EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

SANTIFICACIÓN - SU ASPECTO PRÁCTICO (De Egipto a Canaán, W. T. P. Wolston - Capítulo 4)

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Duración: 29 minutos y 31 segundos

DE EGIPTO A CANAÁN

 

W. T. P. Wolston

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960, excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

Capítulo 4: Santificación - Su Aspecto Práctico

 

Lectura Bíblica: Éxodo 13: 3-22

 

Nosotros hemos considerado el tema de la santificación en lo que yo llamo el aspecto absoluto o posicional de ella. Veremos ahora el aspecto práctico o progresivo de la misma. Es muy importante ver que está el aspecto posicional, y luego el aspecto práctico es la secuencia lógica. Pero tú nunca lograrás que un santo entre realmente en el aspecto práctico a menos que exista primero la comprensión de la verdad del aspecto posicional. Yo tengo un lugar nuevo ante Dios en el terreno de la redención. Y ese lugar es el lugar de Cristo. Nada menos. Cristo, llevando el juicio de Dios en la cruz, fue la medida de la distancia en que tú y yo estábamos de Dios, cuando Él fue hecho pecado, y cuando Dios trató con Él como pecado en la cruz. Tú nunca te enterarás de la maldad de tu propio corazón considerándolo. Nosotros nunca entenderemos la medida de la distancia a la que estamos de Dios, y el grado de nuestra culpa considerándonos a nosotros mismos. Si yo considero a Cristo en el lugar donde Él una vez estuvo, llevando pecados, y hecho pecado, y juzgado por Dios, totalmente abandonado por Dios y desechado por Dios, en las agonías relacionadas con la obra de expiación, yo obtengo la medida de la distancia a la que estoy de Dios como pecador culpable. Cuando yo Le veo ahora donde Él está a la diestra de Dios, en todo el favor y el amor de Dios, yo me entero de la medida de mi cercanía. Me entero de lo que yo soy en Él.

 

Entiende claramente esto, tu santificación,— en el pensamiento positivo de ella, — ante Dios, no es lo que sucede en tu interior, sino que es Cristo, cómo y donde Él está ahora. En el momento que el alma entiende eso, ella entra en libertad. Pero además, si tú tienes este nuevo lugar, esta nueva vida y esta nueva relación (no digo que estés realmente en la verdad plena de ello, sino si este es tu nuevo lugar), tendremos un nuevo andar.

 

De manera muy natural, en el momento que la verdad de su separación para Dios irrumpe en el alma, ella dirá: «Entonces habrá ahora una nueva manera de andar». Tú has sido puesto aparte para Dios y sólo Su palabra puede ser tu guía para tu senda como santo. Prestar atención a ella está en la base de todo progreso en la santificación, vista desde el aspecto práctico. Yo tengo más fe en la Escritura que en cualquier cosa que yo pueda decir acerca de ella. Tú nunca progresarás en tu alma si no lees diligente y cuidadosamente la Palabra de Dios. Nada puede ocupar su lugar; ni ninguna cantidad de lo que oyes decir a los demás acerca de ella suple la carencia de tu propio estudio personal. Porque, tú ves, si vienes a una reunión, al final de la semana mucho de lo que has oído se ha ido de ti a menos que estudies la Palabra después para obtener, en la presencia del Señor, la verdad para ti mismo. "El perezoso ni aun asará lo que ha cazado; pero la riqueza más preciosa de un hombre es la diligencia". (Proverbios 12: 27 – VM). La primera mitad de ese versículo ilustra la historia de muchos nuevos convertidos. Ellos tienen suficiente energía para acudir a una reunión y oír atentamente a un maestro de la Palabra, pero no tienen suficiente energía para volver a las Escrituras en su propia habitación y tener la verdad de Dios haciendo efecto en sus almas mediante meditación y oración. Atraparon la liebre, por así decirlo, pero fueron demasiado perezosos como para desollarla y asarla sólo porque no era lo suficientemente "preciosa" para ellos. Tú tienes que introducir la verdad de Dios en tu propia alma en Su presencia si ella ha de ser realmente un alimento mediante el cual puedas crecer. El secreto de gran parte de la falta de crecimiento espiritual entre los nuevos cristianos, — y quizás también entre los más antiguos, — es que no hay suficiente trato con Dios acerca de las verdades de la Escritura en nuestros propios aposentos.

 

Tenemos que dar gracias a Dios por cualquier ayuda que Él nos proporciona por medio de Sus siervos que ministran Su Palabra de manera oral o de manera escrita. Dios puede ayudarme de cien maneras, y pienso que es una gran cosa que estemos atentos a la ayuda para nuestras almas. Por otra parte, debemos recordar las palabras del Señor, "Mirad lo que oís" (Marcos 4: 24), así como, "Mirad, pues, cómo oís". (Lucas 8:18). Mi amado nuevo Cristiano, debes obtener todo aspecto de la verdad. Queremos que toda la verdad que Dios nos ha dado sea presentada a nosotros en todas las maneras en que a Él le plazca darla. ¿Por qué? Por la variada necesidad de nuestras almas.

 

Considera ahora el aspecto práctico de la verdad que tenemos, en figura, en este capítulo. "Y Moisés dijo al pueblo: —Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud; porque Jehová os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura". (Éxodo 13: 3 - RVA). Nunca olvides que Dios te ha salvado. Comienza con esto, que un acontecimiento maravilloso ha ocurrido en tu vida. Dios te ha sacado de Egipto. ¿No ha cambiado todo? Ciertamente. El asunto es este, cuando tú eres llevado a Cristo y conoces a un Salvador celestial, tus pecados son perdonados y tú estás libre del mundo. Yo no quiero decir que el mundo no procurará atraerte. Lo hará. Después de tu conversión puedes estar en precisamente las mismas circunstancias externas en la que antes estabas, pero, sin embargo, todo ha cambiado, y hay una vida nueva. Lo que fue cierto para Israel en tres partes de su historia, es cierto acerca de ti y de mí, todas a la vez. Estas circunstancias son encontradas en las Escrituras en tres lugares. Ellos estuvieron en Egipto, luego en el desierto, y después en Canaán. Ellos tardaron cuarenta años en trasladarse de Egipto a Canaán, pero eso fue debido a la incredulidad de ellos. Nosotros estamos en el mundo hasta que nos convertimos. Pero en el momento que soy un hombre convertido, esta escena se convierte en un desierto para mí. Yo estoy libre del mundo en mi alma si comprendo las palabras del Señor, "No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo". (Juan 17: 14-16). Estamos en las mismas circunstancias, pero el hecho de conocer a Dios lo ha cambiado todo, y mientras seguimos adelante nos encontramos con que tenemos que aprender, mientras atravesamos el desierto, lo que nosotros mismos somos, y lo que Dios es. Tú estás apercibido para llegar al cielo, pero si entras en la verdad del Cristianismo, encontrarás que el Espíritu de Dios llevará tu alma allí ahora, mientras tus pies andan por esta escena del desierto. Él llevará tu corazón al lugar celestial, y te dará ahora el entendimiento y el disfrute de lo que es tuyo por la eternidad. Eso es lo que devela la epístola a los Efesios.

 

Nosotros ya no somos de Egipto porque la sangre de Cristo nos ha separado de un mundo que está bajo juicio. Encontramos que éste es un desierto, donde hay escollos y peligros pero, al mismo tiempo, el Espíritu de Dios nos lleva a Canaán en nuestras almas. Hay una esfera muy maravillosa ante ti. Entra en ella. "Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud", fue la palabra de Moisés a Israel (Éxodo 13: 3 – RVA) y, "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud" (Gálatas 5: 1), es la palabra para nosotros. "Porque Jehová os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura" (Éxodo 13: 3 – RVA), fue el mandato de Dios. ¿Qué es la levadura? Es el símbolo del mal. En el momento que tú estás en el terreno de la redención, Dios espera un andar diferente. Desearía mucho entrar en tu alma sólo para ser lo que tú eres. Eso es. Sé lo que tú eres, y serás un Cristiano maravilloso. Tú preguntas, «¿Qué soy yo?» Te respondo, tú eres una persona libertada, eres un hijo de Dios, tienes el Espíritu Santo, y estás en conocimiento del amor de Dios. Estas son cosas maravillosas. Recuerda, estás fuera de Egipto, — es decir, fuera del mundo, — y no debe haber levadura. (Éxodo 13: 3).

 

La levadura, en la Escritura, significa siempre lo que es malo. Yo sé que el término ha sido usado de una manera muy falsa, se ha aplicado al evangelio que se extiende y leuda al mundo. Si Dios usa una figura, siempre le da un significado concreto. La levadura de los fariseos era la hipocresía (Lucas 12: 1). La levadura de Herodes era la mundanalidad (Marcos 8: 15). La malicia y la maldad son llamadas levadura. (1ª Corintios 5: 8). Cuando llegaba el día de la Pascua, el que era cabeza de la casa se encargaba de hacer desaparecer toda la levadura. Nosotros debemos hacer lo mismo. La levadura de malicia y de maldad no forma parte de la vida de un Cristiano. Si tú te ocupas en lo que es de Dios, llevarás una vida Cristiana muy hermosa, santa y práctica. Si yo tomo la figura, entiendo que significa que cuando llegaba el día de la Pascua, el israelita llevaba una luz que iluminaba cada rincón de su casa. Cada oscura alacena era examinada cuidadosamente, y él quitaba hasta la última migaja de levadura. Yo creo realmente que si nosotros dejamos que la luz de la Palabra de Dios caiga sobre nosotros encontraríamos que ella podría hacer desaparecer muchas migajas de levadura de nuestros corazones. La manera de impedir la entrada del mal es ocuparse en el bien. Pablo dijo: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Filipenses 4: 8); y un querido siervo de Dios, que ya partió para estar con el Señor, dijo una vez: «Para un Cristiano, el secreto de la paz interior y del poder exterior es ocuparse siempre y únicamente en el bien». ¿Tomarás nota de eso, nuevo Cristiano? ¿Lo escribirás y lo pondrás donde puedas verlo todos los días? Te hará muchísimo bien todos los días de tu vida. Que Dios nos mantenga siempre ocupados en lo que es bueno. Yo no debo ocuparme en lo que es levadura ni alimentarme de ello, es decir, el mal en cualquiera de sus formas, sino de Cristo, nada más que de Cristo.

 

Si te entregas al trabajo de leer los requerimientos de Dios con respecto a los panes sin levadura y a la levadura en los libros de Éxodo, Levítico y Números, te sorprenderás al ver de qué manera una y otra vez hay exhortación acerca de estos asuntos. Si el mal es permitido, yo contristo al Espíritu Santo, y toda la luz y el gozo desaparecen. Pierdo el disfrute del amor de Dios, y pierdo lo que Él quiere que mi corazón esté disfrutando, a saber, la comunión con Él mismo.

 

Lo que el apóstol dice a los Corintios es muy importante, "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad". (1ª Corintios 5: 7, 8). La fiesta de la que se habla allí es la de los siete días de los panes sin levadura (Éxodo 12: 15-20; 13: 6-10). Dios nunca supone que tú y yo estaremos ocupados en cualquier otra cosa que no sea lo que es de Cristo. Eso es santificación práctica. Debemos comenzar y continuar andando en santidad debido a lo que el Señor hizo por nosotros. El israelita celebraba la fiesta, y decía a su hijo, "Se hace esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca". (Éxodo 13: 8, 9). Muéstrame una persona que está andando en estas líneas, y yo te mostraré un Cristiano cabal, práctico y feliz. "Y te será como una señal sobre tu mano". Hermoso, la mano que solía hacer lo que al dueño le gustaba, esa mano le pertenece a Jesús ahora. Lo mismo ocurre con los ojos y la boca. Cuando los sacerdotes eran consagrados, y el leproso era limpiado, la sangre era puesta sobre el lóbulo de la oreja derecha, y sobre el pulgar de la mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho. (Éxodo 29: 20; Levítico 14: 14). En el momento que tú eres redimido, eres considerado como perteneciendo totalmente a Dios; los ojos, la boca, la oreja, la mano y el pie son todos Sus siervos.

 

Pero, nuestro capítulo enseña otra lección sorprendente en cuanto a lo que se debe hacer con lo que Dios no puede usar, a saber, "Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado, dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos". (Éxodo 13: 11-13). ¿Cuál es el significado de esto? Es muy sencillo. ¿Puedes tú consagrar un asno a Dios? No. Entonces, quiebra su cerviz. Tú tienes algo para lo que eras muy bueno antes de convertirte; ¿puedes usarlo y dedicarlo al Señor? No. ¿Has quebrado la cerviz del asno?, es decir, ¿has juzgado y desechado la cosa como no apta para el Señor? Yo no sé cuál es la cosa en tu historia, pero tú sí lo sabes. El asunto es este, y es que solíamos pertenecer al mundo pero ahora pertenecemos a Cristo. Lo que tengo, y lo que soy, todo pertenece a Él. Tú no puedes usar alguna habilidad para el Señor. ¿Cuál es el resultado? Le quiebras la cerviz, por así decirlo. Cualquier cosa que sea un estorbo para ti, júzgala: no perdones a ese asno. Quiébrale la cerviz. Si puedes redimirlo, hazlo. Si no, quiébrale la cerviz.

 

"Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos. Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte". (Éxodo 13: 14-16). Todo lo que tengo es del Señor, y si no puedo consagrarlo yo lo juzgo, y esto lo pueden ver los demás. Si tus modos de obrar cambian, eso es lo que es visto manifiestamente por los que te rodean. Muchos nuevos Cristianos pierden una gran cantidad de bendiciones porque no toman una posición categórica y audaz por Cristo cuando se convierten. Si tú confiesas a Cristo a ultranza te ahorrarás una cantidad inmensa de problemas. Si no lo haces, escaparás de la persecución, pero no tendrás el sostén del Señor, ni el consuelo que el Espíritu Santo quisiera darte. Tú no estás en condiciones de tenerlo. Por nuestra cobardía podemos ahorrarnos gran parte de lo que no nos gusta pero, al mismo tiempo, nos privamos de los triunfos y de las victorias a las que Dios nos llevaría, si fuéramos fieles.

 

Veamos ahora algunos versículos del Nuevo Testamento. Cada epístola habla del aspecto práctico de la santidad. Considera en primer lugar la epístola a los Romanos, capítulo 6. ¿Qué encuentro? "Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro". (Romanos 6: 10, 11). Todo está relacionado con Cristo, y tú estás en Cristo, vivo de entre los muertos; de ahí que, "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias". (Versículo 12). El pecado ya no debe gobernarte. El pecado era la voluntad de tu vieja mente, y te gobernaba mientras vivías, pero, habiendo muerto tú escapas de su dominio. "Libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia". (Versículo 18). Tú estás haciendo lo correcto ahora. Todos tus miembros, tu ojo, tu lengua, tu voz, tus oídos, tus manos, tus pies, tu mente y tu fuerza, todo lo que te caracteriza como hombre aquí, ha de ser siervo de la justicia, para santidad. Eso es santificación. Santidad y santificación son la misma palabra en las Escrituras. Tú comienzas a andar de manera santa. "Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna". (Versículos 20-22). Eso es santidad práctica. ¿Y cuál es el fin? La vida eterna. Ese es un hermoso fruto. Vale la pena practicar para esto.

 

Supongamos que vamos a la primera epístola a los Corintios. Nosotros vimos que esta epístola está dirigida a los santos por llamamiento. Se nos dice, en el capítulo 3: 16, 17, que, "el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es". «Ustedes son un pueblo santo, y Dios mora en ustedes». Si Dios mora entre Su pueblo, ¿qué debe ser lo siguiente? Todo lo que es impío tiene que salir, no hay duda de eso. Y por lo tanto, cuando llegas al capítulo sexto, versículo 19, leemos: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo".

 

Pasemos a la segunda epístola a los Corintios (capítulo 6: 16, 17) donde leemos, "Vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré". Si yo toco una cosa inmunda, ella me ensuciará. ¿Hay algún daño en esto? Bueno, no se trata del daño sino de lo que conviene al Señor. El asunto es, ¿Cómo puedo andar aquí para complacer a Cristo? Te daré otra pregunta para que la pongas detrás de la tuya. ¿Qué haría Jesús? ¿Haría Jesús esto? «Oh, Él no lo haría». Entonces yo no creo que ni tú ni yo podamos hacer eso. Observa ahora la promesa bienaventurada a los que han sido apartados, separados, a saber, "Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso". (2ª Corintios 6: 18). Tú comprenderás el sentido de la misma. Él es mi Padre, y yo soy su hijo. "Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios". (2ª Corintios 7: 1). Este es el aspecto práctico del asunto. «Perfeccionar la santidad» es realmente andar siguiendo las pisadas de Cristo.

 

En la epístola a los Gálatas y en la dirigida a los Efesios hay requerimientos que conducen a la santificación, pero la palabra no aparece exactamente en ninguna de ellas. "Si vivimos por el Espíritu, andemos también según el Espíritu". (Gálatas 5: 25 - VM). Esto forma parte de la santidad práctica del Cristiano. "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". (Efesios 4: 30). La santidad es la gran marca del pueblo de Dios, de la casa de Dios y del Espíritu de Dios. Si tú lees la epístola a los Filipenses encontrarás que ella describe al hombre que está en el disfrute de un andar muy bienaventurado y santo delante de Dios. En la epístola a los Colosenses tenemos un despliegue muy práctico de la verdad (capítulo 3, versículos 12 y 13), donde leemos, "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros (es decir, "siendo pacientes unos con otros"), y perdonándoos unos a otros". Imagina a Dios dirigiéndose a ti como a una persona santa. ¿No es admirable que el Señor se dirija a ti y a mí como "santos y amados"? Allí está el asunto en su resultado práctico.

 

En la epístola siguiente tú tienes más que en ninguna otra acerca del uso práctico de la palabra santificación. Leemos, "Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos". (1ª Tesalonicenses 3: 13). ¿Cuál es el significado de esto? El significado es que tú puedas andar de tal manera que no haya nada que el Señor tendría que transformar excepto tu cuerpo. Pablo deseaba que ellos estuvieran en un estado tal que el Señor pudiera establecerlos para siempre. Además, "Porque ésta es la voluntad de Dios, es a saber, vuestra santificación…, que cada uno de vosotros sepa señorearse de su propio cuerpo, en santificación y honra,… Porque no nos ha llamado Dios a vivir en inmundicia, sino en santidad". (2a Corintios 4: 3-7 – VM). Eso es intensamente práctico y el poder para ello se encuentra en el versículo 8. Allí está el poder para un andar santo. Se trata de la habitación del Espíritu Santo. Además, "Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique del todo; y ruego que vuestro ser entero, espíritu y alma y cuerpo, sea guardado y presentado irreprensible en el advenimiento de nuestro Señor Jesucristo". (2ª Corintios 5: 21-23 – VM).

 

Sólo una palabra acerca de la epístola a los Hebreos. Es muy notable la forma en que se habla ellos en el capítulo 3, versículo 1 donde leemos, "Por tanto, hermanos santos", etcétera. ¿Es esta la forma en que Dios se dirige a nosotros? Sí lo es, y como consecuencia el corazón es puesto bajo control de inmediato. El asunto aquí no es lo que yo soy de manera práctica, sino de lo que yo soy en Cristo. El hecho de ser consciente de esto surtirá efecto en el alma. De qué manera ello nos eleva. Considera también el capítulo 12. Esa es una porción de enseñanza muy admirable: "Levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado". Si yo no hago sendas derechas haré una senda torcida para mí y para algún otro. Por otra parte, "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". (Hebreos 12: 12, 13). Es muy sencillo, pero nada podría ser más claro o práctico. Yo debo seguir la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Obviamente yo creo que esto es cierto como un asunto de comunión, y si no estoy andando en el disfrute y el amor del Señor, y en santidad, no soy muy feliz. ¿Conoces tú el secreto de la felicidad? La felicidad siempre sigue a la santidad. Si vas a ser un Cristiano feliz, tendrás que ser santo. Eso es así. No puedes tener felicidad si no participas en la santidad.

 

¿Por qué tú debes ser santo? 1ª Pedro 1: 14-16 nos dice, y además nos manda, que no vivamos como cuando estábamos en Egipto, "Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo". Eso es muy sencillo, amados amigos. Cuando llego a su segunda epístola, Pedro nos dice, "¡Qué clase de personas debéis ser vosotros en conducta santa y piadosa". (2ª Pedro 3: 11 - RVA).

 

El apóstol Juan se dirige así a nosotros, "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro". (1ª. Juan 3: 2, 3). Él hace que la vida, el andar y los modos de obrar de Cristo sean la norma de nuestros modos de obrar. Eso es santificación práctica. Del mismo modo, yo encuentro en Apocalipsis que el bendito Señor, al dar ánimo a los de Filadelfia, dice: "Esto dice el Santo, el Verdadero". (Apocalipsis 3: 7). Él dice: «No olvides que yo soy el Santo y el Verdadero». Hay también lo que es muy hermoso cuando miramos a la eternidad en el capítulo 21 donde leemos, "Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido".  (Apocalipsis 21: 2). No era una gran ciudad. A los hombres les gusta lo que es grande. Babilonia es llamada "la gran ciudad", pero Dios busca lo que es santo y Él lo encuentra en la Iglesia. En ese capítulo tenemos un cuadro bienaventurado de la pureza eterna.

 

Y ahora, como si Dios quisiera apremiar nuestras almas a la santidad, leemos por último en Apocalipsis 22: 11, "El que es justo, haga justicia todavía, y el que es santo, santifíquese todavía". (RVA). La santidad ha de caracterizar siempre al santo, y si tú seguirás el rastro de las Escrituras que presentan así la santificación en su aspecto práctico y progresivo, — pues debiésemos ser más santos hoy que ayer, — tú encontrarás que ellas ayudarán a tu alma en esta orientación.

 

 

Como Tuyos nos conociste de antemano desde toda la eternidad;

Tus escogidos, tus amados de siempre, mantenidos presentes a Tus ojos;

Y cuando llegó el momento, — Tú, llamando por medio de Tu gracia,

nos atrajiste suave y firmemente a cada uno desde su escondite.

 

Tu Palabra, reflejándote a Ti, santifica por medio de la verdad,

Guiando aún a tus hijos con amable crecimiento celestial.

Así continúa aún la obra, la obra comenzada por la gracia,

Para cada uno es adecuada, y es formación, Padre, para ver Tu rostro.

 

W. T. P. Wolston

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Agosto 2021.

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
"Sanctification: Its Practical Aspect", by W. T. P. Wolston
"FROM EGYPT TO CANAAN"
 Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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