VIDA CRISTIANA (1961 a 1969)


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EL TÍTULO "HIJO DEL HOMBRE"

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"HIJO DEL HOMBRE"

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60).-

 

 

Pregunta: ¿Cuál es el significado y alcance del carácter del Señor, considerado como "Hijo del Hombre"?

 

Respuesta: Contestaremos a esta pregunta por medio de dos extractos sacados de los escritos de dos siervos del Señor.

 

1. – En el evangelio según Lucas, el Espíritu de Dios nos presenta a Jesús bajo su carácter de "Hijo del Hombre", tra­yendo a los hombres, de parte de Dios, la gracia que todos ne­cesitan. Por consiguiente, sobre todo lo que concierne a la hu­manidad de Cristo, hallamos en esta libro de la Biblia más detalles que en los otros evangelios; al mismo tiempo, Su perfecta divinidad brilla en cada página. A lo largo del relato inspirado, vemos a Jesús como al hombre que hubiéramos podido encontrar si hubié­semos vivido en aquél tiempo; pero, para la fe, era "el más hermoso de los hijos de los hombres" porque la gracia 'se derramaba en sus labios' (Salmo 45:2).

 

Ya presentado en Mateo y Marcos como Mesías y Profeta, Jesús debía serlo también como Hijo del Hombre. Fue anun­ciado como tal a la caída del primer hombre, cuando Dios le dijo a la serpiente, hablando de la simiente de la mujer: "ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3:15). Luego, los profetas le anunciaron como Hijo del Hombre (compárese con Salmo 8:4; 80:17; Daniel 7:13), como Aquél en quien Dios pensaba en Sus consejos eternos; porque Adán era solamente "figura del que había de venir" (Romanos 5:14); Adán no era hijo del hombre, ni simiente de la mujer, ya que Dios le había creado como hombre hecho, mientras que Jesús, para ser un hom­bre, tuvo que nacer de una mujer. Aunque colocado en este mundo como jefe de la creación, Adán perdió todo por su pe­cado; Dios no podía contar con él para el cumplimiento de Sus consejos. Por eso, contaba con Su Hijo, segundo hombre, postrer Adán. "Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres. (Proverbios 8: 29 al 31).

 

Al venir a este mundo como un hombre, Jesús remplaza pues al primer Adán; lleva las consecuencias de la caída, qui­ta el pecado de delante de Dios, y, en virtud de la redención, viene a ser jefe y heredero de todo lo que Dios destinaba al hombre según Sus consejos. Llegado el tiempo, El reinará co­mo tal sobre el universo entero, que habrá librado del poder del enemigo hasta que entregue el reino al Dios y Padre, para el estado eterno (Daniel 7: 13 al 14; 1ª. Corintios 15:24).

 

S. P.

 

 

 

 

 

 

2.- El título de "Hijo del Hombre" tiene un alcance muy extenso. Expresa lo que es el hombre en su perfección, el hom­bre según Dios. Nos dice que, en Jesús, el hombre está ahora en una posición completamente nueva, adornado con todas las hermosuras posibles, humanas o morales.

 

Pero este título de Hijo del Hombre dado a Jesús no ex­presa solamente toda Su perfección moral, pues todos Sus su­frimientos y todas Sus dignidades están en relación con él.

 

Como Hijo del Hombre, el Señor fue humillado (Salmo 8), pero, como tal, fue también ensalzado a la diestra de la Ma­jestad en los cielos (Salmo 80:17). Como Hijo del Hombre no tenía dónde reclinar la cabeza (Lucas 9:58), pero como tal viene hacia el Anciano de días para recibir el reino de sus manos (Daniel 7: 13 al 14). Es como Hijo del Hombre que el poder de juzgar le es dado (Juan 5:27); como tal es profeta, sacerdote y Rey, heredero de todas las cosas, Señor sobre todas las cosas, cabeza del Cuerpo, Esposo de la Iglesia.

 

Como Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para per­donar pecados (Mateo 9:6): como tal es Señor del día de reposo (sábado) (Marcos 2:28), y no obstante, con este mismo carácter, estuvo tres días y tres noches en el corazón de la tierra (Mateo 12:40).

 

Como Hijo del Hombre, era el sembrador infatigable que iba esparciendo su simiente; como tal será el glorioso segador que recogerá Su mies en los alfolíes celestes.

 

Como Hijo del Hombre tenía Su propio lugar en el cielo; como tal fue crucificado y resucitado (Juan 3: 13 al 14). Final­mente, como Hijo del Hombre, Él es el centro de todas las cosas, sean terrenales, o celestiales (Juan 1:51).

 

Era en el hombre donde el Dios Creador había puesto Su imagen en el principio (Génesis 1:26), y cuando el primer Adán, que era de la tierra, la hubo quebrantado, el Hijo de Dios emprendió su restauración; emprendió, como hombre, el cumplimiento del consejo divino, colocando al hombre en Su Persona, restaurándole de esta forma, en el lugar de honor y de confianza que Dios le había asignado antes.

 

Este título, este nombre de Hijo del Hombre tiene pues, como lo vemos, un inmenso alcance y se relaciona con la per­sona del Señor, con toda Su aflicción, con todas Sus dignida­des, menos – evidentemente – con las que le pertenecen en Su carácter de Dios, bendito eternamente, sobre todas las cosas.

 

Él es el hombre ungido, el templo humano sin pecado, edi­ficado por el Espíritu Santo, y después llenado por El (Lucas 1:35 y 4:1). Es el hombre humillado, el varón de dolores, que descendió, se anonadó y se humilló hasta la muerte de cruz (Filipenses, capítulo 2). Finalmente, es el hombre exaltado, coronado de gloria y de honra, esperando que todas las cosas le sean sujetas (Hebreos 2: 6 al 9).

 

J. G. Bellett

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1964, No. 70.-

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