EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

SIETE DÍAS DE PANES SIN LEVADURA (De Egipto a Canaán, W. T. P. Wolston - Capítulo 2)

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Duración: 32 minutos y 50 segundos

DE EGIPTO A CANAÁN

 

W. T. P. Wolston

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960, excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

Capítulo 2: Siete Días de Panes Sin Levadura

 

Lectura Bíblica: Éxodo 12: 8-20, 34-39; Números 28.

 

Ya hemos visto la verdad conectada con la liberación de Israel de Egipto en la primera parte de éxodo 12, la cual se relaciona con el hecho de quitar la vida al cordero, y la colocación de la sangre sobre el dintel y los dos postes de la puerta. Sin embargo, la importancia de todo esto es de un alcance tal que yo aventuro recorrer nuevamente el terreno un poco más en detalle. Es de la importancia más significativa posible para cada alma ver que ésta es la base de todos los tratos de Dios con Israel. La sangre sobre el dintel es lo que puede ser llamado el fundamento de la relación de Israel con Dios. Aunque nosotros podemos obtener muchas otras cosas que son instructivas aquí, es de suma importancia ver que sólo había una base de relación con Dios y esa base es la sangre del cordero ofrecido en Egipto. En el mismo lugar donde ellos habían sido esclavos, allí se llevó a cabo la obra de otro mediante la cual Dios pudo, en justicia, sacar a Su pueblo de Egipto, y llevarlo a la tierra de la promesa.

 

Tengan claro en sus mentes que la pascua y la fiesta de los panes sin levadura son dos cosas distintas. La pascua es la obra de Cristo. Los panes sin levadura se relacionan con el andar de ustedes. Y las dos cosas son tan distintas como es posible, aunque están unidas y van juntas. Leemos, "En el mes primero, a los catorce días del mes, será la pascua de Jehová. Y a los quince días de este mes, la fiesta solemne; por siete días se comerán panes sin levadura". (Números 28: 16. 17). Y en el Nuevo Testamento tenemos, "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta". (1ª Corintios 5: 7, 8). En ambas Escrituras dichas fiestas son distintas. No hay duda de que el cordero es una figura de Cristo, y estoy igualmente seguro de que el pan sin levadura es Cristo. Israel estaba bajo la protección de la sangre del cordero, y el ángel de Jehová pasó por encima de ellos. Esta es la Pascua; pero además, ellos tenían que salir de viaje y debían comer del cordero asado al fuego y panes sin levadura para fortalecerse para ello.

 

Para nosotros, esto expone que, como pecador culpable, yo me protejo bajo la Sangre de Cristo, nuestra Pascua. Y luego me alimento del cordero asado al fuego y de los panes sin levadura, y esto me lleva a estar en una condición adecuada para el viaje al conectar los afectos del corazón con todo aquello a través de lo cual Cristo pasó. Nada podría prefigurar más sorprendentemente los padecimientos de Cristo en la cruz, bajo el juicio de Dios, que esta expresión, el cordero asado "al fuego". (Éxodo 12: 8). Él pasó a través del fuego del juicio de Dios. Ellos debían comerlo con panes sin levadura, — exponiendo la perfección sin levadura de Cristo, — y con hierbas amargas.

 

Tú no puedes comer el Cordero asado "al fuego" sin entrar en la maravillosa verdad de los padecimientos y los dolores de Cristo. Dios quiere que los recordemos siempre. Si tu corazón no está en el poder del Espíritu de Dios, alimentándose así de manera práctica de Cristo, te enfriarás y te volverás formal. Muchas, muchas veces en este antiguo Libro, Dios trajo la pascua a la memoria de Israel. Año tras año Él la traía ante ellos. Debían comerla el día catorce del primer mes de cada año. Yo admito que ellos no lo hicieron. Lo hicieron en Egipto, y luego una vez en el desierto, y después una vez en la tierra de la promesa. Fueron descuidados.

 

 

Nosotros también tenemos la oportunidad, a medida que pasan los siete días, de que nuestras almas recuerden de nuevo los padecimientos de Cristo cada primer día de la semana (día Domingo). Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Luego viene: "Así que celebremos la fiesta". (1ª Corintios 5: 8). Esta es una semana de bienaventurado disfrute de Cristo, alimentándonos de Cristo. Y aquello de lo que estamos alimentándonos habla muy pronto acerca de nosotros. Si yo no me estoy alimentando de Cristo, será que me estoy alimentando de otra cosa. Ello debe ser Cristo. Pan sin levadura, eso es Cristo. Las hierbas amargas hablan de lo que éramos y habíamos hecho. No dudo que el Espíritu de Dios trae a nuestras almas el sentido de que fueron nuestros pecados los que Lo llevaron a la muerte. Las personas dicen a veces: «Oh, ya hemos superado todo eso». ¿Superado eso? Ah, mi querido amigo, apenas puedes tú decir en serio lo que dices. No se trata de que una persona piense siempre en sus pecados. Dios no lo permita. Lo que es traído siempre ante nosotros es Cristo como un olor grato para Dios.

 

Números 28 nos muestra en qué eran ocupados esos siete días de panes sin levadura. Había que presentar a Dios diariamente, cada día en perfecta cantidad, lo que era el olor grato de Cristo en los holocaustos, aunque en ningún día faltaba la ofrenda por el pecado. Dios nunca omite eso. Dios nunca permitiría que lo olvidemos. Él siempre mantendrá fresco en el alma lo que éramos y donde estábamos, y de lo que hemos sido libertados. Y aunque somos llevados a la comunión del Padre y del Hijo, — que es la complacencia que Dios tiene en Su bendito Hijo, — Él nunca nos dejará olvidar dónde estábamos, y lo que Le costó libertarnos de ello. Esto mantiene el alma mansa y humilde. Nuestros corazones están tan llenos de frivolidad y ligereza de manera natural, que somos propensos a olvidar lo que éramos. No es que eso sea lo que debe ocupar el alma. No. Los Israelitas debían comer el cordero asado al fuego, con panes sin levadura y hierbas amargas.

Y además, observa: "Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego". (Éxodo 12: 9). Qué cuidado tiene Dios en mantener fresco en el alma el sentido de las aflicciones de Cristo. El cordero asado al fuego las tipifica. Si tú lees atentamente el Nuevo Testamento quedarás sorprendido por la frecuencia con la que el Espíritu de Dios habla de los padecimientos de Cristo. Él padeció. Cristo tiene que padecer. Busca tú con qué frecuencia, al hablar de la muerte del Señor Jesús, el Espíritu Santo introduce "las aflicciones de Cristo". Esa es la palabra que el Espíritu de Dios enfatiza en nuestras almas. El Salmo 22, el 69, el 88 y el 102 están llenos de las profundas experiencias interiores del Señor, cuando Él padeció en la cruz. Tú tienes las figuras en el Pentateuco, los hechos en los Evangelios, los sentimientos de Cristo en los Salmos, y los hermosos frutos en las epístolas.

 

Dejemos que la figura de todo esto en los tipos nos hable. Come tú el cordero asado al fuego. No alteres Su muerte, sino ten en tu alma el sentido de lo que le costó a Cristo pasar por el fuego de la ira de Dios. Dios Le puso a prueba. Nosotros hemos de comer "Su cabeza con sus pies y sus entrañas." (Éxodo 12: 9). ¡Qué hermoso! Comer la cabeza. ¿Qué significa esto? Oh, amados amigos, la cabeza es toda la inteligencia de Cristo. Consideren ustedes la maravillosa inteligencia que marcó los modos de obrar de Cristo. Se dice en los evangelios, "Jesús, por tanto, conociendo todo lo que le había de sobrevenir, salió". (Juan 18: 4 – VM). Él Lo conocía todo, y sin embargo, salió. Coman la cabeza. Y luego las piernas. Oh, aliméntense de Su inteligente consagración a Dios, así como del hermoso andar del bendito Señor Jesucristo. La variada presentación de estos detalles en los cuatro evangelios hace que su estudio diligente sea una necesidad así como un deleite, y los resultados de esta atención son inefablemente preciosos, amados amigos, para el alma: pues nosotros no solamente obtenemos lo que satisface nuestra necesidad, sino que el corazón se deleita en seguir el rastro de los modos de obrar del Señor Jesús.

 

"Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová". (Éxodo 12: 11). Ese es un carácter peregrino. "Calzado en vuestros pies", listos para partir. Es decir, hubo ciertos rasgos morales que debían caracterizarlos, y que nos deben caracterizar a nosotros. Mientras ellos comían así, la sangre estaba fuera como señal de que ningún juicio podría tocarlos. Y allí estaban dentro de la casa alimentándose del cordero "asado al fuego". Ellos reconocieron que el juicio de Dios estaba sobre el cordero.

 

Pero aún más. Ellos debían comer pan sin levadura durante siete días. (Éxodo 12: 15). Ahora bien,  tú podrías preguntarme, «¿Cuál es la aplicación de esto». La aplicación de esto es que no debemos permitir ninguna levadura en nuestros corazones, nuestras vidas, nuestras palabras o nuestros modos de obrar. La levadura es siempre el símbolo de lo que es malo. Aquel que la permite, "Aquella alma será cortada de en medio de Israel". (Éxodo 12: 15 – VM). ¿Significa eso que él morirá? Para un israelita sí significó; para nosotros significa que uno es cortado de la comunión con Dios en primer lugar, y después, si uno no se arrepiente, es cortado de la comunión de los santos, y, con toda seguridad, aislado de estar en el disfrute de lo que Dios quiere dar a nuestras almas. Ahora bien, que cada nuevo cristiano tenga muy claro esto. Tú sabes que Cristo ha formado un vínculo entre tu alma y Dios, que nada puede jamás tocarlo. Tú has nacido de Dios, y has sido lavado en la sangre de Su amado Hijo, y eres un hijo de Dios, y nada, por Su infinita gracia, puede romper ese vínculo. Pero, un pensamiento necio permitido impedirá la comunión. La más pequeña porción de levadura rompe el vínculo de la comunión, y yo estoy fuera del curso de la obra del Espíritu de Dios.

 

Ahora bien, nosotros sabemos muy bien que la bienaventurada obra normal del Espíritu de Dios es traer a Cristo ante nuestros corazones. Si algo ha entrado que ha roto este tierno vínculo de comunión entre el Señor y nuestras almas, el Espíritu de Dios hace que el alma sea consciente de ello. Allí entra una nube. Yo debo volver y encontrar cuál fue el obstáculo, juzgarlo, y entonces todo estará bien. Nada puede romper el vínculo que la gracia ha formado, como un asunto de vida eterna. Pero una cosa muy pequeña puede quebrar el vínculo de la comunión, y privar al alma del gozo y del deleite divino que Dios nos daría por medio de Su Espíritu. Por lo tanto, tú ves la inmensa importancia del pan sin levadura, — el pan sin levadura "de sinceridad y de verdad". (1ª Corintios 5: 8). Si yo permito que exista un poco de amargura con respecto a un santo, o concedo a mi lengua la libertad de hablar con un poco de maledicencia, que yo no sueñe con tener comunión. Estoy fuera de ella.

 

La levadura durante los siete días era intolerable para Dios y, por lo tanto, no hay duda de que cuando llegaba la Pascua, era una cosa muy necesaria e importante que el dueño de cada casa la registrara de arriba abajo, — desde el ático hasta el sótano, — para estar muy seguro de que no hubiese ni una migaja de pan con levadura en la casa. Unas pocas migajas eran suficientes para hacer entrar el juicio de Jehová. Creo que es muy importante reflexionar sobre esto, y entender claramente por qué la casa debía ser barrida.

 

Nosotros no debemos ser peores de lo que yo llamaré «una escoba nueva». Ellas tienen la reputación de barrer bien. Yo creo, amados amigos, que es bueno cuando yo obtengo una escoba nueva para barrer todo lo que no es de Cristo. Porque si tú permites que la levadura permanezca en tu vida y en tus modos de obrar, necesariamente estarás cortado de la comunión. Eso no significa que no vayas a ir al cielo, sino que estarás fuera de la libertad y del poder del Espíritu. ¿Y cuál será el resultado? Habrá muerte individual y falta de vida, y nuestras asambleas también estarán muertas y sin vida. Y eso es porque no estamos celebrando la fiesta. Si lo hiciéramos, no habría nada más que Cristo. Es fácil decir cuando un hermano ha estado celebrando la fiesta de los panes sin levadura. Él no tiene nada más que a Cristo para mí. Si me encuentro con un Cristiano y él tiene sólo alguna palabrería, yo me arruinaré, y viceversa. Ustedes saben, amados amigos, que no se puede tocar la brea sin que uno se manche. Cada vez que me encuentre con ustedes, o bien los ayudaré hacia Cristo, o bien los obstaculizaré. Por otra parte, ustedes me ayudarán o me estorbarán. El punto es, ¿de qué me estoy alimentando? Que Dios nos conceda celebrar esta fiesta.

 

Es muy interesante ver la forma en que la Escritura la presenta. Sólo voy a mostrarles uno o dos versículos. "Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua". (Éxodo 12: 17). ¡Cuán enfático es Dios! Además, "Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel". (Éxodo 12: 19). En aquel momento no debía haber levadura en sus casas. Para nosotros, tú sabes, ello significa, durante toda la senda. Me encuentro ocupado con la muerte de Cristo, como en el primer día de la semana (día Domingo), me alimento de la pascua. «Muy bien», dice el Señor, «ve y celebra la fiesta de los panes sin levadura durante siete días»: y luego me encuentro allí de nuevo en el siguiente primer día de la semana (día Domingo), y así sucesivamente. Realmente significa esto, a saber, que toda la senda de la Iglesia aquí abajo es un tiempo en el que no hay nada más que el pan sin levadura para que se alimenten aquellos que componen esa Iglesia.

 

Ahora bien, mira la manera en que el Espíritu de Dios expone esta verdad, porque si tú realmente quieres seguir la Palabra de Dios, es maravillosa la manera en que Dios te ayudará. Cuando llegamos al hecho mismo de la salida de Israel de Egipto aquella noche, vemos que ellos se apresuraron a salir con su pan sin levadura. Leemos, "Tomó, pues, el pueblo la masa, antes que fuera leudada, en sus artesas de amasar envueltas en paños, y se las llevaron sobre sus hombros". (Éxodo 12: 34 - LBA). Yo creo que no hubo oportunidad de que la masa leudara. "Y de la masa que habían sacado de Egipto, cocieron tortas de pan sin levadura, pues no se había leudado, ya que al ser echados de Egipto, no pudieron demorarse ni preparar alimentos para sí mismos". (Éxodo 12: 39). Hay aquí una pequeña luz adicional maravillosa. La masa "no se había leudado, ya que al ser echados de Egipto…". Creo que lo que Dios nos presenta aquí es esto, a saber, que si ellos no se hubieran apresurado tanto la levadura podría haber actuado. «Yo les ayudaré a empezar bien», dice Dios. Y por eso ellos se apresuraron a salir con tal rapidez que no tuvieron tiempo de faltar a la obediencia. «Yo les ayudaré a guardar Mi palabra, al menos por una vez en su historia», dice Dios.

 

Oh, es hermoso ver la ternura de conciencia en una nueva alma cuando recién se convierte. Yo admito que ella no está establecida en la gracia, pero ella siente que tiene un tesoro tal, una recompensa tal, y ella tiembla por temor a perderlos. Recuerdo haber oído a un Cristiano decir una vez: «Cuando recién me convertí, yo declaro que tenía temor de mi propia sombra, por temor a que algo se interpusiera entre mi alma y Cristo». La ternura de conciencia y el ejercicio de alma vienen realmente con el hecho de alimentarse del pan sin levadura. Es el corazón deleitándose en Cristo, y alimentándose de Cristo. Hay una respuesta a la poca luz que el alma tiene. Ella desea seguir el pensamiento del Señor.

 

Pienso que es interesante ver la manera en que Dios ayudó a Israel a guardar Su mandato en lo que respecta a los panes sin levadura, un mandato que es repetido inmediatamente en el capítulo 13, el cual habla de la separación de ellos, y de su apartamiento para Dios: "Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado". (Éxodo 13: 3). En mi relación con la Iglesia, con la familia" o con el mundo, ¿hay algo que no sea como Cristo? Ello debe desaparecer. Es muy sencillo. Yo no quiero escapar del ámbito de la verdad. ¿Y tú? Tú ves que Cristo lo es todo para Dios, y debería serlo todo para nosotros. Estamos en este mundo para exhibir a Cristo.

 

Recuerda esto. "Durante los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado ni levadura en todo tu territorio. Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: "Esto se hace con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando salí de Egipto". (Éxodo 13: 7-8 - RVA). Mira tú el motivo dado para que se coma pan sin levadura; se trata de la respuesta de afecto: "Esto se hace con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando salí de Egipto". Tú no estás celebrando esta fiesta de los panes sin levadura para ser salvo, no,— eso está del todo claro, y asegurado por la muerte de Cristo, — sino que estás celebrando esta fiesta para que tú puedas estar en el disfrute de lo que es tuyo. Pues, amados amigos, aunque la gracia me da una buena conciencia por medio de la sangre del Cordero, es por medio de un tierno y santo andar que yo mantengo esa buena conciencia.

 

Pasemos ahora a Éxodo 23. Allí leemos: "Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías". (Éxodo 23: 14, 15). "Ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías". ¿No es sorprendente? ¿Cómo voy yo a presentarme? Con mis manos llenas de Cristo, cuyo detalle, yo creo, encontraremos en Números 28 y 29. Harás bien en reflexionar sobre estos capítulos.

 

Ahora bien, considera sencillamente el capítulo dieciséis de Deuteronomio. "Guarda el mes de Abib y celebra la Pascua de Jehová tu Dios, porque en el mes de Abib Jehová tu Dios te sacó de Egipto, de noche. Sacrifica para Jehová tu Dios la víctima de la Pascua, de las ovejas o de las vacas, en el lugar que Jehová haya escogido para hacer habitar allí su nombre. No comerás con ella ninguna cosa que tenga levadura. Durante siete días comerás con ella pan sin levadura, el pan de aflicción, para que te acuerdes todos los días de tu vida del día en que saliste de la tierra de Egipto. Pues con prisa saliste de la tierra de Egipto. Durante siete días no se verá levadura en tu casa, en ningún lugar de tu territorio. De la carne del animal que sacrifiques en el atardecer del primer día, no quedará nada hasta la mañana del día siguiente. No podrás sacrificar la víctima de la Pascua en ninguna de las ciudades que Jehová tu Dios te da. Sólo en el lugar que Jehová tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre, sacrificarás la víctima de la Pascua, al atardecer, a la puesta del sol, a la hora en que saliste de Egipto. La asarás y la comerás en el lugar que Jehová tu Dios haya escogido, y a la mañana siguiente podrás partir e ir a tu morada. Durante seis días comerás panes sin levadura, y en el séptimo día habrá asamblea festiva para Jehová tu Dios; no harás ningún trabajo". (Deuteronomio 1: 1-8 – RVA). Observa especialmente el versículo 2, a saber, "Sacrifica para Jehová tu Dios la víctima de la Pascua, de las ovejas o de las vacas, en el lugar que Jehová haya escogido para hacer habitar allí su nombre". Tenlo en cuenta. No es el lugar que yo escoja. Sólo hay un lugar, y Dios lo escoge. Pregunta: ¿Estoy yo adorando en el lugar escogido por Dios, o estoy siguiendo mi propia voluntad en esto? Observa también el versículo 3, "No comerás con ella ninguna cosa que tenga levadura. Durante siete días comerás con ella pan sin levadura, el pan de aflicción, para que te acuerdes todos los días de tu vida del día en que saliste de la tierra de Egipto. Pues con prisa saliste de la tierra de Egipto". "El pan de aflicción" es un nuevo carácter dado al pan sin levadura. Es un nuevo cariz que no debe ser ignorado. Ello es aflicción para la naturaleza, no es algo que me guste. No es lo que me complace. Es el pan de aflicción y debo comerlo todos los días de mi vida. Que yo nunca olvide esto.

 

 

Además, nada de la pascua debía quedar hasta la mañana. ¿Qué significa esto? Todo aquello de lo cual ellos no pudieron participar debía ser quemado en el fuego. La muerte de Cristo es infinitamente preciosa para Dios, todo sube como un olor grato para Él. Lo que yo no logro comprender, Dios lo aprecia. El momento actual de la historia de nuestra alma con Dios es muy serio, porque nuestra capacidad es fijada aquí. Por lo tanto, debemos seguir adelante y crecer por medio de la verdad. Pero, presta atención, de lo que se alimenten nuestras almas debe ser Cristo, en toda Su plenitud y toda Su gracia.

 

Dios tiene el cuidado de decir que Israel podía sacrificar sólo "en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para que habite allí su nombre". (Deuteronomio 16: 6). Este es un principio muy importante, amados amigos, tan verdadero ahora como lo fue en los días de Israel. El Nombre del Señor Jesús es el único centro de reunión hoy en día, y el santo que no se reúne sencillamente en aquel Nombre, carecerá del profundo disfrute de Cristo que nuestro Dios quiere que nuestras almas saboreen.

 

Pasemos ahora al capítulo veintiocho de Números, y veremos en qué se ocupan los siete días. "Habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo". (Números 28: 1, 2). Y ustedes pueden decir: «¿Cuál es el significado de esto?» Estos dos capítulos (Números 28 y 29) nos presentan lo que Dios llama, "Mi pan". Ellos no presentan lo que Cristo es para nosotros, o lo que Cristo hizo por nosotros, aunque es muy cierto que en estos dos capítulos la ofrenda por el pecado aparece no menos de trece veces, pero sólo aparece de paso. La ofrenda por el pecado no es el asunto aquí. Aquí se trata de lo que Cristo es para Dios. Es Cristo en todo el olor grato y fragancia de Su vida, y en la consagración de Su muerte, subiendo a Dios. Todo es hacia Dios, y es, por así decirlo, Cristo presentado a Dios como Su pan en los sacrificios oficiales. Ellos debían tener cuidado de ofrecer a Jehová, en sus tiempos señalados, aquello que formaba Su pan de los sacrificios.

 

Y ahora veremos los tiempos. En primer lugar tenemos el arreglo general de lo que debía ser diario (Números 28: 3-8), semanal (Números 28: 9, 10) y mensual (Números 28: 11-15). Y luego vienen las siete fiestas anuales de las cuales la pascua era la primera. Se celebraba en el decimocuarto día del primer mes; y el decimoquinto día llegamos a la fiesta de los panes sin levadura. (Números 28: 16-25). A esto se refiere el apóstol cuando dice: "Celebremos la fiesta...". (1ª Corintios 5: 8). Qué cosa maravillosa es pensar que la Iglesia es vista delante de Dios sin levadura, como estando en Cristo. Por lo tanto, el mal debía ser juzgado: leemos, "Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros", fue el mandato (1ª Corintios 5: 13). Ellos no podían tener comunión con quien andaba en pecado. Dicho hermano fue aislado de los privilegios de la asamblea. ¿Cuánto tiempo hemos de celebrar la fiesta? Siete días. Durante todos esos siete días tú presentas a Cristo ante Dios de manera práctica.

 

"El primer día será santa convocación; ninguna obra de siervos haréis". (Números 28: 18). Tu alma está en libertad ante Dios. Eso es lo primero. No hay nada legal. No hay ningún «yo debo ser tal o cual cosa». Es muy cierto que tú no eres lo que debieras ser, pero Cristo es todo en esta fiesta. Tú dices «Yo debiera ser santo, y consagrado, y ferviente, y adorador, y debiera estar regocijándome». Muy cierto, tú debieras, pero, te diré algo más, mientras tratas de ser o hacer todo eso, tú no eres feliz. ¿Por qué? Porque tú estás comenzando tus siete días con un poco de "obra de siervos". No, no, eso no servirá. Debes entrar primero en la libertad de la gracia de Dios. El apóstol bien dice a los Gálatas: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud". (Gálatas 5: 1). El yugo de esclavitud es lo que  «yo debiera ser», y muchos queridos nuevos convertidos están bajo ese yugo y en gran esclavitud. Trae a Dios Su pan, y tú serás lo que deberías ser. Es Dios alimentándose de todo lo que Cristo fue en Su vida, y en Su muerte, y en los manantiales de Su estada aquí.

 

En Números 28: 19, "el holocausto" te presenta Su muerte. En el versículo 20, "la ofrenda vegetal de flor de harina" (VM), te presenta Su vida. Se trata, por así decirlo, de nuestra presentación ante Dios de toda la bienaventuranza del Señor Jesucristo. Ello es deleitarse en Cristo, mantener la compañía de Cristo, mecer a Cristo, por así decirlo, ante Dios, cada día de los siete. Nosotros no debemos venir vacíos. Qué diferencia hay entre venir vacío, para obtener algo para mí, y venir lleno, para presentar a Cristo, y mecer a Cristo ante Dios. Cualquiera puede ver la diferencia.

 

En Números 28: 22 leemos, "Y un macho cabrío por expiación (ofrenda por el pecado), para reconciliaros". Dios introduce de manera hermosa lo que se relaciona con la muerte de Cristo por nosotros. Él sabe muy bien cómo nuestras almas son propensas a girar alrededor de nosotros mismos, así que presenta el "un macho cabrío", pero, observen, un macho cabrío será suficiente para satisfacer la cuestión de lo que nosotros hemos sido, mientras que, "dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete corderos de un año" presentan la plenitud de Cristo como holocausto. (Números 28: 19).

 

El asunto aquí no es Cristo satisfaciendo nuestro caso, sino que es Dios glorificado, y Cristo llenando el corazón de Dios con gozo, y Él nos está diciendo a ti y a mí: «Eso es lo que tienes que traerme. Comienza el próximo primer día de la semana (día Domingo) con Cristo para Dios; ve a trabajar el lunes, pero no te quites el traje del primer día el lunes por la mañana. En la historia de tu alma tienes que pasar cada día por el mismo terreno». Ha de ser Cristo en el primer día, y Cristo toda la semana, y Cristo en el séptimo; pues de ese día volvemos a leer: "Y el séptimo día tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis". (Números 28: 25). ¿Cuánto traemos de Cristo a Dios cuando estamos en lo privado, y en nuestros hogares, así como en la asamblea? Ese es el asunto. La semana comienza con la libertad de Cristo, y se cierra con la libertad de Cristo. Realmente mi corazón está encantado con esta semana de panes sin levadura. Mi corazón se está alimentando de Cristo, y de nada más que de Cristo. Y estoy seguro, amados amigos, que si hacemos esto, ello dará tono a la asamblea. «Oh», ustedes dicen , «Los hermanos están muy secos». ¿Están las hermanas llenas de Cristo? ¡Vamos! ¿Hay mucha energía y vitalidad en las hermanas? Ustedes pueden decir: «Los hermanos están muy secos. Sí. Que sea así, pero ¿cuánto nos ayudamos unos a otros? Ese es el asunto. No lo olvidemos.

 

Cuando venimos a la reunión de los santos somos cada uno como una persona que entra en una habitación oscura, y cada persona trae una vela. Si la mecha está bien espabilada dará una gran luz, pero si no, o tiene 'un residuo' en ella, la luz es tenue, y otros dirán: «Él tiene una vela, pero no hay mucha luz en ella». Cada santo que no camina con Dios entra así a la reunión, y la entorpece en lugar de ayudarla. Dios nos concede ser como luces bien espabiladas por medio de Su gracia. Y yo estoy cierto de que si nos alimentamos de Cristo, y nuestros corazones están ocupados sólo con Cristo, habrá para Dios aquello que el Espíritu trabaja para producir, a saber, la fragancia, los perfumes y las glorias del Señor Jesucristo. Dios nos ha dado todo Su amor, y ahora nos da la oportunidad de presentarle a Él Aquello que es Su pan. Que podamos saber cómo responder a tal gracia.

 

Jesús, de Ti nunca nos cansaríamos pues El alimento nuevo y vivo puede satisfacer el deseo de nuestro corazón

Y hay vida en Tu sangre.

 

Si tal es el feliz canto de medianoche que nuestros espíritus encarcelados elevan,

Qué gozos son lo que causa, dentro de poco, eternos arranques de alabanza.

 

Mirar dentro y no ver ninguna mancha, — Afuera no hay maldición que rastrear;

No derramar lágrimas, no sentir dolor, sino verte a Ti cara a cara.

 

Encontrar cada esperanza de gloria obtenida,

Cumplida cada preciosa palabra

Y haber alcanzado plenamente toda La imagen de nuestro Señor.

 

Por esto, proseguimos avanzando,

Y en esta esperanza estaríamos más sujetos a la voluntad del Padre —

Ahora mucho más semejantes a Ti.

 

W. T. P. Wolston

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Julio 2021.

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

LBA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
"Seven Days of Unleavened Bread", by W. T. P. Wolston
"FROM EGYPT TO CANAAN"
 Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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