EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

LOS GENTILES EN RELACIÓN CON LA VENIDA DEL SEÑOR (William Kelly)

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Los Gentiles en Relación con la Venida del Señor

 

Tercera Conferencia acerca de la Segunda Venida y el Reino del Señor y Salvador Jesucristo

 

William Kelly

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RV60) excepto en los lugares en que además de las comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito

 

Lectura Bíblica:

"Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia, cuando separó los hijos del hombre, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel".

Deuteronomio 32: 8 – LBA).

 

Esta notable Escritura establece una verdad de la mayor importancia a menudo olvidada ahora pero continuamente asumida a través de la gran mayoría de las profecías de Dios. El pueblo de Israel es el centro preciso en el plan de Dios para tratar con las naciones de la tierra. Es un pensamiento no poco humillante y ofensivo para la mente gentil porque los hombres evidencian el desprecio latente y el desdén natural que el gentil tiene por el judío incluso hasta esta hora y a pesar de muchas tendencias opuestas en los días en que vivimos. Sin embargo en todo lo que Dios reguló o permitió Él mantuvo ante Sus propios ojos el gran pensamiento rector de que todos los demás pueblos debían encontrar su lugar de acuerdo con este plan. A la torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sión debía venir el señorío primero. (Miqueas 4; 8). Para Israel está reservada Su más selecta bendición terrenal si bien ella emanará a todas las naciones. Por el momento la maligna presunción así como su insubordinación a Dios lo han frustrado todo pero pronto triunfará la misericordia cuando llegue el día en que Dios demuestre lo que Él es para Israel a pesar de lo que Israel ha sido contra Él. Sin embargo esto no es más que una de las formas en que Dios nos presenta Su pensamiento con respecto a las naciones.

 

Nosotros encontramos un cambio de inmensa importancia que ocurrió en una fecha posterior y Dios no nos ha dejado sin explicación acerca de los motivos y resultados de este gran acontecimiento. Pero la verdad aquí revelada registra la primera formación de naciones, pueblos e idiomas después del diluvio. En Génesis 10 oímos hablar de sus primeros padres o fundadores. Un nombre de muy solemne importancia aparece ante nosotros desde el principio, —  a saber, el nombre de Babel. No meramente aparece a partir de esta división de las naciones nacientes en sus idiomas separados y en sus distintos límites de habitación sino que reaparece cuando ocurre ese vasto cambio al que he aludido. Se encontrará que es de mucho interés e incluso de importancia que el creyente comprenda correctamente la constitución original de las naciones que circundan a Israel así como la nueva disposición de acuerdo con la voluntad soberana de Dios cuando Israel perdió públicamente su lugar central. En primer lugar nada puede ser más claro que la forma en que las Escrituras explican lo que de otro modo sería perfectamente inexplicable. Ustedes están enterados de que los hombres están escudriñando ahora con diligencia y de que algunas veces se elogian unos a otros por la escasa medida de éxito con el que ellos rastrean estas diferentes nacionalidades. La palabra de Dios lo ha revelado todo para los que creen. Aquel que escudriña las Escrituras tiene un relato claro, completo y perfectamente inteligible y no ve en ello un accidente sino el poderoso y sabio designio de Dios, — también Su juicio al humillar la soberbia del hombre la cual renovó su tendencia desde el diluvio al igual que en el principio. Ese principio que despierta tanto el interés de los hombres en la actualidad, a saber, el poder de unión, fue intentado directamente después del diluvio y los hombres se reunieron para edificar un testimonio conspicuo y permanente de la grandeza humana y un vínculo de unión para la humanidad que de otro modo estaría en peligro de dispersión. Pero la torre que el hombre edificó en su soberbia y confianza en sí mismo como medio de unidad fue el terreno sobre el cual Dios introdujo confusión. Debido a que  ellos edificaron una torre para poder permanecer juntos como una sola raza Dios los dividió en esa división de idiomas y tribus según las varias tierras que Él dispuso en su propia mente para ellos; y los principales hitos sustanciales del poderoso juicio de Dios permanecen hasta nuestros días y permanecerán hasta que el Señor Jesucristo venga, sí, hasta los cielos nuevos y tierra nueva en los cuales mora la justicia. (2ª Pedro 3: 13).

 

Ahora bien, en esta dispersión a la que Dios sentenció a la raza Israel fue el pensamiento central y por eso es que nosotros encontramos en Génesis 10 el relato Mosaico de estas diferentes familias según los tres hijos de Noé. En Génesis 11 sigue a continuación la  oculta clave o motivo por la que Dios trató así con el hombre; porque ello  fue algo nuevo, un cambio totalmente sin precedentes que ha dejado resultados que el hombre incrédulo no puede todavía adivinar sino sólo especular acerca de ellos y perderse en sinuosos laberintos. Para Dios ello no fue un mero trato con la presunción del hombre sin importar cuán ciertamente esta fue controlada. Existió también la intención misericordiosa de hacer que Israel fuese el medio de bendición para estas naciones dispersas de la tierra. Consecuentemente Génesis 12 nos muestra la raíz y el tronco de las promesas a Israel. Hay así un orden divino muy manifiesto y hermoso en la forma en que estas verdades son presentadas a nosotros. Entonces aquí está claramente la secuencia moral, — el surgimiento de idiomas y nacionalidades como consecuencia de un juicio divino, la explicación de aquello que provocó el juicio; a continuación la revelación de ese asombroso principio de la gracia divina ya sea para la tierra o para el cielo, — el llamamiento de Dios al hombre a venir a Él mismo. Consecuentemente Abraham llega a ser el gran testigo del llamamiento de Dios, el padre de Israel, que a su debido tiempo también será llamado a salir. Ellos fueron llamados a salir de Egipto pero en Sinaí prefirieron confiar en ellos mismos antes que confiar en Dios. Olvidaron Sus promesas dadas a los padres o al menos el principio de ellas; ellos aceptaron las condiciones de su propia obediencia, realmente para el bien de ellos y así, como siempre, la historia de ellos llegó a ser la demostración constante y evidente de toda su maldad. Es la historia moral de todo corazón; es lo que todos probamos hasta que la gracia humilla el alma y nos lleva a Dios mediante el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesús. Tal como sucedió con Israel así sucede ahora con cada hijo del hombre que intenta entrar en pacto con Dios hasta que el yo es juzgado, y el corazón purificado por medio de la fe encuentra su descanso y su fuerza en otro, a saber, en Cristo.

 

No es mi propósito seguir la historia de Israel sino sólo mostrar de manera preliminar el lugar en que las naciones son vistas por primera vez en la palabra de Dios como circulando alrededor de Israel donde Dios se complace en manifestar Su presencia en la medida en que ello era consistente con Sus consejos como habían sido revelados en aquel entonces. La Shekinah de gloria estaba en medio de ellos oculta detrás de un velo, es cierto; pero aun así era una manifestación de la gloria divina como ningún otro pueblo tenía. Dios habitaba en la oscuridad y sin embargo era Dios quien habitaba allí; y de todos sus privilegios nacionales este no era ciertamente inferior a ninguno. Dios estaba en medio de Israel pero ellos prefirieron otros dioses. Abandonaron vergonzosa y sin decoro al Dios vivo que se dignaba estar allí, el Dios de ellos. No hubo un ídolo vil de las naciones ante el cual ellos no se inclinaran, ninguno según la figura expresiva de la Escritura con el que ellos no cometieran adulterio. La consecuencia fue que Dios comenzó a lidiar con la mayor parte de la nación que ya había rechazado a su rey. Habiendo demostrado ellos mismos ser rebeldes a la casa real que Dios mismo había elegido para ellos, ellos consumaron esa rebelión apostatando de Dios el cual después de advertencias que fueron despreciadas barrió primero a las diez tribus de Israel como una lección muy solemne para los que quedaron. Pero los de Judá fueron sordos y ciegos a lo que Dios estaba señalando a través del culpable Israel; y cuando no sólo ellos sino el rey del linaje de David sólo parecieron competir entre ellos para ver quién sería el más destacado en la invención de la idolatría y en la degradante imitación de las naciones cuyos falsos dioses ellos establecían, después de reiterados llamados y amenazas el Dios verdadero permitió que Babel surgiera una vez más. Era el mismo sistema de confusión pero ahora en una nueva forma. Babilonia, la madre de las abominaciones del Antiguo Testamento, la inventora de los ídolos, ¡Babilonia debía ser el instrumento para ejecutar juicio sobre la idólatra Judá! Al principio fue una visión extraña pero hubo una profunda sabiduría de Dios en la elección. El Dios del cielo escogió así a Babilonia de entre todas las potencias de la tierra para que tuviera un nuevo carácter de dominio nunca antes poseído. Hasta esa época Israel y Judá habían sido esperados pacientemente por el Señor de toda la tierra que se había dignado conceder Su presencia en medio de ellos tal como hemos visto. Hubo un largo curso de paciencia por parte de Dios por si tal vez el pueblo se arrepentía pero ellos se volvieron cada vez más culpables e incluso apóstatas, sí, ellos y el rey de ellos. Toda esperanza había desaparecido. Entonces el Dios del cielo en Su soberanía levantó a lo peor mismo de los gentiles. La antigua sede del hombre. — idólatra, ególatra y concentrada en despreciar a Dios era ahora un poder joven y vigoroso que últimamente se había rebelado contra los asirios y que era el medio activo para derribar a ese antiguo arruinador de Israel, — Babilonia fue convocada por Dios al lugar de poder imperial de un imperio mundial.

 

Hubo una evidente concesión de poder por parte de Dios a Babilonia. El imperio de Nabucodonosor tuvo de parte de Dios mismo un fuero de dominio universal. Él era la cabeza de oro en la imagen que él vio. Comenzaban los tiempos de los gentiles. (Lucas 21: 24).

 

Entonces este es el gran cambio que mencioné. Por primera vez en la historia del mundo Dios permitió que un rey fuese el monarca indiscutible del mundo. No es un asunto acerca de hasta dónde avanzó él en sus conquistas. Todos sabemos que Nabucodonosor fue suficientemente activo en el Oriente y avanzó hasta tan lejos como hasta Egipto y Palestina; pero Dios le dio el lugar que otros procuraron en vano. Más de uno había luchado por dicho lugar pero los varios competidores por él fracasaron uno tras otro. Dios dio el poder mundial al rey de Babilonia. Las pruebas de esto aparecerán enseguida y en abundancia y confío en que las almas puedan ver su importancia un poco más claramente. El primer testimonio que citaré es Daniel 2. En el sueño que Dios recordó a Nabucodonosor por medio del profeta había una gran imagen. "La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra". Felizmente no hay ninguna controversia que sea digna de comentar acerca del significado del sueño de Nabucodonosor. El propio profeta explica que el rey de Babilonia responde a la cabeza de la imagen. A esa dinastía le siguió una inferior, no en extensión de territorio sino en el carácter de su poder. En lugar de tener dicho poder directamente de parte de Dios y utilizarlo como un solemne fideicomiso para Su gloria ustedes encuentran una serie de consejeros humanos que interfieren y debilitan el sentido de una responsabilidad directa para con Dios. Este fue el gobierno persa cuyas características aparecen en Daniel 6, Ester y Esdras. Luego ustedes tienen el tercer imperio de bronce, el reino macedonio bajo el bien conocido Alejandro Magno donde hubo un carácter aún menor de influencia que interceptaba la voluntad soberana de aquel que se había llamado a sí mismo al trono: no hubo ancianos serios, hombres acostumbrados a gobernar, sino soldados de fortuna o mercenarios que no obstante que eran generales inteligentes no se podía suponer que entendiesen asuntos de estado. Aquí fue evidente el predominio del elemento militar no del elemento patricio o noble. Además ustedes tienen en el cuarto imperio lo que es bastante común en nuestros días, a saber, la soberanía fundamentada en la multitud, en la simple voluntad del hombre y por tanto y obviamente en una mayoría que podría ser la menos capaz de sopesar todas las dificultades, las sutilezas, los conflictos de intereses humanos, — es decir, todo lo que se requiere en legislación o en gobierno. Como sabemos, así fue en el imperio romano que fue republicano en su origen y debido a eso cada vez más alejado de la idea de que es Dios quien confiere soberanía al hombre.

 

Además nosotros encontramos el sorprendente indicio de que este retrato del último imperio muestra particularmente en la interpretación presentada por el profeta un elemento extraño introducido en él. Ciertamente esto no es de poco interés para nosotros teniendo en cuenta que el barro es precisamente aquello que indica la mezcla de nuestros antepasados bárbaros, las hordas salvajes que irrumpieron desde el noreste de Europa trastocando primero el antiguo imperio romano y luego incorporados gradualmente en él. Obviamente ellos no estaban libres de la violencia propia de los incivilizados con nociones salvajes acerca de la libertad humana, de la impetuosidad en el gobierno y el rechazo apasionado de casi todo tipo de moderación. Por eso a su debido tiempo y cuando la civilización los moderó surgió el ostentado principio del constitucionalismo. Los hombres se han preguntado de dónde vino dicho constitucionalismo pero todo está explicado en la palabra de Dios. Es el elemento extraño que no pertenecía al imperio en su origen. Por lo tanto es la introducción del elemento teutónico [véase nota], — unos extranjeros del norte de Europa y de Asia, — en el antiguo imperio romano y que fue lo que formó la combinación del pasado con la voluntariedad semibárbara.

 

[Nota]. Teutones:  pueblo de raza germánica que habitó antiguamente cerca de la desembocadura del río Elba.

 

Consecuentemente esto condujo a un asunto muy importante que comienza a aparecer en nuestro capítulo (Daniel 2), — a saber, la fragmentación del imperio en varios reinos separados. Se alude a ello brevemente pero lo tendremos mucho más plenamente en Daniel 7. Después de describir la mezcla de barro cocido con el hierro de Roma se dice: "En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido". Ustedes son llamados a prestar su atención a esto, "En los días de estos reyes". ¿Qué reyes? El profeta había hablado acerca de la imagen que terminaba en pies y en dedos de los pies y yo creo que no puede haber duda acerca de que los dedos de los pies de la imagen responden a los cuernos de la cuarta bestia sobre todo al comparar este capítulo con el séptimo. La demostración de esto aparecerá directamente. Refiriéndose a los diez reinos separados o a sus reyes Daniel dice: "En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido". No es correcto aplicar la expresión "estos reyes" a los cuatro imperios porque incuestionablemente el Dios del cielo no establece Su reino durante el curso de estos imperios sino en el estado final del cuarto o último de los imperios. ¿Acaso no asigna esto el significado a los reyes del dividido imperio romano en su última fase? Es imposible resistirse imparcialmente a la conclusión.

 

Yo soy consciente de que existen los que aplican esta porción de la interpretación a la introducción del cristianismo en la tierra. Ellos entienden que ese es el reino que el Dios del cielo estableció. Pero yo pienso que uno o dos reparos desengañarán a cualquier mente desapasionada de un pensamiento tal. Es un tema muy importante acerca del cual hay que tener claridad y muchos cristianos tienen la impresión aludida. Aquellos que lo saben mejor tendrán paciencia conmigo por un momento si hago una digresión para deshacerme de un pensamiento tan perjudicial como popular. Ustedes observarán que se supone que el barro ha entrado en la imagen y que la división se ha producido cuando leemos: "En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido". ¿Fue este el caso cuando Cristo nació? ¿Hubo algo parecido cuando Cristo murió, resucitó, fue al cielo y envió el Espíritu Santo? ¿Hubo algún cambio concordante con la unión del barro cocido con el hierro de Roma? Por el contrario, ¿acaso no sabemos claramente por la Biblia, — y es una gran misericordia que no tengamos que ir más allá de la Biblia para demostrarlo, — que en aquel entonces no había más que una cabeza del imperio romano (Lucas 2), que el reino estaba intacto y el gobernante era un solo individuo y por consiguiente "los días de estos reyes" no habían llegado todavía? Por lo tanto fue hierro y nada más que hierro durante muchos años después que se estableciera el cristianismo. La importancia del reparo y por simple que este sea es ésta, — que uno no puede introducir el cristianismo en ninguna parte o introducir cualquier otra cosa que pueda responder al establecimiento del reino en aquel entonces.

 

La verdad es que aunque el elemento extraño predicho aquí haya entrado esta división es todavía futura y para una demostración completa de esto yo debo pedirles que analicen conmigo Daniel 7. No voy a repasar los primeros versículos que describen los otros reinos pero en los versículos 7 y 8 leemos: "Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas".

 

Ustedes ven que cada pasaje diferente comunica alguna verdad adicional de parte de Dios. Nosotros tuvimos una división en el capítulo 2 y aquí no sólo tenemos esa división aún más claramente mostrada sino que tenemos también otro personaje muy distinto de esos reyes cuya conducta no sólo trae juicio sobre sí mismo sino sobre todos sus asociados. Todo acerca de lo cual yo insistiría es que ustedes tienen aquí la cuarta bestia o el poder imperial y además cuernos separados pertenecientes a esa bestia. Esto denota los rasgos peculiares de la bestia al final. Los diez cuernos no son reyes sucesivos sino contemporáneos. En otra ocasión podemos esperar explayarnos un poco más plenamente acerca del último rey. ¿Qué puede ser más claro que el hecho de que tenemos aquí el Espíritu de Dios trazando desde el principio hasta el final el curso del imperio mundial, — que un cierto número de poderes surgirían y ninguno más? Nadie discute que es un hecho bien conocido que estos grandes poderes imperiales han surgido y que ningún otro ha sido establecido desde entonces. ¿Qué declara la palabra de Dios que es el fin? "Una piedra… cortada, no con mano" es la figura del reino de Dios utilizada en Daniel 2. El Hijo del Hombre que viene con las nubes del cielo es lo que corresponde en el capítulo 7. Observen ustedes la acción de la piedra. Ella cae sobre los pies de hierro y de barro cocido de la imagen. Esta es su primera operación. No hay ninguna acción para transformar el poder de la imagen; no hay ninguna introducción de nuevos principios o de nueva influencia moral como para efectuar un cambio en su carácter. Por el contrario, cae un golpe, — un golpe decisivo y repentino. La inferencia sería natural y necesaria para una mente desprejuiciada incluso si la palabra de Dios no explicara que el golpe significa juicio mediante intervención divina, — la destrucción y la eliminación del último poder imperial que subsiste en el mundo en aquel entonces con todos los restos de los imperios que lo habían precedido. ¿Puede un acontecimiento de un carácter tal ser considerado como secundario? ¿Acaso no es ello un indicio de la mayor importancia posible para que cualquier alma lo contemple como algo cercano? Indudablemente los que creemos estamos llamados por gracia a esperanzas resplandecientes y Dios nos ha abierto el cielo mostrándonos nuestra porción en Cristo a Su diestra. Pero Él se ha complacido también en darnos la antorcha o lámpara de la profecía para que alumbre claramente sobre lo que está a punto de suceder en el mundo. Esto demuestra que en breve Él planteará el asunto de la tierra; no, es más, — demuestra que Sus manos pronto se alzarán para golpear porque Él debe ejecutar juicio si se ha de abrir paso a la bendición. Pero Su juicio no sólo será la destrucción de individuos inicuos aquí y allá sino un acto público concluyente de juicio divino que tendrá efecto sobre los más excelsos del mundo y sobre todos sus adherentes. De este modo en la visión de Daniel 2, "fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra". Lo que Dios hace ahora en Su reino donde hay fe o incluso profesión cristiana externa no encuentra expresión aquí. Daniel habla exclusivamente del reino manifestado de Dios que se expande sobre toda la tierra cuando Su juicio ejecutado por el Pastor, la Roca de Israel, haya herido al imperio romano en su condición final. Así, en el capítulo 7 de Daniel, "a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego". (Daniel 7: 11). Ello es la ejecución de la venganza de Dios sobre el imperio romano y sus varios reyes debido a la anarquía blasfema del cuerno pequeño o su último jefe. El reino del Hijo del Hombre del cual habla el profeta es establecido para siempre y es mostrado cuando el juicio ha limpiado la escena de sus horrores.

 

Una vez que la mente del creyente se somete a este hecho revelado pero sencillo, ¡qué torrente de luz es proyectado sobre todo lo que está en acción en el mundo y lo que le espera! ¡De qué manera ello armoniza con la gran mayoría de Escrituras que de otro modo el ojo podría pasar ligeramente por alto! Nosotros tenemos en la palabra de Dios frecuentes declaraciones acerca de la bendición que Dios tiene reservada para el mundo. Una de las primeras está en el Libro de Números donde Él jura solemnemente que Él llenará la tierra con Su gloria. Yo insisto en esto. Entonces, que nadie suponga que estamos considerando simplemente el aspecto oscuro de lo que Dios va a ocasionar. La Escritura a la que se hace referencia está en Números 14: 19-23: "Ruégote perdones la iniquidad de este pueblo según es grande tu misericordia, y según has sido indulgente para con este pueblo desde Egipto hasta aquí. Y respondió Jehová: Yo he perdonado conforme a tu palabra: empero tan ciertamente como yo vivo, y como toda la tierra ha de llenarse de mi gloria: por cuanto todos aquellos hombres que han visto mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, no obstante de esto me han tentado estas diez veces, y no han obedecido mi voz, de seguro que ninguno de ellos verá la tierra que prometí con juramento a sus padres; ni ninguno de los que me han tratado con desprecio la verá". (Números 14: 19-23 – VM). El lector difícilmente puede dejar de observar que el mismo texto que presenta a Jehová llenando la tierra con Su gloria lo coloca en conexión inmediata con la ejecución de juicio sobre los hombres pecadores. Consideren de nuevo Isaías 11: 4-9. Si tenemos otra declaración de gloria para la tierra tenemos la misma asociación solemne de juicio divino con ella, leemos,  "juzgará con justicia [el Mesías, que es evidentemente la persona de la que se habla, — el renuevo de David]  a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío". Luego sigue la bendición asegurada de la tierra en los términos más ricos concluida con la promesa de que "la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar". Además si nosotros leemos Habacuc 2: 13 y 14, la conexión es, si cabe, aún más clara. "He aquí ¿no está determinado de parte de Jehová de los Ejércitos, que los pueblos se fatiguen sólo para el fuego, y las naciones se cansen en balde? (¡Qué justa descripción de lo que ocupa a los hombres laboriosamente pero en vano!) "¡Porque la tierra estará llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar!" (Habacuc 2: 13, 14 – VM),  Pero en la inmediata vecindad tenemos en este capítulo ayes pronunciados, la indicación inequívoca de juicio divino.

 

De este modo el orden en que la Escritura presenta lo oscuro y lo luminoso para la tierra es abundantemente claro. Dios quiere bendecir al mundo y llenarlo de Su gloria, no hay duda de ello en absoluto. Pero, ¿acaso Él no nos ha mostrado también la manera en que va a ser efectuada la bendición? Él apenas nos deja en duda en cuanto a la respuesta y Él hace esto por motivos morales. Porque los gentiles habrán demostrado ser tan completamente inicuos, falsos y apóstatas, juzgados según su responsabilidad, como vimos que lo era Israel medido por el estándar que Dios les aplica. También es notable que esto sea lo que ocupa la mente del Espíritu de Dios entre los dos capítulos que proporcionan el relato profético de los cuatro imperios (Daniel 2 y Daniel 7), tal como ha sido señalado a menudo aunque puede ser bueno repetirlo brevemente ahora. El alejamiento de los gentiles fue inmediato y la historia que sigue a continuación pronto cortó toda esperanza de una mejora real, es decir, de arrepentimiento. ¿Cuál es la escena siguiente a la instauración de Nabucodonosor en su lugar de poder indiscutible como el gobernador del mundo? Lo tenemos erigiendo de inmediato una imagen de oro y enviando un mandato en el que bajo pena de muerte muy cruel insistía en que los habitantes de sus vastos dominios congregados allí al menos de manera representativa a una señal determinada debían inclinarse y adorar el ídolo que Él acababa de instalar. En una palabra, el gentil utilizó su poder (es la primerísima ocasión que registra la Escritura) para obligar a sus súbditos a la idolatría bajo pena de muerte. ¿Es mejor el gentil en los otros capítulos (Daniel 4-6)? Él es visto atribuyendo toda su grandeza a su propia habilidad: "¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué?". (Daniel 4: 30). Olvidando por completo la concesión de Dios Nabucodonosor es hecho enseguida un ejemplo por el poder divino; su corazón de hombre es cambiado y le es dado un corazón de bestia hasta que "siete tiempos" pasaron sobre él (lo que sin duda proporcionó el motivo por el cual los imperios fuesen designados "bestias" en el capítulo 7). Luego viene en Daniel 5 la disoluta soberbia y la profanación de Dios en Sus cosas santas para presumir de los falsos dioses de las naciones. El juicio cae de inmediato sobre Babilonia. Finalmente, en Daniel 6 la cabeza del nuevo poder imperial, el rey Darío, prohíbe que se ofrezca cualquier adoración durante cierto tiempo excepto a él mismo. ¡Qué tipo tan evidente del objetivo de auto deificación del poder gentil! Por tanto la palabra de Dios imprime a los imperios gentiles el carácter y el juicio de ellos desde el principio mismo. Toda la historia y el final de ellos fueron desplegados desde el principio. Entre las visiones del segundo y del séptimo capítulo de Daniel tenemos el curso moral de ellos que requería tal condenación. El carácter puede no haber sido manifestado en toda su extensión pero se trata del mismo principio; puede haber una diferencia externa y un gran desarrollo pero Dios lo señaló todo desde el principio y las Escrituras de verdad nos muestran que así será en definitiva. ¿Y entonces qué? Dios juzga a los gentiles y establece Su propio reino bajo el Hijo del Hombre. "Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas [no una mera elección entre ellos, — como ahora] le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido". (Daniel 7: 14).

 

Pero, ¿dónde está el evangelio mientras tanto? En esta profecía es totalmente omitido. ¿Y por qué? Porque por muy glorioso que sea el evangelio este no es un sistema de poder que destruye las naciones rebeldes sino un despliegue de gracia que une a todos los que lo reciben a Cristo a la diestra de Dios sean judíos o gentiles. Nosotros tenemos aquí el curso de lo que fue juzgado en la tierra cuando los cielos gobernaban; pero el evangelio no tiene nada que ver con el gobierno de los poderes de este mundo. Entonces, ¿Qué es el evangelio? No es un poder superior del cielo que destruye a todos los antagonistas sino gracia que reúne a las almas de la tierra al cielo y las forma por medio del Señor el Espíritu conforme a Cristo tal como Él es visto allí. Este es el evangelio de la gloria de Cristo fundamentado sin duda en la cruz, — son las buenas nuevas de la gracia que Dios puede enviar a toda criatura en virtud de la preciosa sangre de Jesucristo. El objetivo del evangelio es libertar perfectamente al alma de toda duda acerca de su culpa, limpiar la conciencia, llevar el corazón y la mente a la comunión con el deleite de Dios en el Hijo de Su amor. Pero es además la revelación de Cristo cuando Él ha terminado la obra de redención en la tierra y ha asumido Su lugar en el cielo. Por lo tanto es evidente que el evangelio es totalmente distinto en su origen, carácter y resultados de todo lo que nosotros bosquejamos aquí. Sin embargo los hombres todavía afirman que según Daniel 2 el reino que el Dios del cielo establece es el cristianismo. ¿Por qué ellos «trabajan para el fuego», si uno puede decirlo así, para insistir en esta vanidad? El motivo es obvio. Al hombre le gusta estar activo en el mundo, le gusta tener algunos grandes objetivos aquí y preferiría tener una religión que se adapte a la tierra y que se asocie con ella.

 

De ahí que el bien conocido sistema del catolicismo romano gane terreno tan fácilmente en las mentes naturales de cierto carácter religioso. La catolicidad (del griego καθολικός, «universal») existía antes que el catolicismo romano propiamente dicho pero el principio de catolicidad de las primeras épocas condujo al papado de Roma el cual encontró conveniente para sus propósitos el engaño vigente en cuanto al reino que el Dios del cielo establecería aquí. ¿Por qué fue así? A decir verdad la cristiandad había caído hacía mucho tiempo de su disfrute celestial y del testimonio de Cristo. Por lo tanto podía buscar un imperio en la tierra. Antes de que pasara mucho tiempo la cristiandad   se vio plenamente satisfecha. Todos sabemos que el imperio romano reconoció finalmente a Cristo de manera externa y los corazones demasiado dispuestos a creer lo que querían supusieron que ello era el cumplimiento de esta y de otras profecías por el estilo. De este modo hombres como Eusebio y otros no tardaron en enseñar la noción de que la visión del reino de Dios según Daniel 2, etc., comenzó cuando Cristo vino a la tierra y se completó hasta cierto punto cuando el emperador Constantino y sus sucesores reconocieron imperiosamente el cristianismo como la verdad en el imperio. Sin embargo la gran revolución de aquel día, importante como lo fue, está fuera de esta Escritura como los más claros motivos lo demuestran. Siendo esta una perspectiva terrenal ella desplaza la gracia celestial de su poder sobre el corazón; y no siendo ella de Dios permite que se instale algún ídolo relacionado con nosotros mismos en lugar de ilustrar de qué manera todos los pensamientos y propósitos de Dios encuentran su real aplicación en el Señor Jesucristo. La verdad es que así como el pecado sólo delató su carácter completo cuando vino Cristo, así como la excesiva malignidad de la carne sólo se manifestó cuando Él murió y resucitó, así también el mundo fue juzgado en aquel entonces en cuanto a principio. Esto es tan importante para el alma que un error en estos asuntos implica consecuencias profundamente malas. Puede haber piedad y consagración como las ha habido en los hombres que conciben que la visión se cumple en lo que está sucediendo ahora o que sucedió en el pasado. Pero ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada pues la profecía no puede ser separada correctamente del hecho de que ella es un elemento del gran total de profecías que testifican del reino venidero de Cristo. El efecto inevitable es que, dentro de lo que cabe, aparta el corazón del cielo a la tierra y coloca la criatura en su pequeñez de ahora en el lugar de aquel enorme poder de Dios que obrará de una manera nueva cuando el Señor Jesús reine sobre la tierra. Ello impide todo correcto sentimiento moral en cuanto a las cosas presentes pues se niega a considerar el mundo como un sistema condenado sobre el cual pende siempre el juicio y está a punto de caer.

 

Pero por el contrario si el reino de Dios según la profecía ya ha sido introducido entonces ver la bendición que fluye a nuestro alrededor se convierte en un asunto de fe y uno de esperanza de que el monte llene toda la tierra (Daniel 2: 35), mientras que los que no pueden verlo deben ser perturbadores de Israel, — meros ismaelitas cuya principal labor es incomodar al hombre y verter desprecio sobre los esfuerzos de la cristiandad. Pero si es cierto que el poder mundial nunca ha sido juzgado por Dios hasta ahora como hemos visto en Daniel 2 y Daniel 7; si se admite que el cristianismo es otra cosa que no se encuentra aquí sino que se lo encuentra revelado plena y claramente en el Nuevo Testamento (a cuyas pruebas espero dedicarme en otra ocasión); si es cierto que Dios en esta profecía revela simplemente los tiempos de los gentiles, gentiles puestos en un lugar de poder, culpables desde el primer momento y siguiendo su curso de maldad hasta el final, ¡qué aspecto tan diferente aparece! Debiese ser recordado que no existía la división en diez reinos cuando Cristo nació ni cuando Constantino y otros profesaron el cristianismo. Las hordas de bárbaros del norte y del este de Europa no habían entrado a raudales en el imperio y no lo habían dividido. Ciertamente nada ha respondido a ello desde entonces a menos que ustedes imaginen que el catolicismo romano es el reino que el Dios del cielo establece. Pero los hombres siempre poco imbuidos del pensamiento de Dios bien saben que no sólo toda la gracia se centra en Cristo sino que sólo Él es digno de que se Le confíe la ejecución del juicio. Por lo tanto todo tiende a fijar el ojo y el oído del creyente en Él.

 

Estén ustedes seguros acerca de esto, a saber, que uno nunca conoce realmente cualquier verdad de la Biblia a menos que de alguna manera u otra uno sea capaz de verla como un reflejo de Cristo o como algo que contribuye a manifestar el poder de Dios en Él. Consecuentemente esta siempre lista y única prueba segura de la verdad se vuelve invaluable cuando es aplicada a nuestro tema. ¿Ha herido Cristo al imperio romano como está descrito aquí en Daniel 2? En lugar de actuar Él como la "Piedra" victoriosa, en lugar de herirlo, el imperio romano lo hirió a Él. En el Cristo de la humillación vemos lo contrario mismo de lo que está descrito aquí. El imperio romano Le hirió, es más, tuvo la culpa, — no solo, es cierto, sino en conjunto con el judaísmo apóstata, — de crucificar al Señor de gloria. Al hablar El Señor de Él mismo como siendo la Piedra en Mateo 21 ha expresado perfectamente y con claridad y brevedad divinas los dos casos. Leemos, "Y el que cayere sobre esta piedra [tal como Él estaba aquí en la vergüenza yendo a la cruz] será quebrantado; y sobre quien ella cayere [cuando Él regrese en poder y gloria], le desmenuzará". Obviamente no hay ninguna piedra de humillación en la profecía de Daniel. El primer hecho que es afirmado acerca de la Piedra cortada no con manos no es el de que la incredulidad tropieza con ella tal como fue presentada en humilde amor sino que ella cae y hiere a la gran imagen del mundo en su última fase de poder imperial. No se trata, por así decirlo, de una piedra que el hombre huella y tropieza; ella viene desde lo alto; ella hiere, abruma, y sólo entonces se hincha hasta llegar a ser un gran monte y llena toda la tierra. Entonces, en pocas palabras, Cristo en Su humillación es una piedra de tropiezo y los que tropiezan con ella son quebrantados. Pero, ¿qué sucede cuando ella es presentada después? "sobre quien ella cayere, le desmenuzará". (Mateo 21: 44). El Señor se refiere en estas últimas palabras y sólo en éstas a la declaración de nuestro profeta el cual deja fuera todo asunto acerca de tropezar. Sólo tenemos la Piedra que cae y desmenuza. No tenemos una Piedra de tropiezo en Daniel sino sólo la Piedra de juicio desde lo alto que como su acción preliminar desmenuza la imagen de tal modo que no sólo desaparecen el barro y el hierro sino incluso el bronce, la plata y el oro, todos desaparecen. El hierro y el barro se mezclan para la última forma del cuarto imperio. Las naciones separadas existen ahora pero no hay tal cosa como la bestia revivida ni tampoco hay la división final porque todas ellas reciben autoridad por una hora. (Apocalipsis 17: 12). La bestia es el vínculo corporativo unificador y es la cabeza que manipula la autoridad de los diez reyes occidentales. Mucho puede estar preparándose, todo en perspectiva de ello; pero todavía falta este vínculo de unión bajo un jefe de occidente. Ello está a la espera del cumplimiento de otros propósitos de Dios.

 

Tal como sabemos por 2ª Tesalonicenses hay un impedimento. Satanás no puede llevar a cabo su plan hasta el momento en que ello es conocido en la mente de Dios. Sin embargo todo madura cada día para ello y el deseo de los hombres por esto es manifiesto con independencia de cuán grande sea su asombro cuando ello se haga realidad. La ambición no carece de aspiraciones con respecto a ello. El dialogar de los hombres muestra un presentimiento de ello en sus pensamientos. Los más despreocupados temen lo que se cierne sobre la tierra. Ese es siempre el caso antes de alguna gran catástrofe. Los acontecimientos que se avecinan proyectan sus sombras antes. Esto ha sido siempre y siempre será así hasta que el Señor tome el mundo bajo Su propio gobierno. Entonces, todo esto sucede pero hay un poder que impide su cumplimiento porque Dios tiene que consumar otros planes antes de permitir el clímax final del mal. Pero cuando la apostasía viene y el hombre de pecado se manifiesta y la bestia sube del abismo el fin de la era está cerca. El poder divino actuará en juicio y el reino de Dios aparece.

 

Además la expresión simbólica, "una piedra fue cortada, no con mano", no se ajusta en absoluto a la reunión de creyentes que comenzó en Pentecostés. Considerados individualmente ellos pueden ser vistos, y lo son, como piedras vivas. (1ª Pedro 2). Pero en su conjunto ellos son juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2: 22); están creciendo para ser un templo santo en el Señor (Efesios 2: 21); son el templo de Dios incluso ahora, la casa de Dios, la iglesia del Dios viviente. (1ª Timoteo 3: 15).

 

La "Piedra o Roca" es asignada a Cristo en la ley (Génesis 49), como hemos visto en los Salmos (118) y en los profetas (Isaías 28); y para mí está claro que en Mateo 21: 42-44 que ya hemos mencionado, nuestro Señor conecta Daniel 2 con el Salmo 118. No necesito añadir otras alusiones en el mismo sentido que están en los Hechos y las Epístolas sino que deduzco que ello significa el reino de Dios y del cielo apareciendo en la persona del Señor Jesús y esto en el juicio del imperio romano. El punto de contraste con los cuatro poderes mundiales de la imagen en Daniel 2 es su fuente por encima del hombre, su inmediato derribo judicial de todo el imperio existente con las reliquias del pasado, su expansión sin precedentes después del primer golpe destructivo y su perpetuidad en lugar de degenerar en otros como sus predecesores. Ni una sola palabra aparece aquí acerca de un poder espiritual que trata con los corazones por medio de la fe, por medio de los objetivos celestiales, por medio de principios divinos y que extiende así sobre la humanidad una influencia regeneradora. Hasta ahora la Piedra nunca ha herido la Imagen y menos aún ha crecido hasta llenar toda la tierra. Daniel 7 contrasta las cuatro bestias que emergen del enorme mar agitado con "uno como un hijo de hombre" investido por el Anciano de días con el dominio universal. Unan ustedes las dos cosas y, ¿qué puede ser más sencillo en sí mismo? ¿Qué sentido puede ser más hermosamente cierto? ¿Qué cosa puede ser más armoniosa con el alcance general de la verdad de Dios? Con independencia de cuál sea la forma de existencia que el reino de Dios pudo haber tenido en el mundo el asunto es aquí el de la intervención del Señor con poder irresistible, el juicio y la destrucción de las autoridades que hay, y Su posterior reinado con Sus santos sobre la tierra en poder y gloria.

 

Yo puedo referirme brevemente ahora a unos pocos pasajes más de la Escritura no sólo para mostrar el vasto sistema imperial del poder gentil juzgado por el Señor cuando Él viene en las nubes del cielo sino para mostrar que Dios no ha renunciado a Su designio de hacer que Israel sea el centro de naciones independientes que giran en torno a aquel pueblo. Nada puede ser más sorprendente que ver la admirable concordancia de los profetas y de hecho de toda la Escritura. En algunas Escrituras se hace referencia a nuestro Señor Jesús como el Hijo de David. Se trata de Su gloria mesiánica. Donde este es el pensamiento Sión (Jerusalén) es la escena revelada de Su reinado, e Israel es el canal de la bendición que Él difundirá a través de las naciones. A continuación y cuando los tiempos de los gentiles son introducidos como en Daniel se abre una escena más lejana. Así como Dios abandona por el momento a Israel como Su centro de bendición, así como Él levanta el gran imperio universal, el Señor Jesús tendrá una esfera de dominio que responde a estos tratos más amplios de Dios. Por lo tanto en Daniel 7 Él no es visto como el Hijo de David sino como "uno como un hijo de hombre". ¿Y por qué es así? Porque Él recibe un dominio ilimitado sobre los hijos de los hombres. "Le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido". (Daniel 7: 13, 14).

 

De este modo la más perfecta armonía reina entre las diferentes porciones de la verdad divina incluso cuando el rechazo de Cristo en una gloria condujo en la sabiduría de Dios al despliegue de una gloria aún mayor y superior. Permítanme pasar ahora a algunas Escrituras de los profetas que reiteran lo que hemos visto en Deuteronomio y en Daniel. En Isaías, en Jeremías, en Ezequiel, así como en los profetas menores y en los Salmos tenemos mucha verdad corroborativa. Debido a que es importante tener pensamientos claros acerca de lo que Dios ha revelado en relación con este tema permitan ustedes que yo me explaye por un corto tiempo en algunos de los puntos más prominentes. En Jeremías 3 vemos que el Espíritu de Dios alberga el primer pensamiento al que hemos aludido. Israel aún es visto como siendo el centro terrenal de Dios para la bendición de las naciones. "Acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén". (Jeremías 3: 16, 17). ¿Cree alguna persona imparcial (por no decir instruida) que ha habido el menor acercamiento a un cumplimiento de esta profecía? Presten ustedes atención al momento en que Dios la dio, — a saber, no antes de los días de David y Salomón sino después de que Israel había sido dividido y la gran mayoría de las tribus había sido llevada a la cautividad; cuando Judá que aún quedaba estaba cayendo en el peor abandono posible de Dios estando inundada de ídolos aún más que Israel. Por lo tanto ello fue después del mal desarrollado de Israel y de Judá también. La predicción supone el hecho de la cautividad babilónica que entonces era inminente debido a la idolatría. Sin embargo Dios predice por medio de Su siervo un tiempo tan glorioso que ningún período de gloria en el pasado sería comparable con el que estaba por venir. Pero yo no me refiero a esta Escritura ahora para mostrar la futura bendición de Israel sino para mostrar que la primera visión de los gentiles que he procurado presentar esta noche supone que Israel será bendecido y desconoce toda esperanza de una buena época para el mundo en general excepto a través de Israel restaurado y regenerado. Por eso aquí se dice que Jerusalén será llamada "Trono de Jehová" y que "todas las naciones vendrán a ella". Y podemos preguntar, ¿Dónde ha habido la más mínima realización de esta promesa? Si alguna vez algunas naciones vinieron a Jerusalén hasta el presente ello fue para desolar y hollar a los judíos de antaño o para destruirse unos a otros desde entonces. Nuestro Señor mismo nos ha dicho que Jerusalén "será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan". (Lucas 21: 24). Pero aquí se trata del tiempo de Israel; aquí viene la bendición de Jerusalén y no la subsistencia de los tristes días de la supremacía gentil. Todas las naciones vendrán "en el nombre de Jehová en Jerusalén", y no por vanos enfrentamientos entre la Cruz (el Cristianismo) y la Media Luna (el Islam). No se trata del evangelio pues su dirección es precisamente la opuesta. El mensaje de la gracia está siendo difundido ahora a los gentiles, a todas las naciones a través del mundo. Aquí se trata de la reunión de las naciones a un centro terrenal, — a Jerusalén.

 

¿Desprecia alguien esto como siendo un pensamiento bajo e indigno de Dios? ¡Oh, qué abuso de la bendición celestial! Ciertamente ser bendecido con Cristo en el cielo es infinitamente superior, más dulce, más hermoso, más santo que cualquier gloria que concierne a la tierra. Pero, ¿voy yo a negar la maravillosa palabra de mi Dios acerca de que Él tiene la intención de bendecir a este mundo? ¿Voy yo a defraudar en algo al Salvador que ha muerto por nosotros, que nos ha acercado a Dios y que nos tendrá en el cielo junto a Él? ¿Acaso he de decir yo que la voluntad del Padre no será hecha en la tierra como en el cielo? ¿No he de orar esta oración con el espíritu y también con el entendimiento en lugar de reducirla a una forma desconocida y sin significado? Todo aquel que niega que la tierra va a ser bendecida, que la creación va a ser libertada de la maldición bajo la cual ahora gime, que las naciones tengan la gloria del Señor llenándolas y llenándolos a ellos mismos y por lo tanto compartiendo estas preciosas bendiciones con Israel, lo excluye o al menos ignora su significado. Jerusalén va a ser en aquel entonces el trono de Jehová. Ah, si es digno de Dios, adecuado a Su gracia y debido a Su Hijo, el hecho de que Él muestra misericordia al más vil de los pecadores ahora, ¿Le restará gloria o disminuirá Su gracia el hecho de que Él derrame Su misericordia sobre la tierra, — si Él hace que incluso esa ciudad culpable sea una ciudad santa no sólo de palabra sino de hecho y en verdad? Llegará el momento en que Aquel que vio y lloró por su creciente iniquidad y fue el heraldo de juicios a los gentiles será la bendición eterna y sin obstáculos de Jerusalén para que las naciones también puedan ser bendecidas. ¿No es éste el pensamiento consolador que es presentado aquí? ¿Acaso no es predicha aquí una copa llena de gozo para Jerusalén, para que todas las naciones puedan compartirla? No es que ellas estarán en el mismo nivel ni que disfrutarán de la misma medida de bendición; pero ciertamente ellas vendrán a Jerusalén para ser bendecidas allí.

 

Por otra parte y sin explayarme esta noche en ninguna profecía en particular permítanme referirme a una muy impactante en la profecía de Ezequiel. Nosotros veremos que los elementos necesarios para su cumplimiento han sido sacados a relucir por Dios de manera muy notablemente en los últimos dos o tres siglos. (N. del T.: el autor se refiere aquí a los siglos 17-19). La Escritura que está en mis pensamientos es Ezequiel capítulos 38 y 39. Permítanme sin embargo hacer una observación antes de entrar en ella. En Jeremías y Ezequiel no tenemos nada en absoluto acerca del nuevo sistema de los grandes imperios del mundo. Jeremías se ocupa más particularmente de la iniquidad moral, de la idolatría de Judá y nos muestra también la restauración final del pueblo y la bendición de ellos, — particularmente la que Dios llevará a efecto cuando Él escriba Sus leyes en sus corazones. Jeremías omite todo lo que sobreviene tal como lo hace Ezequiel de otra manera. La principal diferencia es que este último no hace que la condición moral del pueblo tenga el primer lugar y luego la bendición espiritual al final, los grandes puntos, por así decirlo, de su profecía. La tarea principal de Ezequiel es acerca de la manifestación de la gloria de Dios en Israel. Por eso él comienza en los primeros capítulos con los seres vivientes los cuales abandonan finalmente el templo, la ciudad y la tierra. En los últimos capítulos ellos son vistos volviendo a morar allí para siempre cuando Jerusalén sea "Jehová-sama" ("Jehová está allí", Ezequiel 48: 35). Por lo tanto en este profeta tenemos lo contrario de lo que tenemos en el Libro de Daniel el cual nos presenta exactamente lo que hay entre los dos puntos. En los cuatro sucesivos poderes imperiales de los gentiles no existe un hecho tal como la gloria gubernamental de Dios manifestándose en la tierra. Ella había existido hasta el tiempo de la cautividad en Babilonia y existirá nuevamente cuando Israel sea restaurado e instalado en su propia tierra una vez más. Pero entre esos puntos distantes sobrevienen los tiempos de los gentiles los cuales aún continúan. Mientras tanto el cristianismo también entra pero esto pertenece al Nuevo Testamento: es el misterio de Cristo y la Iglesia y está oculto en lo que respecta al Antiguo Testamento.

 

Además, en Ezequiel 38 tenemos estas palabras: "Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal". Así como Gog es el nombre de este destinado líder de los gentiles en el norte y en el oriente y en el sur así tenemos descrita su tierra como la tierra de Magog. No hay duda de que esta tierra lejana significa lo que los antiguos llamaban Escitia, lo que ahora está incluido bajo las vastas posesiones europeas y asiáticas del imperio ruso. Pero además hay una evidencia confirmatoria en los nombres de varias razas y se trata de un hecho que está algo oscurecido en nuestra versión de la Biblia; pues es bueno observar que la expresión, "príncipe soberano de Mesec y Tubal", debe ser, "príncipe de Ros, de Mesec y Tubal" (Ezequiel 38: 2, 3 – JND, LBA, SPTE, VM). La palabra "Ros" no es sólo un apelativo común que significa cabeza o jefe sino el formal nombre hebreo de Rusia o de los rusos en cuyo sentido los nombres formales que siguen a continuación demuestran que ello debe ser entendido aquí. Tampoco se trata del mero recurso de los intérpretes modernos después de que los acontecimientos señalaran el camino. La versión más antigua del Antiguo Testamento es la Septuaginta o Biblia Griega de los Setenta la cual ratifica el sentido que acabamos de mencionar. Es bien sabido que ésta es la versión que nuestro Señor citó y que los apóstoles utilizaron muy frecuentemente. En este caso la traducción es sencilla, natural y clara. El significado de la profecía es que un cierto príncipe surge bajo el nombre (tal vez el nombre místico) de Gog en cuanto a lo cual no se insiste aquí en ninguna teoría ni se aventura alguna. De la tierra de Magog o antigua Escitia viene este príncipe de ciertas razas: los rusos (Ros), los moscovitas (Mesec) y los habitantes de Tobolsk (Tubal). Este personaje movido por la codicia territorial y especialmente por la Tierra Santa va a dirigir innumerables fuerzas de seguidores armados contra la tierra de Israel al final pero para su propia y total destrucción bajo el juicio divino. Ahora bien, si nosotros nos remontamos a los tiempos de Ezequiel, ¿qué podía ser menos buscado que la delineación de un poder tal? ¿Y qué puede ser de más profundo interés para nosotros ahora? Tal vez no habría, no debiese haber la misma confianza si esto fuera simplemente un descubrimiento del significado del profeta confinado a nuestro propio día. Obviamente no se trata de que esto falsifica la profecía pues sus palabras inspiradas serían igualmente ciertas si ningún traductor o intérprete hubiera presentado el justo sentido antes de que Rusia comenzara a desarrollarse y a ambicionar. Pero cuando nosotros vemos que esa es la simple fuerza de esta Escritura, cuando recordamos que la versión más antigua del pasaje es la mejor (una versión, la Septuaginta, realizada unos 150 o 200 años antes de que nuestro Señor viviera en el mundo), cuando tenemos en cuenta que no sólo en la época del profeta y de los traductores griegos sino durante mil años después de estos últimos las razas que ahora componen los elementos propiamente rusos del imperio apenas estaban más allá de ser bárbaros errantes, ¿acaso no son la mano y el pensamiento de Dios muy evidentes? No había la más mínima apariencia del surgimiento del gigantesco poder que está continuamente absorbiendo en el Oriente; que reclama igualdad al menos con los mayores poderes del imperio romano; que amenaza también en relación con la Tierra Santa. Durante unos dos o tres siglos nosotros sabemos que los rusos han acariciado, religiosa y sistemáticamente el esquema de agresión y progreso ilimitados; que sus planes están formados sobre el pensamiento de poseer el Oriente para sí y así intimidar al Occidente; y que siendo un poder no menos supersticioso que agresivo está peculiarmente deseoso de conseguir y afianzar un carácter sagrado mediante la adquisición de la tierra consagrada por la vida y la muerte de nuestro Señor. Sería extraño que todas estas consideraciones no confirieran a la profecía y a las razas una duda con una gravedad excesiva más aún cuando los días y el efecto de cada visión están cerca. El hecho de que estos pensamientos sean expuestos como una verdad revelada y confío también que de forma clara no se debe en absoluto a ningún acontecimiento que haya ocurrido últimamente en el mundo. Es bien sabido que las mismas verdades han sido sostenidas y enseñadas mucho antes de que existiera la reciente disputa acerca de los lugares sagrados o cualquier conflicto en el Oriente. Sin embargo nadie puede negar ni yo deseo debilitar el carácter confirmatorio de lo que ha sido presenciado allí.

 

[Nota]. Véase el apéndice acerca de Ros de Ezequiel 38 y 39.

 

Pero presten ustedes atención a otra cosa. Esta es una potencia (Gog) totalmente ajena al imperio romano y es más, ajena a todas las antiguas potencias imperiales. Es un imperio enteramente para sí mismo que mezcla singularmente la barbarie con la civilización y la fuerza ruda con la política sutil; sin duda caracterizado por el ansia de engrandecimiento territorial y sobre todo anhelando el dominio en Tierra Santa. Si los hombres quieren confirmar la palabra de Dios en su claro y sencillo significado el transcurso del tiempo no hace más que sacar a relucir los rasgos que concuerdan muy claramente con la predicción y prepara el camino para la lucha final. Ninguna mente desapasionada puede decir que esta parte de Ezequiel se haya cumplido todavía. Gog, sus huestes y aliados descienden cuando Israel (más o menos representado) está en su tierra. Los capítulos anteriores (Ezequiel 36 y 37) también señalan a esto claramente. De este modo Ezequiel 36 no sólo presenta una visión de Jehová trayendo de regreso a Su pueblo a Palestina sino actuando misericordiosamente en sus almas, — conforme a la figura, esparciendo sobre ellos agua limpia, cambiando sus corazones de piedra por un corazón de carne, y poniendo Su Espíritu dentro de ellos. (Ezequiel 36: 24-28). La relevancia de todo esto es incuestionable o al menos no debería ser puesta en duda, a saber, Dios restaurará a Israel y los convertirá en la tierra. A continuación, en Ezequiel 37 tenemos una nueva figura del poder y la misericordia de Dios en favor de ellos bajo la figura del valle de los huesos secos y luego bajo los dos palos emblemáticamente juntados en uno solo. El Espíritu sopló sobre los huesos secos de modo que creció la carne y posteriormente entró espíritu en ellos y estuvieron sobre sus pies como un ejército grande en extremo. Esto es explicado divinamente para significar el renacimiento de toda la casa de Israel y el regreso de ellos a la tierra. Pero era necesario algo más. ¿Qué sucede con la unión del pueblo largamente dividido, con la nacionalidad de Israel como doce tribus? La respuesta es presentada en el mismo capítulo bajo el símbolo de los dos palos juntados en uno solo de aquí en adelante. El Espíritu de Dios no deja espacio para duda o especulación. El significado es este, a saber, que Israel y Judá son unidos como un solo pueblo bajo una sola cabeza que se llama figurativamente "David", el amado, el rey de ellos. ¿No es evidente que todos estos capítulos coinciden con toda la bendición del día postrero para Israel y los gentiles y no para la Iglesia? Dichas bendiciones suponen una nueva acción de Dios que la tierra aún tiene que esperar en la que Él traerá de regreso, luego convertirá, y después de eso juntará a las tribus de Israel como tales bajo un Rey amado que difundirá y asegurará la bendición divina a través de Su pueblo y como sabemos por otras partes de la Escritura a través de todas las naciones de la tierra. Parecería que al comienzo de este mismo trato de Dios y cuando Israel, al menos en parte, está en su tierra, Gog desciende sobre ellos viendo la tierra desprotegida por los armamentos comunes de guerra. Él considera que es la oportunidad más justa para consumar por fin su plan largamente acariciado. No tiene fe en la realidad de la presencia de Dios y la protección de Dios a Su pueblo. Pero él desciende para su propia e irreparable ruina. Esto está descrito más plenamente en la última parte de Ezequiel 38 así como en el capítulo siguiente. No necesitamos dilatarnos en los detalles. Pero como un seguimiento adicional de la profecía y con el propósito de llevar a las personas a escudriñar la palabra de Dios más que a decir mucho acerca de ella ahora yo me referiría al importante hecho de que la gloria que se había marchado hacía tanto tiempo regresa (Ezequiel 43, 44) a la tierra y reasume su lugar en Israel sólo que de una manera infinitamente más bienaventurada. (Compárese también con Isaías 4). Todo esto proporciona las pruebas más evidentes de que está en perspectiva una época futura de bienaventuranza, — a menudo prometida pero que cuando llega supera toda expectativa, si es que no supera también las promesas mismas.

 

Antes de concluir permitan ustedes que yo mencione una profecía más hacia la conclusión del Antiguo Testamento. Nosotros tenemos algunos asuntos de notable interés en la última parte de Zacarías. En Zacarías 11 el rechazo del Salvador es predicho y luego por una de esas transiciones tan características de la Escritura tenemos a otro que no es el verdadero Pastor sino uno designado como el pastor inútil. "He aquí", dice Jehová, "yo levanto en la tierra a un pastor que no visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni llevará la cansada a cuestas, sino que comerá la carne de la gorda, y romperá sus pezuñas. ¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su brazo, y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido". (Zacarías 11: 16, 17). ¿Quién es aquel que lee las Escrituras con un ojo inteligente y puede dejar de ver que así como primero tuvimos a Cristo despreciado al final tenemos al Anticristo? El Buen Pastor fue rechazado, —el pastor malo es aceptado. Inmediatamente después Dios trata de forma retributiva a Su pueblo culpable. En el capítulo siguiente (Zacarías 12) tenemos a las naciones reuniéndose contra Jerusalén. La recepción del Anticristo como secuela del rechazo del Cristo es el motivo de los terribles juicios de Dios. Pero se añade: "En aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos". Si las propias naciones se reúnen y Dios las utiliza para tratar con Jerusalén Él volverá Su mano y utilizará a Jerusalén para tratar con las naciones. El hacha no se gloriará contra el que con ella corta. (Isaías 10: 15). Hay un doble proceso en marcha. Es el tiempo del juicio universal de los vivos pero si Él castiga a los judíos ciertamente las naciones no quedarán impunes: "Porque dentro de todavía un brevísimo tiempo se habrá cumplido mi indignación y mi ira en la destrucción de ellos". (Isaías 10: 25 – VM). Pero la parte de Jerusalén es notable porque claramente no se trata sólo de idolatría sino de Cristo despreciado y crucificado. Sin embargo no fueron sólo los judíos los que rechazaron a Cristo sino también las naciones. De modo que habrá un motivo doble para la ejecución del juicio Divino al final, — idolatría y el hecho de recibir, "No a éste, sino" al Anticristo. Los gentiles compartirán con Israel en ambos aspectos. Hay alguna diferencia en cuanto a esto con las naciones como de hecho la hay entre las tribus de Israel que no necesitamos detenernos a discutir particularmente ahora. Basta decir que todas las naciones están aquí reunidas en hostilidad contra Jerusalén y este es el lenguaje en que el Espíritu de Dios lo expresa, "Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá. En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén". (Zacarías 12: 7, 8). ¿Se ha cumplido ya esto o algo parecido? ¿Qué ha ocurrido desde Zacarías? La profanación de Antíoco, el asedio de Tito, y cosas por el estilo. ¿En cuál de estos acontecimientos o en qué ocasión desde entonces libró Jehová a Jerusalén y a sus habitantes? Nunca ha habido la más mínima aproximación a un cumplimiento. Avanzando en la lectura se nos dice que, "En aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén". ¿Entonces qué? ¿Ha fallado la profecía? Ni por un momento. La profecía supone que los judíos regresaron y por lo tanto aún no se ha cumplido, obviamente. La conclusión es igualmente sencilla y cierta; ella aún debe cumplirse. Entonces presten ustedes más atención. No se trata solamente del hecho de que hay una gran ejecución de juicio divino amenazado sobre todas las naciones lo cual no se ha producido todavía sino que Jehová dice aquí (versículos 10 y 11), "Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén". Hasta ahora todo lo contrario de esto ha sido cierto acerca de Jerusalén y de los judíos. Estos versículos hablan de una escena futura en todas sus partes y con genuinas marcas de singularidad porque aunque aquel día se inicia con nubes y tinieblas no obstante surgirá un Sol de gloria que nunca se pone. Cuando llegue aquel día resplandeciente, — el día de Jehová y no de los hombres, — habrá una poderosa acción del Espíritu Santo y como es siempre el caso cuando Dios actúa en los hombres no es sólo el corazón el que es conmovido y los afectos los que son despertados hacia Él y hacia todo lo que es bueno sino que en la medida que la gracia trata con hombres pecadores habrá un verdadero y profundo arrepentimiento, un verdadero examen del alma, una apropiación del pecado y dondequiera que sea así ello es individualmente sentido y confesado. Cada uno está a solas con Dios. Si nosotros aseveramos la verdad de Dios en cuanto a estas magníficas escenas del día postrero cuando Dios tratará con los judíos y con las naciones, que nadie suponga ni por un momento que Él renunciará a Su reivindicación personal sobre el corazón y la conciencia del hombre. Es indudable que habrá un trato universal con judíos y gentiles y sin embargo, después de todo, ¡de qué manera la poderosa obra del Espíritu de Dios individualiza y cuán necesariamente es ello! Porque tal como leemos no sólo en aquel día habrá un gran luto en Jerusalén sino que se añade: "Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí". (Zacarías 12: 12-14). Las relaciones más cercanas no interferirán en lo más mínimo con el llamamiento de Dios cuando cada alma, por así decirlo, estará en pie ante Él en conciencia y aunque ellas sean llevadas al gozo ello será ciertamente para gozarse con temor. Tal será en aquel entonces la obra escudriñadora del Espíritu en los judíos.

 

Además presten ustedes atención a cuán evidentemente se trata de una escena futura. Tenemos a los descendientes de David y a los de Natán separados. ¿Quién puede distinguir la descendencia de David o la de Natán? Es precisamente lo que los judíos no pueden resolver. Sus genealogías se han perdido, — estos registros no existen. Ellos pueden formarse nociones indeterminadas aquí y allá pero no pueden saberlo con certeza. Pero éste será un día en el que de parte de Dios reaparecerán las cosas secretas ya que es el día en que el Espíritu de Dios provocará un cambio en la conciencia del hombre. ¿Acaso no es este siempre el caso cuando la gracia actúa realmente? Pero ¡cuán maravillosa es la escena cuando en medio de esa poderosa obra de liberación Dios tratará con la conciencia! Habrá quienes deriven su linaje del gran rey David y otros también que aducirán parentesco con el profeta que convenció a David de su pecado; pero ya sea la familia del rey reprendido o la del profeta reprensor en aquel día no habrá diferencia alguna. Los descendientes de ambos estarán allí pero están igualmente postrados en presencia de la gracia de Dios y de un Mesías traspasado. Cada uno confiesa su pecado. Con independencia de cuál haya sido la distinción en sus antepasados en la maravillosa escena de David y Natán no habrá "ninguna diferencia" en el día futuro en cuanto a sus descendientes; todos sienten su pecado, — cada uno reconoce su pecado ante Dios. Por otra parte en las primeras horas de la historia de Israel hubo otra escena cuando dos jefes de casas o tribus de Israel se unieron en una cruel vindicación de su agraviada hermana e hicieron que el nombre de Jacob fuese abominable entre los habitantes de la tierra en lugar de ser una luz atractiva para las naciones de la tierra. (Véase Génesis 34). En este día los hijos d Simei [Simeón] y los hijos de Leví estarán allí; pero estarán allí para dar cuenta de su vileza, — para lamentar y llorar a causa de sus pecados ante el Señor, — cada uno por sí, y sus mujeres por sí.

 

Hay algún corazón que quiera borrar este bienaventurado y conmovedor testimonio de la fidelidad de Dios para con Su pueblo y de las maravillas que Su misericordia obrará aún para Israel? ¿Pensamos nosotros en enriquecernos tomando todo lo de ellos para nosotros? A decir verdad cuando los hombres lo hacen ello no sólo es robar lo que es el propio don de Dios, prometido, por así decirlo, a Israel, sino que por una justa retribución ellos impiden también la bendición de los gentiles.

 

En Zacarías 14 las naciones reaparecen una vez más y Jehová sale a la cabeza de Su pueblo y las derrota. Puede parecer que al principio las naciones tienen éxito. Ellas toman Jerusalén y la mitad de la ciudad va al cautiverio pero sin embargo las naciones son vencidas para siempre inmediatamente después. ¿Cuándo ha habido la más tenue apariencia de cumplimiento de esta profecía? Pero hay más que esto. Se dice que en ese día, "Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos". (Zacarías 14: 5). ¿Se ha cumplido también esto? Más aún, como para confrontar los pensamientos del hombre y como para sellar los sueños del racionalismo con una evidente necedad Dios no dejará el monte de los Olivos sin una demostración eterna de que el Hacedor del cielo y de la tierra es aquel Glorioso cuyos pies están allí en ese día. ¿Ha sido partido el Monte de los Olivos ahora? Es evidente que no. ¿Qué pueden ustedes pensar acerca de ello mediante la así llamada interpretación espiritual? Absolutamente nada. Con independencia de quién o qué sean ustedes yo estoy seguro de que el misticismo falla, y aquí es donde debiese confesar su error con vergüenza. El monte no partido se levanta para condenar esas falsas interpretaciones y es un silencioso testigo permanente de que la profecía no se ha cumplido todavía y este hecho declara ante Dios y ante los hombres que la profecía espera su cumplimiento. Cuando Jehová venga a cumplirla el monte se partirá y habrá un valle muy grande entre los segmentos del norte y del sur. Ustedes que inadvertidamente quieren hacer que esta profecía sea de interpretación privada sopesen el hecho que está ahora ante nosotros. ¿Pueden ustedes, por así decirlo, hacer que el monte de los Olivos sea algo abstracto, etéreo? ¿Pueden ustedes convertirlo en un mito? Imposible. Dios condesciende a indicarlo en un mapa, por así decirlo, para que no pueda haber error alguno. Él se complace incluso en dar la posición geográfica del mismo (versículo 4) como para exponer y refutar todo ese misticismo para siempre. Luego tenemos los efectos de la aparición del Señor sobre el monte de los Olivos. No sólo las naciones son derrotadas sino que además, "será un día, el cual es conocido de Jehová, que no será ni día ni noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz". (Zacarías 14: 7). En lugar de que el día suceda a la noche como siempre ha sucedido antes en la historia del mundo, cuando uno podría esperar la noche seguirá habiendo luz de día. Habrá una interrupción excepcional del cambio normal de día y noche indicando la presencia de Dios el Señor del mundo. Uno siente cuán correcto es que así sea. ¿Cómo podría ponerse el sol, por así decirlo, si el Señor ya no está oculto sino que ha venido en Su gloria? "Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno". (Zacarías 14: 8). Nosotros tenemos en esto la señal del refrescante poder fecundador que sale a la masa del pueblo, incluso a los más desesperados, y esto independientemente de los tiempos y las ocasiones de allí en adelante. "Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre". Está también el testimonio de la autoridad de Dios en lo que Él hará. Él juzgará a las naciones que no suban a Jerusalén. (Versículos 12-19). Si el mundo ha de ser bendecido no puede ser a expensas de Su honra o de Su elección soberana de Jerusalén como metrópoli y santuario de la tierra. (Versículos 20, 21). Consecuentemente Jehová muestra las señales inequívocas de Su futuro día para la tierra, un día insólito. Si es perfectamente cierto que todo esto no se ajusta al tiempo anterior o posterior al primer advenimiento de Cristo, ¿acaso no es evidente que ello debe referirse a la época que sigue a Su segundo advenimiento? Además, ¿no es igualmente claro que ello no puede ser Jehová el Señor destruyendo al final la tierra y los cielos que existen ahora? ¿Acaso no hemos visto que Él es el Rey en ese día y que las bendiciones emanan desde Jerusalén? ¿No tenemos incluso señales geográficas como para ahuyentar toda tendencia a una mistificación de  las Escrituras? Esto no es una escena alejada de esta actual creación; no es posible decirlo con respecto a los cielos sino sólo con respecto a la tierra. Se admite plenamente que nuestro lugar estará en lo alto con el Señor pero, ¿qué motivo es este en contra de que el Señor tenga también el trono de Su padre David en la tierra (Isaías 9), o para que Él la llene del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar? (Isaías 11) Y así lo encontramos aquí: "Toda la tierra se volverá como llanura desde Geba hasta Rimón". (Zacarías 14: 10). "Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. (Isaías 11: 10, 11). No se trata de la tierra disuelta, no son los elementos que ardiendo serán desechos (2ª Pedro 3: 10), sino de que la tierra es ahora bendecida como nunca lo ha sido desde que cayó sobre ella la maldición. El lenguaje de la Escritura es tan preciso como el de un mapa. Cuán evidente es que no se trata de la época en que todas las cosas arden, cuando todo punto de referencia desaparece necesariamente. El caso es completamente lo contrario. Los lugares bien conocidos que todo israelita atesora en su memoria son hallados una vez más, sólo han desaparecido las marcas de la desolación; ya no aparecen las señales de la opresión gentil sino la bendición de Dios el Señor dada al pueblo de Su elección, compartiendo toda la tierra la alegría y la paz de ese día.

 

Pero no más acerca de este tema excepto para recomendarlo a la atención de ustedes. Implica necesariamente  espantosos juicios sobre los gentiles pero como hemos visto Jehová en medio del juicio se acuerda de la misericordia. (Habacuc 3: 2). En ese día Él derriba el mal solemnemente y sin misericordia pero también Él difunde innumerables bendiciones para aquellos que son perdonados en la tierra ya que Él habrá llenado el cielo conforme a los consejos de Su propia voluntad y para alabanza de Su gloria.

 

William Kelly

 

Traducido del inglés por: B.R.C.O. – Diciembre 2022

 

Otras versiones de La Biblia usadas en esta traducción:

JND = Una traducción del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby al Inglés.

LBA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.

SPTE = Versión de la Septuaginta al español, PBRO. GUILLERMO JÜNEMANN BECKSHAEFER, Versión directa del Griego, Hebreo y Arameo. Según los mejores códices:Vaticano, Sinaítico, Alejandrino y sus mejores ediciones.

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

Título original en inglés:
"THE GENTILES IN RELATION TO THE COMING OF THE LORD", by William Kelly
Traducido con permiso
Publicado originalmente en Inglés
Traducido con permiso

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