EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

DE EGIPTO A CANAÁN (W. T. P. Wolston - Obra Completa)

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DE EGIPTO A CANAÁN

 

W. T. P. Wolston

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960, excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito.

Capítulo 1

 

Esclavitud y Protección

 

Lectura Bíblica: Éxodo, capítulos 1 a 12

 

El libro del Éxodo es prácticamente lo que ustedes podrían llamar el libro de la redención, el libro de la huida. En Génesis ustedes tienen creación, pero en Éxodo ustedes tienen redención, —redención de la esclavitud mediante compra y mediante poder. Si ustedes piensan que Éxodo ilustra toda la verdad del evangelio, ello es un inmenso error. Este libro sólo los saca a ustedes de Egipto y los lleva al desierto, con independencia de cuál sea el significado de estos tipos. El libro de Levítico les muestra de qué manera las almas que están en el terreno de la redención pueden acercarse a Dios alegremente, cuyo propósito fue traerlos primero a Él mismo, y después llevarlos a una tierra que fluye leche y miel. En el libro de Números es vista la forma en que a ellos se les cuida al pasar por el desierto, de camino hacia la tierra prometida. Así, en tipo y figura, nosotros vemos aquello a lo que Dios nos llevaría ahora.

 

Posiblemente, ustedes acaban de despertar para descubrir la bienaventurada verdad del evangelio, y se han enterado de que ustedes están yendo al cielo. Por lo tanto, me gustaría decirles, antes que den muchos pasos en el viaje hacia el cielo, que ustedes pueden saber mucho acerca del cielo antes de que lleguen allí. Todos estos incidentes en la historia de Israel no son más que figuras y tipos, o cuadros ilustrativos que Dios nos ha presentado para mostrarnos la manera en que trata con nuestras almas ahora, y así, aunque todavía estamos en el mundo, podamos obtener un conocimiento cada vez más profundo de Dios.

 

Si ustedes consideran el comienzo del libro del Éxodo, encontrarán que los Israelitas estaban en el mundo, y viviendo en la carne. Egipto es una figura de este mundo donde Satanás gobierna, donde se da satisfacción a la carne, y donde ella tiene mucho de que alimentarse, y donde, como pecadores, se nos encuentra siendo siervos de Satanás. Tal vez pase algún tiempo antes de que descubramos cuál es realmente nuestro caso. En el segundo capítulo el rey de Egipto comenzó a oprimir a los hijos de Israel. En el tercer capítulo Dios ha preparado un libertador en la persona de Moisés. Él estaba en el lado occidental del desierto cuando "se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema". Él no podía entender cómo podía haber una zarza en llamas, y sin embargo no se quemaba. Entonces Dios le habló. Él tenía sus ojos puestos sobre Su pueblo, pueblo hasta entonces no consumido en medio de la aflicción, y Él iba a sacarlos de allí; y aunque como pueblo impío era susceptible de la ira de un Dios santo, Él encontraría una manera por la cual Él podría morar entre ellos y llevar a cabo Sus propósitos acerca de ellos. Es una gran cosa tener en nuestros corazones el pensamiento del propósito de Dios.

 

El capítulo tres explica un poco cuál es el propósito de Dios, a saber, sacarnos de la esclavitud y llevarnos a esa bienaventurada escena santa de amor y libertad donde Cristo está ahora, y situar nuestros corazones en el disfrute de todo lo que es Suyo allí. Los gemidos de Israel habían subido a Dios, y así lo han hecho los de ustedes y los míos. ¿Qué llevó a Dios a mí? ¿Cómo es que ustedes se convirtieron? ¿Qué había detrás de todo? Estaba el propósito de Dios, y Él tenía Sus ojos puestos sobre nosotros, y Su oído estaba abierto a nuestro clamor de angustia. Leemos, "Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel". (Éxodo 3: 7, 8). Ese era el propósito de Dios, mientras que al mismo tiempo Israel aprendía que no había nada que diera descanso a sus almas en Egipto. Eso es lo que obtenemos en el capítulo 15 de Lucas donde leemos, "pero nadie le daba". (Lucas 15: 16). ¿Qué es eso? Ustedes se encuentran en un escenario que no puede darles ni una sola cosa que satisfaga al alma. La voluntad del hijo pródigo lo alejó de su padre. ¿Qué lo trajo de regreso? Su miseria.

 

Así también aquí, pues Jehová había visto toda la miseria de Su pueblo y Su propósito era libertarlos. Dios tenía Sus ojos puestos en la aflicción, el dolor y la prueba de Su amado pueblo, y había dos cosas que Él se proponía. Libertarlos y sacarlos de esa tierra (que era la tierra del látigo, así como de las ollas de carne y de los puerros, y donde resonaba el latigazo del exactor, y llevarlos a una tierra buena y grande, a una tierra que fluye leche y miel. Sí, en efecto, el cielo es una tierra que fluye leche y miel. Esta es la figura que Dios utiliza para describir la bienaventuranza de la asociación con Cristo en el cielo, y el gozo, la alegría y la paz inefables con los que el Espíritu Santo llena el corazón de un creyente.

 

Ahora bien, ese era el propósito de Dios pero, ¿cuánto tiempo tardaron ellos en llegar a Canaán? Tardaron cuarenta años y aprendieron muchas lecciones en esos años. ¿Cuál era el propósito de Dios? Sacarlos y llevarlos a entrar. El desierto no era parte del propósito de Dios pero era parte de los modos de obrar de Dios. Ellos mismos tenían que aprender. Y eso es lo que tú no has aprendido todavía, mi querido recién convertido. Yo quiero animarte. ¿Qué tendrás que aprender? Deberás aprender, tal vez de manera muy práctica y amarga, la absoluta inutilidad de la carne. Entonces aprenderás la benignidad del Señor, y la ternura del Señor, y la piedad del Señor, y la manera maravillosa en que el Señor vendrá a encontrarse con tu alma y socorrerla. Eso es lo que ellos aprendieron (véase Deuteronomio 8).

 

Quiero que tengas muy clara la diferencia entre el propósito de Dios y Sus modos de obrar. ¿Y cuál es el propósito de Dios? Tú respondes, «Él no me va a juzgar». Pero yo no llamaría a eso el propósito de Dios. Eso es Su misericordia. Su propósito es tenernos a ti y a mí en la gloria celestial dentro de poco, a la absoluta semejanza de Cristo. "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". (Romanos 8: 29, 30). ¿Y por qué? Porque Su propósito era conformarnos a la imagen de Su Hijo. Maravillosas nuevas, en verdad, amados amigos, de que a ustedes y a mí, una vez esclavos del pecado y de Satanás, Dios nos va a tener para siempre en el gozo de Su presencia, y en la semejanza de Su bendito Hijo. Si tú tienes el propósito de Dios revelado a tu alma por el Espíritu, y lo comprendes por medio de la fe, tendrás un buen comienzo, y también una buena travesía.

 

En el cuarto capítulo Moisés recibe su comisión: "Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva". (Éxodo 4: 22, 23). Ahora bien, presten atención, hay una relación. Si tú eres un creyente en el Señor Jesucristo ya no eres considerado por Dios como un pobre pecador. Ya no eres un esclavo. ¿Cuál es el mensaje que Moisés tiene que llevar? "Israel es mi hijo". Es algo maravilloso despertar, en el mismo día de tu conversión, a la verdad de la filiación. Deja "ir a mi hijo, para que me sirva". Ese es el asunto. Dios entra, y dice, «Yo debo tener a Mi pueblo todo para Mí mismo». Si tú acabas de ser llevado a conocer al Señor, qué cosa tan maravillosa es encontrar que el corazón de Dios late hacia ti como un hijo, y que Él procura que tú disfrutes la filiación. ¿La disfrutas tú?

 

El capítulo cinco nos presenta un privilegio adicional cuando oímos a Jehová decir: "Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto". ¿Qué quiere el Señor de ti? Una fiesta. Tú eres llamado a celebrar ahora, pero debes salir sin nada de Egipto para eso. Y así como Faraón dijo: "¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel" (Éxodo 5: 2), así Satanás impedirá que el recién convertido rompa seriamente con el mundo si él puede hacerlo. Lo primero que tú descubres es que eres un pecador, y lo siguiente, que has de ser un adorador. Tú nunca puedes adorar en el mundo, ni puedes cantar verdaderamente el cántico de liberación en Egipto. Los pecadores pueden realizar una forma de adoración. Pero la adoración espiritual es un asunto de la verdad y disfrutar del Padre, y debe haber una disociación de lo que es del mundo y de la carne, para que eso sea conocido. Por eso podemos entender las palabras de Moisés y Aarón: "El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios". (Éxodo 5: 3). Tres días de camino en el desierto. Es una buena distancia; deja el mundo bastante atrás. Tú encontrarás tres días de manera abundante en las Escrituras. Pero Faraón no aceptará esto, e inmediatamente aumenta sus cargas y su servidumbre. Esto es muy instructivo. Mientras nosotros seguíamos haciendo cómodamente la obra del diablo, él nos dejaba en paz, pero en el momento que, por así decirlo, las cadenas se hicieron sentir, oh, cómo incrementó él la presión. (Éxodo 5: 4-19).

 

Esta acción de Faraón es sólo una figura de la manera en que el diablo, cuando ve que un alma busca liberarse, inmediatamente ata las cadenas más fuertemente alrededor de él para que no escape hacia Cristo. Oh, agradece a Dios si tú has pasado a través de esta miseria y eres libre. Tal vez digas: «Creí que había creído en el evangelio, y sin embargo ahora no soy mejor que antes, y estoy lejos de ser feliz». No desmayes, ni dejes que Satanás te haga retroceder. Es bueno que aprendamos, al principio, nuestra absoluta inutilidad e impotencia. Eso es por lo que el alma debe atravesar. Tú no tienes ningún poder, y Satanás tiene mucho.

 

Pero, el propósito de Dios debe cumplirse y «Más poderoso es Aquel que está en vosotros, que el que está en contra de nosotros», y por eso en el próximo capítulo Jehová vuelve a hablar. (Éxodo 6: 1-8). Faraón todavía los mantiene en cautiverio, pero Dios envía un hermoso mensaje a los hijos de Israel. Presta atención a las siete veces que Él emplea una forma verbal que afirma Su decidida voluntad y firme propósito. Siete en las Escrituras es siempre el número de integridad espiritual. (1ª vez) "Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto". Eso está bien. Ellos estaban sintiendo esas tareas pesadas. (2ª vez) "y os libraré de su servidumbre", y (3ª vez) "os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes"; y (4ª vez) "os tomaré por mi pueblo", y (5ª vez) "seré vuestro Dios", y(6ª vez) "os meteré en la tierra… y (7ª vez) "os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ". (Éxodo 6: 6-8). El mensaje comienza con, "Yo soy JEHOVÁ" y termina con, "Yo soy JEHOVÁ". Su decidida voluntad y firme propósito nunca fallan, y la fe descansa siempre en la Palabra de Dios. Te recomiendo que lleves a tu corazón las siete afirmaciones que Dios nos presenta arriba. Me parece oírte decir: «He tenido muchas dudas». No tendrás más si abrazas esas afirmaciones. Dios no faltará a Su palabra y Su propósito siempre lo cumple. Tu redención y la mía no depende de lo que somos, depende de Dios. No podíamos ayudarnos a nosotros mismos y nosotros mismos no podemos hacer nada. Deja todo en manos de Dios, y el resultado será la paz.

 

De qué manera bienaventurada habló Dios aquí para animar a Su pueblo. Pero, ¿Le escucharon ellos? Leemos: "De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre". (Éxodo 6: 9). La presión del enemigo era tan grande que ellos se sintieron sin esperanza. Si tú nunca te has enterado aún de lo que es la liberación, entonces permíteme animarte a esperar en Dios, y escucharlo. No luches. Satanás es un enemigo demasiado grande. Deja que Dios te liberte. En estos capítulos tendrás la forma en que ellos son libertados del justo juicio de Dios, por una parte, y del poder del enemigo, por la otra. La pregunta es, ¿Van a ir ellos o no? Obviamente, Faraón dice que no los dejará ir y entonces Dios introduce Su poder para efectuar Su propósito. Yo no menciono aquí las diversas plagas, pero en el octavo capítulo quiero mostrarles las asechanzas del diablo. Faraón, consciente de su debilidad, comienza a hacer transacciones con la esperanza de conservar sus esclavos. La primera transacción que propone es muy interesante. Leemos, "Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra". (Éxodo 8: 25). ¿Dónde? "En la tierra". «Hacedlo en la tierra», dice Faraón. Pero, ¿podrían ellos ofrecer sacrificios a Dios en Egipto? Imposible.

 

¿Cuál es la respuesta de ellos? Leemos, "Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación (el ídolo) de los egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?" (Éxodo 8: 26). «No, no podemos adorar, o ser realmente para Dios en medio de Egipto, es decir, en medio del mundo». "Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá" (Éxodo 8:  27), es la respuesta de la fe. Ahora bien, esta es una muy excelente declaración por parte de Moisés, ya que se trata de un principio de inmenso valor para tu alma y la mía, a saber, que si yo voy a tener a Dios, y si voy a ser para Él, debo prescindir del mundo. Tú no puedes tener el disfrute de Su amor si quieres seguir con el mundo.

 

Esta firme respuesta de Moisés conduce a la transacción número dos por parte de Faraón: "Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos". (Éxodo 8: 28). Ah, qué astuto es Satanás. «No te alejes demasiado», le dice a un recién convertido: "no vayáis más lejos". Ah, a cuántos nuevos santos ha engañado el diablo con este tipo de palabra. «No vayas muy lejos. No seas un entusiasta». Pero escucha. Cuanto más te alejes del mundo, mejor, y Satanás no volverá a poner su mano sobre ti una vez que estés verdaderamente lejos de Egipto. Una vez que tú llegas verdaderamente al desierto, gracias a Dios, él nunca pondrá su mano inmunda sobre ti otra vez. Nunca, no, jamás.

 

Pero Faraón aún no los deja ir. Dios vuelve a intervenir con juicios más graves, y al final Faraón dice: "Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?" (Éxodo 10: 8). "Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová". (Éxodo 10: 9). Todo lo que amaban y todo lo que poseían debía ir. Todo para Dios, — fue el lema de Moisés. Madres cristianas, padres convertidos, ¿ven ustedes esto? Aquí está, como en otras partes de toda la Escritura, el principio divino de, "y tu casa". «Nosotros no vamos a ser una familia dividida», dice Moisés, «y, además, nos llevaremos todas las ovejas y todos los bueyes que poseamos, porque todo pertenece a Dios». ¿Por qué? Porque la redención te sitúa en el terreno de pertenecer a Dios por completo. No creo que algo pueda ser más claro. Esta clara respuesta sugiere una tercera transacción a Faraón. Primero él dice: "¡Así sea Jehová con vosotros! ¿Cómo os voy a dejar ir a vosotros y a vuestros niños? ¡Ved cómo a la vista están vuestras malas intenciones!" (Éxodo 10: 10 - RV1977). Y luego, como si amara a los niños, y quisiera salvarlos del mal, él añade: "No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová, pues esto es lo que vosotros pedisteis".  (Éxodo 10: 11). Faraón Dice: «Dejad a los niños». El diablo dice: «Padres, podéis estar consagrados a Cristo, pero dejad que vuestros hijos estén en el mundo»; y muchos padres hacen caso de esa sugerencia, y siembran la semilla que produce fruto en forma de hijos e hijas de mentalidad y tendencia mundanas que rompen el corazón de sus padres en días posteriores.

 

Irritado por la negativa a dejar a los niños, Faraón se niega a libertar a sus esclavos hasta que un nuevo juicio le extrae una cuarta transacción, a saber, «te dejaré los niños, pero debes dejar los bienes conmigo». Leemos, "Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas (es decir, que tus negocios estén en el mundo, conducidos según principios mundanos); vayan también vuestros niños con vosotros.  (Éxodo 10: 24). Pero la fe nunca vacila, y la respuesta de Moisés es espléndida: "Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá". (Éxodo 10: 26). Ah, cuán firme es este hombre en cuanto a que el pueblo de Dios pertenece a Dios, espíritu, alma y cuerpo. Es muy confortante. Mi corazón se conforta bastante al ver la forma en que este hombre dice: «Debemos ser enteramente para Dios. No se puede dejar ni una pezuña. No podemos dejar un buey atrás. Todo debe ser de Jehová». Se trata de un principio de la fe. Lo que el cristiano es, y lo que tiene, es todo del Señor. "¿O ignoráis que …No sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo". (1ª Corintios 6: 19, 20).

 

Cuando tú llegas al capítulo doce, encuentras a Faraón admitiendo este principio cuando dice: "Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí". (Éxodo 12: 31, 32). El diablo mismo tiene el sentido de que el Cristiano debe servir al Señor de manera consagrada. El enemigo de Cristo tiene el sentido de que el Cristiano pertenece a Cristo, y que todo lo que él tiene, y es, debe ser consagrado absolutamente al Señor.

 

Los capítulos undécimo y duodécimo nos llevan a otro asunto. ¿Cuál es él? Es la imposibilidad absoluta de que cualquier alma tenga que ver con Dios, salvo en el terreno de la muerte, porque la muerte está sobre todo hombre como juicio del pecado. No podría haber ninguna relación entre nuestras almas y Dios salvo en aquel terreno. En el undécimo capítulo encontramos a Dios diciendo: "Morirá todo primogénito en tierra de Egipto". (Éxodo 11: 5); y después, "que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas". (Éxodo 11: 7). ¿Cuál era la diferencia? ¿No eran todos igualmente pecadores? Ciertamente, pero la diferencia era esta, que la sangre del cordero protegía a Israel, pero no a los egipcios, no al mundo. Los egipcios estaban en oposición al pensamiento de Dios y eran Sus enemigos oponiéndose a Su obra, mientras que Israel es considerado aquí como siendo el pueblo de Dios que está en el pleno valor de la sangre, puesto que Dios conoce su eficacia.

 

En el capítulo duodécimo tenemos la conocida historia de la sangre del cordero, el cordero inmolado en lugar del primogénito, es decir, la sustitución. (Éxodo 12: 6). Ellos debían dar muerte al cordero y poner la sangre, no dentro donde ellos pudieran verla, sino afuera donde Dios pudiera verla. Ello es una figura sorprendente de la muerte del Señor Jesucristo. Tú encontrarás que hay cuatro tipos muy llamativos de la muerte del Señor Jesucristo en el Antiguo Testamento. Hay muchos sacrificios que señalan a la obra de Cristo, presentados de diversas maneras en el Antiguo Testamento, pues es el libro de imágenes de Cristo. En primer lugar está el cordero pascual. Eso es la figura de la muerte de Cristo en sustitución y expiación, como portador de la ira de Dios que nos merecemos. La siguiente figura es el Mar Rojo. Ello es un tipo de la muerte y resurrección de Cristo por nosotros. La tercera es la serpiente de bronce, que es figura del juicio del pecado en la carne, que atestigua la necesidad del nuevo nacimiento. Tú no obtienes esta verdad sino hasta el final de la travesía por el desierto, cuando la absoluta maldad y la incorregible iniquidad de la carne habían sido demostradas, después de la prueba completa. La cuarta es el paso a través del Jordán que también es una figura sorprendente de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, y de nuestra muerte y resurrección con Él. Por tanto, cada una de las cuatro figuras enseña un aspecto distintivo y diferente de la verdad de la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

 

Tal vez tú no tienes mucha claridad en cuanto a que este cordero pascual es un tipo del Señor Jesús. Si es así, la referencia a las Escrituras del Nuevo Testamento debería darte seguridad al oír cuatro testimonios distintos. Cuando el Señor Jesús apareció en la tierra, Juan el Bautista dijo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". (Juan 1: 29). Cuando Él murió en la cruz, el apóstol Juan escribió: "Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo". (Juan 19: 36). Esta es una cita directa de Éxodo 12: 46, donde leemos, "Se comerá en una casa, y no llevarás de aquella carne fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo". También el apóstol Pablo escribió: "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros". (1ª Corintios 5: 7). Y, por último, el apóstol Pedro dice: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios". (1ª Pedro 1: 18-21). Tu pecado y el mío no entraron por accidente, de tal modo que Dios tuviese que abordar una dificultad imprevista. Todo fue visto y se proveyó para ello en las épocas pasadas de la eternidad. Todos los propósitos y los modos de obrar de Dios giraban en torno a Cristo, y el Antiguo Testamento está lleno de verdades figurativas que encontraron su respuesta perfecta en Él como hombre aquí. Cuando el bendito Señor murió, los soldados romanos "quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas… para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo". (Juan 19: 32-37). La Escritura tiene que cumplirse, y la forma en que se cumple nos muestra hasta qué punto nuestro capítulo, Éxodo 12, es un tipo del Señor Jesús.

 

Ellos debían inmolar el cordero y luego debían tomar un manojo de hisopo, mojarlo en la sangre, y untar el dintel y los dos postes de la puerta con la sangre. (Éxodo 12: 7, 22). Además, Dios dijo: "La sangre os servirá de señal en las casas en donde estuviereis; y yo veré la sangre, y os pasaré por alto". (Éxodo 12: 13 - VM). Dios iba a pasar por la tierra como juez, y lo único que podía salvar al alma del juicio de Dios era la sangre rociada. Hay un gran número de almas que no entienden este punto. El hisopo debía ser usado. Debía ser mojado en la sangre, y en este caso el israelita tenía que usarlo él mismo. Si tú vas a obtener algo del valor de la sangre del cordero, debes usar también el hisopo. No tengo ninguna duda acerca de cuál es el significado de esto, y es que el alma, consciente de su absoluta inutilidad, se ampara en la muerte de Cristo. Las personas creen que Cristo murió y resucitó, y que Él consumó la obra de expiación, pero no se apropian del valor de Su muerte para ellas mismas. Cuando uno se abate en juicio propio, y hay quebrantamiento y arrepentimiento delante de Dios, creo que entonces nuestras almas utilizan ese manojo de hisopo. Nosotros huimos, como pecadores, del más profundo trasfondo, a Cristo. El juicio que merecemos ha recaído sobre el amado Hijo de Dios, y el Señor nos pasa por alto en justicia. La sangre sobre el dintel mantiene a Dios afuera como juez. Él no puede juzgar dos veces, — primero al cordero, y luego al primogénito. El resultado es la paz con Él. La paz con Dios no descansa en tus sentimientos. El fundamento de tu paz es la sangre expiatoria del Cordero, el propio Cordero de Dios, puesta ante los ojos mismos de Dios. "Veré la sangre, y os pasaré por alto". (Éxodo 12: 13 – VM). No es, «Cuando tú veas la sangre». No. Es Dios quien la ve.

 

Es posible que tú digas «Yo no creo que aprecio suficientemente la sangre de Cristo». Yo estoy muy seguro que tú no lo haces, pero Dios lo hace. Y Él dice, «Cuando yo vea la sangre, te pasaré por alto». (Éxodo 12: 13 - VM). Entiende esto: el fundamento de la paz de tu alma con Dios es esa sangre derramada y rociada. (Éxodo 12: 8). Pero además, a lo largo de todo el camino tú y yo debemos guardar en nuestros corazones el recuerdo de lo que Le costó a nuestro Salvador redimirnos. Este cordero asado "al fuego" lo trae ante nosotros. Eso describe las agonías del alma de Cristo en la cruz. Los salmos 22, 69, 88 y 102 describen las experiencias interiores del bendito Señor cuando llevaba nuestros pecados. Oh, cuánto Le costó. Ellos debían comer el cordero asado "al fuego". "Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas." (Éxodo 12: 9). Tú estás llamado a alimentarte no sólo de la muerte, sino de los modos morales de obrar y del hermoso entendimiento de Jesús. Sabiendo Él lo que le esperaba, fue con paso seguro hacia la muerte. "Jesús, pues, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, salió". (Juan 18: 4 - LBA). Y entonces tú te alimentas del hermoso y encantador andar del Señor Jesús. Así tienes material para que tu alma se alimente todos tus días. Aliméntate de Cristo. Las "hierbas amargas" conllevan el pensamiento del juicio propio, porque mi pecado Le costó a Cristo Su vida.

 

La redención por medio de la sangre es una verdad maravillosa, y en el momento que el pueblo está bajo la protección de la sangre, y se ha alimentado del cordero asado, dicho pueblo comienza su camino, y leemos: "Todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto. Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. (Éxodo 12: 41, 42).

 

La sangre que los protege de Dios como juez establece la relación de ellos con Dios sobre el fundamento de la redención consumada, y desde ese momento son considerados y llamados por primera vez, "las huestes de Jehová". ¡Cuánto mejor es estar entre Sus huestes redimidas que ser esclavo del pecado y de Satanás! ¿Cuál es tu situación, y cuál es tu relación con Él? ¿Has hecho ya un comienzo espiritual similar al que hizo Israel? Si es así, tú seguirás con interés los capítulos sucesivos en la historia de ellos.

 

Somos un grupo de peregrinos en una tierra extraña,

que marchan desde el Calvario;

Donde la maravillosa cruz, con su ganancia y su pérdida,

Es la suma de nuestra historia.

Allí perdimos nuestra posición en una tierra condenada a muerte

Como hijos de ira a causa de la caída;

Allí ganamos un lugar como herederos de la gracia

En el banquete en el salón celestial.

 

Así cantamos, mientras nos apresuramos sobre los desechos del ancho mundo,

Acerca de nuestro hogar junto al mar de cristal,

Donde la palma ondulante y el salmo expansivo

llenan el aire de la eternidad.

 

Leemos nuestra culpa en la sangre derramada,

Y lloramos por el flujo carmesí;

Pero nos gozamos en la gracia del rostro descubierto

De un Dios-Padre aquí abajo.

Y como hijos de Dios, redimidos por la sangre,

Nos apresuramos a salir de Egipto;

Cruzamos la arena hacia la tierra placentera

Y los gozos de un día interminable.

 

Fuimos hijos de la noche, mantenidos lejos de la luz,

Esclavizados por un enemigo cruel;

Pero los dolores de Jesús rompieron las cadenas de hierro

Y redimieron nuestras almas de la aflicción.

Ahora, como hijos de la luz, andamos y luchamos

En una senda de gozo triunfante;

Porque nuestra fuerza está en el Señor, cuya palabra es nuestra espada,

Mientras que la fe es el escudo que empleamos.

 

Nuestro hogar está con Dios, y nuestro camino ha sido recorrido

Por los fieles de todas las épocas,

Y Él nos llevará, como en ala de águila,

a nuestro lugar en la sala de bodas.

Entonces, cantaremos, como la esposa del Rey,

Acerca de la sangre que nos ha traído tan cerca,

Para disfrutar del resplandor del Anciano de días

En el trono muy por encima del cielo.

 

Capítulo 2

 

Siete Días de Panes Sin Levadura

 

Lectura Bíblica: Éxodo 12: 8-20, 34-39; Números 28.

 

Ya hemos visto la verdad conectada con la liberación de Israel de Egipto en la primera parte de éxodo 12, la cual se relaciona con el hecho de quitar la vida al cordero, y la colocación de la sangre sobre el dintel y los dos postes de la puerta. Sin embargo, la importancia de todo esto es de un alcance tal que yo aventuro recorrer nuevamente el terreno un poco más en detalle. Es de la importancia más significativa posible para cada alma ver que ésta es la base de todos los tratos de Dios con Israel. La sangre sobre el dintel es lo que puede ser llamado el fundamento de la relación de Israel con Dios. Aunque nosotros podemos obtener muchas otras cosas que son instructivas aquí, es de suma importancia ver que sólo había una base de relación con Dios y esa base es la sangre del cordero ofrecido en Egipto. En el mismo lugar donde ellos habían sido esclavos, allí se llevó a cabo la obra de otro mediante la cual Dios pudo, en justicia, sacar a Su pueblo de Egipto, y llevarlo a la tierra de la promesa.

 

Tengan claro en sus mentes que la pascua y la fiesta de los panes sin levadura son dos cosas distintas. La pascua es la obra de Cristo. Los panes sin levadura se relacionan con el andar de ustedes. Y las dos cosas son tan distintas como es posible, aunque están unidas y van juntas. Leemos, "En el mes primero, a los catorce días del mes, será la pascua de Jehová. Y a los quince días de este mes, la fiesta solemne; por siete días se comerán panes sin levadura". (Números 28: 16. 17). Y en el Nuevo Testamento tenemos, "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta". (1ª Corintios 5: 7, 8). En ambas Escrituras dichas fiestas son distintas. No hay duda de que el cordero es una figura de Cristo, y estoy igualmente seguro de que el pan sin levadura es Cristo. Israel estaba bajo la protección de la sangre del cordero, y el ángel de Jehová pasó por encima de ellos. Esta es la Pascua; pero además, ellos tenían que salir de viaje y debían comer del cordero asado al fuego y panes sin levadura para fortalecerse para ello.

 

Para nosotros, esto expone que, como pecador culpable, yo me protejo bajo la Sangre de Cristo, nuestra Pascua. Y luego me alimento del cordero asado al fuego y de los panes sin levadura, y esto me lleva a estar en una condición adecuada para el viaje al conectar los afectos del corazón con todo aquello a través de lo cual Cristo pasó. Nada podría prefigurar más sorprendentemente los padecimientos de Cristo en la cruz, bajo el juicio de Dios, que esta expresión, el cordero asado "al fuego". (Éxodo 12: 8). Él pasó a través del fuego del juicio de Dios. Ellos debían comerlo con panes sin levadura, — exponiendo la perfección sin levadura de Cristo, — y con hierbas amargas.

 

Tú no puedes comer el Cordero asado "al fuego" sin entrar en la maravillosa verdad de los padecimientos y los dolores de Cristo. Dios quiere que los recordemos siempre. Si tu corazón no está en el poder del Espíritu de Dios, alimentándose así de manera práctica de Cristo, te enfriarás y te volverás formal. Muchas, muchas veces en este antiguo Libro, Dios trajo la pascua a la memoria de Israel. Año tras año Él la traía ante ellos. Debían comerla el día catorce del primer mes de cada año. Yo admito que ellos no lo hicieron. Lo hicieron en Egipto, y luego una vez en el desierto, y después una vez en la tierra de la promesa. Fueron descuidados.

 

 

Nosotros también tenemos la oportunidad, a medida que pasan los siete días, de que nuestras almas recuerden de nuevo los padecimientos de Cristo cada primer día de la semana (día Domingo). Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Luego viene: "Así que celebremos la fiesta". (1ª Corintios 5: 8). Esta es una semana de bienaventurado disfrute de Cristo, alimentándonos de Cristo. Y aquello de lo que estamos alimentándonos habla muy pronto acerca de nosotros. Si yo no me estoy alimentando de Cristo, será que me estoy alimentando de otra cosa. Ello debe ser Cristo. Pan sin levadura, eso es Cristo. Las hierbas amargas hablan de lo que éramos y habíamos hecho. No dudo que el Espíritu de Dios trae a nuestras almas el sentido de que fueron nuestros pecados los que Lo llevaron a la muerte. Las personas dicen a veces: «Oh, ya hemos superado todo eso». ¿Superado eso? Ah, mi querido amigo, apenas puedes tú decir en serio lo que dices. No se trata de que una persona piense siempre en sus pecados. Dios no lo permita. Lo que es traído siempre ante nosotros es Cristo como un olor grato para Dios.

 

Números 28 nos muestra en qué eran ocupados esos siete días de panes sin levadura. Había que presentar a Dios diariamente, cada día en perfecta cantidad, lo que era el olor grato de Cristo en los holocaustos, aunque en ningún día faltaba la ofrenda por el pecado. Dios nunca omite eso. Dios nunca permitiría que lo olvidemos. Él siempre mantendrá fresco en el alma lo que éramos y donde estábamos, y de lo que hemos sido libertados. Y aunque somos llevados a la comunión del Padre y del Hijo, — que es la complacencia que Dios tiene en Su bendito Hijo, — Él nunca nos dejará olvidar dónde estábamos, y lo que Le costó libertarnos de ello. Esto mantiene el alma mansa y humilde. Nuestros corazones están tan llenos de frivolidad y ligereza de manera natural, que somos propensos a olvidar lo que éramos. No es que eso sea lo que debe ocupar el alma. No. Los Israelitas debían comer el cordero asado al fuego, con panes sin levadura y hierbas amargas.

Y además, observa: "Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego". (Éxodo 12: 9). Qué cuidado tiene Dios en mantener fresco en el alma el sentido de las aflicciones de Cristo. El cordero asado al fuego las tipifica. Si tú lees atentamente el Nuevo Testamento quedarás sorprendido por la frecuencia con la que el Espíritu de Dios habla de los padecimientos de Cristo. Él padeció. Cristo tiene que padecer. Busca tú con qué frecuencia, al hablar de la muerte del Señor Jesús, el Espíritu Santo introduce "las aflicciones de Cristo". Esa es la palabra que el Espíritu de Dios enfatiza en nuestras almas. El Salmo 22, el 69, el 88 y el 102 están llenos de las profundas experiencias interiores del Señor, cuando Él padeció en la cruz. Tú tienes las figuras en el Pentateuco, los hechos en los Evangelios, los sentimientos de Cristo en los Salmos, y los hermosos frutos en las epístolas.

 

Dejemos que la figura de todo esto en los tipos nos hable. Come tú el cordero asado al fuego. No alteres Su muerte, sino ten en tu alma el sentido de lo que le costó a Cristo pasar por el fuego de la ira de Dios. Dios Le puso a prueba. Nosotros hemos de comer "Su cabeza con sus pies y sus entrañas." (Éxodo 12: 9). ¡Qué hermoso! Comer la cabeza. ¿Qué significa esto? Oh, amados amigos, la cabeza es toda la inteligencia de Cristo. Consideren ustedes la maravillosa inteligencia que marcó los modos de obrar de Cristo. Se dice en los evangelios, "Jesús, por tanto, conociendo todo lo que le había de sobrevenir, salió". (Juan 18: 4 – VM). Él Lo conocía todo, y sin embargo, salió. Coman la cabeza. Y luego las piernas. Oh, aliméntense de Su inteligente consagración a Dios, así como del hermoso andar del bendito Señor Jesucristo. La variada presentación de estos detalles en los cuatro evangelios hace que su estudio diligente sea una necesidad así como un deleite, y los resultados de esta atención son inefablemente preciosos, amados amigos, para el alma: pues nosotros no solamente obtenemos lo que satisface nuestra necesidad, sino que el corazón se deleita en seguir el rastro de los modos de obrar del Señor Jesús.

 

"Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová". (Éxodo 12: 11). Ese es un carácter peregrino. "Calzado en vuestros pies", listos para partir. Es decir, hubo ciertos rasgos morales que debían caracterizarlos, y que nos deben caracterizar a nosotros. Mientras ellos comían así, la sangre estaba fuera como señal de que ningún juicio podría tocarlos. Y allí estaban dentro de la casa alimentándose del cordero "asado al fuego". Ellos reconocieron que el juicio de Dios estaba sobre el cordero.

 

Pero aún más. Ellos debían comer pan sin levadura durante siete días. (Éxodo 12: 15). Ahora bien,  tú podrías preguntarme, «¿Cuál es la aplicación de esto». La aplicación de esto es que no debemos permitir ninguna levadura en nuestros corazones, nuestras vidas, nuestras palabras o nuestros modos de obrar. La levadura es siempre el símbolo de lo que es malo. Aquel que la permite, "Aquella alma será cortada de en medio de Israel". (Éxodo 12: 15 – VM). ¿Significa eso que él morirá? Para un israelita sí significó; para nosotros significa que uno es cortado de la comunión con Dios en primer lugar, y después, si uno no se arrepiente, es cortado de la comunión de los santos, y, con toda seguridad, aislado de estar en el disfrute de lo que Dios quiere dar a nuestras almas. Ahora bien, que cada nuevo cristiano tenga muy claro esto. Tú sabes que Cristo ha formado un vínculo entre tu alma y Dios, que nada puede jamás tocarlo. Tú has nacido de Dios, y has sido lavado en la sangre de Su amado Hijo, y eres un hijo de Dios, y nada, por Su infinita gracia, puede romper ese vínculo. Pero, un pensamiento necio permitido impedirá la comunión. La más pequeña porción de levadura rompe el vínculo de la comunión, y yo estoy fuera del curso de la obra del Espíritu de Dios.

 

Ahora bien, nosotros sabemos muy bien que la bienaventurada obra normal del Espíritu de Dios es traer a Cristo ante nuestros corazones. Si algo ha entrado que ha roto este tierno vínculo de comunión entre el Señor y nuestras almas, el Espíritu de Dios hace que el alma sea consciente de ello. Allí entra una nube. Yo debo volver y encontrar cuál fue el obstáculo, juzgarlo, y entonces todo estará bien. Nada puede romper el vínculo que la gracia ha formado, como un asunto de vida eterna. Pero una cosa muy pequeña puede quebrar el vínculo de la comunión, y privar al alma del gozo y del deleite divino que Dios nos daría por medio de Su Espíritu. Por lo tanto, tú ves la inmensa importancia del pan sin levadura, — el pan sin levadura "de sinceridad y de verdad". (1ª Corintios 5: 8). Si yo permito que exista un poco de amargura con respecto a un santo, o concedo a mi lengua la libertad de hablar con un poco de maledicencia, que yo no sueñe con tener comunión. Estoy fuera de ella.

 

La levadura durante los siete días era intolerable para Dios y, por lo tanto, no hay duda de que cuando llegaba la Pascua, era una cosa muy necesaria e importante que el dueño de cada casa la registrara de arriba abajo, — desde el ático hasta el sótano, — para estar muy seguro de que no hubiese ni una migaja de pan con levadura en la casa. Unas pocas migajas eran suficientes para hacer entrar el juicio de Jehová. Creo que es muy importante reflexionar sobre esto, y entender claramente por qué la casa debía ser barrida.

 

Nosotros no debemos ser peores de lo que yo llamaré «una escoba nueva». Ellas tienen la reputación de barrer bien. Yo creo, amados amigos, que es bueno cuando yo obtengo una escoba nueva para barrer todo lo que no es de Cristo. Porque si tú permites que la levadura permanezca en tu vida y en tus modos de obrar, necesariamente estarás cortado de la comunión. Eso no significa que no vayas a ir al cielo, sino que estarás fuera de la libertad y del poder del Espíritu. ¿Y cuál será el resultado? Habrá muerte individual y falta de vida, y nuestras asambleas también estarán muertas y sin vida. Y eso es porque no estamos celebrando la fiesta. Si lo hiciéramos, no habría nada más que Cristo. Es fácil decir cuando un hermano ha estado celebrando la fiesta de los panes sin levadura. Él no tiene nada más que a Cristo para mí. Si me encuentro con un Cristiano y él tiene sólo alguna palabrería, yo me arruinaré, y viceversa. Ustedes saben, amados amigos, que no se puede tocar la brea sin que uno se manche. Cada vez que me encuentre con ustedes, o bien los ayudaré hacia Cristo, o bien los obstaculizaré. Por otra parte, ustedes me ayudarán o me estorbarán. El punto es, ¿de qué me estoy alimentando? Que Dios nos conceda celebrar esta fiesta.

 

Es muy interesante ver la forma en que la Escritura la presenta. Sólo voy a mostrarles uno o dos versículos. "Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua". (Éxodo 12: 17). ¡Cuán enfático es Dios! Además, "Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel". (Éxodo 12: 19). En aquel momento no debía haber levadura en sus casas. Para nosotros, tú sabes, ello significa, durante toda la senda. Me encuentro ocupado con la muerte de Cristo, como en el primer día de la semana (día Domingo), me alimento de la pascua. «Muy bien», dice el Señor, «ve y celebra la fiesta de los panes sin levadura durante siete días»: y luego me encuentro allí de nuevo en el siguiente primer día de la semana (día Domingo, y así sucesivamente. Realmente significa esto, a saber, que toda la senda de la Iglesia aquí abajo es un tiempo en el que no hay nada más que el pan sin levadura para que se alimenten aquellos que componen esa Iglesia.

 

Ahora bien, mira la manera en que el Espíritu de Dios expone esta verdad, porque si tú realmente quieres seguir la Palabra de Dios, es maravillosa la manera en que Dios te ayudará. Cuando llegamos al hecho mismo de la salida de Israel de Egipto aquella noche, vemos que ellos se apresuraron a salir con su pan sin levadura. Leemos, "Tomó, pues, el pueblo la masa, antes que fuera leudada, en sus artesas de amasar envueltas en paños, y se las llevaron sobre sus hombros". (Éxodo 12: 34 - LBA). Yo creo que no hubo oportunidad de que la masa leudara. "Y de la masa que habían sacado de Egipto, cocieron tortas de pan sin levadura, pues no se había leudado, ya que al ser echados de Egipto, no pudieron demorarse ni preparar alimentos para sí mismos". (Éxodo 12: 39). Hay aquí una pequeña luz adicional maravillosa. La masa "no se había leudado, ya que al ser echados de Egipto…". Creo que lo que Dios nos presenta aquí es esto, a saber, que si ellos no se hubieran apresurado tanto la levadura podría haber actuado. «Yo les ayudaré a empezar bien», dice Dios. Y por eso ellos se apresuraron a salir con tal rapidez que no tuvieron tiempo de faltar a la obediencia. «Yo les ayudaré a guardar Mi palabra, al menos por una vez en su historia», dice Dios.

 

Oh, es hermoso ver la ternura de conciencia en una nueva alma cuando recién se convierte. Yo admito que ella no está establecida en la gracia, pero ella siente que tiene un tesoro tal, una recompensa tal, y ella tiembla por temor a perderlos. Recuerdo haber oído a un Cristiano decir una vez: «Cuando recién me convertí, yo declaro que tenía temor de mi propia sombra, por temor a que algo se interpusiera entre mi alma y Cristo». La ternura de conciencia y el ejercicio de alma vienen realmente con el hecho de alimentarse del pan sin levadura. Es el corazón deleitándose en Cristo, y alimentándose de Cristo. Hay una respuesta a la poca luz que el alma tiene. Ella desea seguir el pensamiento del Señor.

 

Pienso que es interesante ver la manera en que Dios ayudó a Israel a guardar Su mandato en lo que respecta a los panes sin levadura, un mandato que es repetido inmediatamente en el capítulo 13, el cual habla de la separación de ellos, y de su apartamiento para Dios: "Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado". (Éxodo 13: 3). En mi relación con la Iglesia, con la familia" o con el mundo, ¿hay algo que no sea como Cristo? Ello debe desaparecer. Es muy sencillo. Yo no quiero escapar del ámbito de la verdad. ¿Y tú? Tú ves que Cristo lo es todo para Dios, y debería serlo todo para nosotros. Estamos en este mundo para exhibir a Cristo.

 

Recuerda esto. "Durante los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado ni levadura en todo tu territorio. Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: "Esto se hace con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando salí de Egipto". (Éxodo 13: 7-8 - RVA). Mira tú el motivo dado para que se coma pan sin levadura; se trata de la respuesta de afecto: "Esto se hace con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando salí de Egipto". Tú no estás celebrando esta fiesta de los panes sin levadura para ser salvo, no,— eso está del todo claro, y asegurado por la muerte de Cristo, — sino que estás celebrando esta fiesta para que tú puedas estar en el disfrute de lo que es tuyo. Pues, amados amigos, aunque la gracia me da una buena conciencia por medio de la sangre del Cordero, es por medio de un tierno y santo andar que yo mantengo esa buena conciencia.

 

Pasemos ahora a Éxodo 23. Allí leemos: "Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías". (Éxodo 23: 14, 15). "Ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías". ¿No es sorprendente? ¿Cómo voy yo a presentarme? Con mis manos llenas de Cristo, cuyo detalle, yo creo, encontraremos en Números 28 y 29. Harás bien en reflexionar sobre estos capítulos.

 

Ahora bien, considera sencillamente el capítulo dieciséis de Deuteronomio. "Guarda el mes de Abib y celebra la Pascua de Jehová tu Dios, porque en el mes de Abib Jehová tu Dios te sacó de Egipto, de noche. Sacrifica para Jehová tu Dios la víctima de la Pascua, de las ovejas o de las vacas, en el lugar que Jehová haya escogido para hacer habitar allí su nombre. No comerás con ella ninguna cosa que tenga levadura. Durante siete días comerás con ella pan sin levadura, el pan de aflicción, para que te acuerdes todos los días de tu vida del día en que saliste de la tierra de Egipto. Pues con prisa saliste de la tierra de Egipto. Durante siete días no se verá levadura en tu casa, en ningún lugar de tu territorio. De la carne del animal que sacrifiques en el atardecer del primer día, no quedará nada hasta la mañana del día siguiente. No podrás sacrificar la víctima de la Pascua en ninguna de las ciudades que Jehová tu Dios te da. Sólo en el lugar que Jehová tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre, sacrificarás la víctima de la Pascua, al atardecer, a la puesta del sol, a la hora en que saliste de Egipto. La asarás y la comerás en el lugar que Jehová tu Dios haya escogido, y a la mañana siguiente podrás partir e ir a tu morada. Durante seis días comerás panes sin levadura, y en el séptimo día habrá asamblea festiva para Jehová tu Dios; no harás ningún trabajo". (Deuteronomio 1: 1-8 – RVA). Observa especialmente el versículo 2, a saber, "Sacrifica para Jehová tu Dios la víctima de la Pascua, de las ovejas o de las vacas, en el lugar que Jehová haya escogido para hacer habitar allí su nombre". Tenlo en cuenta. No es el lugar que yo escoja. Sólo hay un lugar, y Dios lo escoge. Pregunta: ¿Estoy yo adorando en el lugar escogido por Dios, o estoy siguiendo mi propia voluntad en esto? Observa también el versículo 3, "No comerás con ella ninguna cosa que tenga levadura. Durante siete días comerás con ella pan sin levadura, el pan de aflicción, para que te acuerdes todos los días de tu vida del día en que saliste de la tierra de Egipto. Pues con prisa saliste de la tierra de Egipto". "El pan de aflicción" es un nuevo carácter dado al pan sin levadura. Es un nuevo cariz que no debe ser ignorado. Ello es aflicción para la naturaleza, no es algo que me guste. No es lo que me complace. Es el pan de aflicción y debo comerlo todos los días de mi vida. Que yo nunca olvide esto.

 

 

Además, nada de la pascua debía quedar hasta la mañana. ¿Qué significa esto? Todo aquello de lo cual ellos no pudieron participar debía ser quemado en el fuego. La muerte de Cristo es infinitamente preciosa para Dios, todo sube como un olor grato para Él. Lo que yo no logro comprender, Dios lo aprecia. El momento actual de la historia de nuestra alma con Dios es muy serio, porque nuestra capacidad es fijada aquí. Por lo tanto, debemos seguir adelante y crecer por medio de la verdad. Pero, presta atención, de lo que se alimenten nuestras almas debe ser Cristo, en toda Su plenitud y toda Su gracia.

 

Dios tiene el cuidado de decir que Israel podía sacrificar sólo "en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para que habite allí su nombre". (Deuteronomio 16: 6). Este es un principio muy importante, amados amigos, tan verdadero ahora como lo fue en los días de Israel. El Nombre del Señor Jesús es el único centro de reunión hoy en día, y el santo que no se reúne sencillamente en aquel Nombre, carecerá del profundo disfrute de Cristo que nuestro Dios quiere que nuestras almas saboreen.

 

Pasemos ahora al capítulo veintiocho de Números, y veremos en qué se ocupan los siete días. "Habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo". (Números 28: 1, 2). Y ustedes pueden decir: «¿Cuál es el significado de esto?» Estos dos capítulos (Números 28 y 29) nos presentan lo que Dios llama, "Mi pan". Ellos no presentan lo que Cristo es para nosotros, o lo que Cristo hizo por nosotros, aunque es muy cierto que en estos dos capítulos la ofrenda por el pecado aparece no menos de trece veces, pero sólo aparece de paso. La ofrenda por el pecado no es el asunto aquí. Aquí se trata de lo que Cristo es para Dios. Es Cristo en todo el olor grato y fragancia de Su vida, y en la consagración de Su muerte, subiendo a Dios. Todo es hacia Dios, y es, por así decirlo, Cristo presentado a Dios como Su pan en los sacrificios oficiales. Ellos debían tener cuidado de ofrecer a Jehová, en sus tiempos señalados, aquello que formaba Su pan de los sacrificios.

 

Y ahora veremos los tiempos. En primer lugar tenemos el arreglo general de lo que debía ser diario (Números 28: 3-8), semanal (Números 28: 9, 10) y mensual (Números 28: 11-15). Y luego vienen las siete fiestas anuales de las cuales la pascua era la primera. Se celebraba en el decimocuarto día del primer mes; y el decimoquinto día llegamos a la fiesta de los panes sin levadura. (Números 28: 16-25). A esto se refiere el apóstol cuando dice: "Celebremos la fiesta...". (1ª Corintios 5: 8). Qué cosa maravillosa es pensar que la Iglesia es vista delante de Dios sin levadura, como estando en Cristo. Por lo tanto, el mal debía ser juzgado: leemos, "Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros", fue el mandato (1ª Corintios 5: 13). Ellos no podían tener comunión con quien andaba en pecado. Dicho hermano fue aislado de los privilegios de la asamblea. ¿Cuánto tiempo hemos de celebrar la fiesta? Siete días. Durante todos esos siete días tú presentas a Cristo ante Dios de manera práctica.

 

"El primer día será santa convocación; ninguna obra de siervos haréis". (Números 28: 18). Tu alma está en libertad ante Dios. Eso es lo primero. No hay nada legal. No hay ningún «yo debo ser tal o cual cosa». Es muy cierto que tú no eres lo que debieras ser, pero Cristo es todo en esta fiesta. Tú dices «Yo debiera ser santo, y consagrado, y ferviente, y adorador, y debiera estar regocijándome». Muy cierto, tú debieras, pero, te diré algo más, mientras tratas de ser o hacer todo eso, tú no eres feliz. ¿Por qué? Porque tú estás comenzando tus siete días con un poco de "obra de siervos". No, no, eso no servirá. Debes entrar primero en la libertad de la gracia de Dios. El apóstol bien dice a los Gálatas: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud". (Gálatas 5: 1). El yugo de esclavitud es lo que  «yo debiera ser», y muchos queridos nuevos convertidos están bajo ese yugo y en gran esclavitud. Trae a Dios Su pan, y tú serás lo que deberías ser. Es Dios alimentándose de todo lo que Cristo fue en Su vida, y en Su muerte, y en los manantiales de Su estada aquí.

 

En Números 28: 19, "el holocausto" te presenta Su muerte. En el versículo 20, "la ofrenda vegetal de flor de harina" (VM), te presenta Su vida. Se trata, por así decirlo, de nuestra presentación ante Dios de toda la bienaventuranza del Señor Jesucristo. Ello es deleitarse en Cristo, mantener la compañía de Cristo, mecer a Cristo, por así decirlo, ante Dios, cada día de los siete. Nosotros no debemos venir vacíos. Qué diferencia hay entre venir vacío, para obtener algo para mí, y venir lleno, para presentar a Cristo, y mecer a Cristo ante Dios. Cualquiera puede ver la diferencia.

 

En Números 28: 22 leemos, "Y un macho cabrío por expiación (ofrenda por el pecado), para reconciliaros". Dios introduce de manera hermosa lo que se relaciona con la muerte de Cristo por nosotros. Él sabe muy bien cómo nuestras almas son propensas a girar alrededor de nosotros mismos, así que presenta el "un macho cabrío", pero, observen, un macho cabrío será suficiente para satisfacer la cuestión de lo que nosotros hemos sido, mientras que, "dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete corderos de un año" presentan la plenitud de Cristo como holocausto. (Números 28: 19).

 

El asunto aquí no es Cristo satisfaciendo nuestro caso, sino que es Dios glorificado, y Cristo llenando el corazón de Dios con gozo, y Él nos está diciendo a ti y a mí: «Eso es lo que tienes que traerme. Comienza el próximo primer día de la semana (el día Domingo) con Cristo para Dios; ve a trabajar el lunes, pero no te quites el traje del primer día el lunes por la mañana. En la historia de tu alma tienes que pasar cada día por el mismo terreno». Ha de ser Cristo en el primer día, y Cristo toda la semana, y Cristo en el séptimo; pues de ese día volvemos a leer: "Y el séptimo día tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis". (Números 28: 25). ¿Cuánto traemos de Cristo a Dios cuando estamos en lo privado, y en nuestros hogares, así como en la asamblea? Ese es el asunto. La semana comienza con la libertad de Cristo, y se cierra con la libertad de Cristo. Realmente mi corazón está encantado con esta semana de panes sin levadura. Mi corazón se está alimentando de Cristo, y de nada más que de Cristo. Y estoy seguro, amados amigos, que si hacemos esto, ello dará tono a la asamblea. «Oh», ustedes dicen , «Los hermanos están muy secos». ¿Están las hermanas llenas de Cristo? ¡Vamos! ¿Hay mucha energía y vitalidad en las hermanas? Ustedes pueden decir: «Los hermanos están muy secos. Sí. Que sea así, pero ¿cuánto nos ayudamos unos a otros? Ese es el asunto. No lo olvidemos.

 

Cuando venimos a la reunión de los santos somos cada uno como una persona que entra en una habitación oscura, y cada persona trae una vela. Si la mecha está bien espabilada dará una gran luz, pero si no, o tiene 'un residuo' en ella, la luz es tenue, y otros dirán: «Él tiene una vela, pero no hay mucha luz en ella». Cada santo que no camina con Dios entra así a la reunión, y la entorpece en lugar de ayudarla. Dios nos concede ser como luces bien espabiladas por medio de Su gracia. Y yo estoy cierto de que si nos alimentamos de Cristo, y nuestros corazones están ocupados sólo con Cristo, habrá para Dios aquello que el Espíritu trabaja para producir, a saber, la fragancia, los perfumes y las glorias del Señor Jesucristo. Dios nos ha dado todo Su amor, y ahora nos da la oportunidad de presentarle a Él Aquello que es Su pan. Que podamos saber cómo responder a tal gracia.

 

Jesús, de Ti nunca nos cansaríamos pues El alimento nuevo y vivo puede satisfacer el deseo de nuestro corazón

Y hay vida en Tu sangre.

 

Si tal es el feliz canto de medianoche que nuestros espíritus encarcelados elevan,

Qué gozos son lo que causa, dentro de poco, eternos arranques de alabanza.

 

Mirar dentro y no ver ninguna mancha, — Afuera no hay maldición que rastrear;

No derramar lágrimas, no sentir dolor, sino verte a Ti cara a cara.

 

Encontrar cada esperanza de gloria obtenida,

Cumplida cada preciosa palabra

Y haber alcanzado plenamente toda La imagen de nuestro Señor.

 

Por esto, proseguimos avanzando,

Y en esta esperanza estaríamos más sujetos a la voluntad del Padre —

Ahora mucho más semejantes a Ti.

 

Capítulo 3

 

Santificación - Su Aspecto Posicional

 

Lectura Bíblica: Éxodo 13: 1-22

 

LAS lecciones de este capítulo son extremadamente sencillas pero muy importantes. Estas son las lecciones.

 

En el momento que Dios tiene un pueblo redimido, Él querría que ese pueblo entienda que la redención lo sitúa en una posición totalmente nueva ante Él y, en segundo lugar, que su andar y su manera de vivir han de ser muy diferentes a lo que eran antes de ser de Él. El segundo versículo nos da la tónica del capítulo, leemos, "Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Santifícame todo primogénito; todo primer nacido entre los hijos de Israel, tanto de hombres como de animales, mío es". (Éxodo 13: 1, 2 – VM). El primer punto es que el creyente es santificado para Dios. A continuación, tú tienes, a partir de entonces, instrucciones prácticas con respecto al andar. En lenguaje sencillo, si tú eres una persona recién convertida hay un nuevo andar, una senda del todo nueva. Dios te ha salvado para el cielo, pero todavía no estás allí, aunque tú puedes decir: «Sé perfectamente que voy a ir allí"». Tienes derecho para estar allí, y es la sangre lo que te asegura y cobija, sólo que no te detengas, sino sigue con paso firme en el camino. Debido a que tú sabes que estás perdonado puedes pensar que eso significa todo. Ello no lo es todo. Ello es sólo el principio. Tienes que seguir adelante. Y posiblemente tengas que recorrer un camino áspero antes de entrar a aquello de lo que Canaán es un tipo. Tienes un viaje ante ti, y ciertamente tendrás dificultades en él.

 

Pero el asunto es éste: ¿Cuál es el carácter de la senda, y cómo he de seguir yo en ella? «Santifícalos para mí», dice Dios (Éxodo 13: 2 - VM). «Entonces Yo esperaré que coman panes sin levadura», es decir, que celebren "fiesta para Jehová". (Éxodo 13: 6). Ese es el andar de la santidad, de la separación. Entonces ellos juzgarán lo que no servirá para Dios (Éxodo 13: 13). Lo siguiente fue esto: "Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto. Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo". (Éxodo 13: 17, 18). Jehová era el líder de ellos. Y además lo siguiente, llevaron los huesos de José con ellos (Éxodo 13: 19). Llevaron los huesos de su salvador con ellos (ver Génesis capítulos 41-50). Esto tiene un significado, y tú y yo, mientas pasamos a través de esta escena, nunca debemos olvidar el hecho de que somos libertados por la muerte del Salvador. Eso es donde entra la Cena del Señor. Así que llevaron con ellos durante toda su travesía por el desierto los huesos de José, el cual los había salvado en el día del hambre.

 

Al final del capítulo encontramos, "Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche". (Éxodo 13: 21). Ellos tenían siempre la bienaventurada sensación de la presencia de Dios. Se trata de una figura, yo lo admito. La gloria de Jehová, la columna de fuego les daba luz por la noche, y luego, cuando todos los demás estaban al calor del día, ellos tenían la columna de una nube como un enorme quitasol sobre ellos. Luz de noche, sombra de día, y Dios como guía de ellos. Estaban en circunstancias favorables. Ello es una imagen de la forma en que Dios guía a Su pueblo.

 

Pero ahora voy a hablar un poco más acerca del importante tema de la santificación. ¿Qué es la santificación? Santidad. La presentación primordial de la misma está en la Escritura que tenemos ante nosotros. La santificación tiene dos aspectos, — el aspecto absoluto y el aspecto progresivo. Está el aspecto posicional y el aspecto práctico. En el aspecto posicional tú tienes la verdad de que el alma ha sido apartada, separada, para Dios. Y luego está el cambio práctico, y el progreso santo en el andar del santo. Él aprende, en primer lugar, que ha sido puesto aparte para Dios, y luego aprende a moldear sus modos de obrar en consecuencia. ¿Por dónde empezarías tú si estuvieras pensando en el asunto de la santificación? Yo sé por dónde yo empecé. Empecé conmigo mismo. Pensé, pobre de mí, qué cantidad inmensa de cambio y progreso debiera ocurrir dentro de mí. Pero, si yo voy a hablar de la santificación según la Escritura, debo comenzar con el aspecto posicional en primer lugar, y por eso debo comenzar con Cristo. Tú dices, «Oh, ¿crees tú que el Señor Jesús puede ser alterado alguna vez?» No, Dios no lo permita. Acude a la Escritura y oigamos lo que ella dice.

 

Cuando Él estuvo aquí en la tierra, el Señor dijo a los judíos: "¿Al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?" (Juan 10: 36). Qué cosa tan admirable que el Padre Lo hubiese santificado, ¿podía Él alguna vez ser más santo de lo que era? Dios no permita ese pensamiento. Lo que dice el versículo significa simplemente esto, a saber, el Padre había apartado a Su bendito y único Hijo, y Lo había enviado a este mundo para traer a Dios al hombre, para revelar a Dios y para dar a conocer a Dios aquí. Para el Hijo de Dios ello fue ocupar una posición totalmente nueva. Él es visto en este mundo cuando Él se hace hombre. "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad". (Juan 1: 14 – LBA). Nosotros encontramos otro aspecto de la santificación en relación con Cristo en Juan 17.

 

El Señor dice allí, "Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad". (Juan 17: 18, 19). ¿Dónde se santifica Él a Sí mismo? Donde Él está ahora. Él se ha puesto aparte a Sí mismo en la gloria celestial y, como Hombre, ha asumido una posición enteramente nueva para poder unirnos a Él mismo allí. ¿Dónde está Cristo? En la gloria. Está fuera del mundo. Y, amados amigos, ¿qué sacará el corazón del mundo? Sólo el conocimiento de un Cristo celestial. Oh, sí. Eso sacará tu corazón de este mundo. Eso hará de ti un peregrino.

 

Si tú has visto a Cristo, un Cristo victorioso y ascendido, fuera del todo de esta escena, todo se estropea para ti en este mundo. Él se pone aparte en la gloria celestial para que Su pueblo sea santificado mediante la verdad. El Cristiano es una persona que tiene su corazón en otra esfera por completo mientras sus pies recorren este mundo. Él está del todo fuera de este mundo, aunque, como santo, cumplirá los deberes de la vida infinitamente mejor que antes. El pensamiento primordial de la santificación es, entonces, la separación, y ocupar un nuevo lugar. En Juan 10 veo al Señor Jesús ocupando un nuevo lugar, como Hombre aquí, y en el capítulo diecisiete lo veo de nuevo ocupando un nuevo lugar como Hombre a la diestra de Dios, pues la Humanidad ha sido llevada a la misma gloria de Dios en la persona de Cristo. El resultado es que tú tienes un nuevo lugar, y una nueva vida, porque Él está allí. Tú perteneces a una nueva compañía.

 

Pues bien, pasemos al desarrollo de este tema en el Nuevo Testamento. En Saulo de Tarso encuentro al Señor prendiendo un vaso muy maravilloso para la revelación de Su verdad, y en la hora misma de su conversión él obtiene su comisión para los gentiles, a saber: "Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados". (Hechos 26: 18). Eso es lo que el evangelio hace. Tú no puedes convertir a las personas, pero Dios puede hacerlo por medio del evangelio. El apóstol Pablo recibió su comisión y el carácter de su servicio para el Señor aquí, y si tú estás recién comenzando en la vida Cristiana, me gustaría, y te insto, a estar completamente afuera para Cristo. Entonces Él te usará en Su servicio y es un trabajo verdaderamente feliz ser un instrumento en Sus manos para convertir a los pecadores "de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios", y llevarlos a que " reciban… perdón de pecados y herencia entre los santificados".

 

Pero, ¿quiénes son los santificados? Son todos los que han recibido la luz de Dios. Ella vendrá si tú estás preparado para ella, y todos los que reciben un destello de la luz nunca descansarán hasta saber que están entre los santificados. En el momento que Israel se puso bajo la protección de la sangre, ellos pertenecieron a Dios. Ellos no estaban entonces del todo desalojados de la tierra de Faraón, y antes de que Dios los salvara fueron santificados. Todo Cristiano es santificado antes de ser salvado. Tú has pensado que la santificación vino al final del camino. Eso es absolutamente un error, la santificación es al principio. El duodécimo capítulo de Éxodo es protección, el decimotercero santificación, el decimocuarto salvación y el decimoquinto satisfacción. La protección viene en el momento que tú confías en Jesús. La santificación es la siguiente cosa que aprendes, y el alma debe aprender la verdad según los pasos en los que Dios la sitúa. Ese es un paso, que estoy tratando, si es que puedo, de ayudarte a dar ahora mismo. Cuando tú crees en Jesús y tienes fe en Su sangre recibes el perdón de pecados. Ese acto de Dios es bueno para siempre. Tú nunca puedes perderlo, y nunca puedes renunciar a él. El gozo del corazón de Dios es perdonarte.

 

Hace mucho tiempo yo pensaba que si mis pecados eran perdonados yo debería ser la persona más feliz bajo el sol, y que eso era todo, pero hay una bendición aún más profunda al poseer, por la fe que es en Él, "perdón de pecados y herencia entre los santificados". Pero tú dices: «¿Cómo puedo ser santificado?» Ese es todo el asunto, y la respuesta es sencilla. El hecho es que las dos cosas van juntas, el perdón y la santificación. El hombre que es perdonado es un hombre santificado. Tal vez él no lo sepa, pero cuando lo sepa, le dará a su alma el más maravilloso gozo, y paz delante de Dios. Tú dices, «encuentro mi corazón tan malo que a veces temo no ser perdonado». Pues bien, mi querido amigo, cuando el Señor te perdonó, Él sabía lo malo que eras y te perdonó todo cuando Él sabía todo acerca de ti. El conocimiento de esta última verdad te salvará de una gran cantidad de angustia.

 

No existe en la Escritura el pensamiento de «santificación por medio de la fe», como algunos dicen, es decir, un acto de fe mediante el cual el alma salvada se convierte en santificada repentinamente. La santificación de la que se habla aquí la recibe el alma en el momento en que tiene fe en Jesús. La fe en Él te sitúa entre los santos. ¿Eres tú un santo? Tú replicas, «Oh, no debería gustarme ocupar ese lugar». ¿Por qué? «Bueno, obviamente, los santos son personas muy santas». Eso es realmente lo que deberían ser, pero ellos primero son santos. ¿Quiénes son los santos? Todos aquellos que son santificados, puestos aparte por la obra eficaz del Espíritu de Dios en ellos, y la obra de Cristo por ellos. "Los santificados" incluye a todo el pueblo del Señor. No dejes que Satanás te moleste acerca de tus experiencias y plantee la pregunta en cuanto a cuándo eres santificado. Si tú confías en el Señor Jesús y estás bajo el amparo de Su sangre, has sido separado, apartado para Dios, y eso significa mucho, pues Él te considera como Suyo desde aquel momento.

 

Es una cosa maravillosa estar separado para Dios, porque, ¿acaso tú no ves que cuando Faraón sale un poco más tarde diciendo que va a alcanzar a esa gente, Dios responde que esas personas son Suyas, y que Él tiene la intención de libertarlos? Sus palabras son, "Santifícame todo primogénito; todo primer nacido entre los hijos de Israel, tanto de hombres como de animales, mío es". (Éxodo 13: 1 – VM). Por eso, más tarde, cuando "el enemigo" dijo: "Perseguiré, apresaré, repartiré despojos; Mi alma se saciará de ellos; Sacaré mi espada, los destruirá mi mano" (Éxodo 15: 9), Dios respondió: "Ellos son mi pueblo", e hiriendo a Su enemigo y a los suyos a la vez, "los cubrió el mar; Se hundieron como plomo en las impetuosas aguas". (Éxodo 15: 10). Gracias a Dios, con toda mi debilidad y maldad, yo pertenezco a Él.

 

Si tú descubres que has sido apartado así para Dios, esto tendrá un gran efecto en tu alma.

 

Al hablar así, estoy pensando en los corderos del rebaño de Cristo, — aquellos que acaban de empezar. Me gustaría que los que han andado por más tiempo pensaran un poco en ellos. Supongamos que intentáramos ayudarlos,— nosotros, los más antiguos, quiero decir ahora. Vayan y denles aquello que ayudará a sus almas. Ningún material árido, — dogma teológico o eclesiástico avanzado, — que no puedan deglutir. Aliméntenlos con la leche de la Palabra. "Apacienta mis corderos" es una dulce palabra del Príncipe de los Pastores, y hacerlo es una hermosa obra. A todos ustedes yo quiero hacerles ver, queridos nuevos Cristianos, que ustedes pertenecen al Señor, absoluta e irrevocablemente. Ustedes reciben al mismo tiempo el perdón de sus pecados y la santificación. En lenguaje llano, amado nuevo convertido, tú estás entre los santos, — tú eres uno de ellos. No andes por ahí hablando de lo que tú sientes. La fe, no los sentimientos, regula tu posición. Teniendo fe, tú estás en la familia de Dios, y no sólo tienes tus pecados perdonados, sino que tienes una " herencia entre los santificados". Maravillosas palabras. ¿Cómo somos santificados? Por la fe que es en Jesús. (Hechos 26: 18).

 

Lo primero que tú debes aprender es que has sido apartado para Dios en todo el valor de la obra de Cristo, y sobre este fundamento Él se dirige a ti en la epístola de Pablo a los Corintios. Esa epístola está dirigida tanto a ti como a los Corintios. Es, "a la asamblea de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados santos, con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro". (1ª Corintios 1: 2 - JND). Tú has sido apartado para Dios en Cristo Jesús. Presta atención, no se dice "llamados a ser santos", sino "llamados santos", es decir, santos por llamamiento. Tú dices, «Oh, entonces tendré que andar muy cuidadosamente». Sí, eso vendrá en breve. Observarás que todos los creyentes son considerados como una compañía santificada. Nosotros pertenecemos a Dios en virtud de lo que el Señor Jesús ha hecho por nosotros. "Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención". (1ª Corintios 1: 30). Él mismo se ha puesto aparte ante Dios ahora, y nosotros estamos en Él. ¿Quién es mi sabiduría? Cristo. ¿Quién es mi justicia ante Dios? Cristo. ¿Quién es mi santificación? Cristo, y Él es también mi redención. Si tú no tienes una santificación a la altura de la de Cristo, no eres apto para pertenecer a la familia de Dios, pero, puesto que Él es tu santificación, tú posees lo que necesitas. Tendrás que aprender esto, a saber, que lo que eres es algo completamente sin ningún valor. Tú moriste con Cristo y todo lo que eres, como hombre en la carne, desaparece de la vista de Dios. Nosotros estamos en Él. ¿Eso servirá? Yo no podría tener nada mejor, y Dios no me dejará tener nada menos, "para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor". (1ª Corintios 1: 31). Ahora tú puedes gloriarte en el Señor.

 

En el sexto capítulo de 1ª Corintios es mostrado el tipo de personas que Dios santifica, pues leemos, "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis; ni fornicarios, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni sodomitas, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni calumniadores, ni estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios". (1ª Corintios 6: 9-11 – VM2020). "Y esto erais algunos (de vosotros)". No dice que todos hayan sido así. Pero algunos de nosotros somos convictos. "Y esto erais algunos; pero habéis sido lavados". ¿Acaso no es eso agradable, después de obtener toda esta terrible lista de pecados? "Pero… habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios". Ven ustedes, amados amigos, hay dos lados en este aspecto posicional de la verdad de la santificación. Está la obra del Señor Jesucristo por nosotros en la muerte, y también está la obra del Espíritu Santo en nuestras almas, y el orden es sorprendente aquí, es decir, que la santificación precede a la justificación en la historia del alma.

 

Ahora bien, si tú acudes a la epístola a los Colosenses, no encontrarás exactamente la palabra "santificación", pero encontrarás la cosa explicada en la forma en que el Espíritu de Dios presenta el estado real del alma creyente. Leemos, "Dando gracias al Padre, que nos hace idóneos para la participación de la herencia de los santos en la luz; el cual nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor; en quien tenemos la redención, por medio de su sangre, la remisión de nuestros pecados". (Colosenses 1: 12-14 - VM). Entonces, ¿Cuál es la verdad? La verdad es que tú y yo podemos dar gracias a Dios porque somos idóneos para participar de la herencia de los santos en la luz. Tú nunca serás más idóneo para la herencia de los santos en la luz que en este momento. Tu idoneidad es lo que el Señor Jesús es. Él es tu santificación y, "dando gracias al Padre", es el resultado. ¿Lo estás haciendo? ¿Sale tu alma a dar gracias al Padre por hacerte idóneo para ser un partícipe de la herencia de los santos en la luz? Idóneo para Dios. Dios es luz y tú eres apto para Dios. No en ti mismo, obviamente, sino por medio de lo que Cristo es, y de lo que Cristo ha logrado.

 

¿Cómo se produce esto? En primer lugar, consideraremos la obra del Señor. Vayamos a Hebreos 2. Allí tú tienes la verdad presentada de una manera más bien diferente. Sin embargo, es muy importante. Leemos, "Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré". (Hebreos 2: 9-12). Dios está llevando a muchos hijos a la gloria, y para ello perfecciona al Autor de la salvación de ellos mediante aflicciones. Ese es Cristo. "El que santifica" es Jesús, y "los que son santificados", son todos los que son de Cristo y, "de uno son todos". Él no dice de qué. Ninguna palabra podría describirlo. Pero todos son del mismo orden, — a saber,  de un solo Padre, de un solo carácter, de una sola familia. Qué cosa tan maravillosa para que el alma se aferre de ella. De cada creyente en Jesús, es cierto que, "de uno son todos".

 

¡Sublime gracia! Retén firmemente esto, a saber, que tú, como creyente en Jesús, formas parte de esta compañía santificada. Gloriosa verdad, ellos, "de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos". Espero que tú te avergüences de llamarlo a Él "hermano", incluso "Hermano Mayor". Él no se avergüenza de llamarnos Sus hermanos, pero recuerda que Él es nuestro Señor. Ese es el asunto que debemos entender. En el capítulo veinte de Juan Él dijo a María: "Ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios". Ella fue y se los dijo, y todos se reunieron. Entonces vino Jesús, se puso en medio y les dijo, "Paz a vosotros". Tomás no estuvo allí aquel primer día de la semana, día de la resurrección, pero después, cuando los hermanos le hablaron acerca de la reunión, él tuvo mucho cuidado de estar allí la siguiente vez, y cuando el Señor entró Tomás supo que era Jesús, y no dijo, «Hermano mío», sino, "¡Señor mío, y Dios mío!". (Juan20: 16-29). Eso es. Hermano recién convertido, nunca olvides que Él es tu Señor. Él nos llama Sus hermanos por gracia infinita, diciendo, "Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré". (Salmo 22: 22 – VM). Él nos da Su propio lugar ante Dios, y luego Él dirige las alabanzas de la compañía santificada.

 

Tú encontrarás la base y el fundamento de todo esto en Hebreos 10, donde la obra expiatoria de Cristo es desvelada: leemos, "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre". (Hebreos 10: 10). ¿Qué es lo que nos santifica? Es la muerte del Señor. En el altar ha sido ofrecida esta Víctima bendita, santa y sin mancha. Todo el crédito, el valor y la bienaventuranza de lo que Cristo fue en Su santidad perfectamente aceptable e infinita hacia Dios, eso es todo tuyo y mío. Él asumió nuestro lugar en la muerte, y cargó con nuestro juicio, y así nosotros obtenemos Su lugar en la vida y en la gloria. Oh, qué descanso para el alma ver esto. Ya no tengo que considerar ni esperar nada de mí mismo. "Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que son santificados". (Hebreos 10: 14 – VM). Así que yo encuentro aquí que no sólo soy una persona santificada, sino que he sido perfeccionado. Ello es perfección en cuanto a la conciencia delante de Dios. La conciencia del adorador debe ser el reflejo del valor de la ofrenda. Si la ofrenda no es perfecta, la conciencia del adorador no estará en calma, y viceversa. La ofrenda no era perfecta en el Antiguo Testamento, Dios no se complacía y la conciencia del adorador no era limpiada. Lo que se quiere decir con, "hacer perfecto, en cuanto a la conciencia" (Hebreos 9: 9), es que la plena luz de Dios está sobre mí, y ella no puede encontrar una mancha. La ofrenda ha sido tan perfecta que ha quitado todo pecado para siempre de la vista de Dios. Esto no pudo ser hasta que vino Jesús, "Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados" (Hebreos 10: 4 – LBA), pero una gran verdad del evangelio es ahora que la condición de la conciencia del adorador es el reflejo del infinito valor del sacrificio.

 

La sangre de Jesús ha glorificado infinitamente a Dios acerca del pecado, de ahí que tu conciencia debe ser absolutamente limpiada por esa sangre. Por Su ofrenda tú eres santificado y, más que eso, eres perfecto en lo que respecta a la conciencia. Encontrarás tres cosas hermosas en este capítulo 10 de Hebreos, a saber, la voluntad de Dios, la obra de Cristo y el testimonio del Espíritu Santo. Tú tienes a la Trinidad activa en nuestra bendición. La voluntad de Dios era tenernos idóneos para Su presencia; Cristo realizó la obra de expiación por nosotros en la cruz, por la cual somos idóneos; y el Espíritu Santo descendió para darnos testimonio de que somos idóneos, diciendo, "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones" (versículo 17). No se trata solamente, amado amigo, de que tus pecados son perdonados, sino que Dios dice: «Mi memoria ha sido tan afectada por la sangre de la expiación, derramada en la cruz del Calvario, que no sólo he perdonado tus pecados, sino que los he olvidado». Esto es lo que el hombre es, «Si te he ofendido, tu podrías perdonarme, pero nunca lo olvidarás». El hombre no olvida. Pero, considera, cuando Dios quiere darle a tu alma una profunda y sólida paz eterna, Él dice, "Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones". Ah, qué sólido descanso eso da.

 

 

Además, está el otro aspecto de la santificación posicional al que sólo aludiré por un momento. Ese otro aspecto es la obra del Espíritu de Dios. Pablo dice: "Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad". (2ª Tesalonicenses 2: 13). No se trata de la santificación mediante la sangre sino de la santificación del Espíritu. Allí tenemos ahora la obra del Espíritu, la separación para Dios que el Espíritu produce en el alma, y no hay duda de que la santificación por el Espíritu es una verdad muy importante. En 1ª Pedro 1: 2, tú obtienes una expresión algo similar. Allí se declara que los creyentes son "elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre". (1ª Pedro 1: 2 – LBA). Tú tienes ahí la obra eficaz del Espíritu de Dios, la obra profunda, real e interna del Espíritu. Si no hubiera sido por el toque del Espíritu de Dios, nunca podríamos haber sido bendecidos. ¿Cuál fue el primer efecto cuando fuiste tocado por el Espíritu? ¿Fue alegría? No, todo lo contrario. Ves ese hombre, convencido por el Espíritu de sus pecados, él es muy miserable. No te preocupes, ese hombre ha sido santificado, apartado, y a continuación creerá a la verdad. Él va a algún lugar de predicación donde oye acerca del amor de Jesús, y de la muerte de Jesús, y que la sangre de Jesús fue derramada por él. Exclama: «Cristo murió por un pobre y malvado pecador como yo». Él cree a la verdad, y obtiene paz, y el conocimiento de la salvación. Eso es todo, ¿no lo ves? Es muy probable que él te diga que se convirtió esa noche. Pero no, había existido una obra de Dios sucediendo en él por algún tiempo antes. Esa es la obra del Espíritu de Dios en nosotros. Somos llevados a vernos a nosotros mismos. Luego vienen los ejercicios y las agonías del nuevo nacimiento. Y ahora esa alma comienza a aprender. Él encuentra que él mismo es acepto en el Amado y obtiene paz.

 

Esto puede ser suficiente acerca de lo que yo llamo el lado posicional de la santificación. Dios sea alabado por la gracia que nos da este aspecto de la verdad, porque da claridad al alma en su relación con Dios. Otra noche veremos el aspecto práctico del tema.

 

Las edades eternas declararán las riquezas de Tu gracia

A los que con Tu Hijo compartirán el lugar eterno de un hijo.

 

Ausentes aún, descansamos en la esperanza, recorriendo del desierto la senda,

Esperando a Aquel que nos lleva más allá del poder de la muerte.

 

Nos gozamos en Ti, en Tu santo amor es nuestra porción sin fin,

Semejantes a Tu propio Hijo, con Él en lo alto,

en la más resplandeciente felicidad celestial.

 

Oh Padre Santo, guárdanos aquí en ese bienaventurado nombre de amor,

Andando ante Ti sin temor hasta que todo sea gozo en lo alto.

 

Capítulo 4

 

Santificación - Su Aspecto Práctico

 

Lectura Bíblica: Éxodo 13: 3-22

 

Nosotros hemos considerado el tema de la santificación en lo que yo llamo el aspecto absoluto o posicional de ella. Veremos ahora el aspecto práctico o progresivo de la misma. Es muy importante ver que está el aspecto posicional, y luego el aspecto práctico es la secuencia lógica. Pero tú nunca lograrás que un santo entre realmente en el aspecto práctico a menos que exista primero la comprensión de la verdad del aspecto posicional. Yo tengo un lugar nuevo ante Dios en el terreno de la redención. Y ese lugar es el lugar de Cristo. Nada menos. Cristo, llevando el juicio de Dios en la cruz, fue la medida de la distancia en que tú y yo estábamos de Dios, cuando Él fue hecho pecado, y cuando Dios trató con Él como pecado en la cruz. Tú nunca te enterarás de la maldad de tu propio corazón considerándolo. Nosotros nunca entenderemos la medida de la distancia a la que estamos de Dios, y el grado de nuestra culpa considerándonos a nosotros mismos. Si yo considero a Cristo en el lugar donde Él una vez estuvo, llevando pecados, y hecho pecado, y juzgado por Dios, totalmente abandonado por Dios y desechado por Dios, en las agonías relacionadas con la obra de expiación, yo obtengo la medida de la distancia a la que estoy de Dios como pecador culpable. Cuando yo Le veo ahora donde Él está a la diestra de Dios, en todo el favor y el amor de Dios, yo me entero de la medida de mi cercanía. Me entero de lo que yo soy en Él.

 

Entiende claramente esto, tu santificación,— en el pensamiento positivo de ella, — ante Dios, no es lo que sucede en tu interior, sino que es Cristo, cómo y donde Él está ahora. En el momento que el alma entiende eso, ella entra en libertad. Pero además, si tú tienes este nuevo lugar, esta nueva vida y esta nueva relación (no digo que estés realmente en la verdad plena de ello, sino si este es tu nuevo lugar), tendremos un nuevo andar.

 

De manera muy natural, en el momento que la verdad de su separación para Dios irrumpe en el alma, ella dirá: «Entonces habrá ahora una nueva manera de andar». Tú has sido puesto aparte para Dios y sólo Su palabra puede ser tu guía para tu senda como santo. Prestar atención a ella está en la base de todo progreso en la santificación, vista desde el aspecto práctico. Yo tengo más fe en la Escritura que en cualquier cosa que yo pueda decir acerca de ella. Tú nunca progresarás en tu alma si no lees diligente y cuidadosamente la Palabra de Dios. Nada puede ocupar su lugar; ni ninguna cantidad de lo que oyes decir a los demás acerca de ella suple la carencia de tu propio estudio personal. Porque, tú ves, si vienes a una reunión, al final de la semana mucho de lo que has oído se ha ido de ti a menos que estudies la Palabra después para obtener, en la presencia del Señor, la verdad para ti mismo. "El perezoso ni aun asará lo que ha cazado; pero la riqueza más preciosa de un hombre es la diligencia". (Proverbios 12: 27 – VM). La primera mitad de ese versículo ilustra la historia de muchos nuevos convertidos. Ellos tienen suficiente energía para acudir a una reunión y oír atentamente a un maestro de la Palabra, pero no tienen suficiente energía para volver a las Escrituras en su propia habitación y tener la verdad de Dios haciendo efecto en sus almas mediante meditación y oración. Atraparon la liebre, por así decirlo, pero fueron demasiado perezosos como para desollarla y asarla sólo porque no era lo suficientemente "preciosa" para ellos. Tú tienes que introducir la verdad de Dios en tu propia alma en Su presencia si ella ha de ser realmente un alimento mediante el cual puedas crecer. El secreto de gran parte de la falta de crecimiento espiritual entre los nuevos cristianos, — y quizás también entre los más antiguos, — es que no hay suficiente trato con Dios acerca de las verdades de la Escritura en nuestros propios aposentos.

 

Tenemos que dar gracias a Dios por cualquier ayuda que Él nos proporciona por medio de Sus siervos que ministran Su Palabra de manera oral o de manera escrita. Dios puede ayudarme de cien maneras, y pienso que es una gran cosa que estemos atentos a la ayuda para nuestras almas. Por otra parte, debemos recordar las palabras del Señor, "Mirad lo que oís" (Marcos 4: 24), así como, "Mirad, pues, cómo oís". (Lucas 8:18). Mi amado nuevo Cristiano, debes obtener todo aspecto de la verdad. Queremos que toda la verdad que Dios nos ha dado sea presentada a nosotros en todas las maneras en que a Él le plazca darla. ¿Por qué? Por la variada necesidad de nuestras almas.

 

Considera ahora el aspecto práctico de la verdad que tenemos, en figura, en este capítulo. "Y Moisés dijo al pueblo: —Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud; porque Jehová os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura". (Éxodo 13: 3 - RVA). Nunca olvides que Dios te ha salvado. Comienza con esto, que un acontecimiento maravilloso ha ocurrido en tu vida. Dios te ha sacado de Egipto. ¿No ha cambiado todo? Ciertamente. El asunto es este, cuando tú eres llevado a Cristo y conoces a un Salvador celestial, tus pecados son perdonados y tú estás libre del mundo. Yo no quiero decir que el mundo no procurará atraerte. Lo hará. Después de tu conversión puedes estar en precisamente las mismas circunstancias externas en la que antes estabas, pero, sin embargo, todo ha cambiado, y hay una vida nueva. Lo que fue cierto para Israel en tres partes de su historia, es cierto acerca de ti y de mí, todas a la vez. Estas circunstancias son encontradas en las Escrituras en tres lugares. Ellos estuvieron en Egipto, luego en el desierto, y después en Canaán. Ellos tardaron cuarenta años en trasladarse de Egipto a Canaán, pero eso fue debido a la incredulidad de ellos. Nosotros estamos en el mundo hasta que nos convertimos. Pero en el momento que soy un hombre convertido, esta escena se convierte en un desierto para mí. Yo estoy libre del mundo en mi alma si comprendo las palabras del Señor, "No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo". (Juan 17: 14-16). Estamos en las mismas circunstancias, pero el hecho de conocer a Dios lo ha cambiado todo, y mientras seguimos adelante nos encontramos con que tenemos que aprender, mientras atravesamos el desierto, lo que nosotros mismos somos, y lo que Dios es. Tú estás apercibido para llegar al cielo, pero si entras en la verdad del Cristianismo, encontrarás que el Espíritu de Dios llevará tu alma allí ahora, mientras tus pies andan por esta escena del desierto. Él llevará tu corazón al lugar celestial, y te dará ahora el entendimiento y el disfrute de lo que es tuyo por la eternidad. Eso es lo que devela la epístola a los Efesios.

 

Nosotros ya no somos de Egipto porque la sangre de Cristo nos ha separado de un mundo que está bajo juicio. Encontramos que éste es un desierto, donde hay escollos y peligros pero, al mismo tiempo, el Espíritu de Dios nos lleva a Canaán en nuestras almas. Hay una esfera muy maravillosa ante ti. Entra en ella. "Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud", fue la palabra de Moisés a Israel (Éxodo 13: 3 – RVA) y, "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud" (Gálatas 5: 1), es la palabra para nosotros. "Porque Jehová os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura" (Éxodo 13: 3 – RVA), fue el mandato de Dios. ¿Qué es la levadura? Es el símbolo del mal. En el momento que tú estás en el terreno de la redención, Dios espera un andar diferente. Desearía mucho entrar en tu alma sólo para ser lo que tú eres. Eso es. Sé lo que tú eres, y serás un Cristiano maravilloso. Tú preguntas, «¿Qué soy yo?» Te respondo, tú eres una persona libertada, eres un hijo de Dios, tienes el Espíritu Santo, y estás en conocimiento del amor de Dios. Estas son cosas maravillosas. Recuerda, estás fuera de Egipto, — es decir, fuera del mundo, — y no debe haber levadura. (Éxodo 13: 3).

 

La levadura, en la Escritura, significa siempre lo que es malo. Yo sé que el término ha sido usado de una manera muy falsa, se ha aplicado al evangelio que se extiende y leuda al mundo. Si Dios usa una figura, siempre le da un significado concreto. La levadura de los fariseos era la hipocresía (Lucas 12: 1). La levadura de Herodes era la mundanalidad (Marcos 8: 15). La malicia y la maldad son llamadas levadura. (1ª Corintios 5: 8). Cuando llegaba el día de la Pascua, el que era cabeza de la casa se encargaba de hacer desaparecer toda la levadura. Nosotros debemos hacer lo mismo. La levadura de malicia y de maldad no forma parte de la vida de un Cristiano. Si tú te ocupas en lo que es de Dios, llevarás una vida Cristiana muy hermosa, santa y práctica. Si yo tomo la figura, entiendo que significa que cuando llegaba el día de la Pascua, el israelita llevaba una luz que iluminaba cada rincón de su casa. Cada oscura alacena era examinada cuidadosamente, y él quitaba hasta la última migaja de levadura. Yo creo realmente que si nosotros dejamos que la luz de la Palabra de Dios caiga sobre nosotros encontraríamos que ella podría hacer desaparecer muchas migajas de levadura de nuestros corazones. La manera de impedir la entrada del mal es ocuparse en el bien. Pablo dijo: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Filipenses 4: 8); y un querido siervo de Dios, que ya partió para estar con el Señor, dijo una vez: «Para un Cristiano, el secreto de la paz interior y del poder exterior es ocuparse siempre y únicamente en el bien». ¿Tomarás nota de eso, nuevo Cristiano? ¿Lo escribirás y lo pondrás donde puedas verlo todos los días? Te hará muchísimo bien todos los días de tu vida. Que Dios nos mantenga siempre ocupados en lo que es bueno. Yo no debo ocuparme en lo que es levadura ni alimentarme de ello, es decir, el mal en cualquiera de sus formas, sino de Cristo, nada más que de Cristo.

 

Si te entregas al trabajo de leer los requerimientos de Dios con respecto a los panes sin levadura y a la levadura en los libros de Éxodo, Levítico y Números, te sorprenderás al ver de qué manera una y otra vez hay exhortación acerca de estos asuntos. Si el mal es permitido, yo contristo al Espíritu Santo, y toda la luz y el gozo desaparecen. Pierdo el disfrute del amor de Dios, y pierdo lo que Él quiere que mi corazón esté disfrutando, a saber, la comunión con Él mismo.

 

Lo que el apóstol dice a los Corintios es muy importante, "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad". (1ª Corintios 5: 7, 8). La fiesta de la que se habla allí es la de los siete días de los panes sin levadura (Éxodo 12: 15-20; 13: 6-10). Dios nunca supone que tú y yo estaremos ocupados en cualquier otra cosa que no sea lo que es de Cristo. Eso es santificación práctica. Debemos comenzar y continuar andando en santidad debido a lo que el Señor hizo por nosotros. El israelita celebraba la fiesta, y decía a su hijo, "Se hace esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca". (Éxodo 13: 8, 9). Muéstrame una persona que está andando en estas líneas, y yo te mostraré un Cristiano cabal, práctico y feliz. "Y te será como una señal sobre tu mano". Hermoso, la mano que solía hacer lo que al dueño le gustaba, esa mano le pertenece a Jesús ahora. Lo mismo ocurre con los ojos y la boca. Cuando los sacerdotes eran consagrados, y el leproso era limpiado, la sangre era puesta sobre el lóbulo de la oreja derecha, y sobre el pulgar de la mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho. (Éxodo 29: 20; Levítico 14: 14). En el momento que tú eres redimido, eres considerado como perteneciendo totalmente a Dios; los ojos, la boca, la oreja, la mano y el pie son todos Sus siervos.

 

Pero, nuestro capítulo enseña otra lección sorprendente en cuanto a lo que se debe hacer con lo que Dios no puede usar, a saber, "Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado, dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos". (Éxodo 13: 11-13). ¿Cuál es el significado de esto? Es muy sencillo. ¿Puedes tú consagrar un asno a Dios? No. Entonces, quiebra su cerviz. Tú tienes algo para lo que eras muy bueno antes de convertirte; ¿puedes usarlo y dedicarlo al Señor? No. ¿Has quebrado la cerviz del asno?, es decir, ¿has juzgado y desechado la cosa como no apta para el Señor? Yo no sé cuál es la cosa en tu historia, pero tú sí lo sabes. El asunto es este, y es que solíamos pertenecer al mundo pero ahora pertenecemos a Cristo. Lo que tengo, y lo que soy, todo pertenece a Él. Tú no puedes usar alguna habilidad para el Señor. ¿Cuál es el resultado? Le quiebras la cerviz, por así decirlo. Cualquier cosa que sea un estorbo para ti, júzgala: no perdones a ese asno. Quiébrale la cerviz. Si puedes redimirlo, hazlo. Si no, quiébrale la cerviz.

 

"Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos. Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte". (Éxodo 13: 14-16). Todo lo que tengo es del Señor, y si no puedo consagrarlo yo lo juzgo, y esto lo pueden ver los demás. Si tus modos de obrar cambian, eso es lo que es visto manifiestamente por los que te rodean. Muchos nuevos Cristianos pierden una gran cantidad de bendiciones porque no toman una posición categórica y audaz por Cristo cuando se convierten. Si tú confiesas a Cristo a ultranza te ahorrarás una cantidad inmensa de problemas. Si no lo haces, escaparás de la persecución, pero no tendrás el sostén del Señor, ni el consuelo que el Espíritu Santo quisiera darte. Tú no estás en condiciones de tenerlo. Por nuestra cobardía podemos ahorrarnos gran parte de lo que no nos gusta pero, al mismo tiempo, nos privamos de los triunfos y de las victorias a las que Dios nos llevaría, si fuéramos fieles.

 

Veamos ahora algunos versículos del Nuevo Testamento. Cada epístola habla del aspecto práctico de la santidad. Considera en primer lugar la epístola a los Romanos, capítulo 6. ¿Qué encuentro? "Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro". (Romanos 6: 10, 11). Todo está relacionado con Cristo, y tú estás en Cristo, vivo de entre los muertos; de ahí que, "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias". (Versículo 12). El pecado ya no debe gobernarte. El pecado era la voluntad de tu vieja mente, y te gobernaba mientras vivías, pero, habiendo muerto tú escapas de su dominio. "Libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia". (Versículo 18). Tú estás haciendo lo correcto ahora. Todos tus miembros, tu ojo, tu lengua, tu voz, tus oídos, tus manos, tus pies, tu mente y tu fuerza, todo lo que te caracteriza como hombre aquí, ha de ser siervo de la justicia, para santidad. Eso es santificación. Santidad y santificación son la misma palabra en las Escrituras. Tú comienzas a andar de manera santa. "Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna". (Versículos 20-22). Eso es santidad práctica. ¿Y cuál es el fin? La vida eterna. Ese es un hermoso fruto. Vale la pena practicar para esto.

 

Supongamos que vamos a la primera epístola a los Corintios. Nosotros vimos que esta epístola está dirigida a los santos por llamamiento. Se nos dice, en el capítulo 3: 16, 17, que, "el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es". «Ustedes son un pueblo santo, y Dios mora en ustedes». Si Dios mora entre Su pueblo, ¿qué debe ser lo siguiente? Todo lo que es impío tiene que salir, no hay duda de eso. Y por lo tanto, cuando llegas al capítulo sexto, versículo 19, leemos: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo".

 

Pasemos a la segunda epístola a los Corintios (capítulo 6: 16, 17) donde leemos, "Vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré". Si yo toco una cosa inmunda, ella me ensuciará. ¿Hay algún daño en esto? Bueno, no se trata del daño sino de lo que conviene al Señor. El asunto es, ¿Cómo puedo andar aquí para complacer a Cristo? Te daré otra pregunta para que la pongas detrás de la tuya. ¿Qué haría Jesús? ¿Haría Jesús esto? «Oh, Él no lo haría». Entonces yo no creo que ni tú ni yo podamos hacer eso. Observa ahora la promesa bienaventurada a los que han sido apartados, separados, a saber, "Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso". (2ª Corintios 6: 18). Tú comprenderás el sentido de la misma. Él es mi Padre, y yo soy su hijo. "Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios". (2ª Corintios 7: 1). Este es el aspecto práctico del asunto. «Perfeccionar la santidad» es realmente andar siguiendo las pisadas de Cristo.

 

En la epístola a los Gálatas y en la dirigida a los Efesios hay requerimientos que conducen a la santificación, pero la palabra no aparece exactamente en ninguna de ellas. "Si vivimos por el Espíritu, andemos también según el Espíritu". (Gálatas 5: 25 - VM). Esto forma parte de la santidad práctica del Cristiano. "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". (Efesios 4: 30). La santidad es la gran marca del pueblo de Dios, de la casa de Dios y del Espíritu de Dios. Si tú lees la epístola a los Filipenses encontrarás que ella describe al hombre que está en el disfrute de un andar muy bienaventurado y santo delante de Dios. En la epístola a los Colosenses tenemos un despliegue muy práctico de la verdad (capítulo 3, versículos 12 y 13), donde leemos, "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros (es decir, "siendo pacientes unos con otros"), y perdonándoos unos a otros". Imagina a Dios dirigiéndose a ti como a una persona santa. ¿No es admirable que el Señor se dirija a ti y a mí como "santos y amados"? Allí está el asunto en su resultado práctico.

 

En la epístola siguiente tú tienes más que en ninguna otra acerca del uso práctico de la palabra santificación. Leemos, "Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos". (1ª Tesalonicenses 3: 13). ¿Cuál es el significado de esto? El significado es que tú puedas andar de tal manera que no haya nada que el Señor tendría que transformar excepto tu cuerpo. Pablo deseaba que ellos estuvieran en un estado tal que el Señor pudiera establecerlos para siempre. Además, "Porque ésta es la voluntad de Dios, es a saber, vuestra santificación…, que cada uno de vosotros sepa señorearse de su propio cuerpo, en santificación y honra,… Porque no nos ha llamado Dios a vivir en inmundicia, sino en santidad". (2a Corintios 4: 3-7 – VM). Eso es intensamente práctico y el poder para ello se encuentra en el versículo 8. Allí está el poder para un andar santo. Se trata de la habitación del Espíritu Santo. Además, "Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique del todo; y ruego que vuestro ser entero, espíritu y alma y cuerpo, sea guardado y presentado irreprensible en el advenimiento de nuestro Señor Jesucristo". (2ª Corintios 5: 21-23 – VM).

 

Sólo una palabra acerca de la epístola a los Hebreos. Es muy notable la forma en que se habla ellos en el capítulo 3, versículo 1 donde leemos, "Por tanto, hermanos santos", etcétera. ¿Es esta la forma en que Dios se dirige a nosotros? Sí lo es, y como consecuencia el corazón es puesto bajo control de inmediato. El asunto aquí no es lo que yo soy de manera práctica, sino de lo que yo soy en Cristo. El hecho de ser consciente de esto surtirá efecto en el alma. De qué manera ello nos eleva. Considera también el capítulo 12. Esa es una porción de enseñanza muy admirable: "Levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado". Si yo no hago sendas derechas haré una senda torcida para mí y para algún otro. Por otra parte, "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". (Hebreos 12: 12, 13). Es muy sencillo, pero nada podría ser más claro o práctico. Yo debo seguir la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Obviamente yo creo que esto es cierto como un asunto de comunión, y si no estoy andando en el disfrute y el amor del Señor, y en santidad, no soy muy feliz. ¿Conoces tú el secreto de la felicidad? La felicidad siempre sigue a la santidad. Si vas a ser un Cristiano feliz, tendrás que ser santo. Eso es así. No puedes tener felicidad si no participas en la santidad.

 

¿Por qué tú debes ser santo? 1ª Pedro 1: 14-16 nos dice, y además nos manda, que no vivamos como cuando estábamos en Egipto, "Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo". Eso es muy sencillo, amados amigos. Cuando llego a su segunda epístola, Pedro nos dice, "¡Qué clase de personas debéis ser vosotros en conducta santa y piadosa". (2ª Pedro 3: 11 - RVA).

 

El apóstol Juan se dirige así a nosotros, "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro". (1ª. Juan 3: 2, 3). Él hace que la vida, el andar y los modos de obrar de Cristo sean la norma de nuestros modos de obrar. Eso es santificación práctica. Del mismo modo, yo encuentro en Apocalipsis que el bendito Señor, al dar ánimo a los de Filadelfia, dice: "Esto dice el Santo, el Verdadero". (Apocalipsis 3: 7). Él dice: «No olvides que yo soy el Santo y el Verdadero». Hay también lo que es muy hermoso cuando miramos a la eternidad en el capítulo 21 donde leemos, "Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido".  (Apocalipsis 21: 2). No era una gran ciudad. A los hombres les gusta lo que es grande. Babilonia es llamada "la gran ciudad", pero Dios busca lo que es santo y Él lo encuentra en la Iglesia. En ese capítulo tenemos un cuadro bienaventurado de la pureza eterna.

 

Y ahora, como si Dios quisiera apremiar nuestras almas a la santidad, leemos por último en Apocalipsis 22: 11, "El que es justo, haga justicia todavía, y el que es santo, santifíquese todavía". (RVA). La santidad ha de caracterizar siempre al santo, y si tú seguirás el rastro de las Escrituras que presentan así la santificación en su aspecto práctico y progresivo, — pues debiésemos ser más santos hoy que ayer, — tú encontrarás que ellas ayudarán a tu alma en esta orientación.

 

 

Como Tuyos nos conociste de antemano desde toda la eternidad;

Tus escogidos, tus amados de siempre, mantenidos presentes a Tus ojos;

Y cuando llegó el momento, — Tú, llamando por medio de Tu gracia,

nos atrajiste suave y firmemente a cada uno desde su escondite.

 

Tu Palabra, reflejándote a Ti, santifica por medio de la verdad,

Guiando aún a tus hijos con amable crecimiento celestial.

Así continúa aún la obra, la obra comenzada por la gracia,

Para cada uno es adecuada, y es formación, Padre, para ver Tu rostro.

 

Capítulo 5

 

Salvación

 

Lectura Bíblica: Éxodo 14.

 

Hay un comentario muy llamativo en el Nuevo Testamento acerca de este pasaje de la historia de Israel. Lo leeré. "Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados". (Hebreos 11: 29). Se trata del contraste sorprendente, amados amigos, entre la senda de la fe y la senda de la naturaleza, que es la senda del hombre del mundo, en lenguaje sencillo.

 

Ahora bien, si tú reflexionas sobre esta parte de la historia de Israel verás que hay una hermosa evidencia de la energía de la fe, aunque estuvo mezclada con una gran cantidad de temor y temblor. La Palabra de Dios describe siempre las cosas exactamente como son, incluso en una figura como ésta, y tú encontrarás en este capítulo 14 lo que responde absolutamente a tu propia experiencia. Lo que tenemos aquí en figura sólo ilustra lo que tú conoces en la historia de tu propia alma, — a saber, lo que yo creo que todos nosotros hemos conocido.

 

Por medio de estas figuras y tipos nosotros nos enteramos de lo que Dios tiene ahora para la bendición de nuestras almas en relación con el Señor Jesucristo. Tú debes entender que hoy en día todo es sacado a la luz desde el tipo, y todo se encuentra en una Persona en la Gloria. Sin embargo, todos los tipos están diseñados por Dios para enseñarnos preciosas y maravillosas verdades. Como dije anteriormente, hay cuatro tipos destacados del Señor Jesús en la historia de Israel. En primer lugar, la inmolación del cordero; en segundo lugar, el paso a través del Mar Rojo; en tercer lugar, la serpiente de bronce; y por último, el paso a través del Jordán. Estas son cuatro figuras de la muerte de Cristo, y todas ellas enseñan verdades totalmente diferentes.

 

Dios es santo, Él aborrece perfectamente el pecado y no puede tolerarlo en nadie, ni siquiera cuando fue puesto sobre Su propio Hijo bendito, el cual lo llevó vicariamente en la cruz. El pecado debe ser juzgado. Pero, la lección del Mar Rojo difiere enormemente de la de la sangre sobre el dintel. En ese caso ello no va más allá de la verdad de que Dios, como juez, se mantiene afuera. Si por medio de la gracia tú has sido conducido a confiar en la sangre del Señor Jesucristo, la propia santidad y la propia justicia de Dios hacen absolutamente imposible que Él te juzgue. Yo puedo tener muy claro eso y puedo saber que mis pecados han sido perdonados pero, aun así, yo puedo encontrar verdaderas dificultades de alma. ¿Y qué acerca del poder de Satanás? Aunque Israel estaba perfectamente seguro en lo que respecta a Dios, no estaba de ninguna manera seguro en lo que respecta a Faraón (Éxodo 14). El asunto fue si acaso ese pueblo realmente pertenecía a Dios o a Faraón. El Mar Rojo resolvió ese asunto.

 

Últimamente me impresionó mucho una Escritura notable en Isaías donde se habla de Israel en un día venidero, cuando Dios los libertará de nuevo. La Escritura dice, "Porque no saldréis a la desbandada, ni iréis huyendo; porque Jehová irá delante de vosotros, y el Dios de Israel será vuestra retaguardia". (Isaías 52: 12 – RV1977). Eso es lo que ellos hicieron en Éxodo 12. Eran como un montón de criaturas tímidas y atemorizadas, huyendo de un enemigo enfadado. Al ser echados fuera de Egipto (Éxodo 12: 39), ellos salieron apresuradamente y "fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía". (Éxodo 14: 5). Ellos no salieron con paso majestuoso. Salieron, como yo puedo decir, urgentemente. Huyeron para refugiarse, temiendo al enemigo perseguidor. En breve ellos no tendrán prisa porque entonces se habrán enterado que no se trata de una asunto entre ellos y Faraón sino de un asunto entre Dios y Faraón en cuanto a quién ellos pertenecen.

 

Tal vez alguien está diciendo: «Yo pensaba que me había convertido pero ahora no creo que lo haya hecho pues a veces caigo en un gran estado de temor y duda». Tú encontrarás gran consuelo en la forma en que la verdad es sacada a relucir en este capítulo. En el momento que un creyente está bajo la sangre del Señor Jesucristo, él está protegido. Y la misma sangre que lo protege lo pone aparte, lo separa para Dios. Por lo tanto, tú perteneces a Dios, en espíritu, alma y cuerpo. Tú no te perteneces a ti mismo porque has sido comprado por precio. (1a Corintios 6: 19, 20). Perteneces al Señor pero todavía estás en el mundo, y Dios quiere sacarte, como sacó a Israel de Egipto. "Los dirigió por camino derecho". (Salmo 107:7). Leemos también, "Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, aunque estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto. Mas Dios condujo al pueblo a dar un rodeo,  por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados (o, "en columnas de a cinco")". (Éxodo 13: 17, 18 – KJV y su nota al margen).

 

Ellos habrían podido llegar a la tierra de Canaán en alrededor de once días de viaje (Deuteronomio 1: 2). Pero, ¿por qué no fueron ellos llevados por ese camino? Porque ellos todavía no estaban preparados para la guerra, y Jehová dijo «Si ellos encuentran a los Filisteos en el camino, y ven la guerra, volverán a Egipto», así que Él los condujo por el camino del desierto. Ellos nunca habían visto la guerra, ni la vieron hasta que hubieron visto el poder de Dios. Yo les diré lo que ellos vieron. Ellos vieron «la salvación de Jehová». (Éxodo 14: 13). Él ama enseñarte, en primer lugar, lo que es el triunfo de Cristo, es decir, cuán completa y absolutamente el poder del enemigo ha sido quebrantado. Tú tienes que aprender esto, a saber, que no puedes libertarte a ti mismo. La debilidad nos caracteriza y la debilidad fue confesada por ellos cuando "subieron en columnas de a cinco" (Éxodo 13: 18 - KJV, nota al margen). ¿Sabes tú cómo, — cuarenta años después, — ellos entraron en Canaán? Allí también ellos entraron "en columnas de a cinco". (Josué 1: 14 - KJV, nota al margen).

 

¿Cuál es el significado de cinco? En las Escrituras el cinco es el numeral que siempre está relacionado con la debilidad, por ejemplo, "Cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?" (Juan 6:9). ¿De qué sirvieron cinco? Yo no dudo que el número cinco expresa debilidad. Y lo que Dios tiene que enseñarnos es que en nosotros mismos somos la expresión de la más absoluta debilidad. No tenemos fuerza ni al principio ni al final de nuestros recorridos, pero no aprendemos todo eso en un día. Cuando ellos van a entrar en la tierra celestial, lo hacen en columnas de a cinco. Tú no tienes fuerzas ni para salir de Egipto ni para entrar en Canaán. Dios debe ser nuestra fuerza, y Él lo es cuando somos conscientemente débiles. Leemos, "Cuando soy débil, entonces soy fuerte". (2a Corintios 12: 10).

 

Esta afirmación en cuanto a los cinco surge primero cuando ellos iban a atravesar el Mar Rojo, con paredes de agua a ambos lados: la defensa lateral de ellos contra el enemigo. Cuando llegan al Jordán, ¿qué encuentro? Se mantienen "las columnas de a cinco", aunque, como tú sabes, no había ni una gota de agua a cincuenta kilómetros de ellos. (Josué 3: 16). Cuando ellos atravesaron el Mar Rojo las aguas eran una pared a la derecha y a la izquierda. ¿Quién podía entrar allí? Nada más que la fe. La naturaleza podía intentarlo, y lo hizo, pero sólo para encontrar juicio. Es una cosa muy seria intentar la senda de la fe en el poder de la naturaleza.

 

Pero, nosotros leemos que Faraón "unció su carro, y tomó consigo su pueblo; y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos… y él siguió a los hijos de Israel". (Éxodo 14: 6-8). Todo el poder del enemigo está en ejercicio para impedir que ellos escapen, pero todo ese poder fue quebrantado por Dios en el momento de la liberación de Su amado pueblo. Dios los condujo, y "los sacó con plata y oro; Y no hubo en sus tribus ninguno que flaqueara". (Salmo 105: 37 – RV1977). ¡Cuán seguros estaban ellos! "Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego".  (Éxodo 13: 21, 22). ¿No Le has oído tú también decir, "He aquí que estoy yo con vosotros siempre, hasta la consumación del siglo" (Mateo 28:20 -VM)? Oh, amado, él guio a Su pueblo entonces, y Él guía a Su pueblo ahora, si ellos tan sólo Le dejan hacerlo.

 

Dios primero los hace descender hasta el borde del mar (Éxodo 14: 1, 2). Él debe enseñarnos, como cosa práctica, nuestra propia debilidad. Tú preguntas: «¿Cuál es el significado de la figura del Mar Rojo?» Es la muerte y resurrección del Señor Jesucristo por nosotros, y por nuestros pecados. Yo nunca estaré libre del enemigo hasta que conozca a un Cristo resucitado. Muchos creyentes pasan todos sus días diciendo, "¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Romanos 7: 24). Tú nunca serás librado hasta que pongas tus ojos en un Cristo resucitado y sepas que en Su muerte y resurrección tú estás relacionado con Él. Es decir, que lo que es cierto acerca de Cristo es ahora cierto para ti. Por gracia yo estoy unido a Cristo. En figura aprendo que la muerte y resurrección de Cristo fue por mí. Si Él murió, yo morí. Si Él resucitó, yo resucité. Debo aceptar la muerte como el juicio de Dios sobre el hombre. Pero, qué libertad, qué bendición para tu alma cuando ves que todo esto es cierto para ti en la muerte y resurrección de Cristo.

 

Nosotros no aprendemos todo eso en un minuto, pero si lo aprendemos podemos decir verdaderamente: «Oh, qué hombre feliz soy porque me he enterado por medio de la gracia de lo que el amor del Señor es, y de la victoria que Él ha obtenido para mí». Romanos capítulo 7 es la experiencia de muchas personas que son realmente creyentes y, por lo tanto, son hijos de Dios, pero es la experiencia de un alma no liberada. El alma liberada dice, "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro". Pero, "¿Quién me librará?" es la lastimosa pregunta de los que no han sido liberados, y sin duda hay muchas personas que están pasando por esa experiencia. Admito que ello es experimental. Debes conocerlo en tu propia alma. Y no estás liberado hasta que lo estés. ¿Entiendes eso? ¿Cuándo estás liberado? Cuando renuncias a intentar liberarte a ti mismo. Toma a Jonás como una ilustración. Allí estaba él en el vientre del gran pez. ¿Cuándo fue liberado? Cuando hubo renunciado a toda esperanza de liberarse él mismo, entonces vino la liberación. Lee Jonás capítulo 2. Él estaba en gran miseria. Él ora (versículo 1); clama (versículo 2); promete, "Volveré a mirar hacia tu santo Templo" (versículo 4 - VM); moraliza (versículo 8); sacrifica, hace votos (versículo 9); pero sigue en el vientre del gran pez. Al final dice, "La salvación es de Jehová", e inmediatamente él está en tierra seca (versículo 10).

 

Esa es la forma en que Israel atravesó el Mar Rojo, como por tierra seca. (Hebreos 11: 29). Tierra seca es donde Cristo está. Cristo en resurrección, Cristo en aceptación, y en vida, y en gloria ante Dios. Cristo el vencedor. Eso es tierra seca para un Cristiano hoy en día. Yo estoy en Cristo. No estoy en Adán. Eso es lo que entiendo por "tierra seca". Todo obstáculo ha desaparecido, y todo el poder del enemigo ha sido quebrantado.

 

"Habló Jehová a Moisés, diciendo: Dí a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado". (Éxodo 14: 1-3). Pi-hahirot forma parte de los modos de obrar de Dios con nosotros para enseñarnos la absoluta inutilidad de la carne. Una persona recién convertida suele decir: «Ahora yo voy a hacer el bien, y seré una persona diferente, y viviré una vida diferente». Hay mucha confianza acerca de nosotros mismos hasta que nos enteramos que no podemos hacer nada y que Dios debe hacerlo todo. Es algo muy notable que el significado de la palabra Pi-hahirot sea «Puerta de la libertad». Cuando tú tienes el sentido, «yo no tengo ni un ápice de fuerza para librarme a mí mismo», todo estará bien para ti. Así fue aquí. Los siervos de Faraón le dijeron que el pueblo había huido; entonces él preparó sus carros, y fue tras ellos con mano poderosa (Éxodo 14: 5-8). Así el diablo está decidido a seguirte y alcanzarte. No va a dejar que seas el siervo consagrado del Señor Jesús, si él puede evitarlo.

 

Leemos en el versículo 9 que Faraón los alcanzó, "Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová". (Versículo 10). La condición de Israel es muy similar a las dudas y temores que han pasado por nuestras almas, y las siguientes palabras de ellos muestran que sus corazones y los nuestros son exactamente iguales. ¿Sabes tú que tienes un corazón que podría llevarte de regreso al mundo, incluso suponiendo que te hayas convertido? Leamos, "Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto" (versículos 11 y 12). Cuando ellos iban de camino a Canaán, ¡qué lenguaje tan incrédulo! ¿Podríamos nosotros hablar así? ¿Acaso nunca dijo tu corazón, en horas de presión y tentación, «Después de todo es una lástima que yo haya profesado a Cristo»? Si es así, amigo mío, aún lamentarás haberte permitido tal incredulidad.

 

Pienso que Dios dejó que Israel pasara por Pi-hahirot para que ellos aprendieran de qué manera Él puede abrir una puerta de libertad, y para que pudieran experimentar el triunfo de Su liberación. Dios, y sólo Dios, podía liberarlos. Ese era el asunto (versículo 13). La respuesta de Moisés es espléndida. Él fue un hombre muy querido, un personaje que yo amo con todo mi corazón. Tú ve y lee la historia de ese hombre. He oído que una vez él perdió la paciencia, y sólo una vez. Pero aun así, como siervo, él fue un hermoso siervo. Él fue el portavoz de Dios, y es algo maravilloso si uno puede ser portavoz de Dios para las pobres almas temblorosas. Oye lo que él dice, "No temáis, estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis". (Éxodo 14: 13). "Jehová peleará por vosotros, y vosotros guardaréis silencio". (Éxodo 14: 14 - VM). Aquel día ellos iban a ver la salvación de Dios. Esta es la primera vez, salvo una, que tú tienes la palabra "salvación" en las Escrituras. La primera vez que aparece es en Génesis 49: 18 donde leemos, "Tu salvación esperé, oh Jehová". Allí la salvación es esperada, aquí es enviada. ¿Cuál es la salvación de Dios? La sangre del Cordero ha satisfecho todas Sus demandas, Su poder ha aplastado absolutamente el poder del enemigo, y Su pueblo es llevado a Él mismo, sólo para que ellos disfruten de Él.

 

"Estad firmes", fue la palabra que se escuchó ese día. "Jehová peleará por vosotros, y vosotros guardaréis silencio". (Éxodo 14: 14 - VM).  Tú comprendes en tu alma el hecho maravilloso de que Cristo ha entrado en la muerte, y ha probado la muerte como el juicio de Dios sobre el hombre, en la cruz. Él ha entrado en la muerte y, amado, Él ha salido de ella, y allí está Él, vivo ante Dios, y por medio de la fe andando ahora en Sus pisadas, tú pasas a través de tierra seca a las escenas de resurrección. No hay muerte ni juicio para ti. Todo fue consumido por el amado Hijo de Dios.

 

Pero, para saber esto tú debes hacer lo que se le ordenó a Israel, a saber, "que marchen". (Éxodo 14: 15). Ellos obedecen, la "columna de fuego" formando su retaguardia porque "el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros". (Éxodo 14: 19, 20). Cuando ellos comenzaron, la luz estaba delante de ellos, y la luz los motivaba. Pero, ¿qué es lo siguiente? Ellos miran hacia atrás por un momento, y descubren que entre ellos y el enemigo Dios se ha puesto a Sí mismo. Él parecía decir: «Vamos, Faraón, es posible que los toques, si es que puedes, es posible que pongas tu mano sobre ellos, si es que puedes». ¿Y estaban ellos seguros, fuera de peligro? Ciertamente lo estaban. Estaban seguros, fuera de peligro, bajo la protección de la sangre, pero ahora han de aprender que son salvos. Yo estoy seguro, fuera de peligro, cuando estoy bajo la protección de la sangre del Cordero, pero soy salvo cuando el poder del enemigo es quebrantado y aprendo que estoy ante Dios en todo el valor de la obra de Su amado Hijo.

 

El ángel que iba detrás de ellos fue muy benigno. Si la luz hubiera estado al frente, la retaguardia habría estado aterrorizada. Imagínate a seiscientos mil de ellos, y sólo columnas de a cinco, uno al lado del otro. Los cinco primeros estarían diciendo: «Estamos bien, pero los cinco últimos no están muy seguros». Pero Dios se sitúa entre los cinco últimos y el enemigo y, oh qué seguros, fuera de peligro, estaban todos, mientras la luz de Dios resplandecía sobre sus cabezas. La luz eléctrica de nuestros días es tenue comparada con la luz que las huestes de Dios tenían esa noche. Todos vieron la senda perfectamente clara. Eso es evidente.

 

Nuevo cristiano, este es tu Dios, el Dios que te ama. Este es la clase de Salvador que ha venido a ocuparse de tu caso y a sacarte de este mundo directo a la gloria. ¿Crees tú que hay alguna posibilidad de que Satanás te atrape? ¡No, no! Mira lo que sigue a continuación, "Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y Jehová hizo que éste se retirase con un fuerte viento del oriente que sopló toda aquella noche e hizo que el mar se secara, quedando las aguas divididas. Y los hijos de Israel entraron en medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda". (Éxodo 14: 21, 22 - RVA). La senda de ellos está abierta. ¿Qué hay ante ellos? Yo los veo marchar hacia adelante y, ¿hacia dónde? Aparentemente a una muerte segura. Un paso más y ellos se adentran en esas negras y oscuras aguas de la muerte. Ellos aceptan la muerte, y descubren que ello es vida y libertad. Tú debes aceptar la muerte. Las aguas del Mar Rojo, o de Mara, o del Jordán, todas hablan de una verdad. Sólo hay un camino para que mi alma llegue a Dios y es a través de la muerte. Yo tengo que aceptar la muerte del bendito Señor Jesucristo por mí.

 

Qué maravilloso espectáculo cuando ellos alargan el paso ahora; ellos oyen la palabra "Marchen" (Éxodo 14: 15), y levantan su pie para ponerlo sobre lo que parecía imposible de soportar,— a saber, el agua. Ello es la aceptación de la sentencia de muerte. Ahora bien, para nosotros la maravillosa verdad es que Cristo ha entrado en la muerte y la ha anulado por completo. Leemos, "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre." (Hebreos 2: 14, 15).

 

Y tú me preguntas ahora: «¿Cómo puedo aplicar esta verdad a mí mismo?». Bueno, ellos debían entrar, cada uno de ellos. No hubo ninguno de ellos que no tuviera conciencia de ello, «Tendré que entrar en aquel mar». Pero, cuando llegaron al lugar, ¿qué era aquel mar? «Tierra seca». El paso fue dado con la energía de la fe, pues leemos, "Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados". (Hebreos 11: 29). La última cláusula de ese versículo es muy sorprendente. Tú encontrarás que hay personas que procuran ocupar el lugar de hijos de Dios. Vivimos en un día de gran imitación. Todas las almas que carecen de realidad deberían recordar que todo Egipcio fue ahogado en aquel mar. Sólo la fe puede recorrer ese camino y la fe pasó por en medio del mar sobre tierra seca. Yo no dudo que Faraón pensara: «Ahora los alcanzaré». Su gran objetivo era alcanzar y destruir, el de Dios era liberar y salvar, y cuán seguros, fuera de peligro, ellos estuvieron cuando pasaron en medio de estos inmensos muros, — muros de cristal, — levantados por Dios. De la misma manera, nosotros disfrutamos del maravilloso amor que permitió a Su Hijo atravesar la muerte y el juicio por nosotros. Y ahora Él ha resucitado, y nosotros hemos resucitado en Él.

 

Yo no dudo de que la verdad desplegada en tipo en este capítulo encuentra su respuesta en el Nuevo Testamento en la epístola a los Romanos, capítulos 6 y 7, donde leemos, "Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro". (Romanos 6: 11). Es nuestro privilegio considerar como nuestro aquello por lo cual el Señor Jesús pasó. Todo es nuestro. Su muerte y resurrección fueron nuestras, y Su victoria sobre todo enemigo fue para nosotros.

 

En nuestro capítulo (Éxodo 14) es muy interesante la forma en que Dios controla y vence al enemigo. Faraón recibe una solemne advertencia cuando los pasadores de sus ruedas salen volando, y recibe un inesperado jaque mediante el arranque de las ruedas de su carro. El efecto es arrebatador. Leemos, "Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios." (Éxodo 14; 24, 25). Los roles se invirtieron completamente. Ahora no es el pueblo de Dios el que huye sino sus enemigos. Los primeros están realmente en terreno de resurrección, mientras que la muerte y el juicio abruman a todos sus enemigos, pues, "Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno". (Éxodo 14: 26-28).

 

Algunos de nuestros doctos amigos incrédulos creen gustosa y voluntariamente, y tratan de persuadirnos, de que Faraón no estuvo allí personalmente. El Salmo 136 despeja esa niebla de incredulidad pues dice que Jehová "arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, Porque para siempre es su misericordia". (Salmo 136: 15). Que todos los que dudan miren ese pequeño y encantador comentario o resumen de los modos de obrar de Dios en misericordia para con Israel. Todo es Dios, como tú ves. Yo creo que ese rey soberbio encontró su fin allí. Me encanta pensar cuán completamente Satanás ha sido vencido porque Faraón es un tipo de Satanás. El pensamiento de Dios es sacar a Su pueblo de este mundo. Si tú eres un Cristiano mundano, ¿crees tú que tendrás el disfrute del Señor? No, tú puedes tener la sensación de que Dios nunca te juzgará, pero no estás libre de Satanás, y tendrás dudas y temores porque nunca has salido del territorio de Satanás, — a saber, el mundo.

 

Lo que Dios quiere es que tú dejes el mundo. Hubo dos hombres que dejaron Egipto en este capítulo, Moisés y Faraón. Moisés dejó Egipto voluntariamente pues él, "Por la fe dejó a Egipto". (Hebreos 11: 24-27). Faraón lo dejó porque no pudo evitarlo. Él cayó bajo el juicio de Dios como muchos otros pecadores que han tenido que dejar el mundo porque la muerte los quitó de él, y al no tener nada para la eternidad, ellos lo han perdido todo, — incluida su propia alma. ¿Dónde estamos tú y yo en este asunto? ¿Están nuestros corazones libres del mundo y puestos en Cristo, y en las cosas de Cristo? Allí es donde debiesen estar.

 

Lo siguiente que leemos aquí es, "Así SALVÓ Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo". (Éxodo 14: 30, 31). Salvación es una palabra muy importante en las Escrituras. Cuando yo soy salvo estoy libre del enemigo, y estoy fuera de esta escena en espíritu y corazón. Soy un hombre libertado, en el contexto de la resurrección. Cuando Israel miró y vio a todos sus enemigos muertos, sin duda dijo: «No hay camino de regreso a Egipto». El camino estaba cerrado. Y, mi querido compañero Cristiano, si te imaginas que has encontrado un camino de regreso, eres un hombre muy desdichado. No has regresado realmente, no puedes pertenecer a él nunca más, y debes caer bajo el juicio de Dios, gubernamentalmente. Eres una persona de la que hay que compadecerse. Oh, aprende lo que es estar con Cristo en las soleadas orillas de la resurrección.

 

Del Cristiano se dice: "Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad". (Colosenses 2: 10). Es algo hermoso para el Cristiano ver esto, a saber, que muy por encima de los ángeles está sentado un Hombre, y yo estoy en Él, y Él es el deleite del corazón del Padre. Él está en una esfera de gozo y bienaventuranza celestiales, y yo estoy completo en Él. Es sólo la fe la que toca esa esfera. Él ha muerto y ha resucitado, pero ha muerto y ha resucitado por mí, y ahora ha asumido, como Hombre, este nuevo lugar ante Dios, y ese es mi lugar.

 

Oh, ¡cuán libremente debe haber respirado Israel aquella mañana! Y también, ¡cuán preparados estuvieron para cantar un cántico aquella mañana cuando vieron a todos sus enemigos muertos a la orilla del mar! Dios ama que nosotros cantemos. Un Cristiano es visto como una persona que canta. Y bien podemos cantar. Aquella mañana ellos vieron que todos los enemigos habían desaparecido, y una paz profunda, abundante y sólida llenó sus almas. ¿Dónde estaban ellos ahora? Estaban en el desierto. ¿Qué tenían allí? Tenían dos cosas. Tenían a Dios, y tenían arena. Ni siquiera había agua o pan. Ellos tenían que conocer a Dios, en aquel desierto. Y eso es lo que tenemos que hacer nosotros. Tenemos que conocer la gracia, el amor y el socorro sustentador del Señor, mientras tenemos que aprender también lo que nosotros mismos somos. Ellos comenzaron con Dios, y Dios fue todo para ellos. Así es Él para nosotros, si sólo Le dejamos ser lo que Él es.

 

Ven y canta, alma mía, y alaba al Señor.

Él te ha redimido con Su sangre;

Te ha libertado de las cadenas que te ataban,

y te ha llevado al terreno de la redención.

 

Terreno de redención, terreno de paz.

Terreno de redención, ¡oh, gracia maravillosa!

Abundan aquí nuestras alabanzas a Dios,

el cual nos salva en el terreno de la redención.

 

Oh, alegre hora gozosa en que Dios me dio Una visión del Calvario:

Mis cadenas fueron soltadas, mi alma desatada;

Yo canté en el terreno de la redención.

 

Capítulo 6

 

El Cántico - Satisfacción

 

Lectura Bíblica: Éxodo 15: 1-21.

 

En las Escrituras del Antiguo Testamento nos son presentados varios cánticos. Este es el primero, así como el Cantar de los Cantares, yo supongo, es el último. Este es el cántico de redención. El Cantar de los Cantares es el cántico del afecto recíproco. Ambos son hermosos en su lugar. Y creo que todos deberíamos procurar cantar cada uno de esos cánticos. Ello es nuestra porción.

 

En este cántico, que es hermosamente sencillo, y muy alentador para el espíritu, Dios es todo, y la SATISFACCIÓN es el resultado. Aunque tú y yo hayamos estado un buen tiempo de viaje por el desierto, podemos volvernos atrás con gozo y alegría para repetir este cántico. Hay muchos aquí que acaban de emprender el viaje y quiero señalarles lo adecuado que es que ellos canten. Observen que en Egipto no hubo ningún cantico. Tú debes estar fuera de Egipto antes de que puedas realmente cantar a Dios. No se trata de que las personas tengan la capacidad vocal, sino del estado del alma que justifica un cántico tal, así que no debes «unirte al coro» hasta que seas salvo. Entonces te encontrarás en él sin unirte.

 

Pienso que debe haber sido algo maravilloso para Dios aquel día en que seiscientos mil hombres abrieron sus bocas y cantaron este hermoso cántico. Puedes estar seguro, el cielo oyó esa mañana. Ellos estaban muy felices aquel día. Tenían derecho a estarlo. ¿Acaso no fue un hermoso cántico? Fue un cántico encantador. ¿Y qué hubo en el cántico? Bueno, hay una peculiar ausencia de mucho de lo que se encuentra en lo que tú y yo acostumbramos cantar. El noventa y cinco por ciento de nuestros cánticos son acerca de nosotros mismos. Este cántico de redención, desde el principio hasta el final, es todo acerca de Jehová.

 

Pero oigo una voz apenada que dice: «Yo no puedo cantar, porque me siento muy miserable, y me temo que no me he convertido». Tú no serías miserable, mi querido amigo, si no te hubieras convertido. Si todavía estuvieras muerto en tus pecados serías insensible. ¿Por qué eres miserable ahora? Porque ha habido una acción del Espíritu de Dios en tu alma y has tenido un vislumbre del valor de la cruz, pero además, en lugar de mantener tu vista descansando en Cristo has estado mirando a tu miserable yo. Si yo fuera tú, descartaría todo eso, y entraría en el espíritu de este hermoso cántico.

 

Israel lamentaba, lloraba y gemía en Egipto, pero no podían cantar. Incluso en el capítulo doce no cantaron. ¿Por qué? Porque no estaban en libertad, pero en el momento que lo estuvieron, el cántico sale. Así será contigo, pues en el momento que te enteras del hecho de que la cruz, la muerte y la resurrección de Cristo son por ti, en tú lugar, y que en Su muerte y resurrección tú estás muerto y resucitado, entonces no podrás evitar cantar. El cántico prorrumpirá de tus labios espontáneamente sin un ápice de esfuerzo. Esto nos presenta el verdadero pensamiento de la adoración. Un servicio religioso versará, con toda probabilidad, acerca de nosotros mismos. Pero eso no es adoración. Adoración es el desbordamiento de un corazón lleno. Nadie puede adorar a menos que sea consciente de la libertad de Dios.

 

Oigamos ahora brevemente este nuevo cántico de redención. Comienza con, "Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete". (Versículo 1). Esto celebra Su victoria. ¿Cómo termina? "Jehová reinará eternamente y para siempre". (Versículo 18). Esto proclama Su gloria. Este cántico comienza con la conciencia de la gracia y el poder que ha libertado, pero finaliza con la gloria. Nos lleva directamente a la gloria. La fe disfruta de la salvación que ha encontrado en Jehová, y la fe da un salto gigante precisamente por encima de todas las dificultades del camino, diciendo, Los "llevaste con tu poder a tu santa morada". (Versículo 13). Allí está la confianza de la fe, a saber, en que lo que la gracia ha comenzado ella lo terminará. Amigo que dudas, asume este lenguaje, y deja que tus dudas desaparezcan. Ellas son el fruto de la incredulidad. Es Satanás desviando la vista de Cristo. Si dejas que la vista descanse en Cristo, todas tus dudas desaparecerán y estarás ocupado simplemente en Dios, y en lo que Cristo es.

 

Observa cómo comienza este capítulo. "Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico", etcétera. (Éxodo 15: 1). Realmente el estado de muchos cristianos que profesan hoy en día encontraría su expresión, no en la palabra "cantó", sino en la palabra "lamentó". Oh, mis queridos amigos, creo que nuestra falta de gozo es un gran pecado. Es un asunto muy serio, porque es un testimonio positivo contra Cristo, para Sus enemigos. En lugar de ser un testimonio para Él, muchas veces somos un testimonio en contra de Él, y una especie de estímulo para que los pecadores indiferentes sigan con el mundo. El motivo para este pobre estado es porque nuestras almas no están en el gozo de este cántico. Oye de nuevo las palabras, "Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente". Es la primera efusión en la Escritura de verdadera adoración, y está fundamentada en el hecho de que Él "se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete". Todo el poder del enemigo ha sido quebrantado. Y si tú miras hacia atrás por un momento y ves lo que está conectado con la cruz, la muerte y la resurrección de Cristo, verás que el poder del enemigo ha sido absolutamente aplastado, y estamos en la victoria, la liberación y la aceptación de Cristo. Cristo es todo. Qué gozo llena el corazón cuando eso es visto. Qué gozo llenó el corazón del hijo pródigo cuando tuvo el sentido del amor del Padre (Lucas 15).

 

Hay música y danza en nuestro capítulo (versículo 20), y tú tienes música y danza en el capítulo quince de Lucas. Yo quiero que entres en el espíritu del comienzo del capítulo. Al final del capítulo encontramos que Israel murmuró. Es cierto que el cántico de Éxodo 15 se extinguió, pero, ¿has oído tú alguna vez que el cántico de Lucas 15 se extinguiera? La Escritura dice, "Comenzaron a regocijarse" (Lucas 15: 24) Y nunca oímos que ello cesó, y nosotros debemos vivir en el espíritu de nuestra época de la gracia.

 

¿Qué es Cristianismo? Cristianismo es el conocimiento del Padre, y del Hijo, con el Espíritu Santo habitando en el cuerpo del creyente, y estableciéndolo en esta escena en el poder y el espíritu de Cristo para que pueda vivir en esta escena como el Señor vivió. Cristianismo es la repetición de la vida de Jesús en la vida del cristiano. Por lo tanto, yo no puedo permitirme ningún consuelo desde este capítulo si estoy un poco abatido. ¡No, no! Eso podía ser pasado por alto en aquel día, cuando Dios estaba probando la carne, como Él lo hacía pero, cuando yo llego a la expresión plena de la verdad del día en que estamos, tú tienes a Cristo como modelo. ¿Alguna vez Le oíste murmurar? ¡No, nunca! Incluso en el día más oscuro, le oímos decir: "Te alabo, Padre". (Mateo 11 :25). Siempre sometido, siempre obediente, siempre en paz. "La paz os dejo, mi paz os doy". (Juan 14: 27). Siempre gozosos es también nuestro estado normal. "Estas cosas escribimos nosotros para que nuestro gozo sea completo". (1ª. Juan 1: 4 - RVA). Ah, amados, tenemos un modelo perfecto en la vida del Señor Jesucristo. Sigámosle.

 

Observa la forma en que la visión del alma de ellos se llena esa mañana de resurrección: "Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación". (Éxodo 15: 2). Yo pienso, amados amigos, que algunos de nosotros tendremos que expresarlo de esta manera: «El Señor era mi fortaleza y mi cántico, pero ahora soy tan débil». Israel dice aquí: "El Señor es mi fortaleza y mi cántico". ¿No hay un vigor estimulante en esa nota del cántico? ¿Piensas que a medida que tú y yo envejecemos nos volvemos más fríos? ¿A medida que avanzamos hemos de volvernos más débiles? Elimina esa incredulidad. Déjame mostrarte a un antiguo convertido. Cuatro años en una prisión, aislado de todo, y toda Asia apartada de él, oye lo que él dice: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" (Filipenses 4: 4). Era Pablo, el santo. Él escribe como un santo, no como un apóstol. ¿Qué puede mantener a un santo en lo correcto? La compañía de Cristo.

 

Hermanos, adentrémonos un poco más en este elemento del gozo. Lo queremos. Usualmente son vistos nuevos cristianos muy radiantes. ¿Debemos nosotros, los más antiguos, ser lo contrario? ¡Dios no lo permita! Si vemos a uno de ellos alegre y radiante deberíamos juzgarnos a nosotros mismos si no somos lo mismo. «El Señor ha sido mi salvación» es una buena nota para cantar cuando hemos aprendido nuestras propias absolutas debilidad e incompetencia. El corazón de ellos se llenó de alegría cuando esas voces sonaron desde las orillas del Mar Rojo. ¿No oirá Él también las nuestras? Ellos vieron que el camino de regreso a Egipto estaba bloqueado. Habían oído la palabra, "Estad firmes". Habían visto a Dios entrar y librarlos de esa manera maravillosa, y ahora ello se volvieron y dieron a Dios toda la alabanza y todo el agradecimiento. Además, ellos dicen, "Él es mi Dios". Es algo hermoso cuando el alma es capaz de decir eso con claridad y nitidez. Y más que eso, "Yo le prepararé una morada" ("Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación: Él es mi Dios y yo le prepararé una morada - Éxodo 15: 2 – KJV). Eso es para mí lo más encantador de todo el capítulo. En el momento que yo estoy en el terreno de la redención, soy apto para Su compañía, y a Él le encanta tener mi compañía. "Yo le prepararé una morada" es la comprensión de la fe del propósito final de Dios. Ellos asieron el pensamiento de que Dios iba a morar con ellos (véase también Éxodo 15: 13). Presta atención, es Su fortaleza la que te saca de un mundo contaminado, y es para llevarte a una santa morada (véase también Éxodo 15: 17). Parece que ellos dicen: «Jehová, nunca estarás satisfecho hasta que nos tengas en Tu propia compañía».

 

Ah, pero tú dices que aún no hemos llegado allí. No, amado, pero, ¿acaso no es algo maravilloso que mientras tú y yo estamos aquí, Dios puede morar con nosotros. Cuán pocos del pueblo de Dios despiertan alguna vez a esto. La Escritura dice: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1ª Corintios 3: 16). "En quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu." (Efesios 2: 22). Es una cosa inmensa para el alma ver eso y que ello es sólo en el terreno de la redención. Dios visitó a Abraham. Él lo visitó y luego se retiró. Pero, al llegar a este capítulo, ¿cuál es el primer pensamiento que viene a los corazones de ellos? Ellos dicen, «Él vendrá y habitará con nosotros. Tendremos Su compañía permanentemente».

 

¿Acaso no vamos a morar con el Señor en breve? Ciertamente, pero aquí tú tienes el pensamiento de que Dios mora ahora con nosotros. El pueblo de Dios está formado ahora en una casa, el cuerpo de Cristo, por la presencia y la morada del Espíritu Santo, y eso es sólo en el terreno de la redención. Tú tienes el pensamiento de esto en este capítulo, "Yo le prepararé una morada - Éxodo 15: 2 – KJV). El camino está despejado para que Dios habite en medio de nosotros. Antes del momento de nuestra ida a morar con Él, viene la maravillosa verdad de que Él mora con nosotros (ver Juan 14: 16, 17). Nuestra ida para estar con Él es todo cierto, obviamente, pero, antes de que vayamos a morar con Él, Él viene y mora con nosotros. Esto se hace realidad y es conocido sólo por medio del Espíritu de verdad, como dijo el Señor, "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad,… [Él] mora con vosotros, y estará en vosotros". (Juan 14: 16, 17).

 

Además, "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él". (Juan 14: 23). Esto no es sólo en la asamblea, presta atención a esto. Es individual. Es un privilegio maravilloso que el alma tiene ahora, y creo que ello está condicionado a nuestro estado práctico de corazón. Tú verás que en un versículo anterior Jesús dice, "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él". (Juan 14: 21). ¿Cuál es el significado de esto? El significado es, «Guarda tú Sus mandamientos, y Él te visitará». Pero Él dice también, "Si alguno me ama, guardará mi palabra". (Juan 14: 23 – VM). ¿Cuál es la diferencia, amados amigos, entre guardar Sus mandamientos y guardar Su palabra? Hay una diferencia muy grande. Hay muchas cosas que nos llegan a ustedes y a mí en forma de mandamientos en la Escritura, y también hay una gran revelación de los pensamientos de Dios, de Sus deseos, de Sus palabras, y de lo que a Él le complacería. Si tú te aplicas a guardar lo que se te manda hacer, recibirás una visita de Él. Pero si tú Le amas, y atesoras Sus palabras en tu corazón, tú harás siempre lo que a Él le complace, y te asegurarás Su compañía perpetuamente. Cuán bienaventurado es un privilegio tal. ¡Que nosotros lo busquemos plenamente!

 

Es de suma importancia que los cristianos sean enseñados en cuanto a la morada del bendito Espíritu de verdad, tanto individualmente como en la asamblea. En el momento que tú estás en el terreno de la redención, encontrarás que Dios tiene un pueblo. Nosotros somos salvos para ser parte de un pueblo, la asamblea de Dios. ¿Observas tú que Dios tenía un pueblo aquí? Leemos, "Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; Lo llevaste con tu poder a tu santa morada". (Éxodo 15: 13). Él tiene aquello que Él puede llamar Suyo. Ahora ello es la Iglesia de Dios. Nosotros somos sólo una parte de ella. La Iglesia de Dios en cualquier lugar hoy en día está compuesta de todos los santos de Dios en ella. Deberíamos estar juntos, y deberíamos estar limpios y separados del mundo. Pero no lo estamos. Hoy en día tú ves que la Iglesia está, lamentablemente, toda dividida y separada. La Escritura nos muestra cuál era el pensamiento de Dios para ella, — a saber, andar juntos como Su pueblo. Siempre es bueno volver a los comienzos de las cosas.

 

Ve tú y lee las Escrituras. Vuelve a la Biblia y lee lo que Dios ha escrito. Lo que sea que me oigas decir a mí, o lo que dice cualquier otro hombre, no creas ni una palabra hasta que vuelvas a las Escrituras y lo compruebes. Lo que queremos es volver más a lo que Dios ha dicho, y tomar nuestros pensamientos de lo que Dios ha dicho.

 

Además, este cántico celebra que no sólo se trata de un pueblo redimido y comprado, sino de un pueblo llevado directamente a casa, a Dios. Ellos se regocijan de que todo enemigo se ha esfumado, y todo opositor está mudo "como una piedra; Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste". (Éxodo 15: 16, 17). ¿No es eso hermoso? Ellos son el pueblo de Dios. Despierta, compañero creyente en Cristo, tú eres uno del pueblo de Dios. Es algo maravilloso cuando el alma es consciente de esto. Lo que Dios ha comenzado puedes estar seguro de que Él lo llevará a cabo hasta el final, y en breve la primera piedra será colocada en gloria con aclamaciones y regocijos. (Zacarías 4: 7).

 

El secreto de mucha de la oscuridad que hay entre el pueblo de Dios hoy en día es que ellos están leyendo el Nuevo Testamento por medio de, por así decirlo, la penumbra del Antiguo Testamento. ¿Qué debiéramos hacer? Debiéramos leer el Antiguo Testamento con la luz que Dios nos ha dado en el Nuevo. Es un profundo error leer el Nuevo Testamento por medio del Antiguo Testamento. Todo era tipo, sombra y figura en el Antiguo Testamento. Pero ahora todo está fuera del tipo. Todo está concentrado en Cristo, un Hombre vivo a la diestra de Dios. Y yo estoy en Él, y tú estás en Él. En lo que respecta a los modos de obrar prácticos de un santo aquí abajo, ya sea individualmente, en la asamblea, para la adoración, o para lo que sea que esté relacionado con el pueblo de Dios aquí, ¿cuál es el secreto del poder? Sólo el Espíritu Santo. Y, por lo tanto, tú puedes ver fácilmente la insensatez del día actual al volver al ritual Mosaico. Ustedes están totalmente desfasados.  Todos ustedes están desactualizados. Ahora todo debe ser en el poder del Espíritu Santo. Tal vez esto jamás sea más cierto que en cántico.

 

Un pueblo redimido y regocijado, con Dios en medio de ellos, es consciente de que es un pueblo libertado; ellos saben que son el pueblo de Dios, y saben que están seguros de llegar al lugar al que Él los lleva. Pero, hay algo más que eso. Ellos son conscientes de esto, a saber, que la santidad pertenece a esta compañía. "¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?" (Éxodo 15: 11). Ellos tenían un profundo sentido de que "La santidad conviene a tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre". (Salmo 93: 5). No permitas que lo olvidemos. Oigo a alguien decir: «No soy feliz». ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Eres santo? «Ah, eso me escudriña». Debería escudriñarnos a todos. No es que el pecado no está en nosotros pero eso no da una mala conciencia si el pecado no está en acción. Santidad es el alma andando en luz y en separación de la carne, del mundo, y de las cosas que no son idóneas para Dios.

 

Pero, suponiendo que yo estoy haciendo provisión para que la carne satisfaga sus deseos. Si yo estoy andando en la carne, no obtendré el sustento del Espíritu, ni el consuelo del Espíritu. El mandato es, "Más bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne" (Romanos 13: 14 – RVA). Si no lo hago, mi gozo desaparecerá, y perderé inevitablemente mi viveza. ¿Y cuál es el secreto de esto? Es que yo no he sido santo. La felicidad camina a un paso, y sólo un paso, detrás de la santidad. El secreto de una vida feliz es una vida santa. Es muy sencillo. "Sed santos, porque yo soy santo". (1a Pedro 1: 16). Anda tú con Cristo y serás santo. No trates de ser santo. En el momento que tratas de ser algo, ello no es de Cristo. No hay esfuerzo alguno en el Cristianismo. Anda en santo temor, y tu corazón será mantenido en compañía de Cristo. Es algo hermoso cuando un alma anda en esa clase de santo temor. Anda tú con Jesús, amigo mío. Cuéntale todo a Jesús. No tengas secretos con Él. Si estás en debilidad, acude a Jesús, y háblale acerca de ello. Cuenta con el corazón de Jesús, y con la fortaleza y el amor de Jesús. Él no tiene reservas de parte Suya, no permitas que nosotros tengamos reservas de parte nuestra. Entonces serás feliz.

 

Pero, hay más que esto, la santidad conduce a una confianza tal en Dios que el alma puede decir triunfalmente: "Lo oirán los pueblos, y temblarán". (Éxodo 15: 14). ¿Encontrarás enemigos? Muchos. ¿Qué sucederá? Todos caerán ante Dios. Cada dificultad se convierte en una oportunidad para que Dios exhiba Su poder. El Señor entra para Él mostrarse fuerte. Amigo mío, ¿está todo el mundo contra ti? Dios y tú son un rival para ellos. Dios y yo juntos somos invencibles. Todas las dificultades desaparecerán porque tú tendrás la fortaleza del Señor. Leemos, "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". (2a Corintios 12: 9).

 

Él cántico finaliza de forma muy hermosa: "Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, En el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado". (Éxodo 15: 17). Ellos son un pueblo santo que va de camino, y ellos van de camino al santuario. Ese es el lugar donde no hay enemigos ni mal. Y, amados amigos, nosotros vamos hacia él, y lo que debiese caracterizarnos mientras andamos es la santidad.

 

"Jehová reinará eternamente y para siempre" (versículo 18), es la conclusión triunfal del cántico de la fe, y el motivo de ello es muy bienaventurado. La gloria de Jehová y la liberación de ellos se fundamentan en lo mismo: "Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre ellos; mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar". (Versículo 19).

 

Ellos volvieron al comienzo del cántico. Es muy interesante mencionar que el final del cántico es el principio de él. Cuanto más envejece un santo, más entra su alma en la sencillez de la gracia de Dios y la disfruta.

 

María y sus compañeras hacen oír alto y claro el estribillo de este cántico de redención, "con panderos y danzas", diciendo: "Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; Ha echado en el mar al caballo y al jinete". (Versículo 21). El estribillo no está al nivel del cántico mismo pues María es un tipo del alma que nunca va más allá del pensamiento de escapar. Ella no tiene ni una nota acerca de entrar en la tierra. Ella se regocija por lo que ha sido hecho al destruir al enemigo, pero no dice ni una palabra acerca de entrar en la tierra. Ello es muy sorprendente: ella nunca entró. Murió en el desierto (Números 20: 1). En la historia de su alma, ella nunca cruzó el Jordán.

 

Es ahora nuestro privilegio pasar en espíritu a donde Cristo está ahora. Y Dios nos sustentará, y nos guardará, y nos llevará adelante como un radiante testimonio vivo para Él mismo. Oh, que tú seas para Cristo en esta escena. ¿Eres un nuevo convertido? Sé tú completamente para el Señor. Su propósito es llevarte a entrar. Tú puedes ser un Caleb o un Josué. Ellos siguieron plenamente a Jehová. Fueron los únicos dos que entraron en la tierra. (Números 14: 26-30). Si yo me hubiera encontrado con estos dos hombres, cuarenta años después, y les hubiera dicho, «¿Acaso no estaban ustedes entre los hombres que estuvieron de pie en las orillas del Mar Rojo y cantaron ese cántico?» «Sí, cantamos ese cántico, y ¿acaso no somos aquí dos testigos de la verdad de lo que cantamos?» Ah, es hermoso ver esto. Y yo pienso que habrá muchos santos en la gloria dentro de poco, cuya historia ha sido algo parecido al modelo de un Caleb y de un Josué. Ellos habían sido guardados y sustentados por Dios durante todo el camino, y habían seguido plenamente a Jehová. Que Dios te permita seguir plenamente al Señor Jesucristo, por amor a Su bendito nombre.

 

¡Oh paciente, inmaculado!

Nuestros corazones se entrenan en mansedumbre,

Para llevar Tu yugo y aprender de Ti, para poder descanso obtener.

 

¡Jesús! Eres suficiente para llenar La mente y el corazón;

Tu vida paciente, — para calmar el alma; Tu amor, su temor disipa.

 

Oh fija nuestra ferviente mirada tan completamente, Señor, en Ti,

Que con Tu hermosura ocupada, a nadie en otro lugar podamos ver.

 

Capítulo 7

 

Sustento – El Maná y El Agua

 

Lectura Bíblica: (Éxodo 15: 22-27; Éxodo 16: 1-36; Éxodo 17: 1-16)

 

Si no conociéramos el mal incorregible y la profunda incredulidad de nuestros propios corazones, tal vez nos asombraría un poco lo que está registrado en estos capítulos. Pero el hecho es que Israel era semejante a nosotros. A ellos les resultaba muy difícil confiar en Dios. Y tú y yo, como santos, encontramos muy difícil confiar en Dios. En vista de las dificultades de nuestra senda Dios nos ha dicho todo esto para nuestro consuelo y estímulo. Observarás que lo que sale a la luz es esto, a saber, que la murmuración del pueblo sólo saca a relucir la gracia de Dios. Esto es en este punto de la historia de ellos. Tú tendrás que notar que ellos están bajo la gracia pura, hasta el Sinaí. No es nada más que gracia soberana. Ellos están en el terreno de la expiación, y nada más que gracia sale a relucir.

 

Encontrarás que ello hace toda la diferencia en la historia de tu alma, ya sea que estés ante Dios consciente de lo que Su gracia es, o que estés ante Él en una condición legalista, pensando en lo que tú debieses ser. Gracia es el descubrimiento para mi alma de lo que Dios es en toda circunstancia posible. Nosotros vimos cómo esta multitud hizo retumbar los cielos con un cántico de alabanza a Dios cuando vieron a todos sus enemigos muertos en la orilla del mar. Y yo me pregunto si alguna vez has notado este versículo, "Los salvó de mano del enemigo, Y los rescató de mano del adversario. Cubrieron las aguas a sus enemigos; No quedó ni uno de ellos". (Salmo 106: 10, 11). Hermosa pincelada del Espíritu de Dios en cuanto a lo que Dios hizo entonces. Y mientras leías el siguiente versículo, "Entonces creyeron a sus palabras Y cantaron su alabanza" (versículo 12), tú habrías pensado,  «seguro que seguirán adelante, animada, gozosa, y felizmente». Cuando tú te convertiste pensaste eso. Ustedes, queridos jóvenes, tal vez pensaron que nunca tendrían una dificultad cuando se convirtieron. ¿No es sorprendente la siguiente cosa que leen? "Bien pronto olvidaron sus obras; No esperaron su consejo". (Versículo 13).

 

Sigamos ahora los pasos de Israel en el desierto, el lugar donde nosotros, al igual que ellos, somos probados, y donde tenemos que aprender lo que nosotros somos, así como lo que Dios es, revelado en Cristo. "Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara". (Éxodo 15: 23 – LBA). Es decir, yo pienso que hablando de manera práctica, si la muerte nos ha libertado tenemos que probar la muerte. ¿Qué nos ha libertado? La muerte de Cristo, y tenemos que aceptar la muerte. No nos gusta. En nuestras circunstancias a menudo tenemos que probar la muerte, porque la muerte es hecha llegar a nosotros. Aquí nos encontramos a menudo con lo que no podemos beber. Tal vez tú tengas una copa tal justo ahora. Dices que no puedes beberla. No, no puedes beberla amarga, pero si la relacionas con Cristo, si pones la cruz dentro de ella, podrás beberla.

 

"Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?" (Éxodo 15: 24 – LBA).  Cristo siempre dijo, sin importar lo que hubiera en la copa, "La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?". (Juan 18: 11). ¡Qué diferentes son estas dos preguntas! "Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron" (Éxodo 15: 25). Se trató de otra intervención milagrosa de Dios. No me cabe duda de que esto tipifica la cruz. Fue un árbol, un madero, y sabemos que Jesús sufrió en el madero. Si el dolor nos alcanza, echa el madero adentro; relaciona la cruz con él, y el amor de Dios allí exhibido, y que la amargura de la expiación fue soportada por Cristo, y todo será dulce para ti. Cuando el madero fue echado en las aguas, las aguas se endulzaron. Y así leemos: "Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". (Romanos 5: 3-5). Conecta tú la cruz con el dolor que quizás justo ahora está quebrantando tu corazón, y todo cambiará y se endulzará. ¿Qué fue la cruz? Fue la revelación del amor de Dios para conmigo. ¿Es Él menos amoroso hoy en día en Sus tratos contigo y conmigo que en el día en que dio a Su bendito Hijo para que muriera por nosotros? Sólo tienes que ver que todos Sus tratos son los actos del perfecto amor. Es dulce cuando el amor entra y entonces puedes beber el agua, sin importar cuán amarga haya sido previamente.

 

Lo siguiente fue: "Llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas." (Éxodo 15: 27). Eso es hermoso. Ellos fueron probados y murmuraron pero Dios no los castiga. Independientemente de lo que tú estés pasando, si lo asumes como viniendo de Dios, ello es aceptado como de Él, y la bendición es siempre el resultado. Si tomas la copa de manos del diablo, tendrás que beberla con el diablo. Pero si tomas la copa de Dios tendrás la compañía de Dios, y el sustento de Dios. Elim es una imagen encantadora de la ternura de los modos de obrar de Dios con Su pueblo en el paso inicial mismo de la senda del desierto. Cuando nos convertimos tal vez nos encontramos en las mismas circunstancias externas, pero todo ha cambiado en nuestras almas pues ya no somos esclavos del pecado en Egipto, sino santos de Dios que se regocijan en la libertad con que Cristo nos ha hecho libres, y en nuestro camino hacia la gloria. El refrigerio de Dios nos sale al encuentro a cada paso, tal como Él llevó a Israel a los doce pozos de agua y a las setenta palmeras. Éstos son el retrato mismo de lo que tú llamarías gracia en su plenitud, dando refrigerio y sombra. Doce pozos son la integridad del refrigerio. Doce en la Escritura es el número que expresa la integridad en la forma de administración humana. Setenta palmeras sugieren la perfección del cuidado al dar sombra. El Señor envió a doce discípulos, y luego envió a otros setenta (Lucas 9: 1; 10: 1) para ministrar bendiciones, y uno no puede dejar de relacionar estos números en Elim con los doce y los setenta de allí. Pienso, entonces, que los doce pozos y las setenta palmeras son la perfección del amor del Señor en Su deseo de satisfacer la necesidad de Su pueblo.

 

Refrigerio y sombra son misericordias del desierto, e Israel encontró que Elim era un lugar muy hermoso, sin duda, pero no podían detenerse allí, y tú y yo tenemos que avanzar. Cuando encontramos un Elim, la cosa misma que acomoda a nuestros corazones, quisiéramos establecernos, pero eso Dios no lo permitirá, y debemos retomar la senda. En Éxodo capítulo 16 versículo 1 leemos, "toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin". (LBA). No es mencionado aquí un hecho muy significativo registrado en Números 33: 10, a saber, "Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo". Tú dices, «Oh, yo pensaba que habían terminado con el Mar Rojo para siempre. ¿Por qué estaban allí de nuevo?» Simplemente porque habían perdido, si puedo decirlo así, el sentido del gran poder de la mano que había abierto el Mar Rojo para ellos. En tres días estuvieron murmurando y preguntándose qué iban a hacer. Dios convierte el agua amarga en agua dulce, los lleva a los doce pozos y a las setenta palmeras, y luego Él les dice: «Id y dad otra mirada al modo en que Yo os he sacado de Egipto».

 

Ah, amados, Dios quiere ver volver nuestros corazones, una y otra vez, a la maravillosa verdad de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo. Nosotros hacemos bien en volvernos atrás en la historia de nuestras almas a ese momento, momento que el Espíritu de Dios no quiere que olvidemos nunca. Lee la historia de Israel y observa cuántas veces Dios les dice: "Acuérdate de que tú fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te redimió". (Deuteronomio 15: 15 - VM). Él Siempre mantendrá fresco en el alma el sentido de lo que Su gracia es.

 

Guiados por Dios, ellos pasan del Mar Rojo al desierto de Sin. Es muy notable que el nombre del lugar indique, en el idioma Inglés, lo que salía a relucir, — a saber, "Sin", = pecado. "Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto". (Éxodo 16: 2). Es una cosa muy sorprendente la manera en que esta palabra "murmuró" aparece repetidamente en la historia de ellos, y sin embargo, Dios se ocupa de ello en gracia. Leemos, "Y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. Y dijo Moisés a Aarón: Dí a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones. Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube". (Éxodo 16: 3-10). Qué contraste, la murmuración del hombre y la benignidad de Dios. Muy a menudo son nuestras circunstancias las que producen este refunfuño contra Él. ¡Es la voz de la incredulidad!

 

Generalmente nosotros descubrimos dónde estamos mediante un espíritu murmurador. Nada es más fácil que un espíritu de murmuración se introduzca en el corazón de un santo o de una asamblea. ¡Oh, el mal que hace un santo murmurador! De ahí el solemne mandato: "Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor". (1ª Corintios 10: 10). ¿Dónde fue la primera manifestación del mal en el Nuevo Testamento? No mucho tiempo después que la Iglesia de Dios fue establecida, un varón y una mujer se pusieron de acuerdo para decir una mentira. Ellos quisieron parecer más consagrados de lo que realmente eran. Dios no toleraría eso en Su asamblea, y fueron cortados. (Hechos 5: 1-11). Luego leemos: "En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria". (Hechos 6: 1). La gracia remedió esa murmuración espléndidamente al designar a siete griegos (no un número igual de hebreos y griegos) para que cuidaran los fondos de la asamblea y se ocuparan de los pobres. La murmuración era realmente contra Dios y no contra los siervos de Dios. Toda murmuración, cuando la examinamos con imparcialidad, no es contra las circunstancias, ni contra los santos, sino que es siempre el resultado de una categórica incredulidad hacia Dios. Ese es el asunto.

 

Y esa es la lección que aprendemos aquí, en el desierto de Sin. La encontramos en las palabras: "Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones". (Versículo 9). Ah, Él no los juzga. Por el contrario, Él deja que Su gloria se acerque para que la luz misma de Su presencia resplandezca sobre este pueblo murmurador. Ellos habían dicho: "Ojalá hubiéramos muerto". (Versículo 3). Mis queridos amigos, ¿qué era mejor? ¿Trabajar en los hornos de ladrillos de Faraón, o recorrer el desierto con Dios? ¿Quién podría tener por un momento alguna dificultad en cuanto a eso? Ellos habían olvidado su esclavitud. Todo lo que recordaban era aquello de lo que se habían alimentado. Estaban lejos de las ollas de carne de Egipto. Pero aún no habían aprendido la suficiencia de la plenitud de la mano de Dios. Y de qué manera los trata Jehová. Oh, considera tú Su gracia! "Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer". (Éxodo 16: 11-15).

 

Amados, ¿Qué es el pan? Pues es Jesús. Este maná es Jesús. "Pan del cielo". El Señor Jesús dijo a los judíos: "De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo". (Juan 6:32). Qué hermosa respuesta a la murmuración es la tierna acción de Dios. Aquí estaba toda esa gente murmurando y Jehová se interpone y hace "llover pan del cielo" para ellos. Te pediré que leas el capítulo 6 del evangelio según Juan, porque encontrarás que es maná. Sólo hay dos cosas de las que se alimenta Israel en el desierto: codornices y maná (Éxodo 16: 13-16). Cuando ellos llegaron a Canaán tuvieron "el fruto de la tierra". (Josué 5: 11, 12).

 

¿Qué es el maná? El maná es Cristo en esta escena, descendido del cielo, pasando humildemente a través de esta escena y viviendo exactamente como el hombre debería vivir aquí para Dios. Él mismo nos dice qué es el maná. Pero nosotros no lo entendemos. Decimos como ellos: "Maná", "¿Qué es esto?". Pero entonces tú y yo no podemos alimentarnos de ese maná a menos que lleguemos a él a través de la muerte. "Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". (Juan 6:53). Por lo tanto, el maná es Cristo humillado, como Él lo fue en esta escena. El "fruto de la tierra" es Cristo glorificado. Tú y yo tenemos que comer ambos. Porque, aunque estamos en el desierto, estamos yendo al cielo, estamos en nuestro camino al hogar con Dios, y el Espíritu de Dios lleva nuestras almas a lugares celestiales ahora. Tú debes comer ambos.

 

La persona que sólo come maná nunca toca terreno celestial. Y la persona que sólo se ocupa en lo que es celestial y descuida el estudio del Cristo humillado, y no se apropia de Su muerte, no andará en la plenitud de la verdad ni en la gracia de Cristo. Para tener valor y poder debes tener tu vista en un Cristo glorificado. Pero, para andar como Cristo en esta escena, en todas las circunstancias y dificultades en las que tenemos que andar, debemos tener la vista puesta en Cristo como un hombre humilde y sumiso en esta escena. Yo encuentro un modelo perfecto en la senda y la vida del bendito Señor Jesucristo cuando pasó a través de esta escena. Un peregrino se alimenta de maná. Un soldado se alimenta del fruto de la tierra. Tú encontrarás que la persona que sólo se alimenta del "fruto de la tierra" puede ser recia, dura, tosca y prácticamente carente de gracia en sus modos de obrar. Por otra parte, tu encontrarás que la persona que sólo se alimenta de maná, de la vida de Jesús, es muy humilde, amable y tierna, pero no conoce mucho acerca de un Cristo celestial, y por eso carece de energía y denuedo en la fe.

 

Lo que queremos, amados amigos, y, gracias a Dios, lo que Él nos ha dado, es todo verdad. Queremos a Cristo para nuestras almas en cada aspecto en los que Dios Le ha presentado. Si tú lees en los Evangelios, obtienes la revelación de lo que es el maná. Léelos una y otra vez. Ellos son el alimento de Dios para nuestras almas mientras atravesamos esta escena del desierto. ¿Acaso no fue Él tentado? Sí, tal como nosotros lo somos. ¿Cómo se mantuvo Él a Sí mismo? Mediante la sencilla dependencia de Dios. Él es el alimento de nuestras almas porque solo a Cristo tenemos para alimentarnos aquí abajo.

 

Hay muchos principios importantes en este capítulo (Éxodo 16). Cada hombre debía recoger maná para sí mismo. Debía recoger una medida completa, y debía recogerlo temprano. Si no lo recogía temprano, no lo recogía en absoluto. Y no debía guardarlo hasta la mañana. Yo debo recoger maná, recoger a Cristo, temprano en el día para ser alimentado adecuadamente para el día. Sólo puedo recoger a Cristo de la Escritura, así que eso es lo que hace que la lectura de la Escritura, y el estudio de la Escritura, sean tan importantes. Alimentarse de la Escritura. Esa es la manera de avanzar. Lee la Palabra de Dios porque si lees la Palabra ella alimentará tu alma.

 

No debes olvidar que todavía tienes la carne en ti, y a la carne le gustan las cebollas y los puerros de Egipto tanto como siempre. (Números 11: 5). Sin embargo, tú, por gracia soberana, eres una nueva criatura, una nueva creación, en Cristo. Tienes una nueva naturaleza y ésta se alimenta de Cristo y nada más que de Cristo. ¿Me empeño yo en alimentar al viejo hombre, o en alimentar al nuevo? Ese es el asunto, ¿no lo ves? Lo único que alimentará al nuevo hombre es la Escritura, o aquello que pueda ayudarme a entender la Escritura. Permíteme decir que tengas cuidado con lo que lees, pero lee. Pablo le dijo a Timoteo: "Ocúpate en la lectura". (1ª Timoteo 4: 13 - LBA). ¡Sabio consejo! Él valoraba la lectura, por lo que al mismo hombre él escribió: "Trae, cuando vengas… los libros, mayormente los pergaminos". (2ª Timoteo 4: 13). Los que no leen más que la Biblia suelen ser las personas más ignorantes que conozco. Parece piadoso decir: «Sólo leo la Biblia». En realidad ello es soberbia de corazón, pues debemos recordar que Dios ha dado muchos siervos preciosos, quienes, con los trazos de su pluma, han expuesto Su verdad. Ten eso en cuenta.

 

Leer es muy importante, pero vuelvo a decir, sé tú cuidadoso con lo que lees. Los libros, tú sabes, son grandes compañeros. Pero, al mismo tiempo, es importante tener en cuenta de qué manera el contenido de un libro dejará su huella en ti. Un libro que el Espíritu de Dios no ha escrito alimentará la carne, pero no alimentará la vida de Dios en ti. La Escritura me detecta, me juzga y me alimenta. Lee el Salmo 119 y observa cómo 174 de sus versículos ensalzan el valor de la Palabra. Asegúrate de recoger maná, y de recogerlo en abundancia.

 

En Números 11: 9 leemos que "cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él". Yo entiendo que eso es el cuidado que el Espíritu de Dios tiene por la bendita Persona del Señor Jesucristo. El maná nunca toca la tierra, aunque está en la tierra. Cristo estaba en la tierra, pero no era terrenal. Él era el celestial sobre la tierra. Es el hermoso cuidado del Espíritu de Dios con respecto a la encarnación del propio Hijo amado y bendito de Dios.

 

Al final de Éxodo 16: 33, leemos: "Y dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes". Y también leemos acerca de la "urna de oro que contenía el maná". (Hebreos 9: 4). Esto es Cristo nuevamente, el recordatorio eterno en la gloria de aquel vaso divino que contenía una vida humana perfecta y humilde en la tierra. El Jesús que estuvo aquí abajo, es el Jesús que está allá arriba; y el Jesús en quien el Espíritu Santo quiere que fijes tu vista, es el Jesús que anduvo aquí abajo y dijo: "Sígueme".

 

Éxodo capítulo 16 presenta así el alimento del pueblo de Dios en el desierto. Esto es lo que debemos percibir siempre de la Palabra escrita. Por lo tanto, cuanto más tengas de la Palabra de Dios, mejor. Oportunamente, en el transcurso de tu vida, quizás te encontrarás con alguna dificultad y dirás: «Realmente no sé qué hacer». Si tuvieras las Escrituras impregnadas en tu mente sabrías qué hacer. "Entonces me acordé de lo dicho por el Señor" (Hechos 11: 16), salvó a Pedro del error. La Palabra de Dios nos enseña nuestra ruta para cada tramo de la senda aquí. El libro de Proverbios es inmensamente interesante y de gran valor en este aspecto. Yo lo recomiendo para que lo estudies atentamente mientras que al mismo tiempo te recomendaría no tener porciones favoritas de las Escrituras. Léela por completo, y estúdiala con esmero, y en oración. Porque, de lo contrario, no accederás a la amplitud de la verdad de Dios. Oh, cuán inefablemente valiosa es, entonces, la Palabra de Dios. Bueno, eso es el capítulo dieciséis.

 

Pero, tú tienes el otro aspecto de la verdad, que sale a la luz en el capítulo 17 de Éxodo. Otra vez ellos estuvieron murmurando. Leemos, "Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?" (versículo 3). Poco faltó para que ellos lo apedrearan (versículo 4), pero la gracia de Dios fue predominante. "Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel". (Versículos 5, 6). ¿Qué era esa roca? Sólo escudriña tu Biblia y ve a la primera epístola de Pablo a los Corintios, y lee, "Y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo". (1ª Corintios 10: 3, 4). Yo no sé si tú y yo hubiéramos dicho que «esa roca era Cristo», pero lo era. Lo que tú tienes aquí es otra figura de la cruz. Es la muerte de Cristo con las más bellas consecuencias. "He aquí, hirió la peña, y brotaron las aguas, y torrentes inundaron la tierra". (Salmo 78: 20 – VM). Esto representa sin duda el Espíritu de Dios. Tienes el maná, Cristo, en el capítulo decimosexto. Y ahora, en el decimoséptimo, las aguas que brotan son figura del Espíritu de Dios que descendió de un Cristo ascendido al cielo. "En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado". (Juan 7: 37-39).

 

Yo no sólo tengo a Cristo para alimentarme, tengo el Espíritu de Dios. Por lo tanto, amigos míos, vean cuán plenamente nos ha equipado Dios para la senda, sí, para la batalla y el conflicto de la senda que siguen inmediatamente. Dondequiera que ellos iban los seguían los torrentes (1ª Corintios 10: 4). No creo que la roca se movía sino que lo que salía de la roca los seguía. Detrás, siguiendo el rastro de ellos, aquel río resplandeciente los acompañaba. Mañana tras mañana descendía el pan, y día tras día el agua los seguía. Fue el cuidado de Dios, ejercido de manera milagrosa.

 

También nosotros somos objeto de milagros de gracia a lo largo del recorrido. Sólo tenemos que ser sencillos, como niños y confiados. Que Dios nos guarde de las murmuraciones. No hay nada tan mortífero para el alma. Que el Señor nos dé una confianza más dulce y sencilla en Él. La muerte de Cristo nos ha libertado de la mano del enemigo, tú tienes a Cristo para alimentarte, y tienes al Espíritu Santo habitando en ti. Estás en una buena posición.

 

Y ve ahora lo que sigue a continuación. En el momento que ha habido el refrigerio de Dios el enemigo viene como una inundación. El enemigo siempre trata de oponerse a tu progreso espiritual. No es hasta que hayas recibido el Espíritu Santo que hay un conflicto real. "Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim".  (Versículo 8). Amalec es un tipo de la carne. Lee la Epístola a los Gálatas en relación con este incidente aquí, y obtendrás ayuda. "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y así jamás satisfaréis los malos deseos de la carne. Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente, para que no hagáis lo que quisierais". (Gálatas 5: 16, 17 - RVA). La carne y el Espíritu son contrarios el uno al otro. Ahora tú tienes realmente dos naturalezas. Tú quieres hacer lo correcto y la carne se opone. Si permites la carne harías lo que no complace al Señor. Pero si tú estás en el poder del Espíritu, obtienes una victoria. La obtención de la victoria dependía de Moisés.

 

"Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada". (Éxodo 17: 9-13). Cuando se trató de Faraón, la palabra fue: "No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos". (Éxodo 14: 13, 14). Dios hace todo la pelea si el asunto estriba en librarte del poder de Satanás. Pero, cuando se trata de la carne, — y presta atención, tú siempre tienes la carne dentro de ti, — entonces debe haber conflicto, y la orden es, "pelear contra Amalec". ¿Cuál es el poder para el conflicto? Es el Espíritu Santo. El hecho mismo del conflicto muestra que el Espíritu Santo está en mí. No se trata de si yo soy salvo o no, sino de si la voluntad de Dios va a ser llevada a cabo, o si la carne, que siempre trata de obstaculizarme, me va a detener en mi curso como cristiano.

 

Observa lo que sigue a continuación. Moisés ora y Josué pelea. Esta es la primera vez que tú lees acerca de Josué. Tienes mucho acerca de él después. No tengo ninguna duda de que la oración de Moisés es figurativa de la intercesión actual de nuestro Señor en lo alto, y que Josué es un tipo del Cristo resucitado en la energía del Espíritu de Dios. Si tú andas en el Espíritu es seguro que vas a obtener la victoria. Cuando yo proveo para la carne, entonces estoy derrotado. Esto puede llevar a un creyente nuevo a dudar de su conversión, o de que él sea realmente salvo. Esto es un gran error porque Israel nunca volvió a Egipto, aunque ellos fueron llevados a Babilonia. Tú nunca puedes ser otra cosa que un hijo de Dios. Puedes bajar a Babilonia, es decir, acceder al mundo moralmente, pero estarás bajo la mano de Dios allí, pero eres aún Su hijo. Yo puedo elegir mi propia senda y Él puede tener que enviarme prisionero, por así decirlo, a Babilonia, pero siempre soy hijo de Dios.

 

El conflicto entre la carne y el Espíritu dentro de nosotros es una señal de que hemos sido convertidos. "Cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec". (Versículo 11). Nosotros dependemos de la intercesión continua de nuestro bendito Señor Jesucristo. ¿Crees tú que Sus manos alguna vez bajaron?  No.  ¿Se cansan alguna vez? Imposible. Leemos, "Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo". (Lucas 24: 50, 51). Él fue visto subir al cielo con las manos alzadas en señal de bendición, y así están hasta el día de hoy. Sus manos nunca se cansan. "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros." (Romanos 8: 33, 34). Además, Él vive para siempre para interceder por nosotros (Hebreos 7: 25).

 

Amalec fue derrotado aquel día (Éxodo 17: 13-16), pero Dios recordó la maldad de ellos. Leemos, "Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides". (Deuteronomio 25: 17-19). Más tarde se le dijo a Saúl que lo exterminara, pero no lo hizo completamente (1º Samuel 15). El asunto es este, la carne debe morir. Pero, ¡qué cosa más bienaventurada! Tú tienes el Espíritu de Dios en ti, y tienes a Cristo en lo alto para ti. Somos un pueblo bien cuidado (Éxodo 17: 15, 16).

 

"Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi", es decir, Jehová es mi estandarte. (Versículo 15). Ahora tú serás un adorador. Pienso que eso es lo que lleva al alma a la adoración. ¡El Señor es mi estandarte! Si el Señor es tu estandarte, la victoria es segura. Pues bien, esa es la forma en que Dios inaugura la historia de Su pueblo. Libre fuera de Egipto, y probado en el desierto. Cuanto más tú eres probado, más aprendes lo que la gracia de Dios es. Tienes a Cristo para alimentarte y el Espíritu de Dios para sustentarte y llevarte a la victoria, junto con la maravillosa verdad de la intercesión del bendito Señor Jesús, ahora a la diestra de Dios. Personas felices son todos los que andan en estas preciosas verdades.

 

Tú eres mi pan, Señor Jesús, Por siempre viviré de Ti:

Tú eres mi vino, Señor Jesús, Porque Tu sangre fue derramada por mí.

Antes que mi carrera, mi curso finalicen,

Antes que la corona de la vida sea ganada, —

Tú eres mi pan. Tú eres mi vino, mi exultación,

Tú eres la fortaleza de mi salvación.

 

Tú eres mi fuerza, Señor Jesús;

El poder y la alabanza Te pertenecen:

Tú eres mi cántico, Señor Jesús, Porque Tu gracia me basta.

Hasta que las lágrimas del tiempo se acaben,

Hasta que el tentador no me tiente más, —

Tú eres mi fortaleza: Tú eres mi cántico en la tribulación,

Tú eres el cuerno de mi salvación.

 

Tú eres mi luz, Señor Jesús, y amo contemplarte;

Tú eres mi vida, Señor Jesús, Te entregaste por mí.

Aunque las luces menores palidezcan,

Aunque mi carne y mi corazón puedan fallar, —

Tú eres mi vida: Tú eres el sol de la creación de Dios,

Tú eres mi luz y mi salvación.

 

Tú eres mi esperanza, Señor Jesús, Te estoy esperando aquí;

Tú eres mi ganancia, Señor Jesús, Tú eres todo en todo para mí.

Tú eres mi gozo, mi paz, mi luz, Tú mi vida, mi esperanza, mi poder, —

Tú eres mi alabanza; Tú eres mi Señor, mi adoración,

Tú eres el Dios de mi salvación.

Capítulo 8

 

La Serpiente de Bronce y el Jordán

 

Lectura Bíblica: (Números 21: 1-18; Josué 5: 1-15)

 

Consideraremos ahora la verdad relacionada con "la serpiente de bronce" y "el Jordán". Estos son dos aspectos de la muerte de Cristo. Cada uno de ellos presenta la verdad de una manera completamente diferente, pero aun así, de una manera en la que es de suma importancia para nuestras almas apropiarse de ella. Yo pienso que en la serpiente de bronce tenemos la maravillosa verdad de la manera en que Dios mismo se deshace de mí, y en el Jordán tenemos la verdad de la manera en que yo puedo deshacerme de mí mismo en mi propia experiencia.

 

El propósito de Dios para Israel, tal como es presentado en el libro de Éxodo, fue que Él los sacaría de Egipto y los llevaría a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel. (Éxodo 3: 8). Es algo inconmensurable que el alma profundice siempre en la comprensión del propósito de Dios, y en que, sin importar lo que suceda, el propósito de Dios no será frustrado. A pesar de toda la oposición de Faraón, y a pesar de los muchos compromisos que Faraón sugirió, Dios los sacó, y a pesar del fracaso de Israel en el desierto, Él los llevó a Canaán.

 

En primer lugar viene la verdad de la sangre en el dintel, la redención por medio de la sangre. Ese es el aspecto de la muerte del Señor Jesucristo mediante el cual se nos protege del juicio de Dios como pecadores, y nos alimentamos del cordero asado "al fuego", — es decir, de los padecimientos y la muerte de Cristo, — entrando nuestras almas en lo que es expresado en Su muerte.

 

Luego tenemos el paso del Mar Rojo. Lo que hemos visto es la verdad de la muerte y resurrección de Cristo por nosotros y por nuestros pecados, el poder del enemigo absolutamente quebrantado, la salvación de Dios manifestada, y el pueblo llevado a regocijarse en ella. Yo creo que el Mar Rojo es la muerte y resurrección de Cristo por nuestros pecados, como también por nosotros mismos. Y es algo grandioso que un alma recién convertida vea esto, a saber, que estoy libre de la tierra del enemigo, que soy sacado de esa tierra por medio de la muerte y la resurrección. Tú palpas la misma verdad, de cierta manera, cuando llegas al Jordán. Es algo grandioso que mi alma vea que estoy ante Dios en relación con Cristo, muerto y resucitado. Es lo que tú tienes en la epístola a los Romanos. Yo creo que lo que me enseña el Mar Rojo, así como la epístola a los Romanos, es que soy llevado a la muerte para escapar de todo lo que estaba en contra mía. Por medio de la muerte, — la muerte de Cristo vista como mía, — yo escapo de todo lo que me oprime como hombre en la carne. En Romanos capítulo 5 tú escapas de la asociación con el primer hombre, — Adán, — la muerte rompe el vínculo; en el capítulo 6, escapas del pecado como amo; y en el capítulo 7 escapas de la condenación que está relacionada con una ley infringida.

 

Es muy llamativo notar que tú ves a Israel como compañía entrar en el Mar Rojo, pero nunca se los ve salir. Ellos salieron, pero no se dice que lo hicieron. Creo que el motivo es éste, a saber, que cuando tú llegas al Jordán, no lees acerca de que ellos entran en el Jordán, tú ves el arca entrando, pero a ellos se los ve salir. El hecho es este, a saber, que el Mar Rojo y el Jordán se fusionan. Sacarlos de Egipto y llevarlos a entrar a Canaán era el propósito de Dios.

 

Pero, tú dices, «el desierto se interpuso». Sí, pero eso no era parte del propósito de Dios. Eso estaba en Sus modos de obrar, pero Su propósito era sacarlos y llevarlos a entrar. Los cuarenta años intermedios se convirtieron en la ocasión de aprender lo que ellos eran, y brindaron también la ocasión de aprender los modos de obrar de gracia de Dios. Si tú consideras el undécimo capítulo de Hebreos, quedarás impresionado con esto. "Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados". Es decir, la naturaleza no pudo andar por la senda de la fe. ¿Y cuál es la siguiente palabra? "Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días". (Hebreos 11: 29, 30). El Jordán no es mencionado. ¿Por qué? Porque el viaje por el desierto, con el Jordán al final, no fue la senda de la fe, fue la senda del fracaso. Cuando Dios cuenta la historia de la vida de fe, tienes el Mar Rojo y la caída de Jericó juntos. Uno va al lado del otro, y los cuarenta años en el desierto ni siquiera son mencionados.

 

Pues bien, libertados por la gracia soberana de Dios, y sacados de Egipto como hemos visto, les llevó cuarenta años entrar en Canaán. Su viaje se dividió en cuatro etapas. La primera, con la que todos estamos bastante familiarizados, va desde las orillas del Mar Rojo hasta que llegan al Sinaí (Éxodo capítulo 15 a capítulo 19: 1, 2). En esa etapa de su viaje estuvieron bajo la pura gracia soberana. Si llegan a Mara, donde las aguas son amargas, Dios convierte el agua amarga en agua dulce. Si tienen hambre, Él les da pan del cielo. Si dicen: «Nos estamos muriendo de sed», Él golpea la roca y sale agua. Si tienen que enfrentarse a un enemigo, ahí está Moisés intercediendo por ellos en lo alto, y Josué guiándolos hacia una victoria segura en el valle de abajo. Tenemos allí la energía de un Cristo resucitado, por medio del Espíritu Santo, conduciendo al pueblo de Dios a la victoria.

 

La primera etapa te lleva a la mitad del libro de Éxodo. La segunda mitad del libro está ocupada con las enseñanzas relacionadas con la instalación del tabernáculo en el que Dios iba a habitar. El libro de Levítico nos presenta la manera de acercarse ellos a Dios. Cristo es presentado en todos estos tipos y figuras como el fundamento de toda adoración. Ese es el gran tema del libro de Levítico.

 

Cuando tú llegas al libro de Números tienes el itinerario del pueblo de Dios a través del desierto. El capítulo que he leído se encuentra realmente en la última etapa de la historia de ellos. Se están acercando al final de su viaje cuando entra la historia de la serpiente de bronce. Para conectar nuestro tema, daré una breve mirada a la primera parte del libro.

 

Los diez primeros capítulos del libro se ocupan de la organización de ellos y su preparación para el viaje. El libro de los Números comienza con: "Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, en el día primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto". (Números 1: 1). Los trece primeros meses, la primera etapa de su viaje, fueron ocupados en llegar desde el Mar Rojo hasta el Sinaí, donde ya sabes, en una fatal insensatez, ellos mismos se pusieron bajo la ley. Abandonaron la gracia y asumieron la responsabilidad de andar ante Dios consintiendo que la bendición de ellos dependiera de la propia conducta de ellos. Sin embargo, todos tenemos que aprender a medida que avanzamos que el único secreto de la bendición es la gracia de Dios, en conexión con Su propósito.

 

Pues bien, en los diez primeros capítulos de Números, reitero, tú te enteras de la manera en que Dios los congregó, los reunió en torno a Él, y de cómo Él mismo estuvo en medio de ellos. Cuando llegas al capítulo 10, lees: "En el año segundo, en el mes segundo, a los veinte días del mes, la nube se alzó del tabernáculo del testimonio". (Versículo 11). Es decir, en veinte días todos fueron puestos en orden. Dios estaba entonces en medio mismo, pero Moisés, como el resto de nosotros, queriendo algo aquí abajo para que la vista se apoyara como guía a través del desierto, se dirige a Hobab y le dice: "«Sé tú los ojos para nosotros». Leemos, "Ven con nosotros,… Te ruego que no nos dejes; porque tú conoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto, y nos serás en lugar de ojos". Números 10: 29-32). El hijo del desierto se niega a ser guía de ellos y con tierna gracia Jehová dice: «Yo iré delante de vosotros», y el arca de Jehová se convierte en guía de ellos. La columna de nube había sido su guía antes, pero Jehová, en Su hermosa gracia, ahora va delante de ellos Él mismo. "El arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso". (Versículo 33). Esto fue hermosa gracia, amados amigos,  al abordar el fracaso.

 

Y tú llegas ahora a lo que es una parte muy penosa de la historia de ellos. La segunda etapa de su historia fue muy corta, pero muy llena de incidentes. Abarca el capítulo 10: 11-36, y los capítulos 11-15. Ellos llegaron a Cades muy rápidamente. (véase Números 12: 16; 13: 26).

 

Se trató de un recorrido de sólo once días desde el Sinaí hasta Cades-barnea (Deuteronomio 1: 2), pero hubo una inmensa cantidad de terribles fracasos en esos pocos días. En el undécimo capítulo se los encuentra diciendo: "Y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos". (Versículo 6). Es decir, en lenguaje claro, se cansaron de Cristo. Ah, amados, ¿está alguno de nosotros cansado de Cristo? ¿Quiero algo además de Cristo? Ese es el primer fracaso.

 

El final del capítulo muestra que Jehová les dio codornices en respuesta a su murmuración, y luego Él lidió con ellos en Su gobierno. (Versículos 31-34). "Les cumplió, pues, su deseo. No habían quitado de sí su anhelo, aún estaba la comida en su boca, cuando vino sobre ellos el furor de Dios, e hizo morir a los más robustos de ellos". (Salmo 78: 29-31). Estoy seguro que todos ustedes quedarán impresionados por este comentario del Espíritu de Dios en los Salmos acerca de esta escena. Yo realmente creo que lo que nosotros queremos lo obtenemos. Si yo quiero carne, Dios me la dará, pero con ella, disciplina y flaqueza de alma. La mano de Dios en el gobierno estuvo aquí realmente sobre ellos. No fue como el primer caso, en el capítulo 16 del Éxodo donde ellos pidieron y Dios les dio codornices. En aquel entonces ellos estaban en el terreno de la pura gracia, pero ahora, estando en el terreno de la responsabilidad, Él actúa de manera diferente. Allí se trató de pecado abordado por la gracia, aquí, de pecado juzgado en gobierno.

 

Luego, en el duodécimo capítulo de Números, el sacerdote Aarón y la profetisa María se levantan contra Moisés, que era rey en Jesurun, — el representante de Dios. Cuando tú llegas al siguiente capítulo ellos envían espías para ver cómo era la tierra agradable, y para ver por cuál camino debían ir. (Véase Deuteronomio 1: 22-25). Admito realmente que Dios permitió que los espías fueran porque Él no frustró a Israel en su incredulidad. Por eso dijo: "Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel". (Números 13: 2). Ellos enviaron estos espías, y como la incredulidad siempre trae problemas al incrédulo, me atrevo a decir que tú has notado que esta misión fue la forma en que Arad supo que Israel venía, y salió a pelear contra ellos. (Véase Números 21: 1). La incredulidad siempre trae dolor. Lo siguiente es que cuando los espías regresan la congregación no creerá lo que se les dice.

 

En primer lugar, el informe es muy bueno, y el racimo de uvas, — que necesitó de dos hombres para llevarlo, — atestiguó la buena calidad de la tierra y luego dijeron: "La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura." (Números 13: 32); es decir, la tierra no proporcionaba suficientes provisiones. Caleb y Josué defendieron la verdad, y casi fueron apedreados (Números 13: 30; 14: 6-10). "Despreciaron la tierra deseable" (Salmo 106:24 - VM) es el siguiente paso. Ellos no quisieron seguir adelante. Ello es semejante a un corazón que ahora no quiere ir al cielo.

 

Luego ellos dicen: "¡Ojalá hubiésemos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiésemos muerto en este desierto! ¿Por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada? ¿Para que nuestras mujeres y nuestros pequeños sean una presa? ¿No nos sería mejor volver a Egipto?" (Números 14: 1-4 - RVA). «Volvamos», ellos dicen. Oh, ¿podrías tú suponer esto después de toda la gracia mostrada a ellos? Pero, amados, nosotros sabemos lo que nuestros propios corazones son. ¿Acaso nunca hemos deseado volver atrás? Ah, todos los corazones de este salón saben cuán a menudo ha habido un retroceso. La respuesta de Dios fue esta: «Ustedes dicen que desearían haber muerto en el desierto, — pues bien, morirán en el desierto». Leemos, "En cuanto a vosotros, vuestros cadáveres caerán en este desierto. Vuestros hijos andarán errantes en el desierto durante 40 años. Ellos llevarán la paga de vuestras infidelidades hasta que vuestros cadáveres sean consumidos en el desierto". (Números 14: 32, 33 – RVA). Dios dice, «Tendréis que morir, sólo que os tomará cuarenta años hacerlo», "Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día". (Versículo 34). Ellos deben conocer la muerte.

 

Luego viene el capítulo decimoquinto. ¿Has estudiado alguna vez el capítulo decimoquinto de Números? Es un capítulo hermoso. ¿Por qué? Porque el propósito de Dios resplandece en él tan claramente como siempre, a pesar del pecado del pueblo. Comienza así: "Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación que yo os doy". (Versículos 1 y 2). ¡Ah, esto es precioso! Yo veo a Jehová dando instrucciones en cuanto a lo que será cuando ellos lleguen a la tierra, como si nunca hubiera habido un murmullo o algún fracaso. Ese capítulo es una joya. El capítulo entra como la expresión de la manera en que el propósito de Dios nunca es alterado. No importa cuál sea el pecado del pueblo en el trayecto, Dios lleva a cabo Su propósito con respecto a ellos. Una lectura minuciosa del capítulo te permitirá ver cuán hermosamente la verdad sale a relucir de esa manera. Ese capítulo te lleva al final de la segunda etapa de las jornadas de Israel.

 

Y ahora, en la tercera etapa, Jehová los hace andar errantes durante treinta y ocho años por el desierto, y cuando tú llegues al capítulo veinte encontrarás que ellos han regresado a Cades. Si seguimos el rastro de sus jornadas, encontraremos que ellas consisten en andar errantes sin rumbo recorriendo de norte a sur y de sur a norte la península de Arabia, desde Cades (Números 12: 16; 13: 26) hasta Cades (Números 20: 1), y sin ningún progreso real. Qué retrato es este de muchos santos que se han rebelado ahora contra Dios y nunca han avanzado realmente en sus almas.

 

En esta tercera etapa tenemos la rebelión de Coré (Números 16), que lleva a Dios a manifestar en gracia quién es Su sacerdote (Números 17). La única manera en que un pueblo débil puede ser llevado a través del desierto al Santuario de Dios es mediante la gracia y el sacerdocio. ¡Oh, cuánto le debemos nosotros, como cristianos, al sacerdocio de Cristo! ¿De qué manera somos mantenidos por aquel Bendito! En el capítulo dieciocho tú tienes instrucciones acerca del sostenimiento de los sacerdotes, y en el capítulo diecinueve tienes la historia de la vaca alazana (becerra roja), o de qué manera la contaminación puede ser abordada y limpiada en el desierto.

 

Y luego, cuando llegas al capítulo veinte, de nuevo no hay agua, y allí es donde Moisés y Aarón fracasan porque no glorificaron a Dios. Dios le ordenó a Moisés que fuera y hablara a la peña. Dios le dijo: "Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos". (Versículo 8). Moisés debía tomar la vara del sacerdocio. No fue juicio lo que debía ser expresado sino gracia a través del sacerdocio. Es la gracia sacerdotal la que endereza siempre el corazón. "Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces". (Números 20: 9-11). Esa no fue la vara que Jehová le había ordenado tomar. Él la golpeó con la vara con la que él había herido a Egipto, a saber, la vara del juicio. Esa es una figura de la muerte de Cristo sometido al juicio de Dios. No puede haber una repetición de aquello, ni siquiera en el tipo. La respuesta de Dios fue ésta: "Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado". (Versículo 12). Por tanto, tú ves, Moisés y Aarón fracasan en el trayecto, y este último muere. (versículo 28). A continuación hay una oposición por parte de Edom, e Israel, humillado al fin, cede.

 

Y ahora, en el versículo 22 del capítulo 20 ellos comienzan la cuarta y última etapa de su viaje, etapa que ocupó aproximadamente un año. Luego, en el capítulo 21 tenemos otro brote de maldad y la historia de la serpiente de bronce. Es muy sencillo, pero no creo que nos enteramos de su verdad al principio de nuestra senda cristiana. Tú dirás, «Oh, ¿no es ello acerca del nuevo nacimiento?» Bueno, está relacionado con él en Juan 3, pero hay algo más profundo que simplemente satisfacer la necesidad de un pobre pecador. Lo que sale a relucir aquí es que la carne es incurable e incorregible. Ellos murmuraron, "y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. (Números 21: 6). Pero, cuando ellos se volvieron a Jehová y reconocieron su pecado, Él ordenó a Moisés que hiciera una serpiente ardiente y la pusiera sobre una asta, y cuando un hombre mordido la miraba, él vivía. (Números 21: 5-9). Allí, en tipo, está la maravillosa verdad de que Cristo, que no conoció pecado, fue hecho pecado. (2ª Corintios 5: 21). Ello es la fuente de una vida totalmente nueva. Nuestro Señor, en el tercer capítulo del Evangelio de Juan, relaciona este acontecimiento de la serpiente de bronce con la vida eterna, y no dudo que las cosas que están en figura en este capítulo 21 de Números son sacados a relucir en la doctrina de Juan capítulos 3 y 4. El primer hombre es incurablemente malo, no puede ser enmendado y debe desaparecer de delante de los ojos de Dios. Debe desaparecer en muerte, en juicio, ese es el asunto. Es decir, no hay nada en ti o en mí que sea apto para Dios. Todo lo que somos debe desaparecer en muerte, y allí es introducido eso que es entera y absolutamente nuevo. Es Cristo, como Hijo del Hombre, levantado, en Juan 3: 14, 15, y como consecuencia, a través de la fe en Él, no sólo hay un nuevo nacimiento, sino vida eterna, y en el cuarto capítulo de Juan tú tienes el "agua que brota para vida eterna" (Juan 4: 14 – LBA)  , es decir, vida en el poder del Espíritu Santo que se eleva a su fuente, — el Padre, — en adoración.

 

Considera de nuevo por un momento la serpiente de bronce. Lo que hizo el mal fue la serpiente ardiente, y lo que los curó fue una mirada a una serpiente ardiente. El pecado trajo la muerte, y sólo con la muerte se elimina el pecado. El pecado en la carne es incorregible, incurable e imposible de erradicar. ¿Entonces, qué se puede hacer con ella? Dios nos lo dice: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". (Romanos 8: 3). Eso es la serpiente de bronce. Lo que yo soy, como hombre, ha sido totalmente condenado en la cruz de Cristo, y absolutamente desechado delante de Dios en la muerte. Lo que yo soy como hombre ha desaparecido de la vista de Dios en la muerte de Su bendito Hijo, cosa inmensa para el alma. ¿Por qué? Porque hasta que esto se aprende, hay confianza en uno mismo y un esfuerzo para mejorar la carne. De ahí que, muy a menudo, tengamos que aprender por medio de una experiencia práctica muy dolorosa y prolongada, y por medio del fracaso, cuán pobre cosa inútil es el hombre. Cuando yo aprendo la verdad de la serpiente de bronce descubro que Dios se ha librado de mí en la cruz de Su Hijo, y que sólo Cristo permanece.

 

A continuación tú tienes: "De allí fueron a Beer. Este es el pozo del cual Jehová dijo a Moisés: "Reúne al pueblo, y yo les daré agua. Entonces Israel cantó este cántico: "¡Brota, oh pozo! ¡Cantadle!". (Números 21: 16, 17 – RVA). Esto es, en tipo, lo que el Señor dijo a la mujer en el pozo, "Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva…  El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna." (Juan 4: 10, 13, 14 – LBA). ¿Qué es eso? Pues, amado amigo, es el Espíritu de Dios en el interior del cristiano, en el alma del creyente, conduciendo ahora tu alma en el disfrute de la vida eterna hacia lo que es tuyo en el cielo, aunque todavía estés en el desierto. "¡Brota, oh pozo! ¡Cantadle!" Ese es el Espíritu de Dios llevando el corazón ahora al disfrute de las cosas celestiales, las cuales realmente son nuestras. Es la energía del Espíritu Santo en el cristiano. No sirve de nada que yo te diga que te deshagas de esto y de aquello. Tú nunca lo harás. Lo que queremos conocer es la libre energía del Espíritu Santo. Él nos ocupará en Cristo, traerá a Cristo a nosotros, y nos hablará de Cristo. "Reúne al pueblo, y yo les daré agua". Oh, cuán mucho le agrada a Dios establecer a Su pueblo en la energía y el poder del Espíritu Santo.

 

Tú no tienes la serpiente de bronce sino hasta el final de la historia del desierto de Israel. Esto es mucho tiempo antes de que nos enteremos de que Dios nos ha desechado, y ello apunta a quitarnos de en medio. Oh, qué batallas y luchas han pasado las almas al tratar de deshacerse de la carne. Yo veo aquí, con profundo alivio y agradecimiento, ese aspecto de la muerte de Cristo en el cual todo lo que soy como hombre en la carne ha desaparecido, y que he sido reemplazado por el Hombre del corazón de Dios, el Hombre del cielo, el Señor del cielo. Y es Él, en la energía y el poder del Espíritu de Dios, el que conduce el alma hacia adelante.

 

El esfuerzo final del diablo para impedir que ellos entren en la tierra es presentado en la sección que presenta a Balaam. (Números capítulos 22-25). Él es contratado para maldecirlos, pero en realidad los bendice, y en sus notables profecías muestra que ellos son el pueblo de Dios; separados para Él (Números 23: 9); justificados por Él (Números 23: 21-23); vistos por Él sólo en orden y hermosura (Números 24: 5-9), y destinados a la victoria y la gloria con Él. (Números 24: 17-19). Siempre gana aquel que está de parte de Dios.

 

Balaam era un hombre inicuo pero sabía que Dios juzgaría el mal, especialmente en Su pueblo, así que "enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación". (Apocalipsis 2: 14).

 

Él intentó que ellos se corrompieran mezclándose religiosa y socialmente con el mundo. Algunos cayeron en el lazo, y sufrieron el juicio de Dios.

 

¡Cuántos del pueblo de Dios son atrapados de la misma manera hoy en día!

 

En el capítulo 27 las hijas de Zelofehad indican que por fin hay un deseo de la tierra deseable en lugar de despreciarla. Ellas reivindican la porción de su padre, y Dios honra la demanda de la fe. Él siempre ama dar. Por eso Jehová habló a Moisés diciendo: "Dicen bien las hijas de Zelofehad; ciertamente les darás posesión de herencia". (Números 27: 6, 7 – VM).

 

El espíritu que movió a estas mujeres no animó a toda la congregación pues en el capítulo 32 los hijos de Rubén y Gad piden que sus familias y rebaños no sean llevados al otro lado del Jordán, territorio que estaba ahora a la vista de todos.

 

En realidad, ellos cayeron en el lazo de Faraón. No quisieron pasar el Jordán. Vieron que la tierra de Galaad era un lugar agradable y dijeron a Moisés: «Si nos permites, dejaremos aquí a nuestras esposas y a nuestros pequeños y el ganado, y pasaremos y te ayudaremos a luchar y luego regresaremos a ellos». Ah, fue una cosa muy triste, amado. Ellos son como las almas que no se interesan ahora por las cosas celestiales. Es importante que el alma entienda esto. Oye tú lo que ellos dicen: "No nos hagas pasar el Jordán". (Números 32: 5). Oh, amados amigos, que Dios nos guarde de pronunciar alguna vez una palabra como esa. Expresado en lenguaje sencillo, ello es, «yo no quiero entrar ahora en las cosas celestiales». Ah, ellos habían caído justo en lo que Faraón propuso y Moisés rechazó. Teniendo Canaán a la vista ellos dicen: «Nos instalaremos donde estamos». No estaban satisfechos con una tienda, querían una casa. Sin embargo, cuando el diablo trató de obstaculizarlos por medio de Balaam, éste dijo una de las cosas más verdaderas y hermosas sobre ellos.: "¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus habitaciones, oh Israel!". (Números 24: 5) Estas tiendas habían estado de viaje durante cuarenta años y los que en ellas habitaban iban a entrar en la tierra, y Balaam sintió que ellos entrarían. Pero, por desgracia, estas dos tribus estaban cansadas de la tienda, y dijeron: «Nos instalaremos». "Edificaremos aquí apriscos para nuestro ganado y ciudades para nuestros pequeños". (Números 32: 16 - LBA). Dios les permitió que ellos hicieran lo que querían, y fueron los primeros en ser llevados cautivos. (Véase 2º Reyes 15: 29). Ah, amados, ¡qué lección en cuanto a lindar con el mundo y sus resultados!

 

Pasemos ahora al libro de Josué y verás la manera en que somos llevados a la bendición que es nuestra. Josué es el equivalente veterotestamentario de Efesios, así como Efesios es el Josué neotestamentario. Encontrarás en el capítulo inicial: "Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie, a vosotros lo he dado, como dije a Moisés". (Josué 1: 3 - VM). Por lo tanto, no es bueno que yo diga que tales cosas o las otras son mías. Es muy cierto que son mías en Cristo, pero no son mías de manera experiencial a menos que yo ponga la planta de mi pie en ellas. Es una gran cosa que el alma vea que ello es celestial. Dios nos ha llamado al cielo. Al cielo pertenecemos y todo lo que es nuestro está en el cielo. Somos peregrinos pasando a través de este escenario, pero somos vistos como pertenecientes al cielo.

 

Para entrar en Canaán Israel debía cruzar el Jordán, y simplemente debían seguir el arca. "Sin embargo, dejaréis entre vosotros y ella una distancia de unos dos mil codos (900 metros). No os acerquéis a ella para saber el camino por donde debéis ir, porque no habéis pasado antes por este camino". (Josué 3: 4 - LBA). Obviamente yo no necesito decir que el arca es Cristo. Es Cristo que ha entrado en la muerte, como pasando por el juicio de Dios, poniendo fin realmente a la historia del hombre, y venciendo el poder de la muerte. En el versículo 14 ellos desarmaron sus tiendas en el desierto por última vez. Hasta ese momento tuvieron el carácter de peregrinos.

 

Debió ser un momento maravilloso cuando llegaron al Jordán. Fue un momento maravilloso cuando llegaron al Mar Rojo, como hemos visto. Ese era un lugar estrecho muy pequeño y entraron en columnas de a cinco, así también aquí. Cuando el caso fue entrar en el Mar Rojo se trató de una senda estrecha. Las aguas se levantaban como paredes de cristal. Pero, cuando llegaron al Jordán no había ni una gota de agua en cuarenta y ocho kilómetros a la redonda. El Jordán es muerte. Así es con respecto a nosotros, todo aquello que yo eludía desaparece si veo que la muerte es anulada por Cristo.  El Jordán es muerte, no mi muerte, sino la de Cristo, y la mía con Él. No es sólo muerte sino que es que yo tomo conciencia de que Cristo ha entrado en la muerte y la ha anulado, y la ha vencido. Si tú tomas tu mapa y buscas Saretán (Versículo 16), verás que esta localidad estaba a unos cuarenta y ocho kilómetros río arriba, y Dios retuvo allí las aguas. No había nada más que tierra seca a la vista, y leemos, "Los sacerdotes que llevaban el Arca del Pacto de Jehová, se mantuvieron firmes en seco, en medio del Jordán, mientras todo Israel iba pasando en seco, hasta que toda la nación acabó de pasar el Jordán". (Josué 3: 17 – VM).

 

La lección de esto para nosotros es sencilla. Si el corazón está dispuesto para el cielo, es fácil entrar. Es maravillosamente fácil entrar en la tierra prometida si sólo tú estás dispuesto para las cosas celestiales, porque Dios quita todo obstáculo, y Él ama hacer que los corazones de Su pueblo habiten en el disfrute de lo que Él ha hecho que ellos sean ahora en Cristo.

 

"Cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Jehová habló a Josué, diciendo: Tomad del pueblo doce hombres, uno de cada tribu, y mandadles, diciendo: Tomad de aquí de en medio del Jordán, del lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales pasaréis con vosotros, y levantadlas en el lugar donde habéis de pasar la noche". (Josué 4: 1-3). Se trató del testimonio de dónde había estado el arca. Yo no dudo que las doce piedras son el memorial. Es semejante a lo que el partimiento del pan es para nosotros.

 

Pero además, "Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto; y han estado allí hasta hoy". (Josué 4: 9). La colocación de estas doce piedras expresaba el conjunto de la compañía. Lo que éramos, por así decirlo, está todo bajo las aguas de la muerte. Yo aprendo que en la muerte de Cristo soy libre para despedirme de mí mismo. Soy una persona muerta y resucitada, y tengo vida en un Cristo resucitado, pero, Dios mantendrá siempre viva en mi memoria la forma en que yo he sido llevado a la bendición y a la asociación con su Hijo. Para este fin creo que nos ayuda mucho el partimiento del pan. "Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán". (Versículo 20). Esas piedras quedaron como el testimonio eterno de una obra consumada, tal como nos habla el partimiento del pan.

Y ahora lo siguiente es que ellos son conscientes de haber pasado el Jordán. Y, amados, es algo inmenso que el alma esté segura de esto de manera consciente. Esa alma es una persona que puede decir verdaderamente, «Yo sé que estoy muerto y resucitado». ¿De manera experiencial? «Sí, ciertamente. El asunto es que yo tengo en el fondo de mi alma el sentido de que estoy en asociación con Aquel que ha resucitado». Por medio de la gracia estamos ocupados en un Cristo resucitado durante toda la semana, y luego, en el partimiento del pan, durante esos momentos nuestros corazones son conmovidos de nuevo con el sentido de Su muerte y de todo lo que ella implicó para Él y para nosotros.

 

Cuando Israel llegó a Gilgal aprendió una nueva lección. Gilgal fue el lugar del juicio propio. Allí ellos fueron circuncidados (Josué 5: 2-9). Tú no puedes cortar la carne en la energía de la carne. Ellos fueron un pueblo muerto y resucitado en figura antes de ser circuncidados. Y tú nunca encontrarás a un cristiano capaz de andar de manera práctica en el poder de lo que esto saca a la luz hasta que él sepa que está ante Dios en la vida de Otro. ¿De dónde obtenemos esta verdad? Pienso que la tenemos en la epístola de Pablo a los Colosenses.

 

Ahora, nuevo cristiano, considera el tercer capítulo de la epístola a los Colosenses. El segundo capítulo dice: "En el cual también fuisteis circuncidados con una circuncisión hecha sin mano, desvistiéndoos enteramente del cuerpo de la carne, por medio de la circuncisión de Cristo". (Colosenses 2: 11 – VM). Yo acepto para mí la circuncisión de Cristo. He sido apartado. Lo acepto. Ahora tú estás en novedad de vida. ¿Qué es lo siguiente? "Siendo, pues, que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios". (Colosenses 3: 1 - RVA). ¡Cuán preciso! Donde Cristo está. "Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra". (Colosenses 3: 2 - RVA). Observa que aquí es la tierra, no exactamente el mundo, eso es Egipto. Si mi mente está en las cosas de la tierra claramente yo no soy celestial. Ese es el asunto. Yo puedo encontrar cristianos mundanos, y cristianos terrenales, y por otra parte puedo encontrar almas que son celestiales. Ah, qué alegría es llegar a estar junto a una persona celestial.

 

Y ahora la siguiente palabra es: "Ya moristeis, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios… haced morir pues vuestros miembros que están sobre la tierra". (Colosenses 3: 3-6 - VM). Es decir, que yo debo mantener, de manera práctica, todo lo que es del primer hombre en el lugar de la muerte. Ese es nuestro Gilgal. "Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy" (Josué 5: 9). Ellos desecharon aquello que es la marca de un hombre que vive para este mundo. Que un hombre celestial sea mundano es su descrédito. Él necesita ir de nuevo a Gilgal. Y tú observarás después que Israel siempre tuvo que regresar a Gilgal. Así debemos hacerlo nosotros. Después de la victoria o de la derrota, Gilgal, — el juicio propio, — es nuestro único recurso, si hemos de progresar en la vida divina.

 

"Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó". (Josué 5: 10). Ellos están fuera de Egipto y en Canaán. La promesa de Dios se cumple fielmente y Su propósito es llevado a cabo; aunque todavía no se posee nada de Canaán, ni se obtiene ninguna victoria. A menudo he pensado de qué manera Caleb y Josué debieron haber disfrutado aquella pascua. Ellos la habían comido en Egipto y, además, habían celebrado la pascua en el desierto (véase Números9: 1-14); pero estoy seguro que ellos disfrutaron de ésta mucho más que de la primera, o de la segunda. Cuando comieron la segunda, es posible que dijeran uno al otro, «Me gusta mucho más ésta que la de Egipto. Temíamos bastante a Faraón en aquel entonces pero ahora él ha desaparecido y nosotros estamos de camino a la tierra». Sí, en efecto, pero incluso entonces ellos no estaban en ella. Allí estaba reservado lo que era mejor para la fe. Pero ahora ellos se sientan y comen la pascua en la tierra. La comen con alegría celestial. Así lo hacemos nosotros si hemos sido enseñados divinamente. Nuestras almas, disfrutando plenamente de descanso celestial y de asociación con Cristo, se alimenta de aquello que es lo primero que nos dio el sentido de la gracia de nuestro Dios. Creo que Caleb y Josué disfrutaron plenamente de esa pascua, y si tú y yo estamos realmente sobre el Jordán, disfrutaremos el partimiento del pan de una manera maravillosa.

 

"Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas". (Josué 5: 11). Sí, ellos habían alcanzado a Cristo en gloria. Es de Cristo, conocido ahora en gloria, del que el alma se alimenta. El tercer capítulo de la epístola a los Filipenses es el fruto de la tierra. Es Cristo conocido donde Él está ahora. "El maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año". (Josué 5: 12). Pero comer el maná es muy importante para nosotros. Es Cristo humillado en la vida humana aquí, y nosotros como peregrinos, encontrándonos en las circunstancias por las que Él pasó, nos alimentamos de Él y de Sus modos de obrar de gracia. Eso es maná. Si yo no me alimento de maná, ciertamente no seré un peregrino constante (un peregrino es alguien que va a un punto fijo), y si no me alimento del fruto de la tierra, no seré un guerrero vigoroso. Necesitamos ambas cosas. Ellos tuvieron ambas cosas, y tanto el maná como el fruto de la tierra han de ser nuestro alimento diario. Ellos participaron allí de "panes sin levadura" y de "espigas nuevas tostadas", y que Dios nos permita alimentarnos de lo mismo, y así entrar más y más en el disfrute de lo que es nuestro, como resucitados con Cristo.

 

"Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo". (Josué 5: 13-15). El príncipe del ejército del Señor es el propio Jehová. Con la espada desenvainada en la mano Él los conduciría ahora a la victoria; pero, "Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo", nos recuerda que la santidad conviene a Su presencia ahora igual que cuando Él vino a redimir a Su pueblo (Éxodo 3: 5). Si yo voy a entrar en los gozos y asociaciones celestiales con Cristo, y voy a ser llevado a la victoria, debe haber, por así decirlo, el hecho de quitarme el calzado, sacar el pie de aquello que ha tocado la tierra. Si te quitas el calzado el pie será limpio. Dios tendrá santidad en aquellos que a Él se acercan.

 

Es maravilloso a lo que Dios, por medio de su Espíritu, llevará nuestras almas a entrar si nos rendimos a Él. El hombre que más conoce acerca del cielo dirá, tal vez, lo mínimo acerca del cielo, pero él lo disfruta y vive allí.

 

Concluiremos aquí, entonces, nuestro estudio de la historia temprana de Israel. Ellos están en la tierra que fluye leche y miel, alimentándose del fruto de la tierra, — lo que crecía en la tierra, — y tienen al propio Jehová como líder de ellos para futuras victorias.

 

Que Dios guíe a cada uno de nosotros para responder a esto en la historia de nuestras almas. Hemos de sabernos resucitados con Cristo; entonces nos alimentamos de Cristo, y vamos a ser conducidos por Él a la victoria sobre todos los enemigos que se oponen a nuestra adquisición y a nuestro disfrute de la vida y bendiciones celestiales.

 

W. T. P. Wolston

 

Traducido del Inglés por: Benito Carnio (B.R.C.O.) - Agosto 2021.

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

 

JND = Una traducción del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby, versículos traducidos del Inglés al Español por: B.R.C.O.

KJV = King James 1769 (conocida también como la "Authorized Version en inglés"), versículos traducidos del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano). RV1977 = Versión Reina-Valera Revisión 1977 (Publicada por Editorial Clie).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

VM2020 = Versión Moderna 1929 actualizada 2020, publicada con permiso de Biblicom.org.

Título original en inglés:
"FROM EGYPT TO CANAAN", by W. T. P. Wolston
 Traducido con permiso
Publicado por:

Versión Inglesa
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