EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

SUSTENTO - EL MANÁ Y EL AGUA (De Egipto a Canaán, W. T. P. Wolston - Capítulo 7)

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Duración: 36 minutos y 46 segundos.-

DE EGIPTO A CANAÁN

 

W. T. P. Wolston

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960, excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

Capítulo 7: Sustento – El Maná y El Agua

 

Lectura Bíblica: (Éxodo 15: 22-27; Éxodo 16: 1-36; Éxodo 17: 1-16)

 

Si no conociéramos el mal incorregible y la profunda incredulidad de nuestros propios corazones, tal vez nos asombraría un poco lo que está registrado en estos capítulos. Pero el hecho es que Israel era semejante a nosotros. A ellos les resultaba muy difícil confiar en Dios. Y tú y yo, como santos, encontramos muy difícil confiar en Dios. En vista de las dificultades de nuestra senda Dios nos ha dicho todo esto para nuestro consuelo y estímulo. Observarás que lo que sale a la luz es esto, a saber, que la murmuración del pueblo sólo saca a relucir la gracia de Dios. Esto es en este punto de la historia de ellos. Tú tendrás que notar que ellos están bajo la gracia pura, hasta el Sinaí. No es nada más que gracia soberana. Ellos están en el terreno de la expiación, y nada más que gracia sale a relucir.

 

Encontrarás que ello hace toda la diferencia en la historia de tu alma, ya sea que estés ante Dios consciente de lo que Su gracia es, o que estés ante Él en una condición legalista, pensando en lo que tú debieses ser. Gracia es el descubrimiento para mi alma de lo que Dios es en toda circunstancia posible. Nosotros vimos cómo esta multitud hizo retumbar los cielos con un cántico de alabanza a Dios cuando vieron a todos sus enemigos muertos en la orilla del mar. Y yo me pregunto si alguna vez has notado este versículo, "Los salvó de mano del enemigo, Y los rescató de mano del adversario. Cubrieron las aguas a sus enemigos; No quedó ni uno de ellos". (Salmo 106: 10, 11). Hermosa pincelada del Espíritu de Dios en cuanto a lo que Dios hizo entonces. Y mientras leías el siguiente versículo, "Entonces creyeron a sus palabras Y cantaron su alabanza" (versículo 12), tú habrías pensado,  «seguro que seguirán adelante, animada, gozosa, y felizmente». Cuando tú te convertiste pensaste eso. Ustedes, queridos jóvenes, tal vez pensaron que nunca tendrían una dificultad cuando se convirtieron. ¿No es sorprendente la siguiente cosa que leen? "Bien pronto olvidaron sus obras; No esperaron su consejo". (Versículo 13).

 

Sigamos ahora los pasos de Israel en el desierto, el lugar donde nosotros, al igual que ellos, somos probados, y donde tenemos que aprender lo que nosotros somos, así como lo que Dios es, revelado en Cristo. "Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara". (Éxodo 15: 23 – LBA). Es decir, yo pienso que hablando de manera práctica, si la muerte nos ha libertado tenemos que probar la muerte. ¿Qué nos ha libertado? La muerte de Cristo, y tenemos que aceptar la muerte. No nos gusta. En nuestras circunstancias a menudo tenemos que probar la muerte, porque la muerte es hecha llegar a nosotros. Aquí nos encontramos a menudo con lo que no podemos beber. Tal vez tú tengas una copa tal justo ahora. Dices que no puedes beberla. No, no puedes beberla amarga, pero si la relacionas con Cristo, si pones la cruz dentro de ella, podrás beberla.

 

"Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?" (Éxodo 15: 24 – LBA).  Cristo siempre dijo, sin importar lo que hubiera en la copa, "La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?". (Juan 18: 11). ¡Qué diferentes son estas dos preguntas! "Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron" (Éxodo 15: 25). Se trató de otra intervención milagrosa de Dios. No me cabe duda de que esto tipifica la cruz. Fue un árbol, un madero, y sabemos que Jesús sufrió en el madero. Si el dolor nos alcanza, echa el madero adentro; relaciona la cruz con él, y el amor de Dios allí exhibido, y que la amargura de la expiación fue soportada por Cristo, y todo será dulce para ti. Cuando el madero fue echado en las aguas, las aguas se endulzaron. Y así leemos: "Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". (Romanos 5: 3-5). Conecta tú la cruz con el dolor que quizás justo ahora está quebrantando tu corazón, y todo cambiará y se endulzará. ¿Qué fue la cruz? Fue la revelación del amor de Dios para conmigo. ¿Es Él menos amoroso hoy en día en Sus tratos contigo y conmigo que en el día en que dio a Su bendito Hijo para que muriera por nosotros? Sólo tienes que ver que todos Sus tratos son los actos del perfecto amor. Es dulce cuando el amor entra y entonces puedes beber el agua, sin importar cuán amarga haya sido previamente.

 

Lo siguiente fue: "Llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas." (Éxodo 15: 27). Eso es hermoso. Ellos fueron probados y murmuraron pero Dios no los castiga. Independientemente de lo que tú estés pasando, si lo asumes como viniendo de Dios, ello es aceptado como de Él, y la bendición es siempre el resultado. Si tomas la copa de manos del diablo, tendrás que beberla con el diablo. Pero si tomas la copa de Dios tendrás la compañía de Dios, y el sustento de Dios. Elim es una imagen encantadora de la ternura de los modos de obrar de Dios con Su pueblo en el paso inicial mismo de la senda del desierto. Cuando nos convertimos tal vez nos encontramos en las mismas circunstancias externas, pero todo ha cambiado en nuestras almas pues ya no somos esclavos del pecado en Egipto, sino santos de Dios que se regocijan en la libertad con que Cristo nos ha hecho libres, y en nuestro camino hacia la gloria. El refrigerio de Dios nos sale al encuentro a cada paso, tal como Él llevó a Israel a los doce pozos de agua y a las setenta palmeras. Éstos son el retrato mismo de lo que tú llamarías gracia en su plenitud, dando refrigerio y sombra. Doce pozos son la integridad del refrigerio. Doce en la Escritura es el número que expresa la integridad en la forma de administración humana. Setenta palmeras sugieren la perfección del cuidado al dar sombra. El Señor envió a doce discípulos, y luego envió a otros setenta (Lucas 9: 1; 10: 1) para ministrar bendiciones, y uno no puede dejar de relacionar estos números en Elim con los doce y los setenta de allí. Pienso, entonces, que los doce pozos y las setenta palmeras son la perfección del amor del Señor en Su deseo de satisfacer la necesidad de Su pueblo.

 

Refrigerio y sombra son misericordias del desierto, e Israel encontró que Elim era un lugar muy hermoso, sin duda, pero no podían detenerse allí, y tú y yo tenemos que avanzar. Cuando encontramos un Elim, la cosa misma que acomoda a nuestros corazones, quisiéramos establecernos, pero eso Dios no lo permitirá, y debemos retomar la senda. En Éxodo capítulo 16 versículo 1 leemos, "toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin". (LBA). No es mencionado aquí un hecho muy significativo registrado en Números 33: 10, a saber, "Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo". Tú dices, «Oh, yo pensaba que habían terminado con el Mar Rojo para siempre. ¿Por qué estaban allí de nuevo?» Simplemente porque habían perdido, si puedo decirlo así, el sentido del gran poder de la mano que había abierto el Mar Rojo para ellos. En tres días estuvieron murmurando y preguntándose qué iban a hacer. Dios convierte el agua amarga en agua dulce, los lleva a los doce pozos y a las setenta palmeras, y luego Él les dice: «Id y dad otra mirada al modo en que Yo os he sacado de Egipto».

 

Ah, amados, Dios quiere ver volver nuestros corazones, una y otra vez, a la maravillosa verdad de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo. Nosotros hacemos bien en volvernos atrás en la historia de nuestras almas a ese momento, momento que el Espíritu de Dios no quiere que olvidemos nunca. Lee la historia de Israel y observa cuántas veces Dios les dice: "Acuérdate de que tú fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te redimió". (Deuteronomio 15: 15 - VM). Él Siempre mantendrá fresco en el alma el sentido de lo que Su gracia es.

 

Guiados por Dios, ellos pasan del Mar Rojo al desierto de Sin. Es muy notable que el nombre del lugar indique, en el idioma Inglés, lo que salía a relucir, — a saber, "Sin", = pecado. "Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto". (Éxodo 16: 2). Es una cosa muy sorprendente la manera en que esta palabra "murmuró" aparece repetidamente en la historia de ellos, y sin embargo, Dios se ocupa de ello en gracia. Leemos, "Y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. Y dijo Moisés a Aarón: Dí a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones. Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube". (Éxodo 16: 3-10). Qué contraste, la murmuración del hombre y la benignidad de Dios. Muy a menudo son nuestras circunstancias las que producen este refunfuño contra Él. ¡Es la voz de la incredulidad!

 

Generalmente nosotros descubrimos dónde estamos mediante un espíritu murmurador. Nada es más fácil que un espíritu de murmuración se introduzca en el corazón de un santo o de una asamblea. ¡Oh, el mal que hace un santo murmurador! De ahí el solemne mandato: "Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor". (1ª Corintios 10: 10). ¿Dónde fue la primera manifestación del mal en el Nuevo Testamento? No mucho tiempo después que la Iglesia de Dios fue establecida, un varón y una mujer se pusieron de acuerdo para decir una mentira. Ellos quisieron parecer más consagrados de lo que realmente eran. Dios no toleraría eso en Su asamblea, y fueron cortados. (Hechos 5: 1-11). Luego leemos: "En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria". (Hechos 6: 1). La gracia remedió esa murmuración espléndidamente al designar a siete griegos (no un número igual de hebreos y griegos) para que cuidaran los fondos de la asamblea y se ocuparan de los pobres. La murmuración era realmente contra Dios y no contra los siervos de Dios. Toda murmuración, cuando la examinamos con imparcialidad, no es contra las circunstancias, ni contra los santos, sino que es siempre el resultado de una categórica incredulidad hacia Dios. Ese es el asunto.

 

Y esa es la lección que aprendemos aquí, en el desierto de Sin. La encontramos en las palabras: "Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones". (Versículo 9). Ah, Él no los juzga. Por el contrario, Él deja que Su gloria se acerque para que la luz misma de Su presencia resplandezca sobre este pueblo murmurador. Ellos habían dicho: "Ojalá hubiéramos muerto". (Versículo 3). Mis queridos amigos, ¿qué era mejor? ¿Trabajar en los hornos de ladrillos de Faraón, o recorrer el desierto con Dios? ¿Quién podría tener por un momento alguna dificultad en cuanto a eso? Ellos habían olvidado su esclavitud. Todo lo que recordaban era aquello de lo que se habían alimentado. Estaban lejos de las ollas de carne de Egipto. Pero aún no habían aprendido la suficiencia de la plenitud de la mano de Dios. Y de qué manera los trata Jehová. Oh, considera tú Su gracia! "Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer". (Éxodo 16: 11-15).

 

Amados, ¿Qué es el pan? Pues es Jesús. Este maná es Jesús. "Pan del cielo". El Señor Jesús dijo a los judíos: "De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo". (Juan 6:32). Qué hermosa respuesta a la murmuración es la tierna acción de Dios. Aquí estaba toda esa gente murmurando y Jehová se interpone y hace "llover pan del cielo" para ellos. Te pediré que leas el capítulo 6 del evangelio según Juan, porque encontrarás que es maná. Sólo hay dos cosas de las que se alimenta Israel en el desierto: codornices y maná (Éxodo 16: 13-16). Cuando ellos llegaron a Canaán tuvieron "el fruto de la tierra". (Josué 5: 11, 12).

 

¿Qué es el maná? El maná es Cristo en esta escena, descendido del cielo, pasando humildemente a través de esta escena y viviendo exactamente como el hombre debería vivir aquí para Dios. Él mismo nos dice qué es el maná. Pero nosotros no lo entendemos. Decimos como ellos: "Maná", "¿Qué es esto?". Pero entonces tú y yo no podemos alimentarnos de ese maná a menos que lleguemos a él a través de la muerte. "Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". (Juan 6:53). Por lo tanto, el maná es Cristo humillado, como Él lo fue en esta escena. El "fruto de la tierra" es Cristo glorificado. Tú y yo tenemos que comer ambos. Porque, aunque estamos en el desierto, estamos yendo al cielo, estamos en nuestro camino al hogar con Dios, y el Espíritu de Dios lleva nuestras almas a lugares celestiales ahora. Tú debes comer ambos.

 

La persona que sólo come maná nunca toca terreno celestial. Y la persona que sólo se ocupa en lo que es celestial y descuida el estudio del Cristo humillado, y no se apropia de Su muerte, no andará en la plenitud de la verdad ni en la gracia de Cristo. Para tener valor y poder debes tener tu vista en un Cristo glorificado. Pero, para andar como Cristo en esta escena, en todas las circunstancias y dificultades en las que tenemos que andar, debemos tener la vista puesta en Cristo como un hombre humilde y sumiso en esta escena. Yo encuentro un modelo perfecto en la senda y la vida del bendito Señor Jesucristo cuando pasó a través de esta escena. Un peregrino se alimenta de maná. Un soldado se alimenta del fruto de la tierra. Tú encontrarás que la persona que sólo se alimenta del "fruto de la tierra" puede ser recia, dura, tosca y prácticamente carente de gracia en sus modos de obrar. Por otra parte, tu encontrarás que la persona que sólo se alimenta de maná, de la vida de Jesús, es muy humilde, amable y tierna, pero no conoce mucho acerca de un Cristo celestial, y por eso carece de energía y denuedo en la fe.

 

Lo que queremos, amados amigos, y, gracias a Dios, lo que Él nos ha dado, es todo verdad. Queremos a Cristo para nuestras almas en cada aspecto en los que Dios Le ha presentado. Si tú lees en los Evangelios, obtienes la revelación de lo que es el maná. Léelos una y otra vez. Ellos son el alimento de Dios para nuestras almas mientras atravesamos esta escena del desierto. ¿Acaso no fue Él tentado? Sí, tal como nosotros lo somos. ¿Cómo se mantuvo Él a Sí mismo? Mediante la sencilla dependencia de Dios. Él es el alimento de nuestras almas porque solo a Cristo tenemos para alimentarnos aquí abajo.

 

Hay muchos principios importantes en este capítulo (Éxodo 16). Cada hombre debía recoger maná para sí mismo. Debía recoger una medida completa, y debía recogerlo temprano. Si no lo recogía temprano, no lo recogía en absoluto. Y no debía guardarlo hasta la mañana. Yo debo recoger maná, recoger a Cristo, temprano en el día para ser alimentado adecuadamente para el día. Sólo puedo recoger a Cristo de la Escritura, así que eso es lo que hace que la lectura de la Escritura, y el estudio de la Escritura, sean tan importantes. Alimentarse de la Escritura. Esa es la manera de avanzar. Lee la Palabra de Dios porque si lees la Palabra ella alimentará tu alma.

 

No debes olvidar que todavía tienes la carne en ti, y a la carne le gustan las cebollas y los puerros de Egipto tanto como siempre. (Números 11: 5). Sin embargo, tú, por gracia soberana, eres una nueva criatura, una nueva creación, en Cristo. Tienes una nueva naturaleza y ésta se alimenta de Cristo y nada más que de Cristo. ¿Me empeño yo en alimentar al viejo hombre, o en alimentar al nuevo? Ese es el asunto, ¿no lo ves? Lo único que alimentará al nuevo hombre es la Escritura, o aquello que pueda ayudarme a entender la Escritura. Permíteme decir que tengas cuidado con lo que lees, pero lee. Pablo le dijo a Timoteo: "Ocúpate en la lectura". (1ª Timoteo 4: 13 - LBA). ¡Sabio consejo! Él valoraba la lectura, por lo que al mismo hombre él escribió: "Trae, cuando vengas… los libros, mayormente los pergaminos". (2ª Timoteo 4: 13). Los que no leen más que la Biblia suelen ser las personas más ignorantes que conozco. Parece piadoso decir: «Sólo leo la Biblia». En realidad ello es soberbia de corazón, pues debemos recordar que Dios ha dado muchos siervos preciosos, quienes, con los trazos de su pluma, han expuesto Su verdad. Ten eso en cuenta.

 

Leer es muy importante, pero vuelvo a decir, sé tú cuidadoso con lo que lees. Los libros, tú sabes, son grandes compañeros. Pero, al mismo tiempo, es importante tener en cuenta de qué manera el contenido de un libro dejará su huella en ti. Un libro que el Espíritu de Dios no ha escrito alimentará la carne, pero no alimentará la vida de Dios en ti. La Escritura me detecta, me juzga y me alimenta. Lee el Salmo 119 y observa cómo 174 de sus versículos ensalzan el valor de la Palabra. Asegúrate de recoger maná, y de recogerlo en abundancia.

 

En Números 11: 9 leemos que "cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él". Yo entiendo que eso es el cuidado que el Espíritu de Dios tiene por la bendita Persona del Señor Jesucristo. El maná nunca toca la tierra, aunque está en la tierra. Cristo estaba en la tierra, pero no era terrenal. Él era el celestial sobre la tierra. Es el hermoso cuidado del Espíritu de Dios con respecto a la encarnación del propio Hijo amado y bendito de Dios.

 

Al final de Éxodo 16: 33, leemos: "Y dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes". Y también leemos acerca de la "urna de oro que contenía el maná". (Hebreos 9: 4). Esto es Cristo nuevamente, el recordatorio eterno en la gloria de aquel vaso divino que contenía una vida humana perfecta y humilde en la tierra. El Jesús que estuvo aquí abajo, es el Jesús que está allá arriba; y el Jesús en quien el Espíritu Santo quiere que fijes tu vista, es el Jesús que anduvo aquí abajo y dijo: "Sígueme".

 

Éxodo capítulo 16 presenta así el alimento del pueblo de Dios en el desierto. Esto es lo que debemos percibir siempre de la Palabra escrita. Por lo tanto, cuanto más tengas de la Palabra de Dios, mejor. Oportunamente, en el transcurso de tu vida, quizás te encontrarás con alguna dificultad y dirás: «Realmente no sé qué hacer». Si tuvieras las Escrituras impregnadas en tu mente sabrías qué hacer. "Entonces me acordé de lo dicho por el Señor" (Hechos 11: 16), salvó a Pedro del error. La Palabra de Dios nos enseña nuestra ruta para cada tramo de la senda aquí. El libro de Proverbios es inmensamente interesante y de gran valor en este aspecto. Yo lo recomiendo para que lo estudies atentamente mientras que al mismo tiempo te recomendaría no tener porciones favoritas de las Escrituras. Léela por completo, y estúdiala con esmero, y en oración. Porque, de lo contrario, no accederás a la amplitud de la verdad de Dios. Oh, cuán inefablemente valiosa es, entonces, la Palabra de Dios. Bueno, eso es el capítulo dieciséis.

 

Pero, tú tienes el otro aspecto de la verdad, que sale a la luz en el capítulo 17 de Éxodo. Otra vez ellos estuvieron murmurando. Leemos, "Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?" (versículo 3). Poco faltó para que ellos lo apedrearan (versículo 4), pero la gracia de Dios fue predominante. "Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel". (Versículos 5, 6). ¿Qué era esa roca? Sólo escudriña tu Biblia y ve a la primera epístola de Pablo a los Corintios, y lee, "Y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo". (1ª Corintios 10: 3, 4). Yo no sé si tú y yo hubiéramos dicho que «esa roca era Cristo», pero lo era. Lo que tú tienes aquí es otra figura de la cruz. Es la muerte de Cristo con las más bellas consecuencias. "He aquí, hirió la peña, y brotaron las aguas, y torrentes inundaron la tierra". (Salmo 78: 20 – VM). Esto representa sin duda el Espíritu de Dios. Tienes el maná, Cristo, en el capítulo decimosexto. Y ahora, en el decimoséptimo, las aguas que brotan son figura del Espíritu de Dios que descendió de un Cristo ascendido al cielo. "En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado". (Juan 7: 37-39).

 

Yo no sólo tengo a Cristo para alimentarme, tengo el Espíritu de Dios. Por lo tanto, amigos míos, vean cuán plenamente nos ha equipado Dios para la senda, sí, para la batalla y el conflicto de la senda que siguen inmediatamente. Dondequiera que ellos iban los seguían los torrentes (1ª Corintios 10: 4). No creo que la roca se movía sino que lo que salía de la roca los seguía. Detrás, siguiendo el rastro de ellos, aquel río resplandeciente los acompañaba. Mañana tras mañana descendía el pan, y día tras día el agua los seguía. Fue el cuidado de Dios, ejercido de manera milagrosa.

 

También nosotros somos objeto de milagros de gracia a lo largo del recorrido. Sólo tenemos que ser sencillos, como niños y confiados. Que Dios nos guarde de las murmuraciones. No hay nada tan mortífero para el alma. Que el Señor nos dé una confianza más dulce y sencilla en Él. La muerte de Cristo nos ha libertado de la mano del enemigo, tú tienes a Cristo para alimentarte, y tienes al Espíritu Santo habitando en ti. Estás en una buena posición.

 

Y ve ahora lo que sigue a continuación. En el momento que ha habido el refrigerio de Dios el enemigo viene como una inundación. El enemigo siempre trata de oponerse a tu progreso espiritual. No es hasta que hayas recibido el Espíritu Santo que hay un conflicto real. "Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim".  (Versículo 8). Amalec es un tipo de la carne. Lee la Epístola a los Gálatas en relación con este incidente aquí, y obtendrás ayuda. "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y así jamás satisfaréis los malos deseos de la carne. Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente, para que no hagáis lo que quisierais". (Gálatas 5: 16, 17 - RVA). La carne y el Espíritu son contrarios el uno al otro. Ahora tú tienes realmente dos naturalezas. Tú quieres hacer lo correcto y la carne se opone. Si permites la carne harías lo que no complace al Señor. Pero si tú estás en el poder del Espíritu, obtienes una victoria. La obtención de la victoria dependía de Moisés.

 

"Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada". (Éxodo 17: 9-13). Cuando se trató de Faraón, la palabra fue: "No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos". (Éxodo 14: 13, 14). Dios hace todo la pelea si el asunto estriba en librarte del poder de Satanás. Pero, cuando se trata de la carne, — y presta atención, tú siempre tienes la carne dentro de ti, — entonces debe haber conflicto, y la orden es, "pelear contra Amalec". ¿Cuál es el poder para el conflicto? Es el Espíritu Santo. El hecho mismo del conflicto muestra que el Espíritu Santo está en mí. No se trata de si yo soy salvo o no, sino de si la voluntad de Dios va a ser llevada a cabo, o si la carne, que siempre trata de obstaculizarme, me va a detener en mi curso como cristiano.

 

Observa lo que sigue a continuación. Moisés ora y Josué pelea. Esta es la primera vez que tú lees acerca de Josué. Tienes mucho acerca de él después. No tengo ninguna duda de que la oración de Moisés es figurativa de la intercesión actual de nuestro Señor en lo alto, y que Josué es un tipo del Cristo resucitado en la energía del Espíritu de Dios. Si tú andas en el Espíritu es seguro que vas a obtener la victoria. Cuando yo proveo para la carne, entonces estoy derrotado. Esto puede llevar a un creyente nuevo a dudar de su conversión, o de que él sea realmente salvo. Esto es un gran error porque Israel nunca volvió a Egipto, aunque ellos fueron llevados a Babilonia. Tú nunca puedes ser otra cosa que un hijo de Dios. Puedes bajar a Babilonia, es decir, acceder al mundo moralmente, pero estarás bajo la mano de Dios allí, pero eres aún Su hijo. Yo puedo elegir mi propia senda y Él puede tener que enviarme prisionero, por así decirlo, a Babilonia, pero siempre soy hijo de Dios.

 

El conflicto entre la carne y el Espíritu dentro de nosotros es una señal de que hemos sido convertidos. "Cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec". (Versículo 11). Nosotros dependemos de la intercesión continua de nuestro bendito Señor Jesucristo. ¿Crees tú que Sus manos alguna vez bajaron?  No.  ¿Se cansan alguna vez? Imposible. Leemos, "Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo". (Lucas 24: 50, 51). Él fue visto subir al cielo con las manos alzadas en señal de bendición, y así están hasta el día de hoy. Sus manos nunca se cansan. "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros." (Romanos 8: 33, 34). Además, Él vive para siempre para interceder por nosotros (Hebreos 7: 25).

 

Amalec fue derrotado aquel día (Éxodo 17: 13-16), pero Dios recordó la maldad de ellos. Leemos, "Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides". (Deuteronomio 25: 17-19). Más tarde se le dijo a Saúl que lo exterminara, pero no lo hizo completamente (1º Samuel 15). El asunto es este, la carne debe morir. Pero, ¡qué cosa más bienaventurada! Tú tienes el Espíritu de Dios en ti, y tienes a Cristo en lo alto para ti. Somos un pueblo bien cuidado (Éxodo 17: 15, 16).

 

"Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi", es decir, Jehová es mi estandarte. (Versículo 15). Ahora tú serás un adorador. Pienso que eso es lo que lleva al alma a la adoración. ¡El Señor es mi estandarte! Si el Señor es tu estandarte, la victoria es segura. Pues bien, esa es la forma en que Dios inaugura la historia de Su pueblo. Libre fuera de Egipto, y probado en el desierto. Cuanto más tú eres probado, más aprendes lo que la gracia de Dios es. Tienes a Cristo para alimentarte y el Espíritu de Dios para sustentarte y llevarte a la victoria, junto con la maravillosa verdad de la intercesión del bendito Señor Jesús, ahora a la diestra de Dios. Personas felices son todos los que andan en estas preciosas verdades.

 

Tú eres mi pan, Señor Jesús, Por siempre viviré de Ti:

Tú eres mi vino, Señor Jesús, Porque Tu sangre fue derramada por mí.

Antes que mi carrera, mi curso finalicen,

Antes que la corona de la vida sea ganada, —

Tú eres mi pan. Tú eres mi vino, mi exultación,

Tú eres la fortaleza de mi salvación.

 

Tú eres mi fuerza, Señor Jesús;

El poder y la alabanza Te pertenecen:

Tú eres mi cántico, Señor Jesús, Porque Tu gracia me basta.

Hasta que las lágrimas del tiempo se acaben,

Hasta que el tentador no me tiente más, —

Tú eres mi fortaleza: Tú eres mi cántico en la tribulación,

Tú eres el cuerno de mi salvación.

 

Tú eres mi luz, Señor Jesús, y amo contemplarte;

Tú eres mi vida, Señor Jesús, Te entregaste por mí.

Aunque las luces menores palidezcan,

Aunque mi carne y mi corazón puedan fallar, —

Tú eres mi vida: Tú eres el sol de la creación de Dios,

Tú eres mi luz y mi salvación.

 

Tú eres mi esperanza, Señor Jesús, Te estoy esperando aquí;

Tú eres mi ganancia, Señor Jesús, Tú eres todo en todo para mí.

Tú eres mi gozo, mi paz, mi luz, Tú mi vida, mi esperanza, mi poder, —

Tú eres mi alabanza; Tú eres mi Señor, mi adoración,

Tú eres el Dios de mi salvación.

W. T. P. Wolston

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Agosto 2021.

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

LBA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

Título original en inglés:
"Sustenance: the Manna and the Water", by W. T. P. Wolston
"FROM EGYPT TO CANAAN"
 Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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