EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

CÓMO VENCER LAS COSAS TERRENALES (J.T.Mawson)

INICIO / AUTORES y SECCIONES
Escritos de: H. C. ANSTEY
Escritos de J. G. BELLETT
Escritos de J. N. DARBY
Escritos de EDWARD DENNETT
Escritos de W. W. FEREDAY
Escritos de F. B. HOLE
Escritos de WILLIAM KELLY
Escritos de C. H. MACKINTOSH
Escritos de F. G. PATTERSON
Escritos de SAMUEL RIDOUT
Escritos de H. H. SNELL
Escritos de G. V. WIGRAM
Escritos de G. C. WILLIS
Escritos de W. T. P. WOLSTON
Escritos de otros Autores: A.E.BOUTER, E.N.CROSS, A.C. GAEBELEIN, F.WALLACE, N. NOEL...
ENLACES/LINKS

MOBI

EPUB

Para oír o descargar pulse este botón

Duración: 34 minutos.-

CÓMO VENCER

 

Pláticas acerca del Libro de Jueces

J. T. Mawson

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RV60) excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito

 

5.ª Plática: Cómo Vencer las Cosas Terrenales

 

Lectura Bíblica: Jueces 6: 1 a 16

 

LOS MADIANITAS son una sorprendente figura de cosas terrenales.

 

Ellos desposeían a los Israelitas del gozo de su herencia dada por Dios y hacían que sus vidas fueran una carga y una miseria, y esto es precisamente lo que las cosas terrenales hacen por el Cristiano cuando él es dominado por ellas.

 

Ahora bien, las cosas de la tierra no necesariamente son malas y sumamente pecaminosas. Ellas son cosas que pueden ser rectas y adecuadas cuando son mantenidas en su lugar correcto, y ellas pueden incluir las misericordias temporales de Dios para con nosotros: pero, si ellas se convierten en nuestro objetivo en la vida pueden desplazar las cosas de Cristo y del cielo y, como consecuencia, la luz del sol se aleja de la vida y el cántico desaparece de los labios y la prosperidad del alma llega a su fin.

 

Brevemente resumidas, estas cosas representan "preocupaciones", "riquezas", "placeres", y "necesidades" de esta vida. Ellas abarcan lo dulce y lo amargo, el gozo y el dolor, la prosperidad y la adversidad de nuestra existencia aquí, y son encontradas en los círculos familiares, sociales y de negocio, y si la mente llega a estar absorbida por ellas la semilla de la Palabra es ahogada en el corazón y su fruto no madura. Esto es evidente de las propias palabras del Señor, " Y la semilla que cayó entre los espinos, éstos son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura". (Lucas 8: 14 – NBA). "No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis… ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud… Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas". (Lucas 12: 22, 29, 31).

 

Aquellos que no conocen a Dios y cuya visión está limitada por el presente, — las gentes del mundo, — buscan estas cosas terrenales. (Lucas 12: 30). Pero, como el águila extiende sus amplias alas y se eleva sobre la tierra y se baña en la hermosa luz del sol, así el Cristiano ha recibido el derecho y el poder para elevarse sobre las cosas de la tierra para disfrutar los tesoros resplandecientes de aquel lugar donde Cristo es preminente. Si en lugar de cumplir con este elevado llamamiento de Dios a él se lo encuentra escarbando la tierra, no hay fruto para Dios ni luz para los demás, pues estas dos cosas están íntimamente ligadas por el Señor. "Mas la que cayó en tierra buena, son los que con corazón leal y bueno, habiendo oído la palabra, la retienen, y llevan fruto con paciencia. Ninguno cuando enciende una luz, la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama; sino que la pone en el candelero, para que los que entren vean la luz". (Lucas 8: 15, 16 - VM).

 

Las cosas terrenales se contraponen con las cosas en el cielo y hay una rivalidad constante entre ellas. Las cosas en el cielo pertenecen al Cristiano, pero las cosas de la tierra reclaman su atención y excluirían del corazón y de la mente aquello que es su porción verdadera; de ahí la necesidad de la exhortación, "Siendo, pues, que habéis resucitado con Cristo … Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra". (Colosenses 3: 1, 2 - RVA). La condición de aquellos que piensan en las cosas terrenales es muy seria aunque ellos sean Cristianos, pues el Apóstol tuvo que escribir, "Porque muchos andan como les he dicho muchas veces, y ahora se lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo,… los cuales piensan solo en las cosas terrenales. Porque nuestra ciudadanía está en los cielos". (Filipenses 3: 18, 19, 20 – NBA) 

 

 

De Qué Manera los Madianitas Trataban a Israel

 

"Y acampando contra ellos… No dejaban qué comer en Israel… Israel era empobrecido en gran manera por causa de los madianitas". (Jueces 6: 4 a 6 – NBA).

 

Los Madianitas prevalecieron contra Israel y a causa de los Madianitas "los hijos de Israel se hicieron escondites en las montañas y en las cavernas y en los lugares fortificados". (Jueces 6: 2 – NBA). En resumen, se ocultaron en la tierra. Dios los había establecido en esa tierra para ser un testimonio para Él mismo, y si ellos hubiesen andado en Sus sendas la luz de ellos se habría mantenido resplandeciente y las demás naciones se habrían enterado acerca de cuán bueno era tener al Dios de Israel. Pero ellos no fueron ningún testimonio para Dios ocultos en los escondites y cavernas de la tierra; y tampoco hay luz alguna hoy en día en aquellos de Su pueblo que están bajo el poder de las cosas de la tierra; la luz de ellos está oculta en lugar de estar puesta en el candelero para que todos puedan ver la luz.

 

Dios había traído a Su pueblo a esa tierra para que pudieran disfrutarla y ellos encontraron que era una tierra que fluía leche y miel, — una tierra de gozo y regocijo — donde el trigo crecía en abundancia y el ganado medraba sobre sus verdes colinas. Pero, cuando los Madianitas invadieron la tierra y establecieron su hogar allí, todo esto lo perdieron pues los invasores entraron como langostas que devoran toda cosa verde, y el pueblo de Israel fue empobrecido en gran manera y despojado por completo de esas bendiciones que Dios les había dado.

 

Cristiano, ¿se encuentra usted en una situación similar? Usted ha permitido que las cosas de la tierra ocupen sus pensamientos y su corazón, y ellas han invadido la tierra en multitud, han desplazado las cosas más resplandecientes y mejores. Usted puede mirar hacia atrás, al tiempo en que las cosas de Cristo y del cielo eran el gozo y el deleite de su alma, pero usted ha perdido el gusto por ellas y el Espíritu Santo ha sido contristado y su alma se ha empobrecido grandemente. Usted no tiene tiempo ahora para una quieta comunión con el Señor pues los madianitas han subido "con su ganado y sus tiendas", y han entrado "como langostas en multitud". Y ellos han entrado "en la tierra para devastarla". (Jueces 6: 5 – NBA).

 

Oh, es lamentable que este sea el triste caso de miles de lozanos Cristianos que antes crecían, los cuales han sido vencidos, no por grosera pecaminosidad, ni siquiera por la mundanalidad, sino por las "cosas de la tierra". Ellos dicen, «Uno debe ocuparse de la familia, de los negocios, de las cosas de esta vida»", y, consecuentemente, las cosas de Cristo, que son su verdadera y propia porción como pueblo de Dios, son descuidadas, y observen bien el triple resultado:

 

En primer lugar, no hay fruto para Dios.

En segundo lugar, no hay luz para los demás.

En tercer lugar, no hay sustento para ellos mismos.

 

El Primer Paso Para la Liberación

 

Pero, en su angustia, Israel clamó a Jehová a causa de los Madianitas y ese clamor de necesidad fue el comienzo de cosas mejores. Ellos fueron llevados a reconocer que si Dios no los ayudaba no había esperanza para ellos; y esta es una inmensa lección que todos deben aprender. Nunca será demasiado insistir en que la liberación, en cada fase, debe provenir de Dios, —nuestro esfuerzo es fútil. Es posible que usted haya hecho muchos intentos para librarse del yugo mortificante de las cosas terrenales, pero todos han sido en vano. Si usted ha llegado al fin de sus propios recursos, entonces ha llegado al lugar correcto para la bendición; pues el fin de los recursos suyos es el comienzo de los de Dios, y para los recursos de Él no hay fin. Si su alma se ha empobrecido deje que Él oiga su clamor. Él no ha cambiado; lo que ha traído el desastre sobre usted son sus propios caminos, así como los Israelitas estuvieron padeciendo por la propia desobediencia de ellos. (Jueces 6: 10).

 

En respuesta al clamor de necesidad de ellos Dios les levantó un libertador; y de él tenemos una descripción sumamente interesante e instructiva. Hay varias cosas que sobresalen notablemente en su carácter y conducta y a las que se debe llamar a prestar atención:

 

Primero, Él fue capaz de conservar para sí mismo algunos de los productos de la tierra de los que el resto de Israel había sido despojado.

Segundo, Él estaba muy preocupado por la condición del pueblo de Dios.

Tercero, Él tenía ínfimos pensamientos sobre sí mismo.

Cuarto, los principales incidentes en su camino hacia la victoria tuvieron lugar de noche o en secreto.

 

1.— Gedeón es presentado mientras está sacudiendo el trigo en el lugar secreto para ocultarlo de los Madianitas. Este trigo era la porción verdadera del pueblo; para nosotros es un tipo de Cristo. Israel había sido despojado de su sustento, pero Gedeón había podido asegurar, al menos, algo de aquel sustento de manos de los ladrones.  Evidentemente, Él valoraba aquello que había guardado tan cuidadosamente y no sería despojado de ello si él lo podía evitar. Fue a aquel varón que el propio Dios se reveló, y él pudo ser llamado, "varón esforzado y valiente", pues había iniciado el camino hacia la victoria final. (Jueces 6: 12).

 

¿Aprecia usted a Cristo, y acostumbra usted a retirarse a lo secreto, lejos del estrés y de la preocupación del diario vivir para alimentarse de Él y de Sus cosas, las cuales son su verdadera porción?

 

¿Es posible que usted tenga que confesar que no tiene tiempo para Sus cosas y que desde el amanecer hasta el atardecer usted está ocupado por completo con los deberes del día? Entonces, en realidad, usted está bajo el yugo mortificante de estos muy tiránicos enemigos de su alma, — a saber, las cosas terrenales.

 

Dedique usted tiempo para alimentarse de Cristo en lo secreto. Pronto se dará cuenta de lo bueno que ello es. Los días serán más luminosos, las cargas menos pesadas, su espíritu menos inquieto y, tal vez, esa mirada ansiosa desaparecerá de su rostro. En resumen, una nueva era amanecerá para usted si usted se aparta para sacudir el verdadero Trigo en lo secreto de la presencia de Dios. Usted tendrá que guardar celosamente estos momentos de quietud pues, si se les permite, estas cosas terrenales se entrometerán en las horas más sagradas.

 

Fue mientras Gedeón sacudía el trigo que el Ángel de Jehová se le apareció con el anuncio que estremece el alma: "Jehová está contigo, varón esforzado y valiente". A aquel que podía aferrarse a lo que Dios le había dado se le pudo hablar así; Jehová estaba con él y, consecuentemente, la fuerza y el valor debían ser suyos. (Jueces 6: 12).

 

(2) Pero Gedeón no se entusiasmó con la salutación del ángel. Él pensó en el estado de la tierra y expresó el profundo ejercicio de su corazón al respecto. Los días no eran como una vez habían sido y él lo sentía profundamente. Parecía como si Jehová hubiese abandonado a Su pueblo y él estaba muy preocupado por ello. Tenía trigo para sí mismo pero no se conformaba con tenerlo solo y permanecer indiferente a la condición empobrecida de la herencia de Dios.

 

Y Jehová lo miró con evidente satisfacción, y dijo: "Vé con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?" (Jueces 6: 14).

 

Aquel que verdaderamente trata con Dios acerca de las cosas debe sentir cuán enjutos de alma son muchos del pueblo de Dios y cuán poco son conocidas y valoradas las cosas preciosas de Cristo. Sintiendo esto él no se satisfará con comer su porción solo. Ah, no, hacer eso sería una evidencia innegable de un corazón alejado de Dios. No podemos separarnos en pensamiento del resto del rebaño de Dios; su pobreza y su dolor son nuestros.

 

Gedeón rehusó separarse del resto del pueblo de Dios pues cuando el ángel dijo: "Jehová está contigo", Gedeón respondió: "Si Jehová está con nosotros" (Jueces 6: 23, 13); y cuanto más apreciamos a Cristo, más amaremos a Su pueblo y anhelaremos la liberación de cada uno de ellos de todo yugo de esclavitud.

 

(3) El tercer rasgo en el carácter de Gedeón fue la baja estima de sí mismo. No se jacta por la forma en que se le habla sino que habla acerca de la pobreza de su familia y de su propia pequeñez; y esto lo señaló aún más decididamente como un vaso escogido para Jehová; de modo que lo que ya había sido anunciado puede ser ahora enfatizado: "Herirás a Madián como a un solo hombre". (Jueces 6: 16 – VM - JND).

 

Tres cosas van siempre juntas y cada una es una clara señal de la gracia de Dios en Su pueblo, a saber,

 

en primer lugar, Apreciación de Cristo;

en segundo lugar,  amor y cuidado por Su pueblo;

en tercer lugar, baja estima acerca de sí mismo.

 

Dios Debe Tener Sus Derechos

 

Gedeón estaba todavía en mucha ignorancia con respecto a quién conversaba con él, pero es agradable ver que cuando llegó el momento oportuno él pudo traer los panes sin levadura, la harina fina y un cabrito de las cabras. Jehová aceptó su ofrenda y le dijo, "Paz a ti; no tengas temor, no morirás". (Jueces 6: 23). A medida que aumentaba la luz, aumentaban la fe y el vigor de Gedeón pues construyó un altar a Jehová y lo llamó "Jehová-salom", que significa «Jehová es paz.» Él asumió su postura a partir de las propias palabras de gracia de Dios para él mismo, y reclamó la paz para todos.

 

La construcción de aquel altar significó que Dios debe tener Sus derechos, — esos derechos de los cuales Él había sido privado durante tanto tiempo; y cuando Dios tiene Sus derechos Él puede enviar paz.

 

Este fue, entonces, el hombre que Dios pudo usar para la liberación de Su pueblo, y las señales de la gracia y la fe en él son figurativas de ese estado que debe caracterizarnos si hemos de ser libertados y libertadores. El hombre cuya alma se alimenta de las cosas del cielo será un adorador de Dios porque su corazón estará lleno de las cosas de Dios; y él es quien puede levantar el altar con una intención divinamente dada de rendir a Dios lo que es de Él; y tampoco entregará su mente y su corazón y el tiempo a ocuparse de las cosas de la tierra.

 

Hasta ahora las actividades y el progreso de Gedeón habían sido en secreto y con Dios; pero llegamos ahora a su primer golpe al dominio del enemigo.

 

Un altar al falso dios Baal había sido levantado en la tierra y fue a consecuencia de esto que ellos estaban padeciendo bajo la tiranía de los Madianitas. Baal era el dios del sol. El sol establece las influencias que rigen el día y el altar de Baal en la tierra es típico de las cosas de la tierra que tienen ascendencia en los corazones y en las mentes del pueblo de Dios. Este altar tenía que desaparecer para hacer sitio al altar de Dios pues los dos no podían permanecer en pie juntos.

 

En la misma epístola en que somos exhortados a ocupar la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3: 2 – RVA, leemos: "Para que en todo él [Cristo] sea preeminente". (Colosenses 1: 18 - RVA).  Si hemos de ser libres de la esclavitud y andar en libertad, Cristo debe ser preeminente. Oh, cristiano, ¿responde su corazón a esto? Él es verdaderamente digno de este lugar, y si, "en todo", entonces, ciertamente, Él es digno de este lugar en su corazón y en su vida. Si las influencias del día y las cosas de esta vida tienen el dominio sobre usted, entonces las cosas de Cristo son desplazadas; el falso dios, Baal, ha levantado su cabeza en medio de su vida, y como consecuencia usted no tiene gozo y es infructuoso. Oh, derribe usted ese altar; hágalo de inmediato; haga que Cristo lo sea todo. "Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén". (1ª. Juan 5: 21).

 

 

Pero, preste usted atención, fue el hombre que había estado en lo secreto con Dios quien pudo derribar el altar del dios falso; y usted no puede tener poder alguno contra estos enemigos salvo que usted lo haga con Dios en lo secreto.

 

Una Necesidad Absoluta

 

Pasaremos ahora al muy interesante incidente registrado al final del capítulo, a saber, en Jueces 6: 33 a 40. Los Madianitas, con sus aliados los Amalecitas, (una figura de la carne), salieron a luchar contra Gedeón. Esto era natural y lo es hoy. Usted puede estar seguro de que si en su corazón hay una atracción hacia el cielo, usted tendrá que contender con estos poderes combinados, porque la carne no ama las cosas de Cristo sino que encuentra su satisfacción en las cosas de la tierra. Pero Gedeón no tuvo temor; tocó el cuerno de advertencia y reunió al pueblo de Dios, pero, antes de emprender la batalla tuvo que volver a hablar con Dios en secreto. En lo secreto de la presencia de Dios él deseó que se realizara un milagro, y un milagro de un tipo muy peculiar. «Uno muy insignificante», dice el crítico detractor. Nuestra respuesta es, «Un milagro muy esencial para nosotros si queremos ser victoriosos». La petición de Gedeón fue que el vellón se saturase con aquello de lo cual la tierra no supiera nada: «Que el rocío esté en el vellón solamente y toda la tierra quede seca.» El carácter del animal se conoce por su vellón. Entonces el vellón representará nuestro carácter en este mundo; pero recordemos que el carácter se forma desde el interior, — desde aquello en lo que el corazón y la mente permanecen. ¿Estamos preparados para decir a Dios: «Que el rocío esté sobre el vellón; que estemos saturados, bautizados, enteramente caracterizados por aquello que la tierra no posee»? Y lo que la tierra no posee es Cristo, ciertamente; y sólo cuando nuestros corazones y mentes se alimenten de Él llevaremos el carácter celestial y nos diferenciaremos claramente de lo que es de la tierra. Usted puede decirme que ese es su deseo pero que todos sus esfuerzos en esa dirección han sido totalmente vanos. Y permítame asegurarle que sus esfuerzos serán siempre infructuosos. Usted no puede llevar a cabo un milagro, y producir lo que estamos hablando es imposible salvo por el poder de Dios.

 

Gedeón no se propuso hacer esto por sí mismo sino que entregó el vellón a Dios y le pidió que Él lo llevara a cabo. Y éste es el secreto: "Preséntense ustedes mismos a Dios" (Romanos 6: 13 - NBA), y comprobarán que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Es Su deleite, en perfecta gracia y por el poder del Espíritu, llenar nuestros corazones y mentes con Cristo para que podamos llevar Su carácter en un mundo que no conoce nada acerca de Él. Pero Gedeón hizo más que entregar el vellón a Dios; él también mostró energía y deseo en relación con este asunto pues se levantó temprano en la mañana para ver la respuesta de Dios a su oración.

 

Que Dios conceda que podamos mostrar la misma energía en nuestros deseos espirituales. A menudo, — ¡lamentablemente! — demasiado a menudo nosotros estamos satisfechos con anhelar y orar, y ambas cosas son correctas, pero debemos ir más allá; debe haber la rendición de nosotros mismos a Dios; no hay substituto para esto; y luego debe haber la búsqueda y la espera sinceras del resultado.

 

Gedeón tuvo una petición más que hacer antes de salir al campo; fue que el vellón estuviera seco y toda la tierra mojada. Tenemos aquí el lado negativo del asunto que sigue al positivo de manera natural. El significado de ello para nosotros es que seamos libres en el corazón y en el carácter de aquello con lo que la tierra está saturada; que sus máximas, sus principios, sus esperanzas y sus aspiraciones no tengan cabida en nuestras vidas pues estas cosas sólo pueden estropear nuestro disfrute de Él. Su cruz nos ha separado de ellas y debemos estar libres de ellas de manera práctica si hemos de representarle acertadamente.

 

Es interesante notar que fue en la era el lugar donde estos deseos fueron expresados, — en el lugar donde Gedeón se había encontrado por primera vez con Jehová y donde él había mostrado su aprecio por la bendición de Dios; y también podemos estar seguros de que estos deseos son el resultado verdadero y natural de alimentarse de Cristo en lo secreto de la presencia de Dios, lejos de las influencias del día y de la intrusión de cosas terrenales.

 

A partir de este punto Gedeón avanzó hacia la victoria. Él había tenido mucho que ver con Dios en secreto y, con la fuerza, el valor y la sabiduría adquiridos allí pudo planificar su campaña contra el enemigo.

 

Pero hay aún otras lecciones que debemos aprender antes de llegar a la liberación final del pueblo y estas lecciones no hacen más que enfatizar lo que ya hemos visto.

 

El Pueblo es Probado

 

El pueblo era demasiado numeroso y existía el peligro de que ellos se atribuyeran el mérito de la victoria y cayeran así en un estado peor que aquel en el cual ellos habían estado. Más de dos tercios de ellos eran cobardes; sus propias vidas tenían más valor para ellos que la lucha de Jehová y se alegraban de volver a sus propios hogares. ¿Acaso evitamos el ejercicio de alma? ¿Buscamos nosotros la facilidad y la comodidad en lugar del conflicto que debemos tener si hemos de ser vencedores? Nosotros podemos continuar con las reuniones y los servicios, leer libros y discutir doctrinas, pero, ¿están nuestras almas afirmadas en el valor divino? Si no es así, no somos aptos para la lucha, y hasta que nuestras almas sean verdaderamente revividas estamos descalificados para ella.

 

Quedaban aún diez mil que no eran cobardes como sus antiguos compañeros; pero la mayor parte de ellos no eran de los que Dios podía utilizar; así que se les aplicó una prueba más severa.

 

La orden de Dios es, "Llévalos a las aguas, y allí te los probaré". (Jueces 7: 4). El agua es una de las mayores misericordias de Dios y en este caso fue puesta al alcance del ejército una abundante provisión, y por la forma en que ellos la trataron se manifestó su aptitud para ser guerreros de Dios o al contrario. Nueve mil setecientos doblaron sus rodillas para beber todo lo que pudieron, y, por el momento, parecieron olvidar la lucha. Por otra parte, trescientos tomaron sólo lo que les permitía satisfacer su necesidad del momento y nada más: la lucha del Señor los controlaba y todo lo demás fue mantenido en suspenso.

 

El Verdadero Uso de las Misericordias de Dios

 

Nosotros vemos aquí el verdadero uso de las misericordias de Dios. Necesitamos comida y ropa y refugio y todo esto es puesto a nuestro alcance. ¿Cómo debemos tratarlos? Si nuestro objetivo es obtener la mayor cantidad posible de estas cosas nos hemos convertido en siervos de ellas y estamos entre los que no pueden enfrentar al enemigo pues hemos comenzado a pensar en las cosas terrenales. Si por el contrario estas cosas son utilizadas sólo como misericordias de Dios para nosotros y nos contentamos con las cosas que tenemos recordando que no estamos aquí para acumular tesoros en la tierra sino para el testimonio del Señor, entonces demostraremos ser vasos aptos para Su servicio.

 

Este rasgo encomiable se manifiesta aún más en los valientes trescientos pues ellos llevaron sus vituallas en la mano, lo suficiente para su necesidad y no más. Ellos fueron los hombres adecuados para la guerra que no se dejaron enredar por los asuntos de esta vida.

 

Las Municiones de Guerra

 

Ellos fueron un ejército extrañamente equipado cuando salieron a luchar; sus armas fueron contrarias a todas las ideas aceptadas, y sus tácticas no podían ser aprendidas en las escuelas militares; pero fueron también hombres de ojo sencillo y obedientes y confiados, y eso era todo lo que necesitaban ser.

 

Ellos fueron hombres de ojo sencillo, y la mirada de ellos estuvo fija en su líder, pues su orden fue: "Miradme a mí". (Jueces 7: 17).  Si ellos hubieran mirado al enemigo probablemente se habrían desanimado por el número de ellos; pero mirar al enemigo no era asunto de ellos pues el jefe que Dios les había dado reclamaba su atención y les ordenaba su obediencia, y mientras le miraron ellos "estuvieron firmes cada uno en su puesto" (Jueces 7: 21), y estando cada uno en su puesto ellos llegaron a ser una compañía compacta e indivisa.

 

Sus armas de guerra fueron extrañas, trompetas, cántaros que sólo fueron sostenidos para ser quebrados, y antorchas. No llevaron consigo ninguna espada de acero templado pero su grito de guerra fue glorioso y demostró que eran hombres seguros de la victoria. Y en efecto, no quedaron defraudados, pues al gritar: "¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!... todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo". (Jueces 7: 20, 21).

 

En la segunda epístola de Pablo a Timoteo tenemos lo equivalente en el Nuevo Testamento. La epístola ha sido calificada de negativa y en verdad tiene su aspecto negativo pues en ella es expuesto claramente el terrible alejamiento de la verdad de la Iglesia profesante: es decir, el resultado de preocuparse primero en las cosas terrenales.

 

El estado de cosas descrito en el tercer capítulo de esta epístola difícilmente podría ser peor, y sin embargo tenemos allí una imagen real de la Iglesia profesante de hoy en día, y es evidente que si la Iglesia o cualquier parte de ella es nuestra esperanza y refugio, — nuestro lugar de salvación, — entonces estamos realmente perdidos. Pero, Pablo no miró en esa dirección; miró por encima de la escena del conflicto y el fracaso y fijó su mirada en un Cristo resucitado a la diestra de Dios, y el resultado de esta mirada firme fue un triunfo continuo. De modo que, vista desde este punto, esta epístola es una de las más brillantes en el Libro porque el fracaso de los hombres solo sirve para poner de relieve la fidelidad y estabilidad del Señor.

 

El Grito de Batalla de Pablo

 

Así, Pablo tuvo un grito de batalla al igual que Gedeón. Él pudo vincularse con el testimonio del Señor y clamar: "No te avergüences pues del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo" (2a Timoteo 1: 8 – VM); y aquel que tuvo tal grito de guerra pudo decir: "Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día". (2ª Timoteo 1: 12). Él pudo decir también al final de la batalla: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe". (2ª Timoteo 4: 7).

 

Él había permanecido firme en su puesto, como los hombres de Gedeón, porque conocía el poder y la gracia de su gran Líder, el cual había aplastado al enemigo y triunfado sobre la muerte; y usted puede estar seguros de que, al recordar a Jesucristo resucitado de entre los muertos según el evangelio de Pablo, y al tener nuestros ojos fijos en Él, en quien están aseguradas todas las intenciones de bendición de Dios, nosotros también podremos permanecer firmes, "cada uno en su puesto". Tampoco estaremos con miedo y pavor y depresión porque nuestros corazones serán mantenidos por el triunfo del Señor, y al estar así en nuestro puesto haremos resonar confiadamente el grito de batalla del Cristiano.

 

El Testimonio del Señor

 

El testimonio del Señor es la verdad bienaventurada en cuanto a Su victoria y que toda la gracia de Dios está en Cristo donde ningún enemigo puede estropearla. Es la proclamación del gran hecho de que Dios no ha sido frustrado sino que todos Sus propósitos de gracia están sostenidos con seguridad en la mano que hirió el poder de la muerte. En resumen, el testimonio del Señor es el glorioso evangelio de Dios acerca de su Hijo como el Hombre resucitado, a través de quien se cumple toda la voluntad de Dios. El conocimiento de este evangelio nos hace triunfantes, y no lo predicaremos con vergüenza porque no es acerca de nosotros sino acerca de Cristo; no es acerca de la Iglesia sino acerca del poderoso Salvador, el Hijo de Dios.

 

Que nosotros podamos ser verdaderamente controlados por el espíritu de amor y poder, y de una mente sana, para que podamos seguir decididamente con esta gloriosa predicación. Podemos sentirnos avergonzados de la Iglesia como testigo de Cristo aquí abajo, y avergonzados de nuestras propias y miserables personas, pero aquí hay algo de lo que nunca debemos avergonzarnos, pues se trata del poder mismo y de la sabiduría misma de Dios.

 

Los Cántaros y las Antorchas

 

Los hombres que gritaron: "¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!", fueron los hombres que guardaban su luz en vasos de barro, y esos tenían que ser quebrados para que la luz resplandeciera. El resplandor de esta luz en la oscuridad debía acompañar al grito de batalla y al toque de las trompetas. Se hace alusión a esto en 2ª Corintios 4: 7. Los creyentes poseen un maravilloso tesoro: a saber, el conocimiento de Dios en sus corazones. Esta luz gloriosa resplandece en toda su perfección desde la faz de Jesucristo y ha resplandecido en nuestros corazones (2ª Corintios 4: 6); pero, si esa luz ha resplandecido en el interior, es para que vuelva a resplandecer hacia afuera. La luz no debe estar oculta; debe resplandecer desde los vasos de barro que la contienen. Esto sólo puede ser en el poder de Dios: pues el esfuerzo humano es totalmente vano.

 

La luz resplandeció en Pablo; su manera de vivir estuvo en consonancia con el testimonio que él dio, de modo que si predicó que toda la bendición estaba en Cristo en la gloria, él no la buscó en la tierra. Él no puso su vista en las cosas que se ven sino en las que no se ven. Las cosas eternas y no las temporales ordenaron su alma y él fue así un vencedor realmente libertado y capaz de libertar a otros también.

 

El resplandor de la luz y la salida del testimonio deben ir juntos. A esto nos ha llamado el Señor y es nuestro privilegio relacionarnos con el nombre y el testimonio del Señor. Pero, tengamos en cuenta que si nos ocupamos en las cosas terrenales la luz se oscurecerá y dejaremos de interesarnos en el testimonio del Señor.

 

He aquí las cosas que llevaron a la derrota de estos enemigos por parte del ejército de Gedeón.

 

1.— Ellos fueron hombres valientes (Jueces 7: 3).

2.— Tomaron sólo lo que necesitaban (versículo 6).

3.— Fueron obedientes al comandante (versículo 17).

4.— Dejaron resplandecer la luz que los cántaros contenían (versículo 20).

5.— Gritaron el grito de batalla (versículo 20).

6.— cada uno estuvo en su puesto (versículo 21).

 

Que Dios conceda que el bienaventurado antitipo de estas cosas nos caracterice a cada uno de nosotros.

 

Una Advertencia

 

Hay mucho más en la historia de Gedeón que es del más profundo interés y de la más profunda enseñanza que no entra en el ámbito de nuestra plática: pero, sin embargo, de una cosa es necesario que se nos advierta.

 

Los israelitas habrían hecho de Gedeón su rey: hablan de él como su libertador y parecen no reconocer que todo proviene de Dios (Jueces 8: 22). La historia se repite porque los corazones de los hombres son los mismos y en la Iglesia muchos han caído en esta trampa. Hombres han sido levantados por Dios para ayudar y libertar a Su pueblo y muchos los han admirado y los han seguido, e incluso han llegado a denominarse a sí mismos con el nombre del vaso que Dios ha utilizado, convirtiéndolo así en un rey sobre ellos. Contra esto se nos advierte en 1ª Corintios, capítulos 1 y 3, y hoy más que nunca existe más necesidad de la advertencia porque, en lugar de mirar y adherirse sólo al Señor, la mayor parte de los Cristianos buscan aquí y allá a alguien a quien puedan llamar el hombre de Dios para el momento, de quien pueden obtener guía y luz. Gedeón se mantuvo fiel en esta prueba y dijo: "Jehová señoreará sobre vosotros". (Jueces 8: 23).

 

Los hombres de Siquem no hicieron caso a las sabias palabras de Gedeón pues a su muerte hicieron rey a su hijo Abimelec, con el resultado de que éste los destruyó y ellos lo destruyeron a él. (Jueces 8: 29 a Jueces 9: 57).

 

El capítulo noveno de los Jueces nos registra la amarga cosecha de la soberbia de Abimelec y de la insensatez de ellos y nos enseña a tener el cuidado de no confiar en el hombre de la zarza de la parábola de Jotam en Jueces 9: 7 a 21, y especialmente cuando se trata de las cosas de Dios.

 

Sólo el Señor es nuestra suficiencia. Su amor, Su gracia y Su poder nunca pueden fallar. Él es la vid, el olivo y la higuera verdaderos de los que habló Jotam en contraste con la inútil zarza. Sí, toda la necesidad de Su pueblo se encuentra en Él.

 

«Que con ÉL estemos satisfechos,

y que en Su nombre triunfemos.»

 

J. T. Mawson

 

Traducido del inglés por: B.R.C.O. – Abril 2021

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

JND = Una traducción del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, versículos traducidos del Inglés al Español por: B.R.C.O.

NBA = Nueva Biblia de las Américas, Copyright 2005 by The Lockman Foundation.

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano)

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
HOW TO OVERCOME - How to Overcome Earthly Things,
by J. T. Mawson
Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
Versión Inglesa