Lucas 9: 27 a 36. El Señor dice: "Os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios". (Lucas 9: 27). Luego sigue la escena de la transfiguración, cuando el Señor Jesús se transfiguró ante ellos. "La apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente". Pedro habla de esta escena como "el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo" (2ª Pedro 1: 16), y dice " habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad".

En "la magnífica gloria" por encima de todo, en Su trono, estaba Dios, cuya voz era oída "en el monte santo". Aparte y solos en un monte alto estaba el Señor Jesucristo, transfigurado para ajustarse a la gloria celestial: y con Él, estaban Moisés y Elías. Hablaban de Su muerte, que iba a cumplirse en Jerusalén, un tema maravilloso, del cual los santos en la gloria nunca se cansarán. Moisés es una imagen de esos santos que han muerto y que han sido resucitados. Elías, recordarán ustedes, fue al cielo sin morir, y es una imagen de esos santos que serán llevados para estar con Cristo sin pasar por la muerte. (1ª Corintios 15: 51). Esta parte del retrato nos habla del aspecto celestial del Reino. ¡Y qué imagen es! ¿Acaso la hermosa intimidad de esos santos celestiales con su glorioso Señor, no nos habla, como las palabras no logran hacerlo, del carácter de nuestro Hogar en el cielo?

Pero también vemos a Pedro, a Jacobo y a Juan, todavía en cuerpos mortales, — no cuerpos de resurrección como los santos celestiales, — sino viendo y oyendo la escena celestial. Esto nos muestra el lugar de Israel cuando ellos sean restaurados en aquel día venidero. La Jerusalén terrenal "será enaltecida, y habitada en su lugar" (Zacarías 14: 10), y disfrutará de la luz y la gloria de la ciudad celestial. (Isaías 60: 1; Apocalipsis 21: 23, 24). No es extraño que Pedro, en medio de esta escena, dijera, "bueno es para nosotros que estemos aquí". Él quiso erigir tres tabernáculos en este lugar santo. Pero el tiempo del Reino aún no había llegado. En el día del Reino veremos que ellos celebrarán la Fiesta de los Tabernáculos, y habitarán en tabernáculos, (Zacarías 14: 16), pero ese tiempo estaba aún muy lejos en aquel entonces, y el Rey debía ir primero a la cruz. Y en aquel día, como en este, el Señor Jesús debe tener siempre la preeminencia. Dios no puede permitir que Su amado Hijo sea puesto al mismo nivel que Moisés y Elías. Así que vemos una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz salió, diciendo: "Este es mi Hijo amado; a él oíd". Y luego, cuando miraron en derredor, "no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo". (Marcos 9: 7, 8). Ellos regresaron a los días anteriores al Reino, es decir, a los días en que nosotros vivimos. Gracias a Dios, aunque la gloria y el poder, aunque Moisés y Elías se apartaron de la vista de ellos, tenían con ellos "A JESÚS SOLO", y Él es suficiente. Le tenemos con nosotros hoy. Es cierto que no Le vemos con nuestro ojo natural, pero por la fe Le vemos en medio de nosotros, y Le vemos en la gloria de arriba, viviendo siempre por nosotros; y Él es suficiente. Sí, gracias a Dios, aunque nuestros corazones anhelantes pueden clamar, y con razón, "¡Venga tu reino!", aunque todavía no hemos visto ninguna de Sus glorias, ni hemos probado Sus deleites, sin embargo, "JESÚS SOLO" es suficiente.

Jesús, Tú eres suficiente

Para llenar la mente y el corazón,

Tu paciente vida para calmar el alma,

Tu amor, su temor disipa.

 

Nosotros hemos estado tentados a persistir en el Reino venidero, y sin embargo no hemos persistido tanto como desearíamos. ¿Acaso no podemos pedir a nuestros lectores que tomen sus Biblias y reflexionen a solas con su Señor, acerca de algunas de estas hermosas escenas que apenas hemos considerado? ¿No leerás tú, y releerás por ti mismo, el Salmo 72, y beberás profundamente de los gozos de los días venideros cuando Cristo reine? Déjalos entrar en tu corazón y en tu alma, y encontrarás en ellos un maravilloso antídoto para el desánimo que procura envolvernos como una espesa niebla, en estos oscuros días en los que Satanás es el príncipe de este mundo.

"Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo con justicia, Y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo, Salvará a los hijos del menesteroso, Y aplastará al opresor. Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación. Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; Como el rocío que destila sobre la tierra. Florecerá en sus días justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la tierra…" (Salmo 72: 1 a 8). Léanlo ustedes todo, y al igual que el Salmista, debemos clamar, —

"Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre". (Salmo 72: 18, 19).

"Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho". Isaías 53: 11.

Volvamos ahora a Levítico 23, y a la luz de lo que hemos espigado de otras Escrituras, procuremos encontrar lo que el Espíritu Santo nos diría en esta porción de la Palabra de Dios, acerca de esos resplandecientes días por venir.

El lector más casual debe observar que el relato de la Fiesta de los Tabernáculos ocupa más espacio en nuestro capítulo que cualquiera de las otras fiestas: algunas partes parecen repetirse dos veces. Parecería que el Espíritu de Dios se deleita en persistir en esta escena final; cuando Cristo vea la aflicción de Su alma y quede satisfecho.

La cosecha está toda recogida. Los trabajos en los campos han terminado. Hay abundancia por todas partes. Ahora viene el reposo y el regocijarse. Dos veces tenemos las palabras, "ningún trabajo de siervos haréis". En el primer día, y en el octavo día, no debía haber ningún trabajo de siervos. El primer día nos hablaría de la entrada en esa fiesta, esto habla del Reino. El octavo día, como veremos más tarde, habla de un nuevo comienzo, y llega hasta el estado eterno. Las palabras para ambos son iguales. Ya sea que se trate de la entrada en el Reino, o se trate de nuestra parte en la Eternidad, los trabajos "de siervos" no tienen lugar en absoluto. Nuestro derecho a entrar en ambos es el mismo, sólo por medio de la preciosa sangre de Cristo, sólo por medio del poderoso Sacrificio del que hablan los sacrificios ofrecidos a lo largo de esta fiesta. Ya sea en el Reino o en la eternidad, nuestra entrada allí no es en absoluto en virtud de nuestro propio trabajo. Nuestros trabajos de siervos no nos pueden hacer aptos para ninguno de los dos. Nuestro trabajar, nuestro velar, nuestra superación, todos nuestros trabajos de siervos juntos, no tienen nada que ver con nuestro privilegio de entrada en ese glorioso Reino, o en el Eterno Reposo más allá de él.

Nuestra posición en el Reino parece estar determinada por nuestro andar aquí abajo. Leemos acerca de aquellos que tienen autoridad sobre diez ciudades, y otros que tienen autoridad sobre cinco ciudades. (Lucas 19: 17, 19). Esto es un asunto de recompensa. Pero nuestra entrada en el Reino no tiene nada que ver con nuestras obras.

El versículo 42 de nuestro capítulo lo deja aún más claro. "En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos". El derecho a celebrar la Fiesta de los Tabernáculos de la manera indicada depende del nacimiento, no de las obras. No hay ninguna sugerencia, ni siquiera en la Fiesta de la Pascua, de que sólo los que eran israelitas podían poner la sangre en la puerta, y sabemos que una "multitud de toda clase de gentes" subió de Egipto. (Éxodo 12: 38). Incluso se hace una provisión para el extranjero que deseara celebrar la Fiesta de la Pascua. (Ex. 12: 48). Pero la Fiesta de los Tabernáculos depende del nacimiento, "todo natural de Israel habitará en tabernáculos". Y el derecho a entrar en el Reino Celestial también depende del nacimiento. "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". (Juan 3: 3). Sólo el nuevo nacimiento, sin nuestros trabajos de siervos, da el derecho de entrar allí.

Los tabernáculos en los que estos israelitas habitaban estaban hechos de "ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos". (Versículo 40). Las ramas de palmeras hablarían de las victorias obtenidas aquí abajo, y los sauces de los arroyos hablarían de los dolores, y tal vez los fracasos y derrotas, del camino del desierto. (Compárese con Apocalipsis 7: 9, y con el Salmo 137: 2). Pero no eran las ramas de palmeras las que daban el derecho de entrar en el Reino, ni los sauces impedían que el peregrino tuviera su parte en ese glorioso día. Suponemos que cada uno en esa compañía celestial sabrá lo que es entretejer las palmeras y los sauces, mientras miran hacia atrás, a este viaje por el desierto. (Véase el versículo 43). Entonces descubriremos que "todas las cosas cooperan juntas para el bien de los que aman a Dios". (Romanos 8: 28 - VM). Encontraremos en aquel entonces, que verdaderamente todas las cosas fueron por amor a nosotros. (2ª Corintios 4: 15). Y descubriremos que en aquel día cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios. (1 Corintios 4: 5). Nosotros creemos que no habrá ni un solo tabernáculo en esa Fiesta Celestial sin algunas ramas de palmera en él, aunque parezca que hacemos que las cosas fracasen ahora aquí abajo. Donde sólo vemos derrota puede ser que el Autor de nuestra salvación vea Vitoria. Pensamiento bienaventurado, "Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe". (1ª Juan 5: 4), no nuestras obras.

La descripción de las ramas de los árboles utilizados en la Fiesta de los Tabernáculos en los días de Nehemías (de lo que esperamos hablar más adelante) es muy notable. Leemos, "Salid al monte y traed ramas de olivo, ramas de olivo silvestre, ramas de mirto, ramas de palmera y ramas de otros árboles frondosos, para hacer tabernáculos". (Nehemías 8: 15). Notarán ustedes que las ramas de sauce son omitidas, supongo que debido a que anteriormente en el capítulo, Nehemías y Esdras habían acallado el llanto del pueblo, diciendo, "el gozo de Jehová es vuestra fuerza". Hay momentos en que el Señor seca nuestras lágrimas, y nos da un gozo sin mezcla. Supongo que Romanos 11 interpreta las ramas de olivo y las ramas de olivo silvestre, como siendo Israel y los gentiles. Aquí los encontramos entrelazados para celebrar la Fiesta de los Tabernáculos, como veremos que ellos lo harán en breve.

Debía haber sacrificios especiales cada día de la fiesta. "Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová". (Levítico23: 36). En Números 29: 12 a 40, tenemos un relato detallado de estos sacrificios. El holocausto incluía becerros, hablando, tal vez, del valor y el mérito de nuestro gran Sacrificio; carneros, hablando de Su consagración hasta la muerte; y corderos, hablando de Su mansedumbre y la forma especial en que Él vino como el Cordero de Dios. Todos los sacrificios debían ser sin defecto, todos predecían Su pureza sin mancha y todos eran de olor grato para Jehová. La ofrenda por expiación, u ofrenda por el pecado, es mencionada especialmente para cada uno de los siete días, y está especialmente mencionada para el octavo día (Números 29: 38). También en Ezequiel 45: 25 vemos que la ofrenda por expiación, u ofrenda por el pecado, el holocausto y la ofrenda vegetal, deben ser incluidas en los sacrificios que han de ser ofrecidos en la Fiesta de los Tabernáculos en los días Mileniales.

Nosotros recibimos algunas enseñanzas muy notables acerca de los sacrificios de los becerros durante los siete días de la Fiesta. En el primer día de la fiesta, el sacrificio consistía en trece becerros de la vacada, dos carneros y catorce corderos de un año. (Números 29: 13). En el Segundo Día, sólo se ofrecían doce becerros de la vacada. En el Tercer Día, once. El Cuarto Día, diez: hasta que el Séptimo Día no encontramos más que siete becerros ofrecidos al Señor. ¿Nos habla esto del sentido decreciente de la valía del valor del Sacrificio que les granjeaba este Reino glorioso? En el aspecto terrenal del Reino, este parecería ser el caso. El terrible padecimiento, la guerra y la mortandad de los juicios que marcaron el comienzo de los Mil Años de paz, parecen haber hecho que algunas de las naciones ofrezcan "lisonjas serviles", como ya hemos visto. (Salmo 18: 44 – VM).

A medida que pasan los años, la gratitud de ellos hacia Aquel a quien le deben todo crece cada vez menos, y para cuando los Mil Años hayan terminado, y el diablo sea liberado de su prisión en el abismo, encontramos a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, cuyo número es como la arena del mar, (un gran contraste con la condición de la tierra al principio del Milenio, cuando "ellos eran pocos en número" en ella). Estas naciones están listas para seguir a Satanás para luchar contra el Rey de reyes, que ha mantenido un gobierno tan justo y benigno durante mil años. (Apocalipsis 20: 7, 8).

Esta puede ser una lección muy solemne para nosotros; vigilemos nuestro amor, no sea que, como la Iglesia de Éfeso, se enfríe. (Apocalipsis 2: 4). Vigilemos que nuestro sacrificio de alabanza, día a día, no disminuya. Es sólo cuando nuestros ojos y nuestros corazones estén ocupados de aquel Bendito que ha hecho todo por nosotros, que el día postrero encontrará el mismo sacrificio que el día primero. Que así sea con cada uno de nosotros.

El hecho de que trece, y no catorce, (dos veces siete), becerros de la vacada eran ofrecidos el primer día, podría indicar que en el Milenio todavía nos falta un poco para ese tiempo perfecto en que el pecado será eliminado. Pero, aunque esto es cierto, qué dulce es leer acerca de ese primer día de la fiesta, (Levítico 23: 39, Versión Moderna), "En el primer día habrá descanso solemne, y en el día octavo, otro descanso solemne". El Señor ofrece descanso, incluso ahora, a todos los que vienen a Él, y a todos los que toman Su yugo, (Mateo 11: 28 a 30), pero en los días venideros habrá un nuevo descanso, cuando la maldición será en gran parte eliminada, y el Príncipe de Paz reinará. ¡Qué perspectiva para esta pobre tierra desgarrada por la guerra, Descanso, Paz y Gozo! ¡Señor, apura ese día! ¡Venga tu reino! ¡Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra!

Antes que dejemos el tema de la Fiesta de los Tabernáculos, debemos mencionar con dolor el poco valor que Israel le otorgó. En Nehemías 8: 17, leemos: "Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande". Incluso en los gloriosos días de David y Salomón, días que, en tipo, miraban al Reino venidero, ellos no celebraron esta fiesta de la manera indicada, (aunque había sido celebrada. Véase 2º. Crónicas 7: 8 a 10; 2º. Crónicas 8: 13; 1º. Reyes 8: 2, y fue en esta fiesta que el arca había sido llevada al templo recién edificado), pero quedó para un pequeño remanente débil, regresado del cautiverio, el celebrar esta fiesta como debía ser celebrada. Qué alegría y qué aliento para nuestros corazones en estos días oscuros y difíciles, cuando hay tanta debilidad y fracaso. La esperanza de la venida del Señor, y la esperanza del Reino venidero, pueden resplandecer intensamente en nuestros corazones más que nunca antes. ¡Que así sea de verdad!

Fue durante los siete días de la Fiesta de los Tabernáculos que Hageo pronunció su conmovedor mensaje, (Hageo 2: 1 a 9). "Cobrad ánimo… y trabajad". "La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos". Mientras esperamos esa paz prometida, que cada uno de nosotros sea encontrado prestando atención a ese primer mensaje, "Cobrad ánimo… y trabajad".

Fue en la Fiesta de los Tabernáculos que nuestro Señor mismo subió al templo. La Fiesta ya no es llamada ahora "La Fiesta de Jehová", sino, "la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos". (Juan 7: 2). El Rey había venido a lo Suyo y los Suyos no le habían recibido. (Juan 1: 11). Les había ofrecido el Reino y ellos lo habían rechazado, y ahora el Señor rechaza la fiesta de ellos.

Pero, En el último y gran día de la fiesta", (el octavo día, del que debemos hablar antes de terminar), "Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado". (Juan 7: 37 a 39).

Con el Rey despreciado y rechazado por los hombres, el Reino, — es decir, lo que la Fiesta de los Tabernáculos representaba, — debió ser postergado. Y ahora Judá ha estado esperando casi 2000 años para el descanso y el gozo y la paz que hace tanto tiempo rechazó. Pero, en la Escritura que acabamos de citar vemos que, en lugar de la Fiesta de los Tabernáculos, el Señor da a los Suyos el Espíritu Santo, y aún ahora aquí abajo tenemos descanso, y paz, y gozo. Ahora bien, si alguno tiene sed, el Señor le llama para que venga a Él y beba. Quien cree en Él, de su interior, (desde el fondo de su corazón, como decimos, de sus afectos más íntimos,) fluirán corrientes de refrigerio para los demás. El pobre vaso es llenado de tal manera que se desborda.

Cuando el Señor venga, tendremos la siega y la vendimia, y luego la completa bendición; pero hasta que esa bendición llegue, tenemos el Espíritu Santo en Su lugar, y nuestro lugar es esperar a Cristo, cuando Él venga desde el Cielo.

Pero, el día se acerca en que no sólo Israel, sino incluso las naciones del mundo la celebrarán exactamente igual que Israel, pero no podemos dejar de citar el siguiente pasaje notable de Zacarías 14, a partir del versículo 16. "Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos".

Debemos mencionar tres cosas en estos versículos. En primer lugar, las naciones subirán cada año a adorar al Rey, Jehová de los ejércitos. Este Rey será el Señor Jesucristo. Vemos que en aquel tiempo Él está reinando, — y reinando en Jerusalén. En segundo lugar, vemos que las naciones deben subir a adorar. Ahora bien, el Señor no obliga a nadie a adorarle. Hay muchos en este mundo con gran prosperidad material que se niegan a adorar al Señor. Pues bien, Él hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5: 45). En la época que viene, si las naciones no obedecen, y no suben a adorar al Rey, y no guardan la Fiesta de los Tabernáculos, no tendrán lluvia. Qué notable es que no se los llame a celebrar la fiesta de la Pascua o la de Pentecostés, sino sólo la de los Tabernáculos. La Pascua y Pentecostés tienen que ver especialmente con la Iglesia. La Fiesta de los Tabernáculos tiene que ver con el Reino.

La Fiesta de los Tabernáculos finalizaba con el "gran día de la Fiesta", el Octavo Día. El Octavo Día habla de un nuevo comienzo. Los siete días de la Fiesta hablan de los Mil Años en que Cristo reinará: "Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos". (1ª Corintios 15: 24 a 28).

El Octavo Día nos habla de un largo día de Reposo de la Eternidad. Lo vemos en Levítico 23: 39. "El octavo día será también día de reposo", o de descanso. En Génesis 2: 2, 3 leemos, "Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación". Lamentablemente, el pecado pronto irrumpió en el reposo de Dios, de modo que el Hijo de Dios debió decir, "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo". (Juan 5: 17). Y a lo largo de casi seis mil años, el Padre y el Hijo han estado trabajando para el pobre hombre, miserable y pecador. Pero, "queda un reposo (o la observancia del día de reposo) para el pueblo de Dios". (Hebreos 4: 9). El pecado ha estropeado el resto del séptimo día, pero aún queda el resto del octavo día.

En Números 29: 35 a 38, Versión Moderna, vemos los sacrificios especiales que debían ser ofrecidos en el Octavo Día de la Fiesta de los Tabernáculos, leemos, "Presentaréis en holocausto, como ofrenda encendida de olor grato a Jehová, un novillo, un carnero, siete corderos del primer año, sin tacha; la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes al novillo, al carnero y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento: y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo y su ofrenda vegetal y su libación". A lo largo del largo reposo de la eternidad, subirá siempre y por siempre el olor grato del holocausto a Jehová. A lo largo de la eternidad no habrá ningún cambio en el valor y el mérito y la fragancia de esa ofrenda. Tampoco los que tienen el privilegio de compartir esa dicha eterna se cansarán de ese tema, ni disminuirá su sentido del valor de ese poderoso sacrificio, como era el caso durante los siete días de la Fiesta.

No sólo el Holocausto enviará siempre su olor grato, sino que la Ofrenda Vegetal hablará por toda la eternidad de la senda aquí abajo del Varón de Dolores, en Su camino hacia la cruz. Y la Ofrenda por Expiación, u ofrenda por el pecado, tampoco será olvidada. Los pecados han desaparecido hace mucho tiempo, para no ser recordados más, pero por siempre y para siempre recordaremos que Él Su vida puso en expiación por el pecado, y que 'Él lo hizo por mí'.

Nosotros hemos procurado trazar, en cierta medida, los modos de obrar de Dios tal como son presentados en las Fiestas de Jehová desde la Eternidad hasta la Eternidad, y mientras contemplamos con ojos embelesados la fascinante escena ante nosotros, que se extiende una y otra vez a través de las innumerables edades de la eternidad, no podemos sino prosternarnos y adorar, mientras clamamos,

"Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos". (Apocalipsis 5: 13).

G. C. Willis

Traducido del Inglés al Español por B.R.C.O.

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones tal como las que son indicadas a continuación:

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVR1977 = Versión Reina-Valera Revisión 1977 (Publicada por Editorial Clie).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
The Feasts of Jehova, by G. C. Willis
Traducido con permiso

Versión Inglesa
Versión Inglesa