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ESCLAVITUD Y PROTECCIÓN (De Egipto a Canaán, W. T. P. Wolston - Capítulo 1)

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Duración: 33 minutos y 36 segundos

DE EGIPTO A CANAÁN

 

W. T. P. Wolston

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960, excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

Capítulo 1: Esclavitud y Protección

 

Lectura Bíblica: Éxodo, capítulos 1 a 12

 

El libro del Éxodo es prácticamente lo que ustedes podrían llamar el libro de la redención, el libro de la huida. En Génesis ustedes tienen creación, pero en Éxodo ustedes tienen redención, —redención de la esclavitud mediante compra y mediante poder. Si ustedes piensan que Éxodo ilustra toda la verdad del evangelio, ello es un inmenso error. Este libro sólo los saca a ustedes de Egipto y los lleva al desierto, con independencia de cuál sea el significado de estos tipos. El libro de Levítico les muestra de qué manera las almas que están en el terreno de la redención pueden acercarse a Dios alegremente, cuyo propósito fue traerlos primero a Él mismo, y después llevarlos a una tierra que fluye leche y miel. En el libro de Números es vista la forma en que a ellos se les cuida al pasar por el desierto, de camino hacia la tierra prometida. Así, en tipo y figura, nosotros vemos aquello a lo que Dios nos llevaría ahora.

 

Posiblemente, ustedes acaban de despertar para descubrir la bienaventurada verdad del evangelio, y se han enterado de que ustedes están yendo al cielo. Por lo tanto, me gustaría decirles, antes que den muchos pasos en el viaje hacia el cielo, que ustedes pueden saber mucho acerca del cielo antes de que lleguen allí. Todos estos incidentes en la historia de Israel no son más que figuras y tipos, o cuadros ilustrativos que Dios nos ha presentado para mostrarnos la manera en que trata con nuestras almas ahora, y así, aunque todavía estamos en el mundo, podamos obtener un conocimiento cada vez más profundo de Dios.

 

Si ustedes consideran el comienzo del libro del Éxodo, encontrarán que los Israelitas estaban en el mundo, y viviendo en la carne. Egipto es una figura de este mundo donde Satanás gobierna, donde se da satisfacción a la carne, y donde ella tiene mucho de que alimentarse, y donde, como pecadores, se nos encuentra siendo siervos de Satanás. Tal vez pase algún tiempo antes de que descubramos cuál es realmente nuestro caso. En el segundo capítulo el rey de Egipto comenzó a oprimir a los hijos de Israel. En el tercer capítulo Dios ha preparado un libertador en la persona de Moisés. Él estaba en el lado occidental del desierto cuando "se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema". Él no podía entender cómo podía haber una zarza en llamas, y sin embargo no se quemaba. Entonces Dios le habló. Él tenía sus ojos puestos sobre Su pueblo, pueblo hasta entonces no consumido en medio de la aflicción, y Él iba a sacarlos de allí; y aunque como pueblo impío era susceptible de la ira de un Dios santo, Él encontraría una manera por la cual Él podría morar entre ellos y llevar a cabo Sus propósitos acerca de ellos. Es una gran cosa tener en nuestros corazones el pensamiento del propósito de Dios.

 

El capítulo tres explica un poco cuál es el propósito de Dios, a saber, sacarnos de la esclavitud y llevarnos a esa bienaventurada escena santa de amor y libertad donde Cristo está ahora, y situar nuestros corazones en el disfrute de todo lo que es Suyo allí. Los gemidos de Israel habían subido a Dios, y así lo han hecho los de ustedes y los míos. ¿Qué llevó a Dios a mí? ¿Cómo es que ustedes se convirtieron? ¿Qué había detrás de todo? Estaba el propósito de Dios, y Él tenía Sus ojos puestos sobre nosotros, y Su oído estaba abierto a nuestro clamor de angustia. Leemos, "Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel". (Éxodo 3: 7, 8). Ese era el propósito de Dios, mientras que al mismo tiempo Israel aprendía que no había nada que diera descanso a sus almas en Egipto. Eso es lo que obtenemos en el capítulo 15 de Lucas donde leemos, "pero nadie le daba". (Lucas 15: 16). ¿Qué es eso? Ustedes se encuentran en un escenario que no puede darles ni una sola cosa que satisfaga al alma. La voluntad del hijo pródigo lo alejó de su padre. ¿Qué lo trajo de regreso? Su miseria.

 

Así también aquí, pues Jehová había visto toda la miseria de Su pueblo y Su propósito era libertarlos. Dios tenía Sus ojos puestos en la aflicción, el dolor y la prueba de Su amado pueblo, y había dos cosas que Él se proponía. Libertarlos y sacarlos de esa tierra (que era la tierra del látigo, así como de las ollas de carne y de los puerros, y donde resonaba el latigazo del exactor, y llevarlos a una tierra buena y grande, a una tierra que fluye leche y miel. Sí, en efecto, el cielo es una tierra que fluye leche y miel. Esta es la figura que Dios utiliza para describir la bienaventuranza de la asociación con Cristo en el cielo, y el gozo, la alegría y la paz inefables con los que el Espíritu Santo llena el corazón de un creyente.

 

Ahora bien, ese era el propósito de Dios pero, ¿cuánto tiempo tardaron ellos en llegar a Canaán? Tardaron cuarenta años y aprendieron muchas lecciones en esos años. ¿Cuál era el propósito de Dios? Sacarlos y llevarlos a entrar. El desierto no era parte del propósito de Dios pero era parte de los modos de obrar de Dios. Ellos mismos tenían que aprender. Y eso es lo que tú no has aprendido todavía, mi querido recién convertido. Yo quiero animarte. ¿Qué tendrás que aprender? Deberás aprender, tal vez de manera muy práctica y amarga, la absoluta inutilidad de la carne. Entonces aprenderás la benignidad del Señor, y la ternura del Señor, y la piedad del Señor, y la manera maravillosa en que el Señor vendrá a encontrarse con tu alma y socorrerla. Eso es lo que ellos aprendieron (véase Deuteronomio 8).

 

Quiero que tengas muy clara la diferencia entre el propósito de Dios y Sus modos de obrar. ¿Y cuál es el propósito de Dios? Tú respondes, «Él no me va a juzgar». Pero yo no llamaría a eso el propósito de Dios. Eso es Su misericordia. Su propósito es tenernos a ti y a mí en la gloria celestial dentro de poco, a la absoluta semejanza de Cristo. "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". (Romanos 8: 29, 30). ¿Y por qué? Porque Su propósito era conformarnos a la imagen de Su Hijo. Maravillosas nuevas, en verdad, amados amigos, de que a ustedes y a mí, una vez esclavos del pecado y de Satanás, Dios nos va a tener para siempre en el gozo de Su presencia, y en la semejanza de Su bendito Hijo. Si tú tienes el propósito de Dios revelado a tu alma por el Espíritu, y lo comprendes por medio de la fe, tendrás un buen comienzo, y también una buena travesía.

 

En el cuarto capítulo Moisés recibe su comisión: "Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva". (Éxodo 4: 22, 23). Ahora bien, presten atención, hay una relación. Si tú eres un creyente en el Señor Jesucristo ya no eres considerado por Dios como un pobre pecador. Ya no eres un esclavo. ¿Cuál es el mensaje que Moisés tiene que llevar? "Israel es mi hijo". Es algo maravilloso despertar, en el mismo día de tu conversión, a la verdad de la filiación. Deja "ir a mi hijo, para que me sirva". Ese es el asunto. Dios entra, y dice, «Yo debo tener a Mi pueblo todo para Mí mismo». Si tú acabas de ser llevado a conocer al Señor, qué cosa tan maravillosa es encontrar que el corazón de Dios late hacia ti como un hijo, y que Él procura que tú disfrutes la filiación. ¿La disfrutas tú?

 

El capítulo cinco nos presenta un privilegio adicional cuando oímos a Jehová decir: "Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto". ¿Qué quiere el Señor de ti? Una fiesta. Tú eres llamado a celebrar ahora, pero debes salir sin nada de Egipto para eso. Y así como Faraón dijo: "¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel" (Éxodo 5: 2), así Satanás impedirá que el recién convertido rompa seriamente con el mundo si él puede hacerlo. Lo primero que tú descubres es que eres un pecador, y lo siguiente, que has de ser un adorador. Tú nunca puedes adorar en el mundo, ni puedes cantar verdaderamente el cántico de liberación en Egipto. Los pecadores pueden realizar una forma de adoración. Pero la adoración espiritual es un asunto de la verdad y disfrutar del Padre, y debe haber una disociación de lo que es del mundo y de la carne, para que eso sea conocido. Por eso podemos entender las palabras de Moisés y Aarón: "El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios". (Éxodo 5: 3). Tres días de camino en el desierto. Es una buena distancia; deja el mundo bastante atrás. Tú encontrarás tres días de manera abundante en las Escrituras. Pero Faraón no aceptará esto, e inmediatamente aumenta sus cargas y su servidumbre. Esto es muy instructivo. Mientras nosotros seguíamos haciendo cómodamente la obra del diablo, él nos dejaba en paz, pero en el momento que, por así decirlo, las cadenas se hicieron sentir, oh, cómo incrementó él la presión. (Éxodo 5: 4-19).

 

Esta acción de Faraón es sólo una figura de la manera en que el diablo, cuando ve que un alma busca liberarse, inmediatamente ata las cadenas más fuertemente alrededor de él para que no escape hacia Cristo. Oh, agradece a Dios si tú has pasado a través de esta miseria y eres libre. Tal vez digas: «Creí que había creído en el evangelio, y sin embargo ahora no soy mejor que antes, y estoy lejos de ser feliz». No desmayes, ni dejes que Satanás te haga retroceder. Es bueno que aprendamos, al principio, nuestra absoluta inutilidad e impotencia. Eso es por lo que el alma debe atravesar. Tú no tienes ningún poder, y Satanás tiene mucho.

 

Pero, el propósito de Dios debe cumplirse y «Más poderoso es Aquel que está en vosotros, que el que está en contra de nosotros», y por eso en el próximo capítulo Jehová vuelve a hablar. (Éxodo 6: 1-8). Faraón todavía los mantiene en cautiverio, pero Dios envía un hermoso mensaje a los hijos de Israel. Presta atención a las siete veces que Él emplea una forma verbal que afirma Su decidida voluntad y firme propósito. Siete en las Escrituras es siempre el número de integridad espiritual. (1ª vez) "Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto". Eso está bien. Ellos estaban sintiendo esas tareas pesadas. (2ª vez) "y os libraré de su servidumbre", y (3ª vez) "os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes"; y (4ª vez) "os tomaré por mi pueblo", y (5ª vez) "seré vuestro Dios", y(6ª vez) "os meteré en la tierra… y (7ª vez) "os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ". (Éxodo 6: 6-8). El mensaje comienza con, "Yo soy JEHOVÁ" y termina con, "Yo soy JEHOVÁ". Su decidida voluntad y firme propósito nunca fallan, y la fe descansa siempre en la Palabra de Dios. Te recomiendo que lleves a tu corazón las siete afirmaciones que Dios nos presenta arriba. Me parece oírte decir: «He tenido muchas dudas». No tendrás más si abrazas esas afirmaciones. Dios no faltará a Su palabra y Su propósito siempre lo cumple. Tu redención y la mía no depende de lo que somos, depende de Dios. No podíamos ayudarnos a nosotros mismos y nosotros mismos no podemos hacer nada. Deja todo en manos de Dios, y el resultado será la paz.

 

De qué manera bienaventurada habló Dios aquí para animar a Su pueblo. Pero, ¿Le escucharon ellos? Leemos: "De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre". (Éxodo 6: 9). La presión del enemigo era tan grande que ellos se sintieron sin esperanza. Si tú nunca te has enterado aún de lo que es la liberación, entonces permíteme animarte a esperar en Dios, y escucharlo. No luches. Satanás es un enemigo demasiado grande. Deja que Dios te liberte. En estos capítulos tendrás la forma en que ellos son libertados del justo juicio de Dios, por una parte, y del poder del enemigo, por la otra. La pregunta es, ¿Van a ir ellos o no? Obviamente, Faraón dice que no los dejará ir y entonces Dios introduce Su poder para efectuar Su propósito. Yo no menciono aquí las diversas plagas, pero en el octavo capítulo quiero mostrarles las asechanzas del diablo. Faraón, consciente de su debilidad, comienza a hacer transacciones con la esperanza de conservar sus esclavos. La primera transacción que propone es muy interesante. Leemos, "Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra". (Éxodo 8: 25). ¿Dónde? "En la tierra". «Hacedlo en la tierra», dice Faraón. Pero, ¿podrían ellos ofrecer sacrificios a Dios en Egipto? Imposible.

 

¿Cuál es la respuesta de ellos? Leemos, "Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación (el ídolo) de los egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?" (Éxodo 8: 26). «No, no podemos adorar, o ser realmente para Dios en medio de Egipto, es decir, en medio del mundo». "Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá" (Éxodo 8:  27), es la respuesta de la fe. Ahora bien, esta es una muy excelente declaración por parte de Moisés, ya que se trata de un principio de inmenso valor para tu alma y la mía, a saber, que si yo voy a tener a Dios, y si voy a ser para Él, debo prescindir del mundo. Tú no puedes tener el disfrute de Su amor si quieres seguir con el mundo.

 

Esta firme respuesta de Moisés conduce a la transacción número dos por parte de Faraón: "Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos". (Éxodo 8: 28). Ah, qué astuto es Satanás. «No te alejes demasiado», le dice a un recién convertido: "no vayáis más lejos". Ah, a cuántos nuevos santos ha engañado el diablo con este tipo de palabra. «No vayas muy lejos. No seas un entusiasta». Pero escucha. Cuanto más te alejes del mundo, mejor, y Satanás no volverá a poner su mano sobre ti una vez que estés verdaderamente lejos de Egipto. Una vez que tú llegas verdaderamente al desierto, gracias a Dios, él nunca pondrá su mano inmunda sobre ti otra vez. Nunca, no, jamás.

 

Pero Faraón aún no los deja ir. Dios vuelve a intervenir con juicios más graves, y al final Faraón dice: "Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?" (Éxodo 10: 8). "Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová". (Éxodo 10: 9). Todo lo que amaban y todo lo que poseían debía ir. Todo para Dios, — fue el lema de Moisés. Madres cristianas, padres convertidos, ¿ven ustedes esto? Aquí está, como en otras partes de toda la Escritura, el principio divino de, "y tu casa". «Nosotros no vamos a ser una familia dividida», dice Moisés, «y, además, nos llevaremos todas las ovejas y todos los bueyes que poseamos, porque todo pertenece a Dios». ¿Por qué? Porque la redención te sitúa en el terreno de pertenecer a Dios por completo. No creo que algo pueda ser más claro. Esta clara respuesta sugiere una tercera transacción a Faraón. Primero él dice: "¡Así sea Jehová con vosotros! ¿Cómo os voy a dejar ir a vosotros y a vuestros niños? ¡Ved cómo a la vista están vuestras malas intenciones!" (Éxodo 10: 10 - RV1977). Y luego, como si amara a los niños, y quisiera salvarlos del mal, él añade: "No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová, pues esto es lo que vosotros pedisteis".  (Éxodo 10: 11). Faraón Dice: «Dejad a los niños». El diablo dice: «Padres, podéis estar consagrados a Cristo, pero dejad que vuestros hijos estén en el mundo»; y muchos padres hacen caso de esa sugerencia, y siembran la semilla que produce fruto en forma de hijos e hijas de mentalidad y tendencia mundanas que rompen el corazón de sus padres en días posteriores.

 

Irritado por la negativa a dejar a los niños, Faraón se niega a libertar a sus esclavos hasta que un nuevo juicio le extrae una cuarta transacción, a saber, «te dejaré los niños, pero debes dejar los bienes conmigo». Leemos, "Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas (es decir, que tus negocios estén en el mundo, conducidos según principios mundanos); vayan también vuestros niños con vosotros.  (Éxodo 10: 24). Pero la fe nunca vacila, y la respuesta de Moisés es espléndida: "Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá". (Éxodo 10: 26). Ah, cuán firme es este hombre en cuanto a que el pueblo de Dios pertenece a Dios, espíritu, alma y cuerpo. Es muy confortante. Mi corazón se conforta bastante al ver la forma en que este hombre dice: «Debemos ser enteramente para Dios. No se puede dejar ni una pezuña. No podemos dejar un buey atrás. Todo debe ser de Jehová». Se trata de un principio de la fe. Lo que el cristiano es, y lo que tiene, es todo del Señor. "¿O ignoráis que …No sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo". (1ª Corintios 6: 19, 20).

 

Cuando tú llegas al capítulo doce, encuentras a Faraón admitiendo este principio cuando dice: "Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí". (Éxodo 12: 31, 32). El diablo mismo tiene el sentido de que el Cristiano debe servir al Señor de manera consagrada. El enemigo de Cristo tiene el sentido de que el Cristiano pertenece a Cristo, y que todo lo que él tiene, y es, debe ser consagrado absolutamente al Señor.

 

Los capítulos undécimo y duodécimo nos llevan a otro asunto. ¿Cuál es él? Es la imposibilidad absoluta de que cualquier alma tenga que ver con Dios, salvo en el terreno de la muerte, porque la muerte está sobre todo hombre como juicio del pecado. No podría haber ninguna relación entre nuestras almas y Dios salvo en aquel terreno. En el undécimo capítulo encontramos a Dios diciendo: "Morirá todo primogénito en tierra de Egipto". (Éxodo 11: 5); y después, "que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas". (Éxodo 11: 7). ¿Cuál era la diferencia? ¿No eran todos igualmente pecadores? Ciertamente, pero la diferencia era esta, que la sangre del cordero protegía a Israel, pero no a los egipcios, no al mundo. Los egipcios estaban en oposición al pensamiento de Dios y eran Sus enemigos oponiéndose a Su obra, mientras que Israel es considerado aquí como siendo el pueblo de Dios que está en el pleno valor de la sangre, puesto que Dios conoce su eficacia.

 

En el capítulo duodécimo tenemos la conocida historia de la sangre del cordero, el cordero inmolado en lugar del primogénito, es decir, la sustitución. (Éxodo 12: 6). Ellos debían dar muerte al cordero y poner la sangre, no dentro donde ellos pudieran verla, sino afuera donde Dios pudiera verla. Ello es una figura sorprendente de la muerte del Señor Jesucristo. Tú encontrarás que hay cuatro tipos muy llamativos de la muerte del Señor Jesucristo en el Antiguo Testamento. Hay muchos sacrificios que señalan a la obra de Cristo, presentados de diversas maneras en el Antiguo Testamento, pues es el libro de imágenes de Cristo. En primer lugar está el cordero pascual. Eso es la figura de la muerte de Cristo en sustitución y expiación, como portador de la ira de Dios que nos merecemos. La siguiente figura es el Mar Rojo. Ello es un tipo de la muerte y resurrección de Cristo por nosotros. La tercera es la serpiente de bronce, que es figura del juicio del pecado en la carne, que atestigua la necesidad del nuevo nacimiento. Tú no obtienes esta verdad sino hasta el final de la travesía por el desierto, cuando la absoluta maldad y la incorregible iniquidad de la carne habían sido demostradas, después de la prueba completa. La cuarta es el paso a través del Jordán que también es una figura sorprendente de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, y de nuestra muerte y resurrección con Él. Por tanto, cada una de las cuatro figuras enseña un aspecto distintivo y diferente de la verdad de la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

 

Tal vez tú no tienes mucha claridad en cuanto a que este cordero pascual es un tipo del Señor Jesús. Si es así, la referencia a las Escrituras del Nuevo Testamento debería darte seguridad al oír cuatro testimonios distintos. Cuando el Señor Jesús apareció en la tierra, Juan el Bautista dijo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". (Juan 1: 29). Cuando Él murió en la cruz, el apóstol Juan escribió: "Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo". (Juan 19: 36). Esta es una cita directa de Éxodo 12: 46, donde leemos, "Se comerá en una casa, y no llevarás de aquella carne fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo". También el apóstol Pablo escribió: "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros". (1ª Corintios 5: 7). Y, por último, el apóstol Pedro dice: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios". (1ª Pedro 1: 18-21). Tu pecado y el mío no entraron por accidente, de tal modo que Dios tuviese que abordar una dificultad imprevista. Todo fue visto y se proveyó para ello en las épocas pasadas de la eternidad. Todos los propósitos y los modos de obrar de Dios giraban en torno a Cristo, y el Antiguo Testamento está lleno de verdades figurativas que encontraron su respuesta perfecta en Él como hombre aquí. Cuando el bendito Señor murió, los soldados romanos "quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas… para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo". (Juan 19: 32-37). La Escritura tiene que cumplirse, y la forma en que se cumple nos muestra hasta qué punto nuestro capítulo, Éxodo 12, es un tipo del Señor Jesús.

 

Ellos debían inmolar el cordero y luego debían tomar un manojo de hisopo, mojarlo en la sangre, y untar el dintel y los dos postes de la puerta con la sangre. (Éxodo 12: 7, 22). Además, Dios dijo: "La sangre os servirá de señal en las casas en donde estuviereis; y yo veré la sangre, y os pasaré por alto". (Éxodo 12: 13 - VM). Dios iba a pasar por la tierra como juez, y lo único que podía salvar al alma del juicio de Dios era la sangre rociada. Hay un gran número de almas que no entienden este punto. El hisopo debía ser usado. Debía ser mojado en la sangre, y en este caso el israelita tenía que usarlo él mismo. Si tú vas a obtener algo del valor de la sangre del cordero, debes usar también el hisopo. No tengo ninguna duda acerca de cuál es el significado de esto, y es que el alma, consciente de su absoluta inutilidad, se ampara en la muerte de Cristo. Las personas creen que Cristo murió y resucitó, y que Él consumó la obra de expiación, pero no se apropian del valor de Su muerte para ellas mismas. Cuando uno se abate en juicio propio, y hay quebrantamiento y arrepentimiento delante de Dios, creo que entonces nuestras almas utilizan ese manojo de hisopo. Nosotros huimos, como pecadores, del más profundo trasfondo, a Cristo. El juicio que merecemos ha recaído sobre el amado Hijo de Dios, y el Señor nos pasa por alto en justicia. La sangre sobre el dintel mantiene a Dios afuera como juez. Él no puede juzgar dos veces, — primero al cordero, y luego al primogénito. El resultado es la paz con Él. La paz con Dios no descansa en tus sentimientos. El fundamento de tu paz es la sangre expiatoria del Cordero, el propio Cordero de Dios, puesta ante los ojos mismos de Dios. "Veré la sangre, y os pasaré por alto". (Éxodo 12: 13 – VM). No es, «Cuando tú veas la sangre». No. Es Dios quien la ve.

 

Es posible que tú digas «Yo no creo que aprecio suficientemente la sangre de Cristo». Yo estoy muy seguro que tú no lo haces, pero Dios lo hace. Y Él dice, «Cuando yo vea la sangre, te pasaré por alto». (Éxodo 12: 13 - VM). Entiende esto: el fundamento de la paz de tu alma con Dios es esa sangre derramada y rociada. (Éxodo 12: 8). Pero además, a lo largo de todo el camino tú y yo debemos guardar en nuestros corazones el recuerdo de lo que Le costó a nuestro Salvador redimirnos. Este cordero asado "al fuego" lo trae ante nosotros. Eso describe las agonías del alma de Cristo en la cruz. Los salmos 22, 69, 88 y 102 describen las experiencias interiores del bendito Señor cuando llevaba nuestros pecados. Oh, cuánto Le costó. Ellos debían comer el cordero asado "al fuego". "Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas." (Éxodo 12: 9). Tú estás llamado a alimentarte no sólo de la muerte, sino de los modos morales de obrar y del hermoso entendimiento de Jesús. Sabiendo Él lo que le esperaba, fue con paso seguro hacia la muerte. "Jesús, pues, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, salió". (Juan 18: 4 - LBA). Y entonces tú te alimentas del hermoso y encantador andar del Señor Jesús. Así tienes material para que tu alma se alimente todos tus días. Aliméntate de Cristo. Las "hierbas amargas" conllevan el pensamiento del juicio propio, porque mi pecado Le costó a Cristo Su vida.

 

La redención por medio de la sangre es una verdad maravillosa, y en el momento que el pueblo está bajo la protección de la sangre, y se ha alimentado del cordero asado, dicho pueblo comienza su camino, y leemos: "Todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto. Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. (Éxodo 12: 41, 42).

 

La sangre que los protege de Dios como juez establece la relación de ellos con Dios sobre el fundamento de la redención consumada, y desde ese momento son considerados y llamados por primera vez, "las huestes de Jehová". ¡Cuánto mejor es estar entre Sus huestes redimidas que ser esclavo del pecado y de Satanás! ¿Cuál es tu situación, y cuál es tu relación con Él? ¿Has hecho ya un comienzo espiritual similar al que hizo Israel? Si es así, tú seguirás con interés los capítulos sucesivos en la historia de ellos.

 

Somos un grupo de peregrinos en una tierra extraña,

que marchan desde el Calvario;

Donde la maravillosa cruz, con su ganancia y su pérdida,

Es la suma de nuestra historia.

Allí perdimos nuestra posición en una tierra condenada a muerte

Como hijos de ira a causa de la caída;

Allí ganamos un lugar como herederos de la gracia

En el banquete en el salón celestial.

 

Así cantamos, mientras nos apresuramos sobre los desechos del ancho mundo,

Acerca de nuestro hogar junto al mar de cristal,

Donde la palma ondulante y el salmo expansivo

llenan el aire de la eternidad.

 

Leemos nuestra culpa en la sangre derramada,

Y lloramos por el flujo carmesí;

Pero nos gozamos en la gracia del rostro descubierto

De un Dios-Padre aquí abajo.

Y como hijos de Dios, redimidos por la sangre,

Nos apresuramos a salir de Egipto;

Cruzamos la arena hacia la tierra placentera

Y los gozos de un día interminable.

 

Fuimos hijos de la noche, mantenidos lejos de la luz,

Esclavizados por un enemigo cruel;

Pero los dolores de Jesús rompieron las cadenas de hierro

Y redimieron nuestras almas de la aflicción.

Ahora, como hijos de la luz, andamos y luchamos

En una senda de gozo triunfante;

Porque nuestra fuerza está en el Señor, cuya palabra es nuestra espada,

Mientras que la fe es el escudo que empleamos.

 

Nuestro hogar está con Dios, y nuestro camino ha sido recorrido

Por los fieles de todas las épocas,

Y Él nos llevará, como en ala de águila,

a nuestro lugar en la sala de bodas.

Entonces, cantaremos, como la esposa del Rey,

Acerca de la sangre que nos ha traído tan cerca,

Para disfrutar del resplandor del Anciano de días

En el trono muy por encima del cielo.

 

W. T. P. Wolston

 

 

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Julio 2021.

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

LBA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RV1977 = Versión Reina-Valera Revisión 1977 (Publicada por Editorial Clie).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
"Slavery and Shelter", by W. T. P. Wolston
"FROM EGYPT TO CANAAN"
 Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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