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LA SEGURIDAD EN LA HUIDA

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LA SEGURIDAD EN LA HUIDA

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60).-

 

 

Son tan numerosos los peligros que nos amenazan entre tanto estamos de camino hacia la gloria, que precisamos de una vigilancia continua para no caer en el pecado.

Nuestro gran adversario es Satanás, pero está escrito para nuestro buen ánimo: "Resistid al diablo, y huirá de vosotros." (Santiago 4:7). Tenemos que pelear la buena batalla de la fe mientras estamos en el mundo y este combate no cesará hasta que hayamos alcanzado el fin de nuestro viaje. Leemos en Apocalipsis 21:7, "El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo."

Pero la victoria no se alcanza siempre por la resistencia o la batalla. En muchos casos la seguridad se halla solamente en la huida. Es a causa de esto que a menudo hallamos las palabras: "huir" y "huid", en las exhortaciones del Nuevo Testamento. Y podemos estar seguros que cuando Dios dice "huir" o "huid", el peligro es real, y toda vacilación en seguir este precepto puede resultar desastrosa. La Palabra de Dios nos muestra claramente que si no prestamos atención a estas advertencias, sin duda caeremos. Escuchemos, pues, seriamente la exhortación de Dios cuando nos ordena "huir".

 

Leamos cuidadosamente las porciones donde se hallan estas advertencias.

En Juan 10:5 aprendemos que es preciso huir de los pastores extraños: "Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños";

en 1ª. a los Corintios 6:18 somos llamados a huir de la fornicación, "Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca";

en 1ª. a los Corintios 10:14, a huir de la idolatría, "Por tanto, amados míos, huid de la idolatría";

en 1ª. a Timoteo, a huir del amor al dinero y todo lo que esto representa, "porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores";

en 2ª. a Timoteo 2:22, de los deseos juveniles, "Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor."

 

Veamos ahora la enseñanza que se desprende, para provecho de nuestra vida cristiana.

Muchos creyentes caen en el pecado porque piensan que son lo suficiente fuertes para resistir al mal sin huir de él. Sin embargo, no han apartado los ojos del mal, y el resultado es que han sucumbido a la tentación y han caído en pecado.

David cayó en los más terribles pecados, yendo desde la concupiscencia al asesinato, pasando por el robo y la mentira, todo esto porque no apartó sus ojos cuando la tentación se presentó a él cuando paseaba por la terraza de su casa.

Contrariamente a esto, José huyó inmediatamente cuando la tentación se presentó y escapó así de la caída.

En Juan 10: 4 y 5, el Señor Jesús dice que Sus ovejas le siguen porque conocen su voz, y añade "al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Esto no es, en ninguna manera, una advertencia, sino la comprobación de los caracteres positivos y negativos de sus ovejas. La vida eterna que les confiere se manifiesta de dos maneras: siguen al Buen Pastor; y huyen lejos de los extraños.

Antes de la venida del Señor, algunos falsos pastores habían venido a Israel, pero Sus ovejas no les prestaron oídos. A continuación vino Él y Sus ovejas tan pronto oyeron su voz, le siguieron.

Cuando el Señor nos dice que las ovejas huyen de los extraños, nos recuerda la forma en que debemos conducirnos en presencia de los que no aportan la doctrina de Cristo. ¿Hemos huido siempre de los pastores extraños? Puede que todos hayamos prestado rápidamente oídos a lo que nos iban a decir. Si nos dejamos guiar por las sugerencias del Espíritu Santo, ciertamente que huiremos de los extraños.

A menudo se cita 1ª. Tesalonicenses 5:21 como una excusa para seguir al pastor extraño: "Examinadlo todo; retened lo bueno." Se lee examinadlo en vez de probadlo (que es la traducción correcta, según la versión Darby y Nacar-Colunga), per4o no es así.

Si leemos este pasaje con el resto del capítulo, veremos que no somos invitados a examinar todas las cosas en el mundo; sino que al contrario, somos conducidos a no apagar, por una mala crítica, el trabajo del Espíritu en nuestras reuniones y a no menospreciar las profecías; no somos exhortados a aceptar todo lo que se dice, sino a probar todas las cosas y a retener lo bueno, apropiándonoslo para sacar de ello una bendición. En otras palabras, en lugar de desear examinar tantas cosas como nos sean posibles, hemos de huir de los extraños.

 

En nuestros días el gran peligro estriba en oír los pastores extraños. Peligrosas doctrinas son predicadas de la manera más atractiva. El enemigo sabe muy bien que un buen escaparate llama la atención de los espectadores, asimismo las bellas palabras, presentadas con habilidad cautivan a los auditorios. A menudo es solamente la curiosidad la que nos conduce hacia esos extraños, y puede que lo hagamos con el espíritu de estar bien informados y de pasar por personas de espíritu abierto. Estamos al corriente de una cantidad de cosas que sería de desear que ignorásemos, pero que tenemos interés en conocerlas para no pecar de ignorantes. La Palabra de Dios debería decidir para nosotros en toda circunstancia. El Señor dice a cada uno de nosotros: 'Si sois mis ovejas estoy cierto que huiréis de los extraños'.

Corremos el riesgo de oír la voz de los extraños, cuando leemos ciertos libros que nos son recomendados. Muchos libros, bajo un hermoso título y con la pretensión de ser religiosos, esconden un peligroso veneno. Sin embargo, a menudo deseamos examinar secretamente esos libros, cuando el Señor nos invita a huir de ellos.

¡Cuántas malas cosas vierte también la radio! Sabemos que hay también buenas cosas, pero la experiencia ha probado que aun en las familias cristianas se escuchan muchas cosas de las cuales deberían huir.

Vigilemos por temor a que una curiosidad natural nos conduzca a desear lo que es del mundo, menospreciando así la advertencia de la Palabra de Dios que dice: "Huid".

 

Por otra parte el hecho de no huir es una prueba de confianza un uno mismo, y si este sentimiento no es juzgado, nos conducirá a muchas dificultades.

¡Cuán numerosos son los que han sido seducidos por los razonamientos de sus propios corazones, apartándose así de la verdad!

El solo hecho de escuchar la voz de un extraño es la prueba de que la vida espiritual no es lo que debiera; la anécdota siguiente es una ilustración.

Un viajero llegó un día a Oriente en un lugar donde los pastores abrevaban el ganado. En ese día tres pastores se hallaban juntos en ese lugar y sus ovejas estaban entremezcladas a orillas del agua. Al contemplar esa escena el viajero se preguntaba cómo podría reconocer cada cual sus ovejas. Mas cuando los animales apagaron su sed, uno de los pastores tomó su cayado y gritó: 'Mehn-ah' (lo cual significa: seguidme), e inmediatamente sus ovejas se separaron de las otras y le siguieron. Después otro de los pastores llamó también por la voz 'Mehn-ah' y así mismo sus ovejas le siguieron.

Viendo esto, el viajero preguntó al tercer pastor si le seguirían a él, un extraño, si las llamaba por medio de la palabra 'Mehn-ah'. El pastor sacudió la cabeza, y respondió: 'Si lo desea, puede probarlo'. Para asegurarse el éxito, el viajero empezó por vestirse con las ropas del pastor y habiendo tomado también el cayado en su mano, disfrazado así de esta manera las llamó 'Mehn-ah', 'mehn-ah', pero las ovejas no se movieron de su sitio; algunas le miraron sorprendidas pero no le siguieron. '¿Jamás siguen a otro pastor?' preguntó él entonces. 'Sí, alguna vez', fue la respuesta significativa; "mas solamente cuando están enfermas''. ¡Solamente cuando están enfermas! ¡Qué advertencia más solemne hay para nosotros en las palabras de este pastor oriental! Si nuestra alma está en buena salud, seremos preservados de seguir a cualquier otro excepto a nuestro buen Pastor.

 

Puede que alguien diga: 'Mi intención no es la de seguir ningún pastor extraño. ¡Lejos esté de mí tal pensamiento! Gracias a Dios, conozco la verdad, comprendo Su voluntad y estoy decidido a permanecer en esta verdad'.

¡Cuán fácilmente creemos que una voluntad firme es suficiente! Creemos poder guardarnos a nosotros mismos. Pero cuando somos puestos a prueba, descubrimos cuán débiles somos, y por la experiencia aprendemos también que el único medio de estar seguros estriba en prestar atención a la voz del buen Pastor. Él nos conoce perfectamente y sabe los grandes peligros que se levantan, aún en nuestros propios corazones. Y es por esto que desea que huyamos de todo otro pastor y que no sigamos a ningún otro sino a Él. Si obedecemos su voz, seremos guardados del mal.

 

Pero nosotros estamos obligados a conocer Su voz. Debemos aplicarnos a poseer más firmemente la verdad leyendo las Escrituras con oración y buscando la ayuda de los que exponen fielmente la Palabra de Dios, sea oralmente o por escrito. Si deseamos honrar sinceramente al Señor examinemos nuestros caminos y preguntémonos: ¿Qué es lo que oigo? ¿Qué es lo que leo? ¿Es suficiente para mí el Señor y Su Palabra? Si seguimos al buen Pastor en sencillez de corazón, prestando atención a Su voz y huyendo lejos del extraño, por atractivo que él sea, estaremos a seguro y gustaremos la verdad de esta palabra del Señor: "el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." (Juan 8:12). Podemos avanzar en medio de peligros y dificultades del camino, en una gozosa comunión con el Señor, hasta que al fin de la carrera durmamos en el Señor, o lo que sería aún más precioso, que seamos arrebatados a recibir al Señor en el aire. ¡Pasar de esta forma, de la tierra al cielo sin morir! Y todos juntos, los que serán transformados y los que serán resucitados, rodeando al Señor Jesús, entraremos con Él en la casa del Padre y hallaremos nuestro gozo en Él por toda la eternidad.

 

Traducido de la revista "Le Messager Evangélique".

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1963, No. 61.-

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