EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

Verdad, Pirronismo, Dogmatismo, Cristianismo ("The Bible Treasury")

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Verdad - Pirronismo – Dogmatismo - Cristianismo

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960, excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

De la Revista "The Bible Treasury", 2ª Edición, volumen 4, 1870, página 253.

 

Nota del Traductor:

Pirronismo, Escepticismo

De Pirrón, circa 365-275 antes de Cristo,  filósofo escéptico griego

En aras de una más fácil comprensión, el término Inglés 'Pyrrhonism' que aparece en el texto original en Inglés será traducido al Castellano como 'Escepticismo'.

 

Mi querido hermano, — Deseo decir unas pocas cosas sencillas, comunes y corrientes, prácticas, que creo que puedo clasificar mejor bajo los títulos de, 'Verdad, Escepticismo, Dogmatismo, Cristianismo'; y si usted las considera adecuadas para su miscelánea, ellas están a su servicio y confío en que puedan beneficiar a sus lectores.

 

En primer lugar y con respecto a los términos, mediante la palabra, 'Verdad', yo quiero significar verdad revelada, — es decir, aquel registro que Dios, en Sus infinitas misericordia y sabiduría, nos ha dado en las Escrituras divinas. Yo adopto el término, 'Escepticismo', como un término expresivo de una mente dudosa, — como por ejemplo, la pregunta, "¿Qué es la verdad?", sin corazón para proseguir el escudriñamiento. (Juan 18: 38). Mediante la palabra, Dogmatismo', yo señalo la profesión de la verdad sin la práctica, como por ejemplo, "Ellos dicen [y quizás lo dicen correctamente] y no hacen". (Mateo 23: 3 – LBA). Mediante la palabra, 'Cristianismo', yo entiendo la expresión viviente de la gracia del evangelio, — a saber, "la fe, la esperanza y el amor" del apóstol. (1ª Corintios 13: 13).

 

Yo sostengo que la Verdad es exacta, inmutable, y está perfectamente revelada en las Escrituras. Estas Escrituras son, en lo que respecta al hombre, la única fuente y el único depósito de la verdad. En cuanto a su esencia y a su encarnación viviente, ella es encontrada solamente en AQUEL que dijo, "YO SOY LA VERDAD" — y felizmente para nosotros, también "el camino" "y la vida". (Juan 14: 6). Si los demás no sostienen esto, es su pérdida. Ellos no tienen el ancla en la que se puede confiar en la tempestad. La verdad, yo no lo niego, puede ser objeto de un largo y vacilante y ansioso escudriñamiento. Pues la verdad, que no es más que la expresión de la mente de Dios, aunque perfectamente revelada, no es entendida perfectamente de inmediato y por necesidad, ni siquiera por aquellos que son llamados hijos de la sabiduría (Lucas 7: 35) y han "nacido de Dios". (1ª. Juan 3: 9). Leemos, "En parte conocemos, y en parte profetizamos". (1ª Corintios 13: 9). Pero la verdad en sí misma en las Escrituras es perfecta, absoluta, e inmutable. Hay mucho en la comprensión de esto pues elimina la duda del camino y es el gozne de todo verdadero escudriñamiento. Esta comprensión abre el pozo y la manera cómo se pueden extraer sus aguas vivas. Señala a la Palabra y al temperamento con la que debe ser consultada.

 

En cuanto al estudio de la verdad, o su escudriñamiento, ello debe ser con la intención de obedecer y no de especular. "Si alguno quisiere hacer su voluntad [la voluntad de Dios], conocerá de mi enseñanza". (Juan 7: 17 – VM). El lugar del discípulo, y no del Maestro, pertenece a todo estudiante de la verdad. Además, si el éxito ha de coronar el estudio, la verdad debe ser buscada para su propio bien, o más bien para el de su Autor. Si la propensión y el propósito secretos son para alimentar la imaginación o gratificar la pasión por saber, entonces sepa usted esto, a saber, que usted siempre estará "aprendiendo, y nunca" podrá "llegar al conocimiento de la verdad" (2ª Timoteo 3: 7). Por otra parte, "Si invocas a la inteligencia [entiendes que careces de ella], y al entendimiento llamas a gritos [con fervor para poseerlo], si como a la plata la buscas [con la estimación de su valor] y la rebuscas como a tesoros escondidos [dispuesto a cavar nuevamente el campo antes que fracasar en tu búsqueda], entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios". (Proverbios 2: 3 a 5 – RVA). "Cuando la sabiduría entre en tu corazón y el conocimiento sea agradable a tu alma, te guardará la sana iniciativa, y te preservará el entendimiento". (Proverbios 2: 10, 11 – RVA). Es la estimación que el corazón tiene de la verdad lo que vivifica la diligencia en su búsqueda; ; y también es esto y no la árida actividad de la mente lo que determina el ritmo y la medida del avance en ella.

 

"Compra la verdad, y no la vendas" (Proverbios 23: 23) pues ningún precio es demasiado grande para comprarla, — ninguna ganancia es suficiente para resarcir su pérdida. Esta no es ninguna instrucción para la comercialización de este mundo: pero nos dice claramente el motivo por el cual tan pocos obtienen lo que muchos profesan buscar. Leemos, "¿De qué sirve el dinero en la mano del necio para adquirir sabiduría, si no tiene entendimiento [o, si no tiene corazón para ella]?" (Proverbios 17: 16 – RVA). No obstante, el necio de la Escritura es el hombre sabio de este mundo. Entonces, para aquel que avanzaría en el conocimiento de la verdad, la instrucción de Pablo a Timoteo no debe quedar sólo en la letra: "Medita en estas cosas, ocúpate enteramente de ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos". (1ª Timoteo 4: 15 – VM). Y él añade, "Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan". (1ª Timoteo 4: 16 – LBA).

 

En la comunicación de la verdad, cuando es extraída directamente de la Palabra divina o, puede ser, cuando es aprendida de otros, y verificada por esa Palabra (pues no todos son exitosos excavadores por igual en la mina, aunque todos deberían poseer por igual un valor del mineral), ella es exacta y definitiva. Cuando la enseñanza deja de ser exacta ella deja de ser poderosa; porque lo que es enseñado deja de ser verdad. Toda verdad es exacta o deja de ser verdad. La enseñanza que se desvía de esto puede no dejar de ser emocionante o atractiva, pero deja de edificar. "El que tuviere mi palabra, hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué comparación hay entre el trigo y la paja? dice Jehová". (Jeremías 23: 28 – VM). Pero, aquel que entrega una verdad que es indefinida e indeterminada, primero impone sobre sí mismo la paja en lugar del trigo, y luego practica el mismo engaño sobre los demás. Presentar la verdad con el atuendo más sencillo y severo, y desplegarla en términos que están al nivel de las mentes más comunes, es el deber evidente de todo enseñante que toma en serio lo que hace. Pero, procurar popularizar la verdad diluyéndola, — cubrirla como para que sus proporciones queden ocultas, —adornarla mediante los esfuerzos de la imaginación para hacerla apetecible, y ganar así para ella un lugar en las mentes que no tienen amor alguno por ella, ni intenciones de practicarla, es «sembrar el viento y cosechar viento solano [Viento cálido y sofocante, cualquiera que sea su rumbo]». La verdad espiritual sólo puede ser aprehendida por el entendimiento que se vuelve espiritual; y el intento de ponerla al alcance de la mente no espiritual es, en el mejor de los casos, nada más que leudar y corromper la verdad en lugar de usarla como una pértiga mediante la cual elevar el alma a Dios. La confianza en la verdad, o la fe, se satisface con dejar que Dios obre y abra Sus propias puertas para su recepción. Pero hay una actividad bulliciosa que siempre se está impulsando a sí misma hacia adelante, — una gestión donde no hay nuevas preparadas; la cual, aunque se pueda disfrazar de celo por la verdad, en el resultado no es mejor que sembrar en tierra sin arar. Hay una sabiduría divina en la exhortación del Señor a los hombres de Judá y Jerusalén cuando dice: "Haced barbecho para vosotros, y no sembréis entre espinos". (Jeremías 4: 3 – VM).

 

Yo no hablo aquí acerca de proponer con insistencia el mensaje del evangelio a oidores renuentes; aunque en esto, tanto el tiempo como la sabiduría, y una puerta abierta, deberían ser buscados de manos del Señor; y debe haber el cuidado de que el amor nunca esté ausente como el principal asistente en la obra.

 

Pero, la verdad nunca puede ser popular en este mundo. Estando del todo apartados del testimonio de la Escritura, incluso filósofos están desconcertados por saber «qué habrá para que los hombres amen la mentira; y no es que ellos lo hagan por placer, como los poetas; ni por beneficiarse, como el comerciante, sino por la propia mentira». (N. del T.: cita extraída de uno de los ensayos filosóficos de Francis Bacon, filósofo, político, abogado y escritor inglés (1561-1626). Y nosotros conocemos a quien ha dicho, "Porque digo la verdad, no me creéis". (Juan 8: 45). La verdad muestra con demasiada claridad las insensateces y los subordinados motivos egoístas de los hombres, y proyecta una luz demasiado amplia sobre el disfraz del mundo como para que él la acoja. Es solamente "el que practica la verdad [el que] viene a la luz". (Juan 3: 21). A los hombres les gusta vivir en una especie de penumbra; o andar a la luz de un fuego que ellos mismos han encendido, y de chispas con las que ellos mismos se han rodeado. Y se les permite hacer esto mientras la verdad esté mezclada con los pensamientos y especulaciones de los hombres en lugar de resplandecer con su propia luz clara. Toda la sobrevaloración humana, y la arrogancia y las falsas imaginaciones son detectadas por medio de la verdad; y las cosas que centellean y parecen brillantes a la luz de las velas del mundo pierden su lustre cuando son llevadas a la luz del día. Los hombres no pueden permitirse esto porque ello despoja al mundo de su gloria y lo muestra como una vil falsificación. Suponiendo que a la luz de la verdad se la dejara entrar en los hombres y en sus actividades, y en la estimación que ellos tienen de sí mismos (para no ir más lejos), ¿alguien duda de que ella les haría sentirse como cosas pobres y marchitas, donde el corazón no tendría a Cristo para llenar el lugar de aquello que la verdad quita? Pero, la incumbencia misma de la verdad es mostrar las cosas tal como son. Ella es la luz que hace que todas las cosas sean manifestadas. Por lo tanto, no existe ningún motivo, a menos que yo sea infiel a mis propios fines ya que ellos mismos serán manifestados dentro de poco en la luz, para disfrazar la verdad de tal manera que se la haga pasar por el mundo sin ser reconocida en sus reivindicaciones, y sin cumplir un solo propósito para el que es dada. Pero esto se hace cuando ella no juzga ni la conciencia ni los caminos de aquellos que la abrazan de manera profesada. El placer que puede ser profesado por una recepción de la verdad semejante, o el beneficio, es como nada; yo debería sonrojarme si sólo he obtenido para ella una acogida con la condición de que ella sea destituida de su autoridad. Ello es como hacer que la verdad sea una ramera para servir a las concupiscencias de la mente. Dios es el comunicador de la verdad, y Él la ha dado para que el corazón pueda ser llevado a someterse a Su autoridad, así como para conocerle a Él mismo, Sus obras y Sus modos de obrar. Si es que me ocupo de la verdad, para mi propio beneficio o el de los demás, yo estoy obligado a hacerlo en sujeción a Dios. De ahí la declaración del apóstol: "Hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios". (2ª Corintios 4: 2 – LBA).

 

El hombre, bajo la guía del Espíritu de Dios, es solamente intérprete de los oráculos celestiales. De ahí que surja un límite en el servicio de la verdad. Yo debo dejar de interpretar cuando yo dejo de entender. El hecho de que yo no entienda puede ser la consecuencia de mi negligencia. Que así sea. El reconocimiento de esto puede demostrar ser un estímulo para mi diligencia (especialmente si yo tengo presente la Palabra, "A todo el que tiene, se le dará", Lucas 8: 18); pero ciertamente ello no es una autorización para cubrir la ignorancia con la pretensión de conocimiento. Cuántas exposiciones de la Escritura han de ser afrontadas cuyas contradicciones entre sí muestran que no es la verdad lo que es presentado, sino nociones inciertas y siempre cambiantes de los hombres. ¿Qué es, pues, lo que aprovecha en la enseñanza escrita u oral? Lo que aprovecha es la exactitud de la verdad; verdad sin duda aplicada por el Espíritu Santo a la conciencia y al corazón, — aun así, la exactitud de la verdad. Yo no niego que puede haber un resultado donde esto está ausente. Pero, ¿cuál es ese resultado? Es el resultado de hacer que las personas piensen, si es que piensan en absoluto, que la Escritura es tan vaga y sin sentido como lo es cualquier exposición de sus declaraciones. Sin embargo, yo afirmo que la verdad es exacta, o ella no es verdad. Ella es ilimitada en su extensión e infinitamente variada en su aplicación, pero siempre exacta. Cuando esta exactitud no es captada el necesario resultado es la incertidumbre y la falta de preparación para la acción. Una profesión ortodoxa relajada puede satisfacerse con la vaguedad y la generalidad, es más, con la insulsez y la insipidez; pero, si la verdad ha de separar a las almas del mundo, llevarlas a la paz y a la libertad, y dirigirlas a la justa esperanza del Cristiano, ella debe ser exacta.

 

Pero, ¿qué sucede con aquellos que se impacientan por todo lo que va más allá de sus propias concepciones de la verdad, y que se imaginan que la perfección de enseñanza reside en una perpetua repetición de los cambios sobre verdades conocidas y reconocidas, pero elementales? Yo no digo nada acerca de los que buscan más bien la excitación en lugar de buscar la edificación en su santísima fe. Pero, en cuanto a la cuestión propuesta, yo digo que la condición de los Cristianos en general proporciona la respuesta. Y añado lo siguiente, que tengan cuidado aquellos que profesan, por medio de la verdad, haber escapado de esa posición. Especialmente, que los que son maestros de la verdad tengan cuidado, porque los arroyos no subirán más alto que el nivel del manantial; y siempre hay una correspondencia (más o menos marcada) entre el carácter y la condición del enseñante y del enseñado. Las personas que se dejan atrapar por lo imaginativo, lo sentimental, lo superficial y lo verboso, así como las que son cautivadas por lo íntegro y lo serio, llevarán infaliblemente su sello. Además, no todo lo que es verdadero es lo que beneficia. Yo añado, allí donde el resultado popular puede convertirse en un lazo, el ejemplo de Felipe en Hechos 8 versículos 4 al 25 puede muy bien proporcionar enseñanza al corazón. Pero, sobre todo debe estudiarse la forma en que Él, quien habló como nunca lo hizo ningún hombre, separa, mediante la verdad que presenta, a las multitudes que se reunían en torno a Él, de todas las falsas expectativas que podrían haber asociado con Sus palabras y Su misión por carnalidad o por una mente mundana. El sermón del monte (Mateo 5, 6), y Juan 6, se destacan como ejemplos prominentes de esto. Es una dolorosa prueba para nuestros pobres corazones el hecho de verse obligados, por la presentación de la exactitud de la verdad, a contar con seguir la experiencia del Maestro, como se registra en Juan 6:66, donde leemos, "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él". Pero esto no fue más que un resultado legítimo, aunque doloroso, de la fidelidad del Señor a Su misión, tal como lo expresó en presencia de Pilato: "Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de LA VERDAD. Todo el que es de la verdad escucha mi voz". (Juan 18: 37 – LBA).

 

En honor a la verdad, toda imitación de otros en sus modos de comunicación debe ser evitada. Dondequiera que esta insensatez es percibida ella prejuzga el pensamiento y a menudo cierra la puerta a la aceptación. Además, tiene el efecto de hacer que el mensaje parezca irreal en manos de quien lo transmite. La sencillez de propósito y de objetivo imprimirá su propia impronta en el modo de comunicación; y el vaso será visto bajo este poder tal como Dios lo ha capacitado, y no distorsionado por el intento de emular lo que puede ser muy distinto, tanto en el carácter original como en el entrenamiento para la obra.

 

El Escepticismo (Pirronismo) no requerirá muchas palabras ni tampoco habrá ocasión, en lo que aquí se pretende, de referirse a Pirrón de Elis, o a su sistema filosófico (si es que el término sistema puede aplicarse a lo que propugnaba la duda universal y el equilibrio perpetuo de la mente). Pero, el escepticismo puede existir sin el nombre. Y en medio de la ruptura de los modos convencionales de pensamiento y de la sentida insuficiencia de las normas comunes de la ortodoxia, si la superstición no asume el lugar de la verdad, atando la conciencia a una autoridad usurpada, que por un lado prohíbe a la conciencia encontrar descanso donde Dios la ha situado, a saber, en la sangre de Cristo, y, por otro lado, pone un obstáculo al alma que acude directamente a Su santa Palabra, existe un especial peligro de que la mente se canse y se vuelva  indiferente en la marcha tras lo que es vital, y así se refugie en la pregunta: "¿Qué es la verdad?" como si no permitiera una respuesta exacta o suficiente. Esta actitud mental puede infestar, en cierta medida, a la Iglesia, así como puede convertirse en la insensatez prevalente del mundo. Las causas que la producen se encuentran en la propia constitución de la mente humana, cuando actúan sobre ella las influencias peculiares de la época actual y de otras épocas similares. Además, hay muchas cosas, aparte de la evidente aversión a la verdad, que pueden tender a mantener la mente en un estado de vacilante equilibrio. La verdadera solución de muchos casos desconcertantes y dudosos se ha de encontrar en las palabras de Cristo: "¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?" (Juan 5: 44), o en la declaración más severa, "No podéis servir a Dios y a las riquezas". (Lucas 6: 13). El mundo está en antagonismo directo con el Padre y, por lo tanto, en la medida que el mundo, en cualquier forma, tenga su tenso dominio sobre mi corazón, estaré indispuesto a oír las comunicaciones del Padre a través del Hijo. Yo no me opongo; yo no descreo; yo sólo dudo. Dudo del significado aquí; dudo de la aplicación allí; dudo de la posibilidad de llevarlo a cabo en este lugar. Pero debes saber, ¡oh, dudoso, que la verdad nunca será verdad para ti ni para tu alma hasta que se traduzca en acción! La verdad apela a tu conciencia, a tus afectos, a tu deber, con toda la autoridad del Dios de la verdad. Al principio ella trata contigo acerca de la ruina o de la redención. A continuación, ella aduce ser formadora de tus motivos, ser la guía de tus acciones, la directora de tus pensamientos, la animadora de tus esperanzas, la supervisora de toda tu vida interior y exterior. La verdad no existe para ti si le rehúsas tu obediencia y tu corazón.

 

Mediante la palabra, 'Dogmatismo', yo no me refiero a esa indebida positividad de manera de afirmar la verdad que comúnmente es designada mediante este término, sino más bien a la condición de mente al sostener la verdad que hace que ella corra el peligro de convertirse en un asunto de opinión en lugar de ser, tal como el Señor lo expresa acerca de Sus palabras, "espíritu y vida". (Juan 6: 63). Lo primero puede ser perjudicial para la verdad por la actitud repelente que ello asume; lo segundo destruye su poder al hacer que se desvanezcan el espíritu y la vida mismos de ella. Los principios, por los que tantos están dispuestos a contender, y contender correctamente cuando son vistos como desarrollados por el poder vital de la verdad, aparte de esto, dichos principios se vuelven sin valor y engañosos y pronto degeneran en sólo opiniones y en dogmas de una secta. No se trata de que la gracia y la verdad, al expresarse ellas mismas, no asumirán esas formas definidas que son llamadas con toda razón, principios; sino de que si estos van a ser de algún valor de manera práctica, ello es en que sean animados por la energía de la vida interior. Existe una forma que surge de la energía de la vida y que se desarrolla por sí misma; y hay una forma que es autoinducida y, si ello indica la ausencia de vida, ella la reprime. La Escritura habla de ambas en el pasaje:  tienen "apariencia de piedad, pero" niegan "la eficacia de ella". (2ª Timoteo 3: 5). La verdad, para el dogmático, no es más que un molde que imprime una forma exterior. La verdad, para el Cristiano serio, debiera ser, y es, lo que la raíz y la savia son para la planta o el árbol. El apóstol se dirige así a los dogmáticos de su día y sus palabras exigen la atención de un oído dispuesto en nuestro día. Leemos, "He aquí que tú eres llamado judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, y apruebas las cosas que son [más] excelentes, siendo instruido por la ley, y tienes confianza que tú mismo eres guía de ciegos, luz para los que están en tinieblas, instructor de ignorantes, maestro de niños, teniendo en la ley la norma del conocimiento y de la verdad! Tú pues que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?" (Romanos 2: 17 a 21 – VM). A estas yo sólo añado las palabras del Señor a Sus discípulos, "Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis". (Juan 13: 17).

 

'Cristianismo'. Nosotros dejamos ahora el terreno del testimonio objetivo, o la expresión de la verdad autoritativa, y encontramos el de la experiencia subjetiva, o la expresión viviente de esta verdad. La pregunta es ahora, suponiendo que la verdad haya sido enseñada correctamente y correctamente recibida, ¿cuál será su legítimo efecto? Esto es respondido de la manera más directa por el apóstol en el resumen que él presenta del efecto del evangelio en los Tesalonicenses. Él habla de ellos como recordando la obra de la fe, el trabajo de amor, y la constancia de la esperanza de ellos, delante del Dios y Padre nuestro. (1ª Tesalonicenses 1: 3). Y esto responde a su expresión en 1ª Corintios 13: 13, "Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres". En la revelación de las verdades de la gracia celestial existe eso que así actúa, por medio del poder de Dios en el alma, cuando ella se rinde a su poder. "La obra de vuestra fe" es vista al hacer volver el corazón "de los ídolos a Dios", en toda la intensidad del contraste entre el vacío y la vanidad totales y la eterna plenitud viviente. "El trabajo de vuestro amor" es expresado en la entrega de las energías de la vida al servicio de Aquel que se da a conocer al alma con el poder omnímodo y constringente del amor infinito y sin límites, y así, mediante el amor la encadena y la lleva cautiva. La "constancia en la esperanza" asume la forma definida de esperar el cumplimiento de la promesa de Aquel que dijo, "Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis". (Juan 14: 3). La esperanza muestra su poder en el alma al sostener la paciencia mientras espera "de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos [con toda la gravidez de esta poderosa verdad en poder y amor y gracia], a JESÚS, quien nos libra de la ira venidera". (1ª Tesalonicenses 1: 10).

 

Ahora bien, estas cosas no son presentadas como frutos maduros de una larga experiencia en la verdad, sino como los primeros resultados de la recepción del evangelio de la gracia: el brote de fruto celestial desde un suelo virgen cuando es llevado por vez primera a ser cultivado por la mano de Dios; es decir, la armonía bien temperada del alma tocada en sus cuerdas por la habilidad del infinito amor. El Señor Jesucristo era el manantial y el objeto de la fe, el amor, y la esperanza de ellos, y la presencia consciente para la fe de ellos de Aquel que era el Dios y Padre de ellos, otorgaba una realidad solemne a todo lo que la verdad hizo ver a sus corazones. La obra de la fe estaba allí: y el trabajo de amor estaba allí; y la constancia en la esperanza estaba allí. Nada del testimonio divino estaba inerte. De hecho, el Cristianismo no tiene existencia en este mundo estando aparte de esta energía viviente. Las verdades por las que fue evocado por primera vez permanecen, y el poder divino que dio a estas verdades su expresión viviente permanece; pero, el Cristianismo existe sólo en esta expresión viviente. Muchas cosas que caracterizaron el curso resplandeciente de la Iglesia primitiva han fenecido, pero se dice enfáticamente que éstos permanecen, "la fe, la esperanza y el amor, estos tres"; sin los cuales el Cristianismo no existe.

 

Entonces, ¿acaso una correcta presentación y una correcta recepción de la verdad del evangelio no debería producir los mismos efectos? Y si estos efectos están ausentes, ¿acaso no deberíamos verlo como un evangelio defectuoso, sea éste predicado o profesado? La gracia de Dios no debe ser limitada; pero yo estoy hablando acerca de la responsabilidad que la verdad trae al alma. El efecto del evangelio no está limitado aquí, como sucede tan a menudo ahora, limitado a que el corazón haya obtenido la paz por medio de él, o incluso limitado al conocimiento de la posesión de la vida eterna. Si el corazón descansa en la fe en las verdades divinas en las que el Cristianismo está fundamentado, ¿acaso no debe reclamar él para estas verdades un poder energético y transformador? Donde Dios está obrando yo reconozco que conviene al alma andar con precaución. Pero, en los que son llamados Avivamientos, yo pienso que veo esto, — a saber, por parte de Dios, almas despertadas en un grado extraordinario, e indudablemente, muchas llevadas a Cristo; y por parte del hombre, se actúa, en gran medida, conforme a la naturaleza, y a menudo es presentado un evangelio defectuoso y la mente se concentra demasiado en sus propios sentimientos confiados y alegres. El resultado de esto es, en gran medida, incluso donde la obra es real, la crianza de plantas de invernadero, las cuales se marchitan y muestran la hoja amarilla cuando son retirados el calor artificial y las influencias que fuerzan el crecimiento. La conversión no es todo. El fervor no sustituirá el lugar de la verdad injertada en el alma. La actividad no es la única señal de vida y poder espiritual. La expresión, »¡Soy tan feliz!» puede ser acogida como la expresión del alma de un sentido de haber encontrado en Cristo lo que no podía encontrar en ninguna otra cosa. Pero, hay otra palabra de Cristo que ha de ser oída además de, "Tus pecados te son perdonados" (Lucas 7: 48), y ella es, "Si alguno me sirve, sígame". (Juan 12: 26). Es una gran cosa que el objetivo práctico de los Cristianos no sea rebajado. Yo considero que el verdadero avivamiento consiste en llevar a las almas a ver de dónde han caído y a arrepentirse y hacer las primeras obras. La señal segura de un avivamiento en la Iglesia  (y no me refiero al hecho de conversiones frecuentes) será hallada en que Cristianos sean conducidos solemnemente a que consideren seriamente si la Iglesia está en condiciones de encontrarse con el Señor, y si ella es un verdadero y fiel testigo de Él en Su ausencia. Existen los peligros de todos los tiempos, y existen los peligros especiales de nuestro tiempo; pero la plenitud de la verdad, tal como nos ha sido comunicada por Dios, es suficiente para que el santo sencillo y dependiente pueda hacer frente a todos ellos, y encontrar así la bendición especial prometida por los labios de Aquel cuyo nombre nosotros llevamos, "al que venciere". (Apocalipsis 3: 21).

 

Siempre afectuosamente tuyo, * * * *

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Julio 2021.

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

LBA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, , 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
"TRUTH - PYRRHONISM - DOGMATISM - CHRISTIANITY", 
de "THE BIBLE TREASURY"
Traducido con permiso

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